Una promesa de año nuevo fue la de ser mas constante en eso de actualizar y hacer nuevos fics. Ya saben el dicho: Año nuevo, vida nueva… y mentiras así. En lo personal, me emociona el hecho de estar en el maravilloso proceso de continuar un fic. En mi vida anterior como escritora jamás llegue al capitulo 7, enserio, había uno que planeaba hacerlo de 20 capítulos y ni siquiera llegue al 6. Aun me persigue por las noches el fantasma de esa historia u.u…
Ahora, antes de que continúen leyendo, tengo que advertirles que este capitulo es sumamente deprimente y dramático. Enserio :T
Una vez dicho eso, ya no tengo nada mas que agregar a esta nota de autor, solamente que las películas no me pertenecen, como es obvio y todo el mundo lo sabe. (Oh, y gracias por los comentarios gente hermosa :3)
Destinos cruzados
Capitulo 7
Existen noches en las cuales todo parecer ir de mal en peor. Son noches como esas, tan oscuras y frías, las que ponen a prueba tu resistencia ante la adversidad del camino. Salir no es una opción entonces, a menos que sea por alguien amado, para buscarlo y encontrarlo porque no estas dispuesto a perderlo, y prefieres arriesgarlo todo antes de renunciar a la idea de volverlo a ver.
No había nadie en todo el reino que odiara las noches así como la reina Elinor y creía que lo único bueno que tenían era que siempre había un nuevo y cálido amanecer al final de su existencia.
-¡Merida!- la cansada madre volvió a gritar, casi sin aliento. La nieve acumulada en el suelo le hacia cada vez mas difícil avanzar, aun montada a caballo. Estaba tan desesperada por encontrarla, arrepentida por haber sido tan dura con su hija. Solo hasta el momento en que enfermo y estuvo a punto de perderla le había dado algo de paz.
Elinor sabia que volver sin Merida no era una opción para ella, pero el bosque que separaba el castillo del primer pueblo era enorme… ¿Y si no lograba llegar a tiempo?, Quizás solo estaba dando vueltas en círculos, ¿Cómo saberlo?, había pasado tanto tiempo desde la ultima vez que exploro aquel bosque montada en un corcel. No iba a rendirse, pero estaba consiente que tenía todo en su contra.
Respirando pesadamente, la reina bajo la cabeza, completamente decepcionada de su poco proceso hasta el momento. Perdida entre sus pensamientos angustiosos tardo unos segundos en ver aquella singular luz azul flotando en medio de la nieve.
-No puede ser posible…- menciono para si misma, sin querer creerlo. Su madre solía contarle historias sobre pequeñas luces azules del bosque que guiaban a las personas hacia su destino, he incluso le había pasado a Merida la misma información, pero personalmente jamás había creído en ellas.
Uno tras otro, los pequeños fuegos formaban un camino que se perdía entre los arboles, iluminando la ruta a seguir. Elinor casi se sintió aun mas culpable por lo poco que le había creído a su hija cuando le contaba que las veía. Aquellos espíritus eran reales y no estaba dispuesta a perder más tiempo en decidirse a seguirlas.
-¿Segura que no quieres beber mas té niña? Te hará sentir mejor- la anciana hechicera le ofreció otra taza humeante del viscoso té, a pesar de que Merida ni siquiera se había terminado una cuarta parte de la anterior. Era el sabor amargo y la consistencia viscosa lo que le había impedido continuar bebiendo en primer lugar. Hubiera querido vomitarlo, pero las lecciones sobre educación básica de Elinor se lo impidieron. Era como si estuviera ahí, sentada a un lado de ella, diciéndole "Una verdadera dama no vomita sobre la alfombra de su anfitrión, sin importar lo asquerosa que sea la bebida ofrecida"
-Sabe a agua de pantano- Merida no pudo ahorrarse el comentario. Sentía que un sapo verrugoso saldría de su taza en cualquier momento.
-El rio queda lejos y mis huesos son viejos, ¡Además la saque de la parte menos estancada!- Se defendió rápidamente la mujer, matándole a la joven las pocas ganas restantes de seguir bebiendo. La princesa no podía dejar de pensar en lo extraña que era aquella diminuta mujer, al igual que su casa. El techo parecía estar completamente destruido por fuera, pero por dentro era como si nada hubiera pasado. Estaba tan convencida que era una bruja como de que el cielo es azul y el pasto verde. Estaba tan convencida de eso como de que Jack iba a volver, aunque solo fuera para despedirse.
-¿Cómo dice que nos conocimos?- Merida aparto la taza de sus manos para mirarla de frente, en un intento por recordar algo significativo relacionado con esa situación. Aquella anciana la trataba como si tuvieran años de conocerse y ella ni siquiera sabía su nombre.
-Todo comenzó con una mala predicción de mi caldero mágico y lo demás fue mera mala suerte- comenzó a contarle, sin quitarle los enormes y saltones ojos de encima. Quería recordarla así, como era en ese momento, antes de que su destino incierto la alcanzara al fin- Fue el espíritu inmortal de invierno quien te trajo aquí conmigo, ya sabes, ese que se la pasa volando de aquí para allá, con sus poderes de hielo, extremadamente peligrosos para cualquier mortal- la anciana comenzó a describirlo como si Merida no tuviera idea de lo que él era en realidad.
