Perdóooooooooooon, se que dije que actualizaría rápido pero.... es que creí que ya había subido este capi!!!! En serio, creía que ya estaba colgado desde hace dos semanas, y llego hoy para actualizar y me doy cuenta de qué no estaba!!!!! Perdón, perdón!!! Si es que un día de estos se me va a olvidar la cabeza!!!

En fin, aquí lo tenéis - finalmente - y espero que os guste. Gracias por leer!!!!!Capítulo 6

Sasuke abrió un ojo y gimió cuando la luz del sol le entró directamente en él. Dándose la vuelta, bostezó y buscó el cuerpo cálido que estaba junto a él. Sonrió al ver como Naruto dormía profundamente, con sus piernas aún entrelazadas con las suyas y usando su brazo como almohada. Le acarició el cabello y sonrió aún más ampliamente. Naruto se despertó poco a poco y sonrió al verle, buscando sus labios para un beso.

- Buenos días – dijo.

- Buenos días – el rubio se levantó para ponerse en pie, y un dolor le atravesó la columna – Grr, baka!! Por tu culpa no podré ni andar.

- Ya, dobe, como que tú no lo disfrutaste tanto como yo. – se burló el moreno.

- Hn.

Y con ese comentario neutro, y sacándole la lengua infantilmente, Naruto se adentró en el baño, acompañado de las risas de Sasuke. Este se quedó en la cama, mirando la puerta con una sonrisa soñadora. Recordaba la noche anterior con todo lujo de detalles, y había sido la más magnífica que podía recordar. Naruto era un amante excepcional, y ambos habían disfrutado lo indecible.

Y le había dicho que le amaba. Sasuke aún no podía creer que el rubio le amase, sabiendo lo que sabía de él y su familia. Y aún así no había podido responderle nada, las palabras se habían negado a salir de su boca. Solo había podido besarle con toda la ternura y el afecto del que era capaz. Y no era que no le amara, porque si de algo estaba seguro era de que quería al rubio, mucho más de lo que había querido a nadie. Pero las palabras se negaban a salir. Un día se lo diría, se prometió el moreno, pero hasta entonces… se lo demostraría. Y con una sonrisilla lúbrica, se adentró en el baño donde se oía el agua correr.

Naruto dejaba que el agua tibia cayese por sus hombros llevándose los restos de una noche de desenfreno. Se relajó y cerró los ojos con la cara hacia arriba, dejando que el agua cayese directamente sobre ella. Con el agua en sus oídos no oyó como la mampara se abría. Lo que sí que notó fueron dos manos acariciando las suyas suavemente.

- Oi, baka, otra vez no. Si no, no podré ni levantarme. – refunfuñó poco convencido mientras Sasuke daba besitos por sus omóplatos y su columna.

- Tranquilo, no te dolerá, te lo prometo.

Con aquella voz cargada de promesas y de ternura quien se iba a resistir. Sasuke estaba siendo delicado y atento, iba muy lento, y Naruto no pudo hacer otra cosa que derretirse en sus brazos, dejando que hiciese lo que quisiera con su cuerpo. El moreno no despegó sus manos de las del rubio, posó ambas sobre la pared, dejando sus cuerpos bajo el chorro del agua. Y se pegó completamente al rubio, que sintió de inmediato su erección contra sus nalgas.

El sexo fue tranquilo, relajado, juguetón. Sin el ardor ni la prisa de la primera vez, sin el activo de la noche. Tenían todo el tiempo del mundo y se tomaron su tiempo para ello. Allí, bajo el agua, estuvieron hasta que se quedaron arrugados y salieron en un estado de relajación que les arrancaba sonrisas de las caras.

Se sentaron a desayunar, ambos ya vestidos, entre risas y bromas, nada podía estropear su buen humor. Y cuando estaban por acabar, sonó el móvil de Sasuke. Lo miraron como si fuese un alien, y es que estaban tan metidos en su propia burbuja que no recordaban que fuera de aquellas puertas había un mundo que seguía girando. Sasuke lo cogió

- Sí?

- Sasuke? Soy Itachi.

- Qué pasa?

- Han intentado atacar a Deidara, pero les tendimos una trampa. Necesitamos que vengas de inmediato a la mansión.

