Hola a todos! (:
MUCHISIMAS GRACIAS POR SEGUIR LEYENDO! De verdad ;w; me hacen muy feliz! y por supuesto, muchísimas gracias extra especiales a quienes me comentan qué les parece; todos son muy lindos (:
Quiero aclarar algo: pimero, me molesta tener que decirle "Kite" a Kaito xd sé que ese es su nombre, pero...no recuerdo porqué opté por eso D: bueno, ustedes saben que de las dos formas debería ser válido xd
y lo otro...si alguno lee, espero que tenga mucho tiempo xd Este capítulo sí que quedó largo D: Lo siento u.u había pensado en dividirlo nuevamente...pero habría sido como 'tomarles el pelo' xd así que terminemos esto de una buena vez! (?)

Procedo a responder reviews de las hermosas personas que opinan como guest (L)

mamita: también creo que tienen mucha química en la historia real (L) es más, creo que Togashi hizo eso a propósito! a mí me encantan juntos. La verdad, si prefiero a Killua uke xD pero tampoco me molesta que sea seme Z: de cualquier forma, al menos en esta historia, como es mujy suave, no creo que se pueda distinguir mucho quién es quién (?). Me alegra mucho que te haya gustado, de verdad! muchas gracias por hacérmelo saber!

LylaAzul: oh, muchas gracias! de verdad me halagas con tus palabras uwu! Sinceramente, no creo que en esta historia llegue a haber algo más romántico de lo que ya ha habido: es por eso que me siento algo culpable, porque es 'muy suave' y todo eso. Creo que cuando una fan de GonxKilluaxGon [como sea su gusto], entra a leer fanfics de ellos con expectativas más altas en ese sentido. De todas formas trato de esforzarme en que ...no tengan esas expectativas! al menos no aquí xd Como digo, es muy suave .w.
Muchísimas gracias por leer y comentar! de verdad (: aprecio mucho tu opinión (:

Si están aquí, tengan paciencia, es al menos el cuádruple más de escritura que el promedio de esta historia xd Sigue basasado en el cap 93 y 94 de Hunter x Hunter 2011!
Gracias por darle la oportunidad!

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Los primeros rayos del sol se colaban por la ventana. Ambos niños seguían durmiendo: Killua estaba boca arriba, en medio de la cama, con ambos brazos y piernas extendidos a más no poder. Sobre él, estaba Gon, boca abajo; su cabeza estaba apoyada en el vientre de su amigo mientras sus brazos se enrollaban en una de sus piernas. No había rastros de las cobijas que los cubrían unas horas antes. Ambos estaban sumidos en un sueño muy profundo y relajado.

La luz se hacía más intensa a medida que avanzaban los minutos. El joven Zoldyck fue el primero en notarlo. Cerró sus ojos con fuerza antes de resignarse a abrirlos. Llevó una mano a su altura, bloqueando la luz para poder acostumbrarse. Trató de moverse, y entonces se dio cuenta de que su amigo se lo impedía.

-No de nuevo…- pensó con frustración, mas no pudo evitar sonreír levemente ante la escena. Su celular estaba al alcance de sus manos, lo tomó de la mesita de noche- 6.45 AM…qué lástima, debo empezar a moverme ahora.- volvió a dejarlo donde estaba y contempló a su mejor amigo unos momentos. Trató de moverse de nuevo, esta vez con más ímpetu, pero al instante, el pelinegro intensificó el agarre.

-…Killua…- gimoteaba dormido, con voz somnolienta. Se incorporó, y trató de liberar su pierna nuevamente, pero obtuvo la misma respuesta.- ¡...Killuaa...!- volvió a gimotear, así como a intensificar el agarre. El albino se estuvo quieto hasta asegurarse de que el moreno seguía durmiendo. Al confirmarlo gracias a sus débiles ronquidos, pensó en una mejor opción: lentamente, acercó ambas manos hasta los brazos de su amigo y dejó salir una ligera descarga, lo suficientemente fuerte como para adormecer su piel por unos instantes. Entonces pudo separarse de él y levantarse.

-Suerte que cuando sólo estamos los dos, no es necesario recordar el entrenamiento que Biske nos hizo pasar...-pensó aliviado, y a la vez, decepcionado por tener que separarse de él. Tomó una ducha rápida, buscó su celular – 7.15 AM...es buena hora- Salió de la posada, caminó unos cuantos metros y aplicó Zetsu. Llevaba unos pantalones marrón, una chaqueta lila y un gran gorro gris, que cubría la mayor parte de su cabello.

Estaba a una cuadra de la posada. Esperaría hasta que Gon saliera y lo seguiría por el resto del día. Debía asegurarse de protegerlo ante cualquier posible enemigo, o eso era lo que insistía en hacerse creer. Bueno, eso era, claramente, cierto; pero no era el único motivo. La retorcida imagen de la pelinegra no dejaba de hacerse presente en su mente. No quería siquiera llegar a imaginar cómo podría terminar su cita. ¡Y no podía permitirlo!

Espero un par de horas más, hasta que por fin, vio salir a su amigo. Mantuvo la distancia, y comenzó a seguirlo.

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Ambos estaban en el lugar acordado de la cita. Killua estaba totalmente sumergido en un manga que usaba para mimetizarse y no ser descubierto. Se hallaba varios metros lejos de Gon, quien todavía esperaba a que Palm llegara.

-No me voy a desprender de Gon cuando está indefenso- se repetía mentalmente, una y otra vez.

Por su parte, el pelinegro esperaba pacientemente; tenía planeado un gran día.

