Bueno... pues aquí traigo otra charla, o más bien charlas... A ver que os parece...

UNA PEQUEÑA TRAMPA.

Kate entró a la sala de descanso con su taza azul en una mano y la blanca de Castle en la otra, dispuesta, una vez más, a firmar una tregua con aquella cafetera con la que no acababa de hacer las paces.

Se paró en seco mirando a Espo que observaba atento y medio escondido para no ser visto tras las persianas venecianas a la sala contigua. Mientras, bebía en aquella taza tan horrible que simulaba un revolver.

Kate se acercó por su espalda en silencio, esperando unos segundos esperando a que él no notase su presencia. Pero el detective estaba tan concentrado que no se dio cuenta que ella estaba allí. Ella aprovecho para acercarse más, siguiendo su mirada y poniendo su cabeza justo detrás de la del detective.

- ¿Qué miras con tanto interés? – le preguntó bajito junto a su oreja, cosa que provocó que él se asustase moviendo sus manos y derramando parte del café desde la taza a la encimera.

- ¡Dios! ¡Pero mira lo que me has hecho!

- ¿Yo? – preguntó ella inocente mientras miraba como en la sala contigua, Castle y Lanie hacían carantoñas al bebé y éste les respondía con sonrisas y balbuceos - ¿Qué es lo que te interesa tanto?

- No me interesa – negó el detective limpiando la encimera – más bien me preocupa… ¿A ti no?

- ¿Qué debe preocuparme? – preguntó mientras limpiaba las tazas.

- ¿Es que no lo ves?

- ¿Qué tengo que ver? – inquirió extrañada levantando la mirada y fijándola en Lanie que tenía a Cosmo en brazos.

Espo chasqueó su lengua tirando a la basura el papel que había utilizado para limpiar la encimera.

- ¿Has visto lo ilusionada que está Lanie con ese bebé?

Kate se echó a reír.

- ¿Es eso lo que te preocupa? ¿Qué te pida colaboración para fabricar uno y no sepas como va el tema, Javi?

- No – contestó él alargando mucho la vocal – Tengo dominio de ese tema – añadió orgulloso -. Lo que me preocupa es que quiera uno – dijo mirando a Kate fijamente.

- Bueno… Lo cierto es que se la ve muy cómoda con ese niño en brazos – admitió Kate.

- ¿Ves? Eso es lo que me preocupa. Demasiado cómoda. Es complicado que nuestra relación funcione sin que discutamos… ¿Y si ahora quiere un bebé? Yo no estoy preparado.

- Javi, para que una relación funcione tiene que tener un futuro… Una familia es el futuro de cada relación.

- Pues ve preparándote.

- ¿Por qué? ¿Me vais a cargar con el niño cuando queráis salir? – dijo ocupada en pegarse con la cafetera.

Ahora fue a Espo a quién le tocó reír.

- Nada de eso Beckett… - dijo con seriedad – Ve preparándote porque veo a "tu prometido" – dijo enfatizando el título – casi más entusiasmado que a Lanie.

Kate se fijó bien en la escena de la otra sala. ¡Espo tenía razón! A Castle se le caía la baba con ese niño.

- Deberías cerrar la boca o puede que se te cuele alguna mosca – le dijo Javi picándola.

- ¿Sabes lo que eres, no?

- Sí. Un capullo que te ha abierto los ojos. ¿Para cuando el bebé Beckett?

- ¡Cállate!

- Deberías ir pensando nombres – dejó caer Espo saliendo de la sala.

Kate siguió observando a Castle.

- ¿No es adorable? – le dijo a su espalda Gates mirando también ella la escena que observaba Kate.

- ¿Usted también?

- ¿No le gustan los niños detective? – preguntó extrañada la capitana mirándola fijamente.

- No especialmente.

- Pues por lo que veo su prometido está encantado – dijo señalando a Castle y haciendo que ella volviese a mirarle.

- Ya…

- No muerden Beckett, tan sólo son ruidosos, ensucian todo lo que haya a su paso y no te dejan dormir dos horas seguidas durante los primeros meses…

- Encantador…

- Después se tranquilizan, aunque esa etapa es casi peor, hay que enseñarles a hacer absolutamente todo, no paran de preguntar, temes cualquier cosa que pueda pasarles incluso tienes miedo a perderlos a cada instante. Acaban con la paciencia de cualquiera.

La capitana hizo un silencio mientras sonreía ante los dos adultos y el bebé, Kate la miró y ella continuó sin dejar de mirar la sala.

