Cap 7-El color de tu piel.

"No hay mayor pesar que recordar con tristeza alguna época en la que fuimos felices" - Dante Alighieri.

Taichi se detuvo frente a su moto, respirando con dificultad. No sabía qué hacer. Lo que había encontrado, cada foto, estaba grabado en su cabeza.

Se sentó, su mirada fija en el suelo, en el asfalto. Él quería a Sora. Tras dejar a Urara, que había sido –o así lo creía- el amor de su vida, se sentía lleno y feliz. Pero descubrir que esa chica tenía fotos suyas desde que era un crío era… raro. Muy raro.

Tensando la mandíbula para no llorar, pasó el pie por encima de la moto, quitó la pata de cabra de una patada con el talón y arrancó.

Cruzó como una bala el puente y entró subido en el vehículo a la playa desierta. Frenó y arena salió disparada. Tai notó las lágrimas anegando sus ojos mientras recordaba.

oOo

Unos días antes.

"¡Tai! Ven, mira…" Sora extendió la mano sin mirar y Tai se la tomó.

"¿Qué pasa?" Tai, desde atrás, la abrazó y apoyó la barbilla en su hombro.

"Aquí se celebra el festival de Tanabana en Agosto." Sora enredó en la arena con el pie enfundado en una playera.

"Lo sé. Vengo cada año."

"Me encanta esa historia. Es preciosa."

"Bueno... algo increíble... pero no está mal." Tai se encogió de hombros y suspiró.

Sora se colgó de su brazo. "No seas así. Es romántico, y además, mi ex nunca me traía a ver los fuegos."

Tai la atrajo hacia sí. "Te juro que tú y yo vendremos juntos."

"¿En serio?" los ojos de la pelirroja se iluminaron. Taichi asintió.

Con la mandíbula rígida, el castaño giró la moto y se incorporó de nuevo a la carretera. No podía creerlo. No su Sora. Ella no.

Con perspectiva, era algo estúpido, un puñado de fotos suyas. Pero si lo pensaba, y cada vez daba más vueltas al asunto, ¿por qué iba ella a tener todo eso en su poder?

Con una sonrisa, pensó que a su padre le encantaría tener todas esas fotos para el álbum familiar.

Sintió ganas, muchas ganas de volver y decirle a Sora que todo estaba bien, que no importaba y que debían olvidarlo. Pero una parte de su cabeza repetía que debía pensarlo muy bien.

Miró su móvil. Era hora de cenar. Suspiró. Le apetecía una comida con sus padres y Hikari, así que dirigió la moto a su antigua casa. Su casa de la infancia.

"¡Taichi!" Yuuko Yagami sonrió de oreja a oreja cuando su hijo se presentó a la puerta de su casa. "¡Qué alegría! Vamos, pasa. Estaba a punto de llamar a tu padre a cenar."

"¿Y Hikari?" preguntó el chico, extrañado, levantando una ceja. Su nuevo apartamento aún no estaba en condiciones de ser habitado.

Como respuesta, un suspiro de su madre y un gruñido desde el sofá, de su padre. Tai se alarmó.

"¿Qué pasa?"

"Está con ese nuevo novio suyo..." replicó el hombre. "El rubiales ese... ni sé cómo se llama."

"¿Yamato?" Tai enarcó una ceja a su vez. Susumu asintió. "Tampoco me gusta. Voy a tener que hablar con ella..." dijo Tai, pensando en voz alta.

Yuuko asintió, un poquillo de esperanza brillando en sus ojos.

"Anda, Tai." dijo, sirviendo platos de un humeante estofado. "Come. Es el que tanto te gusta... ¿Qué tal Sora, por cierto?"

Tai tensó la mandíbula. Pero sonrió. "Muy bien. El trabajo le va genial, está contenta." Hasta que me largué de su casa.

La mujer sonrió, de todas formas, y asintió. Los padres del muchacho se sentaron y le pidieron que se pusiese al día.

