Victor se despertó bastante temprano. No necesitaba dormir mucho, y tenía muchas cosas en las que pensar. Parecía que la capitana también era madrugadora. Se la encontró observando el mar por el lado de estribor. Llevaba el pelo deshecho, y una bata roja. No parecía tener mucha prisa por vestirse y asearse.
Le pareció curioso encontrarla hermosa incluso así.
Siguió caminando a lo suyo, y la pasó de largo.
-¿Adonde vas?
Miró hacía atrás. Fortune le indicó con la cabeza que se pusiera a su lado.
Así hizo, y se apoyó de frente en la baranda, pero sin molestarse en sacar las manos de los bolsillos de su castigado abrigo.
-¿Qué te parece esta vista?
-Ehm... bueno, es hermosa.
-No me refiero a eso. Me refiero a que te viene a la cabeza al verlo.
-No comprendo.
Fortune le miró, y negó con la cabeza.
-Déjalo.-dijo apartándose de la baranda.
-Capitana Fortune, ¿que quería...?
-¿Qué te dije de que no me trates de...?
Fue interrumpida por la sacudida del barco, y el estruendo de algo chocando contra este, para luego sonar el chapoteo del agua.
-¿Qué ha sido eso?
-Un cañón. ¡Nos están disparando! ¿Qué demonios está haciendo el vigía? ¡Malie!
-¡¿Que pasa ahora?!-escuchó su voz, mientras lo veía salir de la trampilla de la bodega, ajustándose los pantalones.
-¡¿Qué demonios estabas haciendo?! ¡Creí haberte dicho...!
Fue entonces cuando vio a salir a Lilith detrás de él. Desnuda, y sin molestarse en cubrirse.
-Oh, por la dama barbuda.
-Hola, kamikasai.
El capitán del navío jonio, que permanecía parado al lado de babor del Sirena, saludaba a la conocida caza recompensas, pero con los cañones de su navío cargados, y sus hombres listos para dispararlos.
-Hoshu, ¿qué narices te crees que estás haciendo?-le preguntó Fortune desde su propio barco, en el que la mayoría de la tripulación había desaparecido de cubierta.
Lo que preocupaba al capitán del otro navío, pero sabía que no podían acercarse sin que él los viese, ni tampoco mover sus cañones para cargarlos.
Solo Katarina y Rafen permanecían al lado de Fortune en cubierta.
-Nada, muchacha. Solo entréganos tu carga, y te dejaremos ir... mayormente intactos.
-¿Qué carga? Aquí no hay nada que te interese. Y la última vez que miré, te habías vuelto legal, y te unieras al gremio de caza recompensas.
-Y aún soy parte.
Fortune no comprendía. Pero tras pensar un poco, cayó en la cuenta.
-Oh, por favor. ¿Quién demonios se lo ha dicho?-se frotó las cuencas de los ojos.
-¿Pasa algo?-le preguntó Katarina.
-Se ha enterado.-respondió.
-Quiere que le entreguemos el cuerpo para cobrar él la recompensa.
-Entonces supongo que nos hundirá para que no podamos contárselo a nadie.-dijo Katarina mirando al capitán enemigo.
-Sí.-contestaron ambos al unísono.
Katarina sonrió.
-Bien.
Hoshu sintió un escalofrío ante la mirada y la sonrisa de la morena.
-Olvídalo, ojos cortados. No te vas a llevar tú el fruto de nuestros esfuerzos.-prosiguió Fortune la conversación.
-Sé razonable, kamikasai. Sé que te preocupas por tus hombres, y me imagino que no querrás verlos sufrir sin motivo.
-Entonces también debes saber que no me gusta que nadie juegue conmigo, y que me gusta estar preparada ante cualquier importunio.
No le gustaba hacía donde iba esa conversación.
-Por eso, aunque pueda ser peligroso, me gusta partir con los cañones ya cargados.
Casi se le cae el alma al suelo.
-¡Fue...
-¡Fuego!
Los hombres de Miss Fortune estaban agachados tras los cañones, por lo que desde el otro barco, no pudieron ver que estaban allí desde el principio. La primera salva fue del Sirena, pero no pudieron evitar que sus enemigos dispararan la segunda.
