El resto de la velada transcurrió rápidamente, Isis no recordaba a ver visto a su hermana Anzu tan alegre. Le gustaba Yugi Motou, era un caballero atento, alegre y de buen corazón, como su hermana, tal vez pronto, con el trato, ambos pudieran albergar un sentimiento tan fuerte como para desear casarse.

Cuando se marcharon de la fiesta la sonrisa de Anzu seguía en su rostro.

Nos veremos mañana—dijo Yugi Motou al despedirse.

Ansió nuestro paseo de mañana—agregó su hermana Sahara—También el Sr. Kaiba

Isis lo miró arqueando las cejas sin creerse aquellas palabras, pero él no dijo nada.

¿Te has divertido esta noche? —le preguntó Isis a Anzu mientras volvían a casa.

Sí, mucho. La compañía ha sido muy agradable.

Siendo la anfitriona y la mayoría de los invitados personas mayores, la satisfacción de Anzu solo podía explicarse por una persona en particular.

Me ha encantado el joven Motou mucho más—dijo su madre mirando a su marido—Esta noche no ha podido alejarse de nuestra Anzu en ningún momento. Estoy segura que pronto recibirá una visita importante en su despacho, querido mió.

Yo también me la pase deliciosamente con el joven Reginald—dijo May, su hermana menor—Ha sido encantador y me ha pedido ser su pareja en el próximo baile—grito emocionada la joven May.

Solo espero que sepas mantener el decoro ante todo hermanita —le reprocho Isis, conociendo sus fatídicas metidas de pata.

Pero como casi siempre sucedía, su madre no le dio la razón, y su hermana siguió con su perorata como si no la hubiese escuchado, sin atender sus palabras ni un poco; ojalá, pensó Isis, su hermana no les hiciera pasar ninguna vergüenza en el futuro.

CAPITULO 7

Por suerte el día amaneció cálido y despejado. Yugi llevó a May y Anzu en su coche, y Seto a Sahara e Isis.

-Ha sido una magnífica idea hacer esta pequeña excursión- comento Sahara- Mi hermano es siempre muy atento y generoso al complacerme.

-Sí, eso he podido comprobar- corroboró Isis.

Ellas continuaron charlando de todo y nada, pero Seto no se les unió a la charla mientras salían de la ciudad y tomaban el camino hacia Downs. Finalmente llegaron a un bonito lugar y Seto bajó de un salto para ayudar a las damas.

-¿Me ha perdonado?- dijo a Isis con seriedad- Me temo haber sido descortés.

-En absoluto señor- respondió- no soy una tímida ratita que se amedrente con un revés.

-No, la verdad es que no la veo así- corroboró Seto.

La expresión de sus ojos hizo que Isis dudara, parecía estar examinándola, escrutando en su interior. ¿Qué ocultaba aquella mirada?. Isis, Anzu y May se fueron a dar un paseo bajo el vista era increíble con un cielo azul radiante y a lo lejos la reluciente superficie del estanque. La señorita Sahara había insistido en quedarse atrás para ayudar a los sirvientes a disponer las bandejas y cestas de la colocaron unos cojines en la hierba seca para las damas y los caballeros se acomodaron sobre unas alfombras.

La conversación fue agradable y distendida. Todos disfrutaban de la comida bajo el sol; Isis veía a Anzu henchida de satisfacción con la compañía del caballero Yugi, por lo que ella estaba feliz también; tanto que incluso conversaba con Kaiba de manera amistosa y despreocupada. Ciertamente no le convenía hacerse muchas ilusiones , y sin embargo creía que los sentimientos de Anzu debían ser correspondidos por el Sr. Motou. No era posible que ese hombre se mostrara indiferente.

-digame señorita Isis que le parece el Royal Pavilion – dijo Seto tratando de hacer conversación.

-Me parece un edificio muy singular.

-¿Singular? Sí, realmente lo es.- aseveró Seto-Se muestra usted muy cauta en sus opiniones siempre señorita Isis.

Ella se limitó a sonreír y no morder el anzuelo con aquel comentario. Siguieron hablando hasta que acabo la comida y entonces emprendieron el camino hacia la pequeña capilla que habían acordado visitar .