-¿Habla de Jack?- no conocía a nadie más que tuviera esas características, que ciertamente, le parecían contadas de manera exageradas por la anciana.
-Si, el chico confundido. Cuando llego aquí estabas bastante mal y él parecía que se iba a desmayar de la angustia en cualquier momento- su casa había pagado las consecuencias de eso y sus huesos aun recordaban el frio inesperado de aquel golpe congelado, recibido al abrir la puerta.
-¿Enserio?- Una cálida y contagiosa sonrisa se formo en los labios de la princesa al pensar en lo mucho que le había importado su bienestar.
-Se sentía tan culpable por todo lo que había pasado. Es un buen chico, pero le falta comprender como funcionan las cosas para los de su tipo…- agrego la centenaria bruja, mientras se servía una taza de te para si misma. No era como si fuera algo imposible de comprender, era inclusive demasiado sencillo. La luz de una vela no puede compararse a la de una estrella, ni en resplandor ni tampoco en duración.
-No entiendo- Merida confeso, con genuina atención. Algo en esas palabras le había caído como un balde de agua fría. Ella sabia que eran diferentes en más de una forma, con eso de los poderes de hielo y la habilidad de volar, pero hasta ese momento no se había planteado la idea de que quizás eso era mas una desventaja que una ventaja.
-Los espíritus como el deben ser cuidadosos y prudentes, no debió siquiera haberse acercado a hablarte y ahora mira esto, esta situación. ¿Cómo crees que terminara pequeña?- la bruja la enjuicio al ver la poca claridad que la princesa tenia. Hasta ese momento Merida no lo había pensado, pues se trataba de algo que no tenia mucho de haber comenzado. Ella era una chica rebelde, acostumbrada a vivir el momento y preocuparse después por el mañana y las consecuencias. El matrimonio, las obligaciones del trono y sus deberes como princesa, ella intentaba esquivar todo aquello que amenazara su libertar, o por lo menos aplazarlo lo máximo posible.
-Pues yo…- a Merida no le gustaba planear su futuro demasiado. Cada día era una nueva aventura, llena de desafíos por superar, pero ahora que aquella extraña anciana se lo había planteado de esa manera no sabia que decir. El se iría… y volvería algún día, dentro de unos años quizás, Merida no quería pensar en la posibilidad de esperar mucho tiempo. Después de eso… suponía que ellos se verían con frecuencia y con el tiempo, ella comenzaría a cambiar por el paso de los años, envejeciendo, extinguiéndose de a poco, y el seguiría igual que el primer día de conocerse… ¿Pero faltaba mucho para eso no?, Tenían aun muchos años delante, años felices que de alguna manera harían que todo valiera la pena…
Los golpes repetitivos en la puerta le hicieron salir de su reflexión. Era Jack, no podía tratarse de nadie más. Levantándose de su lugar, llena de emoción, camino hacia la puerta lo mas rápido que pudo permitírselo, haciendo caso omiso a los gritos de su anciana anfitriona.
Jack Frost tenia poco tiempo para pensar en lo siguiente que haría y diría. Su mente parecía desconectada de su cuerpo, pues, por más quería repasar sus palabras, lo primero que hizo al llegar a la puerta de la choza fue tocar repetidas veces para que abriera. La presión del tiempo no lo hacia pensar bien las cosas.
Y ella no tardo nada el salir, abrazándolo en el instante, hasta el punto de casi tirarlo de espaldas en la nieve.
-¿Qué fue lo que decidiste?- pregunto de inmediato la princesa, apartándose lo suficiente para mantener un conversación frente a frente. Estaba feliz de volverlo a ver, aunque sea solo un instante. Pudo haberse ido sin decirle nada, pero ahí estaba, parado enfrente de ella, con ambas manos metidas entre su abrigo azul.
-Yo… no se como decirlo. Tenías razón con ellos, en verdad me necesitan- eso ahora era indudable, pero aun faltaba decir la peor parte. Estaba tan nervioso por no saber como lo tomaría, que solo se limito a respirar con fuerza, como si su cuerpo en verdad necesitara oxigeno para vivir.
-Entonces… supongo que te iras con ellos por un tiempo- Merida comenzó a sentirse intranquila por algún motivo. Había algo mas allá de sus palabras, algo oculto y doloroso que le hacia pensar lo peor.
-No, no solo va a ser por un tiempo-Jack había pensado seriamente en no decirle la verdad, incluso el solo despedirse sin dar explicaciones era verdaderamente tentador. Pero no podía hacerlo. De solo imaginarla esperando cada invierno, en el marco de su ventana, o en medio del bosque a que él apareciera, tan llena de esperanza… año tras año. No, en definitiva no podía dejarla de esa manera. Seria demasiado cruel y ella no lo merecía.
-¿Quieres decir que…?- algo en su mirada comenzó a decaer y el mal presentimiento comenzaba a convertirse en una realidad. Esa seria la ultima vez en que lo volvería a ver.
-Si…-apenas y pudo susurrar el chico, convencido de que ella podía adivinarlo todo sin muchas explicaciones.
-¡Pero tú lo prometiste Jack!- Merida rápidamente se puso a la defensiva, sin pensar siquiera en aceptarlo -Lo prometiste… - volvió a repetirlo, en un suspiro triste y doloroso.
