7.- Creer para ver.
Tía Yone era una mujer cariñosa, de ésas a quienes les sobra amor para repartir a cuanto desconocido se les atravesase. Pertenecía a numerosas instituciones de ayuda social, por lo que Yi Ze no la veía muy seguido en casa. Vivía con ella, pero sin ella; a medida que crecía iba dándole más espacio... más de lo que quisiera y se encontraba con nadie a quien hablar; las amigas no estaban hechas para alguien tan introvertida que odiaba el contacto con gente extraña. Al principio lo creyó normal en su adolescencia-tía Yone opinaba lo mismo–, pero el problema seguía, y ya era grande. ¿Nunca encontraría alguien con quien pudiera mostrarse genuina? ¿O debería conformarse con soltar sus problemas rápidamente a tía Yone, para que ésta le besara con indiferencia y le dijera "eres adolescente.. ya se te pasará"?
—Nah, a quién le importa que sea así– se dijo con dureza, cerrando el libro de Geografía que había estado leyendo.
Si pudiera ser como la tía, el tiempo se le iría volando. Veinticuatro horas serían la nada misma, y se iría a la cama pensando satisfecha en las tantas cosas que había realizado en el día.
Se levantó del asiento, estiró los brazos y apagó la luz de la lámpara del escritorio. Era ése minuto donde todos sus deberes estaban listos y debía pensar en qué continuar.
—"Me busca..." –no podía evitar el recordar a ese chico de ayer. ¿Sería posible que su madre la estuviera rastreando? —No... ¡No tiene derecho a hacerlo!– exclamó luego. Pero sí podía suceder que había enviado a un especialista en secuestros o cosas parecidas: Li Xiao Lang… Yi Ze apoyó la barbilla en su mano, pensando que el apellido le sonaba familiar. Fueron pocos los recuerdos que quedaron sobre China, porque ella se había encargado de olvidarlos y enterrarlos para siempre; Li podía ser alguno de esos Clanes que frecuentaban en la vida de sus padres.
—Quizás así sea-se dijo, bajando a la cocina por un poco de leche. Ya parecía recordar uno a uno los rasgos del joven chino, y se avergonzaba al descubrir que, pese a lo desagradable de sentirse buscada, él era un tipo bastante apuesto.
Yi Ze se dejó caer en sofá, dispuesta a pasar una tarde aburrida intentando dilucidar las intenciones de su madre al enviar una suerte de espía, pero el sonido del teléfono le interrumpió. Y no era sólo era el de la sala, en la habitación de tía Yone había otro por lo que el repique sonaba por partida doble.
La chica bufó con fastidio, y de pocas ganas levantó en auricular.
—¿Diga?
Tan sólo con oír esa risa, esa a la que estaba muy acostumbrada, su mirada se ensombreció. No cabía duda que la persona del otro lado de la línea era una venenosa; vivía por y para molestar a quien se le cruzase por su camino, y Yi Ze sabía que era un blanco perfecto. Un mudo y raro blanco para bromas.
—¡Qian! Qué gusto oírte, soy Yukiko Mitsu
—Ya sé quién eres, ¿cómo conseguiste mi teléfono?– intentó sonar lo más cortantemente que pudo. Aún así, Mitsu no tardó en reír nuevamente.
—Y no sólo tu teléfono, Qian...– Yi Ze escuchó un ruido de papeles, como si repasara algunas hojas mientras tarareaba—... En mis manos tengo tu expediente. ¡Qué cosas puedo ver! ¡Tienes una gran vida!
Sus nudillos comenzaban a blanquear debido a la fuerza con que oprimía el auricular. Que no hablara de lo que ella creía... Que no fuera eso... No podría soportar una broma como esa...
—Huérfana de padre, huyó de su casa dejando a su pobre mami sola. Vaya, no te creía tan audaz. Ahora me pregunto: ¿Por qué huiste? ¿No habrás hecho algo malo?
Imposible.
—¿Por qué lo tienes?
—Es sencillo... Más si eres reportera de la revista de la secundaria... Los datos se te dan en bandeja–dejó la carpeta a un lado, para luego echar un vistazo por la ventana de su habitación— Estaré orgullosa de contar con tu presencia en la próxima edición, Qian... A menos, claro, que tenga una recompensa por mi silencio.
—¿Cuánto?
—Cuatro mil yenes.
—¿Estás loca?. No tengo esa cantidad.
—Tú tía sí-replicó Mitsu tranquilamente—No bajaré el costo, Qian. Mañana quiero el dinero.
Yi Ze colgó cuando las lagrimas habían comenzado a cernirse amenazantes en sus ojos.
¡Maldita Yukiko, y maldita su madre por no dejarla vivir en paz!.
Respiró hondo, avanzando a su cuarto. Se encerraría a estudiar, lo que fuera; tenía que distraerse, y buscar la manera de pedirle a tía Yone cuatro mil yenes.
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—¿No vas a cambiar esa cara?
Era tanta la apatía que ya creía estar contagiándose.
—Mira, tenemos el número de la suerte– Sakura pegó el adhesivo a la espalda de Li, quien sólo frunció más el ceño.
Desde hacía un momento comenzaba a darse cuenta que muchas miradas iban dirigidas hacia la niñera. Niños murmuraban: ¡Es Kinomoto! ¡va a correr!, y para colmo los señalaban, como si fueran un par de marcianos pisando el planeta. Bueno, ella sí parecía de otro planeta; sólo con la actitud extraña y los poderes que ni ella podía explicar.
Shaoran se tragó las maldiciones que venían a su cabeza cuando recordaba el incidente del tablero.
Una chica de anteojos se acercó a Sakura. Era la misma del día anterior, a la que había escuchado llamado a Qian en la salida de Seijo.
—¡Si vas a correr deberías darme una pequeña ventaja!–bromeaba Naoko, quien llevaba su número 5 en la espalda. Luego pareció fijarse en la presencia del chino, y bajó un poco el tono— ¿Quién es él?
—El famoso Li...– masculló la de ojos verdes, sacando una rápida risita a su amiga, quien comprendió de inmediato, y dio una leve inclinación de cabeza hacia él por cortesía— ¿Y tú con quién correrás?
—Con Seiji.
Al menos Naoko había encontrado a alguien agradable para participar.
Yanagisawa se despidió, corriendo hacia donde estaban su primo Takeo junto a otra chica, Seiji y Tomoyo. La última llevaba su cámara de video, que apuntaba directamente hacia Sakura.
—Hoe..–la chica dio un pequeño suspiro, intentando ocultarse del atento lente.
Li no se había movido de su lugar. Cualquiera pensaría que no estaba haciendo nada, excepto a estar parado con los brazos cruzados, proyectando una sombra; apostaba que nadie imaginaba que correría; su expresión no dejaba ver mucha ansiedad o entusiasmo.
—Se ruega a los participantes dirigirse hacia la partida– dijo la voz por los parlantes.
Sakura no esperó al chico; caminó instantáneamente al llamado, siguiendo a las otras parejas.
—Si Kinomoto corre tu prima Naoko no tiene muchas probabilidades de ganar– comentó Keiko, mirando de reojo a su amigo.— ¿A quién crees que representa Kinomoto?
—No lo sé– Takeo tenía lagrimas exageradas corriendo por sus mejillas. Le había costado tanto escoger a quien lo representara en la carrera y no pudo ser más que Naoko; cuando le preguntó si quería, accedió con un entusiasmo que le dejó boquiabierta.
Al menos podía depositar un poquito de fe en Seiji, que se veía más atlético–si se le podía llamar así a su aspecto desgarbado e intelectual– y podía ocurrir el milagroso hecho que juntos se acoplaran bien y ganasen.
Keiko alzó una ceja en expresión de duda ante su optimismo.
En la cancha hizo su aparición un chico alto, que captó de inmediato la atención de ambos (o de uno más que otro).
—¿Quién será él?– Takeo vio que el extraño fue adonde estaba Sakura. ¿Ellos dos harían pareja? El tipo no se veía en actitud de correr— Oye, Keiko, ¿viste?...
—Sí... Lo veo–balbuceó la chica, con voz extremadamente fina.
—¿Keiko?
—Lo veo...
—¿A quién?
—A ese chico...–su compañera cruzó las manos y las puso sobre su regazo, como si impidiera que algo se escapase de su lugar. Luego dio un largo suspiro— Es muy guapo.
Sí, podía ser una niña de carácter fuerte; mandona y orgullosa, pero su gran debilidad eran los niños lindos. Takeo se acostumbraba a verla espiando a los de la preparatoria en la reja que dividía ambos establecimientos, con una sonrisa embobada parecida a la de ahora.
