Advertencias: AU, espiritual, suspenso, drama. NO shota.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen


Even if you can't remember

Desde el momento en que sus ojos se cerraron, todo se convirtió en una completa y abrumadora oscuridad. Erwin supuso que aquello era normal, dado que había cerrado los ojos, pero el tiempo que había pasado desde ese momento parecía una eternidad. Estaba seguro de que no se encontraba dormido, pero tampoco estaba despierto, y no podía dejar de pensar en lo horrible que sería estar atrapado para siempre en ese lugar.

Se encontraba sentado en el suelo, abrazando sus rodillas y ocultando el rostro entre sus brazos, pero en realidad no era capaz de ver o sentir nada a su alrededor; ni siquiera podía decir con seguridad si tenía los ojos abiertos o cerrados. Su percepción del tiempo y el espacio estaba totalmente distorsionada. Desde que finalmente se había rendido a las voces que le llamaban de regreso, Erwin no estaba seguro si habían pasado tan sólo algunos minutos o ya varios años.

El paso del tiempo no lo sentía, pero, de igual forma, tenía la impresión de que ya llevaba demasiado en ese lugar. Aunque había querido evitar pensar en eso, Erwin tuvo que admitir para sí mismo que estaba mucho mejor con Levi. Lo extrañaba mucho más de lo que le emocionaba volver a casa.

Mientras estuvo atrapado en ese lugar, el pequeño se preguntó muchas veces qué estaría haciendo Levi en ese momento, si estaría preocupado por él, o si sus ojos de nuevo se veían tristes como la primera vez que lo vio. Se preguntó si, quizás, lo echaba de menos tanto como él lo hacía, o si pensaba en él durante las noches ahora que de nuevo dormía solo. En su mente, no podía dejar de evocar la imagen del hombre que le había hecho sentir seguro durante todo el tiempo que estuvieron juntos a pesar de no conocerlo.

Lo extrañaba, pensaba en él todo el tiempo, sin embargo, entre más lo hacía, más lejano se volvía. Su rostro comenzaba a verse borroso en sus recuerdos, el sonido de su voz se escuchaba apenas como un eco distante, y el calor de su cuerpo había sido reemplazado por la fría oscuridad que lo rodeaba. Había sido el peor momento de su corta vida, por lo que no pudo evitar que sus pensamientos viajaran hasta lo mucho que se arrepentía de haberse ido de su lado.

Tal vez hubiera podido quedarse con Levi para siempre, crecer junto a él, cuidar de él como él lo había cuidado todo ese tiempo, darle todo lo que necesitara para ser feliz. Realmente no le hubiera importado si el otro Erwin volvía a tomar control de su mente, en ese momento, el pequeño Erwin hubiera dado cualquier cosa por no estar más en ese terrible lugar. Incluso se atrevió a pensar que no deseaba ver a sus padres de nuevo, pero de inmediato se arrepintió de siquiera haberlo insinuado.

Las lágrimas habían comenzado a correr libremente por su rostro; o al menos eso pensaba, pues no era capaz de sentir la humedad característica del llanto en sus mejillas. Estaba tan desesperado, que tardó en percatarse de la brillante luz que parecía crecer ante él. De pronto, dejó de sentir frío, y una agradable sensación de tranquilidad se extendió por su pecho, aliviando el dolor que había tenido que sufrir durante ese tiempo. Fue entonces que, por primera vez desde que se había despedido de Levi, Erwin sintió una nueva esperanza brotar en su interior.

Seguro de que esa luz era lo que le sacaría de su oscuro confinamiento, el niño se levantó con torpeza, caminando a prisa hacia esa brillante luz hasta que, sin darse cuenta, se encontraba corriendo hacia ella, desesperado por irse lejos de ese lugar. No le importaba a dónde condujera, tan sólo deseaba salir de ahí. Para cuando estuvo cerca, la luz se volvió tan intensa que le cegó por unos instantes, pero eso no le detuvo de seguir adelante, cerrando los ojos con fuerza y dejándose guiar por su instinto, que le decía que ese era el camino correcto.

Cuando al fin pudo abrir los ojos de nuevo, una luz mucho menos intensa brillaba sobre él.

Su primer impulso fue cubrir sus ojos con sus manos, pero sus brazos no se movieron. No importaba cuanto lo intentara, su cuerpo no parecía estar dispuesto a responder; se sentía pesado, cansado, como cuando dormía demasiado al comienzo de las vacaciones de verano. Erwin había comenzado a asustarse, pero, entonces, una voz comenzó a cobrar fuerza. Al principio pensó que sería como antes y que de nuevo había despertado en algún lugar desconocido sin recuerdos y con voces susurrando dentro de su cabeza, pero, justo antes de que se dejara llevar por el temor, se dio cuenta de que alguien realmente le estaba llamando.

