Capítulo 7: Requiem.
(Voz de Isa)Estaba todo helado, había tormenta, los rayos cruzaban el cielo.
"¿Listo?" Le pregunté a Jacob.
"Listo." Me dijo tumbándose en el altar con la ropa que llevaba puesta y sin la protección de las mantas.
Con cuidado me había agachado sobre él, su sangre me supo rara; por un lado era atractiva, pero por otro aún conservaba el veneno que le había forzado a ingerir con una manzana. Una manzana me pareció lo más romántico, como en el cuento de Blancanieves, yo era la bruja y quería matar a mi marido…
Ni siquiera había dudado cuando le expliqué qué pasaría. Habíamos intercambiado sangre en pequeñas dosis dos veces antes, él había estado durmiendo en el coche de perros, dormía unas horas y enseguida había vuelto a desear el intercambio. Aquello estaba siendo demasiado rápido.
Me forcé a seguir bebiendo sangre mientras él palidecía y se enfriaba; para cuando le había tocado a él poco más que había tenido que guiarle tras hacerme un corte en el pecho para dejarle alimentarse de mí.
"No…" Murmuré cuando cerró los ojos tras dejar de beber. "No, por favor… Jake… abre los ojos… por favor…" Le rogué murmurando mientras le tocaba la cara.
El corazón se le había parado…
Me incliné sobre él. Estaba muerto, le había matado yo… Estaba muerto…
Sentí como el corazón se me desgarraba en el pecho… sí, debía tener corazón, porque me estaba doliendo horrores.
Solo deseaba morir para poder estar con él; así que apreté el botón de localización que comenzó a emitir señal inmediatamente.
Había pasado tres días en aquel desierto helado, había enterrado a Jacob allí mismo, hice la cruz con uno de los hierros del trineo.
Al tercer día amaneció desierto y silencioso como siempre. Yo estaba hecha un ovillo y no podía parar de llorar.
No, no estaba desierto, había unas figuras por las paredes, en salientes, eran lobos. Estaban gruñendo, con el pelo en punta, pero… eran muy grandes para ser simples lobos. Eran licántropos. Para cuando me di cuenta, ya estaban saltando al suelo.
Estaba lloviendo aguanieve. Los licántropos me estaban rodeando. Pronto me atacarían, y yo no me defendería.
Mi marido había muerto en el intento de convertirse en vampiro, y como yo había sido quien había matado a mi amor, mi único compañero, había decidido el suicidio. Como un vampiro no podía suicidarse de los métodos habituales había pedido a la antigua manada de Jacob que lo hiciesen por ambos.
"Si es necesario les pediré a Sam y su manada que me den el toque de gracia. Me dejaré matar, expiaré mis culpas. Y delegaré en un triunvirato formado por Louie, Marianne y tú." Eso es lo que dijo a Carlisle cuando les consulté Carlisle, Edward y Chad sobre los peligros médicos que conllevaba lo que intentaba hacer, y después tuvimos una charla Carlisle y yo. Ese sería la forma de que me suicidaría.
Me sentía pegajosa, así que me toqué la cara; estaba cubierta de sangre, de rodillas, con las manos en el regazo y esperando que me atacasen de una vez.
Había estado acurrucada, pero me senté cuando los licántropos bajaron en su forma animal de los salientes donde estaban antes…
Cerré los ojos con los brazos abiertos; me quedé quieta esperando el golpe; lo merecía, lo estaba esperando y tampoco me defendería.
Sentí algo nuevo, que me goteaba por la cara; la sangre salía de mis ojos. Brotaba directamente de los ojos, como si fuesen lágrimas, como si llorase de verdad.
Los lobos parecían dudar.
"¿Qué esperáis?" Les dije susurrando como pude. "Solo quiero acabar con esto cuanto antes…"
"¿Qué… has… hecho?" Me siseó Sam.
