Capitulo Seis: El Armario Evanescente

Cuando Harry pudo escaparse de los dormitorios de Gryffindor, Draco no le esperaba en la Cámara de la Sabiduría ni en la sala común de Slytherin. De hecho, Draco simplemente no esperaba que apareciera.

"No debiste ver eso," murmuró el rubio cuando la puerta de su dormitorio se abrió y cerró por sí sola, como si nadie hubiese entrado. Estaba recostado en su cama con el torso desnudo, su rostro en la almohada.

"Eso es seguro," respondió Harry al dejar caer la capa de invisibilidad al suelo. " ¿De que iban exactamente?"

" Snape y yo tuvimos una discusión. Eso es todo."

Harry suspiró y le dio un toque a Draco con su codo para que este se hiciera a un lado y así poder deslizarse a su lado sobre la cama. "Snape habló abiertamente sobre una promesa inquebrantable y sobre protegerte en la misma frase. Ese comportamiento no es normal en Snape. Aunque," la voz de Harry adquirió un tono pensativo, " nada que ese hombre haga podría ser denominado como normal."

Draco bufó contra la almohada.

Ante el silencio que se extendía entre ellos, Harry volvió a suspirar. "Caribdis, dime que es lo que pasa."

"No puedo."

Las palabras fueron amortiguadas por la almohada, pero Harry las escucho de igual manera. " ¿Y porque no?"

"Tampoco te puedo decir eso."

"Ya son muchas las cosas que no puedes decirme hoy." Los dedos de Harry comenzaron a vagar lentamente sobre la espalda desnuda del rubio, y Draco hizo por empujarlas con un gesto desganado. En lugar de sentirse rechazado, Harry tomo su mano y la entrelazo con la propia para luego llevarla hacia sus labios.

Draco se estremeció cuando Harry acaricio sus dedos uno por uno, para luego dejar un beso en la palma de su mano. "Harry-"

" ¿Qué?"

"Esperas que yo te responda. No lo hagas."

"Muy bien."

Hubo más silencio mientras Harry se creaba su propio camino hacia el ante brazo de Draco a modo de caricias, pasando y después regresando a la marca que se mostraba azabache contra piel nívea. Draco tembló al sentir la lengua de Harry trazar el diseño de la serpiente.

Con lentitud, Harry volvió a Draco hasta que este recostó la espalda en la cama y le observo. El débil hormigueo que sentía cuando sus ojos cambiaban lo sintió solo un poco en sus parpados. Contuvo la furiosa exclamación que palpitaba por salir de sus labios ante lo que vio.

Recordaba el lazo mágico de color gris que había visto rodeando la garganta de Draco, pero no se había percatado de los otros lazos mágicos que se adherían a la piel del rubio. Comenzando en la marca tenebrosa, ataduras oscuras recorrían a Draco, variando del negro al gris pálido a medida que se alejaban de la fuente mágica.

Piel nívea, quebrada por ataduras mágicas que mantenían a Draco más cerca del Señor Oscuro de lo que jamás lo estuvo de Harry.

Los ojos de Draco se entrecerraron ante la mirada de Harry. Se había acostumbrado recién a la forma aviaria de sus ojos, pero la expresión en su mirada era nueva para el rubio.

" ¿Que es lo que ves?" murmuró.

Uno de los dedos de Harry comenzó a trazar una línea invisible sobre el pecho de Draco. "Veo las ataduras mágicas de Voldemort sobre ti. Cuando dices que no puedo decirme algo… en verdad no puedes, ¿cierto?"

Draco asintió. Celos – eso expresaba la mirada de Harry. Resultaba extraño en los rasgos de Harry.

" ¿Me puedes mostrar?"

Draco lo pensó por un momento. Si, de hecho creía que podría. No se le había dicho nada sobre mostrarle el armario a otro seguidor del Señor Oscuro, solo una clara orden de no poder decirle nada a nadie. Asintió con la cabeza y solo atino a parpadear un par de veces cuando una camisa fue lanzada contra su rostro.

"Entonces vístete. Quiero saber que ocurre."


La habitación estaba tan desordenada como siempre cuando Draco abrió la puerta de la sala de menesteres. Harry entró después de él, viendo con asombro el desorden a su alrededor.