-Lo se, y lo siento, pero tu no lo entiendes…- quedaban poco mas de tres minutos y ella había reaccionado peor de lo que hubiera esperado.
-¿Qué tengo que entender?, ¿Qué ya no vas a querer verme nunca mas?- parecía querer fulminarlo con sus profundos ojos azules que lo hacían retroceder cada vez mas. En sus 300 años jamás había visto a alguien con tanta furia y tristeza a la vez.
-No es que no quiera, es que no puedo- el chico no encontraba las palabras para explicarle todo en el tiempo que restaba. El corazón de fuego, las reglas de los seres inmortales, la historia de la primera hada de los dientes… no sabia como resumirle toda esa información que le había terminado de matar a é la poca esperanza existente cuando aun creía que estar juntos era posible.
-¿No puedes?, puedes volar, puedes congelar cosas y no puedes… no puedes… ¿Por qué Jack?- sus ojos de repente se volvieron suplicantes por respuestas. Un nudo en la garganta, conjunto al calor generalizado en su pecho y rostro le advertían la proximidad del llanto, y lo ultimo que quería era llorar en ese momento.
-Merida, por favor, esto no es fácil… y no quiero que esta despedida sea así. Yo no pertenezco aquí, ni siquiera tengo una idea de cómo es que llegue, pero si me voy, volver ya no va a ser una opción- esa situación se le estaba saliendo de las manos. Ella parecía estar a punto de llorar o atacarlo brutalmente. Quizás hasta las dos.
-Llévame contigo entonces… puedes llevarme contigo, a tu mundo- Merida intento regular su respiración y evitar parpadear lo máximo posible para que ni una sola lagrima se desbordara de sus parpados.
-No- él no necesitaba pensarlo mucho para saber que era una mala idea.
-¿Por qué?- sus ojos comenzaba a sentirse demasiado irritados, pero debía ser fuerte. Ya la había visto llorar en otras ocasiones, pero ahora era diferente.
-Solo… no puedo…- ciertamente no había considerado esa opción, pero sabía que era peor hacer eso que quedarse ahí con ella. Seria demasiado egoísta apartarla de la vida que ya tenia para irse a un mundo que ni siquiera conocía.
-Por favor…- no podía ser algo tan horrible vivir con ella.
-Vas a arrepentirte si te vas, si lo abandonas todo, tu familia, tu vida… todo lo que tienes esta aquí- le intento explicar, pero ella no parecía entenderlo de esa manera. Merida solo entrecerró los ojos, sintiéndose peor que nunca por ser rechazada de esa manera.
-¡Voy a arrepentirme de todos modos si me quedo!- las cosas iban tan bien hasta hace unos minutos, ¿Que era lo que había cambiado?. De quedarse ahí, su vida seria predecible, sofocante… completamente aburrida. Podía verse a si misma dentro de algunos años como la copia fiel de su madre, amargada con su vida porque el mundo no gira como ella lo desea.
-No estas pensando claramente- Jack estaba a punto de darse por vencido con eso de tener una despedida agradable. Esa seria la ultima vez que él la volvería a ver y ella parecía tan furiosa y confundida. Era como otra persona.
-Si, si lo hago- la pelirroja princesa le espeto molesta.
-Esto es lo mejor para ti, con el tiempo te vas a dar cuenta que…- el helado chico intento darle sentido a nuevo, pero fue interrumpido de manera abrupta por la chica.
-No. No te atrevas a decir eso. Toda mi vida otras personas han decidido siempre lo que es mejor para mi, como si yo no tuviera una maldita idea de lo que hago. Tú eres diferente a ellos Jack, así que no lo hagas…- su voz ya comenzaba a cortarse, y se sentía traicionado por sus propios sentimientos.
-Esto fue un error Merida, lo siento en verdad- solo quedaban dos minutos y la desesperación estaba comenzando a hacer estragos. Por mas que deseaba terminar con ese momento para llegar a tiempo con el resto sobreviviente de guardianes, algo lo ataba a quedarse, algo que era mas fuerte que la lógica o el sentido común.
-¿Por qué estas diciendo todo esto Jack?, ¿Qué fue lo que cambio en estos minutos que te fuiste?- la debilidad en sus palabras y su cuerpo comenzó a volverse algo mas que evidente. La nieve comenzó a caer cada vez mas constaste en torno a ellos, de manera involuntaria.
-No iba a funcionar de todas maneras- Jack pareció decirlo mas para si mismo que para ella, como una forma de agarrar coraje y finalmente irse de ahí.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?- por mas que Merida intentaba encontrar la verdad en los ojos del espíritu de invierno, este solo esquivaba la mirada.
-Somos demasiado diferentes. Estarás bien, eres una de las personas más fuertes que conozco y se que saldrás adelante- Jack jamás había dudado de eso. Ella quizás estaría triste y molesta un tiempo, pero a final de cuentas seguiría su vida sin problemas. Sin él, Merida tendría una existencia larga y plena, con una calidez constante en su vida.
-Vete…- los ojos de Merida repentinamente se volvieron mas fríos que el hielo que Jack producía y la dureza en su voz lo estremeció dolorosamente.
-Merida...- solo hasta ese momento termino de sentir que la había perdido de todas las maneras posibles. Eso pudo haber sido diferente, pero ya no había forma de cambiarlo.
