Capítulo VI: No es malo tener piedad

Como cualquier otro día, nuestro «segundo» protagonista, Gingka Hagane se encontraba en un estadio de Beyblade, teniendo una batalla con su mejor amigo Kenta. Parecía ser un combate en donde la pasión y las ganas de ganar se mostraban en el ambiente.

—¡Vamos Pegasus, ataca! —Defendió el extravagante pelirrojo, indicando su siguiente movimiento.

Por naturaleza, Pegasus, obedeció y atacó a su rival sin más, mandándolo a volar casi al instante, dando la victoria del blader de bufanda.

—¡Sí! —Celebró impetuoso, para luego tomar a su respectivo bey— Bien hecho Pegasus, otra victoria.

Kenta por otro lado, no mostraba aflicción* u otra cosa relacionada, simplemente, sereno; como cierta jovencita.

—Oh, Sagitario... Tú también hiciste muy bien —Recogió al mencionado objeto seguidamente.

—Estoy impresionado de tu fuerza, Kenta; eres realmente un gran peleador —Mencionó el pelirrojo hospedando su mano en el hombro de su compañero, esperando tal vez una sonrisa por su parte.

Para agradecerle el cumplido, le dio ese gesto.

—Muchas gracias, Gingka, pero tal vez si sigo entrenando tenga posibilidad de vencerte... Algún día.

Apretó a Sagitario en su mano volviendo así su mueca en una tierna sonrisa de valor.

En realidad Gingka no sabía si tomar eso como un cumplido, un reto, o algo malo. Ya que el parecía esforzarse mucho, y claro, aquello daba frutos pero ¿Hasta cuándo estará así?

—Eh... ¿Sabes de ese lema que dice: Mucho de algo no es bueno?

—¿Hm? ¿A que te refieres?

—A lo que quiero llegar es que... No solo te la puedes pasar todo el día entrenando, también debes de descansar y comer... ¡Por eso yo estoy como estoy! —Respondió muy animado.

—¿Muy flaco? —Bromeó Kenta.

Gingka casi se cae hacia atrás si no fuera por sus expertos reflejos.

—¿Estoy flaco...?

Eso pareció haberle hecho escombros su autoestima. El pequeño no se contuvo y soltó una risa.

—Lo siento pero ya sé que quieres decir. Y tienes razón, debo de esforzarme y a la vez no tanto.

Por un mili momento recordó la vez en la que estuvo con Ryuga, entrenando. Pasó tantas cosas, probablemente ya se había acostumbrado a dar todo de él por aquel tiempo.

De inmediato el pelirrojo se estabilizó, su amiguito lo entendió y era lo que quería.

—¡Genial! ¡Tomemos este momento para almorzar! —Exclamó y sonrió entusiasmado gracias a las ganas de comer casi como las de una manada completa.

Por supuesto que Kenta accedió de igual forma, ahora con la mente más despejada, fue con su camarada de primera al sitio de comida más cercano, en busca de la relajación entre algo que llenara su estomago.

—En el puesto de hamburguesas de siempre—

El joven de bufanda impacientado por su recientemente orden pedida, hacía un leve pero molesto ruidito con su dedo índice a la mesa, revelando la falta de paciencia que traía encima. Los rugidos de su estomago y eso hacían un perfecto coro. Con el mentón reposado en su otra mano, observaba a cada auto, camión, motocicleta e incluso perros que pasaban al frente del lugar. Cada segundo que transcurrían era como estar esperando la nieve en el desierto.

Para romper el inmenso hielo del silencio entre ellos, sin contar el eco rápido que provocaba Gingka, Kenta decidió hacer conversación o cualquier otra cosa.

—Gingka... ¿Puedo hacerte una pregunta?

El mencionado volteó solo sus ojos hacia Kenta— ¿Si?

—¿Crees que estaremos listos para otro enemigo más fuerte?

El chico parecía algo preocupado, porque todo el tiempo las cosas tienen que complicarse y alguien sale lastimado. La última vez murió alguien.

El pelirrojo se reincorporó con una agradable mueca dispuesto a contestar.

—Bueno... Si debo de responderlo, diría que sí, hemos pasado por tanto... Estamos listos para cualquier cosa, y si algo saliera mal, encontraríamos la solución.

—Claro, no debería de preocuparme —Sonrió el pequeño—. ¡Estamos listos!

Antes de que hiciera otra pregunta, una de las camareras del sitio dejó cuatro hamburguesas sobre la mesa, por fin cortando en cuadros a la espera. Los ojos de Gingka nunca se vieron tan brillantes y llenos de vida, era la navidad adelantada en lechuga.

—¡Al fin, muero de hambre!

Dicho eso, literalmente comenzó a arrasar con los finos y sabrosos panes, la lechuga, los tomates y obvio, la carne que era lo más delicioso de todo. Kenta sabía que algo no andaba bien, él solo había pedido una. Su apetito no estaba tan voraz

—Eh... Pero si yo solo pedí una...

Recalcó mirando «aterrado» pasmado a su amigo, todavía no se adaptaba a ver a alguien tan hambriento.

