Hola, aqui les traigo un nuevo capitulo aunque no tenia inspiración de nada, aunque casi nunca la tengo, pero igual escribí algo
Cosas buenas y malas
Pasaron 2 días y exactamente en 1 hora más, sería el encuentro entre Madara y Deidara. Este último estaba preparándose mentalmente para poder tener las fuerzas para poder enfrentar al otro, esperaba autocontrolarse para no cometer ninguna estupidez y empeorar la situación, de todos modos Deidara estaba confiado en que todo resultaría bien.
El clima estaba un poco nublado y el sol no calentaba mucho, asique Deidara se abrigo bien y se dirigió al edificio de Madara, para que la discusión fuese más íntima según el mayor. La trayectoria no fue nada simple, el tráfico, las personas de un lado al otro, sumado al nerviosismo hicieron de esta una verdadera molestia provocando el mal humor de Deidara, quien cuando chocaba contra alguna persona y este le reprochaba o algo por el estilo, solo bastaba con una mirada fulminante de parte del rubio para que los demás se retractaran. Solo camino un par de cuadras más para por fin llegar a su destino, aliviado llego a la entrada y subió por el ascensor hasta dar con el último piso en el que se encontraba la oficina de Madara.
Llego a la puerta de la oficina, tocó, pero al parecer no lo escucharon asique solo entro al lugar. Al entrar su cara de asombro no pudo ser otra, la situación comprometedora que se presentaba ante sus ojos lo dejaron sin palabras. Madara estaba apoyado en su escritorio con una mujer prácticamente lanzándosele encima como una prostituta barata y él no hacía nada.
-¡¿Es tu nueva amante?! –grito Deidara ante la rabia que sentía en esos momentos.
-Q-que –Madara se quedó absorto, debía darle una explicación a Deidara, pues la situación no era lo que parecía.
-¡¿Sorprendido?! Supongo que no pensaste que te descubriría para seguir riéndote en mi cara. –Deidara estaba muy furioso con Madara no pensó que este lo engañaría así. El azabache le indico a la mujer que saliera al tiempo que esta recogía unos archivos dejando a los dos solos.
-Dei, no es lo que parece, solo es la secretaria –su tono era dulce, no quería que el rubio se enojara con él y se fuera sin poder decirle la verdad.
-Ah, asique te revuelcas hasta con tus secretarias no? Y yo solo soy uno más de tu lista –las lágrimas se agolparon en sus ojos, haciendo que estas se escurrieran por sus mejillas. Estaba dolido y enojado.
-No! Claro que no, yo a ti te amo, ella solo se estaba ofreciendo, te juro que la despediré, pero por favor créeme es la verdad mi amor… -se acercaba lentamente a Deidara, mientras este se apartaba cada vez más.
-Y-yo –Deidara quería creerle, pero tampoco quería dejarse engañar, no sabía si perdonarlo –Solo déjame, no te me acerques. Necesito estar un tiempo solo.
Madara no alcanzo a retener a Deidara, ya que este se fue rápidamente dejándolo solo, no tenía idea como enfrentar la situación, pero tendría que hacer saber a Deidara que lo amaba de verdad.
Una semana había pasado. Llena de suplicas y propuestas por parte de Madara, a lo que Deidara rechazaba pidiéndole que lo dejase un tiempo en paz. Se sentía exhausto de todo, además cada vez que se trataba apartar del azabache también se hacía daño a el mismo, quería perdonarlo y que todo fuera como antes, pero no, no quería ser una víctima de él, no quería que pensara que pudiese hacer con él lo que quisiese. Por un lado sabía que no debía meterse con un tipo como Madara, era mucho mayor que él, además era millonario, un gran empresario, era un adulto y él era solo un adolescente.
A pesar de todo lo malo que fue la semana, este día era especial para Deidara, tenía que dejar un poco de lado sus pensamientos para enfocarse en lo que sería de su futuro. Este mismo día tendría la respuesta a la postulación de la Universidad de Arte, solo tenía que esperar el resultado.
Una llamada hizo que dejara sus pensamientos por un segundo, busco su celular y lo contesto.
-Diga?
-Dei, soy yo Sasori.
-Ah, hola ¿cómo estás?
-Bien, gracias y ¿tú?