Por fortuna para el Sirena, cuando su enemigo disparó sus cañones, ellos ya estaban lanzando sus ganchos.
Cuando el costado de las dos naves chocó, Malie y Katarina ya se habían abalanzado sobre la cubierta del enemigo.
-¡Venga, hombres! ¡Mostradles lo que ocurre cuando alguien intenta quitaros el pan de la boca!-dijo abatiendo a cuatro marineros enemigos tratando de abordarles a ellos.
Pensó en los hermanos. Vio a Lilith terminando de vestirse, y caminando por cubierta hacia el barco enemigo con calma, como si los tiros no volasen alrededor de ella.
-No hace falta que me prestes un arma. Lo mio es el cuerpo a cuerpo.-dijo poniendo un pie sobre la baranda, crujiéndose los nudillos.
Solo faltaba el otro. Lo vio agazapado. Pensó que era un cobarde asustado. Pero cuando se acercó para recriminarle, vio lo que su masivo cuerpo cubría. Uno de sus marineros, desangrándose en cubierta, con una sangrante hendidura en la frente.
-¡Déjalo! Ya está muerto.
-No. No lo está. La herida apenas ha atravesado el cráneo. Su cerebro está casi intacto. Si no dejo que se desangre, sobrevivirá. ¡Pásame un cuchillo!-decía con tono alto y apurado.
Una actitud muy distinta a la sumisa y pausada que presentó en la isla.
Pero a Fortune no le hacía gracia que le gritaran en su propio barco.
-¡Ya nos encargaremos de los heridos luego! Ahora debemos centrarnos en sobrevivir.
-¡Eso mismo estoy intentando!-volvió a alzar la voz.
-¡Pues coge una espada, salta a ese barco, y mata algo!
Victor alzó la mirada. Miró hacía la carnicería que se estaba desatando allí. Especialmente por parte de la llamada Ariana.
Fortune vio como le temblaba el labio. La urgencia de su voz fue sustituida por duda.
-... Yo... no sé si puedo hacer eso.
-Pues entonces más te vale tirarte por la borda.
Dicho esto, le dio la espalda, y prosiguió disparando a los que intentaban abordar el sirena. Victor la miró entristecido, y levantó el cuerpo del marinero herido, protegiéndolo de los disparos del barco enemigo con su propia espalda.
-¡Ja! Siete seguidos. Estoy en racha.-dijo Malie con las mandíbulas y las garras ensangrentadas.-Estos sí que son luchadores, y no los muertos de esa isla. Aquellos caían como moscas.
Miró alrededor preguntándose porque nadie más le atacaba. Solo entonces lo comprendió, cuando vio a Ariana empapada en sangre.
Y sobre una montaña de cadáveres.
-Amo esta vida.-dijo lamiendo la hoja llena de sangre de su espada.
Su mirada se cruzó con la de Malie. El cual vio en sus ojos una sed de sangre y una crueldad jamás vista. Descendió de la montaña de cuerpos pisando sobre ellos, mientras Malie le esperaba abajo.
-21, desde que empecé a contar.-dijo colocando sus espadas en su funda.
-Je.
Inmediatamente, Malie la agarró por la cintura, e intentó besarla.
-¡¿Qué narices te crees que estás haciendo?!-gritó enfadada, empujándole.
-Eso. ¿Qué te crees que estás haciendo?-preguntó Lilith, manteniendo un pie sobre la espalda de Hoshu, que se retorcía intentando escapar.
-Ahm, no sé. Es que antes con Fortune, cuando...
-¿Con Fortune también?-Lilith se cruzó de brazos.
-... Ah, olvidadlo.
Husho fue atado a una silla en el camarote de Miss Fortune, dejándolo ver su barco arder por la ventana.
-Es lo que tiene la madera de un lugar tan verde como jonia. Arde como la yesca.-comentó Fortune.
Apoyó la punta del tacón de su bota sobre la entrepierna del desdichado.
-Ahora, si no quieres acompañar a tu navío al fondo oceánico, me vas a decir como te has enterado de lo de la recompensa. ¿Te lo contó Mundo?
-¿Quién?