-Gon-kun, por aquí- escuchó de pronto. Fijó la vista en la dueña de esa dulce voz, la miró de pies a cabeza. La chica de largos y castaños cabellos le brindó una gran sonrisa. El aludido estuvo varios segundos intentando identificarla, sólo logró hacerlo cuando la guapa muchacha soltó una risilla avergonzada.

-¡Wooaa!- exclamó quedando boquiabierto.- ¡Estás irreconocible! – le dijo sorprendido. Podía apreciar muchísimo mejor que en otras ocasiones cada detalle de la joven: sus delicadas facciones, el violeta de sus ojos, su tez pálida; hasta parecía tener un porte distinto.

-¿Te parece extraño?- preguntó. Un ligero rubor adornaba sus mejillas.

-¡Para nada! ¡Te ves muy bonita!- dijo alzando la voz mientras gesticulaba, exageradamente, con sus brazos.

-E-espera, detente... - decía apenada.- Eres muy ruidoso – llevó una mano hasta su mentón y desvió la mirada- Me estás avergonzando...- varios de los transeúntes les veían con atención por unos momentos.

-¿Qué? Sólo estoy diciendo la verdad- dijo sin bajar el volumen de su voz, viéndole a los ojos.

-Es suficiente, vámonos –dijo al notar que ambos se volvían el centro de atención- ¡Deprisa!- agregó apenada mientras comenzaba empujar ligeramente al pelinegro para salir de ahí.

-Lo siento –se disculpó, ya caminando a su lado- Pero, me sorprendiste mucho- decía sonriéndole. Caminaban tranquilamente por las calles de la ciudad- Sería genial si pudiese verte así de linda todos los días – volvió a sonreírle, haciéndola sonrojar aún más.

-N-no digas esas cosas- desvió la vista y volvió a llevar una mano hasta su mentón, sonriendo ruborizada.

-No tienes que sentirte apenada- respondió con cortesía.- ¡Eso sólo hace que te veas más bonita!- agregó a propósito.

-Gon-kun...- dijo, llevando esta vez, ambas manos hasta sus mejillas, cuyo carmín era cada vez más intenso.

En tanto, el albino los observaba con una mueca de disgusto en la distancia. Gracias a sus agudos sentidos, podía oír con nitidez la conversación desde donde estaba. El hecho de que Palm estuviese "tan radiante para Gon" le molestaba en demasía, y las reacciones de su amigo sólo agravaban la falta. Entraron al lugar que estaba frente a ellos y él los siguió.

-¿...un oceanario?- se preguntó incrédulo antes de entrar. Siempre mantuvo la distancia, pero sin perderlos de vista. Le hacía sentir enfermo ver cómo interactuaban ellos dos; se veían tan a gusto el uno con el otro...

Vieron el espectáculo de los delfines y luego fueron a recorrer el acuario. Palm se daba el tiempo de observar maravillada cada detalle a su alrededor, al igual que Gon. La sonrisa era permanente en ambos rostros, muy por el contrario a su tácito acompañante.

-Maldición...¿Qué estoy haciendo?- pensó perturbado- Parezco un acosador.- la imagen de Milluki llegó a su mente de forma involuntaria, y se estremeció con desprecio. Siguió tras ambos, ya abandonaban el lugar. Una vez fuera, se dirigieron a una fuente de sodas cercana. Minutos más tarde, se encontraban en una mesa, bebiendo juntos, una gran copa de jugo de naranja- No. No dejaré que me afecte- pensó obviando la imagen que tenía frente a él. Si sólo el pelinegro no lo estuviese disfrutando tanto, podría sentirse más tranquilo y menos molesto. Volvía a sentir frustración, rabia e impotencia, con él y consigo mismo.- ¡Tengo que proteger a Gon! No se sabe cuando aparecerá el enemigo- insistía en repetirse a sí mismo.

Continuaron su camino a paso lento. Se acercaban a los límites de la ciudad. Paulatinamente, el cielo se volvía cobrizo.

-¿Te estás divirtiendo?- preguntó animado el moreno.

-Sí- asintió contenta la muchacha, regalándole una hermosa sonrisa.- Todo ha sido muy hermoso- de pronto observó que se alejaban demasiado.- ¿Dónde me llevarás ahora?- preguntó curiosa.

-Hay un lugar al que quiero que vayamos, pero está algo lejos...- explicó mirándole y se detuvo.- Podemos llegar caminando, pero si estás cansada, puedo entenderlo- dijo con aires caballerosos.

-¡P-por supuesto que no!- exclamó de inmediato, negando con ambas manos- Quiero que me lleves hasta allá- añadió sonriéndole con un ligero rubor en sus mejillas. El pelinegro le devolvió la sonrisa y emprendieron la marcha, uno junto al otro.

Cada vez se alejaban más de la ciudad, y se sumergían en un oscuro bosque. De vez en cuando, Gon le hacía cumplidos y halagos a Palm, siendo siempre cortés, pero sin abandonar su candidez innata. Por su parte, la joven clarividente estaba más que complacida: no recordaba haber estado tan feliz en mucho tiempo, y aquel niño de ébanos cabellos y mirada angelical despertaba una gran cantidad de sentimientos en ella. Sonrió apenada al verse a sí misma como una quinceañera enamorada; se acercó más al pelinegro, hasta sentir su cuerpo contra el de ella. Él le sonrió sin detener su paso.

