DEL OLIMPO A LA TIERRA

VII: REFLEXIONES

Templo Norte, Santuario de Athena

Al día siguiente

Artemisa se encontraba ovillada sobre su cama, abrazando sus piernas y apoyando su espalda contra la pared. El día anterior, Marin la había consolado y le había explicado que lo que había sentido eran celos, y que no tenía porqué ponerse celosa de nada, mucho menos de uno de sus ángeles.

La chica se encogió sobre sí misma. Sí, sabía que Touma era un buen chico, y sabía que su lealtad estaba con ella y con nadie más. Ya lo había demostrado en más de una ocasión, pero… ¿acaso no podía evitar que viera a esa otra chica? No sabía porqué, pero sentía que sele retorcían las tripas cada vez que pensaba en ello.

Y Marin le había dicho que no se preocupara por ello, que Touma siempre estaría con ella.

Artemisa sacudió la cabeza. Odiaba esa situación, las sensaciones humanas. Sí, antes había sentido enojo, celos, tristeza, pero nunca con esa intensidad, que hasta sentía que su propio cuerpo reaccionar a sus emociones. ¿Así era como se sentían los humanos todo el tiempo?

¡Ya no quería ser humana!

Los dioses no tenían esos sentimientos así de intensos. Suspiró, y pensó en lo mucho que le gustaría destruir a esa chica que Touma había dicho que era bonita.

-Arggg…-

Eso la puso a pensar, sorprendentemente, en Arienwen. ¿Acaso así de intenso había sido su sentimiento de amor hacia Apolo? Si así fue, no se sorprendía de que hubiera caído enamorada de él. La comprendía perfectamente. ¡Esos sentimientos eran demasiado fuertes! ¡Los odiaba!

No solo eso, sino que Apolo la había visitado el día anterior, y le había dicho que aún no lograba encontrar una cura para su condición. Aunque eso había hecho que se sintiera, si eso era posible, mucho peor, pero pronto se consoló al escuchar de que la condición solo duraba un mes. Suspiró fastidiada. Lo más probable es que necesitaría pasar otros veintisiete días convertida en humana.

Sacudió la cabeza y se volvió a Odiseo, quien estaba cuidando de ella.

-Odiseo, ¿dónde está Touma?- dijo Artemisa.

-Vuelve enseguida- dijo Odiseo- fue a la ciudad a recoger sus vestidos-

Artemisa gruñó levemente, y asintió. Ahí iba de nuevo, buscando a la chica humana. Sacudió la cabeza. No, no tenía porqué sentirse celosa de Touma. Él la quería, como cualquier guerrero le tiene afecto al dios que defiende.

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Estudio Sakura

Al mismo tiempo

Ren estaba concentrada en su cuaderno de trabajo, como siempre, mientras que Olivia terminaba de guardar los vestidos que recogerían ese día en los porta-trajes. Usualmente la chica dejaba trabajar a Ren en silencio, sabía que cuando su amiga diseñaba se iba a otro mundo, y que no tenía caso interrumpirla. Pero en esta ocasión valía la pena. Estaba preocupada por ella.

Olivia había notado que, desde hacía tres o cuatro días, el día que Ren había cerrado el local, su amiga y empleadora no era la misma que antes. Si bien su temperamento amable y creativo seguía intacto, sabía que había algo que la estaba molestando. Hacía unos días ella le había comenzado a contar de qué se trataba, pero no pudo terminar. Tenía la impresión de que era algo grave, o no estaría sufriendo tanto.

-¿Ren?- dijo Olivia, intentando llamar la atención de su amiga.

-¿Mmm?-

-Ren, ¿puedes dejar eso un momento?- dijo Olivia- quiero hablar contigo-

-¿Sobre qué?- dijo Ren, aún sin levantar la vista, moviendo rápidamente su lápiz sobre la hoja de papel.

-Sobre ti- dijo Olivia- no sé que te pasa, pero ¿no quieres hablar de ello? Has estado muy triste en estos últimos días-

Ren levantó la mirada, y vio a Olivia. Sí, el remordimiento había disminuido conforme pasaban los días, pero no había dejado de molestarla. Su amiga pasaba todo el día con ella, era normal que se diera cuenta de que algo la preocupaba.