- Bien, estaré allí lo más rápido posible – colgó y se volvió a Naruto, que había oído todo – Parece que nos reclama el mundo real.

- Sí – rió el otro.

- Lo siento, pero esta vez si que me tengo que ir rápido.

- No te preocupes, no estoy lejos de casa. Cojo un bus y estoy allí en cuarto de hora.

- Bien, bueno, de verdad lo siento.

- No lo hagas. Ten cuidado

- Y tú.

Sasuke se terminó de calzar y tras dar un beso a Naruto salió con las llaves en mano y paso apresurado. El rubio sonrió y recogió un poco la casa; sabía que el moreno tenía una asistenta que venía algunos días a la semana, pero la casa estaba hecha un asco. Cuando más o menos estaba pasable, organizó sus cosas, se calzó y salió con una enorme sonrisa.

Cogió el autobús sin darse cuenta de que un par de coches negros seguían el recorrido exacto, siempre a una distancia prudente. Salió del autobús, sumido en sus pensamientos y cogió el camino a su casa, que distaba unos cinco minutos de allí. Su mayor error fue el estar desprevenido.

Un disparo resonó en la avenida.

Naruto sintió como si mil cuchillas le atravesaran de parte a parte, su bolsa cayó al suelo y él se tuvo que apoyar en una de las farolas para evitar derrumbarse de la misma forma. Ocho hombres de negro se acercaron rápidamente, y Naruto supo que tenía una única oportunidad si no quería que se lo llevasen allí mismo.

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Minato estaba tomando un café cuando oyó un golpe en la puerta. Extrañado al ver que no llamaban al timbre, se levantó, dejando su periódico, y se dirigió a abrir. Grande fue su sorpresa cuando, como un saco de arena, su hijo cayó en sus brazos medio inconsciente. Le cogió con rapidez y le llevó en volandas al salón, llamando a su padre a gritos.

Este no tardó en bajar y al ver a su querido nieto ensangrentado, inconsciente y con la respiración débil, se dirigió a todo correr hacia el botiquín que tenían. Gracias a Dios que Naruto de pequeño era propenso a todo tipo de accidentes y que por lo tanto siempre habían tenido en casa una gran reserva de medicinas, vendas y demás. Mientras el anciano se ocupaba de desvestir con premura al rubio y comenzaba a curarle como podía, el padre cogió el móvil de su hijo del pantalón y buscó un nombre específico.

- Uchiha – dijo con una voz más fría que el hielo – Tienes alguna explicación de porqué mi hijo ha llegado a casa inconsciente y con heridas de bala??

- CÓMO???!!!!

El rugido de Sasuke fue tan fuerte que hasta Jiraiya se sobresaltó. Miró a su hijo, que cerraba el teléfono con una expresión en los ojos que hacía decirse a su padre que no le gustaría estar en el pellejo de aquel joven. Tampoco es que hubiese sido culpa suya, no creía que pudiese haberle hecho eso a Naruto, cuando parecía que ambos atravesaban su mejor momento.

- No deberías haber asustado así al pobre chico.

- Que se fastidie!! Lo menos es que pase algo del susto que nosotros hemos pasado!

- Eres de lo que no hay – suspiró el mayor.

Entre ambos, acabaron de vendar a Naruto, y el mayor observó con satisfacción como su respiración se regularizaba. Le había extraído la bala y le había cosido todos los cortes. Estaba limpio de sangre y habían puesto pomada en los golpes, para que los hematomas no fuesen tan grandes. Tal vez no era médico, pero había sido soldado mercenario, y había aprendido a cuidar de sí mismo y de los suyos.

Ante su asombro, llamaron a la puerta; y Minato frunció el ceño mientras miraba por la ventana. Una ceja se alzó al ver un montón de hombres vestidos de negro con gafas que esperaban junto a un montón de coches con el mismo escudo pintado. Se dirigió a la puerta y la abrió, quedando en el quicio con aspecto intimidante.

… aunque tal vez no demasiado intimidante, un jovenzuelo que debía de ser Sasuke le pasó corriendo y se dirigió a toda prisa al salón, donde examinó a su novio ante la mirada divertida del abuelo de este. Después le abrazó, dejando claro para todos lo asustado que había estado. La atención del padre del herido volvió hacia el otro hombre en la puerta que le miraba como si fuese un fantasma.

- … Minato???

