Las prisiones de Mirkwood no era muy agradables. Eran lugares oscuros, distantes; y fríos. La única luz que alumbraba era aquella que venía de una pálida antorcha en el rellano, aquella que los guardias usaban para guiar sus pasos cuando hacían ronda o llevaban comida; si es que a eso se le podía llamar comida. No era más que un montón de hojas verdes en un plato. Thorin lo odiaba.
Pero lo peor no era eso, sino la soledad. Thorin estaba solo. Su celda quedaba en un piso inferior, lejos del resto de la Compañía y de cualquier contacto humano. Thranduil lo había pensado bien: quería castigar su necedad. El vaho de su respiración se arremolinaba en el espacio confinado. El aire estaba viciado; y Thorin permanecía sentado en una esquina... pensando. ¿Como había llegado hasta allí?
Y la respuesta era sencilla.
Suspiró, sin molestarse en cerrar los ojos, ya que realmente no importaba en la oscuridad abrumadora. Allí, tendido sobre la roca, Thorin extendió la mano e imaginó como se sentirían cabellos castaños entre sus dedos... Pensó en Bilbo. Su pequeño hobbit... Su saqueador. Y es que había sido una suerte que el Mediano no quedara capturado. Tal vez ya estuviera lejos, de vuelta en sus jardines y en sus pastos, de vuelta en terrenos más amables, de vuelta con su silla y chimenea. Eso sería lo mejor. Thorin no podría reprocharle si hubiera huído. De hecho, aquello sería lo mejor.
Por eso le sorprendió tanto cuando escuchó una voz familiar en el recinto.
"Thorin..."
El enano pensó que lo habría imaginado. Bajó la mirada a sus manos secas y a sus pies descalzos...
Pero la voz no se iba.
"¡Thorin!"
Y esta vez no podía haberlo imaginado.
El hobbit apareció de entre las sombras y se arrodilló frente a las rejas. Thorin lo observó como si fuera una aparición del más allá, sin saber si podía creerle a sus ojos o si ya había empezado alucinar. Porque Bilbo no podía estar allí. Bilbo no habría regresado sólo por él. Bilbo se había ido, y así estaba bien.
Excepto que sí estaba allí.
"Thorin... Soy yo... Bilbo." El Mediano se mordió el labio con preocupación ante la falta de respuesta. "¿No me reconoces?" Thorin lo miraba con ojos distantes. Ya muchas veces había caído en estas alucinaciones; no pensaba caer una vez más. Mas fue en aquel momento en que el hobbit hizo aquel gesto tan característico de él: aquel en que movía la nariz de una lado a otro, como si fuera un roedor. Y Thorin supo que Bilbo definitivamente estaba allí. Thorin se arrojó a sus pies.
"¡Bilbo!"
"Thorin..." El Mediano susurro mientras, a través de las barras le ofrecía una sonrisa nerviosa al enano. "Silencio. O los guardias vendrán."
Thorin miró de un lado a otro. Por un momento lo había olvidado; pero no escuchaba ruidos venir del exterior, ni nada que le indicara la presencia de alguien más allá de los calabozos. Casi con temor de que desapareciera frente a sus ojos, el enano observó al Mediano. "Bilbo... tú... Yo pensé... Pensé..."
"¿Pensaste que me había ido?"
"Bueno, yo... sí." El enano concedió con la cabeza. Había tantas cosas en su mente, tantas cosas que quería preguntar... Y sin embargo ninguna importaba, no cuando tenía a Bilbo en frente de él, sonriéndole de aquella forma.
"Jamás dejaría a mi Rey." Y los ojos de Bilbo se iluminaron, o tal vez fue la habitación, o simplemente así le pareció a Thorin. "Nunca se sabe cuando un reino podría necesitar la asistencia de un saqueador."
"Pero... los elfos." El enano frunció el ceño levemente. "Thranduil, los guardias... ¿cómo pudiste pasar sin ser visto?"