El chico les contó sobre sus compañeros del equipo y como pronto se irían al norte a jugar un par de partidos. Yuuko, como siempre, miró a su ya-no-tan-pequeño y Susumu golpeó el hombro fuerte de su hijo con una sonrisa muy parecida a la que el más joven a veces esbozaba.

"Estoy orgulloso de ti, hijo." dijo.

Tai lo miró y rió. "No soy más que un jugador de fútbol, papá. Pero gracias."

Yuuko, una vez recogidos los platos, se acercó a Taichi y besó su coronilla. Luego, como años atrás, intentó aplastar su pelo, sin resultados.

"Trae a Sora a comer algún día. Verla media hora no sirve para conocer a una persona."

Taichi tragó saliva. "Lo... comentaré con ella. Gracias, mamá."

Se pasó la mano por el flequillo, y rió.

"Bueno... es un placer veros... debo irme." se levantó y miró el reloj.

Quizá tenía tiempo para meter un par de goles y luego... pensar. ¿Pensar, qué? Él quería a Sora. No había más misterio. Y aún así, seguía dándole vueltas al asunto. Las fotos, años y años de recuerdos que ahora sabía ella compartía.

En silencio, bajó a la calle y se encontró cara a cara con su hermana... y de la mano con él.

Taichi hizo una mueca, pero sonrió a Hikari.

"Hola, Hikari..." dijo, inclinándose a frotarle el pelo. "¿Qué tal todo?"

"Genial, hermano. Mato y yo veníamos a saludar a papá y mamá."

"¿Mato?" Tai levantó una ceja y observó al chico, que se había distanciado para fumar un cigarro. "Hikari, sabes que te quiero, pero creo que deberías..."

"...¿qué?"

"... salir con otras personas." Tai suspiró. "Daisuke no para de preguntarme por ti."

Hikari se mordió el labio. "No he hablado con él desde antes de Navidad."

"Cuando conociste a este." Tai rodó los ojos. "Mira, no te voy a obligar a nada, pero yo te aconsejo que salgas con chicos de tu edad. O que no salgas en absoluto. Céntrate en tus estudios."

Hikari entrecerró los ojos. "¡Mira quien habla! Cuando estabas en la Uni, no parabas de traerte chicas a casa."

Taichi enrojeció. "Eran... no eran... no era nada serio."

Con cuidado, abrazó a su hermana. "Piénsalo, ¿vale?"

Hikari suspiró, pero de todas formas asintió. "Voy a ir subiendo, ven cuando acabes." dijo al rubio, que asintió mientras expulsaba una nube de humo.

Tai odiaba a los fumadores. Él era deportista, y muchos de sus compañeros que fumaban no aguantaban tan bien como los que no en los partidos. Y además, este chico le crispaba. Recordó lo que había dicho de su ex. Además trataba a las chicas como basura. Más le valía cuidarse con su hermana.

"¡Hey!" dijo Tai acercándose a él. Yamato lo miró. "Mira. No sé que te hizo tu ex ni por qué eres tan sumamente gilipollas. Sólo te advierto que con Hikari, no te voy a permitir pasarte ni un pelo."

El rubio rió. "No voy a malgastar mi tiempo haciendo nada a tu hermana. Que, por cierto, es suficientemente mayor como para decirme esto ella misma. En cuanto a mi ex, era una puta y se merece lo peor. Ya está."

Taichi no se pudo resistir y le propinó un puñetazo al chico. El rubio trastabilló y cayó al suelo.

"Vete de mi casa. Aléjate de Hikari. Punto."

Dicho esto, se alejó del chico y se subió en su moto.

Yamato se tocó el labio, ahora hinchado. Vaya. El castaño era fuerte. Incluso daba algo de miedo, aunque él nunca lo admitiría.