"He matado a Jacob." Afirmé. "Matadme por favor…"
Sé que dudaban, tenían miedo de que me defendiese. Así que me puse las correas de los arneses de los perros como pude para restringirme.
"Seguro que es una trampa." Pensó Paul.
"Por favor… no puedo seguir viviendo…" Les rogué.
Pude ver cómo pensaban y se hacían una resconstrucción de los hechos olfateando la nieve.
"¡Sí, yo le mordí y se murió!" Acabé gritándoles perdiendo los nervios.
Eso hizo que se alarmasen, Paul incluso me tiró un mordisco.
No entendía por qué no atacaban ya. Estaba inmovilizada, acababa de reconocer mi crimen, había matado a su líder… y ninguno de ellos me atacaba…
Comenzaba a barajar la opción de atacar yo, lo justo para hacer como aquella vez que asusté a Jacob para que me enviase a varios metros de él. Pero no hizo falta, adoptaron por fin la posición enemistados a mí.
Así que me volví a incorporar de rodillas, cerré los ojos y me dispuse a encajar el golpe dignamente, con la cabeza alta.
Sin embargo… las cosas no salieron como esperaba.
Sentí un par de mordiscos, pero antes de que me arrancasen nada, los sentí perderse.
"¡Quietos!" Rugió Sam en su forma humana para separarles de mí. "Antes quiero saber qué pasó. La verdad."
No podía contárselo, no quería seguir posponiendo aquello... Sin embargo, ya que les estaba pidiendo a ellos que acabasen con mi vida supongo que merecían una explicación antes.
"Jacob me pidió que le convirtiese." Acabé confesando. "Al principio me negué porque me parecía monstruoso convertir a alguien que no estuviese muriendo; sin embargo, mientras estaba lejos de él... bueno, me di cuenta que no podía seguir viviendo sin él, así que decidí que igual había alguna forma y... la busqué. Me costó 1 año decidirme a esto, y luego 7 más buscando la forma de hacerlo sin que... bueno, sin que muriese."
"Que es evidente que no has logrado." Afirmó Jared.
"No... desde el principio le advertí de que esto podría pasar... que moriría y luego igual no podría despertar..." Me dolía la garganta, como si no pudiese hablar, como si las palabras me arañasen la garganta antes de salir por mi boca. "Hicimos todos los pasos tal y como era necesario. Me aseguré de que estaba en plena forma antes de pensar siquiera en esto."
"Por eso le hacías correr cada mañana y todo ese ejercicio." Dijo Embry sentándose en las patas traseras.
"Yo pensaba que era porque el tío estaba hecho unos zorros y a tu lado deslucía bastante." Afirmó Leah.
"Para transformar a un licántropo se necesita que esté en perfecto estado antes de su muerte." Les dije. "Y Jacob estaba en perfecto estado de salud y físico. Entonces tuvimos que intercambiar sangre, tres veces antes de..."
"¿Antes de que le asesinases?" Me dijo Paul para llevarse un mordisco al aire de Sam.
"¿Por qué tres veces?" Me preguntó entonces.
"Es lo que lleva. Necesitas insertarle el suficiente veneno, no puedes donarle sin tomar tú parte para que su organismo adquiera la tuya." Le dije. "Después de la primera, la gente suele estar algo... ida. Los humanos suelen convertirse fácilmente. Jacob solo desarrolló una necesidad de tomar cosas... rojas. Tomates, fresas, zumos rojos... En la segunda, su humor cambia, se vuelve más inestable y se encoleriza con más facilidad, sin embargo... a la tercera el proceso debería completarse, muere y revive. Es bastante dulce ese paso. Después del dolor del veneno extendiéndose por tus venas, envenenando cada célula en tu cuerpo... desacanso. El dolor desaparece y flotas antes de volver a respirar, bueno, a abrir los ojos."
"Sigo sin verlo." Afirmó Sam. "¿Si solo necesitas un mordisco, por qué tres?"