Concentrándose tanto como le era posible, sus ojos se movieron hacia la derecha, buscando a quien fuera que estuviera llamándole con tanta insistencia. Era su padre, y en su voz pudo notar como la tristeza era reemplaza por pura emoción. El hombre a su lado gritaba cosas que no comprendía, lo llamaba y soltaba preguntas que Erwin no lograba entender; era como si aún no estuviera completamente despierto.

De golpe, varias personas se reunieron a su alrededor, diciendo cosas que no lograba escuchar por más que se esforzaba y mirándolo con asombro. Para el niño, toda esa situación estaba resultando estresante. No sólo su incapacidad para moverse, sino también el no ser capaz de comprender lo que estaba sucediendo pues, al parecer, su cerebro aún no estaba funcionando.

Por fortuna, sus sentidos poco a poco fueron volviendo a la vida, y las voces dejaron de ser sólo ruido para convertirse en palabras, que de a poco iban formando oraciones coherentes en su mente. Aunque no era capaz de entender la situación por completo, al menos ya no se sentía aturdido. Sin embargo, seguía siendo tan sólo un niño pequeño, y necesitaba a su padre y a su madre a su lado, diciéndole que lo amaban y que todo estaría bien. Erwin quiso gritar, pero su voz no era más que un lamentable sonido irritado.

Como si hubiera escuchado sus pensamientos, el padre de Erwin se acercó a su pequeño, alejando a los médicos y enfermeras que se encontraban reunidos en torno al menor. Sí, claro que deseaba conocer el estado de salud de su hijo, pero más que cualquier otra cosa en el mundo, deseaba estar cerca de él y tenerlo entre sus brazos, donde nada pudiera volver a hacerle daño, ni siquiera él mismo; en cuanto confirmaron que sus signos eran estables, no dudó en atraerlo en un abrazo, cuidadoso y protector.

—Erwin… —Le escuchó llamarlo y, aunque no pudo encontrar su voz para responder, sus ojos reflejaron una sonrisa que no pasó desapercibida para el hombre.

Entre llanto y alegría, el hombre se encargó de hacerle saber lo preocupado que estaba por él y lo mucho que le había hecho falta. Aunque el pequeño no entendía de qué estaba hablando, él mismo podía sentir en ese abrazo la desesperación del hombre al que por tantos años había temido como si se tratara de un monstruo. El hombre cruel, el padre estricto, por primera vez le mostraba el cariño que siempre deseo sentir.

—Mamá… —Haciendo uso de todas sus fuerzas, aun cuando nunca pensó que algo tan simple pudiera resultar tan complicado, Erwin fue capaz de pronunciar esa única palabra, pero que confiaba en que sería suficiente para hacerse entender; después de todo, se trataba de su padre.

El señor Smith lo miró complacido; según los doctores, no parecía haber ningún daño neuronal, pero necesitarían hacer más pruebas para estar seguros, que su hijo fuera capaz de hablar tan pronto reducía bastante sus preocupaciones.

—Tu madre está bien, fue a casa a darse un baño. —Respondió el hombre, tratando de hablar lentamente pues su pequeño aún parecía desorientado. —Volverá en unas horas.

Erwin asintió, lentamente recuperando la sensibilidad y el control de sus extremidades. Recién en ese momento fue consciente de su situación. Aunque sus recuerdos estaban borrosos, en su mente aún podía recrear vagamente el horror de aquel día. Su padre no le había librado de su abrazo, y los médicos ya hacía un momento que se habían retirado, dejándolos solos luego de tomar sus signos.

La insistente sensación de haber vivido antes ese momento no le dejaba en paz, era como si ya antes se hubiera visto a sí mismo en esa situación, sin lograr recordarlo todo pero siendo confortado por una agradable calidez. El pequeño pensaba que se debía a que su padre le había abrazado en esa forma anteriormente, mientras estaba dormido, pero también estaba seguro de que ese no era el caso. En cuanto cerraba los ojos, su mente recreaba el rostro de una persona, totalmente desconocida para él pero que le provocaba una inexplicable tristeza.

Una vez más, Erwin tuvo que cerrar los ojos con fuerza, ignorando las palabras de su padre y aferrándose a esa imagen con desesperación, pues algo le decía que si lo dejaba ir, nunca más volvería a verlo. Y, a pesar de no saber quién era, Erwin no quería perderlo. Como si de algo tangible se tratara, Erwin atrapó esa imagen en su mente, concentrándose en los detalles que no era capaz de ver, pero que poco a poco iban tomando forma una vez más.

Sus rasgos finos.

Su piel blanca.

Su cabello oscuro.

Sus ojos grises.

La tristeza en esos mismos ojos.

Levi.

De golpe, como si se tratara de una película proyectándose demasiado rápido, Erwin fue capaz de recordarlo todo. La discusión con su padre de camino a la escuela, las suplicas de su madre, los gritos de su padre, el sonido del auto que se dirigía hacia ellos, sus propios gritos… El accidente volvió a su mente, reviviendo el horror de aquel día, y el niño no pudo hacer más que abrazarse con fuerza al cuerpo de su padre, buscando en él la protección que alguien más le había ofrecido anteriormente, pero que ya no era capaz de sentir.