-¡Vete!, ¿Eso es lo que querías no?, ¡Vete de una vez antes de que se vayan tus amigos y te quedes atrapado en este infierno conmigo!- Para ese momento Merida ya estaba fuera de si. No media lo que decía y el actuar impulsivamente era todo lo que sabia hacer cuando veía algo perdido. El silencio se volvio intenso entre los dos por unos segundos, hasta que finalmente Jack se acerco a ella para darle un abrazo de despedida, en un intento de sentirla por ultima vez.
-¡No me toques!- Merida se alejo de una manera tan brusca que estuvo a punto de caerse de espaldas. Al intentar incorporarse, sus piernas finalmente cedieron, haciendo que la princesa callera de rodillas contra la nieve -¡¿Qué estas esperando?!- le grito al chico que ahora intentaba ayudarla a ponerse de pie, lo suficientemente preocupado como para darse cuenta que faltaba un poco mas de un minuto para alcanzar el trineo de Norte. En un intento por alejarlo y rescatar algo de orgullo, Merida tomo grandes cantidades de nieve en sus manos desnudas y las compacto, a modo de bola de nieve. Llena de ira, comenzó a atacar al chico con los congelados proyectiles. Al principio todos comenzaron a darle de lleno en el cuerpo de Jack, pero conforme la vista de Merida se fue nublando por las lagrimas, cada vez fue mas difícil para ella dar en el blanco o estar segura siquiera que el seguía ahí.
Cuando finalmente se detuvo, limpio sus ojos con ambas manos para tener una visión mas clara. Su respiración era agitada por intentar contener el llanto tanto tiempo. Sentía que estaba a punto de desmayarse de nuevo, pero eso era lo que menos le preocupaba a Merida en ese momento. Al abrir los ojos de nuevo, dedico unos segundos a mirar a su alrededor, buscándolo incansablemente en el paisaje invernar.
La nieve había dejado de caer y él ya no estaba. Había salido de su vida tan rápido como había entrado.
La cuenta regresiva del portal hacia que la velocidad del trineo de Norte aumentara a cada momento. Sin la tormenta de nieve, podía verse a lo lejos el pasadizo luminoso en medio del cielo, el cual parecía estar considerablemente reducido a comparación con el tamaño inicial.
Solo era cuestión de segundos para que cerrara por completo.
-No puedo creer que este viaje hubiera sido para nada…- la voz del conejo de pascua corto el silencio tenso y deprimente que había entre los tres guardianes.
-Nadie lo esperaba Conejo- Norte dejo escapar un suspiro cansado. Habían estado demasiado cerca… pero lo cierto era que tardaron demasiado en encontrar a Jack Frost. El espíritu de la navidad había creído que seria mas fácil de lo esperado, pero no contaba con que el chico conocería a alguien en ese lugar. Todo simplemente se les había ido de las manos y ahora debían luchar contra el tiempo para no quedarse atrapados ahí ellos también. Nadie en ese trineo pretendía darle a Pitch el gusto de dejar a la tierra sin guardianes.
-En verdad voy a extrañarlas, ¿Saben?, Ellas merecían a alguien mejor, alguien que pudiera protegerlas- el hada de los dientes murmuro con tristeza, sin levantar la mirada del piso de madera del trineo. Se sentía tan mal consigo misma que ya no sabia que era lo peor de toda esa situación.
-No digas eso Tooth, habría sido lo mismo con cualquiera de nosotros- Norte intento animarla, después de mirarla de reojo. Lucia mas deprimida de lo que hubiera recordado verla jamás y tenia ya tan pocas plumas que gran parte de sus brazos y piernas revelaban la piel de apariencia humana que habia bajo ellas.
-Yo sabia que no debíamos confiar en él. Teníamos el maldito costal y aun así prefirieron razonar con alguien cuyo sentido de la responsabilidad es del tamaño de un grano de arena...
-¿Un grano de arena como los de Meme?- los labios de Tooth comenzaron a temblar al decir eso.
-¡Vamos chicos, quiten esas caras largas!, Puede que nuestra situación no luzca favorable en este momento, pero todo va a salir bien, mi panza me lo dice- Norte aumento un poco mas la velocidad de los renos antes de mencionar aquella frase positiva en un momento tan depresivo como ese.
-¿Bien?, ¡¿Qué parte de todo esto le parece bien a tu panza Norte?!- Conejo dejo la tristeza a un lado para ponerse histérico de nuevo.
-Pensé que Jack iba a venir… yo en verdad lo creí. Nada me esta saliendo bien últimamente- el hada de los dientes se abrazo a si misma, sintiendo un frio ajeno al clima. En días anteriores, ella se consideraba como una guardiana fuerte, tan segura y determinada, que de verse a si misma en eses momento, seria incapaz de reconocerse.
-No es tu culpa Tooth, el chico simplemente no estaba listo y Conejo…- el espíritu de la navidad giro la cabeza hacia atrás para ver a sus dos pasajeros. Con un guardián increíblemente iracundo y el otro demasiado deprimido, no sabía a ciencia cierta quien estaba peor de los dos.
-¡Este viaje fue una estupidez!- grito el guardián de la pascua antes de que Norte terminara de hablar.
-Conejo, por favor, cálmate…- a esas alturas de la situación enojarse no servía de nada.
