La familia se reúne en casa de Clint para celebrar el primer cumpleaños de Nathaniel.

Capítulo 7: Natasha y Clint

Hubo un tiempo, hacía ya unos cuantos años, que Natasha pensaba que jamás podría tener una vida normal. Cosas como tener amigos, ir al instituto y a la universidad, enamorarse como otras chicas de su edad era algo que no podía ni plantearse.

Pero eso era antes, hasta que conoció a Clint y su vida comenzó en el mismo momento en el que debería haber terminado.

De acuerdo que no podía decirse precisamente que su vida actual fuera muy normal; era una espía que vivía junto a un variopinto grupo de superhéroes y que se había enfrentado a una invasión alienígena y a un robot asesino entre muchas otras amenazas al planeta.

La diferencia era que ahora luchaba para proteger y también para vengar, luchaba para los demás y para sí misma, y tenía una familia a su lado que cuando la miraban veían simplemente a Natasha, su compañera y amiga, en vez de a la asesina que una vez fue.

Y poder disfrutar de días como aquellos era un auténtico regalo. Estaban en casa de Clint celebrando el primer cumpleaños de Nathaniel. La habían acompañado Steve, Tony y Wanda. Esta última les había pedido venir para conocer al pequeñín que llevaba el nombre de su hermano y por supuesto Clint había accedido. La conexión había sido instantánea; a Wanda se le habían llenado los ojos de lágrimas nada más verle y Nathaniel se había vuelto loco con ella, estirando sus regordetes bracitos y balbuceando «¡Anda! ¡Anda!» hasta que la chica le había cogido en brazos.

Sentada a la mesa de la cocina, Natasha sonreía al ver la cálida escena; Steve y Tony, sentados en el suelo del salón, jugaban con los niños a un complicado juego de mesa, Tony mosqueándose por momentos porque los otros tres le estaban ganando. Wanda, ubicada en el sofá, le cantaba una nana en su idioma nativo a un encantadísimo y relajado Nathaniel.

Laura se sentó al lado de Natasha y dejó un plato y dos tenedores sobre la mesa.

—El último trozo de tarta —le dijo—. ¿Nos lo partimos?

Natasha ya se sentía más que llena después de la cena y la primera ración del postre, pero un pedazo de pastel de chocolate y mermelada hecho por Laura era algo a lo que no era sencillo decir que no.

—Venga, va, un día es un día —accedió, y en cuanto hincó el diente al primer bocado supo que había tomado la decisión correcta.

Comieron en agradable silencio, observando a los demás.

—Me alegro de que esos dos por fin se hayan arreglado —comentó Laura en cuanto ya no quedaban más que migajas en el plato, refiriéndose a Tony y a Steve—. Tony parecía una alma en pena cada vez que se pasaba por aquí a por información que le ayudara a encontrar al amigo perdido de Steve.

—Steve estaba igual —corroboró Natasha—. Prácticamente llorando por los rincones. Es un alivio para todos que al final hayan conseguido solucionar los problemas que les mantenían separados.

—Este Tony, tan inteligente que es para unas cosas y sin embargo cuando se trata del amor… —dijo Laura, y Natasha le dio toda la razón—. ¿Cómo está Wanda? —le preguntó. Laura también le había cogido un cariño inmediato al primer vistazo. Natasha sabía que, si Laura pudiera, la adoptaría en la familia Barton y la colmaría de mimos.

—Esforzándose día a día. Es increíble, pese a lo mucho que sufre, siempre tiene una sonrisa en la cara para todos.

—Pobre criatura. No es justo que una chica tan joven ya haya pasado por tanto. Por lo menos estoy más tranquila sabiendo que tú estás con ella.

—Sí. Yo también me alegro de poder ser un apoyo para ella.

—¿Y tú cómo estás? —le preguntó Laura—. ¿Has sabido algo del doctor Banner?

—Sé que está vivo y está bien, y que por el momento quiere seguir manteniéndose alejado de todos nosotros. La verdad es que solo habla con Tony. A mí ya me está bien así.

Laura le acarició el brazo con suavidad.

—Me sabe muy mal que acabaran así las cosas entre vosotros. Era la primera vez que te veía verdaderamente ilusionada por un hombre.

—Ya. Qué te voy a contar. Yo también pensaba que las cosas iban a ser diferentes.

Natasha trataba de pensar en Bruce lo mínimo posible, y se alegraba de poder decir que ya lo tenía bastante superado.

Estar allí, pero, le traía recuerdos de aquella vez que habían estado juntos en la habitación de invitados de Laura y Clint, cuando Bruce le había dicho que nunca podría darle una familia y Natasha le había respondido que no le importaba porque ella tampoco podía hacerlo y que lo único que quería era estar junto a él.

Pensando en ello, parecía que hubiera pasado una eternidad desde aquello, aunque otras veces sentía como si solo hubiera sido ayer cuando se dieron aquel último beso.