El Mediano apartó la mirada. "Bueno, yo... Ya sabes. Los hobbits somos de pies ligeros."
Thorin no dudo de su palabra ni un instante.
Aquella noche conversaron por horas. Bilbo le contó de las cosas que había averiguado, de los libros que había leído y las comidas que había robado.
"Pensé que te gustaría esto." El Mediano sonrió mientras le pasaba a Thorin lo que parecía ser una manzana extra grande. Los enanos preferían la carne, pero vaya que agradecía el sabor agridulce de la fruta, en contraste a las insípidas verduras de cada día. Engulló la manzana en menos de un minuto.
"Vaya que tenías apetito..."
El enano encogió los hombros con levedad.
Luego, Bilbo le dijo que tenía un plan, que pensaba sacarlos de allí. Le contó que había escuchado de una celebración que se acercaba, algo muy importante a juzgar por la cantidad de vino que había sido ordenado, y que aquel día no habría elfo alguno que no estuviera celebrando. No sería muy difícil quitarle las llaves a algún guardia somnoliento... Después de aquello, la suerte estaría echada.
Sin embargo, hasta tanto, solo quedaba esperar.
Y, lo crean o no, Thorin fue feliz.
Porque noche tras noche Bilbo lo iba a visitar, y le llevaba comida, y le contaba historias de la Comarca y de fiestas y hobbits. A veces incluso cantaba canciones. Y Thorin escuchaba, y de vez en cuando compartía una historia también. Nunca se preguntó como era que el hobbit podía estar allí e ir y venir sin que nadie nunca sospechara. Pero no importaba. Así estaba bien. Porque Bilbo había venido por él, y ya no sentía soledad.
"Thorin..." Bilbo murmuró en voz baja. "Thorin... ¿te dormiste?"
El enano dejó escapar un ronquido.
Bilbo sonrió de lado, haciendo un ruidito con la boca. Ciertamente, ya era muy tarde.
"Estos enanos me van a matar algún día..." Susurró para si mismo mientras acomodaba a Thorin de una manera menos incómoda. De cualquier forma, no es como si se pudiera dormir de manera muy cómoda en el suelo.
Entre los barrotes, Bilbo sujetó la mano de Thorin, y con el pulgar acarició su palma. Lo observó dormir. Y Thorin, en sus sueños, se sintió seguro; porque sabía que Bilbo estaba allí.
Y es que el enano se había enamorado. Porque en la oscuridad de la celda, entre la piedra y los barrotes, el Mediano había cometido su primer acto de saqueo.
Le había robado el corazón.
/-/-/
Diez enanos desenvainaron espadas a la vez. Frente a ellos, alrededor de doscientos elfos prepararon arco y flecha.
"¿Dónde está?" Preguntó.
Thranduil y el arquero intercambiaron sus miradas.
"Dije... ¿DÓNDE ESTÁ?"
Thranduil miró a la Compañía con condescendencia. Era casi gracioso pensar que tantas naciones podrían irse a la guerra por la obstinación de un sólo enano. Pero así eran las cosas. El dueño del oro mandaba, y los demás obedecían. Inclinó la cabeza con levedad. "No sé a qué te refieres, Thorin, hijo de Thrain, pero dudo que esta sea la forma más apropiada de pedirlo."
/-/-/
Bardo se escabulló de entre la marea de elfos.
"¡Bilbo, Kili!" El hombre los arrojó al suelo.
"Bardo..." Un cierto temor se reflejaba en los ojos de Bilbo. "¿Qué... qué haremos?"
El hombre de cabellos oscuros lo miró intensamente. "Parece que ha habido un cambio de planes. Intentaremos negociar con él ahora. No tiene que saber que ustedes están aquí, y por nada del mundo se les ocurra presentarse; eso destruiría cualquier opción de éxito. Después de todo, tenemos la Piedra Del Arca; y esa es toda la ventaja que necesitamos."
Bilbo, no muy seguro, asintió, esperando que en verdad aquello fuera todo lo que necesitaban.