—Está bien, ya todo está bien. —Su padre intentaba tranquilizarlo, aunque la culpabilidad de nuevo se había instalado en su pecho.

En realidad, sería más preciso afirmar que nunca se había ido, no desde el día en que vio a su hijo y a su esposa, las dos personas más importantes en su vida, a punto de morir por su culpa. Nunca podría perdonarse lo que les había hecho, pero no dejaba de agradecer que ambos estuvieran aun a su lado. Nunca más volvería a alejarse de ellos. —Creí que te había perdido. Tenía tanto miedo de que no despertaras…

Erwin, por su parte, tenía la sensación de que había pasado mucho tiempo en ese lugar. Las palabras de su padre, la forma en que lo abrazaba como si llevara mucho sin hacerlo, y la humedad que podía sentir en su hombro, donde su padre había ocultado su rostro para que no lo viera llorar, fueron prueba suficiente de ello.

—¿Cuánto tiempo… estuve dormido? —Se aventuró a preguntar, temblando ligeramente, asustado por las varias posibles respuestas que se formaban en su mente.

El señor Smith se separó de su pequeño, mirándolo con todo el dolor de su alma opacando sus cansados ojos. Un nudo en su garganta le impidió responder de inmediato, pues, de sólo recordar lo cerca que estuvo de rendirse y permitir que los médicos terminaran con el sufrimiento de su hijo, se sentía morir una vez más.

—Estuviste en coma por casi tres meses.

Aquello había sido poco más que un susurro, como si al no pronunciar las palabras en voz alta, estas dejaran de ser verdad. Por supuesto, había omitido el hecho de que los médicos aseguraban que lo mejor sería desconectarlo, ya que por su edad era casi imposible que despertara y, si llegaba a hacerlo, seguramente habría daños neuronales tan graves que su vida no sería la misma. Él era su único hijo, y lo que menos deseaba era verlo sufrir, pero en ese momento, agradecía sinceramente haber sido egoísta y negarse a dejarlo "descansar", como ellos llamaban a la muerte.

Erwin no estaba seguro de lo que eso significaba, pero sí sabía cuánto tiempo eran tres meses. Era el tiempo que pasaba desde su cumpleaños hasta el de su madre; el tiempo que dedicaba a aprender una pieza para tocarla en sus clases de piano; el tiempo que le tomó aprender a pararse de manos; el tiempo que había pasado desde que su mejor amigo, Mike, había ido por primera vez a buscarlo su casa hasta que su padre finalmente lo dejó salir a jugar con él. Tres meses era demasiado tiempo para estar dormido.

—Yo… tuve un sueño. Uno muy largo. —Comenzó, dirigiendo su mirada hasta la ventana de la habitación. Afuera, el clima parecía agradablemente cálido, perfecto para jugar en el jardín, o salir al parque por un helado. En días como ese, Levi lo dejaba quedarse afuera un poco más tarde y, si tenía suerte, incluso compraba algún dulce para él de camino a casa. —Al principio sentía mucho miedo, y no podía recordar nada, pero luego apareció Él, y nunca más volví a estar asustado. Él siempre estuvo ahí para protegerme.

Erwin sonrió con tristeza, preguntándose si Levi aún seguía de rodillas en el jardín, o si ya se había olvidado de él. ¿Cuánto tiempo habría pasado desde que se fue? Estando ya más tranquilo que cuando despertó, pudo recordar a la perfección ese horrible lugar en el que había estado luego de separarse de él, la soledad que había experimentado mientras estuvo ahí, y la desesperación que había sentido por volver al lado de ese hombre.

—Dios estuvo cuidándote, hijo, él fue quien te salvó y te trajo de regreso con nosotros.

El hombre, que nunca había sido creyente, no encontraba otra explicación para lo que su pequeño decía. Estaba seguro de que, para Erwin, la experiencia había sido similar a estar sumido en un largo y profundo sueño, sin embargo, que hablara de alguien cuidando de él era inesperado. No podía pensar en nada diferente, pero su hijo no parecía compartir esa opinión, pues negaba efusivamente.

—No, no era Dios quien cuidaba de mí, era Levi, él estuvo conmigo todo el tiempo.

—No importa quién fue, lo importante es que estás de regreso, y que nunca más dejaré que nada ni nadie te aparte de mí.

El señor Smith lo abrazó de nuevo, dejando un dulce beso en la frente de su hijo, pero Erwin no podía dejar de pensar en el hombre que había cuidado de él, y que comenzaba a volverse un recuerdo lejano. Sin saber por qué, Erwin comenzó a llorar. Quizás porque, por primera vez en su vida, se sentía amado por su padre, o quizás era porque la persona que se había vuelto tan importante para él en apenas un par de meses, estaba desapareciendo de su mente demasiado rápido. Aún no estaba listo para dejarlo ir.