-Tiene una de las tres únicas torres redondas normandas que pueden encontrarse explicó Isis mientras entraban en el cementerio. La hierba había sido segada y el olor acre se mezclaba con la fragancia de las rosas y los setos.- ¿No les parece preciosa?

-Sí, mucho- corroboró Sahara- te agradezco por la visita.

Yugi y Seto las esperaban en los coches, parecían haber estado hablando de algo serio, pero interrumpieron la conversación a su llegada.

-Ah, aquí están-dijo Yugi.- Ya estábamos a punto ir a buscarlas. Temíamos que se hubieran quedado atrapadas en la cripta.

-No la hubiéramos visto, aunque hubiera alguna- dijo Anzu sacudiendo la cabeza-. Pero me alegra saber que el Sr. Kaiba y usted, hubieran acudido a rescatarnos si hubiésemos estado en apuros.

Yugi le lanzó una mirada maliciosa, que ella ignoró. Seto ayudó a Sahara e Isis a subir al coche.

-¿Les ha gustado la iglesia?- preguntó Seto.

-Mucho. Tiene mas estilo que el Royal Pavilion- respondió Isis.

-Veo que tiene buen gusto- la alagó Seto, tratando de suavizar su expresión-. Creo que deberíamos volver. Tengo un compromiso esta noche.

Y ese fue el fin de aquél paseo. Pero no el último, porque Isis y Anzu, solían encontrarse a los caballeros en todas partes. Yugi las invitaba a pasear todas las mañanas y algunas noches se encontraban en fiestas y bailes.

Isis estaba convencida que muy pronto, podría ocurrir el feliz desenlace que esperaba entre esos dos tortolos; pensando en la felicidad de Anzu, a Isis no le importaba entonces tener que aguantar la presencia del Sr. Kaiba en las continuas salidas de su hermana y Yugi, en las que ella hiba de carabina, todo fuera por verla feliz.

-«Lady Asfordby, de Asfordby Grange, tiene el placer de invitar al señor Yugi Motou, y a sus convidados al baile».

Cómodamente arrellanado en un sillón junto a la chimenea, con una copa de brandy en una mano y la tarjeta blanca en la que figuraba la invitación de lady Asfordby en la otra, Seto Kaiba comentó con mal disimulado pesar:

-Es la gran dama de esta zona, ¿verdad?

El vizconde Motou asintió, al tiempo que le pasaba a Mokuba, el hermano menor de Kaiba; que había llegado la noche anterior, una copa de vino. En el exterior, el viento aullaba sobre el alero del tejado y sacudía las contraventanas.

Los tres habían estado cazando a caballo aquel día, pero mientras que Seto y Yugi eran consumados jinetes, Mokuba rara vez se alejaba más allá de los campos más cercanos. Lo cual explicaba por qué se veía obligado a caminar por la habitación mientras los otros dos hombres permanecían repantigados en los sillones. Mokuba se detuvo frente a la chimenea y bajó la mirada hacia su anfitrión.

-Eso le dará un toque de color a tu estancia aquí. Además -añadió, recuperando de nuevo la calma-, nunca se sabe... podrías encontrar alguna joven dama que te llamara la atención hermano.

-¿En este pueblo? -se mofó Seto-. Si no encontré nada durante la última temporada, no creo que aquí vaya a tener muchas oportunidades.

-Oh, eso nunca se sabe.

Ajeno a su propia elegancia, Yugi Motou se estiró en el diván, apoyando sus anchos hombros contra el respaldo. Su espeso pelo dorado aparecía desenfadadamente alborotado.

Interrogó a su amigo con sus inteligentes y maliciosos ojos azules.

-Pareces sorprendentemente decidido a seguir adelante. Puesto que encontrar esposa se ha convertido en algo tan importante para ti, creo que deberías mirar detrás de cada piedra. ¿Quién sabe cuál de ellas puede esconder una gema?

Seto cruzó sus ojos azules con los de su amigo. Resopló y bajó la mirada.