—Va a correr con Kinomoto. ¿Crees que sea muy rápido? –Takeo volvió su atención a los dos. No sabía si era su idea, o no se llevaban muy bien; desde esa distancia no lograba escucharlos, pero por el rostro de la jovencita supuso que era una discusión.
—Van a correr atados...–dijo su compañera, aparentemente compuesta—... correrán atados de manos.
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—¡Olvídalo, no voy a hacerlo!
Sakura contempló hacia abajo, donde algo parecido a unas esposas los tenían prisioneros de la mano del otro. No quiso callar a Li, la verdad ella también se estaba arrepintiendo, porque jamás podrían avanzar de esa forma.
La chica casi pierde el equilibrio al sentir que la tiraba. Pudo apoyarse en el brazo de su acompañante, quien había comenzado a caminar fuera de la pista.
—¡Ten más cuidado!–le recriminó, frunciendo el ceño. Pero Shaoran no paraba, aunque le costase acostumbrarse a arrastrarla a la mala. —¿Qué piensas hacer?–se preocupó, al adivinar sus intenciones. El chino se dirigía a uno de los jueces que los habían "encadenado".
—Queremos retirarnos– anunció apenas llegó ante el hombre barbudo. Él les sonrió de manera amable, y preguntó sus nombres.— Li Xiao Lang.
—Representante del menor Xue Asai–el hombre buscó en la lista que sostenía entre las manos. Pero antes de tachar sus nombres, reparó en sus rostros— ¿Por qué no se presentarán?
¿Por qué tenemos que darle explicaciones?, pensó Li, quien a modo de respuesta lanzó un gruñido.
—Es que... nosotros...–Sakura estaba dispuesta a relata la serie de "inconvenientes" que afectarían la participación, pero sintió la voz de Xue y Lei que venían a ellos.
—¡Tío! ¡Señorita Sakura! ¡Va a comenzar la carrera; deben ir a los lugares!–el chico señalaba hacia la partida, inquieto. El pequeño Lei asintió rápidamente, mientras daba pequeños saltitos de contento.
Hubo un silencio.
Sakura bajó la cabeza al sentir que ambos niños la miraban a ella.
—¿Qué pasa?... ¿Por qué no van?– cuestionó Xue después, y su rostro comenzó a adoptar un gesto triste.
—Porque no van a participar– respondió el maestro, que contemplaba su lista dispuesto a tachar de una buena vez el nombre de Li.
Otra vez los ojitos color almendra de ambos hermanitos recorrieron sus rostros, deteniéndose en el que en ese momento estaba más ausente.
—¿Tío...?
Xiao Lang no le miró. Había encontrado un árbol cercano, en cuyo tronco parecía haber algo demasiado interesante como para despegar la vista; en realidad buscaba la manera de evitar la mirada suplicante, cosa que no le resultaba, porque la voz de su sobrino sonaba igual de angustiosa.
—Ya veo... No quieren correr juntos– murmuró el chico, bajando la mirada.
Otro silencio. Xue lanzó un pequeño suspiro, al mismo tiempo que Sakura fruncía el ceño ante la decisión que había tomado.
—No, no... ¡Vamos a hacerlo!
Se dejó oír la voz de la chica, quien arrastró a Li de la misma manera que él lo había hecho. Éste no opuso resistencia...
—Escucha Li, esto lo hago por Xue– aclaró, caminando con pasos fuertes.
Nuevamente se encontraban en la partida. Desde donde estaba el juez, Xue y Lei les hacían señas.
Se sentía tranquila. Jamás se hubiera perdonado desilusionar así a un niño. Si estaba en sus manos hacerlo, lo haría. No importaba que Li no cooperara porque lo obligaría, así tuviera que seguir arrastrándolo de boca por toda la pista.
—¡Sakura!– Naoko le saludó desde dos o tres parejas de distancia. También estaba atada a Seiji, y ambos tenían sus manos entrelazadas, dispuestos a correr a la misma velocidad.
—Li, ¿no crees que deberíamos...?
Un ruido rápido y fuerte, claramente el de un disparo, se escuchó por toda la cancha. Las parejas comenzaron a avanzar, primero con algo de torpeza, luego acostumbrándose a su nueva inhabilidad. Las esposas no eran muy largas, por lo que era necesario que ambos avanzaran al mismo ritmo o caerían.
En cambio ellos, se quedaron detenidos, como si no supieran muy bien qué hacer.
—Esto es estúpido– murmuró él, comenzando a moverse.
Sí, lo era, pero no por eso iba a rendirse; ¡la mejor atleta de la preparatoria no podía rendirse ante ese impedimento!
—¿No puedes ir más rápido?
—¡Sí puedo!– rugió la chica, con una enorme vena asomándose en su frente... ¡Li era insoportable!
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Keiko observó con disimulo a su amigo intentar escabullirse silenciosamente entre los arbustos.
—¿Adónde vas Takeo?– preguntó con severidad, haciendo que se detuviera cuando justo iba a cantar victoria— Contéstame.
—Mmh... Verás, Keiko…. Yo…–rascó su cabeza, mirando hacia los lados. Ninguna mentirita "piadosa" se le ocurría en ese momento, y es que su amiga tenía una mirada tan aguda que inspiraba miedo hasta al más valiente de los hombres, o al menos, niños.—... quería ir a mirar al Parque Pingüino, para cuando llegasen a esa meta, bueno, pero si tú no quieres ir no vayas, yo tampoco iré si tú...– Takeo parpadeó sorprendido al encontrarse hablando solo.
—¡Qué esperas! ¡Vamos!– chilló su amiga, quien se había alejado varios metros.
El Parque quedaba relativamente cerca de la primaria. Era en lugar con juegos infantiles, rodeado de árboles, y la atracción principal: El Rey Pingüino, un gracioso resbalín azul que simulaba a esta ave.
Takeo simplemente no creía lo que estaba viendo... ¡Naoko y Seiji iban a la cabeza! Se quedó unos segundos mirando sorprendido, hasta que Keiko le llamó en voz confidencial; también tenía un plan para hacer que su prima Naoko ganase. Y era, justamente lo que a él le hubiera gustado pensar.
En uno de los árboles estaba la flecha que indicaba cuál camino seguir. Tanto Keiko como su amigo sabían que quien tomaba el otro sendero no tardaría en perderse, más si no conocía el camino de regreso en medio de todo ese laberinto de árboles.
Se ocultaron en unos arbustos, a esperar que todos pasaran, hasta que apareció Kinomoto y su acompañante, envueltos en una nueva riña.
—Son peores que nosotros– rió Takeo, recibiendo un fuerte pellizco en el brazo.—¡Ouuch!
—Ayúdame a subir, voy a girar la señalización– determinó la chica de trenzas, con una sonrisa divertida.
Observó el pie de la chica con un gesto torcido, mientras ella seguía insistiendo que era su culpa.
—Me dijiste que corriera, eso estaba haciendo– se defendió, encogiéndose de hombros.
—¡Pero no solo! ¡¿Qué no ves que no puedo alcanzarte!?–el grito llegó a asustarle a ella misma. Tenía que aprender a guardar la compostura. No podía gritar así por más que necesitara hacerlo; no iba a permitir que Li se creyese vencedor de su tolerancia.
Llevó sus manos a su pie derecho, haciendo un lento masaje.
Habían llegado justo al Parque Pingüino, y ya estaban por doblar hacia donde la flecha verde les indicaba, pero ocurrió lo que en todo el camino se venía augurando: Li aceleró un poco más y perdieron el equilibrio, resultando que ella fuera la afectada.
—"¡Hoe, porqué no pensé en invitar a Masashi!"– se recriminó Sakura, al notar que el chino no daba señales de preocupación por su estado. —¡¿No piensas ayudarme?!
—¿Y en qué quieres que te ayude? No sé nada de esas cosas– desvió su mirada e intentó levantarse, olvidándose de las esposas— ¿Qué no podemos quitarnos esto?– protestó, para luego suspirar con cansancio. Su niñera continuaba mirándole, como si dudara que su respuesta fuera verídica...— ¿Qué?
Ella negó con la cabeza. En su rostro pareció formarse, por una pequeña milésima de segundo, una expresión de tristeza y desilusión.
—Más encima es inútil...– se dijo despacito, intentando olvidarse del dolor que contraía todo su tobillo. Respiró profundo tres veces. —Bien, creo que puedo pararme.
—Pensé que nunca lo dirías.
—¡Arrhg! ¿quieres al menos darme una mano?!
Como si aquello le costara el mayor de los esfuerzos, Li estiró su mano izquierda. Sakura frunció la nariz y la tomó.