-Bien, también –mintió.
-Te llamé, para invitarte a salir, quiero que conozcas mi galería de arte, sería un placer que la vieras.
-Claro que sí! Dime a donde y estaré allí – Deidara estaba emocionado por ir, podría conocer el trabajo de un buen artista como lo es Sasori, y además aprovechaba de despejarse un poco y entretenerse. Le dio la dirección y acordó que estaría ahí en una hora.
Después de tomar una ducha y arreglarse se dirigió al lugar que le había indicado Sasori. Al llegar entro a un lugar espacioso lleno de obras e instrumentos.
-Hola Dei, me alegro que hayas venido –saludo Sasori besándole la mejilla.
-Claro que vendría, estoy contento de que me hayas invitado –sonrió regalándole una bella imagen al pelirrojo.
-Me alegro, ven toma asiento, ¿quieres algo de tomar, té o café?
-Un café está bien, gracias –Sasori sirvió dos cafés, mientras conversaban sobre cosas pequeñas.
-Y dime ¿Cómo ha estado tu vida? Supe algo sobre que Madara ha estado deprimido por un chico rubio.
-Em, yo –la pregunta le sorprendió, no esperaba que Sasori supiera algo de lo que había pasado con Madara –no, yo y el… no sé.
-Tranquilo Dei, puedes confiar en mí –acaricio las manos del menor -¿Te hizo algo?
-Peleas –suspiró, pensó que sería bueno desahogarse con Sasori, además podía confiar en él. Le conto lo que paso ese día en que Madara se puso celoso por él y la pelea del otro día en la oficina de este. Sasori lo escucho atentamente, Deidara derramaba pequeñas lagrimas que eran limpiadas por el pulgar del pelirrojo.
-Me siento un poco mal por lo que paso, pero sabes que siempre tendrás en mi un hombro en que apoyarte –abrazo a Deidara y este le correspondió, se embriagaba con el dulce olor de su cabello deseando que ese abrazo no se acabara nunca.
-Gracias por tu apoyo –le agradeció al pelirrojo.
-Para mí es un gusto, además tengo algo que mostrarte –Sasori saco un sobre y se lo entrego a Deidara, este lo abrió curioso no imaginándose lo que podía ser.
-¡Quede becado en la universidad! –Exclamo de alegría para después abrazar fuertemente a Sasori –¡Que alegría! Con todo lo que había pasado se me estaba olvidando esto.
-Me alegro de que hayas quedado, quiero que seas feliz Deidara –tomo las manos del rubio enlazándolas con las de él –Me gustaría hacerte feliz.
-Sasori, yo no puedo hacer esto.
-Lo sé, te dije que te esperaría ¿amigos?
-Sí, amigos –sonrió.
Fue una tarde entretenida, se divirtió mucho con Sasori, le mostro algunas obras hasta le enseño algunas técnicas para avanzar antes de entrar a la universidad. Anocheció y Deidara tenía que irse a su casa se despidió de Sasori para llegar a su hogar.
-Hola mamá.
-Hola Dei, ven acabo de terminar la cena –hablo su mamá desde la cocina.
-Que rico, estaba muerto de hambre –comía la que su mama le había servido –Y ¿Qué tal el trabajo?
-Bien, el viernes tengo que asistir a una entrevista con un personaje importante, no sé quién es pero quieren que este ahí para ver unos detalles. Ah, y después de eso iré a ver algo de un reportaje sobre la universidad de arte ¿Quieres ir? Pensé que te gustaría como es ahí donde quieres estudiar.
-Si, por supuesto –su madre aún no sabía que había postulado a la universidad –Tengo una buena noticia que darte.
-¿Qué es?
-Postule a esa universidad y me aceptaron, pero no te preocupes me dieron una beca, asique no tendrás que pagar nada.
-¡Qué bien hijo! Estoy tan contenta por ti, felicidades. –abrazo a su hijo muy fuerte asfixiando un poco a Deidara.
Los dos terminaron la cena y Deidara se ofreció a lavar la loza y fue a su habitación, mañana tenia clases y tenía que dormir temprano. Pero unas llamadas perturbaron la felicidad en la que estaba, era Madara quien lo llamaba otra vez, apago el celular y suspiro –Dios-sería un larga noche otra vez.