- Pero claro, lo peor está por llegar… Y eso – dijo girándose para mirarla – es cuando por fin llegan a ser adolescentes. Soñabas con eso, pero te equivocabas. No has terminado de enseñarles a limpiarse la nariz, y ahí están ellos, pensando que lo saben todo sobre el universo y que tú sólo estás ahí para darles dinero, fastidiarles y prohibirles hacer lo que quieren. Entonces es cuando definitivamente dejas de dormir por las noches, preocupada por saber donde pueden estar a esas horas y con quien.

- ¿Tiene hijos señor?

- Tres, en edad de comerse el mundo, de quince a diecinueve – admitió.

- Vaya… No sé que decir…

- ¿No le parezco una madre verdad?

- No he dicho eso señor…

- No se equivoque conmigo Beckett. Que sea estricta en el trabajo no me hace incompatible con una vida familiar.

Kate asintió con media sonrisa mientras terminaba de preparar el café de Castle. Gates la observó.

- Detective, si hay algo de lo que jamás podré arrepentirme en esta vida, es de haber tenido a mis tres hijos… Si volviese a nacer y me diesen a elegir, volvería a hacerlo, aunque eso implicase tener que soportar a mi suegra durante otra vida– dijo pensativa y seria.

Kate la sonrió con complicidad.

- Usted no sabe lo que es eso – continuó – la señora Rodgers es algo… ¿Singular?

- Sí – río Kate – lo es.

- Singular – repitió Gates – pero parece tenerla en alta estima. Cosa que mi suegra no hará jamás – admitió abriendo mucho los ojos.

- Sí. Martha ha sido siempre estupenda conmigo.

- La envidio. Tiene mucha suerte. Eso evitará conflictos con el señor Castle.

Kate asintió sin dejar de sonreír. Era cierto, tenía suerte con Martha y con Alexis.

- Pero bueno, yo me desquito e intento fastidiar lo máximo posible – Kate la miró sorprendida, no era muy habitual que su jefa diese a conocer su vida privada – ahora quiere que celebremos sus bodas de oro dentro de tres días, cenando uno de esos incomibles guisados…

- Lo siento señor – dijo Kate arrugando un poco el ceño.

- Me he inventado una invitación del alcalde en una cena benéfica para el departamento de policía – admitió con una sonrisa traviesa.

Kate no salía de su asombro ¿Gates contándole su vida?

- Lo malo es que la muy víbora me ha pedido un autógrafo del Alcalde – dijo con fastidio.

- No creo que tenga problema con eso señor – contestó Kate mirando a Castle.

Gates abrió la boca.

- ¿Creé que él podría conseguirlo? – dijo girándose para mirarla.

- ¿Quiere que se lo pida por usted? – preguntó Kate.

- No – contestó Gates volviendo a mirar pensativa a Castle – a él también me gusta fastidiarle un poco desde lo que hizo con mi muñeca…

- Señor...

- Le llamaré a mi despacho para que sufra un poco pensando que ha podido hacer mal – dijo girándose para mirar a Kate y ambas se echaron a reír.

- De paso podría decirle que no fuese tan afectuoso con ese bebé, distrae al resto.

- Bien – dijo mientras ponía su mano en el brazo de Kate – espero que si llama mi suegra preguntando por mí el viernes, sepan cubrirme.

- Descuide señor – dijo mientras ambas salían de la sala de descanso.

Gates se dirigió con paso firme a su despacho, pasando al lado de Castle y Lanie y mirándoles con seriedad. Desde la puerta de su despacho y con voz autoritaria llamó a Castle. Éste, sorprendido buscó a Kate con la mirada. Ella se encogió de hombros y le hizo un gesto serio.

Gates comenzó a cerrar las persianas de su despacho mientras Castle dejaba a Cosmo en brazos de Lanie y se levantaba con gesto grave. Se acercó hasta la puerta y llamó con los nudillos.

- Pase señor Castle – le dijo – y cierre la puerta por favor.

- ¿He hecho algo malo? – preguntó algo nervioso mientras seguía con la mirada la de la capitana que observaba a Lanie y a Kate.

Kate dejó la taza de Castle sobre la mesa y se llevó la suya a los labios.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Lanie.

- No tengo ni idea – mintió la detective.

- ¿Quieres tener un rato a esta preciosidad? – dijo acariciando la mejilla del niño.

- Paso.

Gates se giró y mando a Castle con gestos que se sentase.

- Tengo que pedirle un favor señor Castle.

- Usted dirá - dijo él aliviado.

- A cambio creo que yo le podré hacer otro…

- No creo que eso sea necesario, no tiene…

- ¿Me deja hablar?

- Sí. Si claro – dijo removiéndose en la silla – adelante.

- Necesito un autógrafo de su amigo el alcalde para mi suegra – soltó sin más.

- No hay problema – contestó sacando su iPhone del bolsillo - ¿Lo quiere en una foto?