-No es nada, en serio- dijo Ren, encogiéndose de hombros, intentando restarle importancia a la situación- ya me siento mejor-

-Sí, y yo soy la reina de Inglaterra- dijo Olivia, cruzándose de brazos con una expresión de incredulidad- vamos, escúpelo-

Ren la miró. No le podía decir nada de lo que había hecho. Primero que nada, los enemigos podrían intentar lastimarla también. O ella les diría la verdad a Touma o a los santos, y las consecuencias serían terribles.

-No es nada- repitió Ren.

Olivia la miró sospechosamente y, para completa desesperación de Ren, también Chanel la miraba como si le estuviera recriminando el hecho de no decir la verdad a su amiga.

-Es algo que está comenzando a afectar tu trabajo, amiga- dijo Olivia, recordando lo distraída que había estado últimamente- y además, estás lastimando tu salud. No creas que no me he dado cuenta, no has dormido bien en estos días, y además…-

Se interrumpió al escuchar que llamaban a la puerta. Touma había vuelto al estudio para recoger los vestidos de Artemisa.

El pelirrojo entró al establecimiento y miró a Ren con una sonrisa. Esta vez, la chica usaba una blusa blanca y una falda negra que llegaba hasta las rodillas, y un grueso cinturón negro también. Tenía el cabello recogido en una coleta atada con un listón de color blanco.

Touma amplió su sonrisa, y sintió las mejillas calientes. No podía evitar pensar que esa chica era muy guapa.

-Buenas tardes- dijo Touma, bajando un poco la mirada para que no viera sus mejillas- vengo a… eh… recoger los vestidos de la señorita Artemisa-

-Hola, Touma, bienvenido- sonrió Ren, y esta vez su sonrisa llegó a sus ojos. Incluso Olivia notó que la tristeza de su amiga había desaparecido por completo tan pronto como había visto llegar al pelirrojo- ya casi están listos. Olivia los está envolviendo para que no se arruguen…-

-Va a tomar unos minutos- dijo Olivia, sonriendo levemente, mientras veía que Chanel se había levantado de donde estaba echado y caminaba con actitud hacia el pelirrojo- ¿porqué no van a la cocina por un poco de té mientras termino? Creo que pusiste agua a hervir, ¿no?-

Ren asintió, algo apenada, y Touma la siguió hacia la cocina, donde en efecto estaba una tetera aún humeante en la estufa.

-Gracias-

-No es nada- dijo la chica mientras servía un poco de agua y algunas hojas secas en la taza- supongo que tú también extrañas este té tanto como yo-

Touma sonrió y asintió.

-¿Hace mucho que vives aquí?- dijo el pelirrojo.

-Hace un año más o menos- dijo ella- antes de eso, estudié tres años en París-

-Estuve viendo tus diseños- dijo Touma- no sé mucho de moda y eso, pero se le ven lindos a la señorita Athena y a la señorita Artemisa, y ellas parecen muy emocionadas al respecto. Debes ser un genio para ponerlas tan felices-

Ren rió en voz baja, y el chico amplió su sonrisa, con una sensación de calidez en su estómago. Esa risa nerviosa que tenía ella le encantaba.

-Puedo… digo, si quieres, puedo hacer algo para ti también- dijo Ren, bajando la mirada, y Touma se sintió un poco satisfecho al ver que la chica se ruborizaba.

-Gracias, eres muy amable, pero no es necesario- dijo el ángel, y Ren asintió, aunque estaba un poco decepcionada. Realmente quería seguir viéndolo, y hacer un traje para él sería la perfecta excusa para hacerlo ir al estudio al menos un par de veces más.

-Oh, está bien- dijo ella intentando ocultar su decepción.