-¿Hasta dónde piensan ir?- se preguntaba el ojiazul, varios metros tras ellos. Después de un par de minutos de seguirlos, se dio cuenta que era el mismo recorrido que había hecho el día anterior con su amigo. Sin quererlo, se sintió dolido, pero no tuvo mucho tiempo para pensar en ello: repentinamente, se sobresaltó. -Hay algo ahí- afiló su gatuna mirada- Esta aura probablemente es de una hormiga soldado. No es tan cerca...pero no es tan lejos tampoco.- fijó su vista en el cielo- Hay tenues rastros de aura alrededor...¿Acaso ya pasó por esta zona? ¿o el viento lo ha traído hasta aquí? De cualquier forma, hay un alto riesgo de que nuestros caminos se crucen.- siguió manteniendo su distancia, observando a su amigo- ¿Debo advertirles?- Gon se detuvo, y él lo hizo también. Ambos estaban frente a un hermoso lago, en cuyo centro se ubicaba un frondoso árbol, que destacaba sobre todo. Tomaron asiento sobre el césped, platicaban animadamente- No. No tiene sentido decirles. Gon no puede usar su Nen: si recuerda lo que pasó con Kite y pierde el control, todo habrá terminado. Y estoy totalmente seguro de que Palm se molestará mucho si interrumpo su cita; si rompe el silencio con sus gritos, las hormigas que estén cerca notarán nuestra presencia...no puedo decirles.- veía con atención a ambos. Gon y Palm se veían tan felices juntos...se sentía desplazado, como si él quisiese estar en el lugar de ella. Apartó esos pensamientos egoístas y fijó su mirada en el moreno y en su cálida mirada. Aunque estuviese con esa siniestra chica, no podía arrebatarle su felicidad, ni podía dejar que nadie más lo hiciera, además, debía protegerlo. Se deshizo de su gorra y dio unos cuantos pasos hacia atrás para perderse en el bosque.-¡Me encargaré de esto solo!- pensó decidido. Corrió en dirección opuesta mientras intentaba ignorar la incertidumbre no saber cómo terminarían esos dos.

Una vez que estuvo a una distancia prudente, dejó de usar Zetsu sin detenerse. De inmediato notó que le perseguían. Corrió unos cuantos metros más, y se detuvo, esperando ver a su enemigo.

-Ah, pensé que olía a un ser humano...-

Se sorprendió al escuchar aquella voz y reconocer la silueta que se acercaba a él lentamente, abriéndose paso de entre la densidad del bosque.

-Ya me acuerdo de ti- dijo soberbio- Eres uno de esos chicos de antes –la hormiga de rasgos de conejo sonrió retorcidamente- Parece que tu suerte ha acabado. Estás a punto de hacerte una idea del infierno-dijo extendiendo sus emplumados brazos.

-Me fui contra el viento para llamar su atención y lo alejé de ellos. He hecho lo que tenía que hacer- se dijo a sí mismo pensando en su amigo – Pero...- la hormiga irradiaba gran cantidad de aura.

-¿Dónde está el otro chico?- preguntó sin abandonar su soberbia.- Una vez que me digas su ubicación iré a darle una muerte fácil- sonrió – No puede estar tan lejos. Él es tu amigo ¿verdad?- cuestionó con una mueca sádica. El otro apretó los dientes y entrecerró sus ojos evidentemente molesto – Bueno, no importa si hablas o no. Sólo voy a caminar haciendo mucho ruido y balanceando tu cabeza cercenada. Entonces, el vendrá por sí mismo.- liberó su aura con más intensidad- ¿No es así como son los humanos? – cuestionó divertido.

-Tiene razón- pensó al tiempo que liberaba su propia aura, preparándose para luchar.-Tengo que vencerlo, o esto se acaba aquí.-intensificó su Ren, dispuesto a todo.- ¡Voy a hacer lo que sea para proteger a Gon!-

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En tanto, Gon y Palm observaban con atención el enorme árbol que se encontraba unos metros frente a ellos. Los vivaces tonos rojizos del cielo pronto serían reemplazados por tonos más oscuros y sombríos; el sol comenzaba a ocultarse lentamente. Yacían varios minutos sentados uno junto al otro. La joven comenzaba a impacientarse al ver que el pelinegro no hacía amago de "continuar con su cita"; le miraba a él y luego frente a ella, a ese gigantesco árbol. Alternó su mirada varios minutos antes de decidir hablar.

-¿Hay algo especial en ese árbol?- preguntó, viéndole con curiosidad. Él se volteó a verla con una encantadora mirada adornando su rostro.

-Sólo espera un poco más- pidió sonriendo amablemente. La pelicastaña volvió la vista al frente, aguardando con paciencia a que algo ocurriera.

Los minutos seguían transcurriendo; cada vez el cielo se hacía más oscuro, hasta llegar a un azul marino profundo. Palm volvió a sentirse impaciente y comenzó a alternar miradas otra vez; sentía que pronto empezaría a sentir decepción, pero antes de que ese pensamiento terminara de cruzar su mente, algo llamó su atención: aquel árbol se repletó con un millar de pequeñas luces doradas que flotaban a su alrededor. El contraste del verde-azulado de las hojas con los pequeños destellos dorados proporcionaba un panorama mágico, digno de un cuento de hadas.

Contuvo la respiración por un momento y sonrió asombrada. Volvió la vista hacia el moreno y ambos se sonrieron.

-Sorprendente...-dejó salir en un suspiro, volviendo su vista al frente para contemplar embelesada el panorama.

-Son luciérnagas de agua- procedió a explicar-Sólo pueden encontrarse en el agua salobre, y esta es su época de reproducción.-

-¡Es hermoso!- exclamó sin dejar de apreciar tal espectáculo natural.

