¡Hola a todas! Aquí el capitulo 6. Para todas las amantes del SoEul ^^, yo se que les va a gustar. Por cierto chicas, tengo un aviso que darles. Mañana en la noche salgo de viaje y no regreso hasta el 30 de Julio. Así que por las próximas ¿3 semanas? No voy a actualizar, ya que no me será posible escribir.

Como sabran, ninguno de los dos dramas me pertenecen, de ser asi, en BBF Yi-Jeong hubiera tenido al menos un beso con Ga-Eul, Woo-Bin seria mi esclavo personal y en Playful kiss Oh Ha-Ni definitivamente le hubiera dado algunos buenos golpes a Beak Seung-Jo por su estupidez.

IMPORTANTE: ¡Esta prohibido la reproducción parcial o total de esta historia! Es mía de mí. Solo la publico en esta página y en una en facebook: /Fan Fiction Boys Over Flowers, así que si la vez en otra parte, me avisas. Recuerda decir no al plagio, por favor.


Destinos Cruzados.

Capitulo 6

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¿La historia se repite?


GaEul siguió cada uno de los movimientos de Yi Jeong; desde el momento en que pusieron un pie en el estudio de cerámica, él no había parado de moverse de un lugar a otro. Primero ordenando las ultimas de sus creaciones, después ordenando los utensilios de trabajo y finalmente, preparando el té.

– Deberías tranquilizarte.

– Estoy tranquilo.

– Eres pésimo mentiroso. Saldremos adelante.

– Lo sé.

– Si lo sabes, entonces ¿Por qué te pones así? – contraataco GaEul. Levanto la mano y apunto a las manos de él. – Tienes más de dos minutos derramando el té.

– ¡Demonios!

De un movimiento rápido, Yi Jeong regreso a la mesa la tetera y se movió hasta el otro extremo de la cocina. Abrió el grifo del agua y dejo que ésta mojara la manga del costoso traje, que él torpemente había manchado con el té. GaEul se levanto y ayudo a su novio a ordenar el desastre que ocasiono en cosa de minutos.

Ambos se quedaron en silencio, cada uno limpiando manchas inexistentes en la barra de la pequeña cocina del taller. Cada uno por su lado, cada uno perdido en sus pensamientos, pero enfocados en lo mismo.

– Tengo miedo… – termino por romperse GaEul, tras más de media hora de silencio. Yi Jeong pareció recordar que no estaba solo y dejo de hacer el tonto: ya había acomodado y desacomodado la misma vajilla al menos tres veces. – Tengo miedo de que todo acabe sin haber empezado realmente.

– GaEul…

– ¡Tengo miedo de no superar esto Yi Jeong! No soy tan fuerte como…

– ¡No lo digas!

Le daba miedo en solo pensar que estaba a nada de estar en la misma situación por la que había pasado uno de sus amigos.

Su movimiento fue tan brusco, que estuvo a nada de hacer caer a ambos al suelo, pero por suerte, había logrado sujetarse de una de las sillas. La abrazo como si su vida dependiera de ello, acunando el rostro de GaEul en su pecho y escuchando los débiles sollozos, que poco a poco, iban ganando fuerza.

Tenía mucho tiempo que no la miraba llorar, demasiado. Desde que había partido a Suiza se las había ingeniado para hacerle saber – con pequeños detalles y con ayuda de Woo Bin– que él estaba bien y que solo ella estaba en su mente y su corazón. Le había sido fiel y había madurado tanto que él mismo se asombraba. Pero todo lo hizo porque en verdad la amaba y no quería perderla. No quería hacerle más daño del que ya en el pasado le había infringido, pero sobretodo, se había prometido no volver a hacerla llorar.

Pero ahí estaba GaEul, derramando mas lagrimas… por su culpa.