-No. No me da la gana calmarme Norte. En este momento prácticamente esta amaneciendo en nuestro mundo y no tengo nada. Es pascua y perdí la única posibilidad que tenía que salvar la fecha, ¿Para que?, ¿Para ir a buscar a un chiquillo malcriado que no sabe un demonio de reglas y convertirlo en guardián solo porque un hombre que vive en la luna lo ordena?- todos estaban tan pendientes de las palabras furiosas de la festividad de pascua que no se habían dado cuenta aun del chico que había llegado volando al trineo y ahora estaba sentado en la parte trasera.
-Si, exactamente por eso- Jack menciono con desgano, haciendo notar su presencia.
-¡Jack!- Los tres guardianes se habían quedado mudos por la sorpresa, hasta que finalmente Tooth se atrevió a romper el silencio, completamente emocionada y feliz de verlo.
-¡Chico!- de no estar conduciendo el trineo, Norte habría ido hasta su lugar para darle un enorme abrazo de oso.
-¡Voy a matarte!- el conejo de pascua grito, fuera de si por haberlos hecho esperar tanto. Justo iba a ir hasta donde el espíritu de invierno estaba sentado para reclamarle mil cosas, pero la turbulencia repentina y violenta lo hizo reconsiderar.
-Al parecer el portal esta un poco mas abajo de lo previsto, así que abróchense los cinturones- Norte aviso tardíamente, con un tono divertido en la voz.
-Pero aquí no hay cinturones… ¿O si?- Tooth intento buscarlos rápidamente con la mirada, esperando ingenuamente encontrarlos.
-Norte, ¡Fíjate por donde vas!- Conejo grito aterrado, antes de saltar en su lugar por el descenso repentino. Al igual que los segundos anteriores a estrellarse contra el techo de aquella choza vieja, Conejo sintió que su vida como guardián pasaba frente a sus ojos.
-¿Cómo pudiste alcanzar el trineo?- Norte le pregunto a Jack, mientras intentaba ignorar los gritos y las maldiciones emitidas por el conejo de pascua.
-Le pedí al viento que me trajera lo mas rápido posible- menciono Jack, como si fuera la cosa mas fácil y sencilla existente.
-Yo sabía que al final harías lo correcto- le dijo el guardián de la navidad, sin quitar la vista de enfrente. Estaban demasiado cerca como para fallar por tiempo o espacio.
-No tenía otra opción- Jack le respondió, con un tono amargo. No podía dejar de pensar en todo lo que había perdido, en Merida, en lo mucho que extrañaría y en cuanto la necesitaría cuando todo el asunto de Pitch y los guardianes se asentara y estuviera solo consigo mismo de nuevo.
-Siempre hay más de una opción chico, pero tú escogiste la más noble de todas- Norte formo una sonrisa comprensiva y cálida, como la de un padre orgulloso de su hijo, antes de volver a concentrarse en el portal- Ahora la cuenta regresiva… 10, 9, 8, 7, 6….- grito el bonachón hombre con emoción, a punto de llegar al cada vez mas chico portal.
-5, 4, 3, 2…- Chronos cerros los ojos y se cubrió los oídos para no escuchar el estruendo siguiente. Ya sabía de antemano que se iban a esperar hasta el último momento para volver, pero eso era simplemente una burla.
-No… ¡No quiero volverme a subir a esta cosa nunca mas…!- el conejo de pascua se bajo con las patas temblorosas del trineo, prácticamente inclinado en la pared- Y esta vez es enserio, ¡Me cortare las orejas antes de eso!
-Eres un delicado, este trineo es el trasporte mas seguro que puede existir- Norte menciono, al mismo tiempo que le daba unas cuantas palmadas a un borde de madera antes de que este se quebrara y cayera.
-Tomaste demasiado literal lo de las dos horas Norte- la voz de Chronos era grave por haberse convertido en un hombre de 35 años. Ahora era casi tan alto como Norte y la túnica le quedaba a la perfección, a pesar de ser tan delgado. En las dos horas que estuvieron fuera, el padre del tiempo había cambiado todos los relojes a una habitación continua a esa. En los próximos minutos nadie seria capaz de nacer o morir mientras ellos permanecieran ahí, así que debían irse cuando antes.
-¡Chronos, amigo!, Perdón por el desastre del trineo, mandare a unos elfos para que limpien después- por alguna razón desconocida para todos, Norte parecía estar de buen humor a pesar de todo, aunque esta vez, de cierta manera, tenia motivos. La misión de encontrar y traer a Jack Frost había sido un éxito rotundo a pesar del exceso de dificultades conjunto a la presión incesante del tiempo.
-Si tienes algo de consideración por mi, no lo hagas- Chronos sabia perfectamente que no podían existir seres mas torpes que los elfos del polo norte y de solo imaginarlos en su morada casi podía escuchar el sonido de cientos de relojes quebrándose a la vez.
-Les juro que me mata de la risa- Norte les menciono a sus compañeros guardianes y a Jack, mientras señalaba a Chronos con el pulgar. Nadie aparte de él parecía comprender la gracia inexistente en el padre tiempo.
-¿Quién es ese sujeto tan animado?- Jack le pregunto a una pensativa hada de los dientes.
-Es Chronos, el padre del tiempo. Nos ayudo a encontrarte- le respondió la mujer semi-emplumada, aun con cierta tristeza almacenada por todos los sucesos anteriores.