-¿Verdad que sí?- respondió con cariño. Se sentía feliz con sólo ver la dócil y alegre expresión en el rostro de su acompañante.- Toma- dio tendiéndole una pequeña rama seca, con diversas bifurcaciones; su tallo estaba envuelto con un pequeño trozo de papel. La joven lo recibió confundida.- Es un regalo- aclaró. Ella lo sostuvo entre sus manos observando detenidamente- Esta es la flor más hermosa del mundo- añadió sonriente. Palm no podía dar mucho crédito a esas palabras; observó unos segundos más la rama entre sus manos, por varios ángulos distintos.

-¿Lo es?- preguntó dudosa.

-Debes quedarte quieta-

Obedeció; dejó junto a su rostro el regalo y luego de un par de segundos, también comenzó a rodearse de pequeñas luces doradas. Varias de las luciérnagas se acercaron hasta posarse en cada rama de aquel regalo, lo que le dio un aspecto radiante de ensueño.

-La savia del árbol es muy parecida a las feromonas que emiten las luciérnagas, por lo que tienden a reunirse alrededor de sus ramas- explicó con gentileza. Varias luciérnagas, además de las que daban vida a esa hermosa flor, bañaban el ambiente entre ambos.

-Soy tan feliz...- se dijo a sí misma, mientras sentía que las lágrimas estaban por salir de sus ojos. Aquel cálido sentimiento en su pecho estaba llegando a su límite: no recordaba haberse sentí así jamás en la vida. Cerró sus ojos y dejó escapar un pequeño sollozo de alegría- Gracias- dijo con sincera gratitud.

-¿En serio? Me alegra oír eso- estaba aliviado, todo había salido bien...pero ahora es donde venía la parte difícil.-Pero yo...-comenzó- no puedo darte lo que realmente quieres.- guió su mirada hasta algún punto inerte frente a él.

-¿Lo que realmente quiero?- cuestionó llevando su vista hacia él.

-Tiempo para estar a solas conmigo.- declaró. La muchacha tragó aire sorprendida.-Yo...- prosiguió- quiero volverme más fuerte. Lo suficientemente fuerte como para derrotar a las Hormigas Quimera. Lo que significa que tengo que entrenar duramente- la joven concentraba su atención en el mar de luciérnagas que tenía frente a ella mientras escuchaba las razones del menor- Dentro de dos días Kite estará de vuelta, pero parece que está bajo el control del enemigo. Para devolverlo a la normalidad, probablemente tenga que luchar con quien lo esté controlando.- el tono serio no abandonaba sus palabras- Así que hasta que Kite vuelva a la normalidad...o si es posible, hasta que las Hormigas Quimera sean derrotadas, quiero concentrarme en mi entrenamiento ¿Te parece bien?- preguntó volteando a verla, con determinación en su rostro.

Por primera vez en el día, hubo unos momentos de incómodo y eterno silencio.

-De qué estás hablando- no era una pregunta. Toscamente volteó a verle: traía una mueca desagradable que reflejaba desconcierto. Su expresión dócil y amable había desaparecido por completo. El pelinegro se mantuvo en silencio un momento, sin estar seguro de qué debería responder.

-Lo que quiero decir, es que ahora debo concentrarme en entrenar con Killua- decidió agregar, manteniendo la mirada.

"Killua".

Jamás sería consciente de ello, pero sólo con pronunciar ese nombre, había sellado su destino ante la mayor. Podía oír el rechinido de sus dientes y su respiración irregular.

-¿Acaso...todo esto ha sido sólo un juego?- habló alzando la voz, que por cierto, había dejado de ser dulce y nuevamente, se oía sombría y enfadada. Se puso de pie atropelladamente, arrojando lejos lo que sostenía, y apuntó al rostro del menor con uno de sus cuchillos.-¿¡Acaso sólo has buscado reírte de mí!? ¿¡Aaahh!?- cuestionó mientras el arma blanca temblaba entre sus manos. El pelinegro se mantenía lo más tranquilo posible.

-Por supuesto que no- negó y se puso de pie lentamente, sin dejar de ver aquella intimidante arma frente a sus ojos- Sólo trato de ser sincero contigo- añadió, llevando una de sus manos hasta su pecho.

-¡Mentiroso!- gritó - ¡Mentiroso! ¡Mentiroso! ¡Mentiroso! -gritaba con fuerza; llevó ambas manos a la altura de su cabeza, estaba perdiendo el control una vez más.-¡Sólo estabas jugando! ¡Estabas jugando con mis sentimientos!- gritaba para sí revolviendo sus cabellos.-Además...- agregó bajando el tono de su voz, hablando entre dientes- ...por qué tienes que mencionarlo a él-jaló varios de sus cabellos; podía sentirse la ira reprimida en su voz- ...ese mocoso me tiene harta...-

-Lo sient...-

-¡Tú!- gritó con fuerza antes de que pudiera terminar, llevando bruscamente el arma blanca frente a su rostro.- ¡Debes ser castigado!- gritó con fuerza. Él asintió.

-Aceptaré cualquier castigo que me impongas- aceptó determinado, asumiendo las consecuencias. Siempre supo que era probable que todo terminara de esa forma, pero por ahora, sólo podía darle gusto a su extravagante amiga; después de todo, ella no era una mala persona.

-Camina- ordenó en voz baja, pero firme. Guardó el arma blanca, y caminó junto a él. De no haber estado imposibilitado de usar Nen, habría notado el aura asesina que inundaba todo el ambiente.