Él y Levi no estaban destinados a conocerse, sin embargo, si pudiera pedir un deseo, le hubiera gustado poder conservar sus recuerdos de su tiempo juntos. Aunque ahora le parecía demasiado corto, Erwin estaba seguro de que había aprendido muchas cosas, a perdonar a su padre, por ejemplo. Antes de encontrarse con Levi, todo había sido oscuro y solitario, pero el pequeño podía recordar haber visto una luz cerca de él, una que parecía perder su fuerza y estar próxima a apagarse; desesperado, había corrido hacia esa luz, seguro de que le sacaría de esa soledad.

Pero, cuando abrió los ojos se encontraba en un lugar desconocido, un lúgubre cementerio, totalmente solo y sin poder recordar nada, por lo que incluso había llegado a pensar que estaba muerto, y no era más que un fantasma, observando su propia tumba, una en la que podía leer claramente su nombre. Había sido tan frustrante que no había podido contener sus lágrimas, sin embargo, viéndolo en retrospectiva, eso había sido lo que había guiado a Levi hacia él. Levi era esa luz que se extinguía, pero que también alumbró su camino de vuelta antes de apagarse.

A pesar de su sorpresiva recuperación y de que todo parecía estar bien con él, Erwin tendría que pasar algunas semanas en el hospital antes de poder ir a casa. Su madre, desde que lo había visto despierto al volver, no había querido separarse de su pequeño ni un segundo; su padre, por el contrario, había vuelto al trabajo, aunque, siendo el director del hospital más importante de la ciudad, podía darse el lujo de salir temprano y faltar algunos días, compartiendo con su esposa el cuidado de su pequeño, sin mencionar que, al encontrase tan cerca, podía tomarse algunos descansos durante el día para reemplazar a su esposa.

Los médicos le practicaban diversos exámenes y había comenzado a recibir rehabilitación, pues el tiempo que había pasado en cama había debilitado sus músculos. A Erwin no le gustaba estar en el hospital, pero todos eran muy amables, y finalmente podía estar con su madre, a la que no estaba consciente de cuánto extrañaba hasta que volvió a verla. El niño había llorado durante horas mientras ella lo abrazaba, por primera vez externando todos los sentimientos y el miedo que había estado conteniendo en su intento por parecer fuerte, como su padre siempre le decía. Fue en ese momento que el niño se sintió genuinamente arrepentido por haber pensado que estaría bien si no regresaba con ellos. Se sentía tan arrepentido, que se había disculpado con ella muchas veces sin que la mujer lograra comprender el motivo.


Unos días después de que despertó, Hanji y Mike, sus amigos de la escuela, habían ido a visitarlo acompañados por sus madres. Los niños, con inocencia, le preguntaban cómo había sido pasar tanto tiempo dormido, si había estado asustado o si no recordaba nada, o si quizás había crecido aunque fuera un poco, pero Erwin aún conservaba algunos recuerdos de ese "sueño", como sus padres llamaban a su tiempo con Levi, y pasaba horas enteras contándoles sobre él, sobre cómo vivían en su casa y la deliciosa comida que le preparaba todos los días; les hablaba de lo tristes que eran sus ojos, pero también de cómo brillaban cuando algo lo alegraba, así como de lo hermosa que era su sonrisa, aunque sólo había sido capaz de verla un par de veces.

Sin darse cuenta, Erwin hablaba todo el tiempo de él, y lo hacía con tal exactitud que era como si simplemente hubiera pasado unas largas vacaciones en la casa de esa persona, aunque en varias ocasiones les había contado que Levi vivía en su propia casa, y que él estuvo muy sorprendido la primera vez que llegó ahí al notar que sus padres no estaban, por lo que todos comenzaron a pensar en Levi como un producto de su subconsciente, una especie de guardián que había sido convertido en una figura paterna.

Sus padres, preocupados por él, habían pedido que le realizaran tomografías y cualquier otro examen que pudiera ayudarlos a saber cómo se encontraba su cabeza, a pesar de que los médicos les aseguraban en cada ocasión que no había ningún problema con su cerebro. No podían entenderlo, pero que hablara de esa forma de alguien que no existía resultaba intimidante de muchas formas que no sabían explicar.

Ellos le habían asegurado muchas veces que todo se trataba de un sueño, que mientras estaba en coma, su cerebro había inventado cosas que no eran reales, sin embargo, Erwin estaba seguro de que Levi era real. Claro que no vivía en su casa, quizás ni siquiera en esa misma ciudad, pero, en su corazón, Erwin estaba seguro de que él era real, y que en ese preciso momento, se encontraba en algún lugar, mirando al cielo con nostalgia como lo había visto hacer todas las tardes justo antes de la puesta del sol.