—¿No quieres que te lleve en brazos? –se burló él.
Era el colmo. Aceptaba que no le importara, que no la ayudara, ¿pero burlarse de su condición?...
La pierna intacta de la chica se movió con agilidad, y fue a parar con fuerza a la de su acompañante.
—¡Aagh!
—Así estaremos a mano– sonrió Kinomoto, recuperando parte de su ánimo. No todo estaba perdido; podían al menos llegar.
La dirección de la flecha ya había sido alterada. Takeo y Keiko habían tenido tiempo de sobra para hacer la operación con éxito. Ahora, los niños seguían ocultos, pendientes a los pasos de la pareja.
Li miró ambos caminos, luego hacia el árbol que estaba en frente.
—Espera– Sakura lo detuvo, mirando con vacilación el sendero a su izquierda— No creo que ese sea el camino...
—¿De qué hablas? Había que seguir las flechas ¿no?– cortaron hacia la dirección donde se les indicaba. Más bien Li lo decidió así; desde el comienzo, aunque Sakura no quisiera aceptarlo, era quien imponía los ritmos.
Al principio todo pareció normal. Sólo los árboles y arbustos se movían con suavidad con el viento, para luego sumir todo en otro silencio... Más prologando... ¿Dónde estaban los demás? ¿Cómo iban a demorar tanto en alcanzarles?
Shaoran dejó sus pasos rápidos, ahora marchando con calma y precaución; miraba hacia todos lados, como si todo ese espesor verde ocultara a los demás participantes.
Si había oído bien, los maestros de la primaria estarían aguardando luego de pasar las flechas verdes. Y así había sido, al menos en las dos anteriores... ¿Y ahora?
"Cambia esos pensamientos, Sakura... Ya verás que pronto aparecerán"–pensó, mientras contemplaba con disimulo a Li— "él no parece darse cuenta..."
Sakura suspiró. Qué ironía... ¿Por qué tenía que estar corriendo con Li? ¿No que ése sábado la pasaría con su novio? Masashi de seguro estaba enfadado, y Sakura ya podía imaginar la llamada que había hecho al departamento, con ella ausente. Podía vislumbrar con claridad la imagen de Ishida sosteniendo el auricular, y escuchando con expresión severa la monótona voz diciendo: Hola, soy Sakura, en estos momentos no estamos...
Tendría que disculparse, pues las actividades de Xue también involucraban su trabajo, así que no podía faltar.
Sakura fue interrumpida por una leve risita. Ya desde hacía un rato sentía ser observada. Cuando enfrentó a Li, éste giró la cabeza como si no hubiera sucedido nada.
—¿Qué? –saltó enfurecida. Otra silenciosa risa de parte del chino— ¡¿Qué es tan gracioso?!
Su rostro enrojeció al verse ignorada, como tantas veces sucedía con Li; continuó la marcha y así su curiosidad. ¿Qué provocaba la risa de él? Lo sorprendió un par de veces más mirarle de reojo, y sonreír... Ciertamente, aparte de indignarle le avergonzaba. ¿Tendría algo en el rostro? ¿La manera en la que caminaba? ¿O cómo hablaba?...
¡¿Qué diablos le hacía reír?! ¡A él! ¡A quien jamás había visto divertirse tanto con algo, y ahora resultaba era ella un motivo para eso!
—¡¿QUÉEEE!?
Li abrió un poco los ojos, pero no parecía sorprendido por la capacidad de sus cuerdas vocales, sino en algún punto tras ella. Aparte de las avecillas de los árboles, algo más había huido, o eso explicaría que contemplase los alrededores con interés.
—Lo espantaste...– murmuró, volviendo a observarle.
—¿A quién?
—Al espíritu– respondió el chico, sonriendo levemente— Todo este rato te seguía uno y tú ni enterada.
Continuaron su camino.
Pasaron uno, dos, tres... hasta diez segundos, para que la tranquilidad del lugar se viera irrumpida por un nuevo grito.
—¡¿Un espíritu?!– Sakura reaccionó y de inmediato observó espantada los árboles, que ahora le parecían sospechosos. ¿No estarían ocultando algún...?— No... ¡Sólo lo dices por asustarme!.
Él se detuvo, dejando escapar una risa mordaz.
—¿Yo asustarte?– repitió con lentitud— ¿No se supone que tú no le tienes miedo a los espíritus? –rodó sus ojos, para seguir con el mismo tonito burlón— Si te interesa saberlo, en éste lugar hay muchos de ellos; es un lugar perfecto para las almas... –Li se detuvo, al momento que sus ojos se iluminaron con malicia, y su voz se transformaba a un susurro ronco y misterioso–…que no han logrado descansar en paz.
Temblaba como una niña miedosa tras escuchar una historia tenebrosa. Era verdad, se suponía que no les temía, pero era imposible que no se sintiera así tras lo ocurrido con el horrible espíritu de hace dos días. Era inútil olvidarse de ello; ésa mujer- espíritu que enfrentó seguía apareciéndose como una pesadilla.
Pero y si Li era mago, ¿entonces la defendería?. Sakura no se detuvo mucho a pensarlo. Absurdo, porque él sólo se defendería a sí mismo.
Su presencia era sumamente débil; el espíritu de lo que parecía ser un hombrecito de edad los siguió. Shaoran miraba curioso a la esencia acercárseles, luego alejarse, mirando asustadizo hacia atrás. Hasta imaginaba que los acompañaba para protegerse... aunque no podía adivinar de qué.
—¿Ya... Ya se fue?– susurró Sakura, quien había dado gran parte de los pasos con los ojos cerrados.
—No, aún nos sigue– contestó el hechicero, deteniéndose.
Sakura pasó saliva con dificultad. La actitud tan seria del chino la urgía más; algo terrible estaba pasando como para que perdiera su indiferencia, algo que se venía muy mal para ambos.
—¿Qué ocurre?
Un escalofrío le recorrió por completo al sentir una extraña brisa a sus espaldas, donde Li le hablaba a una borrosa imagen.
Le costaba creerlo, pero la veía; veía a ésa persona, más bien, a ese espíritu. Y podía entender lo que decía, tal y como había sucedido con el espíritu asesino en casa de la señora Shiefa.
Nunca, en sus diecisiete años de edad, pudo siquiera soñar con escuchar una conversación entre un espíritu y un humano; primero, porque supuestamente no existían; segundo, porque no le hubiera encontrado lógica... ¡Era un muerto! Oh, Dios, qué tenía Li en la cabeza.
Si bien ella también había hablado con uno, eso no quitaba la sorpresa de presenciar ahora una charla tan natural, como si ambos fueran individuos hablando del clima o de algún tema debatible.
Estaba enloqueciendo... si no lo estaba, muy pronto lo estaría.
—Otro espíritu nos viene siguiendo– terminó diciendo Shaoran, llevándose su mano libre al mentón, donde movía el dedo índice de forma impaciente— Me pregunto qué querrá... No he sentido más presencias.
El hombrecito era una figura gorda, con anteojos y estatura diminuta. Tenía una graciosa expresión en el rostro, como una mezcla de susto y bobería.
—"Hoe, tengo miedo"– Sakura miró hacia otro lado, para evitarlo.
Li pareció notarlo, porque alcanzó a ver una de sus sonrisitas...
—"No, no, no... ¡No tengo miedo! No le daré el gusto de burlarse de mí"
—Ésa presencia es poderosa… a todos los espíritus del parque nos asusta. No parece mala, pero no parece buena. Asusta, asusta mucho. Es fuerte– seguía hablando el espíritu, llevándose las manos a su rostro y moviendo la cabeza de un lado a otro. No era la primera vez que lo hacía, todo ese rato había hecho el mismo movimiento una y otra vez.
—Eso quiere decir que tenemos que huir– se apresuró a decir Sakura con intranquilidad.
Pero su acompañante no hizo más que mover la cabeza en forma negativa, casi como el fantasma, con mucha más calma.
—Si tú le temes no es mi problema– fue lo que dijo, para luego levantar las esposas y mirarlas con el gesto fruncido— Nos separaremos y entonces huirás.
Era la mejor idea que había podido oír, e insólitamente provenía de Shaoran Li. Pero no podían separarse; el quitarse las esposas los descalificaba de inmediato, además de que no tenían la llave para abrirlas.
—¿Cómo piensas sacárnoslas?– cuestionó Sakura, para luego mirar espantada a su acompañante.—¿¡Qué haces?!
—Intento abrirlas...– Li sujetaba una gran espada en medio de la cerradura.—¿ O tienes otra idea?