"Quédense aquí y no se muevan." Advirtió, antes de ponerse en pie y volver donde sus hombres.
"¡Espera!" El Mediano lo detuvo con un grito. "¿Y si no le interesa la Piedra? ¿Y si viene directo a buscarnos?"
Bardo lo pensó unos segundos.
"Entonces oramos."
/-/-/
Bofur fue el primero en notarlo; después de todo, a Bofur le gustaba observar.
"Fili." El juguetero susurró, mientras codeaba de manera casi imperceptible al de cabellos rubios. El príncipe enano siguió la dirección que la mirada de su amigo le indicaba.
Una cabecita castaña al lado de una muy oscura. Bilbo y Kili.
Sus reflejos fueron los primeros en reaccionar, y en un segundo había flexionado sus rodillas, listo para correr e ir por ellos. Pero Bofur lo detuvo con una mano en el pecho. "No." Susurró.
Fili lo miró con ojos indignados. "¿Pero qué dices? ¡Bilbo y Kili están allí! ¡Tenemos que ayudarlos!"
El juguetero no hizo más que chasquear la lengua. "El punto es, amigo mío, que no creo que necesiten ayuda alguna. Míralos. No están atados ni siendo retenidos a la fuerza. Están allí... porque quieren."
El rubio frunció las cejas levemente. "Entonces..."
"Entonces esperamos la tormenta." Bofur murmuró, mientras echaba una mirada de reojo a Thorin, quien ahora apuntaba con su espada a Thranduil, rey de los elfos; demasiado distraído en su sed de venganza como para notar lo que sucedía justo delante de sus narices.
/-/-/
Thorin resopló. No estaba allí para que le hablaran de modales. Estaba allí para recuperar un tesoro. Su tesoro.
Su saqueador.
"¡BASTA!" Gritó mientras amenazante blandía su espada. "No creas que no puedo degollarte ahora mismo si deseo..."
El de larga cabellera rubia sonrió con ironía. "¿Tú y qué ejercito?"
La pequeña Compañía de Thorin palidecía ante las tropas de elfos.
Pero aquello no le importaba a Thorin.
"¡Yo soy mi propio ejercito! ¡Y he venido para que me sea devuelto lo que me fue robado!"
Thranduil se dirigía a él como quien se dirigía a un niño encaprichado. "Eres soberbio, enano. Y a los soberbios siempre les espera un mal final; y aunque nada me daría más gusto que terminarte a ti y a tus amiguitos justo ahora, he de decir que nosotros no te hemos robado nada. No como tú nos has robado a nosotros lo que por derecho siempre ha sido nuestro, y a los hombres lo que por palabra les habías prometido. Sin embargo, estoy dispuesto a negociar. Haremos un trato, y estoy seguro... que no te podrás negar."
A Thorin le hervía la sangre.
"¡Yo no hago tratos con los elfos!"
El Rey rebuscó entre su túnica. "Tal vez puedas cambiar de opinión."
/-/-/
Pecho a tierra, Bilbo contenía la respiración, y escuchaba.
Este era el momento. El momento en que sabría si todo su esfuerzo había sido en vano. Más allá, podía escuchar como Thranduil y Thorin discutían, y aunque una parte de sí quería sonreír ante la actitud descarada de Thorin; la otra estaba sumamente atemorizada. Aquí se definía su misión, y el destino de los elfos, hombres y enanos. Ahora se definiría si en la mañana las tropas marcharían a guerra.
Y sin embargo, había una guerra de la que se había olvidado.
Kili lo miró como si Bilbo lo hubiera traicionado. Y así era.
El enano lo tomó de la camisa, y no muy gentil lo arrastró hacía donde minutos antes se habían estado besando. De un empujón lo hizo entrar en la carpa.
Bilbo recobró la compostura, pero estaba confundido.
"Kili... ¿¡Qué haces!? ¡Thorin podría habernos visto!"