En una de esas visitas, mientras los niños hablaban y jugaban con sus autos de juguete en la cama de Erwin, su padre aprovechó la oportunidad para salir de la habitación y hablar con la madre de Hanji, la doctora Zoe. Ella era una gran psicóloga infantil en el hospital y se dedicaba principalmente a atender niños que sufrían algún trastorno de estrés post-traumático, por lo que él estuvo seguro de que hablar con ella les ayudaría a entender qué era exactamente por lo que estaba pasando su hijo.

—Entonces, ¿dices que Erwin habla de un hombre? —Preguntó directamente la mujer, sentada frente al señor Smith en una de las mesas de la cafetería, mirándole con total seriedad.

Al principio, había estado reacio a hablar con ella sobre eso por temor a lo que pudiera pensar de su hijo, pero al notar la seriedad con que tomaba todo ese asunto, el hombre se permitió relajarse, dispuesto a ser totalmente honesto con ella. —Así es, Erwin habla de las cosas que hizo mientras no estuvo con nosotros, pero es extraño…

—¿Extraño en qué forma?

La interrupción, lejos de molestarle, le ayudó a profundizar un poco más, tratando de ser específico.

—No lo sé, es como si nos contara algún sueño que hubiera tenido, pero no se siente de esa forma. Es como… como si de verdad hubiera estado viviendo con él todo este tiempo.

—Pero sabes que eso no es posible. —Le sonrió, intentando tranquilizarlo pues parecía estar asustado al hablar de eso. —Escucha, no deberías darle tanta importancia, fue sólo un sueño después de todo.

El señor Smith suspiró, incapaz de poner en palabras lo que sentía. No le molestaba que su hijo hubiera tenido un sueño, incluso le parecía normal a pesar de las circunstancias, sin embargo, tenía miedo de que ese Levi del que su hijo hablaba fuera algún espíritu o alguna presencia que pudiera ocasionarle problemas en un futuro. En realidad no estaba seguro de qué era lo que lo tenía tan agobiado, pero sí sabía que algo había pasado con su hijo, y el miedo a lo desconocido no tenía por qué ser racional.

—Erwin tuvo una experiencia cercana a la muerte —volvió a hablar la mujer, tratando de darle una respuesta aunque no fuera precisamente una científica—, es normal que pasara por muchas cosas que nosotros no podemos comprender. Su espíritu pudo haber viajo sin su cuerpo y, al no tener las limitaciones de un cuerpo físico, pudo haber ido a cualquier lugar; incluso es posible que haya viajado a otra época, o a otra dimensión, una donde pudo vivir una vida diferente pero no por eso menos real. Quizás por eso sus recuerdos se solaparon con los de esa otra época, aunque tarde o temprano acabarán por desaparecer, pues esos recuerdos no le pertenecen.

Ante esas palabras, el hombre la miró confundido, incrédulo. Él no esperaba que ella fuera a tomar en serio sus preocupaciones, pero que hablara de esa forma, más aun tratándose de una de las doctoras más respetadas del hospital, hacía que creyera que lo que estaba diciendo tenía sentido. De cualquier forma, era la explicación más razonable que había recibido en todo ese tiempo, sin importar lo ilógica que sonara.

Al notar su expresión y luego de un largo silencio, la mujer decidió aligerar un poco el ambiente, que se había vuelto pesado a su alrededor, después de todo, cada uno podía creer en lo que le pareciera más acertado, y sólo Erwin sabía lo que había pasado realmente en esos tres meses. —O pudo haber sido tan sólo un sueño, en el que Erwin inventó un amigo imaginario para no sentirse tan sólo. Trata de entenderlo, tu hijo debió estar muy asustado.

El hombre asintió, deseando aferrarse a esa idea que, a su parecer, era la más lógica entre todas las opciones que le había dado. —Será mejor que regresemos, casi es hora de que vuelva a la oficina.

Ella se levantó detrás de él, siguiéndolo de vuelta a la habitación, donde los niños aún jugaban sin importar el lugar en que se encontraban. Ambos sonrieron al ver la escena, y el señor Smith, al estar de nuevo al lado de su esposa, le aseguró que todo estaría bien con su pequeño, y que sólo tendrían que esperar.

Luego de hablar con su colega, podía entender mejor el que su hijo hubiera inventado una presencia que le cuidara durante el tiempo que estuvo dormido, después de todo, Erwin era tan sólo un niño y, como tal, necesitaba sentir la seguridad que sólo una figura adulta podía brindarle. En cierta forma, se sintió un poco celoso de ese tal Levi, pues por la forma en que su hijo hablaba de él, estaba seguro de que lo veía como un padre; el padre que él no había sabido ser en todos esos años.

Sin poder evitarlo, se sintió sinceramente arrepentido por lo duro que había sido con su hijo, por haberlo obligado a hacer cosas que no quería, por ser tan estricto con él y, sobre todo, por no haberle hecho saber lo mucho que lo amaba y lo feliz que era de que hubiera llegado a su vida. Era consciente de que el accidente había sido su culpa, por eso, a partir de ese momento, se prometió hacerle saber a cada momento lo importante que era para él, y ser el padre que su hijo necesitaba.