"El lobo dentro de Jacob era muy fuerte." Afirmé. "Por eso tuve que envenenarle antes... un poco de veneno rápido, su cuerpo lo detectaba y no le mataba. Pero al final estaba tan débil que... bueno, el veneno lo mató... pensé que mi sangre lo salvaría..."
De pronto, me sentía de nuevo ese dolor, algo dentro de mí se rasgaba, algo me estaba matando por dentro...
"Por favor... matadme de una vez." Acabé rogando mientras me sentía el corazón doliendo y me comenzaba a marear. "Por favor..."
Pronto tendría sed de sangre, pronto acabaría por desmayarme como la otra vez... no podía seguir viva, aunque me envenenase yo misma mi cuerpo estaba preparado para matar el veneno, se regeneraría solo y yo cazaría lo que tuviese más cerca por la energía que había perdido en el proceso.
"Por favor..." Acabé rogando cayendo de rodillas. "Ayuda..." Lo repetí hasta la saciedad, rogando y casi susurrando.
Me quedé esperando el golpe, un golpe que pondría final a esa existencia de horrores, a ese sufrimiento de haber matado yo misma a mi compañero... mi marido... mi Jacob...
Se prepararon, alguno aún dudaba, sentía tristeza de otros, pero todos se prepararon para lanzar el ataque; sin embargo, el golpe no me alcanzó.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Sam)
"Por favor..."Nos rogó Isabella tras caerse de rodillas. "Ayuda..."
Había sido sincera, nos había dado todo tipo de explicaciones que le habíamos pedido y en todo momento parecía estar al borde de la depresión.
"Por favor... Ayuda..." Repetía una y otra vez.
Era la primera vez que la oíamos rogar, ni siquiera cuando su primo Sorien había intentado matarnos varias veces.
Asentí y nos preparamos. Alguno aún dudaba, otros estaban tristes, pero todos se prepararon para lanzar el ataque conmigo. Teníamos que hacerlo, por Jacob y por ella.
Podía entenderla, ahora que había matado a su marido supongo que el seguir viviendo sabiendo que si ella hubiese actuado diferente Jacob aún estaría entre nosotros debía ser insoportable.
"¡Por Jake!" Gritó Embry.
Todos nos tiramos a la vez; sin embargo, no llegamos a alcanzarla. Algo se nos cruzó en medio, salimos volando a todas direcciones y caímos de pie antes de volver a tirarnos sobre el intruso.
No, no era ningún intruso.
"¡Jacob!" Gritamos.
Un momento, había algo diferente... él era... ¡era un vampiro!
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Isa)
Abrí los ojos, el golpe que había estado esperando no había llegado aún, y ahora entendía por qué.
"¡Jacob!" Gritaron los lobos.
Mis ojos se abrieron como platos. Allí, entre la manada y yo había alguien. Pelo oscuro de longitud media, piel bastante pálida pero de alguien cobrizo enfermizo... músculos perfectamente torneados... Jacob, mi Jacob...
"Debería daros vergüenza... tantos chuchos atacando a una sola mujer." Dijo Jacob liándose a repeler a sus amigos.
Un momento, aquel no era mi Jacob. Jacob nunca hubiese actuado así con sus amigos, les estaba atacando sin ton ni son, como si no fuese...
"Jacob." Le llamé.
Se había olvidado de su nombre... tal y como supuse que pasaría, había perdido su mente.
"Jake no." Dije cuando le vi que había herido a su antigua manada.
Me miró girando ligeramente la cara. Tenía los ojos rojos, estaba sediento.
"¿Cómo me has llamado?" Me dijo sonriéndome con picardía.
"Jake." Afirmé. "Una vez te llamaste así, Jacob Black... abreviado: Jake."
"Jake...." Murmuró dudando. "Ese nombre me suena. ¿Nos conocemos?"
"Sí." Afirmé. "¿No me recuerdas?"
Sacudió la cabeza confuso y para negar.
"Suéltales, por favor." Le pedí.