"¡Pues que nos vea!" El enano gritó en susurro. "!Total me interesa un comino lo que suceda allá fuera! Lo que quiero saber, Bilbo, es si Bardo habló con verdad."
El Mediano parpadeó sin comprender.
"Lo que quiero saber," Kili repitió, "es si es verdad... que Thranduil tiene la Piedra Del Arca."
Al más bajo se le secó la garganta.
no dijo nada.
Una sombra de entendimiento oscureció el rostro de Kili. "Entonces es cierto." Murmuró; y Bilbo nunca había escuchado a ser alguno demostrar tanta decepción en sus palabras.
A Bilbo se le partió el corazón.
"Kili, no es lo que parece. ¡No es... lo que tú crees! Y sé muy bien que no tienes por qué creerme ahora, pero sería fantástico si me escucharas. ¿Y-ya sabes lo de Thorin, y la guerra, y las moneditas de la Montaña? Esta era la única forma... ¡La única!" El hobbit murmuraba deprisa, casi atropellándose con las palabras. "¡Debes entenderlo! ¡Mi intención no era robarla! Y tampoco lo era regalársela a sus antigüos enemigos... Yo sólo pensé... Pensé..." El hobbit sabía que debía sonar muy estúpido, pero no encontraba como dar forma a sus palabras. "¡Yo sólo pensé en protegerlos!"
Pero el enano no había escuchado una sola palabra.
"¿Acaso planeaste esto con Thorin?"
El Mediano se quedó en blanco. "¿Qué?"
Kili lo miró con reproche. "¿Tú y él? ¿Lo planearon todo? Él seguro debe estar al tanto, y es casi adorable que él y su consorte ya maquinen sus guerras juntos... Thorin odia a los elfos, y que mejor manera de enfrentarse a ellos si La Piedra Del Arca, la reliquia de MI gente, apareciera de pronto en sus manos... Thorin nos ha tenido días y días buscando la maldita Piedra cuando en realidad te la había dado a ti para que la entregues. ¿Ese era el plan, no? Que Thorin tuviera una razón más que justa para alzarse contra los elfos."
En aquel momento, Bilbo no sabía si reír o llorar.
"¿Acabas de escuchar algo de lo que dijiste?" Preguntó, casi sin poder creerlo.
Kili lo miró con dureza. "¿Entonces es mentira? ¿Me equivoco?"
El Mediano asintió con solemnidad. "Te equivocas."
"¿Quieres decir, entonces, que no le entregaste La Joya Del Rey a los elfos?"
Bilbo levantó el indice, sólo para volverlo a bajar. "Bueno, yo... No... No diría, que, bueno..." Con culpabilidad, apartó la mirada. "Sí, sí lo hice. ¡Pero por una buena razón! ¡Quería evitar una guerra, por el amor a Dios!"
El enano rió amargamente.
"¿Evitar una guerra? ¿Cómo? ¿Engañando a tu consorte y entregando el legado de su pueblo a las manos enemigas? ¡Vaya que deben tener costumbres diferentes en la Comarca!"
"¡Baja la voz! ¡Podrían oírnos!"
Y entonces Bilbo cayó en cuenta que era la segunda vez que Kili usaba aquella palabra...
Consorte.
/-/-/
A Thorin se le empezaba a agotar la paciencia. No estaba allí para jugar acertijos con los elfos. A lado y lado, su Compañía estaba lista para el ataque, lista para luchar si el rey así mandara. Tal vez estaban sobrepasados en número, pero no en voluntad. El enano gritó como en guerra.
"¡No me interesan tus tretas, maldito espíritu del bosque! ¡He venido por mis hombres! ¡El hobbit y el enano! Debes conocerlos bien, ya que mandaste a tu escoria de tropas a que los capturaran... de abajo de mis propias narices." Thorin se irguió alto. "Reconozco una táctica bien hecha donde la veo, pero el juego ya terminó. Devuélvelos, si no quieres sufrir las consecuencias."