Yi Jeong le tomo de la mano y la arrastro con él hasta el sillón. Hizo que su menudo cuerpo quedara atrapado entre sus piernas y le abrazo con delicadeza y cariño, buscando transmitir en ese abrazo todo lo que él sentía por ella. Empezó a mover la mano, repartiendo caricias en su cabello, después bajo hasta la espalda y a momentos se desplazaba hasta los brazos y el cuello. El llanto poco a poco fue menguando y Yi Jeong consiguió que el nudo en su garganta le oprimiera menos, pero seguía sin desaparecer.

Siguió con las caricias un rato más, y las alternaba de tanto en tanto con pequeños besos, que repartía en la frente, las mejillas, el cabello, la nariz y la boca. Apenas eran ligeros roces, llenos de suavidad y ternura. Quería que GaEul se sintiera segura de nuevo. Segura de sí misma y de su relación.

– ¿Qué vamos a hacer? – pregunto GaEul con voz temblorosa. Ya no lloraba, pero sus ojos estaban rojos e hinchados, y su voz se había enronquecido un poco.

– Creo que… no lo sé. – Contesto abatido. – Pero algo hare. No dejare que nos separen. Tú vas a ser mi mujer, le guste a quien le guste.

GaEul quiso volver a llorar al escucharle hablar. Estaba asustado, pero también era la primera vez que le miraba tan firme en una decisión. Era difícil de explicar, pero ella sabía que Yi Jeong no le daría la espalda.

Recordó con amargura como horas antes todo era felicidad. Desde que Yi Jeong le había propuesto matrimonio era como si hubiera entrado a vivir en una nube. Todo era tan bonito y mágico, tan perfecto que nunca pensó que su sueño de casarse con su alma gemela se estropeara con una sola palabra:

– Jamás.

Esa había sido la única palabra dicha por el abuelo de Yi Jeong. Pero con esa sola había logrado romper en mil pedacitos su sueño.

Habían visitado la mansión principal de la familia So por la tarde, con la intención de recibir la aprobación para el matrimonio, sin embargo, el abuelo de Yi Jeong, tajantemente se había negado. Para el mayor, que su nieto favorito, talentoso y millonario se casara con alguien tan poca cosa era inimaginable. Y se lo había hecho saber a la joven pareja.

Yi Jeong, quien ya se imaginaba algo así, intento persuadir a su abuelo, explicando casi toda la historia. Dejándole saber que gracias a ella, él no había abandonado el sueño de ser alfarero después del accidente, que por ella había luchado para salir adelante, y sobre todo, que gracias a Ga Eul era una mejor persona. Pero el anciano hizo oídos sordos.

– No me interesa si es la bondad personificada. Esta niña – escupió despectivamente – no está a nuestra altura. No somos una institución de beneficencia Yi Jeong.

Ga Eul reprimió las ganas de ponerse a llorar y mantuvo la cabeza levantada. Ella no le daría el gusto a ese señor de sentirse menos, pero no por ello quería decir que no dolía. Yi Jeong, que la conocía como la palma de su mano, la atrajo en un abrazo y fulmino a su abuelo.

Le tenía respeto: Si. Lo tenía. Y cariño también, pero no había sufrido tantos años para no madurar nada y dejar que pisotearan su orgullo de esa forma. Además, no estaba dispuesto a dejar que humillaran a la mujer que amaba, por mas familia que fuera.

– No la pienso dejar. Y es mi última palabra.

Lo último que escucho Yi Jeong antes de salir del despacho de su abuelo, fueron los gritos de éste, amenazándole con dejarlo en la calla, pero sobretodo, de sacarlo del mundo de la cerámica.

– Yi Jeong… – la suave voz de Ga Eul saco a Yi Jeong de sus pensamientos.

– ¿Qué pasa?

– ¿El puede hacerlo? – Él le miro sin comprender del todo la pregunta. – Lo de alejarte de la cerámica. ¿Puede? – pregunto con miedo.

Yi Jeong ni siquiera lo medito.

– Si, si puede. Mi abuelo tiene el dinero y las influencias para hacer que nunca vuelva a trabajar en la cerámica, al menos, en Corea.

Ga Eul se aterro. Su mirada expresaba culpabilidad y miedo. Quiso alejarse, pero Yi Jeong no se lo permitió.