Una gruesa gota surgió de la frente de la chica.
—No, no tengo ideas...– murmuró, lanzando un suspiro.
Todo el parque volvió a notarse tranquilo. El viento comenzó a soplar cada vez con más insistencia, volviéndose más frío. No llevaban la cuenta de las horas que habían tardado, pero aparentemente eran muchas, porque comenzaba a atardecer...
Li detuvo el movimiento frenético de su espada para intentar calzar la punta con la cerradura y mantuvo su mirada fija en el cielo. Sakura hizo un esfuerzo por no prestarle atención, o podía encontrarse con otra alma, pero también alzó su cabeza, contemplando atentamente las nubes siendo arrastradas hacia el norte... Hacia donde, supuestamente, ellos tendrían que estar en marcha.
El espíritu comenzó a moverse inquieto, volviendo con su tic de menear la cabeza negativamente. Su rostro, pálido y afligido, se volvió tenso, acercándose más a Shaoran.
Los había alcanzado. El espíritu "fuerte" del cual habían oído se estaba haciendo presente, primero con un viento sutil, hasta formar una fuerte corriente que se concentró cerca de ellos, levantando una cortina de tierra.
—"Otra vez... Ésa misma presencia"– Li tomó con fuerza su espada, adelantándose unos pasos.
El remolino fue cesando, hasta calmar de súbito.
La presencia se había trasladado, pero seguía cerca.
—¿Q-Qué fue eso?– cuestionó Sakura, quien había permanecido muda de terror en ese momento.
Antes de que pudiera responder, Li tomó a la chica de la cintura, elevándose de un fuerte salto. Y es que si hubieran permanecido un segundo más abajo, ésa neblina negra que había salido de la nada los hubiera atrapado. Seguramente, la presencia de ése espíritu tenía que ver con ello.
—¿Es un…?– Sakura contempló, con esperanza de equivocarse, el rostro de él; Shaoran al fin le miró serio, murmurando un sí, es un espíritu. —¡Hoeee!
Eso significaba más problemas.
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Aprovechando que Meiling entraba a tomar un baño, los pequeños guardianes se escabulleron a la cocina. Un paquete de galletas y otros dulces que Shiefa guardaba secretamente en la más alta despensa, fueron hurtados por Kerberos que los engulló en menos de un minuto.
No habían comido en años, y ya se les olvidaba lo bien que se sentía.
—¿Dónde está el amo?– cuestionó el gato negro, rehuyendo una galleta que Kerberos le ofrecía.
—No lo sé… Lo escuché levantarse temprano en la mañana– respondió, echándose la galleta a la boca, que a su juicio, era indignamente rechazada.
Spi asintió, mientras volvía a su tostada. Era extraño ver a Kerberos comer tantos dulces, y a Spinnel rechazarlos determinadamente; eran muy parecidos, pero en temas de comida, totalmente diferentes.
—Deberíamos ir por él. Vinimos a cuidarlo, puede pasarle algo malo.
—¿Deberíamos?… Ña, Spi, quien vino a cuidar al amo soy yo, ¡El gran Kerberos!– Kero río un poco, para luego añadir aún más presuntuoso—Yo soy su guardián favorito.
—¿Tú? ¡Ja, eso no es verdad; el amo siempre regaña por tu culpa, eres un glotón!– se defendió Spinel, retirándose de la cocina.
—¡¿Adónde crees que vas?!,¡es mi amo y yo iré por él!
Volaron de prisa hacia la puerta.
—¡Amooo, espere un poco másss!– chillaba Kero, intentando aumentar de velocidad.
Por un momento se olvidaron de que estaban en plena calle, hasta que Spi le advirtió y se elevó más alto, donde pasaba como una avecilla más.
—¡Kerberos, vuela más alto!– gritó al otro guardián, quien iba demasiado concentrado en esquivar los árboles de la vereda. —¡Ker-…!– Spi cubrió su pequeña boca con sus manitas, frenándose. Abajo, su amigo yacía en brazos de un humano.
Luego de tanto acelerar, Kero había chocado contra alguien, que lo recogió del suelo cuando cayó inconsciente, y que en esos momentos le tenía en brazos, mirándole con una sonrisa.
—"No… si bajo, me meteré en problemas también"– Spinnel decidió vigilar todo desde arriba. Si a su amigo le quedaba algo de inteligencia luego del golpe se las arreglaría para escapar.
Los ojos del amarillo se fueron abriendo lentamente, hasta mostrarlos: oscuros y pequeños, contemplando con aturdimiento su alrededor. Pudo caer en cuenta que estaba sobre algo blando y cálido, que le recordó el sillón de la habitación del joven Xiao Lang, donde habían dormido junto a Spinnel.
—¿Eh, Spinnel?– se movió, buscando a su amigo. Alzó su cabecita redonda, hasta verse reflejado en dos lentes.
—Ya despertaste. Qué bueno– dijo una voz.
Kero restregó sus ojos, hasta que pudo ver con claridad a un sujeto de anteojos y sonrisa afable.
—¡AYÚDAME SPIIIIII!– gritó con fuerza, intentando zafarse de los brazos del chico.
Desde las alturas, Spi daba por asegurado que ésa cabeza, había quedado aún más hueca.
—Tranquilo, no te alteres– le tranquilizó el chico de lentes, sonriendo algo incómodo por haber llamado la atención de algunos transeúntes.
Caminó con él hasta una esquina, comprobó que no había nadie mirándolos, y lo bajó cuidadosamente al suelo.
—¿No me reconoces, Kerberos?– preguntó sonriendo, y agachándose para estar a la altura del pequeño guardián, quien seguía mirándole desconfiado— Soy Eriol Hiraguizawa, aprendiz de la maestra Mizuki.
Mizuki, Mizuki… Kero comenzó a retroceder a una escena hace algunos años. Veía una mujer de cabello largo y un chico un poco más bajo a su lado. Ambos cruzaban el enorme jardín de los Li, donde en un rincón les esperaba Ieran.
—¿Quiénes son?– preguntó a Spinnel, quien siempre estaba mejor informado en los asuntos, quizás por ser un poco más serio… ¡Aunque claro, eso no significaba que fuera mejor!
—Mizuki es la sacerdotisa en un Templo– explicó él, valiéndose de la oportunidad para mostrar su altivez— Si estuvieras atento a lo que sucede en esta casa, también deberías haber estado al tanto de la situación…
Kero sólo hizo rechinar los dientes, y mirarle de forma asesina. Spi continuó.
—La señora Ieran los llamó para que entrenaran al joven Xiao Lang.
—¿Entrenar?– Kero hizo un ademán de poca importancia— Pfff, el joven es muy listo y no necesita entrenamientos de extraños. Le basta saber los hechizos del Clan.
Y Xiao Lang opinaba de igual manera, demostrándolo con un rostro bastante poco amigable al ver a los dos peregrinos en plena charla con su madre.
—Xiao Lang, éstos son Mizuki Kaho y Hiraguizawa Eriol, de Japón– su madre se alejó, diciendo que tenía otros asuntos que atender. Típica excusa cuando quería dejarlo solo.
—Mucho gusto, joven Li– Kaho hizo una leve reverencia, junto a su acompañante.
Pasaron algunos segundos en los que Li no les quitaba los ojos de encima, intentando encontrar alguna buena razón para que su madre los trajera a casa.
—¿A qué vinieron?
Kero y Spinnel ya habían llegado a su lado, mostrándose a la defensiva.
—A entrenarlo. La maestra y yo fuimos citados para eso– contestó Hiraguizawa, para finalizar sonriéndoles.
El guardián asintió finalmente, poniendo en claro sus recuerdos. Mizuki y Eriol fueron de gran ayuda para su amo; lejos de lo que pensaba, ésos entrenamientos le sirvieron de mucho para poder trabajar los tres en conjunto -guardianes y Li- y lograr buenos resultados que dejaron muy conforme a la señora Ieran.
—No sabía que el Templo quedara por estos lados.
Spi se acercó un poco, intentando captar la atención de su compañero. Suerte que Eriol estaba de espaldas, porque se hubiese sorprendido al verlo hacer tantos movimientos que pretendían alertar de su presencia.
—Pssst… Psssst….–le llamaba, agitando los brazos. Pero Kero era un distraído y no pudo darse cuenta. —¡Kerberos!
Tanto Eriol como el guardián voltearon a ver. Spi se quedó como una verdadera estatua, sin siquiera pestañar, temiendo que ése humano pudiera ver que no era un ave o un animalito extraño. Los que no estaban acostumbrados a ver criaturas como él reaccionaban espantados al topárselos, y no quería imaginar lo que pudieran hacer con él al descubrirlo.
