7.
Hoy me he levantado con ánimo. No sé si será porque siento que estoy perfectamente integrada a mi grupo o a Raccoon City, o porque conseguí sacarle al dueño del Moe's la confesión sobre el incendio. Ya hace varios días de eso, pero aún me siguen preguntando cómo lo dice.
Wesker lo tuvo claro desde el principio. Supongo que pensó que como era una mujer el sospechoso se mostraría más colaborativo si entraba un poco en su juego y me mostraba amable. Aunque, a decir la verdad, hice todo lo contrario. Lo presioné, presioné y presioné hasta que el tipo se derrumbó.
Al final, detuvieron a los dos socios: uno por provocar el incendio y al otro por intento de agresión. Cuando realizaron el careo…fue todo un espectáculo verlos. Si no llega a ser por la intervención de un poli del R.P.D. se hubieran liado a puñetazos delante de todos nosotros.
Un caso menos del que preocuparse. Ahora, estamos centrados en los traficantes. Aún no hemos dado con una pista clara. La información que nos aportan no nos lleva a ninguna parte. Son callejones sin salida, y cuando nos damos cuenta, volvemos al principio.
Espero que mis compañeros hayan tenido más suerte que yo. Chris dijo que parecía tener algo con lo que empezar a trabajar…pero tiene el día libre.
En otras circunstancias, me hubiera encantado tener a mí este día libre. Es San Valentín. El día de todos los enamorados y, en parte, mi día. Mi padre solía regalarme un precioso ramo de flores todos los catorce de febrero. Este año, sin embargo… Quito de inmediato ese pensamiento.
No es que sea una romántica empedernida, pero, leches, soy mujer. Me encanta que mi pareja me sorprenda, me quiera, tenga sus detalles… Suspiro emocionada. Qué sola me siento desde que he llegado a Raccoon City. Suerte que mis compañeros suelen arrastrarme algunos días a tomar algo con ellos.
Abro la puerta de la oficina y sonrío. Aún recuerdo hace dos días, cuando encontré a Chris con una marca en el cuello. Al verlo, no pude evitar reírme. Qué indiscreción. No sé si sólo fui yo la que se fijó, pero tampoco se notaba mucho.
Me confesó que había estado todo el día intentando quitárselo, pero que no había tenido suerte. Le froté con una toallita desmaquillante y los restos desaparecieron. Me sonrojo al pensar cómo acerqué la toallita a su cara. Parecía que lo estaba acariciando. Él parecía estar muy a gusto… y yo también, lo reconozco.
Estoy muy desconcertada respecto a él. A veces, se muestra muy cariñoso y atento conmigo. Otras, se comporta como un compañero de trabajo. Todo eso es tanto dentro como fuera de la comisaría. Y claro, luego veo cómo se queda mirando a la tiparraca aquélla y cómo llega con marcas de pintalabios…
Puede que sólo esté intentando ser amable. Quién sabe. Nos comportamos de forma amistosa, como dos amigos que se conocen bien. Eso me gusta, y me da confianza. Y no sé, siento que quiero algo más… pero no me atrevo. No quiero poner en juego nuestra amistad por un desliz. Vamos a trabajar codo con codo siempre, y lo último que quiero es llevarme mal con mis compañeros.
Dejando un lado mis pensamientos, me acerco a mi escritorio. Brad grita algo por los auriculares. Parece estar dando instrucciones sobre una maniobra de vuelo. Joseph se tapa los oídos y los ojos. Barry se estira en su silla… y Wesker aún no se ha dejado ver.
-¿Alguien le puede decir a ese capullo que no hace falta gritar? –eleva la voz Joseph por encima de la de Brad, que exclama bien alto ¿Qué decís?
Entonces, Barry se levanta, me sonríe y se acerca a Brad. Le da una enorme colleja que suena en toda la habitación. Joseph y yo lo miramos boquiabiertos cuando lo oímos gritar con su potente voz:
-Me gustaría no perder la audición tan pronto, gilipollas –y arroja los cascos de Brad a un lado.
Vuelve como un miura hacia su sitio sin decir nada. Y al unísono, empezamos a reír. Yo tengo que apoyarme en mi escritorio para no caerme. A veces es imposible no reírte con ellos. Y pensar que tenía tantas dudas al principio… Estoy decidida a no moverme de aquí.