Aplicó más presión con su pierna, haciendo que se retorciese de dolor.
-No te hagas el tonto conmigo.
-Mira, kamikasai. Has vivido mucho, pero aún eres joven. Así que créeme cuando te digo que hay cosas que no te conviene saber.
-Lo mismo me dijeron cuando me uní al gremio.
Se inclinó un poco para dejarle ver su escote.
-Y lo mismo me repetían cada vez que torturaba a alguien.
Husho no pudo evitar mirarla al escote.
-Claro que...-le acarició la cara.-... nos conocemos de hace mucho, y sería una lástima que nos despidiésemos así.
-Sí. Sí que lo sería.
Apartó el pie, y se sentó sobre sus piernas.
-Claro que podríamos despedirnos en términos mucho, mucho...-le susurró al oído, mientras le desabrochaba los dos botones superiores de la camisa.-... más amables, si fueses sincero conmigo.
Pasó los brazos por detrás del cuello del jonio, y le hizo un puchero con sus labios.
-Me ofendes, kamikasai.-dijo Hoshu.-Aunque me gustaría tragarme tus cuentos, me conozco lo suficiente tus artimañas para saber como acaba esto.
El rostro de Fortune se volvió frío como la piedra, y se puso de pie. No le dijo nada más. Simplemente se dirigió a la puerta, la cual Hoshu no podía ver.
-Te toca.
Frente a él, pasó la morena que exterminó a más de la mitad de sus hombres ella sola. Dejó su sombrero sobre la mesa, y luego extendió una ristra de dagas a lo largo de esta.
-Así que...
Sacó una daga de su funda.
-¿Por donde quieres empezar?
Ya habían comenzado los gritos cuando Fortune descendía por las escaleras al camarote común de la tripulación. Los únicos que dormían o permanecían acostados a esa hora, eran los heridos.
Lo de la isla les sirvió para hacer una criba entre los candidatos, pero los combates navales podían tornarse en algo incluso peor. Más cuando los cañones disparan tan de cerca. Vio a Rafen ayudando a uno de los heridos a beber, y se dirigió a hablar con él.
-¿Cuántos heridos?-le preguntó su capitana directamente.
-Casi dos decenas.
-¿Muertos?
-Una.
-... Bueno, una decena no es tan horrible como esperaba.-dijo suspirando, mirando con lástima a su tripulación.
-No. Una. Como en, literalmente, una persona muerta. No sabemos donde está, por lo que bien pudo caerse por la borda y ahogarse.
-¿Uno? Te estás burlando de mi.
-No me lo digas a mi. Díselo a él.
Señaló a Victor. El gigante permanecía sujetando el brazo de un hombre que se retorcía de dolor. Cuando este dejó de retorcerse, Victor dejó caer de unas pinzas una bala, sobre una bandeja de metal con agua caliente, tras lo que pasó a tratar la herida.
-Es una suerte que nuestro anterior médico dejase todo ese material almacenado. La dama barbuda lo acoja.
-No... no lo comprendo. Incluso cuando estaba el anterior, teníamos suerte si salvábamos a cinco. Ahora... ¿ahora me estás diciendo que solo hemos perdido a uno?
-Bueno, probablemente alguno tenga que vivir sin un ojo o unos dedos. Pero sí. Por lo que me ha dicho él, todos deberían recuperarse.
Fortune se cruzó de brazos, enfadada.
-¡Victor!
El mencionado alzó la cabeza y miró hacía atrás.
-Ven conmigo un momento.
-Pero aún tengo que...
-¡Qué vengas!
Dudó unos segundos, pero finalmente se puso de pie.
-No te preocupes. Ya le vendo yo el brazo, que un poco de esto sé.-le aseguró Rafen, antes de que el joven siguiese a la capitana por las escaleras.
Le llevó al mismo punto de la baranda de estribor, donde habían hablado al amanecer.
-¿Se puede saber como lo has hecho?
-... ¿Cómo he hecho el que?
-Salvar la vida de todos mis hombres.
-No de todos.
Miró al mar, con tristeza.
-Oh, por favor, no me vengas con esas. Si vas a ponerte así por cada paciente que pierdas, vas a pasarlo muy mal como médico.