"¿Que es este lugar?"

"No lo sé," dijó, encogiendo los hombros. " Un almacén para trastos inútiles, ¿tal vez?"

"Y ¿que es lo que haces aquí?"

En silencio, Draco dirigió a Harry atreves del caos y apuntó hacia un objeto cubierto por algún tipo de tela hacia el final de la habitación. Siguiendo esa dirección, Harry caminó hacia la silueta y haló de la tela. Parpadeó, sorprendido.

"He visto esto antes."

" ¿Qué?"

" Este armario. Lo he visto antes. . . aunque me pregunto porque alguien en Hogwarts lo compraría. No es tuyo, o si?"

"No. Hasta donde sé, pertenece a Hogwarts. Su gemelo aun esta en Borgin and Burkes."

" ¿Están conectados? ¿Alguien podría entrar en el que está en Knockturn Alley y entrar a Hogwarts atravez de este?"

Draco no contestó. Harry asumió estar en lo correcto.

" ¿Como es que Voldemort no los ha utilizado ya?"

"Este está roto."

" Y el quiere que tu lo hagas funcionar." Harry se adentró a medias en el armario, "No veo nada que este aparentemente roto. ¿Sabes porque no funciona como debería?"

Draco negó con la cabeza. "No, por eso me está tomando tanto tiempo. Son puras jodidas pruebas y eliminación."

Los ojos de Harry se entrecerraron, dándole un aire pensativo al salir de armario y cerrar la puerta. "Y ¿porque Snape esta tan alterado? No parece ser una proyecto tan peligroso."

"El precio a pagar es muy alto si llego a fallar." Harry frunció el ceño ante el vano esfuerzo de Draco por sonreír.

"Dudo que puedas hablar de eso."

Draco negó con la cabeza.

"Y supongo que tampoco puedes pedir ayuda."

Draco asintió.

"Muy bien. Nos aseguraremos de que tengas todo el tiempo necesario para terminar."


La oscuridad en el Bosque Prohibido era reconfortante para Harry mientras caminaba fácilmente por senderos invisibles. Cubrir a Draco sería muy simple – tan solo continuaría igual de obsesionado en "averiguar lo que Malfoy se traía entre manos" delante de Ron y Hermione. Cuan más estuviese obsesionado, mas se convencerían ellos dos de que estaba exagerando.

Pero, era solo un pequeño problema para añadir a su lista.

El fuerte sonido de cascos golpeando la tierra provocó una sonrisa en los labios de Harry al ver aparecer a Magorian atravez de la vegetación del bosque.

" ¿Algo anda mal, mi Lord?"

" No estoy seguro," Harry se apoyó contra un árbol y levantó el rostro hacia las estrellas que se podían ver atreves de las copas de los arboles. "Pero hay algo que quiero preguntarte."

" ¿De que se trata, mi Lord?"

"Cuando alguien ha sido expulsado de la manada, ¿qué se debe hacer para que pueda regresar?"

" ¿Habla de Firenze?"

"Si."

La mirada de Magorian también se viró hacia arriba, y pensó su respuesta por un momento. " Para alguien que ha sido expulsado no hay regreso. Recibir el exilio es haber cometido un crimen para el cual no hay perdón. Pero, Firenze fue expulsado porque se asociaba demasiado con los humanos; especialmente con usted, mi Lord. Tal vez el sabia más que nosotros, veía más de lo que nosotros podíamos,y sabia cuán grande llegaría a ser usted. Tal vez las estrellas le mostraban el futuro que escondieron para nosotros hasta que llego usted y nos extendio su mano – recordando cuanto Firenze le ayudó a usted en el pasado, creo que así fue."

Harry asintió. Había sido Firenze quien le había mostrado el valor en la compañía de los centauros. En alguna sentido, Firenze le había motivado a extender su brazo hacia la manada de centauros.

"Si él llegara a convertirse en una Furia, lo aceptaríamos de nuevo entre nosotros, mi Lord."

Harry asintió. "Bien. No quisiera dejarlo atrás cuando la guerra comience."

"La guerra viene," afirmó Magorian. "Marte aparece aletargado en el horizonte."