- Fugaku Uchiha – dijo él a guisa de saludo – Hacía mucho que no nos veíamos.

- Kami-sama, viejo amigo, eres tú!!!

Y ante el asombro de todos los presentes, el yakuza del clan Uchiha, hombre frío por excelencia, abrazó riendo al padre del novio de su hijo menor. Este sonrió por fin y le abrazó a su vez. Jiraiya se acercó y dijo burlón:

- Así que eres tú, renacuajo.

- Jiraiya-sama.

- Menos sama y más explicaciones, jovenzuelo, si no estáis muertos en este instante es por la única razón por la que tu hijo está saliendo con mi nieto.

- Papá!! – exclamó Minato, haciendo reír al viejo.

- Tenemos que hablar, es algo muy serio, y me temo que tu casa ya no es segura, viejo amigo – dijo Fugaku poniéndose serio de inmediato – Venid a la mansión del clan, estaréis más protegidos allí.

- Bueno, supongo que haremos las maletas.

Sasuke les miró suspicazmente, pero decidió que las explicaciones podían esperar. Cogió a Naruto en sus brazos y se metió en la limusina, esperando a que la familia del rubio estuviese lista. No podía evitar pensar que todo aquello había sido por su culpa; si hubiese llevado a Naruto aquella mañana a su casa, nada habría pasado. Mataría a quién hubiese hecho eso, lo juraba por todo lo que le era sagrado.

Poco después, no pudo evitar que una sonrisa divertida se le escapara al ver como los hombres sacaban todo lo más valioso de la casa y lo iban metiendo en los coches; el abuelo de Naruto estaba echándole una bronca monumental a uno de los hombres más jóvenes por haberse atrevido a decir que sus pósters del playboy podían dejarlos en la casa. Ofendido por aquella falta de respeto a sus musas, el anciano – solo de edad, porque de otra cosa… - le estaba echando la regañina de su vida mientras a su espalda su hijo alzaba los ojos al cielo y Fugaku ocultaba una risita.

Los tres subieron por fin y mientras Fugaku se sentaba junto a su hijo, la familia de Naruto lo hacía frente a ellos. Los coches comenzaron a desfilar, alejándose de aquel lugar que ya no podía ser seguro para ellos. Poco a poco lo dejaron atrás, y Sasuke clavó los ojos en Minato y en su padre.

- Vais a tener que explicarnos un par de cosas.

- Cuando lleguemos, hijo – repuso su padre, y luego, como si se le hubiese ocurrido de repente se dirigió a su amigo – Cómo sabías como llamarnos?

- Obvio! Mi hijo me contó que salía con Sasuke hace tiempo.

- Sabías que tu hijo salía con el mío y ni siquiera me llamaste!!

- Para qué? Habría arruinado nuestra cubierta y lo sabes…

- Aunque ya esté arruinada – añadió Jiraiya.

- Eso es cierto.

- Cubierta? De qué estáis hablando?

- En casa, hijo, ya estamos llegando.

Evidentemente, las puertas de la mansión ya se abrían para ellos; los coches se adentraron y comenzaron a salir. Los hombres se encargaron de distribuir las pertenencias de los dos hombres en dos cuartos, y Sasuke ordenó que las de Naruto las pusiesen en su cuarto, y luego subió con el rubio en brazos, acompañado de su abuelo.

- Pero qué desfachatez!! Delante de su padre y de su anciano abuelo y me dices que le vas a instalar en tu cuarto!!!

- Allí estará más tranquilo – dijo Sasuke por toda respuesta.

Pero el anciano no paró de hacerle recriminaciones y preguntas de lo más indiscretas sobre la relación que tenían él y el rubio. El Uchiha se preguntó como diablos podía Naruto vivir con aquel pervertido. Y pensar que quería usarlos como inspiración para una novela yaoi!

Cuando dejó a Naruto sobre la cama, y vio que estaba dormido, le besó levemente en los labios y bajó al salón donde se encontró con todo el mundo reunido: su padre, el padre y el abuelo de Naruto, su hermano, Deidara y su tía Tsunade. Se sentó y miró sin decir palabra a su padre, esperando que empezase a hablar. Ante su asombro fue su tía la que empezó.

- Supongo que somos nosotros los que debemos empezar la historia, no viejo pervertido?