-Pero si quieres, puedo venir a acompañarte a tomar el té- dijo Touma, dando un sorbo a su taza de té- está muy bueno, y su sabor me trae lindos recuerdos-

-Sí, a mí también- dijo Ren, sonriendo y ladeando la cabeza- es un trocito de casa. Eres bienvenido cuando quieras tomar el té conmigo-

Touma iba a decir algo más, pero se interrumpió al ver que Olivia se asomaba a la cocina y les avisaba que ya había terminado de guardar los vestidos. Los dos se levantaron del kotatsu, y Touma tomó los porta trajes en sus brazos con cuidado.

-Muchas gracias, Ren- dijo Touma, inclinando levemente la cabeza, y levantó la vista, mirándola a los ojos- estoy segura de que le gustarán mucho a a la señorita Artemisa-

Ren no respondió, sino solo volvió a sonreír. Olivia rió en voz baja al ver que ambos se quedaron mirándose mutuamente y sonriendo levemente. Pronto la risa de la chica los devolvió a la realidad.

-Eh… gracias- dijo Touma- hasta pronto-

-Hasta pronto- dijo Ren a su vez mientras que el pelirrojo salía de su local.

Una vez que se quedaron solas, Ren se quedó mirando la puerta con una leve sonrisa por unos minutos, haciendo reír a Olivia.

-Ah… el amor- comentó Olivia como si nada.

-No, para nada- dijo Ren, sacudiendo la cabeza, pasándose nerviosamente un mechón de cabello detrás de la oreja, pero borrando su sonrisa- eso solo que… su presencia me recuerda a mi hogar en Japón. Además, creo que él está enamorado de su diosa, y ella de él-

Olivia alzó las cejas. No sabía si era así, pero había visto una conexión entre esos dos. Quizá por eso su amiga estaban tan triste últimamente: quizá estaba enamorada del pelirrojo y éste no la correspondía. Esa sería una buena explicación.

Se encogió de hombros.

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Templo de Tauro, Santuario de Athena

Días más tarde

Los últimos días habían sido muy interesantes tanto para Aldebaran como para Sonia. Los dos se estaban llevando muy bien, y se divertían bastante hablando de animales. La chica le había contado de sus aventuras en Sudáfrica, y le había contado la historia de todas las cicatrices que tenía.

-Vaya que has vivido una vida muy interesante, menina- dijo Aldebaran.

-Para nada- dijo Sonia- en mi familia, esto es normal, ya que mis papás también son biólogos. Sara es la que realmente está haciendo algo diferente y extraordinario. ¡Trabajar para la NASA! Siempre fue su sueño-

-Tu hermana es una menina muy amable- observó Aldebaran- y el maestro Shion la adora-

-Eso veo- dijo Sonia, sonriendo- estoy muy feliz por ella-

Mu y Lydia, a quienes el santo de Tauro había invitado a tomar café con ellos, se miraron entre sí y no pudieron evitar que se les escapara una risita. Sonia les caía bien a pesar de ser tan diferente a su gemela, y se notaba que se llevaba muy bien con Aldebaran.

-Podría traerte una mascota en mis próximas vacaciones- dijo Sonia- te traería otro cocodrilo, pero Junior no coopera nada como Molly. Y ademas, tengo la impresión de que Sara y Shion me regañarían si lo hago-

Molly parecía un perro a pesar de ser una cocodrilo. La chica le acarició la espalda y ésta movió la cola de contento, dejándose mimar. Lydia reprimió un escalofrío. Sí, no tenía nada en contra de los cocodrilos, pero la proximidad del animal la ponía nerviosa.

Sonia interpretó su gesto de acomodarse sobre la silla como ganas de tocar a Molly, y puso al cocodrilo sobre su regazo. Lydia palideció, y se quedó inmóvil hasta que Aldebaran le quitó el cocodrilo de encima.

-Lo lamento mucho, a Lydi no le gustan mucho los cocodrilos- dijo Mu, aguantando la risa.

-No entiendo porqué- dijo Sonia, acariciando la cabeza de Molly, que estaba sobre el regazo del santo de Tauro- son muy tiernos-

Lydia parpadeó e infló las mejillas, mirando a Mu con los ojos entrecerrados, haciendo que los tres se echaran a reír.

