Aclaraciones:
- Los pensamientos estarán escritos entre comillas ("") y en cursiva.
- La historia cambiará a partir de ahora a una redacción en tercera persona para fines de la propia historia y descripción.
- Más adelante la historia contendrá escena subidas de tono o lime y por supuesto lemon.
- Está prohibido tomar mi fanfic sin mi permiso.
Disclamer: Los personajes no son míos, pertenecen a Masashi Kishimoto.
Snow Spirits
"Empezó a caer una nieve menuda, y de repente cayeron grandes copos. Aullaba el viento; había empezado la tormenta. En un instante, el cielo se juntó con el mar de nieve. Todo desapareció".
Aleksandr Pushkin.
Capítulo 6: Los brazos de Morfeo
Despertó de su viaje forzoso a la inconsciencia con un fuerte dolor de cabeza que la mantuvo mareada durante un par de minutos. Recordaba con perfecta exactitud que si bien, su misterioso inquilino no la había enviado directo al suelo, había sido el propulsor con su invasión al espacio personal y no estaba demasiado contenta con eso.
— Esta es la segunda vez, maldición. — gruñó molesta.
No dudaba que Sasuke hubiera tenido algo que ver con el golpe que se había dado la noche en que un rayo de luz cayó directo del cielo y perdió la conciencia. Fuera lo que fuera ese hombre, parecía ser un imán para los desastres dirigidos hacia ella y no estaba dispuesta a seguir coleccionado chipotes en la parte posterior de su cabeza.
— Tropezaste. — escuchó la grave y sensual voz del intruso.
— Eso es evidente. — le gruñó en respuesta. — La pregunta del millón es, ¿de quién demonios fue culpa que pasara eso?
— Tu torpeza. — respondió con simpleza.
— ¿Mi torpeza?
— Hmph.
Lo miró incrédula tratando de asimilar sus palabras. ¿De verdad el maldito seductor le estaba echando la culpa a ella? No dudaba que en otras circunstancias y si no recordara lo sucedido, podría creerse fácilmente que su torpeza había hecho que tropezara pero las cosas no eran así.
— Claro, mi culpa. — suspiró poco dispuesta a discutir con el hombre. — ¿Me perdí de algo mientras estaba fuera de combate? — preguntó curiosa.
— Nada. — respondió con simpleza.
Sakura no le creyó. Todo se encontraba demasiado silencioso y brillante a su alrededor. ¿Qué hora era? Recordaba que Naruto había llevado la ropa para su inquilino por la tarde y que por algún extraño efecto del inclemente clima, su baño se había convertido en una cueva helada con filosos y puntiagudos cristales saliendo del techo y las paredes. Después de eso, el acoso del sujeto y el viaje a la inconsciencia. ¿Sería posible que hubiera estado fuera de combate durante toda la noche?
— ¿Qué hora es? — preguntó confundida.
— ¿Hora?
— Sí, ¿qué hora es? — volvió a preguntar comenzando a perder la paciencia. — Revisa el reloj.
Parpadeó un par de veces para terminar de acostumbrarse a la luz y evadir el dolor de cabeza que comenzaba a darle, esperando escuchar el movimiento de Sasuke o su respuesta a la pregunta. Respuesta que nunca llegó. Intrigada, Sakura abrió los ojos y observó sorprendida el perfil de su inquilino y la dura y firme mirada centrada en la nada.
— ¿Sasuke-kun? — le llamó, suavizando el tono.
— Es temprano.
— Específicamente, ¿qué hora es? — insistió sin saber muy bien por qué.
— ¿Importa?
La oscura mirada del hombre se mantuvo con firmeza sobre el rosado y redondeado artículo cuyos brillantes y rojos números no dejaban de parpadear. Sakura frunció el ceño, confundida. Sasuke no había movido ni un solo músculo desde que se girara a revisar la hora en el reloj, objeto que de alguna forma parecía resultarle mortalmente ofensivo a juzgar por la dura mirada con la que le veía.
— Sasuke-kun... — volvió a llamarlo todavía con mayor suavidad. — Acaso tú...¿no sabes leer el reloj?
La pregunta le supo estúpida mientras la formulaba. ¿Cómo podría un hombre no saber leer un reloj digital cuando hasta un niño podía hacerlo? Sin embargo, el lenguaje corporal de su inquilino y su tenso silencio decía otra cosa. El cuerpo de Sasuke se encontraba mortalmente inmóvil y los hermosos rasgos de su rostro se habían crispado tras su última pregunta.
— ¿Lo sabes tú? — preguntó con una frialdad que le heló la piel.
