Séptimo!

Se acerca el final...

Ojalá me inspire pronto, apenas me queda el último capítulo y el epílogo y podré decir que está escrito!

=)


Miles's POV

Dos semanas de mi llegada, y Franziska mantenía su fachada. Parecía cada vez más a gusto con su nueva personalidad. Quedaba una semana para el examen final. Un mes después ni siquiera estaríamos en el mismo continente. Sin embargo, a ella no parecía importarle mucho. Mientras que a mí me hacía sentir como si me estuvieran arrancando la piel por centímetros y luego le echaran pimienta, ella parecía estar muy feliz. Sonreía, hablaba con normalidad y no parecía que nada turbase su sueño. Había cambiado mucho, y no sólo psicológicamente. También en su forma de vestir. Ahora ya no daba la impresión de niña alegre y vivaracha, sido de adolescente rebelde, fría y arrogante. Y mucho más provocativa. Y usaba tacos. Y maquillaje. La veía y quería llorar. ¿Cuándo había decidido empezar con el cambio de look? Ni siquiera lo había mencionado. No me había dicho nada, y yo ya no era capaz de adivinar sus sentimientos en su cara, ni nada por el estilo. Iba a ser un tiempo muy difícil. En la mansión von Karma se respiraba un aire de frialdad y tensión, y la sensación de que ella siempre sería superior a mí se acrecentó y se convirtió en certeza. Durante un tiempo, Franziska se había encerrado en su cuarto, donde sólo podía entrar su padre y, ocasionalmente, Violet. Pero ni siquiera su mejor amiga consiguió volver a hacerla reír sinceramente. De hecho, cada vez se veían menos. Paralelamente, fui mi turno de conocer a Violet más a fondo. Era una chica sencilla, relajada, con la única preocupación en su vida de su hermano menor, que sufría desmayos espontáneos e impredecibles. Era unos tres años mayor que Franziska y otros tres menor que yo. Era hermosa, a su manera, aunque nunca me atrajo como Franziska. Ese tema salió a flote un día en que vino a ver a su amiga y acabó hablando conmigo.

- ¿No la echas de menos? – me preguntó –

- ¿No se nota? Por supuesto. Pero cada vez es más cerrada.

- Ya... Miles, a ti te gusta Franziska, ¿verdad? – me soltó entonces, pillándome con la guardia totalmente bajada –

- ¿Franziska? Pero si sólo es una niña.

- Eso da igual. Ambos sabemos que ella es mucho más que una niña.

- Violet. Te ha contado el episodio del beso, ¿verdad?

- De los dos – contestó con una sonrisa – Si te digo la verdad, lo de la edad es un problema. Pero nadie se sorprendería de veros juntos.

- Manfred.

- Ese hombre... – chasqueó la lengua – Le odio.

- ¿Por qué?

- Es tan prepotente, me trata como si fuera un... juguete.

- Supongo que para él, eres el juguete de su hija.

- Me cae fatal.

- Lo lamento.

- Pero no me has contestado

- No lo sé, Violet. Esos besos... El primero no fue gran cosa. Pero los otros no fueron precisamente piquitos, ¿sabes? Yo... No podía pensar. Fue... Increíble. Pero es mi hermana pequeña, y yo soy muy mayo para ella... No es correcto.

- ¿Pero te gusta o no?

Me tomé mi tiempo para responder, la verdad es que nunca lo había considerado. Era demasiado extraño. Pero la idea me gustaba, y estaba claro que la necesitaba a mi lado, por lo que asentí en silencio.

- Creo que sí.

- ¿Se lo dirás?

- No.

- ¿Por qué? ¿Vas a irte sin decírselo?

- Estabilidad emocional, Violet. Estabilidad emocional.

- Pero ella te atrae... ¿En qué sentidos?

- En todos.

- ¿Te acostarías con ella? – abrió mucho los ojos y me ruboricé –

- Tiene trece años, Violet, hazme el favor...

- ¿Y si te lo pidiera?

- Si me lo pidiera, no me quejaría. Aceptaría.

- ¿En serio?

- Sería extraño – concedí – Pero aún así, ella me atrae mucho en ese sentido. Y sería absurdo intentar negarle algo.

- Claro, claro. Acabaría por conseguirlo igual.

- Exacto. Pero, ¿por qué preguntas esto?

- Curiosidad. Siempre he pensado que hacéis buena pareja.

Lo dejé estar. No quería enfadarme con la única persona que aún me trataba de tú y me llamaba por mi nombre e pila. Estábamos en el jardín, semisentados sobre un muro. Puse mi mano en su brazo.

- Gracias por estar conmigo – dije en voz baja – Me hace falta compañía.

- Debes sentirte solo ahora que ella no habla con nadie. Yo también me siento así.

- Lo peor de Franziska es que es adictiva. Como una droga. Y yo tengo necesidad de esa droga, ¿entiendes? No puede ser reemplazada. No sé cómo va a acabar todo esto, Violet. Tengo mucho, mucho miedo.

- ¿Miles? – me sonrió – Si te sirve de consuelo... Yo también. Y, por lo que sé, ella también.

- Ojalá todo fuera como antes... Antes me contaba las cosas que le preocupaban. Cómo quiero abrazarla... Prometerle tantas cosas que no puedo cumplir... Violet, lo siento, pero creo que no podemos seguir por esta línea de conversación. Ya sé que es la única que tiene sentido, pero creo que voy a llorar. Y realmente, odio llorar.

- Tranquilo. Lo entiendo – puso su mano sobre la mía – ¡Oh, Miles! ¿Qué vamos a hacer?

- No lo sé. De verdad que no lo sé.

La abracé suavemente y ella se echó a llorar. La aparté, y le limpié el rostro. Mis dedos, acostumbrados a los rasgos afilados de Franziska, titubearon sobre su piel. Sonreí.

- No llores. Tienes que ser fuerte, por Franziska. Me lo prometiste, Violet, no lo olvides.

- Lo siento.

- Vamos a buscar algo de comer a la cocina. ¿Te apetece un té?

- De acuerdo. ¿En esta casa sólo tomáis té o qué?

- Simplemente, nos gusta el té.

- Siempre os veo tomar té.

- Ah, pero hay muchos tipos de té.

Me sonrió fugazmente y le devolví la sonrisa. Era fácil estar con Violet. Era amable, tranquila, sensata y, bueno, era guapa. Pero no era como Franziska.


Bueno, dejadme saber qué os pareció!

Ya sé que este capítulo ha sido un poco aburrido, pero la verdad es que me lo pasé muy bien escribiéndolo, porque necesitaba acercar más a los personajes, hacer su relación un poco más estrecha para que no sea sólo centrado en Franziska y Miles, al fin y al cabo, siempre es duro cambiar de ciudad y no sólo por la familia o amigos, sino por muchas más cosas...

Espero reviews!

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