Los personajes mencionados son propiedad de ©Hiro Mashima. Solamente la historia me pertenece.
Beta-reader: Lilia Sierralta.
Por favor, leer la nota al final.
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We're Pregnant.
|07|
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Si a Lucy le dieran la oportunidad de definir la palabra: Libertad, ella muy bien podría decir que eso era, exactamente lo que ella no tenía, y es que sí; después de mucho tiempo de espera y lamentos, ¡Natsu por fin se había dado cuenta de su embarazo! ¿Pero qué había ganado ella con eso? Si bien amaba la extremada delicadeza con la cual era tratada, el que Natsu prácticamente la tratara como si fuera una minusválida, no era lo que había tenido en mente.
Pero ahí estaban, ella estaba prácticamente en una silla, esperando que Natsu tendiera una alfombra roja por donde pasar, y no, no contento con ello, el hombre simplemente se había dedicado a recluirla en casa, porque según él, ahora que ella estaba embarazada; los hombres la verían incluso más bonita que antes.
Y no, Lucy no podía negar que aquel comentario le había subido el ego, y la había hecho sentir hermosa y glamorosa, pero la extrema posesividad de Natsu, era agobiante.
Si tuviera que compararlo con algo, ella lo compararía con un perro con rabia cuidando su comida.
Incluso, se atrevía a pensar que Natsu no la había orinado, solo por respeto.
Un suspiro de frustración salió de sus labios, y casi tan rápido como ella lo dejó escapar, quiso hundirse en lo más profundo de la tierra. Natsu enfocó su mirada en ella y solo habían pasado segundos para que él estuviera como un perrito, moviendo la cola y esperando órdenes.
—¿Puedes… —Pero Natsu no la dejó terminar, con desesperación empezó a hablar.
—¿Traerte agua? ¿Quieres otro cojin? Te dije que con uno, estarías incómoda, pero no me hiciste caso. —Le regañó. — ¿Algún antojo? ¿Ya te pateó? ¿Sabes cómo llamarlo? ¡Yo quiero que se llame Junior! Pero… Espera, ¿Por qué Junior? —Frunció el ceño. —¿Necesitas ir de compras? ¿Qué? ¡¿Qué quieres mujer?! ¡Habla!
Si Lucy pudiera pedir un deseo, quizás ella hubiese deseado que Natsu fuera mudo.
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—Oh, sí, mira lo que me haces hacer. —Susurró Lucy con una fría sonrisa adornando su rostro, mientras brincaba en la cama. Natsu la veía horrorizado en el piso, atado de manos y pies y con un tirro tapándole la boca.
¿Qué cómo habían llegado hasta esa situación? Eso era sencillo:
…
—¿Puedes traerme papel adhesivo y algunas cuerdas? —Preguntó pestañeando inocentemente. Si a Natsu le pareció extraño lo que Lucy había pedido, en ningún momento lo demostró.
Sin embargo, después de que consiguió lo que la rubia le había pedido, no pudo evitar preguntar:
—¿Pero para que necesitas todo esto? —Frunciendo el ceño, observó como la rubia reía. Un escalofrío recorrió su espina dorsal y tragó en seco, algo adentro de él le decía que tenía que huir. Pero era Lucy. ¿Qué le podía hacer su tierna y linda, —para nada violenta. — esposa?
—¿Confías en mí? —Preguntó con un aire de dulzura, Natsu asintió en silencio mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. —Bien, entonces, yo me levantaré un momento, tú tomarás mi lugar y me esperaras en mi misma posición. ¿Puedes hacer eso por mí? —Preguntó haciendo un tierno puchero. Natsu ni se pudo negar ante la imagen tan angelical que la rubia estaba regalándole, Lucy sonrió nuevamente, y otra vez el impulso de huir aparecía por su mente. Pero decidió ignorarlo.
La rubia desapareció no sin antes regalarle una sonrisa llena de ternura, sonrisa que claro está, desapareció en el preciso momento en el cual salió del campo de visión de su pareja. Regresando minutos después con una pequeña bolsita negra. Natsu la observó en completo silencio.
