Estaban echados sobre la hierba, contemplando las estrellas. La cena había terminado hacía apenas 15 minutos, y los mayores estaban resolviendo varios asuntos, por lo que decidieron salir al jardín a disfrutar de aquella bella noche.
- Qué bien se está aquí, cómo se nota que es verano –comentó Anna, sonriente, contemplando el cielo.
- La verdad es que sí –contestó Hana, distraído. Sus padres le habían dicho que hablarían con él cuando finiquitaran sus asuntos, y a medida que pasaba el tiempo, se ponía más nervioso.
- Deja ya de preocuparte, no merece la pena –dijo la rubia, adivinando sus pensamientos-. Esta noche se aclarará todo, y por fin podrás tomar una determinación sobre ellos.
- Ya lo sé, pero…
- ¡Maldita sea! –gritó Anna de repente, incorporándose, quedando sentada con los brazos apoyados en el césped-. ¡Déjalo ya! Y yo que creía que con el beso te había relajado un poco…
- ¿Qué? –preguntó Hana, sonrojándose al recordar el beso que le había dado la rubia en el pasillo, antes de irse a descansar. Se odió a sí mismo por no haberle prestado atención en ese momento.
- ¿Lo dije en voz alta? –contestó Anna, desviando la vista, notablemente sonrojada.
Se quedaron en silencio, un silencio bastante incómodo, ya que ninguno sabía qué decir.
- ¡Por fin te encontramos, hijo! –exclamó Yoh Asakura, encaminándose hacia ellos al lado de su esposa-. Hemos estado buscándote por todas partes.
- Te estaré esperando en mi habitación, así que más te vale que luego vayas y me lo cuentes –susurró Anna, levantándose, y añadió, en voz más alta-. Yo me voy a dormir ya, estoy muy cansada. Buenas noches Yoh, buenas noches Anna –y, volviéndose hacia el rubio, con una sonrisa y guiñando un ojo-: Buenas noches, prometido.
Hana la contempló mientras se iba, un poco sonrojado.
- Bueno, de qué querías hablar –rompió el silencio Anna, con la voz y el rostro tan fríos como siempre.
- Sí, la verdad es que hemos estado intrigados todo el día –añadió Yoh, sonriendo, quitando dureza a las palabras de la itako.
Hana volvió a la realidad. Casi se le había olvidado el motivo por el que estaba en el jardín, a solas con sus padres. Se había centrado tanto en el comentario de su prometida, que se le había quitado el nerviosismo. Lo ha hecho a posta, pensó, dibujando una sonrisa en su rostro.
- Ya os lo tendríais que imaginar –respondió el rubio, transformando su sonrisa en una sarcástica-. Me gustaría saber por qué me abandonasteis cuando no era más que un bebé, por qué solamente me habéis ido a ver una mísera vez a lo largo de mi vida y por qué, si tanto se supone que me queréis, no me habéis llevado con vosotros alrededor del mundo.
- Directo al grano, sin duda es tu hijo, Anna, jijiji –dijo Yoh, impresionado por la rapidez de su hijo.
- El Shaman King nos encomendó la misión de solucionar los problemas que hubiera en el mundo, solamente pudimos ir a verte esa vez porque teníamos un período de tiempo libre, y porque queremos que tengas un futuro en condiciones como heredero de la familia Asakura –contesto Anna, de carrerilla, dejando boquiabiertos a su marido y a su hijo -. ¿Algo más?
- No sé por qué me esperaba que me contestarais sinceramente, en fin, estáis hablando conmigo porque tenéis que hacerlo, si no ni siquiera me habríais dirigido la palabra –comenzó a decir Hana, levantándose-. Soy una carga para vosotros, así que…
No lo había visto venir. ¿Su madre le había dado un bofetón en la cara con su mano izquierda? Se llevó una mano a su mejilla dolorida.
- ¡Anna! –se sobresaltó Yoh, que tampoco lo había visto venir.
- ¡No vuelvas a decir que eres una carga para nosotros! –gritó Anna, furiosa-. Dejarte en la pensión fue lo más duro que hemos hecho nunca, y si solo te hemos visitado una vez, ¡mírame! –llamó la atención de su hijo, que había desviado la mirada de sus ojos. Volvió a repetir lo último-: Si solo te hemos visitado una vez, fue porque casi me muero por dejarte otra vez allí, después de prácticamente conocerte y de ver cómo te parecías tanto a mí, aunque también tenías cosas de tu padre. No habría podido volver a despedirme de ti si hubiéramos vuelto a verte, aunque tu padre me ofreció que me quedara contigo, pero lo rechacé, porque mi deber es estar al lado de mi esposo, y en su momento acepté la misión del Shaman King junto a tu padre. Y si no te llevamos con nosotros, es porque queremos que tengas un futuro mejor que el nuestro, no porque no te queramos o porque seas una carga para nosotros –finalizó la itako, cruzándose de brazos y desviando la mirada.
- Sé que has sufrido y que ha sido duro para ti hijo –dijo Yoh, ahora completamente serio-, pero para nosotros también lo ha sido. Siempre hemos estado pendientes de ti aunque no lo supieras.
