La historia no me pertenece, al igual que los personajes
Capítulo 7
El telefono móvil sonó cuando estaba a punto de entrar en la galería. Era su madre. Le aseguró varias veces que se encontraba perfectamente y que había dormido bien. Y sí, asistiría a la cena de caridad del jueves por la no che.
-Puedes venir con Edward. Os reservaremos un sitio en nuestra mesa.
Bella colgó el teléfono y entró en la galería. La mañana resultó especialmente ajetreada.
Un envío que se suponía debía ser recogido en el puerto, se quedó allí, porque los trabajadores se ha bían puesto en huelga. Tuvo que remover cielo y tierra para solucionar el problema.
Luego, había trabajo de gestión, papeleos varios, datos que meter en el ordenador y varias llamadas de teléfono para confirmar entregas.
El teléfono no había parado de sonar, así que, una vez más, lo agarró y respondió eficiente y pro fesionalmente.
-Bella, soy Edward.
Su acento, que parecía todavía más fuerte al te léfono, y su voz profunda y sensual le provocaron un cosquilleo en el estómago.
-He concertado una cita con mi abogado hoy a las doce y media.
-Bien, cambiaré mi turno de comida.
-Te pasaré a buscar y te llevaré a la oficina de Jasper - dijo Edward.
Bella se apoyó en el respaldo del asiento y se quedó unos segundos en silencio.
-No creo que sea necesario, puedo ir...
-Pasaré a las doce y cuarto, Bella.
Colgó antes de que ella tuviera la oportunidad de replicar.
-¿Algún problema?
Bella se volvió y miró a Jake.
-Nada que no pueda solucionar -le dijo, más para auto convencerse que para convencer a su cole ga.
Estaba claro que Edward era un hombre imposible de manipular... a menos que el quisiera ser manipu lado.
-Te marchaste muy pronto anoche.
Bella alzó la vista y miró a su amigo.
-Me entró dolor de cabeza -respondió ella.
Él apoyó las dos manos sobre el escritorio.
-Soy Jake, ¿recuerdas?
Bella lo miró fijamente y se fue poniendo pálida, muy pálida. .
-¿ Vamos a jugar a las adivinanzas o me lo cuentas, Bella?
Hubo un breve silencio que, por fin, rompió ella.
-De acuerdo -dijo ella-. Edward me llevó a casa e hicimos el amor
apasionadamente durante toda la noche.
Los ojos de Jake se encendieron jocosos.
-¡Bravo! -dijo-. Me parece estupendo. Y supon go que James fue el catalizador. Todo está claro ahora. No ha sido tan difícil encajar las piezas del rompecabezas. De pronto desapareciste, James es taba por allí, luego Edward también desapareció. ¡Si le viera le partiría el cuello!
-¿A James o a Edward?
-No juegues conmigo, cara. Si tienes proble mas, para eso estoy aquí. Soy mucho más que tu so cio, soy tu amigo.
Bella pasaba la mayor parte del día en la ga lería y empezó a considerar que Jake tenía dere cho a saber que James podía resultar un verdadero problema.
-Edward insiste en que pida una orden judicial para mantenerlo alejado de mí.
Jake abrió los ojos sorprendido.
-Sigue.
-El de ayer fue el tercer ataque en setenta y dos horas.
-¡Hijo de perra! -las palabras salieron categóri cas y directas - ¡No le voy a permitir que ponga los pies otra vez en esta galería! Tu apartamento es se guro, pero no se te ocurra ir a ninguna parte sola, ¿comprende?
-¡Me encanta cuando me hablas asi! -dijo ella en tono burlón.
-Bella, te hablo en serio.
Ella inclinó la cabeza hacia un lado.
-Ya soy mayorcita, Jake. Sé defenderme sola ¿recuerdas?
Habían ido juntos a la misma clase de defensa personal, y sí, era muy buena. Pero eso no quería decir que en una situación complicada tuviera la opción de defenderse.
-Levántate -le pidió.
-Jake.
-Hazlo.
-Esto no es necesario.
-Sí, lo es.
En ese momento, sonó el intercomunicador. En la pequeña pantalla apareció Edward.
¿ Ya eran las doce y cuarto?
-Continuaremos luego.
-¿Qué es lo que continuaréis luego? –preguntó Edward desde el vano de la puerta abierta.
Su figura, alta y potente, casi rellenaba el hueco. Parecía que la habitación encogía cada vez que él entraba.
Estaba realmente atractivo. Llevaba unos panta lones de sastre, una camisa azul oscuro abrochada hasta el cuello, y la chaqueta, quitada, sobre el hombro.