Su esposa, emocionada por su decisión, le había abrazado con fuerza, dejándole saber lo mucho que lo amaba y asegurándole que ni ella ni Erwin le guardaban ningún rencor por lo que había pasado. Le dijo que Erwin lo amaba a pesar de que a veces tuvieran sus diferencias, pero también apoyó su decisión de cambiar, segura de que ese accidente, lejos de separarlos, había logrado convertirlos en una familia unida. Su pequeño estaba de nuevo con ellos, su esposo había aprendido de sus errores, y ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera por que las cosas fueran mejor que antes en su hogar. Y eso era lo único que importaba realmente.


Con el paso de los días, tal como la doctora Zoe había predicho, los recuerdos de Erwin sobre Levi y el tiempo que pasaron juntos habían comenzado a desaparecer.

Uno a uno, se esfumaban como si nunca hubieran existido, y Erwin hablaba cada vez menos de él. Ya no lograba recordar su rostro con detalle, ni el sabor de su comida o la sensación de sus brazos a su alrededor. Ya no recordaba el sonido de su respiración cuando dormía a su lado, ni el tono de su voz y, luego de un tiempo, su nombre también terminó por desaparecer de su boca.

Erwin ya no lo nombraba más, no pensaba en él, y finalmente terminó por desaparecer por completo de su memoria, pero no sólo desapareció de la suya, de la de sus padres y amigos también. Para cuando pudo volver a ponerse de pie y andar por su cuenta dentro de la habitación, Levi se había ido para siempre.

A pesar de estar emocionado por su recuperación y por el hecho de que pronto podría irse de ahí y volver a casa, Erwin no podía evitar sentir que algo le hacía falta. Era como si, de un momento a otro, una parte importante de sí mismo le hubiera sido arrebatada. No recordaba lo que era, y por más que se esforzaba por no darle importancia, simplemente no podía. Incluso había intentado hablar con sus padres sobre aquello, pero ellos tampoco parecían saber de qué se trataba, como si todo el mundo, incluyéndolo, lo hubiera olvidado.

Su corazón se sentía incompleto, vacío, y el niño, aunque intentaba sonreír y estar animado para no preocupar a sus padres, se descubría muchas veces a sí mismo con la mirada perdida en la ventana, intentando darle un nombre a eso que le hacía tanta falta. Durante las noches, varias veces había despertado buscando a tientas algo o a alguien a su lado, tan sólo para encontrarse con la cama vacía, frustrándose al notar que, en efecto, ahí no había nadie más que él.

Su madre, creyendo que estaba teniendo pesadillas a causa del accidente, había comenzado a dormir a su lado, recostando su torso sobre el espacio vacío en la cama de su hijo, pero eso no había servido de mucho, pues Erwin, aunque ya no encontraba la cama vacía al despertar, estaba seguro de que no era a su madre a quién buscaba con tanta desesperación, pero, ¿quién podía ser sino ella?

Cada día era más difícil, y el niño ansiaba que llegara el día en que finalmente pudiera ir a casa pues, lo que más deseaba en ese momento, era olvidarse de todo lo que había pasado y volver a su vida normal. Quizás eso ayudaría a que esa constante sensación de soledad desapareciera por completo. Culpar a su tediosa estancia en el hospital era mucho más fácil que buscar una explicación.

Fue justamente la última noche que pasaría en el hospital cuando las cosas comenzaron a cambiar, aunque no precisamente para mejor. Durante todo ese día, Erwin había estado sumamente ansioso, desesperado, como si estuviera esperando por algo que estaba tardando demasiado en suceder y que, al mismo tiempo, el tiempo para que sucediera se le estaba acabando. Su ansiedad era casi palpable, pero él mismo no podía darle una explicación.

Sus padres se habían alegrado por eso, pues estaban seguros de que esa inquietud en su pequeño hijo se debía a que al día siguiente sería dado de alta y podrían al fin ir a casa. Habían sido días difíciles los que había pasado en recuperación, pero todo eso había terminado, y esa sería su última noche en ese cuarto de hospital, sin mencionar que pronto sería capaz de volver a la escuela.

Sin embargo, más que estar emocionado, Erwin estaba frustrado. Aún no podía dejar de sentir que algo le hacía falta, pero ahora, además, estaba seguro de que en cuanto volviera a casa, perdería para siempre su oportunidad de recuperarlo. No había sido capaz de dormir esa noche, e incluso llegó a idear miles de excusas que sirvieran para darle un poco más de tiempo en ese lugar, tan sólo unos días más, era todo lo que pedía para poder recordar qué era lo que le hacía falta, a pesar de que antes había deseado poder irse cuanto antes del hospital.

En medio del caos, un sonido comenzó a cobrar fuerza a su alrededor. Un llanto del que antes no se había percatado, pero que pronto se había vuelto imposible de ignorar. Erwin no estaba seguro de en qué momento había comenzado, pero ya no era capaz de ignorarlo, y una fuerte necesidad se apoderó de él. Necesitaba saber de dónde provenía.

