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22 de diciembre de 2009.
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Era una fiesta de oficina, pero aun así estaba bastante prendida. El local elegido era divertido y los meseros pasaban entre los invitados llevando charolas con diferentes bocadillos, otros con copas de champaña, la música estaba muy buena. Había sido un acierto acompañar a Mikasa. Era eso o ver algún documental en youtube.
Desvió la mirada hacia su amiga, quien charlaba con un par de colegas, mientras él iba por otra copa a la barra. Sintió su móvil repicar en su bolso y buscó un lugar más alejado para responderle a su madre.
-¿Qué es ese bullicio, cariño? ¿Estás en una fiesta? -su madre se escuchaba casi en éxtasis del otro lado de la línea.
-Acompaño a Mikasa en una reunión de su oficina.
-Me alegro mucho. Ya era hora que decidieras dejar de estarte entre el trabajo y la casa. Esa chica es una santa. Soportarte con tus malas pulgas…
Jean apartó el móvil de su oído y siguió el ritmo de la música con el pie solo escuchando un murmullo proveniente de su teléfono.
-¿Y tú qué tal? -preguntó al cabo de un momento interrumpiendo el parloteo de su madre.
-Roger fue a ver el partido de Hockey con sus amigos. Ya sabes como se le alargan sus salidas -bromeó de buen humor -Solo quería repasar el menú de la cena de Navidad contigo.
-Lo que prepares está bien, mamá.
Perdió la vista entre la gente y vio que Mikasa iba a su encuentro con una copa en su mano. Su madre seguía hablando hasta que la chica estuvo frente a él. Articuló "es mi mamá" indicando al móvil y Mikasa asintió.
-Mikasa dice hola -dijo Jean cortando el monólogo culinario de su madre.
-Ay, mi preciosa niña -exclamó toda amor -Mándale un beso y dile que pase a buscar su regalo.
-Le diré. Ahora voy a cortar. Y el menú se escucha genial.
Su madre se despidió cariñosamente antes que Jean volviera a guardar el móvil en el bolsillo.
-Salud -Mikasa chocó su copa con la de Jean. Bebió un poco, también él -Te me habías perdido. ¿Te aburres?
-Para nada. ¿Y tú?
-Está divertido aquí -comentó mirando al lugar -Pero si dejaran de hablar de trabajo estaría mejor.
-Es inevitable -Jean se alzó de hombros.
De pronto ambos sintieron un peso en sus hombros.
-¿Se divierten?
Ambos jóvenes se voltearon para dar con el señor Smith, el editor del periódico.
-Es una gran fiesta, señor -respondió Mikasa inmediatamente a su jefe.
-Me alegro, Mikasa -respondió asintiendo conforme -Por cierto, un gran reportaje el de esta semana. Haces un excelente trabajo, muchacha.
-Gracias -se sonrojó ligeramente.
Erwin Smith asintió nuevamente y miró a Jean.
-Mikasa me comentó que te licenciaste en artes gráficas, Jean -el aludido miró a la muchacha intrigado -Mi editor se va a fin de mes. Mándame tu curriculum si estás interesado. Mikasa dice que eres muy talentoso.
-Oh… gr-gracias… supongo.
-Tomaré eso como un "sí, señor, mi curriculum estará en su correo mañana a primera hora" -lo palmoteó en la espalda -Los dejaré para que sigan disfrutando. Pero antes y con tu permiso, muchacho -besó a Mikasa en la mejilla. Los jóvenes se sorprendieron hasta que lo vieron alzar la vista al techo -Están bajo el muérdago -les guiñó un ojo y se alejó un par de pasos -Mañana a primera hora, Jean.
-Sí, señor -balbuceó.
Ambos vieron a Smith perderse entre la multitud.
-Parece que tus días de un pobre maestro de primaria se acaban, Kirstein -bromeó Mikasa.
-Me pregunto quién estuvo sobreestimando mis habilidades con su jefe -Jean la miró de reojo y Mikasa sonrió inocente -Gracias, Mika.
-No hay por que. Supongo que tendremos que celebrar.
-¿No te parece algo anticipado? -preguntó Jean inseguro -Es solo enviar una hoja de vida.
-Y puede ser el paso a una nueva etapa en tu vida, remilgado.
Jean la miró verle toda sonriente. Ahí estaba ella otra vez, como siempre. A su lado inamovible, soñando en grande y confiando en él. Recogiendo sus pedazos y rearmándolo con esa preciosa sonrisa y sus magníficos ojos grises. Mikasa tenía esa magia, esa facilidad de hacerlo creer que era invencible, que estaba en la cima del mundo.
-Te debo tanto, que a veces no sé ni por donde empezar a pagártelo.
-Fácil -se indicó en la mejilla -Me debes un beso.
Jean enarcó una ceja.
-Me parece un precio algo bajo, pero acepto.
No era primera vez que estuvieran bajo el muérdago ni menos que se dieran un inocente beso en la mejilla.
Habían pasado por tantas cosas juntos, desde que tenían doce años y ya habían pasado tantos. Cuando la veía aun podía reconocer a esa chiquita que entró de la mano de su madre por la puerta de la casa. Esa niña de grueso y oscuro flequillo que le sonrió tímidamente y que, con algo de suerte, hablaba algunas palabras en su idioma. Esa misma chica que lo llevó a entablar amistad con los que ahora eran su familia por elección.
Y si las cosas hubiesen sido diferentes, quizás hace un año no hubiese estado comprando un anillo para Hitch, sino que para esa preciosa mujer frente a él. Pero había tomado una decisión hacía tanto y ya ni recordaba porqué. Había decidido que Mikasa sería su amiga y no algo más. Pero si tuviese que volver a elegir, retrocedería el tiempo hasta ese primer beso en la mejilla bajo el muérdago cuando tenían quince años.
Acercó sus labios a la mejilla de Mikasa y la besó sonoramente abrazándola con fuerza en tonteo. La mujer llevó una mano a su oído quejándose que la dejaría sorda.
-Eres tan tonto -se volvió a quejar cuando Jean la soltaba -Bruto.
-Salud -ahora fue él quien chocó su olvidada copa contra la de Mikasa. Se bebió todo el contenido y dejó la copa en una mesita -Vamos a bailar.
Mikasa bebió rápido su copa mientras era arrastrada entre la multitud.