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Mientras tanto, en un lugar mucho más apartado, el joven Zoldyck enfrentaba la pelea más difícil que había tenido en su vida, la cual no transcurría, precisamente, dentro de un campo de batalla físico.

-"Huye"- esa palabra hacía eco insistentemente dentro de su cabeza.-"Si no estás seguro de poder ganar, huye"- una vez más la voz de Illumi se hacía presente en sus pensamientos.

-Tengo que hacerlo...-trataba de responderse-...tengo que...-

-"Cuando no sepas nada de tu oponente..."-

-...proteger a Gon...-

-"...huye"-

-¡No importa qué ocurra!-

Constantemente cerraba sus ojos con fuerza y llevaba una mano hasta su cabeza, en un intento inútil de reprimir aquella repugnante voz. Y como si aquella disputa interna no fuera suficiente, era golpeado reiteradas veces por su rival: la hormiga quimera que parecía sentir un exquisito placer al masacrar a gusto al albino. Poco le escuchaba balbucear antes de sentir cada golpe, ya que estaba más preocupado de resolver sus propios conflictos, es decir, hacerle frente a las 'enseñanzas' de su hermano mayor.

-¿Ni siquiera puedes mover un músculo?- la hormiga reía de forma lunática mientras pisoteaba el cuerpo del menor, quien trataba de resistir los golpes lo mejor que podía- Maldición...que sentimiento tan agradable ¿Debería matarlo?...pero ¡quiero disfrutar el momento!- se debatía a sí misma con un tinte depravado en sus palabras. Volvió a carcajear, pateando ojiazul varios metros lejos.

Con mucho esfuerzo se puso de pie una vez más, pero no terminó de incorporarse cuando recibió una violenta ráfaga de puñetazos.

-"Huye"- esa molesta voz no dejaba de hablar.-"Deprisa"-

-No...- la imagen de su amigo llegaba a su mente -...Gon...-pensó, mientras volvía a caer al suelo producto de un violento golpe.- Yo...- y otro ataque que lo envió lejos.-...te protegeré- pensó mientras se incorporaba nuevamente.

-...porque...-comenzó a hablar para sí- ...somos amigos- apretó sus dientes al sentir que copiosas lágrimas comenzaban a bañar sus mejillas. Tenía y quería aferrarse a ese pensamiento tanto como pudiese. Le daba fuerzas para continuar: Gon le daba fuerzas para continuar-¡Eres mi mejor amigo!- exclamó en un sollozo, con la voz totalmente quebrada. Su oponente quedó atónito por unos momentos y todo rastro de su actitud despreciable y depravada desapareció.

-D-detente...deja de hacer eso- dijo con voz asustada-¡No me mires así!- su azulina mirada transmitía un sinfín de emociones que no fueron ajenas al rival- Voy a matarte...¡voy a matarte, voy a matarte!- se movió torpemente, confundido por la actitud del menor. Se dispuso a atacar.

-"Huye"-

-¡Ya cállate!- pensó, llevando su siniestra hasta su frente, cerrando los ojos con fuerza.

-"Huye"-

-¡No voy a escucharte!- bramó en su mente.

-"Huye...huye...huye"-

-¡Cállate!- pensaba con rabia e impotencia.

-Voy a dejar la cabeza...pero comeré el resto del cuerpo- la hormiga comenzó a preparar su ataque, mientras el otro seguía llorando y librando su propia batalla.

-No quiero...perder contra él-declaró.

-"Huye"-

-Gon es...- todos los recuerdos con el pelinegro pasaban simultáneamente ante sus ojos.-...mi...- el Examen del Cazador, la Montaña Kukuroo, la Torre Celestial, Isla Ballena, Greed Island...

-"Huye"-

Esta vez la voz del moreno hizo acto de presencia en un recuerdo fugaz dentro de ese torbellino de pensamientos: "Tiene que ser Killua. No podría hacerlo si no fuera él"

-¡...ES MI MEJOR AMIGO!-

Con un grito desgarrador, y sin poder soportar por más tiempo, manipuló sus manos como acostumbraba mucho antes de aprender Nen, y se hirió a sí mismo: un golpe certero y preciso en su frente.

-¿Eh?- se preguntó la hormiga, quien claramente, había fallado al atacar- ¿Desapareció?-volteó al descubrir la presencia del ojiazul tras de sí. Aún tenía empapado su rostro en lágrimas, sin embargo, su aura había cambiado por completo. Una sonrisa adornaba su rostro.

Rió feliz mientras observaba la palma de su mano, donde se hallaba la causa de sus límites.

-Me ha tomado por tonto- se dijo a sí mismo. La pequeña aguja brillaba en su palma, mientras pequeñas gotas de sangre caían sobre ella- Illumi debe haber implantado esto- sonreía feliz y sereno, y algunas lágrimas aún insistían en salir de sus ojos. Volteó para darle la cara a su rival-...dentro de mi cabeza.-completó, señalando su propia frente; como si quisiera justificar su decadente participación en la batalla.

-¿De qué estás hablando?- preguntó confundido el otro, todavía tratando de descifrar cómo había podido esquivarle tan rápido.

-Sí, me siento mucho mejor ahora- dijo aliviado mientras restregaba su antebrazo por su frente y ojos, limpiando el rastro de sangre y lágrimas.-Estoy completamente despierto. O quizá debería decir que estoy liberado- esta vez traía una expresión determinada, que seguía decorada con una sonrisa. En tanto, el otro empezaba a entrar en pánico- Tengo un mensaje para las otras Hormigas – dijo sombrío, cambiando la expresión de su rostro radicalmente. Sus aires asesinos se hacían presentes en sus facciones y concentraban toda esa malicia en sus ojos -Si se acercan a nosotros sus vidas llegarán a su fin- ultimó. Dejó salir cada palabra con un tono macabro y una sonrisa perversa, dejando ver a propósito el vacío y hostilidad en sus ojos.