-No se lo tengas en cuenta, Brad –digo cuando por fin consigo parar de reír. Me duelen hasta las costillas.
El gesto de miedo de Brad es patente. Tiene los ojos abiertos como platos y está completamente rígido. Nos mira unos instantes, y vuelve a coger los cascos. El aviso de Barry le ha llegado hondo, y ya no grita tanto. Se limita a tocar una serie de botones en el panel y dar breves instrucciones.
-¿Cenáis aquí o tenéis algún plan? –pregunta Joseph tomando su asiento, junto a la mesa de comunicaciones donde está Brad.
-Ojalá me hubiera dado el día libre –comenta Barry -. Voy a ir con mi mujer a cenar cuando salga a las doce.
-¿Por qué no se lo cambiaste a Chris? –le propongo.
-Sí, tendría que haberlo hecho… -murmura Barry rascándose la barba -. Pero bueno, de todos modos la reserva ya está hecha. Es difícil encontrar mesa hoy.
-Yo me quedo contigo a cenar aquí, Joseph –digo sonriéndole. Él parece sorprendido.
-¿Cómo? ¿Qué una chica como tú no tiene planes para hoy?
-No… La verdad es que no… -me encojo de hombros sin darle demasiada importancia -. No me agobia mucho el tema.
-¡Pero si además es tu día! –exclama cayendo en la cuenta. -. Valentine.
Asiento.
-Cuando estaba New Orleans, yo…
Pero me callo al darme cuenta de que voy a hablar de mi padre. Lo echo tanto en falta… Se me hace impensable que hace seis meses que no gozo de su compañía. Ya casi me he acostumbrado, aunque no termino de asimilarlo. Barry, al darse cuenta de mi silencio, interviene:
-¿Habéis encontrado algo de utilidad?
Le dedico una mirada de agradecimiento. Él sabe perfectamente que poco a poco me voy adaptando, y lo cierto es que los entrenamientos de baloncesto están sirviendo mucho. Lo gracioso es que ahora nadie quiere enfrentarse a mí, porque piensan que voy a "hacerles un Barry", como mis compañeros han denominado a la acción en la que dejé al propio Barry sentado en el suelo.
Joseph nos mira alternativamente a uno y a otro, pero no dice nada. Parece entender que esa conversación ha terminado. Brad deja los controles y se acerca a nosotros para meterse en la conversación.
-Chris dijo que podía tener una pista –irrumpe la voz de Wesker tras abrir la puerta. Como siempre, sus llegadas nos sorprenden -. Quiero hacer una puesta en común de todo lo que tenemos.
Siempre empezamos la reunión del mismo modo. Exponemos nuestras teorías tras haber leído exhaustivamente folios y folios llenos de informes y declaraciones. Yo estoy más perdida que el barco de arroz, y por las miradas de mis compañeros, intuyo que están en mi misma situación.
Wesker baja un pequeño panel tras su mesa. Yo miro mis anotaciones… y no tengo por dónde cogerlas. Mis teorías y suposiciones son bastante flojas, pero no se me ocurre nada mejor. No es que tampoco tengamos mucho de lo que tirar… pero algo es algo.
El que peor parece estar pasándolo es Brad. Remueve con desorden todos y cada uno de los papeles que tiene encima. Wesker se ajusta las gafas y mira a Barry, que es el que está sentado más cerca de él.
-¿Qué nos traes, Barry?
-Poco, sinceramente –suspira -. Los informes no aclaran nada. Sólo sabemos que se trata de un grupo que está intentando introducir drogas en Raccoon City. No tenemos ni idea de cómo lo hacen, pero lo están consiguiendo.
-Por eso estamos aquí –dice Wesker cruzándose de brazos delante de su mesa -. Yo también he estado dándole vueltas, y pienso que debe haber algún lugar en esta ciudad en el que se reúnan para llevar a cabo sus negocios.
-Tampoco serán muchos. Llamarían mucho la atención –opina Joseph con el ceño fruncido.
-Cierto. También he considerado esa opción.
El capitán escribe en la pizarra "grupo reducido" y "lugar de reunión". Me mira a mí. Trago saliva con dificultad. Aunque no me produce el mismo efecto que Irons, Wesker intimida a su manera.
-Jill, ilústranos con tus ideas.
