CAPÍTULO 7

BUENOS DÍAS

El sol entreba por las ventanas de buena mañana, iluminando toda la sala, habría sido un gusto de no ser porque me daba directamente en toda la cara. Debía ser pronto porque mi despertador no había sonado y aún me esta resignando, haciéndome a la idea de tener que habrir los ojos. Me dolía un poco el cuello, pero se sentía tan cómodo que quería estar así un poco más; después de todo el momento en que me levantase me vestiría, saldría a corrercomo todos los días y empezaría mirutina,un día más.

La luz ya se estaba haciendo intensa, provocándome picazón en la cara, por mucho que me resistiera iba a seguir ahí, así que me di por vencida y comencé a entornar los ojos, aún estaba todo borroso cuando me di cuenta: No estaba en New York, se me había olvidado por completo por unos minutos; a medida que todo fue cobrando forma descubrí que no esta en mi hotel,...entonces lo recordé. Me había ido a casa de Dianna a ver unas películas y, al parecer, seguía allí, es más, seguía en su sofá y seguía apollada en la rubia, quién aún estaba dormida. Era normal que me quejara de tortícolis ya que estaba apoyando mi cabeza sobre ella. Más concretamente, lo que en un primermomento me había hecho creer que era mi almohadón resultó ser su pecho; sí, me escitó,pero muy a pesar no podía estar ahí eternamente, aunque fuera lo que quería.

Me enderecé y senté en el sofá, lo que vi me conmovió de una manera que pocas cosas han hecho hasta ahora: ésa mujer era lo más bello que jamás había visto, si despierta ya resultaba alguien imposible de no mirar, dormida era como un ángel. Su cuerpo insinuado bajo ése vestido azul tenía las curvas perfectas, su cabello resplandecía al contacto con los rayos de sol que entraban a discreción por las ventanas, y su rostro resplandeciente parecía tallado con la perfección de la grecia clásica. Aquella mujer era el ideal de belleza por exelencia; ternura elegancia y picardía envuelta en un exterior de vicio.

Sabía que sería mi perdición, pero también sabía que si no arriesgaba, jamás conseguiría nada, y ésta vez lo que estaba en juego era lo suficientemente fuerte como para que hubiera ido al fin de mundo el globo, escalado el Hymalaya o despedazado a cualquiera que se pusiera de por medio. Enserio, ¿a éstas horas aún te sorprendes del drama?

No estaba segura de lo que iba a hacer, es decir, no estaba en mi casa y a fin de cuentas la noche anterior apenas de dió tiempo de ver el comedor; pero me sabía mal que la rubia se despertara y encima de que me había dejado dormir allí, me fuera sin más. Además no quería irme, me apetecía estar con ella,sentía que habíamos conectado enseguida y me entaba pasar tiempo a su lado. Dicho todo éstono me lo pensé dos veces, y fui a la aventura para buscaar la cocina y prepara el desayuno para las dos.

El apartamento era realmente bonito, todo estaba acorde a como era el comedor, elegante pero no ostentoso, un poco ochentero, como su estilo de vestir, y habían fotografías suyas colgadas por todos lados. Había encontrado la cocina nada más pasar el baño, pero mi fuerte no era la paciencia, así que no pude resistirme a cotillear cada sincón de la casa. No abrí cajones ni nada por el estilo, éso habría sido demasiado incluso para mí, pero lo remiré todo sin dejar escapar nada que estuviera a plena vista.

La cocina era bastante grande, de parede blancas, como en toda la casa, había una isla con cuatro taburetes negros en medio; los armarios y fogones al fondo de ésta. Todo en madera oscura con la encimera de mármol verde y los electrodomésticos acabados en metalizado mate. Era muy bonita y moderna.

Empecé a abrir armarios hasta que encontré la exprimidora, la cafetera, un par de sartenes y una espátula. Saqué fruta de la nevera e hice varios tipos de zumo: de frutas del bosque, de melón con uva y otro de naranja. Puse pan en las sartenes para hacer tostadas y tortitas. Puse el café al fuego y empecé a poner la mesa.

Enseguida estaba todo listo, sólo faltaba un pequeño detalle y, por supuesto, que se despertara Dianna.

Aproveché que en la nevera había una pequeña libreta, con un boli en forma de flor, para dejarla una nota, tenía que darme prisa si no quería que lo viera antes de volver allí, citaba:

"Di, he tenido que salir un momento a la calle,no tardo más de 5 min. Te he cogido las llaves, enseguida vuelvo.

LEA.

P.D.: NO TOQUES NADA!"

