Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

La historia es una adaptación de la película 50 primeras citas, la cual es creada por mi amiga Elizabeth, quien me la concedió para compartirla con vosotras


EDWARD

Cuando llegué, lo primero que vi fue el coche de Bella aparcado en la entrada. Hacía rato que ya había llegado. Únicamente seguí la carretera, que era todo recto, casi no había ninguna salida.

Me acerqué a la puerta dispuesto a entrar y presentarme, cuando se abrió sin ser llamada.

Un hombre, de unos 50 años y vestido con ropa de policía, me miró con gesto duro y mirada de advertencia. Estaba dispuesto a explicarle lo que sentía por Bella y que estaba dispuesto a buscar alguna solución por ella.

-Hola, soy… - empecé.

-Ya sé quién eres. – Interrumpió de mala gana – sígueme – ordenó.

Caminamos con dirección al bosque, un poco lejos de la casa. A medida que andábamos, le explicaba.

-Quería pedirle perdón a su hija.

-Imposible – sacudió la cabeza – está dentro.

De repente, escuchamos una voz.

-¡Papá! La película del sexto sentido se ha rayado. Hay que… - dejó de hablar cuando me vio fijamente, fulminándome con la mirada y señalándome con el dedo.

Camino directamente hacia mí, casi dispuesto a matarme.

-¿Es este el tío? – preguntó.

-Si – asintió Charlie – Edward, solo voy a pedirte una cosa: aléjese de mi hija.

-Por supuesto – y una mierda – es solo que la he ofendido y… no quería acabar así.

No estaba dispuesto a dejarla, aunque su padre me lo ordenara. Mis pensamientos se cortaron cuando Jacob dijo amenazadoramente:

-Pues vas a acabar así – y corrió hacia mi dispuesto a pegarme.

De un empujón lo tiré al suelo y sujete sus piernas de manera que quedaban pegadas a su pecho.

-Eh, tranquilo, colega.

-¡Eres hombre muerto! – Gritó – vale, vale, estoy tranquilo, estoy tranquilo – cuando dejó de moverse, lo solté.

Se levantó tranquilamente, lanzándome esas miradas envenenadas como diciendo: ya verás cuando te pille.

Pasé mi mano por el pelo (un acto típico de Bella).

-Escucha, nosotros siempre estamos protegiendo a Bella – me explicó Jake – solo faltaría que un imbécil pervertido lo estropeara todo.

-¡No! No, esas no son mis intenciones. Se lo que hacéis, y lo respeto, de verdad. Sé que es muy difícil y no quiero malograr nada…

-Si lo sabes - añadió Charlie, furioso – sabrás que no puede tener una relación normal, (ni una vida normal) porque sabes que a la mañana siguiente no tiene ni idea de quién es el tipo con el que está. Y el tío que no tenga un problema con eso… lo tiene conmigo.

Suspiré. Esto estaba siendo muy difícil… no solo por la prohibición de su padre y de su hermano, sino porque tenían razón. Era cierto. Estaba seguro que Charlie sería capaz de meterme entre rejas con tal de dejar en paz a su hija. Pero lo que no entendían era que yo no quería un rollo con ella.

-Escuchar, yo no quiero un simple royo de una noche con Bella -

-Con Bella – apostilló Jacob – todo dura una noche.

-Márchate – ordeno Charlie – déjanos en paz y no vuelvas a acercarte a Bella. Ni la mires, ni la llames. No vuelvas a aparecer por la cafetería porque si no te arrepentirás. Mi hija ya ha tenido bastante.

Los mire a los dos, tal vez con remotas esperanzas a que cambiaran de opinión, pero nada. Se dignaron a esperar a que me largara.

-De acuerdo.

¿Qué otra cosa más podía hacer? ¿Entrar por la fuerza? Charlie era policía… eso empeoraba las cosas, eso empeoraba la situación, más de lo que estaba.

Tal vez tuvieran razón, tal vez lo mío con Bella no podía ser… tal vez… o tal vez no. El sentimiento hacia ella crecía y se hacía cada vez más fuerte, imposible de ignorar.

No, no podía olvidarla, no podía dejarla. ¿Pero cómo demonios iba a acercarme a ella?

- O -

-Así que eso te ha dicho.

Estaba en el hospital ordenando mi escritorio cuando Emmett vino a hacerme compañía gracias a que lo llame. Si, vale, necesitaba estar con alguien.

-Si – suspiré echándome hacia atrás – una pregunta -

-Dispara -

-Si le hubiera prometido al padre de una chica que no la volverías a ver… ¿Cumplirías esa promesa por muy mal que te haga sentir? -

-Por supuesto – dijo riendo – aunque… hay formas de salirte con la tuya sin incumplirla -

-¿Cómo? – me incliné hacia delante, prestando atención.