"Te estaban atacando." Me dijo. "Y estabas indefensa, estás... atada."
"Yo les pedí que lo hicieran." Afirmé. "Pensé que habías... muerto."
"¿Yo?" Me dijo.
"Jake, por favor, suéltales..." Le pedí. "Suéltales y te lo contaré todo."
Pasaron dos segundos antes de que los tirara contra los que estaban en el suelo aún, entonces se giró hacia mí.
"¿Sabes quién soy?" Me dijo.
"Sí, y también sé por qué estas así." Afirmé. "Necesitas alimentarte; tienes en tu mente recuerdos que no has vivido, te duele todo y a la vez te sientes invencible..."
Él me miró sonriendo con picardía, sé que estaba sediento, me miraba con la misma mirada que yo lo hacía cuando estaba en celo.
"No me recuerdas pero... al mismo tiempo sientes que soy parte de ti, como tú eres parte de mí..." Afirmé sonriéndole y abrazándole desde detrás. "Sabes que puedes confiar en mí... sientes que te derrites con cada simple contacto mío..."
Podía ver su cara, era la cara de un predador, uno que se estaba derritiendo entre mis brazos.
Me situé a su lado y le rocé la mano mientras me situaba frente a él.
"Ven... sígueme..." Le dije dando unos pasos alejándome y ofreciéndole la mano con una sonrisa suave. "Sé lo que necesitas... yo te ayudaré a conseguirlo..."
Miró mi mano, me miró a mí por la parte de arriba de sus ojos y entonces sonriendo con picardía la cogió.
"Chicos, no se lo tengáis en cuenta." Les dije a los licántropos. "Acaba de dar un cambio demasiado brutal, no recuerda nada ni a nadie... Por favor, no le digáis a nadie lo que habéis visto."
"Tus hijos..." Me dijo Quil.
"No, nadie debe saberlo." Afirmé acercándome para tocarles las frentes induciéndoles al sueño y a olvidarlo todo. "Lo siento, es por vuestro bien..."
Antes de irme con Jake, les tapé con las ropas que había dejado allí. Despertarían al cabo de unas horas, no recordarían nada y por la sangre que había jurarían que me habían matado, dejé una cruz hecha con palos en la nieve clavada junto a la de Jake, pero él les dio una patada al pasar por allí.
"Jake..." Le reñí.
"Qué, no me gustan esas cosas." Afirmó antes de seguirme dócilmente.
Aún no era vampiro del todo, podía sentirlo. Iba a necesitar un poco más de sangre; pero había perdido bastante y también yo estaba débil.
Cuando llegamos a la costa paré en el acantilado y le miré, seguía allí, conmigo. Me miró y luego miró al mar.
"Se ha acabado la tierra." Me dijo. "¿Y ahora qué?"
"Ahora toca saltar." Le había dicho cogiéndole la mano.
"¿Estás loca?" Dijo. "¡Nos ahogaremos!"
"Jake, tú no vas a ahogarte." Le dije. "Lo hemos conseguido, eres lo que querías ser. Ni siquiera respiras ya."
Llevaba ya varios minutos sin respirar, no lo necesitaba... Y él parecía acabar de darse cuenta de ello porque se puso a respirar como si le faltase el aire.
"No, no lo hagas aún." Le dije sonriendo y acariciándole la cara. "Hazlo cuando lleguemos."
"¿Llegar a dónde?" Me dijo suavemente.
"A un sitio donde podrás aprender a ser lo que eres, sin causar nada que luego lamentes..." Le susurré al oído.
Sé que le estaba haciendo alborotar las hormonas, que se estaba derritiendo de gusto. Y eso me convenía, me seguiría.
"¿Confías en mí?" Le dije tendiéndole la mano.
"No sé quién eres, pero... es como si te conociese de siempre..." Dijo mirándome con duda y luego sonriendo para coger mi mano con firmeza. "Sí, confío en ti."