– Olvídalo. No te dejare ir. Ya encontraremos una salida – declaro bastante seguro. – Si el idiota de Jun Pyo lo logro ¿Por qué nosotros no?

– Pero ellos… creí que no quería que nos comparáramos.

–Bueno, sí pero… si aferrarnos a su experiencia nos hace tener esperanza, lo haremos.

La sala de nuevo quedo en silencio. Ambos solo se abrazaban, sin decir palabras, solo ellos y sus pensamientos. Las manos de Yi Jeong viajaban de un lado a otro, acariciando el cabello, cara, brazos y espalda, buscando transmitir seguridad a Ga Eul, y de paso, darse confianza a él. Hasta ese momento, nunca antes pensó que lo que pasaron Jan Di y Jun Pyo fuera tan complicado y doloroso. Yi Jeong aspiro el aroma a lavanda de Ga Eul y dejo que la suave respiración de ella le hiciera cosquillas en el cuello; le dolió el corazón el pensar que podía perder todas esas sensaciones.

–… erta – dijo Ga Eul.

– ¿Qué?

– La puerta. Están llamando a la puerta – repitió ella.

Yi Jeong sacudió la cabeza. La preocupación por perder a Ga Eul era lo único que ocupaba su cabeza. Le hizo una seña, negando. No le apetecía ver a nadie.

– ¡Yeongi, abre la puerta! ¡Se que estas aquí! – quien sea quien estuviera tocando era una mujer. Ga Eul frunció el seño ¿Acaso el abuelo de su novio ya estaba enviando mujeres a su Yi Jeong para persuadirlo?

Bufo indignada. Pero se quedo con la boca semi-abierta cuando éste dio un brinco y corrió atropelladamente a la puerta; Una mujer de unos cuarenta años entro al taller. Vestía elegantemente y aunque estaba algo delgada de la cara y presentaba signos de cansancio –tal vez por alguna enfermedad o exceso de trabajo–, se miraba bastante guapa.

– ¿Pero qué… tu… como…?

– ¿Qué clase de recibimiento es ese jovencito? – le regaño la mujer. Ga Eul arrugo la nariz. La curiosidad por saber quién era le estaba matando, además sus alertas seguían disparadas; estaba preparada para escuchar cualquier cosa… menos las palabras que salieron de Yi Jeong.

– Lo siento madre – se disculpo él – pero me has tomado por sorpresa.

Ga Eul se puso de pie de golpe, alisando la falda del vestido y disimuladamente, tratando de arreglar el maquillaje corrido por las lágrimas. Era lo único que le faltaba en ese día: verse horrible ante la madre de su prometida.

– ¿Es ella? – pregunto la madre de Yi Jeong. Éste asintió, al tiempo que se ponía a la altura de Ga Eul, para abrazarla protectoramente. Nada dispuesto a dejar que le siguieran humillando. – ¡Es lindísima!

Y ante la atónita mirada de la pareja, la mujer hizo a un lado a Yi Jeong para poder abrazar y admirar a Ga Eul. Le hizo girar sobre sí misma, le tomo de la barbilla y observo de todos los ángulos posibles el rostro de ella. Lo mismo hizo con el cabello, brazos, manos… con cada acción se desvivía diciendo lo perfecta, hermosa y encantadora chica que era.

– Mucho gusto señora. Soy Chu Ga Eul, sería un honor que cuidara de mí – se presento, haciendo la venia correspondiente.

– Soy Choi Su Min. La madre de este guapo hombre y futuramente, la madre en ley de tan encantadora señorita. Eres tal cual me informaron.

– ¿La mandaste investigar? – pregunto un receloso Yi Jeong.

– Por supuesto. Necesitaba saber sobre mi nuera, si no, como pensabas que les podría ayudar ¿Eh?

Ambos se miraron, perdidos. No entendían muy bien que sucedía ahí.