-Por ejemplo, si hubiera prometido al padre de una chica que no volvería a verla, simplemente cerraría los ojos mientras satisface mi realidad -

Alcé las cejas, pensándolo.

-Es… - vacilé, frunciendo el ceño – una buena forma de verlo, buena y muy guarra -

Blanqueo los ojos, riendo y suspirando.

-Esto es enserio, Emmett. Yo la quiero, estoy completamente seguro de ello -

-Eres idiota, Edward.

Lo miré sin comprender ante su comentario. Volvió a blanquear los ojos y dijo:

-Eres Edward Cullen, hermano, todo un Don Juan. ¿Hay algún reto difícil para ti? No, no lo hay. Te has acostado con miles de mujeres durante tus últimos 7 años. Las has tenido a tus pies en un par de minutos. Esto no es difícil para ti, Edward. Estás enamorado de Bella y estos son los problemas: primero; te ha prohibido pisar la cafetería; y segundo, te ha prohibido verla

Puedes cumplir la primera promesa. De la segunda no tiene porque enterarse -

Sopesé sus palabras y llegue a la conclusión de que… ¡tenía razón! Vale, lo admito, era algo fácil de verlo, pero esta es la primera vez que mi hermano suelta algo útil en su vida.

Podía ver a Bella sin pisar la cafetería. Podíamos encontrarnos en otra parte. Pero… ¿Cómo haría para que ella se parara a hablar conmigo? No estaba difícil… solo… necesitaba ayuda.

-En fin… si necesitas ayuda, pídemela.

-Ya te la pediré cuando la necesite.

- O -

Me encontraba en la carretera de la mañana del día siguiente. Lo tenía todo planeado y estaba seguro que iba a dar resultado.

Charlie no tenía porque enterarse. Me había pedido que no pisara la cafetería y eso es justo lo que iba a hacer.

El verla otra vez producía un sentimiento en mi lo suficientemente fuerte como para ponerme nervioso y empezar a tartamudear como un estúpido. Pero tenía que controlarme.

Y allí venía, conduciendo con dirección a su casa. Al verme, frunció el ceño y bajo un tanto la velocidad de su coche. Aproveché para acercarme a ella y empezar con el plan.

-Disculpe. Me he quedado tirado.

-Upsss – dijo sonriéndome - ¿una avería? – me dedicó un mohín.

-Si, ¿puedo conectar las pinzas?

-Por supuesto – se bajó del coche y me dejó hacer.

Minutos después, me encontraba conectando las pinzas mientras que ella se encontraba a mi lado.

-Gracias por ayudarme. No todo el mundo se hubiera parado. Eres muy amable.

-Ya, gracias. – sonrió tímidamente.

Cuando fui a conectar la última pinza en mi coche, grité fuerte, sacudiéndome a causa de la descarga eléctrica que me había provocado. Bella gritó conmigo, aterrorizada y revoloteando sus manos a sus costados, deseando hacer algo para ayudarme.

-¡AHHHH!

-¡AHHHH!

Mis gritos acabaron en unas risas… o mejor dicho, en unas carcajadas. Bella me miró como si me hubiera vuelto loco.

-Hay que ser tonto para creérselo – exclamé sin dejar de reír.

Pero su rostro se descompuso por la pena y el dolor. La veía ahí, parada a mi lado, con sus manos colgándole por los brazos y sus ojos a punto de llorar. Parecía una muñequita de trapo abandonada.

-Mi abuela murió así intentando arrancar un coche. – murmuró agachando la cabeza.

-Oh… yo… lo siento de veras.

Me sentía, ahora, como un completo imbécil. Debería quemarme en el infierno. ¿Cómo he podido ser tan gilipollas? Perfecto, ahora me odiara.

-¡Hay que ser tonto para tragárselo! – gritó, señalándome con el dedo y burlándose de mí.

Sus carcajadas sonaron en toda la carretera. Ambos acabamos por reírnos a la vez.

-Vale… ha estado muy bien – le dije – tengo que reconocer que… soy un estúpido.

Bella volvió a reír, tendiéndome la mano y diciendo:

-Me llamo Bella. Encantada.

-Edward. Igualmente.

Y nos sonreímos el uno a el otro como dos idiotas.

- O -

BELLA

Achiqué los ojos y me encontré con un hombre parado bajo la lluvia con una cazadora amarilla y un casco azul con la mano alzada llevando un cartel que ponía stop.

Me detuve. ¿Qué es lo que pasaba?

La carretera estaba cortada y no podía pasar.
El hombre desconocido de acerco y me dedico una gran sonrisa. ¡Qué guapo era este chico! Tenía unos preciosos ojos verdes, tan intensos y brillantes que estoy segura que podría perderme en ellos como un gran océano sin encontrar la salida. Nunca me había encontrado con una mirada ni una sonrisa así… jamás.