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Templo Norte, Santuario de Athena

Poco más tarde

Esa tarde, Athena había bajado al templo norte a ver a Artemisa, y aprovechar la visita para ver cómo le habían quedado los vestidos que Ren le había arreglado. Por insistencia de la diosa, Artemisa se había probado uno por uno todos los vestidos que Touma le había llevado de regreso al Santuario hacía unos días.

-¡Wow, me gusta ése!- dijo Athena, señalando el vestido color fucsia que Artemisa se había puesto- Ren realmente tiene buen ojo para la moda, sobre todo con los colores. Siempre me ha dicho que ese color no me quedaba, pero a ti se te ve hermoso-

-Gracias, Athena- sonrió Artemisa.

La chica se miró en el espejo. Sentía que se veía muy linda, elegante, y al mismo tiempo se sentía cómoda. A diferencia de la ropa reveladora de Athena, la de ella era más discreta, la cubría mejor y al mismo tiempo era práctica para moverse.

No quería admitirlo, pero Ren era un genio en ese aspecto.

Ren. Artemisa aún no estaba nada contenta desde el día que Touma dijo que era bonita. Desde entonces puso mucha atención en el pelirrojo, sobre todo cuando regresaba de la ciudad, pensando que quizá estaba saliendo a ver a Ren y no necesariamente a lo que decía que salía.

Artemisa suspiró. Incluso en algún momento llegó a pensar que se había arrepentido de haberla salvado de Ares esa noche.

"No, no me arrepiento de haberla salvado", se corrigió la diosa casi de inmediato "nadie se merece lo que Ares tenía planeado para ella. Nadie"

Y luego estaba el día en que había traído los vestidos. Touma tardó mucho más de lo que había imaginado, y regresó con una extraña sonrisa y sus mejillas enrojecidas. Artemisa se había hecho miles de historias en su cabeza, aunque Teseo insistió en que Touma le dijo que solo había tomado un poco de té mientras esperaba a que le entregara su encargo.

Artemisa quería creerle porque, ¿qué razón tendría Touma para mentirle?

Todo esto estaba pensando la chica mientras se cambiaba el vestido por uno de color rojo con negro. Cuando por fin salió para mostrárselo a Athena, está aplaudió un par de veces.

-¡Ese también te queda precioso, Artemisa!- dijo Athena, emocionada, y se volvió a los otros ángeles- ¿verdad que se ve hermosa?-

-La señorita Athena tiene razón- dijo Touma, sonriendo amablemente- en serio se ve muy linda con ese vestido, señorita-

La chica sonrió y se miró en el espejo. Ya lo había dicho, odiaba admitirlo, pero Ren tenía buen gusto. Y además había sido muy amable con ella, incluso sin saber que era la diosa que la había salvado de Ares.

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Templo de Géminis

Al mismo tiempo

Kanon miraba a Elsa jugar con su muñeca, sonriendo levemente, mientras que Satu arrullaba a Altair. El bebé acababa de comer y se estaba quedando dormido. Esa tarde, la familia de Kanon había recibido la visita de Milo y de Camus, con sus respectivas chicas y con Mavri. El pequeño hijo de Milo tenía poco más de un año, y caminaba tambaleándose y mirando con enormes ojos y con curiosidad a todos los presentes. Su favorito hasta ese momento era Camus.

-Ah, mira, Camus- dijo Milo, viendo que Mavri caminaba hacia el santo de Acuario por enésima vez- eres su tío favorito al parecer-

Los labios de Camus formaron una leve sonrisa, y Liliwen lo miró sonriendo también.

-Será un poderoso santo de Piscis cuando sea más grande- dijo Liliwen, revolviendo los cabellos de Mavri.

-Ahora que lo recuerdo- dijo Kanon, desviando por primera vez su atención de su hija hacia la pareja de Camus- no nos dijiste si habían visto un futuro santo que fuera hijo de ustedes dos…-

Liliwen rió nerviosamente, y Camus inclinó la cabeza con lo que parecía ser los indicios de una inminente sonrisa que se negaba a salir. Satu entrecerró los ojos.

-Ustedes dos… saben algo que nosotros no, ¿verdad?- dijo Satu en voz baja para no despertar a Altair.