Ya que sus padres se encontraban profundamente dormidos, el niño salió de la cama, aprovechando que el suero había sido retirado de su antebrazo esa misma tarde. Dando una última mirada a sus padres para asegurarse de no haberlos despertado, Erwin salió del cuarto, dispuesto a encontrar la fuente de ese llanto y, posiblemente, la respuesta a todas las preguntas que rondaban su cabeza.

Apenas cerró la puerta tras él, sintió una repentina emoción, algo que no había sentido nunca en su corta vida, y, como si algo le hubiera indicado el camino, Erwin supo exactamente a dónde ir. Tan sólo eran unos cuantos metros hasta el fondo del corredor, donde, de la única puerta que permanecía entre abierta, una cálida luz parecía llamarle mientras el llanto aumentaba. A pesar de estar relativamente cerca y de que no deseaba ser descubierto, Erwin corrió. No apresuró el paso, ni siquiera fue un simple trote, Erwin había corrido a toda prisa hacia esa puerta como si su vida dependiera de ello, sintiendo como si hubiera estado esperando por ese momento desde siempre.

Por primera vez en días, demasiados días, Erwin se sintió completo.

Abriendo la puerta con una sorprendente cautela, el niño se sintió repentinamente cohibido. No estaba bien entrar así en el cuarto de alguien más, sobre todo el de alguien a quien no conocía, sin embargo, el llanto al otro lado de la puerta se había intensificado, haciendo que la desesperación se apoderara de él. Necesitaba ir allí y averiguar quién lo estaba llamando en ese preciso instante.

Dentro del cuarto, vestida con la bata del hospital, una mujer sostenía un bebé entre sus brazos. Ella no pareció notar su presencia de inmediato, pero en el momento en que lo hizo, sus ojos conectaron con los del rubio, dejándolo sin habla. Ambos se miraron en silencio por largos segundos, silencio que sólo era interrumpido por el incesante llanto del bebé.

—Lamento si te despertó, no puedo hacer que deje de llorar.

La mujer le sonrió tímidamente, apenada por haber despertado a ese niño y, seguramente, a muchas otras personas en el mismo piso. Quizás el pequeño había ido hasta allí a pedirle que lo hiciera callar, pues seguramente estaba cansado y necesitaba dormir para recuperarse, pero ya había intentado de todo y su bebé simplemente no parecía poder tranquilizarse. Apenas llevaba unas horas en este mundo y ya se encontraba así de inquieto.

Erwin, sin embargo, no estaba ahí para quejarse, y ni siquiera había sido capaz de responder a su disculpa, pues estaba demasiado concentrado en observarla. A simple vista, el niño podía jurar que nunca antes la había visto, pero si la observaba con detenimiento, estaba seguro de que le recordaba a alguien. No estaba seguro a quién exactamente, pero esos ojos grises seguro los había visto en alguna parte.

Su cabello oscuro y su rostro le resultaban demasiado familiares como para ignorarlo, al menos hasta que el llanto del bebé en sus brazos se volvió aún más desesperado.

—Lo siento mucho, intentaré hacerlo dormir. —Insistió la mujer al no obtener respuesta, pero Erwin caminó hacia ella con calma, mirándola con una vergüenza que contrastaba con la seguridad de sus pasos.

—No se preocupe, no podía dormir. —Erwin sonrió con dulzura una vez que estuvo junto a la cama, dejando que su mirada viajara desde el rostro de la joven madre hasta el pequeño bulto entre sus brazos. —¿Puedo verlo?

La mujer asintió, aun cuando no lograba comprender esa repentina petición. Aunque, si lo pensaba, ella misma no tenía hermanos o hermanas menores, por lo que, cuando era pequeña, también le gustaba observar a los bebés de otras personas, le parecían adorables. Quizás a ese niño le sucedía algo similar.

—Acaba de nacer hace dos horas, pero en cuanto lo trajeron al cuarto comenzó a llorar. —Explicó, acomodando al bebé en la cama junto a ella, donde su pequeño visitante pudiera verlo. Aunque no entendía qué era lo que estaba haciendo ahí, y no negaba que el niño parecía algo extraño, algo le dijo que todo estaría bien.

Erwin, conteniendo la ansiedad que amenazaba con desbordarse, se inclinó un poco más cerca, desesperado por verlo mientras ella descubría al bebé de entre las mantas, dejando su rostro expuesto ante él. El niño ahogó un jadeo, pero sus ojos brillaron con una emoción que no pasó desapercibida para ella.

Sorprendentemente, lo que pasó después fue algo que ninguno de los dos esperaba. El bebé abrió sus ojitos un poco, apenas lo suficiente para dejar ver un hermoso color plateado idéntico al de su madre, que se encontró de inmediato con los azules del niño que lo miraba con fascinación. En el instante en que sus miradas se cruzaron, el bebé dejó de llorar.