-Un examen de autodefensa -dijo Jake
-Así es que Bella te ha contado lo sucedido.
-Sí.
-Espero que no te importe que hoy tenga un poco más de tiempo del habitual para comer.
-Lo que haga falta -respondió Jake, compla cido.
-Me la llevo a mi apartamento.
Bella acercó la silla a la mesa y miró primero a un hombre y luego al otro.
-Perdón, ¿qué vas a hacer qué?
-Te mudas temporalmente a mi apartamento - respondió él con calma infinita
Los ojos de Bella se inflamaron de rabia.
-¡De eso nada!
-Entonces, me mudo yo al tuyo. Me da lo mis mo.
-¡Pues a mí no me da lo mismo!
-Entonces, elige.
-¿ Quién demonios te ha elegido mi protector universal? -preguntó ella, furiosa.
-Yo mismo -dijo Edward-Tu apartamento o el mió cariño
-¡No me llames «cariño»! - Edward sonrió.
-¿Por qué?
Jake observaba entretenido el intercambio eléctrico entre los dos. Sin duda, si observaba con detenimiento, acabaría viendo las chispas saltar. Sonrió, a pesar de que no era el momento. Estaba claro que, por primera vez, Bella había encontrado un contrincante adecuado.
-Prefiero irme a casa de mis padres - Edward se negó.
-Debido a la cantidad de compromisos sociales que tienen tus padres, nunca están en casa y no tie nen servicio interno. Eso supondría un doble riesgo.
-Mientras que tú piensas esta de guardia todo el día -dijo ella con cierto rencor.
-y toda la noche -le aseguró él, con una mirada inflexible, autoritaria e invencible.
-No -se negó ella.
-¿No?
-Me buscaré un hotel.
-Al que James podría acceder todavía más fácilmente.
-¿No crees que te estás pasando un poco con todo esto?
-Tengo el beneplácito de tus padres.
-Eso es un truco sucio.
-No, simplemente están tan preocupados por ti como lo estoy yo. -Bella estaba realmente indignada por el modo en que él trataba de controlar su vida.
-No dudo de que así sea. Pero no necesito una niñera, puedo cuidar de mí misma.
Edward habría deseado agarrarla y zarandearla, para lograr que entrara en razón. Pero en lugar de una estrategia física, utilizó un argumento irrefutable.
-James tiene un largo historial de violencia, que en este caso, tiene además, una base en los ce los. Piensa que por mi causa tú te has alejado de él lo que me hace, en gran medida, responsable de lo que está sucediendo -la miró fijamente- o ¿Qué ha bría sucedido el domingo cuando te atacó en la ca lle, si no llego a estar ahí? ¿Y anoche? ¿Alguien se dio cuenta de lo que estaba sucediendo? No, nadie.- Bella bajó los ojos y no respondió.
-¿Te has planteado lo que habría ocurrido si no llego a ir a ver lo que sucedía? -preguntó él final mente. Bella abrió la boca para responder, pero no halló las palabras.
-Te ha atacado ya tres veces -dijo Jake
-¿Quieres darle la cuarta oportunidad?- Edward insistió, por última vez, con una táctica más sutil.-¿No crees que estás protestando demasiado después de lo acontecido esta noche?
Era, sin duda, un extraordinario estratega y, una vez más, había vencido... eso sí, con excesiva teme ridad.
-Vamos a llegar tarde a la cita -dijo ella.
-Llamaré a Jasper para decirle que llegaremos tar de.
-Si no te importa, iré primero a empolvarme la nariz -dijo ella en un tono burlón.
Edward Cullen tenía muchas respuestas que darle después de todo aquello. En aquel momento, sus sentimientos eran tremendamente contradicto rios.
¿Por qué se negaba? Aquel amante de primera le estaba tendiendo la alfombra roja para un montón de noches de primera. ¿Por qué no disfrutar de ellas?
La noche pasada había visitado el cielo. ¿Acaso era un pecado disfrutar un poco?
Pero el verdadero problema era hacia dónde conduciría todo aquello. Porque al final de la diver sión, no quedaría nada.
-Por favor, dame un respiro -le dijo ella mien tras entraba al baño.
Se retocó los labios y salió de nuevo.
-¿Lista? -le preguntó Edward.
-Tomen todo el tiempo que necesiten –dijo Jake mientras los acompañaba a la puerta princi pal.
Descendieron las escaleras.
-Si a las cinco no habéis regresado, nos veremos en el restaurante a las seis.