Yi Jeong desde que era un niño, todos los recuerdos que tenia de su madre se resumían en una mujer enferma de celos, depresiva y con falta de un motivo para vivir. Por su parte, Ga Eul sabia –por palabras de su novio– que su suegra se la vivía en su casa, acostada llorando o en los hospitales después de recaídas por depresión. Pero la mujer frente a ellos, si bien no se miraba muy sana, si que estaba alegre y llena de vitalidad.

– Me he enterado lo que quiere hacer ese viejo egoísta. No pienso permitir que la felicidad de mi hijo se convierta en amargura por las ambiciones de ese anciano – declaro con firmeza la señora Su Min. – Lo hizo conmigo, y eso es más que suficiente.

Yi Jeong estaba alucinado.

– ¿Cómo te has enterado tan rápido?

– Ese So tuvo el descaro de llamarme para exigirme que me pusiera de su parte. Después de todo, la mitad de las acciones de la familia So pertenecen a mi familia. No puede andar desheredando personas sin mi firma – se jacto orgullosa.

– Entonces usted… – Ga Eul tenía miedo de preguntar. ¿Y si era solo una cruel broma?

– Escúchame Chu Ga Eul. – La voz de la señora Choi sonó dura e inflexible. – Mi vida se volvió un infierno desde que me case, bueno, desde que descubrí las infidelidades de mi marido. Y por años pensé que mi hijo seria igual, que digo pensé, lo tenía comprobado – miro a Yi Jeong con los ojos entrecerrados. Éste sonrió encantador, refugiándose detrás de Ga Eul, como un niño que se esconde después de hacer una travesura. – Pero por primera vez en muchas generaciones un So a tomado el buen camino. Y es por ti pequeña. No solo le has brindado amor sincero a mi hijo, sino que le enseñaste a ser mejor persona.

– Lo he hecho porque lo amo – declaro Ga Eul. – Lo amo tanto o más que mi vida, y me partía el alma ver como se hacía daño el mismo.

– Gracias. Gracias por cuidar de mi hijo. – Su Min tomo las manos de Ga Eul. – Gracias por estar ahí para él. Era algo que yo debí hacer, pero mi egoísmo me cegó. Yo solo pensaba en mi sufrimiento.

– Madre. – Yi Jeong abrazo a ambas mujeres. Sus mujeres.

– Me he dado cuenta tarde, mi niño. Pero al menos, aun puedo hacer algo por ti y por ella. Ustedes dos se van a casar porque ustedes así lo quieren, y porque yo lo digo.

El aplomo y seguridad con el que hablo la señora Su Min le dio a Ga Eul y Yi Jeong una esperanza. Ella era la luz al final del camino que estaban esperando.

– Al abuelo le dará un infarto – dijo Yi Jeong.

– Pues que se vaya consiguiendo un hospital. Eh dicho que se casan – asevero Su Min. – Así que andando.

– ¿A dónde? – pregunto un confundido Yi Jeong.

– A ver al sastre de la familia. Hoy en la noche se tiene que ver preciosos.

Engancho un brazo en cada uno y los guio fuera del taller. Yi Jeong y Ga Eul intercambiaron miradas. Ga Eul miro a su futura suegra y articulo en silencio algunas palabras. Yi Jeong asintió.

– ¿Y… que hay esta noche?

– Su fiesta de compromiso, por supuesto.

Ga Eul dejo de caminar de golpe, y aunque nada salió de su boca, su cara gritaba claramente un "¿¡QUE!?"


¿Me aman, me adoran, me odian? ¿Qué pasara con Ga Eul y Yi Jeong? ¿Se podrán casar con la ayuda de la suegra? ¿O seré malvada y los separare, mandando a la goma todo lo que han sufrido? ¿Qué pasa con el plan de los F4 y Jae Kyung? ¿Seung Jo dejara de ser tan idiota? ¿Cada día estoy más loca? Bueno, eso ni se pregunta. Muchas preguntas, aun pocas respuestas. Nos estamos leyendo niñas.

Gracias por sus reviews, y pues piolina, aqui algo de uno de los F4. Al resto, como siempre, le conteste personalmente por inbox a su cuenta ^^

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Andy