Erwin sonrió, maravillado por lo que había pasado y, sin pedir permiso, acercó su mano al bebé, acariciado con ternura una de sus pequeñas y suaves mejillas. Al darse cuenta de lo que había hecho, miró a la mujer apenado, esperando recibir un regaño por su atrevimiento, pero ella le sonrió, emocionada, agradeciendo que su hijo se hubiera calmado al fin.

En el momento en que el niño se alejaba, el bebé sostuvo su dedo índice con su mano, impidiéndole alejarse por completo. Erwin rio, y el bebé cerró los ojos, quedándose dormido de inmediato sin llegar a soltarlo.

—¿Cómo se llama? —Preguntó animado, incapaz de alejar su mirada de su pequeño rostro durmiente, que ahora lucía tan calmado que hasta parecía un angelito.

La madre, aún sorprendida, miró también a su pequeño, que se negaba a soltar al niño a pesar de que parecía estar durmiendo profundamente. No cabía duda de que había habido una instantánea conexión entre ellos, y supo de inmediato que esa no sería la única vez que vería a ese niño. Esperaba no estar equivocada.

—Levi. Su nombre es Levi.

En cuanto escuchó su nombre, Erwin sintió sus ojos humedecerse, llenándose de lágrimas que no tardaron en desbordarse y correr libremente por su rostro. No estaba seguro de si lloraba porque se sentía triste o porque se sentía inmensamente feliz, pero sí estaba seguro de que lloraba por él, por ese bebé que le sostenía como si tuviera miedo de dejarlo ir.

—Levi… —Erwin sonrió ampliamente, aun sin poder parar de llorar, sintiendo las palabras brotar de su boca de forma familiar, como si aquella no fuera la primera vez que pronunciaba su nombre. —Yo soy Erwin, espero que seamos buenos amigos.

La mujer rio suavemente, segura de que así sería, y acarició el rostro de ese niño, retirando sus lágrimas con ternura, la misma con la que tocaba a su bebé, que ya no se notaba ni un poco agitado. En realidad, había estado asustada al no ser capaz de tranquilizarlo, pues era su primer hijo y tenía miedo de no ser una buena madre para él, sin embargo, al verlo dormir así, supo de inmediato que haría hasta lo imposible por que él fuera feliz.

Para Erwin, era imposible apartar la vista de su pequeño rostro. El corazón del niño saltaba en su pecho, que se llenaba de una emoción inexplicable y una calidez que no sabría definir. Era como si aquello que había estado anhelando durante esos últimos días, finalmente hubiera llegado a él; como si hubiera recuperado lo que creía perdido. Ese vacío que había estado experimentando, eso que le hacía tanta falta, lo que su corazón deseaba más que cualquier otra cosa, al fin le había sido devuelto.

Era como si nunca se hubiera ido y tan sólo hubiera estado fuera de su alcance hasta ese momento.

Erwin podía sentirlo, una agradable sensación expandiéndose justo desde ese lugar en donde el bebé le sostenía para que no se fuera. La sensación de haber encontrado el tesoro más valioso del mundo.

FIN


Una vez más, les agradezco mucho por haber seguido la historia hasta el final. Sinceramente, espero que la hayan disfrutado tanto como yo disfrute escribirla. Espero también que no hayan quedado más preguntas sin resolverse, estoy segura de que este último capítulo, aunque pudiera parecer relleno, fue lo que hacía falta para aclarar algunas cosas que habían quedado pendientes. Opiniones o comentarios son siempre bienvenidos.

El capítulo anterior fue el final de la historia para Levi, pero este es sólo el comienzo de la historia de ellos dos, que al fin están juntos de nuevo.

Quiero agradecer a todas las personas que se tomaron el tiempo de leer y comentar cada capítulo de la historia desde sus inicios, en especial a Izuspp, que se la pasó recomendándola en su página porque estaba desesperada por leer la continuación, sin su apoyo creo que no hubiera llegado a terminarla tan rápido.

A quienes la leyeron como fantasmas, espero que ahora que terminó se animen a dejar un comentario y hacerme saber qué les pareció, al igual que a quienes la lean ahora que está completa, siempre me emociona mucho leer sus opiniones.

Por último, quiero responder algunos reviews que llegaron como guest y que no puedo contestar por privado.

Emily: Espero que hayas podido leer hasta el final, y ojalá hayas disfrutado del resto de los capítulos.

AliciaDice: Me alegro de que mi historia te haya gustado, aunque no entiendo a qué te refieres con "porno explícito eruri". La canción también me gusta mucho, de hecho el fic está en parte inspirado en ella aunque prefiero la versión original. Muchas gracias por leer.

Jess SH: ¡Qué bueno que te animaste a leer! La verdad no esperaba que lo hicieras tan rápido. Espero que este último capítulo despeje tus dudas, y no, no los maté a los dos, no soy tan mala jajaja gracias por el comentario.

Gracias por leer hasta aquí, hasta la próxima.