Avergonzada por la pregunta sin una razón en específico, se puso de pie e intentó acercarse al hombre. Entonces, a escasos centímetros de alcanzar la mano de Sasuke, la tormenta de nieve estalló con una potencia e intensidad que Sakura no recordaba haber vivido en muchos años. Los cristales de las ventanas temblaron y amenazaron con explotar mientras el sonido de las fuertes ráfagas de viento arrastrando pesadas capas de nieve se coló al interior de la casa. La temperatura descendió repentinamente y la chica casi pudo jurar que los mismos cimientos de su hogar temblaron bajo la tormenta.
— ¿Q-qué está pasando? — preguntó anonadada. — No había ningún pronóstico para una tormenta el día de hoy.
Apresurada, se alejó de Sasuke y recorrió con rapidez todos los rincones de la casa asegurándose de mantener todo cerrado y protegido contra la tormenta. Inmediatamente después, corrió hacia el teléfono de la cocina con la intención de llamar a Naruto e Ino para asegurarse de que estuvieran bien, gimiendo desesperada al descubrir que tras el segundo timbre, la línea se cortó. No le sorprendía que hubiera ocurrido algo como eso considerando la intensidad de la tormenta, y tampoco lo haría descubrir que pronto quedaría aislada en su hogar por la nieve. No era la primera ocasión en que sucedía.
— Sakura. — escuchó la fría y plana voz de Sasuke a su espalda.
La chica de cabellera rosada cerró los ojos y tomó aire para tranquilizarse. La tormenta la había sorprendido estallando de un momento a otro en un día luminoso y aunque ya había decidido que estaba preparada para quedar aislada del mundo exterior por ese día, no pudo evitar preocuparse por permanecer de ese modo con un completo desconocido.
— No te preocupes, Sasuke-kun. — intentó sonreír conciliadora. — Las tormentas de nieve no son extrañas por aquí, estaremos bien. Tenemos suministros y no creo que dure mucho la tormenta.
Sakura no supo si intentaba calmar a un bastante tranquilo Sasuke o convencerse a sí misma de que estaría bien permaneciendo en casa con un hombre que posiblemente pudiera no ser humano o estar terriblemente trastornado. Sin embargo, captar el atractivo arqueamiento de ceja del joven ante sus palabras no le permitió seguir pensando en ello.
— La policía...
— Me temo que la visita al departamento de policía tendrá que esperar, Sasuke-kun. — suspiró.
— Una verdadera lástima. — lo escuchó decir por lo bajo y sin emoción.
No creía que Sasuke hubiera cambiado repentinamente de parecer respecto a visitar a los policías, mucho menos después del atrevido movimiento que había intentado para convencerla de no llevarlo ante ellos, pero no encontraba razones para justificar su extraño comportamiento. Negándose a pensar más detenidamente en ello, sus ojos se movieron por la cocina hasta captar los números verdes de su horno de microondas marcando las 4 de la tarde. Frunció el entrecejo, confundida. La luz que brillaba cuando volvió a la consciencia era la de un sol por la mañana, no la de una tarde recién empezada. Además, calculaba haberse desmayado por la tarde del día anterior, ¿cómo podría haber sido posible que hubiera permanecido inconsciente durante casi un día entero y aún así se sintiera agotada?
La verdad es que Sakura jamás había tenido problemas para llevar la cuenta del tiempo, incluso sin más reloj que el biológico, así que le resultaba sumamente extraño descubrir un hueco de horas tan extenso en su vida. ¿El tiempo podría estarse volviendo loco o algo parecido?
— Tonterías, Sakura, el tiempo no puede volverse loco. — rió sin apenas notar haber hablado en voz alta.
— ¿Por qué no? — preguntó con sequedad su inquilino.
— ¿Disculpa?
—¿Por qué no habría de volverse loco el sujeto que debe repetir la misma tarea todos los días, con precisa exactitud y un tenaz silencio?
— Sasuke-kun, yo estaba hablando del tiempo...no de una persona. — dijo con suavidad y confusión.
Habiendo descubierto que su inquilino parecía no poder leer la hora, ni saber acerca del tiempo, intentó comportarse con seriedad y suavidad para explicar lo más adecuadamente posible a qué se refería con exactitud.
— Yo también, Sakura.
Con pasos elegantes y sigilosos, Sakura observó al chico salir de la cocina sin dar tiempo a ninguna otra explicación. Cada momento Sasuke le comenzaba a parecer más extraño. No era una persona que hablara demasiado pero cuando lo hacía, sus discursos sonaban incoherentes y a la vez tan firmes que conducía a creer que eran realidad. ¿El tiempo volviéndose loco? Claro que sí, ya lo creía. Aunque era más probable que fuera su misterioso inquilino el que estuviera realmente loco.
El resto de la tarde lo empleó para preparar una serie de platillos calientes con el fin de ignorar a la tormenta cuya monstruosa fuerza no había disminuido ni siquiera un poco con el transcurrir de las horas. Tras la comida que se dio en un completo y tenso silencio, Sasuke se sentó frente a una de las ventanas y no despegó su atención de ahí a pesar de que intentó distraerlo de diversas formas. Aburrida y frustrada por la falta de atención, intentó probar nuevamente la línea y ante su infructuoso intentó, probó con su celular con resultados sumamente parecidos. Estaban completamente aislados.