—¡Yo me comeré tres!

Le aclaró el pelirrojo entre los mordisqueos tan rápidos dados hacia su comida, que ya parecía su presa.

La gente alrededor compartían el sentimiento de Kenta, ese chico aparte de servir para el beyblade, también lo hace para un concurso de quien come mas.

—Arg... Claro, debí suponerlo... ¿Cómo puede comer tanto y nunca engorda?

He ahí el lema de la vida.

A punto de siquiera darle un mordisco a su hamburguesa, el pequeñuelo de cabello verde fue interrumpido por una silueta familiar a su izquierda, hacia la ventana, era Dareki que al parecer no notaba su presencia, solo se encontraba paseando como cualquier peatón con vida no interesante; pero no fue eso lo que le arrebató su atención sino, alguien que la acompañaba. Caminaban juntos, iguales que conocidos cercanos.

Un muchacho alto, cabellera azul obscuro, sin similitudes con una persona buena por su gran sonrisa, vestimenta blanca y amarilla. A decir verdad como un loco pero no era el caso, era alguien despreciable para cualquiera que lo conocía. Cuando lo reconoció, el mayor de los escalofríos recorrió por la infante espalda del pequeño.

—¿Johannes...?

Ese nombre, repudiado por Gingka, hizo eco de forma bestial en su mente, parando su hora de almuerzo.

—¿Qué…?

Giró rogando y rezando que no fuese el que mencionaron, no él, cualquier otro loco pero no él. Las esperanzas de este habían sido opacadas al momento que confirmó lo que decía Kenta, era él, Johannes, un tipo raro que anteriormente ayudó en la resurrección de Némesis.

Johannes... —Pronunció el nombre en tono crispado— ¿Qué hace él aquí?... ¿Y por qué está con Dareki? No es posible...

Gingka pensó en lo peor ¿Némesis otra vez? ¿El mundo estaría en peligro? ¿Secuestraria a su amiga? No dudó en levantarse e ir a por respuestas. Dejó su almuerzo a medio comer y a su amigo, que también le acompañó por lo mismo.

Cuando salieron allí estaban, Dareki y Johannes riendo, siendo amigos, o esto aparentaban ya que no se veía odio entre ellos, solo normalidad.

Esto... Es extraño... —Susurró Kenta.

El blader de bufanda frunció el ceño, no estaba para nada contento con la escena, por ello pasó corriendo la calle siguiendo a la pelinegra y al chiflado de los gatos entre la escasa gente de la acera. Por supuesto que el jovencito peliverde le siguió también, no deseaba que Johannes le hiciera daño a Dareki, ya él tenía una mala reputación, etiquetado de villano por sus acciones pasadas.

Estuvieron detrás de ellos hasta que llegaron a un parque. Un hogareño parque pequeño, donde algunos practicaban con patinetas y otros con beys, algo típico en el sitio.

Pero olvidando esa visión, Gingka y Kenta yacían esperando —Detrás de los arbustos— el momento en el que Johannes atacara como el felino feroz que es.

—¿Crees que esté tramando algo malo?

El pelirrojo no despegaba su vista de Dareki, no confiaba en el verosímil rostro tan confiable del peliazul.

—No lo sé, solo podemos esperar —Respondió—. Yo te daré la señal para atacar ¿Está bien?

Kenta asintió y le siguió el juego, en cualquier instante podría ocurrir una batalla, debían de estar preparados. Aunque el riesgo de peligro era amortiguado en cada carcajada de daba la pelinegra y su "amigo", ninguno demostraba ganas de destruir algo, risas y risas era lo que salía.

Pasaron cinco minutos, y una cosa ocurrió que alarmó a los investigadores de los arbustos, Johannes, sin previo aviso, alzó el brazo derecho tan alto como pudo e hizo entrever su mano, simulando ser garras afiladas.

No esperaron más, Gingka y Kenta se lanzaron a la vista, empuñando sus beys.

—¡Let it rip!

Alzaron ambos, enviando un gran golpe doble casi a los pies del felino peliazul creando una explosión. Este por reacción gatuna, saltó al poste de luz más cercano, quedando en la cima haciendo maullidos de quejas mezclados con miedo.

—¡Meow! —Exclamó temblando y aferrándose al metal—¡¿Qué fue eso?! Ay, nanita...

Por otro lado Dareki cayó de espaldas con todo y banca gracias al estruendo. No se encontraba feliz por la sorpresa y lo haría saber.

—¡Ah! ¿¡Quién fue el gracioso!? ¡Voy a destrozarle la cara y a quemar-

Gingka tomó a Pegasus para luego acercarse a la pelinegra muy preocupado, se pasó casi un pelo con el ataque ¿Casi? ¡Se pasó mucho!

—¿Dareki, estás bien?

La expresión de furia y rabia de la chica cambió repentinamente por una de alegría al ver quienes estaban allí.

—Oh, chicos... Solo son ustedes... —Soltó aliviada de no estar bajo ataque.