-Se me ocurrió que pueden estar utilizando pasajes subterráneos para pasar desapercibidos, como túneles o la estación de metro. Quizá eso pueda explicar por qué nunca los vemos.
Joseph asiente distraído, y Brad está como en estado de shock. Sé que no me he aventurado mucho. Es lo único que se ocurre. No le he dado muchas vueltas tampoco. Wesker me escruta con la mirada durante unos instantes. Es imposible saber qué está pensando. Siempre nos lo preguntamos.
-No está nada mal –comenta sin alterar su expresión -. Es un medio por el que pueden actuar sin ser vistos.
Escribe "túneles subterráneos" junto a lo anterior, y le toca el turno a Joseph. Piensa que los traficantes pueden tener alguna casa o piso franco desde el que dirigen todas sus operaciones bajo una identidad falsa. Wesker se pasa la mano por el pelo, y sin decir una palabra, anota "identidad falsa".
Brad, un auténtico manojo de nervios, piensa que pueden estar difundiendo la droga a través de objetos que no llaman la atención: peluches, caramelos, relojes… Me quedo un poco sorprendida al oírlo, y creo que los demás también. Puedo ver sus expresiones, e imagino que la mía será la misma.
No imaginaba que Brad tuviera algo más o menos coherente que aportar. Ha demostrado siempre ser un patán que no es capaz ni de encontrar su propio trasero. En los entrenamientos, es todo un espectáculo verlo. Todos, incluida yo, nos mofamos de su torpeza.
El capitán asiente lentamente y anota "objetos sospechosos". Se sienta en su silla y vuelve a hablar.
-Bueno, falta la opinión de Chris, pero creo que todos más o menos lo sabéis. Le encantan este tipo de cosas –Barry sonríe y yo miro sin poder evitarlo miro al asiento vacío que tengo delante. Se lamentará de que hemos estado trabajando en esto cuando se lo contemos -. Según Chris, cree que este grupo está recibiendo la ayuda directa de alguien poderoso que los está encubriendo. Por si algo falla, tienen el apoyo y los contactos necesarios para quedar limpios.
Asiento lentamente. Había escuchado vagamente la teoría de Chris, pero ahora, que lo miro con más detenimiento, es como si estuviera acusando a alguien. Creo que sabe algo que a los demás se nos está escapando… o simplemente es que no quiere compartirlo hasta estar más seguro.
Tal vez debería hablar con él. Conociendo a Irons, no le hará ninguna gracia que vayamos acusando sin tener ningún fundamento. Por el gesto del capitán, tampoco es que esté mucho por la labor. Se lo he dicho muchas veces a Chris: te precipitas demasiado. Algún día espero que me haga caso.
-Muchachos, al trabajo –nos ordena Wesker en el momento en el que la puerta se abre.
La cabeza de Irons asoma y le hace un gesto para que se acerque. El capitán sale a buen ritmo de la sala dejando la puerta abierta. Me encantaría saber qué es lo que van a hablar. Lo cotilla que hay en mí no se resiste. Pero no sería demasiado profesional que me pillaran espiando.
Guardando mis ganas, veo cómo Barry y Brad acercan sus sillas y las colocan entre la mesa de Joseph y la mía. Tal vez la conversación y las discusiones me hagan olvidar lo que está pasando fuera.
-Chris debería andarse con ojo –murmura Barry son que nadie más que yo lo oiga -. Sé que no lo hace con mala intención, pero…
Lo que yo iba a contestar queda silenciado por una voz masculina llena de furia.
-Vaya, qué pena que no esté… Le iba a decir quién manda aquí.
Irons. No hay ningún tipo de duda. Está enfadado por algo… ¿No será por las suposiciones de Chris? ¿Cómo se ha enterado ese cerdo de lo que hemos hablado? ¿Tal vez el capitán le ha comentado algo? Es posible. Aunque no veo a Wesker chivándose de lo que hablamos.
Sé que Irons revisa y supervisa todos nuestros pasos cuando entramos en acción. Pero de ahí a inmiscuirse en la oficina sin motivo aparente… Cojo mi móvil y decido enviarle un mensaje para advertirle. Le quito el sonido y escribo rápidamente.
Chris, ándate con ojo. Irons está que se sube por las paredes.
Su respuesta, sorprendentemente, no se hace esperar.
