Menudo desastre de plan

(Diario de Remus Lupin)

Yo jamás he dicho que los planes de Sirius fueran un desastre, para nada, de normal son divertidos y entretenidos. Lo que siempre había dicho era que alguien debía de pulirlos porque a veces tenían ciertos puntos algo flojos por los que se podía estropear.

Por eso pensé, diario, que al ser el plan creación de Sirius y de Rosier, la cosa iría bien.

Ahora me arrepiento de no haberles parado los píes.

-El plan- empezó Alex, disfrutando de lo lindo- consiste en lo siguiente. Black, por favor.

Sirius apareció por la puerta de la Sala Común, lugar donde habían vuelto para perfeccionar el plan maestro atrapa-mortifagos, cargando una bolsa llena de algo, que al ser balanceado con orgullo por el moreno, hacía un ruido como de arroz o lentejas.

-¿Qué coño es eso?- inquirió James, que no se fiaba mucho de las ideas de Alexa, y menos de las mezcladas con las de Sirius.

-Esto- dijo Sirius dejando pesadamente la bolsa encima de la mesa, alrededor de la cual estaban todos- será nuestro medio para encontrar a los mortífagos.

Alexia abrió la bolsa y, tras coger con una mano un poco de lo que había en el interior, lo dejó encima de la mesa.

Todos se acercaron para observarlo mejor.

Eran pastillitas de colores y formas distintas, de color apetecible y con aromas de frutas.

-¿Son gominolas?- preguntó instintivamente Peter, al tiempo que cogía una con forma de corazón y, antes de cualquier respuesta se lo metía en la boca.

James y Remus intentaron pararlo, esperando que explotara o algo parecido.

Pero no sucedió nada exterior.

-¿Y bien?- preguntó Heather, que no entendía nada- ¿Qué se supone que debe suceder?

-Espera un poco- dijo Black, al tiempo que Alex miraba su reloj de muñeca.

-Ya- indicó Alexia, y Sirius se acercó a Peter.

-Vamos, Wormtail, di algo- le ordenó, con una risilla pícara asomándose por la comisura de sus labios.

Peter negó con la cabeza, temeroso de que sucediera algo al hacerlo.

-¡Di algo o te arreo!- amenazó bromista Sirius.

Peter abrió la boca y, al momento, un pitido salió por su boca, provocando que todos tuvieran que taparse los oídos.

-¡Cierra el pico, Wormtail!- exclamaron a la vez Remus y James.

El muchacho obedeció, mareado del ruido que él mismo causaba.

-¿Qué era eso?- inquirió Lily, asustada.

-Vamos a hacer circular estas pastillas, a mejor precio que las de los mortífagos- explicó Sirius.

-¿Y?- inquirió Remus, que no entendía nada.

Las caras de Sirius y Alexia se iluminaron con una sonrisa traviesa.

Querido diario, resultó ser que no nos indicaron porqué querían hacer eso, solo nos dijeron que debíamos esperar al próximo Sabado, que sería cuando se celebraría una fiesta en ese colegio.

Y que ese día cogeríamos a todos los mortífagos.

Sirius y Rosier anduvieron ocupados y ajetreados todos los días que pasamos en ese interesante colegio muggle.

Ellos iban de cacería, repartiendo pastillas de esas y, ante nuestra sorpresa, no hacían ruido alguno.

Pero debían de tener algo especial, porque todo el mundo los perseguía en busca de más.

Incluso nos perseguían a nosotros, que no habíamos hecho nada. Por el momento.

Al final llegó el día de la fiesta, estábamos nosotros cuatro esperando a las chicas en la Sala Común cuando…

Bajaron la escalera de caracol las tres con unos tacones vertiginosos, y las tres vestidas con una falda de cuero tan corta que parecía un cinturón. Llevaban una palabra de honor blanca con tachuelas metálicas, siento Alexia la única que llevaba un bolso colgando del hombro.

Los chicos se las quedaron mirando pasmados.

-Debemos llamar la atención de los mortífagos para que vengan a nosotras- explicó Alexia- ¿Vamos?

Y así se dirigieron al colegio muggle, lugar donde se llevaba a cabo la fiesta.

Allí todo el mundo recibió con ovaciones a Alex y Sirius, y empezaron las avalanchas para coger pastillas de esas.

Ese par, empezaron a repartir miles y miles de pastillitas que llevaba Alex en el bolso.

-Me dan miedo a veces- comentó Heather.

Remus la miró de arriba a bajo inconscientemente y se sonrojó.

-Esto… ¿Te apetece bailar?- le preguntó tímidamente- solo para disimular quienes somos, obviamente…

-Vale…-aceptó Heather, que también se había puesto como un tomate- Pero solo es para camuflarnos- añadió, por si no terminaba de quedar claro.

Se fueron a mezclarse con la multitud.

-Lily…-empezó James.

-No, Potter, ni lo sueñes- cortó con las supuestas malas intenciones del chico.

-¿Eh?- inquirió él, desconcertado- Te digo que mires a esos de ahí- señaló disimuladamente con la cabeza un punto a lo lejos, cerca de la barra.

Lily se acercó a James e hizo que él diera la espalda a ese sitio, para luego mirar hacia allí disimuladamente.

Tres hombres y una mujer observaban como Alex y Sirius repartían las pastillitas, nada disimuladamente.

-¿Crees que deberíamos avisarlos?- preguntó Lily.

James pero, se había quedado paralizado por la cercanía de su cara con la de la pelirroja que, al darse cuenta, se sonrojó.

Los dos estaban cerca, no sabían que hacer ni que decir cuando alguien los llamó.

-Chicos chicos- dijo Peter- Rosier me ha dado esto y dice que debéis ponéroslos.

Les entregó unas orejeras, las mismas que habían usado varias veces en las clases de Herbología.

-¿Por qué debemos ponernos esto?- preguntó James, desconfiado.

-No lo sé, pero dice que debéis hacerlo rápido. Remus y Heather ya llevan- explicó, al tiempo que se ponía unos.

Lily y James lo imitaron y, al momento que entró en contacto la piel con el tejido de las orejeras se hizo el silencio.

Un silencio bastante contrastado con el movimiento de su alrededor.

Pasados unos minutos de no hacer ni decir nada, pues poco podían hacer, aparecieron Alex y Sirius, seguidos de Remus y Heather, que ya llevaban puestas las orejeras.

Se juntaron todos en circulo, mirándo a Sirius y Alexia desconcertados. Esta última, miró el reloj y abrió la palma de la mano, indicando el numero cinco.

Cerró un dedo; cuatro.

Cerró el pulgar; tres.

Cerró el anular; dos.

Cerró el corazón; uno.

Cerró el indice.

Todos los alumnos empezaron a soltar ese pitido estremecedor por la boca, y muchos se taparon las orejas, aunque fuera inútil.

Al momento Sirius y Alexia empezaron a buscar por doquier y señalaron, entre otros, a los cuatro sospechosos de la barra.

Y es que resulta, querido diario, que esas pastillitas te hacían gritar con la boca abierta hasta que te ordenaran que callaras.

Así, Rosier y Sirius sabían quieren había consumido pastilltas, y por lo tanto sabían quienes no las habían consumido.

Consecuencia: los que no habían consumido era por algún motivo, y resultó ser que eran los sospechosos que habíamos visto con anterioridad.

Total, que saltamos todos hacia esos cuatro y dos más que vimos en la otra punta y los detuvimos. Nos los llevamos fuera y avisamos a Dumbledores.

Pero, oh diario, si todo hubiera funcionado tal cual estaba previso, al principio no me habría quejado de que Sirius y Rosier son un peligro creando planes.

¿Quieres saber que pasó?

No hubo manera de hacer que callaran los muggles y, cuando los del Ministerio detectaron una anomalía mágica en una zona de muggles, no tardaron en venir.

¿Y sabes qué?

Nos detuvieron a todos siete.

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Ahora sí que han pasado trescientos mil años. Ya nos hemos pegado mutuamente la una a la otra.

Voy a dar explicaciones, porque fue mi culpa no actualizar, y os lo debo:

Thaly me pidió que escribiera este capítulo yo, porque me tocaba, y cuando terminé se lo mandé, o eso creí haber hecho. Como no recibía respuesta, me olvidé del tema, y con los exámenes y demás, se nos fue pasando. Luego, cuando se lo comenté, ella me dijo que no había recibido nada, se lo volví a mandar, y me volví a olvidar.

Pido mil perdones otra vez.

El siguiente capítulo es el último.

Un beso,

Thaly 'n' Eri.