-Tengo trabajo que hacer- Chronos prácticamente les estaba señalando la salida antes de terminar la frase.
-No se como darte las gracias viejito- Norte se acerco al padre del tiempo, recargándole de paso su pesada mano sobre el hombro.
-Apreciaría que se fueran de aquí en este momento- nada seria mejor recibido por él que eso.
-Hago una fiesta anual cada 24 de diciembre, deberías venir este año- siempre se podía agregar un plato mas para un buen amigo.
-Eso no va a pasar Norte- era casi como si ignorara que el equilibrio del mundo se rompería por completo de hacerlo.
-Es a las 10, si quieres llevar alguien avisa por adelantado para poner otra silla en la mesa- le advirtió, como si Chronos le hubiera dicho que si a la invitación desde el comienzo.
-¿Para que me molesto?- dijo para si mismo aquel cansado hombre de 36 años, quitándose de encima del hombro la mano del espíritu navideño.
-¿Qué hora es?- pregunto el conejo de pascua, ya mas calmado. Un tenia la esperanza de salvar su fecha; Era pequeña he improbable pero seguía lo suficientemente viva como para intentarlo.
-Faltan dos horas para el amanecer del día de pascua, si eso quieres saber- le respondió Chronos, al mismo tiempo que los encaminaba hacia el destartalado trineo, prácticamente incrustado en su pared, con los asustados renos merodeando cerca.
-Entonces…quizás- algo pareció iluminarse en los ojos del conejo de pascua con solo escucharlo.
-No se puede hacer mucho en dos horas, pero será suficiente para que no desaparezcas- cada minuto era valioso en ese momento, tanto para él como para ellos. Por ese motivo Chronos no se explicaba como era posible que estuvieran tan tranquilos, como si fuera un día de campo cerca del lago.
-Todos te ayudaremos Conejo- Tooth menciono, alegre con devolverle algo de la ayuda recibida por todos aquellos dientes recolectados antes de irse.
-Son muchas cosas por hacer, ¿En verdad lo harían?- el guardián de la pascua estaba casi conmovido por el apoyo de sus compañeros.
-Para eso somos los amigos, ¿No?- Norte y Tooth estaban mas que gustosos por ayudarlo, y Jack… bueno, el solo quería irse de esa lugar he imaginar que su vida no era tan asquerosamente mala como aparentaba.
-Los guardianes tenemos que apoyarnos en los momentos difíciles- el espíritu de la navidad rodeo con ambos brazos a sus dos compañeros restantes y al casi nuevo guardián para apretarlos en un enorme y sofocante abrazo emotivo.
-Enserio, tienen que irse. Aun tengo que limpiar este lugar y traer de nuevo todos los relojes- había perdido la cuenta de las veces en las cuales les había pedido calmadamente que se largaran de su casa.
-¿Qué relojes?- Jack logro salir de su sorpresa por el inesperado abrazo grupal lo suficiente como para volverle a prestar atención a la platica.
-Te lo contamos en el camino- Tooth le respondió, una vez que Norte los libero del agarre. Aun tenían que sacar el trineo, calmar a los renos y abrir un portal nuevo para salir de ahí.
-¿No quieres que te ayudemos, ya sabes, a traer los relojes?, Son miles de millones después de todo- Norte dio la media vuelta justo antes de llegar al trineo, para desgracia del padre del tiempo.
-No Norte, yo puedo hacerlo- había sonado tan calmado como siempre, pero esto solo se debía a que había perdido la capacidad gritar o enojarse milenios atrás.
-Bueno, te enviare un tazón repleto de galletas como regalo de agradecimiento- era lo mínimo que podía hacer después de haber recibido toda esa ayuda de su parte, haciendo a un lado su trabajo.
-Hace siglos que no como, aun tengo las que me mandaste la ultima vez- para Norte el era un buen sujeto en el fondo, alguien al cual milenios de soledad y trabajo le habían quitado la emoción de vivir cada día… básicamente por saber lo que sucedería con siglos de antelación.
-Serán las galletas mas deliciosas que jamás hayas probado- al parecer no existía la forma de decirle que no a ese hombre.
-Voy a irme adelantando, los veo allá- el conejo de pascua aviso, justo antes de patear el suelo y crear un agujero en el piso, el cual se cerró después de entrar.
-Nos vemos en navidad viejito- a modo de despedida, el enorme y animoso hombre le dio una palmada en la espalda tan fuerte que lo hizo avanzar unos cuantos pasos adelante
-Gracias por todo Chronos- aun no terminaba de recuperarse del golpe de Norte, cuando el hada de los dientes voló rápidamente para abrazarlo. El ya ni siquiera podía recordar la ultima vez que alguien lo había abrazado y saber el futuro a veces no era suficiente para prepararte.
-Jack Frost- al escuchar su nombre, el espíritu de invierno miro a Chronos, como para comprobar que el verdad lo estaba llamando a él.
-¿Qué?- no estaba de humor para hablar con alguien que apenas y parecía haber notado su existencia lo suficiente como para hablarle.
-Cada final es solamente un nuevo comienzo- el hombre de 37 años pronuncio, sin dejar de fijar la mirada en el chico flotante.