Sonriendo caminé hasta el borde del acantilado, de la mano con él, allí paramos y nos miramos a los ojos. Asintió y dimos un paso más para caer al vacío.
Nadamos entre peces, nos cruzamos con tiburones en mar abierto y pasamos cerca de orcas y ballenas.
Jake mató una cría de ballena antes de llegar al polo, y se comió unos bocados; sin embargo, cuando llegamos a tierra firme, se dobló sobre si mismo y vomitó la carne.
"Shhh.... tranquilo..." Le susurré suavemente mientras le sujetaba la frente y él respiraba agitadamente entre vómito y vómito. "Ya pasó..."
Sabía que le costaría un poco hacerse a aquello, y eso que él no parecía tener recuerdo alguno de haber sido aquello que ahora supondría un duro reto para él: humanos.
(Salto espacio-temporal)
"¡Mira lo que tengo!" Me dijo Jacob sonriendo y cargando con un oso polar.
"Jacob, por amor de dios, mírate." Le dije. "Te ha vuelto a dar un zarpazo."
Por suerte, a nosotros los zarpazos se nos curaban pronto; sangrábamos nada, unos segundos, y luego se nos cerraba la herida.
"¿Y sabes qué?" Me dijo tirándose a mi lado en el hielo con una sonrisa para ponerme el pulgar sobre los labios con suavidad. "Creo que ya recuerdo algo más. Una boda, yo estaba en el altar y tú caminabas hacia mí vestida de novia. ¿Y sabes qué? Eras la cosa más bonita que recuerdo."
Eso me hizo sonreír, hacía más de medio año que habíamos llegado allí, y salvo el incidente con aquellos furtivos de osos polares y los conservadores del Green Peace de allí, no había habido más problemas. Había conseguido parar a mi marido antes de que acabase secando al de Green Peace, al furtivo... me temo que no tuve tanta suerte, para cuando le encontré estaba ya muerto; le había secado del todo, a decir verdad juraría que le había sacado demasiada sangre como para matarle pero no suficiente como para secarle del todo.
Era curioso, cuando un vampiro se convertía le daba por algún vicio bastante evidente; a unos les daba por la sed de sangre, otros se volvían demasiado agresivos... y otros como era el caso de Jacob, demasiado lujuriosos.
Era peligroso dejarle sin satisfacer sus instintos primarios, así que llevaba más de medio año ayudándole a controlarse, tal y como había hecho con el resto de mi familia; tal y como haría con la persona a la que más quería junto con mis hijos.
"Ey... un poco más suave..." Le dije cuando me hizo sangre con un mordisco mientras estábamos calmando sus instintos sexuales sobre el hielo en la cueva que había excavado para que nos sirviese de refugio y que asemejaba a una madriguera de osos polares. "Haz el favor, me estás haciendo daño."
"Lo siento." Me dijo chupando mi sangre. "Pero es deliciosa..."
"Ya, pero si me sacas sangre vas a tener que darme tú." Afirmé. "Y no podemos permitirnos eso."
"Sigo sin entender por qué no quieres mi sangre." Afirmó.
"Demasiada tentación..." Afirmé suavemente. "Pero no podemos ceder a las tentaciones."
"Regla número 4." Afirmó Jake divertido. "Tengo buena memoria."
"Memoria que aún no has recuperado." Afirmé yo dándole un beso para parar y sonreir dulcemente. "No te preocupes, acabarás por recordar todo, cuando veas a la gente se te desbloquearán los recuerdos."
"¿Cuándo vamos a irnos de aquí?" Me dijo volviendo a ponerse la ropa que llevábamos desde que llegamos. "¿A quiénes tengo que conocer?"
"A tus amigos, a tu familia." Afirmé.
"Ah... ya; los lobos..." Me dijo. "No puedo creerme que sea amigo de criaturas que me provocan náuseas por el olor tan fuerte y pestilente que despiden. ¿E hijos?"