—Tú eres Spinnel Sun– Eriol caminó hasta él, extendiéndole su mano. —Hola.
Los guardianes no recordaban lo agradable que podía llegar a ser ése chico. La conversación fue fluyendo, hasta el punto que Eriol se enteró adónde iban y con quiénes estaban en Tomoeda. Spinnel se las arregló para taparle la boca a Kerberos, antes de que se le escapara alguna información acerca de la misión del amo. Eso, fue casi lo único que quedo omitido en la charla.
Kero estiró sus brazos, volviendo a acomodarse en el banco, donde los tres estaban sentados desde hacía un rato.
—Ya es hora de ir por mi amito– dijo el amarillo, levantándose de un salto.
Spi le miró de reojo, y antes de que volara le detuvo por la cola.
—¡Yo le digo amito, no tú!
Eriol previno una pelea, por lo que se levantó con disimulo del banco. Ya había encontrado a Li sin mayor esfuerzo… Los guardines lo guiarían hasta él. Aún no pretendía hablarles sobre el tema, porque ellos tampoco lo sacaron a la luz. No iba a interrumpir ése minuto de acercamiento; necesitaba estar aliado con ellos.
El cielo se volvía cada vez más anaranjado, y el sol terminaba por ocultarse en la lejanía.
—¡Tú eres el tonto, Spi!
Los pequeños estaban en la situación que Hiraguizawa, sabiamente imaginó. Era sencillo recordar ese detalle en ellos, si bien hubieran pasado algunos años.
—¿Por qué no vamos a buscar a su amo?– les propuso, intentando serenarlos.
Ellos se detuvieron, respirando agitadamente, sin dejar el ataque de miradas.
—De acuerdo– dijeron los dos al unísono, y se dieron la espalda en gesto despreciativo.
—Bien, ¿adónde es?– preguntó el joven de anteojos, quien miraba hacia los dos lados de la vereda.
—Es… en…–titubeó Kerberos, rascando su cabeza.
Eriol y Spinnel permanecían mirándole. ¿Acaso lo había olvidado?
—….fueron a…. mmh….–golpeó sus palmas, con una expresión alegre que tranquilizó a quienes lo esperaban— El joven Xiao Lang fue… creo que ayer dijeron que a una escuela, pero no sé donde– terminó por decir con una sonrisa nerviosa.
Eriol debió detener a Spi para que no reanudaran el duelo. Dijo algo de que no tenía mucha importancia; si caminaban por ahí fácilmente encontrarían a alguien que les dijera adonde estaba la más cercana. O bien regresarían a casa a esperar al amo cómodamente sentado.
Finalmente estaba oscureciendo, y en el cielo se veía pasar una gruesa neblina.
Eriol siguió a los guardianes, dando pasos mecánicos, sin despegar los ojos de arriba.
Se detuvo, alertado por una extraña sensación. El parque por donde pasaban parecía haberse rodeado de un aura gris, que lo cubría por completo. Era una presencia, junto con un hechizo.
Y luego vino a sus oídos un grito. Parecía ser la voz de una niña, que resonó lo más lejano desde donde se encontraban.
Los guardianes se miraron algo confundidos, y decidieron ir a investigar.
—Esperen– los detuvo Hiraguizawa, sacando de su bolsillo una pequeña medalla. Entrelazando la cadenilla en sus largos y pálidos dedos, silenciosamente recitó unas cuantas palabras.
Lo que antes cubría el sector de bruma, fue desapareciendo, hasta dejar una entrada.
—No se separen– ordenó, tomando la delantera, adentrándose en la oscuridad.
Atrás, Kero y Spi se miraron nuevamente. Sin saber qué otra cosa hacer, le siguieron.
Efectivamente, el grito provenía de una chica.
Sakura se encontraba colgando de la rama de árbol que minutos antes les había servido de escape. Había perdido el equilibrio, en medio de todo el pánico.
Si no fuera por las esposas, estaría ya en el suelo.
Miraba asustada hacia abajo, sin atender a las instrucciones que Shaoran intentaba darle en vano. Era demasiado su miedo… En tierra firme, en medio de toda esa oscuridad, con una mirada indescifrable, ése hombre aguardaba con los brazos cruzados, y una que otra sonrisa que asomaba en su rostro al oírla gritar.
—¡Te digo que me des tu otra mano! …¡Oye! – Shaoran sintió un pequeño ruido de metal. La cadena de las esposas estaba cortándose. El tiempo se acababa. Si no subía a Kinomoto, ella caería a manos de ése espíritu.
Cómo explicaría haber perdido a su niñera.
—¡Maldita sea, ¿quieres mirarme?!– gritó molesto, logrando que ella alzara su mirada verde.
En su garganta, un nudo doloroso pareció interrumpirle; ella estaba llorando…
—Sólo dame tu otra mano– reiteró, con voz ronca. Ahora que había logrado su atención, tenía que tranquilizarla. Ése hombre no se quedaría de brazos cruzados toda la noche; en algún momento los atacaría. Esperaba que fuera cuando ya la tuviera al alcance para protegerla.
Sakura movió con lentitud su brazo, sintiéndolo tieso y muy pesado. El cuerpo no parecía querer responderle, pero intentó hacer el esfuerzo de concentrarse en alcanzar la ayuda. Al fin pudo tocar su mano… al menos rozar los dedos de él, cuando la cadena terminó por romperse, haciéndola caer al suelo.
—¡Aaah!
—Rayos– masculló Xiao Lang, incorporándose y desenvainando su espada.
Volvió a examinar con atención al espíritu; un hombre de su misma estatura, de ojos negros fugaces y cabello gris. Su presencia era exactamente igual a la de Sying Mei Na, la joven de unos días…
¿Era otro miembro del Clan de las Estrellas? ¿Otro que había escapado del tablero? Ya llevaba dos días torturándose con preguntas, que seguían sin responder. Si sólo tuviera a Qian a su lado, podría despejar algunas dudas, si no eran todas.
—"¿Y si el tablero guardara a todos los espíritus del Clan?"-apareció la pregunta de súbito.
—No es buen momento para pensar– dijo el espectro, haciendo aparecer a su alrededor una capa de niebla, como la que ahora rondaba en el parque. Miró a la joven castaña, quien a duras penas conseguía levantarse después de la caída. Se notaba en su rostro que seguía perdida. —Tú eres responsable de esto… Si pudiste hacerlo, es porque puedes hacer mucho más–susurraba, a medida que se acercaba.
El chico frunció el ceño, estando listo para saltar…
—¿Qué? –Shaoran pestañó con sorpresa.
De la nada, habían salido dos criaturas grotescas, que con sus alas dispersaron la neblina.. "¿Kerberos y Spinnel?".
Tras ellos, un chico avanzaba con determinación hacia Kinomoto, o al espíritu.
—"¿Acaso piensa enfrentarlo así? ¿De dónde salió este tipo?"– estaba tan confundido que ni siquiera tuvo tiempo de pensar que Sakura seguía en peligro, y que él, lejos de ayudar, era un torpe espectador del asunto.
—Aléjate– dijo el recién aparecido, a dos pasos del hombre.
—¿Quién eres tú como para ordenármelo? –él giró desafiante, interponiéndose delante de la chica.
—Eriol Hiraguizawa.
Si hubiera estado en tierra firme, Shaoran habría caído de la impresión. No sólo porque era Hiraguizawa, también por la absurda maniobra de éste: hacer una marcada reverencia, sonreír, y preguntar quién era él.
El aludido también pareció atónito, pero respondió al saludo sin ningún gesto.
—Sying Heng-Yun.
—"Sí… es del Clan Sying"– pensó Li, bajando con rapidez.
Sakura sacudió su cabeza, y se tocó en la parte donde había recibido con más fuerza el golpe. Se le dificultó poder reconocer a quienes estaban a su alrededor, sobretodo a los dos guardianes que lucían muy diferentes a los pequeños animalitos que había conocido.
Entre esos cuatro desconocidos, busco a Li, pero no pudo verlo hasta que él se acercó a Heng-Yun. A ella, aparentemente, ni la vio.
—Será mejor que te largues, Hiraguizawa. No sé qué haces aquí; éste no es asunto tuyo.
—Hola Li, para mí también es un gusto volver a verte.
—Hablo en serio.
—No creo que sea conveniente dejarte solo…
—¿No lo crees conveniente? ¿Por qué todos creen que pueden ayudarme?–Shaoran inhaló con fuerza y luego soltó el aire— Lárgate– repitió.