-¡...E-eso es mentira!- gritó desesperado, dispuesto a intentar atacar; mas la habilidad innata del peliplata hizo que esas fueran sus últimas palabras.

-Muy bien- habló lúgubre, con la cabeza cercenada de la Hormiga Quimera en su diestra. Su cuerpo seguía de pie a unos metros- Entonces no te molestes- pronto la sangre ajena empezó a desparramarse.

Arrojó al azar aquel miembro, limpió sus manos lo mejor que pudo y suspiró. No pudo evitar sonreír aliviado, estaba feliz. No era un cobarde después de todo, él podía cambiar y crecer, haciendo frente a lo que fuera necesario. No sería una carga para su amigo.

-¡Gon!- pensó sobresaltado y echó a correr al instante. Volvió al lugar donde lo había visto por última vez, con Palm, sin embargo, ahí sólo se encontraban sus pertenencias. No había rastro de ninguno de los dos.-Sus cosas todavía están aquí... ¿habrán otras hormigas cerca?- se preguntó con miedo.-No siento ninguna...¡lo que significa...!- volvió a correr, se dirigía a la ciudad, específicamente, a la posada donde se estaban hospedando. Con un poco de suerte, ambos estarían ahí.

Cuando estuvo frente a la puerta, dudó.

¿Y si Gon estaba ocupado con Palm? Tuvo náuseas y una mueca de disgusto se plantó en su rostro. Sintió un pequeño dolor en el pecho ¿Debía interrumpir?
La imagen de ambos, juntos, volvió a su mente, y sin dudarlo más, entró; pero lo que encontró estaba por demás lejos de lo que se había imaginado: Ambos estaban en el centro de la sala, Gon sobre sus rodillas, escribiendo...quién sabe qué cosa. Palm, de pie junto a él, con cuchillo en mano, observándole atentamente. A su alrededor, un millar de hojas de papel; todo indicaba que el moreno había tenido que escribir cada una. A penas se podían vislumbrar; una pequeña vela situada junto al pelinegro iluminaba todo el lugar con luz tenue. Se podía sentir un aura asesina.

La perturbada joven volteó con desprecio, y miró amenazante al intruso que los estaba interrumpiendo. El albino se acercó hasta ella para quedar frente a su amigo.

-¿¡Qué estás haciendo!?- reclamó.

-¿No te das cuenta?- dijo como si le escupiera cada palabra con desprecio.- Lo estoy castigando- explicó-¡Castigándolo por jugar con mis sentimientos!- agregó.

-¿Qué demonios? No estás siendo nada razonable- le respondió el de tez clara, volteando a verla.-Bueno, al menos está bien...-pensó mirando de reojo al pelinegro.

-¡Déjanos a solas! ¡Esto no te incumbe!-alzó su cuchillo como clara señal de amenaza.

-Lo mismo te digo a ti, tonta- replicó en tono burlón.- ¿Por qué no eres tú la que se va?- añadió sin pensarlo mucho. Por su parte Gon volvía a sentirse incómodo al no saber cómo actuar mientras sus amigos discutían por él.

Se produjo una pequeña pausa antes de que la muchacha continuara.

-¿Por qué estás herido?- preguntó bajando la voz.

-Estaba entrenando ¿algún problema con eso?- respondió, restándole importancia al asunto.

-¡Te heriré un poco más!- gritó con fuerzas e instantáneamente, atacó. Por un momento, pudo ver al menor con el cuchillo enterrado en su frente. Sin embargo, era demasiado lenta para él.

-Palm- trató de llamar la atención el moreno.

-No te molestes- dijo con algo de soberbia.-Podría esquivar tu cuchillo mientras duermo.-

-Estaba tan segura de que estaba muerto...-masculló con odio para sí misma. Ya no podría retener más su sed de sangre. Gruñó furiosa antes de voltear en busca del albino, gritando desgarradoramente. Su aura se expandió brutalmente y su expresión desfigurada y enloquecida hizo que el menor tomara una decisión. Decisión que debió haber tomado muchas horas atrás, según él.

En un rápido movimiento, tomó a Gon por la cintura y lo cargó con un solo brazo, como si se tratara de una bolsa de equipaje. Corrió. Corrió, corrió y corrió sin rumbo, siendo perseguidos por la mayor.

-¡Espera! ¡Los mataré!- gritaba corriendo tras ellos, armada con su fiel cuchillo. En un comienzo, la distancia entre ellos era bastante reducida, lo que dejó sorprendido al albino: miraba constantemente hacia atrás y aumentaba su velocidad con el fin de perderla. El aura oscura y siniestra de la chica le daba un mal presentimiento. Lo único que podía pensar era en alejar a su amigo de ella.

-¡Atrápanos si puedes, tonta!-gritó aumentando el ritmo de sus pasos. Por fin comenzaba quedarse atrás. El pelinegro se mantenía neutro. No entendía cómo es que la situación había llegado a esos extremos y tampoco estaba seguro de si debía intervenir o no entre esos dos.

.¡Espeeera!- se oía a lo lejos. Aún así, el peliplata no se detuvo.