-¿Qué quieres decir con eso?- Jack jamás había sido muy bueno en eso de saber lo que en verdad querían decir las personas que hablaban en clave.
-Cuando tu destino se cruza con el de alguien, jamás termina- la seriedad y firmeza en sus palabras fue aun mayor de lo normal.
-Hablas como si lo supieras todo- podía ser el padre del tiempo, pero Jack no creía que el supiera de lo que estaba hablando. Algunas cosas simplemente se van para jamás volver y no se podía hacer nada al respecto.
-Es porque lo se. Ten los ojos bien abiertos Jack Frost- fue lo ultimo que le dijo antes de abrir una puerta blanca en la pared y desaparecer de ahí.
-Lo que digas Chronos- Jack comenzó a volar de vuelta hacia el trineo, pensando firmemente que a partir de ese momento solo se escucharía a si mismo y a nadie mas.
Mirando las estrellas, Merida aun podía sentir las lágrimas tibias en su rostro congelado. Ella no recordaba haber llorado tanto en su corta vida y se sentía tan débil por haber dejado que le afectara de esa manera.
Ella debió haberlo esperado, pero no lo hizo y ahora no se sentía mejor que las princesas tontas y vacías que protagonizaban los cuentos de reinos tan lejanos que estaban mas allá del mar, aquellos que su madre había insistido en contárselos a temprana edad para que ella tomara su ejemplo, aunque en el fondo sabia que eso jamás pasaría. ¿Cómo hacerlo en caso de atreverse a considerarlo? Se pasaban toda la historia sufriendo, esperando que alguien viniera y las salvara de sus propios problemas patéticos. Su aspiración mas grande era la de casarse con un príncipe encantador y perfecto (como si existiera alguien así), tener mil hijos y vivir feliz para siempre sin hacer algo significativo por si mismas. Vivian para amar incondicionalmente a alguien mas, sin siquiera amarse a si mismas y eso para ella no podía (ni debía) ser un ejemplo de vida para ninguna chica.
Merida ni siquiera había pedido un príncipe azul, pero a final de cuentas había caído en lo mismo. Solo quería conocer a alguien que pudiera comprenderla, alguien que no estuviera forzado a estar con ella por ser la princesa de Dunbroch, alguien divertido y alegre que pensara por si mismo, sin tomarse demasiado enserio la vida. Alguien como Jack, pero sin la parte del abandono en pleno bosque congelado.
Tirada de espalda en la nieve, Merida sentía entumecida cada parte de su cuerpo. Ni siquiera podía levantarse de la nieve, como si estuviera fundida a aquel tapiz blanco y congelado. Debía estar haciendo un frio tremendo, pero ella no sentía nada en absoluto.
-¡Merida!- la voz lejana de su madre parecía llamarla, como un sueño lejano. Aunque no se sentía con la fuerza suficiente como para levantarse y salvar su vida, pudo girar la cabeza en dirección a la voz, para ver si se trataba de algo mas que una alucinación inducida por hipotermia.
La oscuridad era tan inmensa que no tenia caso tener abiertos los ojos. Solo después de cerrar los parpados, los casquetes repicando contras la nieve fueron audibles. Elinor estaba buscándola, montada a caballo y en medio de la noche helada, por un bosque lleno de bestias salvajes, brujas y espíritus. Jamás pensó que su madre pudiera amarla tanto como para hacer todo eso por ella, después de todas las peleas anteriores... y sin embargo ahí estaba, a nada de llegar cuando mas la necesitaba.
-Merida…- el cabello rojizo de su hija, esparcido por toda la nieve, ayudo a la preocupada reina a reconocerla al instante. Contra todo pronostico ella la había encontrado y nunca antes había estado más feliz de verla.
-M-mama, ¿Qué-que haces aquí?- de alguna manera, Merida había logrado incorporarse lo suficiente para sentarse en la nieve.
-Merida, mírate como estas…- la reina Elinor prácticamente se había bajado de un salto del caballo, con tal de llegar lo mas rápido posible con su hija. Estando a tan solo unos pasos de ella, se abalanzo en la nieve y la envolvió entre sus brazos para sentirla a salvo.
-No-no es nada- Elinor la abrazaba tan fuerte que difícilmente podía dejarla hablar o respirar libremente.
-¿Cómo de que no es nada?, ¡Estas helada!, ¿Qué fue lo que te paso?, ¿Cómo fue que llegaste aquí?, ¿Escapaste?, ¿Y de donde sacaste esa ropa?- su madre comenzó a hacerle tantas preguntas a la vez que Merida apenas y podía concentrarse en una para responderla- ¿Te hizo daño?- esta ultima pregunta le hizo sentir un escalofrió incomodo a la princesa en todo el cuerpo.
-No…- mintió.
-Merida, si hubiera llegado después, tu probablemente habrías…- incluso la voz de la reina se cortaba con solo pensar en esa posibilidad.
-Pero no lo hiciste y estoy bien- estaba muy enferma claro, sin contar que no sentía sus extremidades y tenia el corazón roto, pero fuera de eso estaba perfecta.
-¿Dónde esta?, ¿Sigue cerca?, Debemos ir al castillo, encontrar a tu padre, reunir a todos los hombres posibles y... - de nueva cuenta comenzó a hablar tan rápido que Merida apenas y podía seguirle el ritmo a sus planes de venganza.