-... ¿Médico?
-Ese será tu trabajo, si quieres trabajar para mi. Parece que se te da bien tratar a los heridos.
-Sí, bueno. Mi padre me enseñó mucho sobre anatomía, y leí bastante de los libros que me hacía buscar fuera de la isla.
-¿Y bien?
No le respondió. Permanecía inseguro.
-Sinceramente, por lo que has demostrado hoy, no creo que vaya a encontrar un médico mejor que tú en ningún rincón de Bilgewater. Y por lo que sé de Bilgewater...-le puso una mano en el hombro y le guiñó un ojo.-... no vas a encontrar a nadie que te pague mejor que yo.
-No es por eso. Lo digo por si los que nos crearon siguen buscándonos a mi hermana y a mi después de esto.
-Yo cuido de los míos.
-No lo digo por nosotros.
Fortune pareció sorprendida. Luego, comenzó a reír.
-Ahm, perdón. ¿He dicho algo gracioso?
-Nada. Es solo... que vas a ser un espécimen muy raro por Bilgewater.
Le agarró el brazo, y apoyó la cabeza sobre este, pues no le llegaba al hombro.
-En fin. Tú solo piensatelo, ¿quieres?
Después de darle un par de palmadas en la espalda, se dirigió de nuevo a su camarote, para ver como iba Katarina con el interrogatorio.
-Libertad.
Se detuvo y miró atrás al oírlo hablar.
-¿Qué?
-Esta mañana... me preguntaste que me venía a la cabeza al ver el mar.
Volvió a colocarse a su lado, y se quedó observándolo con él.
-Cuando estaba en la isla... el mar era como una trampa por la que no se podía caminar. Como una jaula. Pero ahora que voy en un barco...
Se quedó observando su reflejo en el agua.
-Me siento libre. Como observar un paisaje sin barreras ni obstáculos. Uno que te permite ir en la dirección que quieras.
-Esa es la respuesta de todo marinero de corazón.
-Así que sí.
-¿Sí, qué?-le preguntó alzando una ceja, pero adivinando la respuesta.
-Sí. Seré tu médico.
No hay nada que haga más atractivo a un hombre que mostrar seguridad en si mismo. Y él ya era atractivo de por si.
No queriendo asustarlo, se limitó a ponerse de puntillas, y darle un beso en la mejilla.
-Bienvenido a bordo entonces, matasanos.-dijo dirigiéndose, esta vez sí, a su camarote.
Victor se quedó tocándose la mejilla con la mano, sin saber como interpretar ese acto.
Katarina se limpiaba las manos y la cara de la sangre del jonio, en un barril lleno de agua, habiendo ya acabado el interrogatorio. No había tardado mucho, la verdad. Estando acostumbrada a espías demacianos, le sorprendió lo rápido que este cedió.
Pudo ver a Malie por el reflejo del agua.
-¿Dónde anda tu novia?
-Está molesta, y no es mi novia. Razón por la que no debería estar molesta.
-Quizás deberías habérselo aclarado antes de acostarte con ella.
-Ahora tengo otros objetivos.
Katarina se giró a verle de frente. Lo miraba seria, y para sorpresa de él, sonrió.
-Mira, he de serte sincera. Hoy he encontrado un rasgo muy atractivo en ti. Esa sed de sangre.
-Perfecto.
-Jamás había visto a nadie que disfrutase tanto de la matanza como yo. ¿El problema? Todas tus demás cualidades...-le golpeó el pecho con el dedo.-.. todas y cada una. Así que si quieres algo conmigo, que no llamaría imposible, pero sí altamente improbable, vas a tener que deshacerte de ellas, o bien demostrarme hasta donde llega dicha sed de sangre. ¿Queda claro?
-Perfectamente.-le respondió completamente serio.
Se esperaba un comentario sarcástico o un piropo desagradable. Pero él también actuó fuera de su ser, y se retrajo. Volvió a alejarse de ella, y bajó las escaleras.
-¿Ariana?
Se giró para ver a su capitana.
-¿Qué has descubierto?
-Solo que hasta alguien como Mundo tiene lobos en su redil.