-Detente, Killua...-habló por primera vez en mucho tiempo- Sólo estás haciendo que se enfade más-

-¿Ah?- exclamó sorprendido- Si nos deshacemos de ella ahora no tendremos que volver a verla nunca más- explicó- Sólo tenemos que llamar a Knuckle y acordar dónde quedamos-

-Yo voy a volver- dijo, intentando ser imparcial. Se sentía incómodo de haber dejado de esa forma a la joven.

-¿¡Acaso quieres morir!?- preguntó exasperado.-Si bajas la guardia pensando que no es una luchadora ¡Te clavará el cuchillo en la espalda!-advirtió serio, sin embargo, el otro rió con gracia.

-Ella no haría eso- respondió sonriente; eso sólo desesperaba más al albino.

-¿¡Eehh!? Per...¿No la viste usar su cuchillo conmigo?- argumentó exaltado, soltando palabras atropelladamente ¿Cómo era posible que Gon no se diera cuenta de que él lo estaba rescatando?

-Pero tú la estabas molestando- justificó.

¿¡Cómo era posible!?

-¡Maldita sea, eres demasiado...!- le gritó con frustración, sin poder completar la frase. Se detuvo de golpe, bufó molesto y le dedicó una mirada resignada antes de soltarlo bruscamente, haciendo que cayera.

Al parecer habían llegado hasta el centro de la ciudad. Transitaba mucha gente en las calles, y estaban rodeados de tiendas, cafés y hoteles.

Antes de cualquier cosa, el ojiazul contactó con Knuckle mientras el pelinegro se recuperaba del pequeño impacto contra el suelo que había sufrido. Una vez terminó de hablar volteó a verle. Llevó ambas manos a la altura de sus caderas.

- ¿En verdad quieres regresar con ella?- era una pregunta, pero parecía más bien una amenaza. El moreno terminaba de incorporarse, le miró a los ojos, pero aún estaba confundido.

-No lo sé. Me siento mal por haberla dejado de esta forma- comentó con culpa. Desvió ligeramente la mirada; el albino le veía fastidiado.

-¿Tienes alguna idea de lo peligrosa que es esa mujer?- replicó.

-Palm no es peligrosa-respondió con inocencia- De hecho, cuando la conozcas bien, verás que es muy linda y dulce- agregó sonriendo. Eso sólo exasperaba más a su amigo, quien frunció el ceño.

-¿Sabes qué? ¡Eres un Idiota!- soltó molesto- Haz lo que quieras.- le dio la espalda y se puso en marcha. Estaba agotado, y antes de cualquier cosa, quería comer algo. Gon estaba a salvo y lejos de Palm; se merecía un descanso. Aunque seguía molesto por todas las reacciones del pelinegro. Casi se sentía estúpido por preocuparse tanto por él.

En tanto, Gon no estaba seguro de qué hacer. Era una pena que Killua y Palm no se llevaran bien, o podrían haber estado los tres juntos en esos momentos. Se sintió mal por la joven y optó por seguir a su amigo, después de todo, no lo había visto desde la noche anterior.

-¿A dónde vas?- preguntó alcanzándole y caminando junto a él. El albino le vio de soslayo, desinteresadamente. Llevó ambas manos tras su nuca sin detenerse.

-Aquí- dijo deteniéndose frente a un pequeño, pero elegante café.-Tengo mucha hambre- explicó angustiado, tratando de tranquilizar sus ánimos. Entraron; unos minutos más tarde se encontraban en una mesa con su orden lista. El pelinegro tomaría jugo de naranja mientras que el albino, el café que venía junto con una gran rebanada de pastel de fresas. Más pronto de lo que habrían imaginado, estaban hablando animadamente, como siempre.

-¿Dónde estuviste todo el día?-

-Entrenando-

-Pero, saliste muy temprano- dijo incrédulo- Cuando desperté ya no estabas-agregó buscando respuestas- además – llevó una mano hasta la frente de su amigo y la despejó de sus canos cabellos- eso me preocupa- comentó inocuo, le veía a los ojos con curiosidad.

-No es nada- dijo mientras tomaba su muñeca para retirarla de su rostro y dejarla sobre la mesa. Desvió sus ojos al ver que la sincera preocupación no desaparecía de los orbes canela.- ¿Cómo estuvo tu cita?-preguntó con desgano, sin soltar la muñeca del moreno.

-Estuvo muy bien- dijo sonriendo, y como si pudiera leer los movimientos del ojiazul, giró su mano para entrelazarla con la suya, evitando que deshiciera el agarre. El otro se sonrojó ligeramente y bufó, sin más alternativa que corresponderle el gesto.-Fue muy divertido- agregó sonriéndole.

-Entonces ¿por qué terminaste "castigado"?-preguntó mirando directamente a sus ojos.

-...le dije que no podía estar con ella- explicó, sin embargo, el albino no comprendía ¡Habían estado juntos todo el día!- ...que no podía estar a solas con ella.-explicó. Su sonrojo se hizo aún más evidente, sin embargo, se sentía indignado ¿Quién se creía esa mujer?

-Y eso por qué- cuestionó de forma seca, sin mirarle.

-Porque tenemos que entrenar juntos, Killua- respondió sonriendo.-Debemos ser más fuertes para cuando veamos a Kite y para cuando luchemos con quien lo haya dejado como esté ahora-

-Entonces dile que se espere hasta que Kite vuelva a la normalidad- dijo golpeando la mesa y separando las manos que habían permanecido unidas. No estaba seguro de porqué esa respuesta; quizá no quería que sus celos fuesen tan evidentes.

-Eso hice-respondió en tono, inesperadamente, infantil, se dedicó a beber su jugo mientras que el otro suspiraba resignado.