Hana escuchó las palabras de su padre mirando al suelo. Aunque no la viera, podía saber que su madre estaba tratando por todos los medios de no llorar. Sabía que las palabras de sus padres eran ciertas, aunque se negara a creerlas. De repente se notó aliviado. Sintió cómo se le quitaba un gran peso de encima. A fin de cuentas, le querían, y no era una carga para ellos.
- ¿Puedo haceros una pregunta más? –preguntó el rubio, haciendo que su madre se volviera hacia él, sorprendida. Ante la reacción de la itako, aclaró-: Me lo creo, creo que me queréis y que no soy una carga para vosotros, así que no volveré a tocar el tema. Pero es que tengo una duda muy grande…
- ¿Cuál? –preguntó Yoh, curioso.
-¡¿Por qué demonios habéis hablado con Anna de todo esto antes que conmigo? –gritó, furioso, pensando en cómo su prometida los había defendido y le había asegurado que le explicarían lo que quisiera saber.
- Pe-pero… yo no… -comenzó el castaño.
- Me inspiró confianza –contestó Anna, encogiéndose de hombros-. Al principio no me cayó bien, pero luego, a medida que fue avanzando nuestra conversación, me di cuenta de que es una bellísima persona, con un gran corazón e incapaz de juzgar a nadie. Supongo que por eso sentí la necesidad de desahogarme con ella. Te lo ha dicho ella, ¿verdad?
- No, pero me lo supuse por cómo os defendía –respondió el rubio, cruzándose de brazos-. Es molesta hasta para eso.
- No creo que sea tan molesta cuando te presentas ante nosotros con ella, cogidos de la mano, jijiji –dijo Yoh.
- E-eso fue… -comenzó Hana, notablemente sonrojado.
- Que sea molesta es bueno –lo interrumpió la itako, con una sonrisa. Se dio la vuelta y se encaminó hacia la puerta de la casa, no sin antes añadir-: Tu padre también era molesto, ¿sabes? –y, antes de que el rubio pudiera contestarle algo, dijo-: Buenas noches, hijo.
- Sí, será mejor ir a descansar, ya es tarde. Buenas noches, hijo –dijo su padre, siguiendo a su esposa.
Se quedó allí un momento, pensando. Analizó detenidamente la conversación y sonrió. Ya lo tenía todo claro.
Se dirigió tranquilamente hacia su dormitorio. Cuando iba a abrir la puerta de éste, vio luz en la habitación de su prometida, y entonces lo recordó: Te estaré esperando en mi habitación, así que más te vale que luego vayas y me lo cuentes.
Llamó a su puerta. Solo lo hacía porque no quería discutir al día siguiente con ella.
- Adelante –contestó la rubia al otro lado de la habitación.
Entró en la habitación. Se encontró a su prometida sentada, con las piernas cruzadas, en su futón, dejando a un lado el libro que probablemente estaba leyendo.
- ¿Cómo fue? –preguntó ella con una sonrisa, invitándole con un gesto a que se sentara en el futón, enfrente de ella-. ¿A que ya lo tienes todo más claro?
- Ya sabías lo que iba a pasar, ¿verdad? –dijo, molesto, sentándose frente a ella.
- Me lo imaginé –respondió la rubia y, mirando a Hana a los ojos añadió-: Me alegro de que por fin hayas aclarado todas tus dudas.
Él desvió la mirada, ligeramente sonrojado.
- ¡Ah, es verdad! –se sobresaltó Anna, levantándose rápidamente del futón y dirigiéndose hacia su maleta.
- ¿Qué buscas? –preguntó el rubio, acercándose para ver qué buscaba su prometida.
- ¡Aquí está! –dijo Anna y, volviéndose hacia su prometido, añadió-: Toma, siempre te olvidas la espada sagrada de tu familia por ahí. ¿Y si algún día la necesitas?
Hana cogió el objeto distraído, ya que se había fijado por primera vez en cómo iba su prometida. Ya tenía puesto el pijama, formado por unos shorts y un top azules. El top le dejaba el ombligo al aire, y marcaba la figura de la joven, al igual que los shorts.
- ¿Estás bien? De repente te has puesto rojo. No tendrás fiebre, ¿verdad? –preguntó la rubia, preocupada.
- ¿Qué? –preguntó Hana, saliendo de sus pensamientos-. ¡No, estoy bien! ¡Gracias por la espada! ¡Buenas noches! –y salió disparado de la habitación, dejando a Anna sorprendida.
La rubia sonrió. Había notado perfectamente como su prometido la miraba de arriba abajo.
- Vaya, no eres tan tonto como pareces, Asakura –dijo para sí, acostándose en su futón y apagando la luz. El día siguiente sería muy duro, ya que tendría que ayudar a preparar la fiesta del anuncio del compromiso.
Como siempre muchas gracias a los que leéis mi fic, en especial a Hayley. Asakura, Anneik, Meril Inugami y Sienna Kyle.
Espero que os guste el capítulo y no os decepcione! :)