Natasha recordaba cómo le había propuesto a Bruce escaparse juntos, huir de todo y darse la oportunidad de una vida para ellos dos. Y es lo que quería entonces, vaya si lo quería. Nunca había experimentado nada parecido a lo que sentía cuando estaba en brazos de Bruce, era todo lo que nunca se había atrevido ni a imaginar para ella misma, lo que pensó que jamás tendría. Lo hubiera dejado todo por él.

Ahora en su mayor parte se alegraba de que no hubiera ocurrido. Le gustaba su vida. Le gustaba liderar junto a Steve a los nuevos Vengadores, le encantaba trabajar junto a sus amigos, poder apoyar a Wanda, despertarse cada mañana sabiendo que tenía un propósito y que estaba ayudando a hacer del mundo un lugar mejor.

Pero…

Miró de nuevo hacia el salón. Tony estaba fingiendo una rabieta por haber perdido la partida y tanto Steve como los niños se estaban partiendo de risa. Wanda había dejado de cantar y aunque Natasha no podía ver su cara desde su posición, sabía que estaba sonriendo al ver la escena; en las últimas semanas la chica ya había empezado a cogerle cariño a Tony.

Steve había estado en una situación similar a la suya no hacía mucho. Aunque Tony no había desaparecido de la faz de la Tierra como había hecho Bruce, sí que como el doctor se había apartado de casi todos sus amigos después de los daños que había causado con la creación de Ultrón.

Bruce pensaba que era un peligro para todo el mundo, especialmente después de perder el control cuando Wanda trasteó con su mente, pero Natasha también sabía que uno de los motivos por los que se había ido había sido para protegerla a ella. Tony había hecho lo mismo, pese a que Steve le había demostrado en todo momento que le apoyaba y que quería estar a su lado, porque eso es lo que se supone que hace uno cuando ama a otra persona, ¿no? Estar con él tanto a las buenas como a las malas. Natasha no tenía una gran experiencia en relaciones de pareja pero estaba segura de que así era.

Tony, aunque se pensara que a la larga le haría un favor, no había tenido en cuenta los sentimientos de Steve y le había roto el corazón. Steve lo había pasado muy mal, ella sabía perfectamente cuánto, y aunque había intentado seguir adelante, salir con otras personas siguiendo el consejo de Natasha de que debía olvidarle, no había podido hacerlo porque estaba muy enamorado de Tony.

Así que Steve no se había rendido porque sabía que lo que había entre él y Tony era algo por lo que valía la pena luchar y había terminado por hacérselo ver también al cabezota de Stark. Y ahora se les veía tan felices cuando estaban juntos que Natasha no podía negar que en ocasiones sentía un poco de envidia.

A veces Natasha no podía evitar preguntarse qué hubiera pasado si ella hubiera hecho como Steve. Si no hubiera aceptado sin más la decisión de Bruce y ella hubiera seguido luchando para demostrarle que podían estar juntos pese a todo.

Quizá era que ella, simplemente, no era así, y sabía que, aunque hubiera conseguido que Bruce quisiera intentarlo de nuevo, parte de ella siempre estaría dolida al recordar que ella le había ofrecido todo lo que tenía y él había decidido que no era suficiente.

Natasha estaba convencida de que las cosas pasaban por un motivo. En el caso de Steve y Tony su ruptura había servido para que ambos se dieran cuenta de que no podían vivir el uno sin el otro.

En su caso…

—Está bien. —Sonrió a Laura—. La verdad es que he conocido a alguien. Más o menos —confesó. Se le hacía raro hablar de ello, porque era algo que había surgido de una manera tan inesperada que incluso a ella le había pillado un poco por sorpresa, pero a Laura se le iluminó la cara en cuanto se lo dijo y Natasha no pudo evitar reír.

—¿En serio? Cuéntamelo todo ahora mismo, señorita —le pidió, por no decir, exigió, su amiga.

—No hay mucho que contar, por ahora. Después de lo de Bruce no quiero apresurar las cosas y me lo estoy tomando con calma. Él hace poco que salió de una situación muy complicada y está muy dañado todavía, y yo sé mejor que nadie que uno no sale de algo así de un día para otro.

—¿Estás hablando de ese chico al que buscaban Clint y Tony, el amigo de Steve?

—James. Sí. Vaya ojo que tengo que siempre voy a fijarme en hombres la mar de complicados, ¿no? —suspiró Natasha.

—Bueno, creo que tú te aburrirías con un hombre normal y corriente —señaló Laura, y Natasha tuvo que admitir que probablemente era verdad—. ¿Te trata bien? —quiso saber.

—Todavía no somos más que amigos, pero sí. Me siento muy a gusto cuando estoy con él y por eso quiero tomarme mi tiempo en conocerle. Lo cual, si lo pienso, es bastante alucinante teniendo en cuenta que ha estado a punto de matarme varias veces. Control mental, es una larga historia —añadió, al ver la cara de sorpresa de su amiga.

—Ya me imagino. Me alegro mucho de que estés dispuesta a intentarlo de nuevo.

—Yo también —dijo Natasha sinceramente. Recorrió la estancia con la vista y se dio cuenta de que hacía un buen rato que no veía a Clint—. A todo esto, ¿dónde se ha metido tu marido?