— ¿Recuerdas algo sobre ti? — preguntó cuando releyó por quinta ocasión el párrafo del libro que había tomado para distraerse.
— Hmph.
— No puedes quedarte aquí indefinidamente. — continuó al ser ignorada.
La mirada ónix finalmente se clavó en ella con dureza. En el exterior, la tormenta seguía aglomerando nieve en los alrededores y las ventiscas continuaban impactando con rudeza en los ventanales. A Sakura podía gustarle mucho la nieve con su esponjosa apariencia e innumerables leyendas pero las tormentas no eran de su particular afición, mucho menos cuando amenazaban una estructura vieja y hermosa como su hogar.
— ¿Le tienes miedo a las tormentas, Sakura?
— Sólo a las de nieve. — respondió mecánicamente. — Llegan a ser más devastadoras que una tormenta normal, además de que son capaces de aislar a un pequeño pueblo con facilidad. Todo termina siendo tan etéreo pero frío. Un paraíso blanco y puro con un trasfondo triste y devastador...
"...al igual que los cientos de espíritus y almas que vienen a morir en los copos". — pensó.
— Muy poético.
No volvieron a hablar después de que el rubor tiñera las mejillas de la chica que, avergonzada por sus palabras y la respuesta de su inquilino, no pudo evitar sentirse humillada. Sin televisión, radio y teléfono, Sakura subió a su habitación, esperanzada de que la energía eléctrica no cediera bajo la fuerza de la tormenta y pudiera emplear un poco de tiempo para transcribir algunos apuntes a su ordenador.
Más horas transcurrieron en aquella tarea, permitiendo que la chica se distrajera del desastre ocurriendo en el exterior e impidiendo que se extinguiera la esperanza de que la tormenta cesara o disminuyera su magnitud. En el exterior todo se oscureció con rapidez a pesar de que las horas de la tarde todavía permitieran que el sol siguiera brillando, hasta que llegó el punto en que todo se fundió y a pesar de que el reloj continuó marcando el pasar de los minutos, ya no pudo identificar la noche del día.
— Necesitas dormir, eso es todo, Sakura. — comentó a sí misma.
Consciente de haber permanecido en el mundo de los sueños suficiente tiempo desde la tarde pasada, no logró comprender por qué sentía como si le hubieran drenado la energía y no pudiera permanecer mucho más tiempo despierta. Poco dispuesta a averiguarlo, empleó toda la fuerza que le fue capaz para guardar y cerrar su trabajo, cambiarse y envolverse en la suavidad de su cama, más que dispuesta a volver a dormir.
— El frío reduce los signos vitales... — recitó de memoria. — ...hace que los niveles de energía disminuyan para mantener una reserva...para la supervivencia... — bostezó.
Más rápido de lo que creyó capaz tras haber perdido casi 20 horas de su día, se deslizó a la inconsciencia y comenzó a soñar con un hermoso ser de tez blanca como la nieve, mirada oscura y afilada, cabellos negros como la noche moviéndose al compás del viento y un cuerpo musculado resguardado por un par de enormes lobos.
"Blanco y negro...son los brazos de Morfeo..." — escuchó la melodía que su madre cantaba en vida.
La mirada oscura recorrió con parsimonia el delicado cuerpo sobre la cama, memorizando cada rasgo y curva de la mujer, saboreando casi con ansiedad el sabor y la textura de la cremosa piel, y rezumando orgullo y placer ante la presencia de esa ligera escarcha sobre la clara superficie. Humana. La chica que había osado traspasar la invisible línea de su territorio en el bosque era una humana y aunque no había formado parte de sus planes, la idea de hacerla suya le parecía perversamente atractiva.
Sabía realmente poco sobre la raza humana pero estaba más que dispuesto a utilizar a esa chica para sus propios fines mientras pudiera, y de ese modo, evitar volver a la prisión de donde había escapado para caer en las frágiles manos de una mujer. Ese día había evitado que la insolente chica de cabellos rosados que había rechazado su acercamiento lo llevara ante esos "policías" y fuera enviado de vuelta a su celda, pero no podría hacerlo por siempre. Su fuerza vital seguía débil y justo como ésta, la tormenta de nieve no tardaría en amainar durante los próximos días, dejándole el camino libre a la chica.
— Naruto... — la escuchó suspirar entre sueños y una ola de frialdad recorrió a la habitación. — ...no seas tonto, ese platillo se come con la cuchara...