"Agradezco tales elogios, Thorin, hijo de Thrain, mas nosotros no hemos hecho cosa alguna. ¿Por qué me interesaría capturar a un Mediano y a un enano? Son muy pequeños... No servirían en mis tropas. Los pisarían incluso antes de que llegara el enemigo."
Furioso y lleno de rabia, ,el enano se abalanzó sobre el elfo, pero antes de que pudiera llegar a tocarlo, cinco elfos saltaron en frente de él y lo detuvieron en el aire. A Thranduil no se le despeinó ni un cabello. Sonrió de lado. "Cuán encantador. Ahora, si ya has dejado de jugar a los soldaditos, me gustaría hacerte la propuesta de la que te había hablado..."
Su mano se cerró alrededor de algo redondo.
Antes de que el elfo pudiera presentar la Piedra del Arca, Thorin gritó a sus hombres, "¡Sepárense! ¡Búsquenlo y encuéntrenlo!"
A veces, era útil ser más bajo que el promedio.
Los elfos eran rápidos, pero antes de que pudieran reaccionar, los nueve enanos restantes se escabulleron entre sus piernas y corrieron en todas las direcciones posibles. En el frente, sólo quedó Thorin.
Pero con él era suficiente.
Thranduil madijó entre los dientes y se volteó a gritar sus ordenes.
"¡No disparen! ¡Captúrenlos y enciérrenlos!"
Con una torcida sonrisa de satisfacción, el enano observó a Thranduil. "Cómete esta, elfo."
Y lo pateó directo en la entrepierna.
/-/-/
Kili se aburría.
¿Cómo no aburrirse? Había pasado días encerrado en aquella celda... Claro que no era tan terrible como había imaginado. Si hablaba en voz muy alta, a su lado podría escuchar a Nori o Dori contestarle. No era la compañía que él hubiera elegido, pero era mejor que nada. Suspiró mientras reflexionaba sobre los misterios de la vida... esto es, preguntarse por qué su barba no crecería como la de Fili.
Sin embargo, no todo era malo,
Había un momento del día que realmente apreciaba.
Y ese era cuando Bilbo iba a visitarlo.
Siempre iba a visitarlo, aunque nunca se quedaba mucho. Decía que tenía otros lugares a los que ir. Sin embargo, siempre que encontrara un espacio para Kili, Kili sería feliz.
Una tarde, Bilbo se arrimaba languidamente contra las rejas; y conversaban. El enano jugaba con una piedra oscura y lisa, dándole vueltas en la mano. Aquel extraño objeto tenía algún tipo de language tallado en su superficie.
El Mediano arrugó la nariz, y sin poder contener su curiosidad preguntó, "La piedra en tu mano... ¿Qué es?"
El de cabello oscuro sonrió de manera enigmática. "Es un talismán, Master Baggins. Pero no cualquiera, no." El enano hizo una pausa antes de continuar, solo para dejar la intriga en el aire; luego continuó. "Un poderoso hechizo yace en él. Y es que... si alguien que no sea enano intenta leer las runas en la piedra... ¡será maldecido por siempre!" Sostuvo la piedra en alto, y Bilbo por un segundo -sólo por un segundo- casi se cae hacia atrás. Pero no estaba asustado, claro que no. Simplemente... lo había tomado desprevenido.
Inmediatamente, Kili echó a reír. "¡Qué cara, Bilbo! ¡Qué cara!"
El Mediano se arregló las ropas, tan digno cómo sabía cómo. "Ah, ¡¿pero cómo quieres que reaccione cuando estás intentando maldecirme?!"
Kili le dedicó una sonrisa ladeada. "O no. Depende de si crees en este tipo de cosas..." Mas serio, el enano se mordió el labio y le mostró la roca. "Son sólo runas en la piedra. Es un talismán... que mi madre me dio para que recordara mi promesa."
Bilbo volvió a acercarse a las rejas, y despacio se agarró de los barrotes. "¿Y esa promesa cuál es?"