—Bien, estas son mis reglas. —Sonrió. —No hablarás en ningún momento y obedecerás sumisamente cada una de mis órdenes. ¿Puedes hacerlo? —Batió sus pestañas con coquetería, haciendo que Natsu rápidamente aceptara. —Bueno. —Suspiró sonoramente. —Pondré esto en tus ojos, recuerda, no preguntes nada. —Sonrió con diversión mientras se aventuraba a colocarle un pequeño antifaz negro a su esposo. Natsu se dejó hacer en silencio, feliz de complacer a Lucy en lo que quiera que la rubia quisiera hacer. —Perfecto. —Halagó ella muy feliz. —Ahora, manos detrás, en la espalda. Por favor. —Ordenó esta vez con un poco más de dureza en su voz, Natsu nuevamente obedeció, pero cuando el frío de algo envolvió sus manos, y el sonido de un inconfundible clic llegó a sus oídos, no pudo evitar fruncir el ceño, totalmente confundido.
—¿Lucy? —Preguntó.
—Shhh. Te dije que hicieras silencio. —Susurró sensualmente en su oído confundiendo totalmente a Natsu de sus verdaderos motivos. —Solo ten paciencia Natsu. —Él se obligó a esperar, aunque de por sí, Natsu era todo, menos paciente. El día que habían repartido la paciencia, él se cansó de esperar y se fue. —Piernas y pies juntos. —Habló nuevamente la rubia. Él pensamiento de querer escapar esta vez era más fuerte, pero nuevamente negó. ¿Qué podía hacerle Lucy a él? Obedeciendo lentamente, se dejó hacer, rápidamente sintió como sus piernas eran limitadas mientras el papel adhesivo se adhería a sus piernas, pantalones y pies. Indeciso de preguntar sobre que estaba pasando, esta vez sintió como un fuerte agarre se hacía presente en sus piernas.
—¿Amor? —Llamó desconcertado, sin saber el motivo por el cual se sentía tan prisionero. La rubia se movió a su alrededor por todo el lugar, Natsu escuchó como se movían algunas cosas a su alrededor. Sin verlo venir fue arrojado al piso, mientras luego entre pequeñas risas que se escapaban de su esposa, lo arrimaba hasta una esquina de la habitación, retirándole el antifaz, la rubia sonrió radiante.
—¿Qué se supone que estás haciendo, Lucy? —Preguntó frunciendo el ceño, pero sin molestia en su voz, más bien solo estaba un poco intrigado de las ocurrencias que podía tener su esposa. La rubia movió las cejas con una clara expresión de victoria, y cortó un pequeño pedazo de adhesivo. —Espera, Lucy. ¡No me respondis… —Incrédulo observó cómo Lucy le colocaba el adhesivo en la boca.
—Esto, Natsu, es lo que me hiciste hacer. —Natsu quiso rodar los ojos. ¿Qué había hecho? La observó confundido, tratando de usar sus ojitos de corderito para lograr sacar más información al respecto, pero la rubia movió su dedo índice en forma negativa.
—Ni lo intentes, Dragneel. No encontrarás la forma de huir. Yo solo… —Mencionó subiéndose encima de la cama, Natsu arqueó la ceja. —Tengo antojos de saltar en la cama, lanzarme en el piso, dar vueltas en el piso, y tú. —Lo señaló. —Tú te quedarás ahí en el piso hasta que me dé la regalada gana. —Y con horror, Natsu observó como la rubia empezaba a rebotar en la cama mientras reía como loca recién escapada del sanatorio mental.
Quizás, solo había exagerado un poco al momento de cuidarla, y solo tal vez, empezaba a entender a Jellal de que las mujeres embarazadas, estaban locas.
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Fin del capítulo n7.
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¡Hola!
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Esto es tan rápido como el viento. Perdón la tardanza, en serio, pero no tengo internet.
We, soy de Venezuela, JAJAJAJAJAJAJAJA. Para que arreglen alguna verga acá, tienes que sacrificar un macho cabrío, y 10 vírgenes. No conforme con eso, debes invocar a todos los santos posibles que puedas.
En serio, no exagero. Tengo ya como que dos meses con problema de internet, pero hasta hace algunos días, creo que veinte días exactamente, se fue definitivamente de mi vida.
*Cries intensamente.*
¿Cómo estoy actualizando? Pues me metí en una panadería con wifi gratis, but obvio tienes que consumir algo en el local.
Me comí dos donitas y un café, y ya gasté todo mi dinero :'v
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¡Nos leemos no sé cuándo, pero espero que pronto!
¡Solo quedan tres capítulos para terminar la historia!
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¡Gracias por leer!
Perdonen los posibles errores, lo siento, no me dio tiempo de pasarle esto a mi beta.
¡Lilia te amo, no me pegues!
—Rosse Schäfer.