Heng-Yu había aprovechado bien el momento para acercase a la chica, quien rápidamente retrocedió.
—Ven conmigo…– le habló con toda dulzura, mirándole fijamente con sus ojos verde claro… Casi transparentes.
Sakura se perdió unos segundos en su mirada, dejando de sentirse asustada, y comenzando a cobrar una extraña confianza ante esos ojos que le miraban amorosamente.
Porque había una sensación placentera que se sentía en su alrededor, proveniente de ése espíritu. Si antes tuvo miedo, ahora lo encontraba sin sentido. Al contrario, no tenía miedo; permaneció esperando a que él se acercara.
—¡Dios del fuego!
Saltó sorprendida al oír la voz de Li. Una llamarada como remolino se acercaba hacia donde estaba ella y el espíritu.
Cerró sus ojos, intentando cubrirse el rostro con las manos.
A su lado, con extrema rapidez, pasó una pantera negra. También alguien que la impulsó hacia arriba, dejándola sentada en el lomo y asiéndole de los brazos para sujetarla.
—Tranquilícese, todo está bien– dijo Eriol, quien ordenó a Spinnel Sun alejarse lo más rápido que pudiera.
Si todo estaba bien como él decía, ¿qué hacía ése espíritu peleando con Li? ¿Qué hacía ella montando en una pantera con alas, junto a un extraño?
—No te alejes de ella. –Eriol dio la última orden, y saltó.
Ni Sakura ni Spi pudieron ver donde había caído; la neblina en esa altura se veía como un grueso manto que cubría todo el suelo.
El enorme ser fue bajando, hasta tocar con sus patas tierra firme. Su aleteo cesó, y Sakura pudo ver al fin sus alas celestes, con una forma que le hizo recordar a las mariposas.
—¿Está usted bien, señorita?– preguntó el animal con preocupación.
Si en ese minuto hubiera bajado alguna nave espacial, o aparecido otro centenar de espíritus raros, Sakura no se habría sorprendido… Es que, ¡ése animal le estaba hablando! "Son demasiadas cosas, no puedo pensar bien"
La pantera le miró preocupada, y puso una de sus grandes patas en su frente.
—¡Aaaah!–la chica movió sus brazos frenéticamente, maniobra que logró espantar al guardián. —¡Tú debes ser otro de ellos! ¡También eres un espíritu!– chilló, tomando una rama cercana y azotándolo con el resto de fuerzas que le quedaban.
Spi intentó quitarle la varilla en vano, por lo que en medio de sus gritos explicó quién era.
—¡Señorita Sakura, no se asuste, soy Spinel Sun!– había logrado detenerla al decir su nombre. Sakura abrió sus ojos— Soy uno de los guardianes del joven Xiao Lang.
La muchachita se dejó caer al suelo de rodillas, donde finalmente soltó un sonoro suspiro. Pasó el dorso de la mano por su frente, donde sintió el metálico roce de lo que quedaba de las esposas.
—Luces muy distinto de esa forma–admitió luego, con acento divertido, pero siguiendo con el rostro consternado.— ¿Me puedes decir qué está pasando? ¿Quién era ese chico?
—Un viejo conocido del joven. Usted no debe temer, todo lo solucionará mi amito.
Sakura creyó que era el momento de comenzar a convencerse de que así sería. Siempre la esperanza resultaba ser el odioso de Li. Pero quién más, si él era un hechicero, su deber era manejarse en esos asuntos de espíritus y cuanta cosa relacionada estuviera.
Definitivamente, si salía viva de esa, tenía que contárselo a su amiga. Naoko estaría más que fascinada oyendo todo lo que le había pasado; una espíritu le mantuvo flotando por largo tiempo, diciéndole que le quitaría su cuerpo, y ahora éste, que no sabía qué quería, pero claramente los estaba atacando.
"¡Si yo pudiera ver sólo uno, sería la chica más feliz de todo el universo!"– escuchó que decía una vez Yanagisawa, interrumpiéndose a sí misma la lectura de su colección de libros de sucesos paranormales.
—"No parecía alguien de malas intenciones"–cerró sus ojos, recordando la manera en que reaccionó ante el espíritu llamado Heng-Yu—"¿Por qué me sentí así? Era como si no le temiera… Como si supiera que él no me haría daño"
—¡Dios del trueno!– se escuchó un ruido sordo, y una luz brillante proveniente desde los árboles, a muchos metros de distancia.
Estaba a salvo… Al menos no se encontraba en el lugar de los hechos; no estaba viendo de cerca a Li pelear junto a Heng-Yu, y al mismo tiempo caer vencido, levantarse, volver a atacar.
¿Y si lo derrotaban? ¡Oh, no, él era el único que mantenía las cosas bajo control! ¡Así lo había demostrado cuando acabó con el espíritu del jardín; ahora tenía que hacer lo mismo!
—"Por favor, Li, tienes que regresar a salvo"– pensó, mirando hacia donde la luz se apagaba rápidamente.
"No sirve, debo intentar otro ataque"– el chico montó en el lomo de su guardián. Kero subió a un lugar más alto, esquivando los ataques del espíritu, que intentaba atraparlos en la densa niebla.
—¡Amo, no podrá derribarlo con eso!– dijo Kerberos, cuando nuevamente el hechizo con el viento impactó sin resultados en el oponente.
—Intenta retenerlo sólo un poco… –Eriol estaba cerca, en la rama de un árbol— cuando lo hagas, séllalo en el tablero.
Shaoran le miró, pensando que después de que pasara todo le pediría unas buenas explicaciones.
Nada perdía con intentar lo que Eriol le decía. Sacó otro pergamino, y ordenó a Kero subir aún más alto.
—¿Intentas huir?– dijo Heng-Yu, algo pillado ante su movimiento.
Ambos se encontraron cara a cara, por sobre la neblina bajo sus pies, algo que el espíritu pudo comprender luego de que Li librara cadenas de viento y lograra detenerlo con ellas. Había subido porque estaba en desventaja entre toda la confusa neblina; después de todo el joven hechicero había hecho un buen movimiento.
Aún así no era suficiente con eso. Heng- Yu se sonrió. Xiao Lang también parecía bastante confiado… Los dos se miraron, como si ya vieran obvio el triunfo.
—Li, ¿pensabas que con estas cosas tan sencillas derrotarías a un miembro del Clan de la Estrellas?
—¿Por qué no?– contestó el chico, sacando de entre sus ropas el tablero. Heng-Yu frunció el ceño y se soltó rápidamente— ¿Qué acaso no estabas tan confiado?
—Eso debía estar en manos de la chica… –Heng-Yu se detuvo, contemplando como hace años ése objeto.
—Está en manos mías– corrigió Li— Tú y Mei Na se liberaron de este tablero ¿verdad?– preguntó, si evitar sonar expectante. Era justo la información que quería, que necesitaba saber. Sólo con entenderlo podría sentirse más tranquilo, y hasta volver a China solucionando el dilema que perseguía ese famoso tablero.
Hiraguizawa golpeó suavemente el péndulo, que resonó en un agudo chillido.
Alrededor del espíritu, una poderosa aura se formaba, logrando que quedara encerrado.
Shaoran también se vio tomado por sorpresa, pues no esperaba que Hiraguizawa se entrometiera.
—Pe-Pero… ¡Cómo, diablos…!– intentó escapar, pero ya no valía la pena. Sintió lo mismo que hacía años… la misma luz atrayente en el centro, las mismas nueve puntas brillando con fuerza, y una fuerza que comenzaba a absorberlo. Hasta que se encontró a la deriva, en medio de la misma paz que había abandonado al ser liberado. Dentro de ése tablero mágico sólo cabía un universo extraño, inmenso y desconocido… algo enteramente hermoso y tranquilo. Un lugar donde pertenecía.
El tablero cayó, justo cuando en una esfera violácea, el espíritu terminaba por sellarse.
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—Ya van tres horas.
Shiefa había iniciado una marcha inquieta en la entrada de la primaria. Los maestros le ofrecían algo caliente para beber, ya que la neblina que se había formado por toda la ciudad lograba entumecer hasta los nervios. Pero la mujer se negaba tercamente, diciendo que estaba preocupada por su hermano; él no conocía los alrededores, y aunque estuviese en compañía de Sakura, no dejaba de temer por el bienestar de ambos. Era de noche, y la maldita neblina dificultaba todo.
Los dos maestros que habían salido a inspeccionar volvieron sin ninguna novedad. Los niños los reconocieron por el brillo tenue de sus linternas.
—Hicimos el mismo recorrido, pero nada…– comunicó uno de ellos a Shiefa. —No se alarme, cuando pase un poco la neblina, saldremos de nuevo.