Que se joda. Para algo nos paga. Estará enfadado porque no es capaz de echar un polvo en condiciones.
Me río en silencio. Barry no me pierde de vista en ningún momento. Sabe que estoy hablando con Chris, porque mira de reojo la conversación. Él se ríe también al ver lo de Irons. Vuelvo a mirar hacia la puerta, y sólo veo a Wesker apoyado en el quicio asintiendo en silencio. Vuelvo a escribir.
Eres de lo que no hay. No me distraigas del trabajo.
Y le mando un icono de un beso. Me sonrojo un poco. ¿Qué estoy haciendo? Ahora va a pensar que estoy coqueteando con él. Su respuesta, no hace más que ponerme más nerviosa.
Pero si has empezado tú. Por cierto, feliz día de San Valentín. ¿Haces algo?
Y pone una cara con una lengua fuera. Creo que en este momento parezco un tomate. Cualquiera que me vea pensará que tengo fiebre o algo de eso. Escondo el móvil bajo el escritorio mientras Joseph y Barry empieza a discutir sobre algo, aunque no tengo ni idea sobre qué.
La verdad es que no. Mi príncipe azul no ha aparecido.
Contesta inmediatamente. Primero pone un icono de un cara riéndose, y luego el mensaje.
No creo que te vaya mucho eso de los príncipes azules. Yo me pondré a ver una de esas pelis románticas junto con un paquete de pañuelos.
No puedo evitar volver a reírme mientras miro de reojo fuera. Aún siguen conversando. Menos mal que la charla está durando más de la cuenta. Barry me lanza una mirada de advertencia. Cierto. Debería cortar ya el rollo. Escribo lo último.
No tiene gracia. ¿Quieres que me echen del trabajo? Pues déjame un ratito en paz, monada.
Y añado una cara con la lengua fuera. Dejo el teléfono en lo alto del escritorio e intento centrarme en la conversación que están manteniendo mis compañeros. Hablan sobre lo del piso franco, o eso me parece. He llegado un poco tarde. Barry hace anotaciones en un folio conforme vamos opinando.
-Pero, ¿no creéis que sería más lógico que su guarida esté fuera de Raccoon City? Si estuvieran aquí, ya los habríamos visto –dice Brad apoyando un codo en la mesa.
-Hasta ahora, se las han arreglado muy bien –opina Joseph echándose hacia atrás en el asiento -. Si estuvieran fuera de la ciudad, nos habrían informado de actividades sospechosas en pueblos cercanos. Y que yo sepa, hasta ahora, no tenemos constancia de ello.
-Realmente no tenemos mucho sobre lo que trabajar, pero… -lo que iba a decir queda interrumpido por una voz masculina que pronuncia mi nombre.
Me giro hacia la puerta y creo que casi me da algo cuando lo veo. Es un joven que parece trabajar para una agencia de transportes, y que lleva un precioso ramo de flores. Dios, espero que no sea para mí. Qué vergüenza. El hombre nos mira, y se detiene en mí. Wesker y Irons no pierden hilo de lo que pasa.
-¿La señorita Valentine? –pregunta con una sonrisa. Yo asiento boquiabierta. Mis piernas parecen gelatina. Tiemblan y no me responden. ¿Quién me ha enviado eso? Y aquí, precisamente.
Camino hacia la puerta con una sonrisa tensa. No quiero mirar ni al capitán ni al jefe Irons. Vuelvo a estar roja. Lo noto. Las mejillas me arden. Llego junto al joven, que me entrega el ramo.
-Me han pedido que le entregue esto. Firme aquí –aguanto el ramo con una mano y firmo con dedos temblorosos. El tipo se toca la gorra antes de despedirse -. Muchas gracias. Que tenga un buen día.
Me doy la vuelta como si me encontrara poseída y no miro a nadie. Sólo me concentro en mi mesa. Dios, quiero morir. Ya me lo podrían haber enviado a mi casa, y no hubiera tenido que pasar por esto todo. Barry, al igual que Joseph y Brad, están mudos. Wesker y Irons no pierden puntada tampoco.
-¡Vaya, Jill! ¡Es genial! –exclama Joseph con una sonrisa -. Vamos, anímate. Tienes un admirador secreto.