Estudió la invitación con aire ausente. La luz del fuego resplandecía, sobre las suaves ondulaciones de su pelo oscuro y ensombrecía sus mejillas. Frunció el ceño.

Tenía que casarse. Había reconocido para su fuero interno aquel hecho, incluso antes de que su hermano hubiese terminado sus estudios en Oxford.

-Perseverancia... eso es lo que necesitas -

Motou asintió sin mirar a nadie en particular-. No podemos permitir que se agote otra temporada sin que hayas elegido una mujer. Vas a terminar malgastando tu vida si te muestras demasiado melindroso.

-Odio tener que decirlo -comentó Mokuba-, pero Yugi tiene razón. No puedes continuar explorando el terreno durante años y años y rechazando todo lo que te ofrecen -bebió un sorbo de brandy.

La luz del entendimiento descendió sobre el angelical rostro de Mokuba.

-Oh -dijo-, en ese caso, deberían aceptar la invitación de lady Asfordby.

Seto sacudió lánguidamente la mano.

-Todavía tengo toda la temporada por delante. No necesito precipitarme.

-Sí, claro, ¿de verdad tienes toda la temporada por delante? -como Yugi y Seto lo miraron sin comprender, Mokuba explicó

-Nuestro padre te arranco la promesa del matrimonio en su lecho de muerte, pero sabes bien que en el testamento, dejo claro que "ese" matrimonio debía ocurrir antes de que se cumpliera un año de su muerte.

-Eso es verdad Seto- afirmó Yugi- por lo que sacando cuentas, tu boda tendría que tener lugar a más tardar a inicios de la temporada en Londres.

Seto deja escapar una maldición. Al ver que ciertamente el tiempo se le estaba escapando de las manos.

Resignado. Seto alzo la invitación de lady Asfordby

-Y en más de un sentido. Manda decir a lady Asfordby que nos espere Yugi.

-A mí no - Mokuba sacudió la cabeza con decisión

Seto arqueó una ceja.

-Tú también estás atrapado en medio de la tormenta.

Mokuba volvió a sacudir la cabeza con gesto obstinado. Vació su copa y la dejó en una mesa cercana.

-Yo no he hecho saber a nadie que estoy buscando esposa por la sencilla razón de que no la busco -se levantó, estirando su largo y esbelto cuerpo y sonrió-. Además, me gusta vivir peligrosamente.

Seto le devolvió la sonrisa.

-En cualquier caso, nadie se ha enterado aún de mi presencia en Grasneville, por lo que podrán omitirme de asistir a ese suplicio.

Mokuba ensanchó su sonrisa-. Y no te olvides de hacerlo. Lady Asfordby es una vieja amiga de nuestra lamentablemente fallecida tía y puede llegar a ser un auténtico dragón. Sin duda alguna, estará en la ciudad en cuanto empiece la temporada y no me gustaría tener que enfrentarme a su fuego.

Y tras despedirse de Yugi con un movimiento de cabeza, Mokuba se dirigió hacia la puerta.

Cuando la puerta se cerró detrás de su hermano, Seto fijó de nuevo la mirada en la invitación de lady Asfordby. Con un suspiro, se la metió en el bolsillo y bebió un largo trago de brandy.

-¿Entonces vas a ir? -preguntó Yugi en medio de un bostezo.

Seto asintió apesadumbrado. -Sí, vamos a ir.

Horas después, mientras Yugi se preparaba para ir a la cama y la casa parecía sumirse en el sueño, Seto permanecía frente a la chimenea con los ojos fijos en las llamas. Y todavía estaba allí cuando, una hora después, su amigo volvió a entrar en la habitación.

-¿Todavía estás aquí?

Seto se llevó el brandy a los labios. -Sí, como tú mismo puedes ver.

Yugi vaciló un instante, pero inmediatamente después cruzó hacia el aparador. -¿Reflexionando sobre las delicias del matrimonio?

Seto echó la cabeza hacia atrás y siguió con la mirada los movimientos de su amigo.

-En la inevitabilidad del matrimonio.

Yugi se hundió en un sofá y arqueó una ceja. -No tienes por qué ser tú.

Seto abrió los ojos como platos.