-¿Qué harás?- preguntó.

-Quiero disculparme con ella cuando vuelva a verla, pero mi prioridad siguen siendo tú y Kite- dijo sin apartarse del zumo.

-¿Yo?- se preguntó en voz alta, a lo que recibió una hermosa y radiante sonrisa por respuesta. Volvió a bufar, y se llevó un gran trozo de pastel a la boca.-Después podemos ir a ver si aún sigue en la posada, si eso quieres- dijo a regañadientes, contra todo lo que le decía su cerebro.

-¿En serio? ¡Eres muy amable, Killua!- dijo con una sonrisa plasmada de gratitud.

Pasarían muchas horas antes de que regresaran por Palm.

Después de comer se habían dedicado a explorar la ciudad, y los alrededores que no habían tenido tiempo de ver.

-¡Tengo una idea!- dijo de pronto el pelinegro. Sígueme- pidió sonriendo.

-Claro- asintió neutro. Todo estaría bien mientras no fuese a llevarlo a alguno de los lugares que había visitado con 'su cita' esa tarde.

Llegaron hasta las afueras de la ciudad, de no ser por la luz que ésta irradiaba, estarían sumidos en una oscuridad muy densa.

-¡Oh! Sabía que estaba por aquí- dijo, y apunto hacia arriba.

-¿Una cuesta?-

-Creí verla cuando iba camino a la ciudad con Palm- aclaró - ¿Una carrera hasta la cima?- propuso juguetón.

-Me parece bien-

-¿Listos...?- gritaron al unísono- ¡Ya!- y comenzaron a correr hacia arriba, como si fuera lo más natural del mundo.

Una vez arriba, luego de no diferenciar quién había sido el ganador, tomaron asiento uno junto al otro; Gon primero, seguido por Killua. Estaba muy oscuro, el albino no podía diferenciar muchas cosas.

-¿Por qué querías venir aquí?-

-Mira- dijo, con su vista plantada en el cielo. El otro le imitó, y sólo entonces pudo notar a qué se refería su amigo: el firmamento estaba inundado en estrellas brillantes y plateadas, el contraste de éstas con el azul oscuro le daban un reflejo cristalino y nítido, además, el brillo intermitente y único de cada estrella resaltaba; daba el aspecto de un flujo suave y tranquilo. Le recordaba mucho a... –Es como el cielo de Isla Ballena ¿no crees?- preguntó.

-Sí. Tienes razón- respondió sin apartar la mirada del firmamento. Sentía como si estuviese hipnotizado por aquel brillo constante, era hermoso y relajante. Suspiró y sonrió apacible, si notar que el pelinegro no se perdía detalle de sus expresiones.

-¿Te sientes mejor?- el aludido se sorprendió por la pregunta, sin comprenderla del todo: sólo se limitó a asentir.- ¿Ha ocurrido algo?- volvió a cuestionar.

-No en realidad- respondió viéndole de soslayo- ¿Por qué lo preguntas?-

-Te ves diferente- respondió sonriendo, dando a entender que no era algo malo-Pero...- cambio su expresión por una angustiada.- ...hay un fuerte aroma de sangre y tierra impregnado en ti- el albino volteó a verle. Se había olvidado por completo del gran sentido del olfato de su amigo.

-Todo está bien, Gon- dijo temple, esbozando una sonrisa casi imperceptible. No podía decirle que había peleado con una Hormiga Soldado, él no tenía por qué saberlo al fin y al cabo.

-Ya veo...- dejó salir en un murmullo. Volvió la vista al perlado firmamento. Se sentía un tanto culpable por no haber estado lado a lado luchando con el albino. Pero de haber sido así, era poco lo que habría podido aportar en batalla: sin su Nen no era de mucha ayuda.

-¡No te pongas así!- reclamó infantil, propinando un pequeño golpe en su hombro, a lo que el moreno se sobresaltó y le encaró.-Sólo ten paciencia- habló serio- y no olvides nuestro siguiente objetivo- sonrió determinado, intentando transmitirle esa seguridad y apoyo que necesitaba en esos momentos. Volvió a sonreírle como siempre.

-Gracias, Killua- tomó la mano del albino que tenía al alcance, y la entrelazó con la suya, a lo que el otro correspondió con torpeza; luego recostó su cabeza sobre el hombro de su amigo, quien también correspondió el gesto. Siempre les era muy tranquilizador estar así, el uno con el otro.

Ambos volvían a mirar el cielo, en una escena que se las hacía muy familiar.

-Estoy muy feliz de estar contigo-dejó salir con voz somnolienta. El sueño amenazaba a ambos por igual. Se acomodó mejor en el cuello de su amigo y suspiró suavemente antes de caer rendido.

Lentamente, el albino acomodó a su amigo en el suelo, lo mejor que pudo. No debía haber problema, el césped era bastante suave, y el clima era agradable.

Volvió a unir una de sus manos con la del pelinegro y se acomodó junto a él.

-Yo también lo estoy...-dejó salir en un murmullo antes de adentrarse en territorio de Morfeo.

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Chan chan!
Por fin terminó el cap 5 u.u (?)
Espero que haya sido de su agrado y que no haya sido muy latoso, por lo extenso [incluso, reduje bastante una vez que estuvo listo O: y considero que aún así...quedó muy largo xd]
De verdad. Sinceramente: muchas gracias a TODOS por leer (:
Siéntanse libres de comentarme qué les parece; todas las críticas que tengan y todas esas cosas (:
muchas gracias! (: