PIEL
La piel de la Hyuga era la cosa más suave que jamás había tocado, que, comparada a sus ásperas manos, temía romperla cada vez que la acariciaba.
Pero aun así no podía evitar el querer tocarla. Adoraba tomarle las manos y sentir ese sedoso tacto que le erizaba la piel, diferentes a las suyas, pero que a la vez se complementaban.
No parecían las manos de una kunoichi que entrenaba tanto, pero él lo sabía mejor que nadie cuanto la peliazul se dedicaba a entrenar.
Aun así, su piel seguía siendo tan tersa y delicada, y eso lo enloquecía.