- Eso supongo, vieja borracha – los jóvenes les miraron atónitos – Bien, como habréis adivinado, nosotros dos somos viejos conocidos.

- Estuvimos juntos en los mercenarios, nos entrenaron juntos para el combate.

- Ah, sí, las fuerzas especiales, qué tiempos aquellos.

- Pero no era lo nuestro.

- Para nada, así que tomamos la tangente y nos metimos en una organización: Black Lagoon. Recorrimos el mundo prestando ayuda al que más pagaba.

- Estuvimos en todas partes: Corea, Vietnam, el Golfo, África… y luego decidimos que ya estaba bien de aquella vida errante. Decidimos volver aquí, yo tenía a mi hermana y él quería volver a su tierra natal.

- Poco a poco fuimos creando nuestra propia familia, y decidimos que nuestros hijos serían amigos. Así pues, Minato y Fugaku se conocieron en preescolar; pronto se hicieron inseparables, e hicieron juntos primaria, secundaria y bachillerato.

- En algún momento se les unieron los gemelos Hyuuga y el joven Orochimaru. Eran un quinteto de infierno, las peores trastadas que os podáis imaginar, ellos las hacían… y eran inseparables.

- Hasta que crecieron. Fugaku y los gemelos Hyuuga comenzaron a hacerse cargo de algunas de las empresas familiares, y Minato comenzó a trabajar para una compañía importante. Orochimaru se dedicó a la investigación y los cinco perdieron un poco el contacto, aunque seguían siendo tan amigos como antes.

- Hasta que Orochimaru nos traicionó – dijo Fugaku con rabia – se obsesionó con superarnos a todos, quería el tipo de poder que teníamos.

- Y quería el Kyuubi – añadió Minato – no sé cómo lo descubrió, pero comenzó a insistirme en que se lo enseñase. Le dije claramente que era imposible, pero él seguía insistiendo; fue alimentando su rabia y su envidia hasta que un día… explotó.

- Desde hace tiempo tenía las vistas puestas en la novia de Minato, en la que sería madre de Naruto. Era una mujer preciosa, y encantadora, todos creímos que se le pasaría y que respetaría su relación. No lo hizo; un día la agredió, intentó violarla, y por suerte, el hermano de Hiashi llegó a donde estaban y lo evitó. Le dijimos que no queríamos saber nada más de él, y Orochimaru solo dijo que se vengaría y desapareció de la noche a la mañana.

- Años más tarde volvería, Fugaku ya os había tenido a los dos y Neji también había nacido. Consiguió secuestrar a Nadeshiko, y los gemelos fueron tras él; cuando llegamos ya era muy tarde…

- Había matado al padre de Neji, y Nadeshiko estaba malherida, una lesión de la que nunca se recuperaría y que le costaría la vida cuando nació Naruto.

- Le perseguimos por todo el país, pero al parecer había desaparecido. Así que decidimos que lo más seguro sería esconderme – siguió Minato – fingimos un accidente de coche los tres y nos ocultamos tras una nueva identidad. Hiashi y Fugaku solo sabían que seguía con vida, nada más. Yo cree una empresa y mi padre se dedicó a escribir, algo que siempre había querido; y todo siguió igual, hasta que Naruto vino un día y me soltó que salía con un Uchiha.

- No le dijimos nada, para que no se alarmase, pero justo esta mañana a llegado a casa malherido y nos dijimos que ya era hora de volver a la luz.

- Así que al final todo está conectado – dijo Itachi

- Así es, Orochimaru ha vuelto, y con ganas de acabar con todos nosotros, como no pudo hacer la última vez.

- Es él quién atacó a Naruto?

- Eso suponemos – contestó Sasuke – ya ha atacado varias veces. A mí, a Neji, y a personas cercanas a nosotros. Naru era el siguiente objetivo.

- Y el crío decidió que volver solo a casa no era una gran cosa.

- … fue culpa mía – susurró el menor de los Uchihas – Me habían llamado y tenía que venir de inmediato. Debí de haberlo llevado a casa…

- Las cosas pasan, enano – le cortó Jiraiya – no te culpes por algo que ha sido simplemente culpa de otro.

- Grr, ese Orochimaru. Esta vez voy a acabar con él de una vez y para siempre. Si quería el Kyubi, lo va a ver en primera persona.