-Satu tiene razón- dijo Milo, y Cathy asintió- ustedes saben algo. ¿No nos van a decir?-

Camus se volvió a Liliwen, y ésta sonrió un poco sonrojada. Ambos habían acordado guardar el secreto por unos meses, pero se habían arrepentido de hacerlo: la verdad querían compartir la feliz noticia con sus amigos. Finalmente el santo de Acuario suspiró sonoramente.

-Está bien, les contaremos- dijo el santo de Acuario, volviéndose hacia la pelirroja, y sonriendo por fin cuando ella asintió- Liliwen y yo estamos esperando un bebé-

Liliwen se echó a reír cuando todos los miraron boquiabiertos.

-¿Qué?- dijo Milo finalmente, saliendo de su sorpresa- ¿desde cuando?¿Y acaso no planeaban decirnos a los demás?¡Estoy ofendido, Camus! Se supone que somos amigos-

Al escuchar la voz alzada de Milo, Altair se quejó en sus sueños, pero no se despertó. Satu lo volvió a arrullar, moviendo los brazos con suavidad.

-Shhh… ¡Milo!- se quejó Kanon, haciendo una mueca, no queriendo que su pequeño se despertara.

-Lo siento- dijo el santo de Escorpión, y se volvió a Camus, esta vez susurrando- ¿es cierto eso?¿Porqué no nos dijiste antes?¿Pensabas contarnos algún día?-

-Evidentemente- dijo Camus, encogiéndose de hombros, mientras Liliwen seguía riendo.

Tras recibir las felicitaciones de todos los presentes, ambos les contaron como el año pasado, cuando Liliwen tuvo esa visión de sus hijos como santos de Athena, habían visto a su futuro hijo como santo de Acuario, así que tenían una idea de cuando pasaría.

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Templo Norte, Santuario de Athena

Un día después

Touma se cruzó de brazos para evitar hacer algún gesto de impaciencia mientras esperaba a que terminara su turno de vigilar el templo. Tenía ganas de aprovechar la oferta de Ren, e ir a tomar el té con ella. No le molestaba ni un poco pasar tiempo con la chica, y le apetecía charlar con ella aunque no fuera para un asunto de Artemisa.

Sacudió la cabeza. ¿Qué le pasaba?

No, no le gustaba una chica. Le gustaba pasar tiempo con ella solamente. Los santos de Athena le caían bien, pero no era lo mismo. No podía charlar a gusto con las amazonas, todas eran amigas de Marin y lo podían un poco nervioso, sobre todo porque no podía mirarlas a los ojos.

"En serio, ¿a quién se le ocurrió esa tontería de las máscaras?", pensó el pelirrojo.

Además de ello, Artemisa estaba hecha una maraña emocional en esos momentos. Ya habían pasado varios incidentes en los que Touma la había hecho llorar sin querer, y la mayoría de las veces, sin entender que era lo que había hecho, así que prefería mejor evitarla en lo posible. No le gustaba verla triste, y menos que sus compañeros le lanzaran miradas de reproche cuando la hacía llorar sin malas intenciones.

Y luego estaba el asunto de Fjore. Le preocupaba que la mujer estuviera suelta en Atenas, y que ya los hubiera atacado una vez. Le parecía extraño que no lo hubiera vuelto a hacer. Cuando la mujer estaba tras Liliwen, no había perdido ninguna oportunidad de atacarla, entrando al Santuario sin permiso insistentemente. ¿Quizá estaba planeando otro ataque a gran escala?

Touma suspiró.

-Te ves muy serio, Touma- dijo Odiseo, quien acababa de llegar para relevarlo- ¿en qué piensas?-

-Ehh… ¿yo? En nada- dijo el chico- es solo que me parece extraño que Fjore no haya vuelto a atacarnos desde la última vez-

Odiseo entrecerró los ojos.

-Lo sé, es muy extraño que estén tan inactivos, sobre todo después de lo sucedido la última vez- dijo Odiseo- hace un rato charlaba con el Patriarca, y dijo que tampoco los santos han detectado a los enemigos-

Touma gruñó en voz baja.