—Debe de estar sentado fuera, en el porche. Ha cogido la costumbre de irse allí él solo a pensar. —Laura dejó escapar un suspiro resignado—. Nunca quiere hablar de lo que sucedió en Sokovia, ¿sabes? No se perdona lo que le pasó a ese chico. Creo que Sokovia le cambió mucho más de lo que él está dispuesto a admitir.

—A todos nos cambió —afirmó Natasha.

El fresco de la noche la recibió cuando salió a buscar a Clint, que efectivamente estaba donde le había dicho Laura. Miraba al cielo con aire ausente mientras pegaba sorbos a una cerveza fría.

—Hola, forastero —dijo ella, sentándose a su lado y aceptando una cerveza que él le alcanzó.

—¿Están los niños todavía levantados? —le preguntó Clint.

—Laura y Wanda han ido a acostar al bebé. Tus otros hijos han insistido para que Tony y Steve les lean un cuento antes de dormir.

—Y no han venido ni a darme las buenas noches. Creo que mis hijos quieren más a Stark que a mí —se quejó Clint.

—Stark es el tío enrollado que les trae regalos cada vez que viene de visita y que encima vuela por los aires con un traje molón. Tú y tus flechas no tenéis nada que hacer contra eso.

—Vaya, gracias por echar sal en la herida, Nat —replicó él—. Ahora en serio, gracias por haber venido hoy. Ha significado mucho para nosotros.

—No me lo perdería por nada del mundo. Pero caray, un año ya. Hay que ver cómo pasa el tiempo.

—Dímelo a mí. Antes de darme cuenta ya tendré a mis hijos camino de la universidad.

—Mejor piensa en todo el tiempo libre que tendréis Laura y tú cuando tus hijos salgan del nido —dijo Natasha y Clint no tuvo más remedio que darle la razón. Ambos pegaron un sorbo de sus respectivas botellas—. Todavía no me pudo creer que le pusieras Pietro a tu hijo.

—Solo es su segundo nombre, y el chaval me salvó la vida, ¿qué otra cosa podía hacer? No hace falta que te pongas celosa porque el crío no lleva tu nombre como tú querías.

—Ugh, no me lo recuerdes, todavía me duele su traición. —Natasha sonrió—. Pero tampoco te culpo. La verdad es que el chico era muy mono.

Clint se ruborizó ligeramente.

—¿Pero qué estás diciendo? Natasha, por Dios, estoy casado. Y aunque no lo estuviera sólo es un chavalín. Que tiene, ¿veinte, veintiún años?

—Es un adulto. ¿Y desde cuándo su edad sería un problema? ¿O me vas a decir que si no hubieras estado casado cuando nos conocimos no hubiera pasado nada entre nosotros?

—Te mentiría si te dijera eso. Eras tan mona de jovencita. Pero se te olvida que para entonces yo también era un jovenzuelo.

—Tienes razón. Un chico en la flor de la vida y tan guapo como Pietro jamás se interesaría por un carroza aburrido como tú.

—Por favor. Puede que esté un poco oxidado por falta de práctica, pero mi sex appeal sigue estando intacto.

—Sigue repitiéndotelo hasta que te lo creas —bromeó ella, y Clint entrechocó sus hombros cariñosamente—. Sabes que lo que le pasó no fue culpa tuya, ¿no? —le dijo, poniéndose seria.

Clint desvió la mirada.

—Ya lo sé. Pero eso no hace que me sienta mejor.

Natasha entrelazó su brazo con el de su mejor amigo.

—Es curioso, ¿no? —añadió Clint—. Apenas le conozco, y el poco tiempo que pasé con él fue o peleando o discutiendo. Pero desde que se sacrificó por mí que es como… No sé, como si me faltara un pedazo de mí. ¿Cómo es posible que le eche tantísimo de menos?

—Porque tú eres así. Encuentras almas perdidas y torturadas y en el momento en el que les das esperanza de que la vida puede ser algo más que dolor y miseria pasan a formar parte de ti.

—Pero a él no pude salvarle, Nat.

—No está muerto, Clint —le recordó—. Estoy segura que él sabe que, además de su hermana, tú también estás esperando que despierte. Si sigues creyendo le darás fuerza para que pueda salir de donde sea que esté su mente ahora.

Clint esbozó una media sonrisa.

—¿Desde cuándo te has vuelto tan idealista? Ojalá tengas razón. Por muy irritante que sea, daría lo que fuera por volver a escuchar su dichosa frasecita una vez más.

Se quedaron en silencio unos minutos, mirando la extensión del cielo estrellado.

—¿Entramos? —propuso Clint—. Debería ir a advertir a Tony y a Steve que no se les ocurra hacer cochinadas en mi casa como la última vez.

Natasha rio.

—Sí, por favor. Déjame estar presente en esa conversación.

Pero cuando entraron en casa se encontraron a una Wanda alterada y a Laura, Tony y Steve tratando de tranquilizarla.

—¿Qué ocurre? —preguntó Natasha, corriendo hacia la chica.

—Natasha. Clint. —Wanda los miró con los ojos desorbitados—. Lo acabo de sentir. Pietro… Esta vez sí, ¡Pietro ha despertado!