Bajé la ventanilla automáticamente (nunca mejor dicho) y el chico empezó a hablar.

-Hola, disculpe las molestias. Solo será un minuto.

¿Un minuto? ¿Por qué no puede ser más tiempo? ¿Qué dices Bella? Es un desconocido, puede ser cualquier tipo, pero inspira tanta confianza… Basta, Bella. No te lo has topado en tu vida y le miras como una boba y una sonrisa de oreja a oreja.

-No pasa nada, tranquilo – me limito a decir.

Volví a fijar la vista hacia delante, intentando no volver a perderme en sus ojos.

-¿De dónde vienes? ¿De desayunar?

Le miré y sonreí con ganas. ¿Este hombre lee la mente?

-Si – asentí enérgicamente.

-¿Y qué tal? – pregunto.

Si, inspira tanta confianza…

-He comido gofres. Estaban muy ricos.

-Oooo, me vuelve loco hacer casitas con los gofres.

Mi sonrisa desapareció del rostro. Este hombre era mi alma gemela, estaba segura.

-¿Enserio? – hice un puchero.

-Es mi pasión.

Era un ángel, sin duda era un ángel caído del cielo.

-Sí, soy un poco rarito – añadió – pero ¿Qué demonios lo que piense la gente? Soy como soy.

Esto tenía que ser un hermoso sueño…

-¿Cómo te llamas? – preguntó.

-Bella – extendí la mano para presentarme.

-Encantado. Yo soy Edward.

Edward… que bonito nombre. Entonces, sin pensarlo, pregunté:

-¿Te apetece subirte a mi coche y resguardarte de la lluvia? Afuera esta que hiela.

Pareció dudar. Me miró fijamente, penetrando sus hermosas pupilas en mis ojos. Me quedé, por unos momentos, atontada. Estaba segura que había algo en este chico que me atraía, y no solo por su amabilidad, simpatía y hermosura, sino que había algo más, mucho más grande que guardaba.

-De acuerdo – aceptó.

Abrió la puerta del copiloto y no tardo en sentarse a mi lado. SI, estaba empapado y su rostro estaba palidísimo. Supongo que forma parte de él. Yo también soy pálida.

-Y dime, ¿eres nuevo en el pueblo?

-Si, Acabo de venir. Soy médico y voy a quedarme aquí una temporada.

-Oh, vaya – exclamé. Se va quedar aquí una temporada… - tal vez podemos quedar algún día de estos, si no te importa, claro.

Su rostro se contrajo… y percibí pena en ellos. Fruncí el ceño. ¿Había dicho algo malo? Oh ¿tenía a otra? Me he precipitado. No debí haber dicho eso… ni siquiera lo había pensado de verdad. Me he dejado llevar y había dicho las palabras equivocadas. Pero estos pensamientos se borraron cuando lo oí decir.

-No me importaría. Todo lo contrario… estaría dispuesto a ir contigo donde sea -

Mi corazón latió con fuerza. Me ruboricé al máximo al tener puesta en mi, su intensa mirada. No despegué mis ojos de los suyos. Deseaba que este momento no acabara nunca. Acerqué mi rostro unos milímetros.

Vale, un momento, ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué demonios estaba haciendo? Era un tipo al que había conocido hace unos minutos. Esto estaba mal, muy mal.

El también inclino su rostro al mío, más de lo que me gustaría. Sentía su respiración en mis labios, rozándolo y su perfume me embriago. Era como un imán, que me impulsaba ir hacia él, cortando la distancia que nos separaba (que no era mucha, por cierto).

Un estruendoso pitido sonó detrás de nosotros. Un coche, cuyas luces estaban encendidas e iluminándonos, esperaba paciente a que arrancara.

-Tengo que irme – murmuro cerca de mí, llenándome con su aliento – ya… ya nos veremos, ¿vale?

Asentí, contrariada. No quería que se fuera. Se alejó, abrió la puerta del coche, y sentía el interior de mi auto vacía, un poco helado.

Suspiré. Edward me dejó pasar. Me detuve unos segundos para decirle.

-Ya nos veremos – con una enorme sonrisa en los labios – y espero que no pase mucho tiempo -

Me devolvió una sonrisa, una sonrisa que analicé como melancólica y nostálgica.

-Estoy seguro que nos volveremos a ver… y que no pasara mucho tiempo -

Eso espero… Pero sabía que, aunque pasaran mil años, nunca iba a olvidarme de ese rostro y aquella mirada tan intensa e hipnotizadora.

Muchísimas gracias por sus reviews y alertas a:

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