-No, debe haber algo de lo que no nos hemos dado cuenta- dijo Touma.

-Seguramente atacarán pronto- dijo Odiseo, encogiendo los hombros- y si no lo hacen, regresaremos al Olimpo en menos de un mes-

Touma asintió, y tras despedirse de Artemisa, decidió salir a la ciudad. Sabía que los enemigos no iban a desaprovechar la oportunidad de atacar a Artemisa ahora que era humana.

El pelirrojo salió del templo y bajó la escalera hacia la entrada del Santuario, saltando de dos en dos los peldaños. No solo iba a buscar si había rastros del enemigo, pensaba en quizá podría visitar a Ren.

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Lugar desconocido a las afueras de Atenas

Poco antes

Constanza cruzó los brazos con un gesto lleno de frustración. Las cosas no iban avanzando como habían planeado. Desde que convirtieron a Artemisa en humana, habían estado esperando a que se expusiera de alguna manera, pero como había recurrido a Athena y a los santos para protegerla, no había sido tan fácil llegar a ella y atacarla.

Fjore había ido una vez a provocarlos, y también a averiguar que tan bien protegida estaba la diosa, pero las noticias que trajo de regreso no le gustaron mucho. La idea de no poder acercarse a Artemisa sin tener grandes pérdidas por atacar el Santuario la hicieron enfurecerse.

-¿Cómo hicieron para convencer a la chica de ayudarles a liberarme y a convertir a Artemisa en humana?- dijo Fjore con curiosidad- necesitamos ayuda, quizá podríamos volver a usarla-

Erick abrió la boca para decir algo, pero Constanza habló primero.

-No, no deberíamos meter a alguien ajeno a nosotros en este asunto, al menos no en este momento- dijo Constanza, quien era la que tenía la cabeza más fría de todos en ese momento- esa chiquilla solo obedeció por miedo, bien pudo haberlo arruinarlo todo-

-Constanza tiene razón- dijo Erick, pensativo- es una carta que no podemos volver a usar, a menos de que sea el último recurso-

-En ese caso, deberíamos atacarlos de nuevo- dijo Fjore, haciendo un gesto de impaciencia- estoy harta de esperar. Ya nos dimos cuenta de que los ángeles no harán nada ni expondrán a Artemisa, y su probable curso de acción es que esperarán a que pase el efecto de la poción. Y entonces será más difícil volver a hacer humana a Artemisa o hacerle daño de alguna manera-

Constanza se quedó pensativa.

-Bueno, yo tengo una idea- dijo la mujer finalmente- atacaremos al ángel pelirrojo cuando esté solo. Es humano, y será fácil herirlo. Además, él es el portador de la armadura con el ala que necesitamos. Eso nos ayudará. Y si logramos herir o matar a ese ángel, podremos desmoralizar a Artemisa, y hacerla cometer un error cuando quiera vengarse-

Fjore se quedó pensativa, pero sonrió maliciosamente al comprender que sería una muy buena idea, lastimar o asesinar a Touma, el único ángel mortal, y el preferido de Artemisa.

-Bien, entonces aprovechemos la ocasión- dijo Fjore, cerrando su mano en forma de puño y sin dejar de sonreír- yo me encargaré de Touma-

-Y tengo una idea para que lo logres más fácilmente- dijo Constanza, sacando un pequeño frasco de entre sus ropas y sonriendo maliciosamente- esto me lo dio el señor Phobos, se lo robó a Afrodita junto con la poción que hizo humana a Artemisa. Esto te ayudará a vencer a Icarus con relativa facilidad-

Fjore borró su sonrisa y enrojeció de enojo.

-¿No crees que pueda vencerlo sola?-

-No lo sé, pero más vale no arriesgarnos- dijo Constanza, encogiéndose de hombros- con esto, vencer a Touma y tomar su ala será un juego de niños-

Fjore miró el frasco y sonrió levemente.

-De acuerdo, pero tengo una mejor idea-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues por fin se acabó esta horrible, horrible semana. Perdonen la tardanza, por alguna razón no pude subir el capítulo ayer, la página no me dejó hacerlo hasta ahora. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.

Abby L.