Miró al edificio que tenía frente a sí. Hikari. La chica era mona. ¿La quería de verdad? Yamato se levantó y sacó la cajetilla de tabaco. Vacía. Vacía. Mierda. Apretó el puño arrugándola y la dejó caer, para luego darse la vuelta y marcharse a buscar algún bar donde beber dos o tres copas.

oOo

Tai llevaba más de una hora y media dando patadas a un baló tras otro, colándolos sin fallos en la portería. Los colocaba de nuevo, en fila, y chutaba. Los colocaba, chutaba.

El sudor le resbalaba por la sien y el chico respiraba con fuerza. Con cada patada pensaba más en cómo decirle a Sora que lo sentía. Que no se tenía que haber ido.

Al cabo de un rato, dejó los balones en el cuarto de material y se dirigió a por su bolsa. Mientras estaba en la ducha, oyó su móvil sonar. Se dio prisa con el aclarado y cogió el aparato.

"¿Mimi?" dijo Tai, preocupado. "¿Qué ha pasado? Se ha electrocutado Koushiro otra vez?"

Mimi soltó un gemido. "¡No es Kou! ¡Es Sora!" Luego se detuvo. "Espera. ¿Se ha electrocutado alguna vez?"

Tai estaba alarmado de repente. "Un par de veces, nada serio. ¿Qué le ha pasado a Sora?"

El chico escuchó atentamente a la chica, sus ojos cada vez más abiertos.

"Voy para allá."

Le faltó tiempo para vestirse y salir a la carrera del lugar.

Mierda.

oOo

Una hora antes.

Yamato salió del bar, dando tumbos y con una petaca llena de alcohol. La abrió, como si no se hubiese tomado ya cinco vasos de whiskey.

El alcohol le ayudaba. ¿Problemas? Beh, él no tenía problemas con el alcohol. Lo controlaba ferpectamen- ouch. Vio el suelo a dos centímetros de su cara.

"Mi-hic-erda."

"¿Yamato?" dijo una voz.

Yamato levantó la cabeza y vio una imagen borrosa de alguien con cabello anaranjado.

"¿Sora?"

La chica gruñó. "¿Qué mierdas haces? ¿Borracho otra vez? Son las seis de la tarde."

Cuando salían, Sora controlaba -más o menos- la adicción del chico. Ahora, por supuesto, él estaba tan enganchado como siempre.

"¿Y a ti qué más te da?" replicó el chico, itentando no mezclar las palabras.

Sora suspiró. Se agachó y agarró su brazo. "Vamos. Te llevaré con tu padre."

Yamato se dejó levantar, pero en un instante la tenía contra la pared del local.

"Yamato, anda, aléjate." Sora apartó la cara. Le apestba el aliento. No podía soportarlo.

Sin embargo, él se acercó más.

"¿Sabes? Desde que me echaste tengo ganas de hacerlo contigo."

Sora tragó saliva. "Déjame. Vete a la mierda un rato."

El rubio no se dio por vencido. Tiró de la chaqueta de la chica, de la que se soltó un botón.

Sora se asustó. Mucho. No sabía de lo que Yamato era capaz de hacer borracho. Con un chillido, echó a correr hacia otro lado, sacando el móvil. Con dedos temblorosos llamó a Takeru.

"¿Sora?" se oyó al otro lado de la línea.

"¡Ayúdame!" Sora chilló y cayó al suelo cuando Yamato se la tiró encima. Estaban en una calle poco frecuentada. No pasaban coches y la persona más cercana estaba dentro del bar, apestoso y con música. "Calle 5 con la 9. ¡Ay!"

Pataleó con fuerza y dio a Yamato en el hombro, consiguiendo así levantarse y correr. Entró en la primera tienda que pilló, una de electrodomésticos.

El rubio entró detrás. Como estaba completamente bebido, casi tira una televisión enorme y carísima. El dueño se apresuró a pedirle que se marchase del sitio.

Sora fingió, nerviosa y viendo como Yamato se alejaba, ver una lavadora, y en cuanto el rubio estuvo fuera de vista, salió.