Recordé que la noche anterior, cuando iba hacia allí, había visto una floristería a apenas una manzana, y una mesa sin flores, no es nada. Así que me dirigí allí y compré un ramo de margaritas amarillas, pensé que quedarían bien con el color de la cocina de casa de Charlie. Estaba muy contenta, despertarme a su lado, hacerle el desayuno y ahora llevarle flores; el día prometía, estaba comenzando de una manera impresionante, cuando vine aquí jamás pensé que en tan poco tiempo iba a sentir que ya pertenecía a aquí.

Cuando estaba en la puerta oí ruidos dentro, al parecer ya se había despertado y seguramente, me había estropeado la sorpresa del desayuno, pero no me importaba, porque ir a desyunar con ella, ya era suficiente.

-¡Ya estoy aquí!-Dije, bueno grité, cuando estaba por el comedor, no habían señales de vida de Di así que fui a buscarla a la cocina, y allí estaba ella. Se había sentado en uno de los taburetes ,tenía mi nota en la mano, con la cara que tenía de felicidad no me hacía falta nada más.

-¡LEA! ¿Son para mí?-dijo entusiasmada mirando las flores.

-No te emociones, tú tienes el desayuno.-dije sonando seria,en realidad sólo quería reirme.

-Ah...-La pobre sonaba decepcionada, me di prisa en contestar, no podía ver cómo ponía pucheros.

-No son para tí, porque son para la mesa, una buena mesa con un buen desayuno no es nada si no tiene un jarrón con flores. - Estaba vez le sonreí, y ella tambien.

-Anda que ya te vale-Se acercó a mí me dió un beso en la mejilla, un abrazo que no dudé en corresponder y me quitó las flores de un manotazo- no tenías porqué haber hecho todo ésto, es demasiado Lea, hay comida para un regimiento...pero me encanta, muchísimas gracias, es precioso,...es perfecto.

No estoy segura de cual de las dos se sonrojó más en aquél momento, sería difícil de decidir. Mientras yo me sentaba ella había sacado un jarrón de uno de los armarios y ahora las margaritas nos hacían compañía decorando el lateral de la isla.

-Ésto está riquísimo Lea-Dijo con la boca llena de tortitas, fue algo digno de ver, no sabía si comía o engullía.

-Pues no es lo único que se hacer ehh-reí- me encanta cocinar, Edith-cuando dije ése nombre me miró arqueando una ceja- mi madre-le aclaré y su expresión se relajó- comenzó a enseñarme a cocinar cuando era pequeña y,bueno, no he dejado de aprender desde entonces, la verdad es que se me da bastante bien.

-Me encantaría provar algo que tú hicieses, es decir, si tú quieres.

-¿Estás de broma? tengo la idea perfecta ¿ésta noche te parece bien?

-No ésta noche no puede ser.

Mi cara de decepción tuvo que ser impactante y tremendamente obvia.

-Aw, pues, nada otro día, no pasa nada- soné muy apenada, creo que casi patética.

Ella rió y yo me quedé a cuadros, no le veía la gracia al asunto por ningún lado.

-No puede ser ésta noche porque TÚ y YO nos vamos a cenar fuera, pago yo. Después de éste magnífico desayuno de princesa que me has preparado, es lo mínimo que puedo hacer.

-Bueno Di, en realidad yo no he hecho nada, es decir, es tú casa...tú comida, lo único que yo he traido han sido las flores.

-Pero todo ésto no se prepara sólo, así que no me vale un no por respuesta.

Sonaba tan interesada en ello, tan efusiva, que no le iba a decir que no, en realidad a ella no me negaría ni si me pidiese que saltara con ella en paracaidas. Pero, ¿me estaba invitando a una cita? o eran imaginaciones mías.

-Está bien, y dime, ¿dónde vamos a ir?

Puso una mirada que me asustó un poco, a saber en qué estaba pensando ésa mujer, pero cuando rió, ya me dio igual el lugar.

-No te lo voy a decir, tú sólo arréglate.

Vale, posiblemente no me daba igual dónde íbamos a ir, en sí, moría de ganas de saber dónde me llevaba la rubia.

-Curioso...-dije, tenía miedo de lo que iba a decir, estropeara las cosas, pero tenía que arriesgarme a preguntar-...me llevas a cenar, tú muy misteriosa no me dices dónde, y encima me pides que me arregle...-allá la bomba-...cualquiera que te oyese pensaría que me estás pidiendo una cita.

-Y si lo estoy haciendo ¿te molestaría?-dijo ella tan tranquila arqueando un poco la cabeza a la vez que formulaba su pregunta y separaba por un momento el zumo de sus labios.

-No, no, para nada, estaría de acuerdo-intentando parecer como si no fuera gran cosa.

-Bien, entonces. -Estoy casi segura de que me miró de manera muy picarona, aunque en ésos momentos, aunque intentaba parecer serena habría sigo capaz deingeniármelas para hacer volar por si mísmo a un mono.