-Volveré a eso de las tres -le aseguró Bella y se inclinó para besar a Jake en la mejilla.
Edward abrió el Volvo y ella se metió en el asien to del pasajero. Permaneció en absoluto silencio mientras Edward conducía.
-Estás muy callada.
-Me estoy reservando para luego -le aseguró- Si no estuvieras conduciendo, ya te habría propina do una bofetada.
En pocos minutos llegaron al edificio del despa cho de Jasper. Edward aparcó el coche en un aparca miento para clientes y subieron a la oficina.
El abogado le hizo una serie de preguntas y fue rellenando un formulario que le serviría para elabo rar la petición de una orden judicial contra James. . Le contó lo que eso suponía y le dio algunos consejos.
Tras esto, la citó a las cuatro del día siguiente para que fuera a firmar los papeles.
Era sólo la una y media cuando salieron del edificio.
Edward arrancó el coche y se puso rumbo a Main Beach.
-¿A dónde vamos? -preguntó Bella al ver que se detenía en el hotel Sheraton.
-Te voy a invitar a comer.
-No tengo hambre.
-Tienen un buffet de marisco que seguro que te abre el apetito.
-Edward.
-Nunca antes había conocido a una mujer que protestara tanto -dijo él en tono burlón.
-¡Pues tú eres el hombre más dominante que ja más he conocido!
Edward apagó el motor, se quitó el cinturón de se guridad y se inclinó sobre ella. Lentamente, descen dió hasta besada, con tal habilidad, que Bella se olvidó de sus quejas.
Incapaz de decir una palabra, dejó que él la lle vara al cielo una vez más. Le acarició suavemente el labio inferior.
-Hablas demasiado -le dijo mientras le quitaba el cinturón de seguridad.
Salieron del coche y se dirigieron hacia el restaurante.
Era un lugar muy agradable con mesas en una terraza que daba a la piscina.
Efectivamente, la deliciosa selección de pescados y mariscos resultó absolutamente irresistible.
-¿Te sientes mejor? -le preguntó Edward, después de que pidieran el café.
-Sí -respondió Bella.
-Necesitamos decidir en cuál de los dos apartamentos nos vamos a quedar.
-No creo que...
-¿El tuyo o el mío?
-¿Eres siempre tan autoritario?
-Sí, es una parte de mi personalidad -el camare ro llevó la tarjeta de crédito. Edward firmó el papel, dejó la propina correspondiente y le dio un último sorbo a su café- ¿Nos vamos?
Pronto llegaron a los bloques de apartamentos que los dos compartían.
Bella empezó a protestar al ver que aparcaba en el suyo.
-Sube conmigo. Voy a recoger algo de ropa -Se volvió hacia él con ira.
-No me gusta que la gente tome decisiones por mí.
La expresión de Edward fue absoluta e inflexible.
-Pues tendrás que ir acostumbrándote
Bela subió con él, sin dejar que el tema se agotara ahí.
-Vamos a tener que establecer una serie de re glas - insistió ella mientras entraban en el ático.
Era un precioso apartamento, con suelo de mármol, alfombras orientales y bellos muebles que al ternaban el diseño más atrevido con las antigüeda des.
-Ponte cómoda -le dijo Edward-No tardaré. Había algunas fotografías sobre una mesa de caoba. Sin duda era su familia. En una, aparecía una pa reja, ya mayor, mientras en otras había familias con niños.
¡Sabía tan poco sobre él! Nada sobre su pasa do. Se preguntó por qué, si su familia residía en Europa, él había decidido pasar parte de su tiempo en Australia. La pregunta la llevó, inevitablemente a otra pregunta: ¿Cuánto tiempo pensaría permane cer allí en aquella ocasión? Estaba claro que, te niendo negocios en todas partes del mundo, su inte rés en Australia sería sólo pasajero.
Edward volvió al salón con una bolsa de viaje en una mano y un montón de ropa en la otra.
-Tengo dos hermanas, las dos casadas. Una vive en Atenas, la otra en Londres. Mis padres viven en Santorini.
-Mientras que tú, no tienes residencia fija -po día imaginarse una vida de lujo y poder. Siempre de un lado para otro, vuelos internacionales, importan tes reuniones en los cinco continentes.
-Tengo casas en varios países
-¿ y una mujer en cada ciudad?
-Tengo muchas amigas -respondió él con una sonrisa burlona.
¿Por qué de pronto aquel comentario la decep cionó? ¿Es que, acaso, se había atrevido a sentirse diferente? Una pequeña voz interior le decía que re capacitara, que bajara a la tierra. Ella no era más que una simple y momentánea diversión.