- Eso sería bordarlo señor Castle…

- ¿Cómo se llama su suegra? – dijo mientras tecleaba en su Whatsapp.

- Eugene.

- Permítame que le pregunte…

- ¿Qué favor le haré yo a cambio? – se adelanto Gates.

- Sí – dijo Castle sonriendo al leer en su móvil – Un mensajero le traerá mañana su autógrafo.

- No sabe como se lo agradezco.

- No es problema – contestó Castle con algo de suficiencia.

- Bien… Hablemos de lo que yo puedo hacer por usted – dijo Gates quitándose las gafas y haciendo que Castle se sintiese algo incómodo.

- Usted dirá…

- He hablado con asuntos sociales – informó mirando a la sala donde Lanie achuchaba a Cosmo – tardarán en venir a hacerse cargo de ese bebé, las residencias están llenas y no podrán encontrarle sitio.

- ¿Y? – preguntó Castle sin entender en que podía afectarle eso a él.

- La asistente ha sugerido que el bebé podría quedarse en dependencias policiales o bajo custodia de alguno de nuestros hombres hasta que encontremos a sus familiares o hasta que quede libre una plaza…

- Perdone señor – interrumpió Castle - pero sigo sin entender….

- ¡Por Dios señor Castle! – elevó la voz Gates - ¡Le estoy ofreciendo la oportunidad de quedarse unos días con ese niño!

Castle abrió los ojos sorprendido.

- Quizá sea el momento apropiado de familiarizar a su prometida con un bebé ¿No cree? No veo que tenga mucho instinto maternal – dijo mirándola.

Castle sonrió ante la idea.

- Por supuesto Beckett no se enterará de nada – confesó Gates – digamos que esto será nuestro pequeño secreto para hacer que cambie de opinión sobre los niños…

- Je – dijo Castle poniendo voz de no creerlo y mirando a su alrededor - ¿Esto no será una broma no? Ella me matará si llega a enterarse.

- Por lo que a mi respecta, yo le estoy pidiendo un favor y a la vez le estoy regañando por distraer a mi gente con ese bebé…

- ¿Está segura que puedo llevarlo a casa hasta que se resuelva el caso?

- Llamaré a la asistente social para que lo deje caer en la conversación que tengan ustedes y el resto es cosa suya.

- Je je… – dijo Castle risueño – eso está hecho.

- Puede marcharse – le indicó Gates poniéndose de nuevo las gafas y haciendo un gesto con la mano – y cambie esa cara o nos delatará.

- Descuide…

Castle se levantó de la silla y como alumno aventajado de la señora Rodgers, cambió por completo su cara fingiendo una seriedad extrema.

- ¿Señor?

Gates levantó la mirada sin contestarle.

- ¿Por qué hace esto?

- Digamos que conozco los fallos del sistema y no me apetecería que ese bebé acabase en una casa de acogida simplemente por el dinero que reciben quien acogen…

- Ya – dijo Castle.

- Y digamos también que conozco a mi gente, y creo que va a necesitar mostrarle que no es tan difícil y armarse de paciencia para convencer a mi detective y que tenga un hijo con usted…

Castle no pudo evitar que una gran sonrisa apareciese en su cara.

- No deje que renuncie al privilegio de ser madre… - añadió ella y Castle asintió.

Castle volvió a fingir seriedad y abandonó el despacho de la capitana. Kate al verle, le señaló la taza de café, invitándole a que se sentase a su lado.

- ¿Todo bien? – preguntó fingiendo no saber nada.

- Me ha pedido un autógrafo de Weldon para su suegra.

- ¡Oh! ¡Vaya! – exclamó con cara de sorpresa.

- Y me ha pedido que no sea tan efusivo con Cosmo, dice que os distraigo.

- Bueno… Creo que en eso tiene razón…

- ¿De verdad piensas eso?

- Este no es un lugar para un bebé, Castle.

- Pues yo creo que se lo está pasando muy bien – dijo mientras miraba como Lanie lo achuchaba entre sus pechos – creo que ahora mismo es la envidia de unos cuantos…

Kate le dio un manotazo en el brazo.

- Pero ¡Serás!

- No tengo la culpa de que Lanie quiera asfixiarle entre sus…

- ¡Cállate! Como Lanie te oiga…

- Lo que no termino de entender es como te resistes a tenerle entre tus brazos… Es adorable.

- Ya… - dijo ella sonrojándose – Creo que lo mejor que podemos hacer por él, es que sigamos con el caso ¿No crees?

- Sí… Claro – dijo él sonriendo ampliamente – seguro que es lo que mejor podemos hacer por él…

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GRACIAS por leer hasta aquí y mil gracias a todos los que comentáis.