Lei sacó su boca y nariz ocultas por una bufandita, y soltó un suspiro en medio del aire espeso que les circundaba…Contempló el humo de su aliento disiparse, volvió a sentir frío en la punta de la naricita. Volteó a mirar a Xue, pero su hermano no estaba en el mismo lugar que la última vez.
Naoko,Seiji y Tomoyo también estaban presentes. Los primeros habían ganado la competencia, adjudicándose una medalla cada uno. El triunfo había dejado más que felices a Takeo y Keiko, pero no les duró demasiado la dicha de sentirse campeones; Kinomoto no aparecía, y se estaba rumoreando que podía haber tenido algún accidente.
El cargo de conciencia…
Takeo suspiró alejándose del trío que había vuelto a iniciar la discusión del porqué Sakura tardaba tanto, si el trayecto a pesar de ser largo, era simple y con indicaciones por todos lados. Era imposible perderse.
—"Tienen que aparecer… rápido, deben aparecer"– miró de reojo hacia donde la madre de Xue se paseaba, de un lado a otro, hablando con otros maestros. —"Pero no fue idea mía… fue de Keiko…"
—Takeo…
El chico miró algo asustado a su amiga, y lo que vio, fue como imaginaba que estaba su propio rostro.
—Tenemos que ir por ellos– determinó la chica, para mirar después con disimulo a los demás— Tu prima no lo notará si nos apresuramos.
—Pero, Keiko, la neblina…– titubeó él, señalando la bruma, como si recién se había fijado allí.
—Lo sé, Takeo, desde hace rato que la estoy viendo.
—¿Entonces?
—¡Entonces nada, yo no me acobardaré por una tonta neblina! – Keiko frunció el ceño, examinando los alrededores. Finalmente comenzó a caminar, alejándose con lentitud.
Takeo tuvo la sensación de que se sentía insegura, porque se detuvo muchas veces, hasta que al final volteó a mirarlo.
No dejaría a su amiga sola…
—No te atreviste– comentó él, con el suficiente tono irónico como para no hacerla enfadar.
—Ya cállate.
—¿Te sentiste culpable?
—¿Por qué habría de sentirme así? Tú también fuiste mi cómplice.
—Yo sí estoy arrepentido– murmuró Takeo, lanzando un suspiro— Eso de cambiar la dirección de la flecha hizo que se perdieran. Con esta neblina, quizás no puedan salir del parque.
Keiko se mantuvo silenciosa, pero en el fondo, ella también lo sentía así. Era culpable por el sufrimiento que ahora tenía Xue. Por medio de los maestros había alcanzado a oír que Li era tío de su nuevo compañero de clases. Xue y su hermano más pequeño se notaban tristes, y todo por la gran idea de cambiar la dirección de esa flecha; todo por ganar la competencia.
—¿Ustedes hicieron eso?– interrumpió una voz conocida.
Los dos amigos saltaron algo asustados. El chico respiró con alivio al ver que no era su prima quien los había sorprendido arrancándose, pero después pensó que era mucho peor…
Keiko le miró largo rato, hasta asentir con la cabeza. Asai entrecerró sus ojos y aprisionó sus puños con fuerza.
Takeo en tanto miró curioso a su compañera, sorprendido de la sincera respuesta; siempre que eran sorprendidos en alguna travesura, su amiga no dudaba un segundo y lanzaba una mentira, o simplemente se negaba rotundamente con tan buenos argumentos que era imposible no confiar en ella.
Sin embargo, a Xue había dicho la verdad… ¿Y cómo reaccionaría él? No se atrevería a insultar a Keiko ¿o sí? ¿O iría a acusarlos?
—Iremos por ellos–afirmó la chica, dibujando una pequeña sonrisa— Dile a tu madre y tu hermanito que no se preocupen. Ya verán todos que los traeré de regreso– finalizó con seguridad, siguiendo su camino.
Takeo sonrió incómodo, sin suficiente confianza como para volver a mirar a su compañero brujo.
—Voy con ustedes– Xue tranquilizó a su compañero con una sonrisa— Sé que mi tío está bien; él es fuerte, siempre lo ha sido.
—¡Hermano!
Los tres se detuvieron nuevamente, hasta fijarse en la presencia de un pequeño extraño, que se aferró al brazo de Xue.
—Lei, regresa con mamá. Yo volveré pronto– dijo Xue, empujándole suavemente de regreso.
—No. Quero buscar al tío– refutó él, frunciendo la nariz.
Bueno, no podía decirle que no ahora que los había pillado.
—Vamos, pero te portarás bien.
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La chica se sobresaltó al oír a Spinnel, diciéndole que era hora de juntarse con los demás. Había olvidado que estaba acompañada, sin embargo le alegró oírlo. Ahora sí podía ver qué estaba pasando; si el espíritu había desaparecido, cómo estaba Li. Comenzó a avanzar, casi corriendo. Spi al ver que se adelantaba demasiado le siguió, diciéndole que se detuviera, porque podía ser peligroso, sobretodo después de oír el típico sonido que hacía el amuleto de Hiraguizawa cuando lanzaba algún hechizo poderoso.
Por fin, ahí estaba, atravesando esos arbustos. Sakura se abrió paso, deteniéndose de súbito.
—¿Uh? ¿Ése no es….– se llevó amabas manos a la boca, ahogando una exclamación. Ambos jóvenes voltearon a verle, alertados de su presencia.—…Hiraguizawa?
El susodicho le sonrió con amabilidad. A su lado, Xiao Lang soltaba una exhalación, contemplando el tablero en sus manos.
—¿Cóm… Cómo es que…?–Sakura no podía formular bien sus preguntas. Apenas y podía balbucear un par de confusas sílabas. Su nuevo compañero inglés estaba ahí, junto a Li, y ahora que recordaba era él el extraño que la había salvado.
—Tú sabías sobre esto– comenzó a decir Shaoran— ¿Fue Mizuki quien te lo dijo?
—Mis disculpas por no haberme presentado– Eriol hacía una leve reverencia ante la niña de ojos verdes, quien sólo respondía con otra, algo avergonzada.
Li tenía una pequeña venita en la sien, mientras miraba de manera asesina al aprendiz.
—¡Ya basta con eso! ¡Respóndeme de una vez qué haces en este lugar!
Todos guardaron silencio. Eriol sonrió un poco, pasando una mano por su cabello.
—Mmh… Verás, Li, vine porque la maestra me lo pidió– contestó, como si no se necesitara de más para satisfacer la curiosidad del chino.
Kerberos y Spinnel Sun, vieron algo preocupados a su amo ensombrecer sus rasgos, volviéndolos aterradores.
—¿Qué sabe ella?
—Nada especial. Por fidelidad a mi maestra, no debería ventilar la información que me es entregada.
—¿Y Mizuki te ordenó venir, para ayudarme?
Era distinguible el tono de rabia que se apropiaba de su voz, que pretendía demostrar sarcasmo, pero terminó en una inesperada pérdida de estribos.
—¡Escucha, Hiraguizawa: No necesito tu ayuda!– exclamó, pareciendo que en cualquier instante lo tomaría por la camisa y lo estrellaría contra algún árbol.
—Li…–musitó Sakura, si saber si correr a separarlos, o huir por su seguridad.
Eriol no dejaba de sonreír.
—Li Xiao Lang ¿acaso no aprendiste nada de nuestras enseñanzas? –la pregunta descolocó algo al chico, quien acentuó más su ceño— ¿Qué decíamos de controlar tus arranques de ira? Debes aprender a respirar… Debes soltar tu energía en un respiro…Debes dejar de pensar, y fluir con el Universo…
Todos pestañaron con rapidez, mientras el de ojos azules realizaba movimientos extraños con sus brazos.
—¡Es el tío, por aquí, por aquí!– llamó a los otros, quienes venían siguiéndole un poco más atrás.
Xue sonrió con alegría al ver a su tío a salvo, y por supuesto, también a su niñera.
—¡Tío, tío!– Lei corrió hacia él, lanzándose a sus brazos.
Shaoran no pudo hacer más que intentar tomarle, cayéndose ambos al suelo. Escuchó la risa contagiosa del pequeño, y no pudo evitar sonreír.
—¿Qué hacen aquí? ¿Cómo fue que llegaron?–preguntó, cuando Xue llegó hasta ellos.
—Estábamos preocupados porque no aparecían, y decidimos venir a buscarlos nosotros mismos.