Mala idea. Él la esperaba.

"¡Joder! ¡Déjame!" Sora deseó que Taichi estuviese allí. Para protegerla de su ex. Su propio ex intentando abusar de ella. Precioso.

Consiguió forcejear hasta que Takeru apareció. El muchacho agarró a Yamato por los hombros y tiró de él hasta que cayó al suelo.

"¿Takeru?" dijo el otro, entrecerrando los ojos.

"Vete a casa. Papá no se alegrará de verte así." El más joven se colocó entre Yamato y Sora y se mantuvo tan calmado como pudo.

"¿Crees que me importa lo que piense?" Yamato se puso en pie con cara de asco. "Id a la mierda los dos." Dicho esto, se largó, dando tumbos pero menos borracho.

Takeru se volvió hacia Sora y la abrazó con ganas. "Lo siento."

"¿Her-hermano?"

El rubio asintió. "Nuestros padre están divorciados."

Sora hundió su cara en el hombro del chico. "No lo sabía."

Comenzó a sollozar. Takeru señaló al fin de la calle. "Vamosa tu casa."

oOo

Tai llegó a casa de Sora, bajó de la moto y corrió tan aprisa como pudo hasta su piso. Una Mimi con cara cansada abrió. Sus cejas se levantaron.

"¡Taichi!" dijo, agarrando su brazo y tirando de él. "Vamos, pasa."

"¿Dónde está?" preguntó el muchacho.

"En su cuarto."

Sin esperar más, Taichi se apresuró a llegar a la habitación, donde Sora estaba sentada en la cama, junto a Takeru, abrazando un cojín. Las miradas de ambos se dirigieron al castaño. Takeru se levantó y Sora sólo abrió los ojos mucho.

"Con permiso..." Takeru salió, cerrando la puerta tras de sí.

"Tai..." Sora comenzó a hablar, pero él hizo un gesto y la chica calló.

"Yo... siento que haya pasado esto."

"¡No! Es culpa mía, yo... las fotos... lo siento mucho. Lo siento de verdad."

"No las fotos. Tu ex."

"Ah... Seguro que Yamato estaba cabreado por..."

"Espera, espera... ¿Yamato?" Tai la miró con una rabia creciendo en sus ojos.

"Sí, Yamato, mi ex." Sora tragó saliva.

"¿Rubio? ¿Alto? ¿Mirada de superioridad?"

Sora asintió cabizbaja.

Taichi apretó la mandíbula y se quedó mirando una foto que Sora tenía en la estantería, ella de pequeña con un balón de fútbol. Detrás, algo azul y familiar.

Estiró la mano y sacó las gafas de aviador que había tras el marco. Las apretó con los dedos. Y miró a Sora.

"Tu eres esa chica. La de la playa. "

Sora asintió lentamente. Estaba asustada. Otra mentira a su colección.

"Aún tengo tu peluche. Está en casa de mis padres, bajo mi cama. Me temo que a Miko le gusta como cojín."

Sora pestañeó y se echó a reír. "Siento no habértelo dicho."

Tai negó con la cabeza y se giró, para dirigirse a la puerta.

"¿A dónde vas?"

"A dejarle un par de cosas claras a un pringadillo de cuarta."

Y dicho esto, salió.

oOo

N/A: EEEEEEEEEEEH. Tras casi un mes, estoy de vuelta. BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE N.

He empezado el colegio y tengo poco tiempo y ganas de escribir. LO SIENTO.

Este, además, será el anteúltimo capítulo. No prometo mucho, es la mitad de los anteriores y está fatal escrito, pero oye. Mis musas s'han largao.

Muchas gracias a tod s por los reviews. No los responderé, pero leídos están y quiero que sepáis que aprecio todos un montón.

MUCHAS GRACIAS POR SEGUIR AHÍ! 3333

(EL título viene de la frase "Me despertaré sin saber cuál es el color que ahora tiene tu piel", de una canción del Mago de OZ B])