-Estaba pensando en Mokuba.

-Ah -Seto dejó caer la cabeza hacia atrás y miró hacia el techo-. Tengo que admitir que yo también he pensado en él. Pero no servirá.

-¿Por qué no?

-Mokuba no se casará a tiempo, aun es joven; pero sobre todo mi padre dejo muy claro que esperaba que yo lo hiciera, nadie más que yo tiene que casarce.

Yugi esbozó una mueca, pero no contestó. Al igual que Seto, era consciente del deseo de su padre de asegurar la continuación de un linaje que había ido prolongándose durante generaciones. Esa era una de las únicas preocupaciones que aguijonearon la mente de un hombre en sus últimos días, que por otra parte, ya se había preparado para morir.

-Pero no es sólo eso -admitió Seto con mirada distante-. Si quiero dirigir la casa como es debido, necesitaré una mujer que realice la misma labor que estaba haciendo Lenore, mi antigua ama de llaves, en todas las obligaciones de una distinguida esposa -sonrió con ironía-. Desde que Lenore se fue, he aprendido a apreciar sus talentos como no lo había hecho hasta ahora. Pero en este momento las riendas están en mis manos y maldito seré si no consigo que mi casa funcione como le corresponde.

Yugi sonrió.

-Tu fervor siempre ha sido sorprendente. No creo que nadie espere una transformación tan espectacular. Un solitario convertido en un responsable marido en sólo unos meses.

Jack gruñó:

-Tú también cambiarías si recayera tanta responsabilidad sobre ti. Pero ahora no es esa la cuestión. Necesito una esposa.

-A pesar de lo que pienses, yo no tengo miedo al matrimonio.

-Lo sé -Seto mostró su disgusto-. Estoy empezando a preguntarme seriamente si existe lo que estoy buscando: una mujer agradable, con gracia, encanto, eficiente y con suficiente firmeza como para llevar las riendas de una casa.

-¿Y también rubia, bien dotada y con una alegre disposición?

-Desde luego, nada de eso le vendría nada mal, teniendo en cuenta cuáles van a ser el resto de sus obligaciones.

Yugi se echó a reír.

-¿Y no hay ninguna posibilidad a la vista?

- ¡Ni una! Después de casi un año de búsqueda, puedo informarte de que ni una sola candidata me ha hecho mirarla dos veces. Son todas tan... jóvenes, dulces e inocentes... y completamente indefensas.

Lo que yo necesito es una mujer con fibra, y lo único que encuentro son auténticas lapas.

Se hizo un intenso silencio en la habitación mientras ambos consideraban sus palabras. Al ver que el fuego agonizaba, Seto alargó la mano hacia el atizador. No estaba seguro de querer sentirse tan subyugado por el amor como Yugi.

Su amigo suspiró, se levantó y se estiró.

-Es hora de acostarse. Y será mejor que tú también te acuestes. Tienes que tener buen aspecto para enfrentarte a las jóvenes damas del baile de lady Asfordby.

Con una mirada de dolorosa resignación, Seto se levantó. Mientras se acercaban al aparador para dejar sus copas, sacudió la cabeza.

-Tengo la tentación de dejar todo en manos de la suerte. Ha sido ella la que me ha proporcionado este infortunio, de modo que sería justo que ofreciera la solución al problema que ella misma ha creado.

-Ah, pero la suerte es una dama muy voluble -Yugi se volvió hacía la puerta-. ¿Estás seguro de que quieres dejar el resto de tu vida en sus manos?

Seto lo miró con expresión sombría.

-Ya estoy arriesgando el resto de mi vida. Todo este maldito asunto no dista mucho de una partida de cartas.

-Excepto que, en este caso, si no te gustan tus cartas, puedes declinar la apuesta.

-Eso es cierto, pero el problema continúa residiendo en encontrar la carta adecuada.

Mientras salían a la oscuridad del pasillo, Seto continuó:

-Y lo menos que la suerte podría hacer por mí, es localizarla y ponerla en mi camino.

Yugi lo miró divertido.

-¿Estás tentando al destino, amigo?

-Estoy desafiándolo -replicó Seto.