Me propina un suave codazo. No me salen las palabras. Jamás, en mi vida, me habían regalado un ramo de flores alguien que no fuera mi padre. Y tenía que ser justo en mi trabajo, donde no paran de observarme. Veo que en la parte superior hay una nota. La cojo y la leo con los nervios a flor de piel.
Feliz Día de San Valentín. Me haría muy feliz que vinieras mañana a comer sobre las dos al Maurice's BBQ. Te espero.
Si esto no es una cita en toda regla. ¿Qué es entonces, chica?
¿Y cómo demonios sabe que no puedo ir a cenar porque estoy trabajando? Una de dos: o me están espiando, o es alguien que me conoce. Pienso unos segundos. Mis contactos en Raccoon City se basan en colegas que he conocido en la comisaría. ¿Algunos de mis amantes descarriados?
Poco probable. Ya le dejé bien claro a Jerry que no quería saber nada más de él después de haberme dejado de esa manera. Lo peor de todo era que tenía que aguantarlo en la Delta Force, y todo fue bastante difícil hasta el día que me fui. Hemos intercambiado algunos mensajes, pero poco más. No me interesa.
Los nervios y la excitación se apoderan de mí. ¿Mi vida en Raccoon City aburrida? Para nada. Pero entonces, un nuevo temor se apodera de mí. ¿Y si es alguien que quiere tenderme una trampa? Vivo día a día atormentada por lo de Dick, y por mucho que me han insistido, no estoy tranquila.
-¿Sabes de quién es? –pregunta Barry examinándolo detenidamente. Niego en silencio. La verdad es que no me apetece mucho hablar de ello -. Vas a necesitar un jarrón. De aquí a que llegues a tu casa…
Cierto. En cuanto Wesker, vuelva, le pediré permiso para ir a buscar un lugar donde pueda colocar esta maravilla.
No he dormido nada esta noche. Le he dado muchas vueltas al coco, y no consigo entender nada. No ubico a nadie en el perfil de tierno romanticón que le regala a una chica flores. Voy en coche camino al restaurante. Son las dos menos diez. He salido un poco tarde porque me he quedado un poco dormida (me he despertado a las doce), y luego he estado arreglándome un poco.
No soy una chica demasiado coqueta, pero me gusta estar presentable cuando tengo alguna fiesta o comida importante. He elegido un vestido verde de tirantes que me llega casi a las rodillas y unos zapatos negros con un poco de tacón. A juego llevo una chaqueta y un bolso.
Hasta las cuatro tengo tiempo de descubrir quién me ha enviado el ramo. Barry no paró de zafarse de mí durante toda la tarde y la noche. Recuerdo que incluso le di una colleja mientras nos observaba cenar a mí y a Joseph. Le prometí contarle quién es mi misterioso admirador una vez que llegue al trabajo.
Giro a la izquierda e inmediatamente veo el restaurante en cuestión. Trago saliva con dificultad. Las piernas me tiemblan. La boca se me queda seca. ¿Por qué estaré tan nerviosa?
¿Porque es una cita?
No hay demasiados vehículos en la zona de aparcamiento. Los observo todos detenidamente… y ninguno me suena. Mierda. Ni una maldita pista. Busco un hueco libre entre dos coches y aparco en batería. Echo el freno de mano y apago el motor. Me recuesto sobre el reposacabezas y suspiro.
Bien. Es hora de que conozca la verdad. Cojo mi bolso y salgo de mi querido Ford Fiesta. Camino con el corazón latiéndome con fuerza. Agarro el pomo de la puerta y entro. Me sorprendo. Es un lugar bastante íntimo y acogedor. Hay mesas de diferente tamaño distribuidas por todo el salón comedor.
También hay una barra y unos taburetes donde hay algunos hombres bebiendo cerveza. Hay cuadros colgados que tienen pinta de haber costado una pasta. No estoy muy puesta en arte, pero mis años de experiencia anteriores a la Delta Force me gritan eso.
Suena una agradable música de ópera bastante suave, lo que permite mantener una conversación sin necesidad de alzar la voz. Y entonces, observo a todos los comensales que hay allí.
Una pareja a mi izquierda. Un grupo de hombres al fondo. Una familia… y un hombre que me saluda con la mano.
Si no fuera porque la mandíbula no se cae sola, se habría largado de allí en un santiamén. El hombre que me saluda es Chris Redfield.