Kili lo miró a los ojos, y cuando lo hizo, Bilbo juró que veía en su alma. "Que volvería a ella."
"Oh, Kili..." Murmuró, sintiendo que una pequeña parte de sí se derretía.
El enano rió suavemente, mientras arrojaba el talismán en aire, sólo para volverlo a atrapar. "Bueno, ya sabes... Ella se preocupa. Cree que soy insensato."
Bilbo le ofreció una pequeña sonrisa. "¿Y lo eres?"
Divertido, Kili negó con la cabeza. "Nah." Estiró la mano para atrapar el talismán, pero falló.
Antes de que pudiera rodar fuera de vista, Bilbo lo detuvo con el pie. Alzó la mirada con algo de sorna. "¿Así que no?"
Kili se mordió el labio, luego rió. "Pues no."
Luego de aquello, Bilbo le contó lo de la fiesta, aquella que vendría pronto... aquella que con suerte utilizarían para escapar. "Es el Mereth E-Ngilith, o el festival de la luz de estrella." Murmuró, mientras con sus dedos examinaba la piedra y sus runas.
El enano arqueó una ceja. "¿Hablas élfico?"
"Bueno, he leído un poco... He aprovechado mi tiempo aquí." El mediano lo miró sonriente. "No serán mis libros pero vaya que los elfos tienen amplias bibliotecas. Estoy aprendiendo. Por ejemplo... sé que para los Eldar toda luz es sagrada, pero en especial lo es la luz de las estrellas."
Kili tenía una mirada distante. "Estrellas... Siempre pensé que su luz era fria; remota y lejana."
Bilbo miró hacía arriba, y su rostro se iluminó con la luz de cientos de estrellas que filtraba por una hendidura en la pared. "Yo creo que es memoria..." Susurró muy despacio. "Preciosa y pura... como tu promesa."
Bilbo volteó hacía él, y a través de los barrotes le estiró su piedra. Kili tomó el talismán, y por un momento -un pequeño momento-, sus dedos rozaron despacio los ajenos, y todo su mundo se desmoronó. El Mediano le sonreía gentilmente, y algo en su pecho empezó a moverse. Fue un pequeño movimiento... como una pieza cayendo en su lugar, un engranaje girando. O una palanca puesta a funcionar. Electricidad corriendo por su espalda. Sin duda fue un impulso... O tal vez sólo un latido.
Suspiró. Y Bilbo no lo notó, pero tal vez Kili sostuvo su mano por más tiempo del que era necesario.
/-/-/
"¡No me interesan tus tretas, maldito espíritu del bosque!"
La voz de Thorin retumbaba en el interior de la tienda.
Antes de que Kili pudiera replicar, Bilbo se acercó él, genuinamente intrigado esta vez. "Consorte." Repitió. "Sigues diciendo esa palabra."
El enano resopló sin ánimo. "No me digas que no lo sabes, porque no voy a creerte. ¡Nadie se compromete de la noche a la mañana!"
"Excepto, aparentemente, yo."
El de cabello oscuro bufó. "¿Por eso no pudiste aceptar mi propuesta? ¿Porque ya tenías pensado casarte con Thorin? Es una buena elección si me preguntas. ¡¿Por qué casarte con el tercero al trono cuando puedes ir directamente con el rey?! ¡No puedo creer lo tonto que fui... al creer que podías quererme!"
Bilbo intentó rodearlo con sus brazos, pero el enano opuso resistencia.
"Kili, escúchame. No sé qué te hizo creer que pienso casar con Thorin, pero—"
"Tu cota de malla," el enano lo interrumpió.
Bilbo tenía la impresión de que se estaba perdiendo de algo. "¿Qué tiene?"
"Es Mithril." Kili señaló de manera acusatoria. "¡Mithril!"
El Mediano parpadeó sin entender, y Kili rodó los ojos como si fuera la criatura más estúpida del mundo... y probablemente lo fuera.