-No mamá, él ya no esta- nadie mejor que ella lo sabia- Se fue muy lejos y jamás va a volver…- la tristeza volvió una vez mas al terminar la frase. Jamás volvería a verlo y eso prometía ser como algo que nunca dejaría de doler.
-¿Estas segura hija?- de ser así, no tendría caso hacer mas grande de lo que ya era el asunto. Merida, su única hija, estaba a salvo y eso era todo lo que importaba.
-Muy segura- demasiado, para su desgracia.
-Entonces volvamos al castillo. Todos estábamos muy preocupados por ti- aunque faltaba poco para el amanecer y cada segundo que su hija pasaba fuera, a la intemperie fría y salvaje, era un segundo en el cual su salud se debilitaba.
-¿Dónde esta papá?- por mas que Merida intento ponerse de pie por su cuenta, al final termino aceptando la ayuda de su madre, apoyándose en su brazo.
-¡Tu padre!, Te juro que a veces no entiendo su lógica, si es que ese hombre tiene alguna. Le conté que te había secuestrado un demonio invisible de hielo… ¡Y se fue con los tres clanes a matar a Mor'du!- antes de comenzar a caminar, Elinor se retiro la capa que traía sobre los hombros para abrigar a Merida.
-¿Por qué a Mor'du?, El es un oso- incluso Merida podía ver lo absurdo que era a pesar de su estado.
-Un oso demonio- la reina cito lo mismo que su esposo había dicho para justificar su expedición de cacería nocturna- Desde que le quito su pierna, Fergus ya no logra pensar con claridad- primero ayudo a su hija a subirse al corcel antes de montarse ella y comenzar la cabalgata de vuelta a casa.
Durante varios minutos lo único que se escuchaba era el incesante cabalgar de los cascos sobre la nieve endurecida.
-Perdón mama, por ser tan difícil, por jamás escucharte, por todo…- Merida finalmente rompió el silencio, sacándose las palabras que desde hacia mucho tenia atrapadas en su pecho.
-Yo tampoco he sido precisamente un madre comprensiva contigo- la reina Elinor respondió, sonriendo maternalmente- Se que eres diferente a mi, tienes el espíritu imprudente y arriesgado de tu padre. No debi de haberte presionado tanto con la boda y te pido una disculpa por eso…- Elinor también fue sincera respecto a los sentimientos que había descubierto al tenerla lejos. Ella estaba dispuesta a intentar entenderla en lugar de pasarse todo el tiempo corrigiéndola. De ahora en adelante su relación madre-hija seria mejor de lo que jamás había sido y Elinor podía sentirlo - Llegando al castillo, si es que vuelven todos vivos de su absurda cacería, les voy a decir a los líderes de los tres clanes que no va a haber boda hasta que te sientas lista. Aun eres demasiado joven y se que vas a encontrar a alguien que ames con todo tu corazón para casarte con él cuando llegue el momen…
-No- Merida la interrumpió, antes de dejarla continuar. Había esperado tanto tiempo por escucharla decir eso, lo había deseando con todo su corazón y ahora, sin embargo, ya no lo deseaba mas.
-¿No?- Elinor había pensado que esa noticia le traería tanta felicidad que ni siquiera haría el intento de ocultarla, pero contrario a eso, Merida parecía estar mas triste y pensativa de lo que jamás la había visto antes.
-No tiene caso retrasar lo inevitable. Jamás voy a sentirme lista y tampoco voy a encontrar a alguien a quien ame. Todo este tiempo solo he intentando engañarme a mi misma, sin ver la realidad- días atrás abría saltado de gusto, gritando y lanzando flechas al aire, pero ahora ya no significaba nada. La única persona con la hubiera querido estar toda la vida (su vida) había escapado de su lado para siempre y ella estaba demasiado cansada como para buscar a alguien mas. No se sentía capaz de poder resistir algo como eso una vez mas, así que ¿Qué importaba?
-Merida, hija, ¿Estas diciendo que…?- aun después de escucharla atentamente, Elinor no podía creer las palabras de su hija.
-He sido muy egoísta al pensar solo en mí, pero ahora se que es mas importante la paz en el reino y la boda va a seguir en pie. Si voy a casarme, quiero que sea lo más pronto posible- posponerlo solo significaría alargar la agonía de algo que iba a pasar en algún momento y ella estaba demasiado cansada como para seguir resistiéndose.
-¿No quieres pensarlo mejor?- había dicho justo lo que ella hubiera querido escuchar todo este tiempo y simplemente no lo entendía. Debía ser la enfermedad la que hablaba por ella, algún delirio del cual se olvidaría fácilmente al día siguiente.
-Solo llévame a casa mamá. No necesito pensar nada…- Merida menciono con desaliento, antes de cerrar los ojos y quedarse dormida sobre el pecho tibio de su madre.
Sinceramente, me costo trabajo escribir este capitulo. No me gusta ver las partes de conflicto en las películas, aunque se que eso es lo que le da sabor al final. Tarde de nuevo más de lo esperado, siempre me pierdo demasiado en el mes de diciembre y enero :T
No se que les pareció la actualización, pero aun faltan aproximadamente 4 capítulos mas, así que aun tengo trabajo que hacer. Este fic avanza a paso de tortuga, pero avanza.
Tengan un día lindo y así :3