"Sí, tenemos 5 hijos." Afirmé. "¿A acaso no me quieres creer?"
"No me cuesta creer que tengamos hijos, apuesto a que estábamos todos los días pasando las noches juntos." Afirmó con picardía y metiéndome mano de nuevo. "Pero me cuestra creer lo de los niños porque no me gustan los niños. Solo dan problemas, solo saben llorar y cagarse encima, y te llenan todo de mocos y babas, por no decir que son exhasperantes."
"Y tus hijos." Afirmé. "Eran tu orgullo. Sari, la mayor; los gemelos Jacky y Eddy que son pelirrojos y vampiros como nosotros y los gemelos Alexiel y Carrick que son morenos y tienen 9 años y son licántropos."
"Ja, esos no son hijos míos." Afirmó divertido. "Yo no produzco licántropos. Vampiro y vampiro..."
"Ya, pero es que tú no eras..." Dije. "Tu padre era licántropo, tienes genes licántropos."
Me costaría hacerle creer que teníamos hijos, más aún que los menores eran licántropos mientas que Sari era mitad y mitad.
(Salto espacio-temporal)
"Oye, míra lo que me he encontrado por ahí." Me dijo Jacob al año, tres meses y 24 días de llegar al polo norte. "Creo que está medio congelado. ¿Sirve de comida?"
"¿Sigue vivo?" Le dije acabando de devorar un pez que me había conseguido pescar por un agujero en el hielo.
"Tiene un pulso muy pobre, pero sí. Sigue vivo." Afirmó. "¿Le curas?"
Asentí antes de ponerme a hacerle una curación de urgencia para poder llevarle a la estación de científicos más cercana.
Jake llevaba ya un tiempo más controlado, parecía dominar sus instintos primarios y su sed de sangre y no daba problemas ya; de hecho, lo acababa de demostrar al no haber matado a aquel hombre que él pensaba estaba congelado y muerto.
Igual iba siendo hora de volver al mundo civilizado, tendría que ponerle un collar de castigo para tenerle controlado pero estaba segura que pronto podría quitarselo. De hecho, no se quejó, aceptó el collar como un perro de compañía al que le pones un collar anti-pulgas.
Tan pronto dejamos al hombre en una de las salas de la enfermería del centro sin que nos percibiésen siquiera, me giré hacia él.
"Jacob, creo que ya estás listo." Afirmé.
"¿Listo?" Me dijo como dudando divertido. "¿Listo para qué?"
"Listo para volver a la sociedad." Afirmé. "Listo para volver a convivir entre la gente normal, y poco a poco irás aprendiendo las normas que rigen a nuestra raza... para poder convivir con los humanos y con los licántropos."
"Sea." Afirmó sonriendo tras unos segundos serios dudando para sonreír y cogerme la mano para besarla. "Me gusta el rol de la profe y el alumno."
"¿No puedes dejar de pensar en eso un solo momento?" Le dije mientras caminábamos sobre la nieve.
"No." Afirmó. "Al menos no cuando mi compañera es alguien tan precioso como tú."
Los meses que siguieron a esto fueron difíciles, nos movimos solos, yo me contagié un poco de su agresividad pero siempre regidos por mi cerebro y su frialdad en asuntos serios. Liberamos a unos presos y formamos un grupo bastante potente; nos enfrentamos a enemigos que pretendían poner todo patas arriba, hasta el momento en que nos cruzamos con Sorien, uno de los principales instigadores de aquello.
(Salto espacio-temporal)
"¡Ahhh!" Gritó Bella.
"¡Muérete de una vez, maldita zorra!" Le dijo Sorien mientras le apretaba el cuello. "¡No haces más que estorbar maldita basura convertida!"
"¡Sorien, no!" Gritó Edward para ir a ponerse entre ambos y parar el proyectil que iba dirigido a ella.
Yo me puse entre ambos hombres y paré el proyectil que se me clavó en el pecho.
Plic, plic, plic...