Nos miramos por encima de las tazas, sonreimos, y terminamos el desayuno como si nada.


Pensaba que, en el momento en que le dije a Lea que si le molestaría si fuese una cita, me iba a morir, pero ella se lo tomó muy bien,y parecía muy tranquila, así que éso me dió confianza. El desayuno se hizo muy ameno y cuando terminamos nos pusimos a recoger, guardamos los zumos en la nevera (ya que la morena había hecho suficinte como para tres días) y ella se fue a la ducha.

Había intentado convencerme de que iría a ducharse al hotel, con el pretexto de que le sabía mal, de que no tenía ropa, de que era abusar de hospitalidad,... en fin, cien mil cosas. Pero me negué en rotundo. Mientras recogíamos había dicho de pasar la mañana en la playa de Santa Mónica, ya que ella todavía no había visto casi nada de aquí y a mí me apetecía tomar el sol; así que me pareció absurdo perder el tiempo teniendo que ir a su hotel para luego voler aquí. Vale, ésa es la excusa que me dije a mí misma, la verdad es que la idea de que se estuviera duchando en mi casa me volvía loca.

Mientras oía caer el agua de la ducha, cosa que me estaba nublando la mente con sólo imaginar, me había ido a mi habitación a buscar algo que fuera de su estilo, no tenía mucho dónde elegir,ya que en éso éramos como el agua y el aceite, pero encontré unos vaqueros y una camiseta blanca de manga corta, cuello de barca y con la espalda medio descubierta, que pensé le sentaría bien.

Cuando salió de la ducha empapada, tapada sólo por una toalla rosa corta ue llegaba a tapar lo justo, y el pelo calado, dejando caer las gotas de agua sobre sus hombros, pensé que me daba un infarto. No sé si no se habría dado cuenta de la situación o esque lo hacía adrede, pero en ése momento estaba muy sexy y hubo un momento en que casi salté sobre ella, pero logré contenerme. Sólo logré decir:

-Ahí tienes algo de ropa,supongo que te quedará bien, yo me voy a duchar mientras.

Ella se limitó a asentir e ir hacia la cama a vestirse.

Nada más girarme oí cómo dejaba caer la toalla al suelo, sólo yo sé la fuerza de voluntad que tuve en ése instante como para no girarme a mirar, sólo imaginarlo me estaba volviendo loca.

Cuando entré a la ducha, todo estaba impecable, la neoyorkina lo había recogido todo. Debió de haberse bañado con agua fría, porque ni el espejo (que ocupaba toda una pared del baño, la cual sólo estaba interrumpida por la pila, también de cristal, pero rojo) ni la ventana, estaban empañados.

Cuando entré a la ducha, pensé que dejar el agua helada sobre mi piel me calmaría, pero no era así, llevaba ya largo rato sintiendo la presión sobre mi nuca y seguía igual. No podía calmarme.

La imagen de Lea con aquella pequeña toalla invadía mi mente, me había grabado a fuego y no estaba dispuesta a salir,no podía hacer otra cosa. Sabía que ella estaba en la habitación contigua, pero mi fuerza de voluntad se había doblegado y ahora recorría mi cuerpo con mi mano, acariciándome, pensando que era ella y no yo la que lo hacía. Llegué a ése punto en que ya no hay vuelta atrás y sólo puedes dejarte llevar. Estaba más mojada de lo que pensaba, y no precisamente por el agua. Comencé a tocarme como nunca lo había hecho, nunca había sentido la intensidad con que lo hacía ahora, cada vez más y más rápido movía mis dedos contra mi clítoris. Estaba desesperada, tenía la necesidad de que en ése momento entrara ella por la puerta y acabara la faena comiéndomelo como un animal. Estaba apunto de correrme, lo notaba, hacía todo lo posible para no gritar, intentaba por todos mis medios no gemir; aunque me era en vano. Metí tres dedos dentro de mí, a lo que acompañó un grito (el cual estoy segura que escuchó) la idea de que estuviera escuchando como me masturbaba me ponía aún más cachonda. Iba tan rápido que pensaba que iba a explotar, utilicé mi otra mano para hacer mientras círculos en mi clítoris, y enseguida me estaba corriendo. Dejé salir todo aquél líquido de mí con un gran gemido, al que siguió la paz, por fin estaba tranquila.

Me enjuagué, salí de la ducha, me tapé con la toalla y me dispuse a salir del baño.

¿Me habría oído?


Ninguno de los personajes que aquí aparecen, así como GLEE ni ninguno de los integrantes de su reparto me pertenecen.

Primero de todo pedir disculpas por el retraso, y muchas gracias por seguirme.

Espero que os haya gustado.

Nos vemos pronto.

MsHypatia.