Kenta le ayudó a levantarse mientras que Gingka vigilaba al minino asustado.

—Ay, miren quienes son... Gingka cabellos locos y el duendecito verde... —Comentó Johannes— ¿Qué tal? ¿Cómo han estado?

A pesar de estar titiritando por el miedo, poseía una nerviosa sonrisa que quería ser agradable.

Al joven de bufanda todavía no le contentaba su presencia aunque estuviese arriba del poste.

—Johannes... Gato cobarde ¿Qué estás haciendo tú aquí?

—Eh... Ya sabes, aprovechando el viento que es bueno para mí melena... —Intentó ser sarcástico.

Dareki rápidamente se interpuso entre ambos en un intento de evitar otro golpe.

—¿Qué? ¿Acaso lo conoces? —Lucia más sorprendida por eso que por el ataque.

—Claro que sí, ayudó a revivir a Némesis y ha intentado aniquilarnos varias veces —Contestó Kenta teniendo el mismo rostro que Gingka.

—No te sugiero estar con él, Dareki, es alguien malo —Agregó el pelirrojo.

—Sí, eso es verdad —Afirmó Johannes, intentando bajarse—. Pero yo ya cambié, ahora soy un lindo gatito domestico... Meow...

A punto de llegar al piso, Gingka y Kenta le apuñalaron con la mirada típica de muerte y amenaza. Maulló otra vez de miedo y trepó a donde anteriormente estaba.

—¡Meow! ¡Amiguita, ellos me dan miedo!

—Ah... Por eso... No se preocupen, él ya no es malo, es mi mejor amigo.

Dareki sonrió muy contenta como si no supiese de la maldad del mundo.

—¡¿Qué?!

Gritaron en sincronía. No era posible, una persona mala ya era buena. Ya habían presenciado varios casos de esos, pero este era diferente.

El peliazul bajó sin problemas ahora que sabían la verdad, se sentía seguro.

—Así como lo escuchan, esta minina es mi mejor amiga ¿Cierto, Daki?

—¡Por supuesto, Jonnys! —Respondió la pelinegra regalándole una amplia sonrisa.

Ahora sí, la situación era confusa, extraña y escalofriante.

¿Daki y... Jonnys? —Enfatizó el jovencito Kenta casi sintiéndose en otro planeta, uno donde esos apodos fuesen los mejores.

La grata mueca de la chica no apaciguaba ni apagaba la radiante molestia de Gingka que le consumía en sus adentros, ¿realmente ella confiaba tanto? ¿Era una broma lo que hacían? Ojala que fuese así, pensaba el pelirrojo. Mejor prevenir que lamentar.

—¿Por qué deberíamos creerte? —Soltó entre dientes Gingka— Una vez intentaste hacer añicos a Yuki. Convenciste a Aguma y a Chris para ser parte de los villanos, e intentaste tomarnos por sorpresa mientras estábamos en China con Dashan. ¡Y lo peor es que escapabas a cada rato!

Era como si quisiese recalcarle lo malo que era y lo que hizo, quizás, intentando ponerle las cadenas de la pesada culpa.

—¡Gingka tiene razón! ¡Eres un malvado! —Añadió a gritos Kenta.

—Lamento que pienses mal de mí por el pasado, pero me di cuenta de que hay mucho más en esta vida, cuando derrotaste al mal y al conocer a Dareki. Por eso vengo hacer la paz contigo… ¡Seamos amigos! —Respondió en el áspero tono típico de su voz.

Sonando muy convincente aunque hiciera maullidos. Luego Johannes aproximó las manos hacia Gingka y Kenta, quienes se miraron al mismo tiempo pensando en si creerle o no.

Allí se determinaría una nueva amistad, tenían la extraña oportunidad de perdonar a un villano. Él no se defendió en ningún momento, parecía que decía la verdad, tal vez, solo tal vez él se revestía en esa actitud para apuñalarlos por la espalda literalmente, aunque, ¿Y si no fuese así? ¿Qué se los impedía? ¿La forma de su ser? ¿Cuándo se encorvaba como anciano? Dareki les trataba de convencer apoyada de una linda sonrisa, diciéndoles en forma silenciosa: Que debían de hacerlo, no es malo tener piedad de vez en cuando.

Impulsado por el don tan tierno de la chica de convencer, el pelirrojo le dio un fuerte apretón de mano a Johannes entre su suéter.

—Está bien, te creo —Dijo y le brindó una clásica sonrisa.

Kenta se impresionó. Hasta que recordó lo que fue con Kyoya y Ryuga, él igualmente sería de ellos. Así que por ver a su mejor amigo perdonar, de inmediato lo hizo también. No perdían nada, lucía como un sujeto nuevo y eso les motivaba a ser compañeros.

—¡Yupi! ¡Ahora todos somos amigos!

Dareki formó un fuerte abrazo grupal.

Solo una cosa quebró la ocasión. Gingka de pronto se alteró y se dirigió al puesto de comida, acordándose de su hamburguesa.

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Palabra del día:

Aflicción:
«Angustia, tormento o desesperación»