Bella miró al reloj.
-¿Nos vamos ya? -preguntó, repentinamente in quieta- Puedes dejarme en la galería. Te daré una llave de mi apartamento - Minutos después, detuvo el coche delante de la galería.
-Te recogeré a las cinco.
Bella estuvo a punto de protestar una vez más, pero la mirada de Edward fue suficiente para evitar que palabra alguna saliera de su boca.
Se limitó a sacar un segundo juego de llaves del bolso y se lo dio.
Salió del coche y, sin mirar atrás, llegó hasta la galería y entró.
Si Jake se sorprendió al verla, no le dijo nada. Se limitó a saludarlo y se metió en la oficina.
El ordenador fue su único acompañante, hasta que Jake entró y le anunció que Edward estaba allí.
-Es hora de cerrar, cielo.
Bella salvó todo lo que había estado haciendo, cerró el programa y apagó la máquina. Sin decir nada, agarró su bolso y siguió a Edward hasta su co che.
Hacía una preciosa tarde verano. El sol calenta ba con fuerza. Podría haber ido andado a su apartamento. Bella no sabía qué le molestaba más, si que le hubieran coartado lo libertad de decidir o que Edward se hubiera erigido a sí mismo como su protector.
Tal vez, lo que realmente la perturbaba era la idea de compartir apartamento con él. La noche an terior... ¡No quería ni pensar en la noche anterior!
Edward aparcó el coche junto al de ella salieron entraron en el portal y subieron en el ascensor hasta el piso quince, sin mediar palabra.
Edward abrió la puerta y ella pasó delante
-Ponte lo que quieras de beber, si es que te ape tece algo -le sugirió Bella educadamente, mientras dejaba las cosas sobre la mesa -Voy a darme una ducha y a cambiarme de ropa.
Se metió en su habitación y se dirigió directa mente al armario. ¡Si se había atrevido a invadir su espacio colgando su ropa allí, iba a saber!. No había nada. Bella se aseguró a sí misma que se alegraba de que así fuera y decidió que lo mejor era una ducha cuanto antes.
Media hora después, agarró un pequeño bolso esmeralda y se miró en el espejo.
Se había decidido por un bonito traje de color esmeralda también, que iban bien con sus ojos y resaltaba sus facciones.
Bella respiró profundamente para recabar fuerzas y salió en busca de Edward.
Pero al verlo, lejos de sentirse fuerte para la ba talla, se sintió desarmada.
Bella preparó el ataque para no dejarse amedrentar por la debilidad que le provocaba su impre sionante presencia.
-¿ Crees que estoy lo suficientemente arrebata dora como para vencer a Saska? -la pregunta estaba llena de dobles intenciones que ella trató de dejar bien patentes.
Pero Edward, lejos de responder, se limitó a tomarla en sus brazos y a besarla sugerentemente.
-Así está mucho mejor -le dijo, mientras le pa saba levemente el dedo por los labios- Así te que da mejor el carmín. Personalmente, prefiero una apariencia más natural.
-¡No sobreactúes! Dudo que a Saska la podamos engañar -dijo ella.
Ya eran las seis cuando llegaron al restaurante y en pocos minutos, aparecieron Jake y Saska.
Tal y como Bella había predicho, Saska pa recía sacada de una portada del Vague. Llevaba un clásico vestido negro, que no pretendía, en absolu to, ser provocativo... o al menos eso era lo que pa recía, hasta que se quitó la chaquetilla.
El vestido resultó ser más que insinuante. ¡Y aquellas curvas! Todo su cuerpo parecía esculpido para pedir a gritos que lo acariciara la mano de un hombre.
-Hace mucho calor aquí -dijo Saska.
Jake la miró inevitablemente de arriba abajo y luego miró a Bella con cierta sonrisa descarada.
Sí, estaba claro, que aquella iba a ser una velada interesante.
-Bella -dijo Saska-supongo que ya no tienes dolor de cabeza.
La pregunta fue lo suficientemente ambigua como para recibir una respuesta maliciosa.
-Edward se ocupó de quitármelo.
Saska sería lo suficientemente imaginativa como para hacerse una vívida idea de cómo se lo había quitado.
Por suerte, el maître eligió aquel preciso mo mento para presentarse y anunciarles que su mesa ya estaba lista.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-----------------------------------------------------------------------------
Pues aqui esta el otro cap! Espero que les alla gustado los dos cap!! Se les quieren!
Dejen Review....
xoxoxo
100% Magia y amor
...