La sangre goteaba lentamente, podía sentir la bala que me quemaba un poco en el pecho, pero el dolor pasaría, como siempre.
Plic, plic, plic...
Silencio solo roto por el ruido de las gotas de sangre goteando contra el charco que se había formado ya.
"¿Estáis bien?" Les preguntó Zaira.
"¿Hemos muerto todos?" Preguntó Bella.
Yo solo tenía ojos para Sorien que estaba con los ojos como platos y se alejó tres pasos.
Di un paso adelante y entonces Sorien dio dos más hacia atrás.
"Vampiros..." Murmuró Jasper susurrando.
"¿Pero quiénes son?" Dijo uno de los otros de ese bando.
"No sé, no los he visto nunca." Afirmaron algunos uno tras otro.
"¡Aléjate de mí!" Me dijo Sorien mientras yo avanzaba otro paso más.
Me tenía miedo, y no sin motivo.
"¡¿Qué quieres, aléjate de mí?!" Me dijo Sorien disparándome más balas.
Las balas frenaron antes de tocarme y las pocas que se clavaron, se cayeron tras hundirse un poco. Hacía poco que me había adueñado del poder de un licántropo de extraer las balas el propio cuerpo empujándolas mientras se me cerraba la herida.
Cling, cling, cling...
Una tras otra las balas que apenas le habían hundido en la carne fueron cayendo al suelo mientras todos nos observában.
Entonces Sorien se asustó más aún.
Intentó huir pero le cortaron el paso, mis compañeros habían descendido de sus puestos y estaban bloqueándole la huída mientras Zaira se puso de espaldas al resto enfrentando a todos con las manos hacia el frente.
"Eh, seas quien seas..." Comenzó a decir Edward antes de que Vlad le cortase el paso.
"Нет (No), спокойный (Quieto)" Le ordené entonces.
"Я не могу? (¿No puedo?)" Dijo él. "Единой капельки... (Una gotita solo...)"
"¿Quieres volver a la prisión?" Dijo Zulema.
"No, clarro que no." Afirmó él.
Ambos negros me expresaron su deseo de ocuparse de todos, pero Jacob les gruñó por mi.
Entonces me centré en Sorien, en producirle dolor tan solo con mi mirada; comenzó a quejarse y retorcerse, y tan pronto como comenzó paré y él paró.
"Asesino..." Le dije mentalmente. "Eres la vergüenza para todos nosotros... Atacar a tus propios líderes..."
"¡No es justo!" Afirmó Sorien desde el suelo. "¡Eso es mentira!"
"Esto... está loco o me lo parece a mí." Afirmó Emmet.
"Estarrr hablando con ella." Les contó Vladimir. "Mente." Afirmó tocándose la cabeza. "Ahhh, no probarrrr, ella ¡pum!" Afirmó dándole a Edward un toque en la cabeza. "Dolorr cabeza. No rrrecomiendo."
"Mandaste a todos contra mi familia... Mandaste atacar a mis hijos..." Continué mentalmente a Sorien, gruñendo.
"¡Te lo juro!" Afirmó Sorien. "¡Yo no les mandé atacarles... Te lo juro!"
"Te lo avisé." Afirmé levantando una mano. "Te dije que si te metías con mi familia te mataría."
Entonces Sorien estalló en mil pedazos. Se acabó, le había dado una oportunidad y él la había desaprovechado. Ahora estaba muerto, ya no causaría más problemas, ni a mí ni a mis hijos ni a los nuevos líderes de mi género.
Jacob entonces vino a mi lado, pero paró cuando le lancé una mirada de aviso.
No estaba para tonterías, acababa de matar a un pariente, acababa de administrar justicia por mi propia mano.
Y lo peor era que no me arrepentía, no sentía haberlo matado, pedí a Kimpei que recogiera los trozos, ya habría tiempo de quemarlos en el refugio.
¿Sádica?
Es posible, pero en ese momento me embargaba el odio y la ira.