El enano caminó hacía él, y sin mayor reverencia le levantó la camisa. Por un momento, Bilbo pensó que lo iba a desnudar, pero el más alto sólo deslizó sus dedos sobre la prenda metálica. La observaba como si fuera un tesoro... y tal vez lo era.
"En la Montaña hay muchos tesoros," murmuró, "pero ninguno se compara a este."
"Es una cota de malla."
Kili le echó una mala mirada. "No es cualquier cota de malla; es Mithril. Sólo nuestro pueblo lo fabrica... o mejor dicho, lo fabricaba. Es indestructible, y hecho de los materiales más finos. Lo único con mayor valor en la Montaña es la Piedra del Arca, y hasta eso es discutible. Un regalo de este valor, al menos entre enanos, sólo puede ser una proposición de matrimonio."
Bilbo soltó una pequeña risita. Era divertido pensar que aún podía reírse cuando el mundo a su alrededor se iba al caño. Afuera, la discusión se caldeaba, y en cualquier momento ardería Troya, pero hasta tanto, Bilbo se reía casi sin ganas. "¡Pero qué mal entendido! Thorin me dio esto, sí... Pero no era más que una muestra de amistad. Deseaba darme seguridad durante batallas. Le dije que era ridículo... que yo era un hobbit, no un guerrero." Sonrió de lado. "Pero no escuchó y heme aquí, aparentemente comprometido con Rey de los Enanos."
Kili se mordió el labio. "¿O sea que en realidad no lo sabías?"
"Por Ilúvatar que no tenía ni idea."
El enano intentó sonreír, pero antes de que algo más pudiera ser dicho, tres figuras armadas irrumpieron en la tienda.
"¡Al suelo!"
Y el caos reinó.
/-/-/
Sentado a la luz de la luna, Ori dio vuelta a la página.
Marcha la luna trágica entre nubes de gasa...
sin que nadie las toque se han cerrado las puertas...
El miedo, como un lobo, pasea por la casa...
se pronuncian los nombres de personas ya muertas...
Cómo amaba la poesía; incluso esta que se mostraba un tanto lúgubre. Se mojó los labios y con su pluma empezó a traducir. No era sencillo transcribir un poema escrito en Khuzdul... pero Ori lo intentaba; era uno de sus pasatiempos favoritos.
El abuelo las lámparas por vez octava prende...
se iluminan, de súbito, semblantes aturdidos...
Es la Hora en que atraviesa las alcobas el duende...
que despierta, llorando, a los niños dormidos...
A veces, las palabras perdían su sentido; y la rima, la métrica... olvidadas. Una transcripción nunca alcanzaría la belleza del original, Ori lo sabía, pero nada se perdía con intentar. Entonces alzó la mirada, observó las estrellas... apenas escondidas tras las nubes; y dejó de respirar.
Si bien un paisaje puede quitarnos la respiración, eso no era lo que a Ori le había sucedido. En el horizonte, más allá de Erebor y de Dale, algo se movía. No podía ser la Compañía... porque quien fuera que se estuviera avecinando, tenía a su disposición al menos a unos cientos de hombres.
Ori apartó su cuaderno, y se empinó sobre el muro de la torre para mirar más allá. Sus ojos se abrieron como platos, y casi olvidó como hablar.
Casi.
Susurró sólo una palabra antes de empalidecer.
"Orcos..."
N/A:
Si, sí... sé que no tengo justificación alguna para esta demora... Pero la inspiración es una perra y se tardó mucho en visitarme.
Ojalá les haya gustado el capítulo, en especial a las personas que recién han empezado a seguirme :) El poema que leía Ori es de Medardo Angel Silva, poeta.
Ahora... ¡Hagan sus predicciones! ¿Qué pasará ahora? ¿A quién eligirá Bilbo? ¿Ori vivirá? ¿Thorin vivirá? ¿Kili le creerá? e.e
Con estas incógnitas me despido.
Hasta la próxima ^^