Continuó observándola inexpresivo hasta que dejó el discurso incoherente de sus sueños. Entonces comenzó a recorrer la habitación con pasos lentos, observando a detalle cada objeto y memorizando cada aroma presente. El tiempo era vital y escaso. El pequeño cerezo había rechazado su avance pero su cuerpo había respondido adecuadamente. ¿Qué tan difícil resultaría quebrarla y quedársela?
— Maldición, Sasuke, casi me matas del susto. — gimió de repente. — ¿Qué demonios estás haciendo en mi habitación? Te dije que no podías subir aquí.
Se enfrentó al jade de su mirada sin expresar emoción pero divertido por la insolencia de la chica. El lugar de donde provenía estaba plagado de mujeres sumisas y complacientes, así que el temperamento visible entre tantas y repugnantes capas de dulzura chiclosa le resultaba interesante.
— Tengo frío. — mintió con simpleza y observó cómo sus expresivos ojos se ablandaban.
Había en ella una sensibilidad casi enfermiza y una inocencia abrumadora que pedía a gritos ser aplastada y exterminada, pero también preservada. No creía que la chica fuera realmente tan ingenua como daba a parecer con sus grandes ojos jade, ni mucho menos que fuera a creer por mucho más tiempo las mentiras que decía sin esfuerzo pero estaba completamente seguro de que la somnolencia de aquellos momentos resultaba un factor importante dentro de su vulnerabilidad.
— ¿Quieres que te dé otra cobija? — preguntó con la voz ronca por el sueño.
— No. — respondió con sequedad.
La observó sin emoción mientras la escarcha sobre su piel comenzaba a derretirse. La temperatura del cuerpo humano tendía a ser cálida y algo tan frágil como la escarcha que se permitía crear sobre su delicado cuerpo no era suficientemente fuerte para permanecer ahí sin desaparecer aunque sería suficiente por el momento.
— Sasuke, si te quedas con frío te enfermarás. — susurró somnolienta.
— Probablemente. — mintió con una pequeña sonrisa.
En su larga existencia no recordaba haber enfermado nunca hasta el día en que finalmente escapó de su jaula de oro y gran parte de su fuerza vital se esfumó. Ciertamente no era propiamente una enfermedad, pero la debilidad se le acercaba mucho.
— Mañana pediré a Naruto un abrigo para ti. — suspiró, ignorante de la fina capa helada sobre su piel y poco consciente del obstáculo que la tormenta seguiría siendo para cumplir eso.
— No quiero nada de ese dobe. — respondió con sequedad.
No conocía personalmente al humano de cabellos rubios pero lo había visto en una de las fotografías que decoraban la habitación de la humana. Completamente opuesto a él tanto en físico como emociones, no le agradó descubrir que Sakura acudía a éste cada que lo necesitaba y que incluso tenía la osadía de soñar con él.
— Naruto es un buen chico.
No lo dudaba y por esa simple razón lo detestaba. Los buenos chicos eran la causa de que hubiera permanecido encerrado tanto tiempo y estaba más que dispuesto a destruirlo, aún a precio de extinguir la llama de vida de la frágil mujer.
— Vuelve a dormir, Sakura. — ordenó con frialdad.
Sintió la resistencia de la chica a obedecer durante unos segundos, antes de que tirara de la colcha de su cama y se envolviera en un capullo para continuar durmiendo, eliminando el resto de la escarcha sobre su cuerpo. Cerró los ojos después de que las largas pestañas de la chica rozaran sus mejillas y volviera al mundo de los sueños. No era la primera noche que acudía a su cuarto para observarla dormir, ni para recostarse a un costado de ella pero sí la primera ocasión en que despertaba y le descubría.
— Espíritus de la nieve. — sonrió con perversidad.
La tormenta en el exterior se mantuvo con la misma intensidad, dispuesta a dejar prisioneros de sus hogares a los seres humanos y aislar a una casa en particular. El muchacho sondeó el interior de la chica, rodeó su cuerpo con el frío del suyo propio y sonrió perversamente ante el sueño de la misma. Así pues, volvía a confirmar que ni Morfeo ni él se tomaban demasiado bien la invasión a sus territorios. Pues al parecer...
…era una cosa de familia.
Muchas gracias a todos por sus reviews y también a aquellas personas que a pesar de no dejar un review, agregan la historia a sus favoritos o la siguen. Si no contesto personalmente a sus reviews por aquí, no se preocupen, yo sigo estando muy agradecida porque se animen a comentar y disfruto mucho leyéndolos.
Natyqg: No te preocupes. Me gusta mucho jugar con los personajes y su naturaleza pero pronto irás descubriendo quién y qué es Sasuke. Gracias por seguir la historia.
Inuyuki-chan: Los extraterrestres nos invaden (jajaja). Quién sabe qué sea Sasuke, pero seguro que ya irá descubriéndose poco a poco.
Eso es todo por ahora. Nos vemos en el próximo capítulo.