Keiko apareció junto a Takeo, ambos respirando agitados por correr. Se alegraron de que la pareja hubiera aparecido; después de haber buscado por todo el parque, la neblina desapareció como por arte de magia, permitiéndoles ver mejor. Fue así como encontraron la flecha, y la dirección que Li y su acompañante habían tomado.
—Ay, qué alivio–dijo Takeo, sonriendo. Examinó los alrededores, extrañado de ver a un chico de anteojos, y actitud muy misteriosa. Pero no fue ahí cuando se asustó más, sino al ver uno… ¡no, dos! Dos bestias con alas, que se escabulleron apenas las sorprendió ahí paradas.
—Ke-Keiko…–llamó a su amiga, tocándole el hombro.
—¿Qué quieres?
—Allá… Mira allá– indicó, sintiendo miedo y a la vez fascinación. Porque si Keiko podía verlos, quería decir que había visto algo impresionante. Algo que no todos los días pueden ver los niños.
Con algo de fastidio, la de cabello negro volteó. Takeo ya no miraba, esperando a que su amiga le dijera que estaba viendo bien, y que sí eran realidad esos dos animalotes entre los arbustos.
—Oh…– murmuró la chica, con un suspiro soñador.
—¿Ya viste?–Takeo seguía tras ella, con los cerrados.
Keiko llevó una mano a su mejilla sonrojada. Era… era tan lindo... Tan… ¡Qué afortunada era! ¡En un solo día había visto a dos chicos guapísimos!
—Awww, me está mirando, me está mirando– dijo, casi sin voz, sintiendo las mejillas arder cuando él le sonrió. —Creo que me gusta…– declaró después, creyendo ver millones de corazones a su alrededor.
—¿Te gusta?– Takeo miró sobre el hombro de su compañera, donde cerca de los arbustos no se veían los animalotes, sino el chico misterioso que le contemplaba sonriendo.
—Claro que me gusta–chilló Keiko, dando un pequeño salto.
Y una enorme gota de sudor cayó de la cabeza de su amigo.
—…y después no sabíamos qué hacer con toda esa neblina, cuando de pronto desapareció y tomamos el camino. ¿Sabes tío?, la flecha estaba en la dirección incorrecta–terminaba por contar el mayor de los hermanos Asai.
Sakura no pudo evitar mostrar una pequeña sonrisa maliciosa, cuando con disimulo, Li le miró de reojo.
—"Sí era a la derecha…"–pensó el chino, enfadado.
—Mamá te está esperando, tío. Junto con los amigos de la señorita Sakura.
Al ver que no podría seguir discutiendo con Hiraguizawa, Shaoran pensó en pedirles que se adelantaran sin él.
—No te preocupes, Li. Ya hablaremos luego–sonrió el inglés, como adivinando sus pensamientos y retirándose con una solemne reverencia.
"Detesto a ése tipo". Tomó a sus dos sobrinos de la mano, y caminaron de regreso, con Keiko y Takeo guiándoles, y una silenciosa niñera avanzando reflexiva.
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Abrió su cartera y sacó el teléfono celular que siempre llevaba a mano (junto a la pequeña cámara). Con una sonrisa, discó el número, esperando impaciente a que atendieran.
—¿Sí? Habla Ishida.
—Hola, Masashi– saludó con voz melindrosa, mientras echaba un vistazo a su alrededor— Soy Yukiko... ¿no piensas saludarme?
—Hola– respondió él. Por el tono parecía cansado, o bien fastidiado, pero aún así le siguió el juego— ¿porqué me llamas? ¿Piensas invitarme a algún lado?
—No. Hoy no tengo esos planes.
—¿Entonces?
—Es sobre tu novia.
Por el silencio, Mitsu sabía que había dado en el clavo.
—¿Qué pasa con Sakura?– preguntó él con brusquedad.
—Ay, veo que sí te interesa–Yukiko aprovechó su silencio para reír silenciosamente— Bueno, pensaba preguntarte, ¿tú y Sakura, pasaron el día juntos?
—No te metas– dijo el chico, después de quedarse otro instante pensativo— Si paso el día con ella o no, es nuestro asunto.
—No es para que te enfades. Lo decía porque Sakura está desaparecida junto a un muchacho…–la reportera esperó su respuesta, pero el pobre seguía sin palabras—Como lo oyes, Masashi: tu novia participaba en una carrera, aquí en la primaria, y ahora está desaparecida junto a su pareja, que era desde luego un chico. Y no es por alarmarte, pero estaban atados de manos, por lo que deben seguir juntos.
Ishida sostuvo el auricular con gesto sombrío, hasta colgar violentamente.
¿Cómo iba a engañarlo? Sakura no sería capaz de engañarlo con otro.
Tomó su chaqueta y salió de casa, preparándose para noquear al entrometido, si todo lo que Mitsu decía era real.
En tanto, Yukiko se entretenía conversando con los maestros, intentando sacarles alguna otra información. Pero quien tenía más que decir en esto era la hermana del chico, una mujer que se paseaba desesperada diciendo que sus hijos también se habían perdido.
—¡Alguien debió verlos! ¡Ellos estaban aquí, conmigo!– exclamaba en el rostro del profesor de Deportes.
—Descuide, iremos a buscarlos– intentaba calmarla, haciendo una seña a un grupo de colegas que le siguieron.
Yukiko aprovechó para acercársele.
—¿Es familiar del joven perdido?– preguntó casualmente, ganándose a un lado de ella.
Shiefa ya había respondido tantas veces a esa misma pregunta que no le tomó tanta importancia.
—Es mi hermano.
—¿Y la muchacha que lo acompañaba?
—Sakura trabaja en mi casa como niñera.
—Ya veo…–murmuró la joven, mientras sonreía divertida. Resulta que Kinomoto engaña a Ishida con el chico de la casa donde trabaja como niñera. Interesante noticia. Perfecta para otra portada.
—No entiendo que hace ella aquí– protestó malhumorada la chica de anteojos.
Seiji sólo intentó sonreírle, sabiendo que estaba demasiado nerviosa luego de que su primo Takeo y su amiga desaparecieran también.
—Recuérdenme golpearla en cuanto me sienta mejor– añadió Naoko, mirando a Tomoyo, quien contemplaba distraídamente a otro lado. —Tomoyo, ¿cómo puedes estar tan tranquila?
—No lo estoy, Naoko, también estoy preocupada, pero…– hizo una pausa, para decir con una sonrisa— sé que Sakura es una chica muy fuerte y sabrá cómo salir de esta.
Dicho esto, entre los árboles, apareció el grupo de regreso; Takeo, Keiko, seguidos por Li y sus sobrinos, y al final Sakura.
—¡Takeo Yanagisawa! –gritó la niña de anteojos, con una voz nada de amable.
Su primo intentó escurrirse, pero ella le tomó por el brazo con rapidez.— ¡Le diré a tu madre lo que has hecho!...– y después, como recién reaccionando al ver a Sakura a salvo y pensando que los dos chicos la trajeron de regreso, esbozó una sonrisa—…Nos preocupamos mucho por ustedes.
Shiefa había corrido al encuentro de los suyos. Tomó a Lei en brazos, mientras éste decía que habían salvado al tío, y miró a su hermano con atención, inspeccionándole de arriba abajo; no encontró nada extraño… no parecía lastimado.
—Sakura, ¿tú cómo estás?– preguntó, viendo a la jovencita que recibía las visitas de sus amigas. Tomoyo, le tomaba de la muñeca, y Naoko tanteaba con una mano su frente, diciendo que no había fiebre.
—Chicas…–la niña de ojos verdes sonreía algo nerviosa, mientras sus amigas seguían mirándola, notando que algo raro había sucedido—…de verdad estoy bien…. Oigan…..
—No, no estás bien, mira esa cara tuya–señaló Tomoyo, llevándose las manos a sus caderas— Sakura, necesitas cuidarte o de verdad enfermarás.
—Opino lo mismo– dijo la señora Asai. Luego se acercó a Sakura, y vigilando si Xiao Lang la observaba, susurró muy bajo:— Ya sabes que a partir de hoy te quedas en nuestra casa.
—Tío– Xue se acercó al joven, quien permanecía lejos del bullicio, reflexivo en un rincón oscuro— ¿Cómo pudieron quitarse las esposas?
Shaoran bajó la vista a su muñeca, donde permanecía como un brazalete plateado, lo que quedaba de ellas. De alguna manera, la neblina que utilizaba como ataque Heng-Yu, había roto la cadena…. Pero, ¿cómo explicarle eso a su sobrino?
—Con un hechizo…mío–respondió tras largos segundos, mirando su mano con gesto despistado.
—¿Me enseñarás algún día cómo?–preguntó el niño, sonriendo con emoción tras una leve afirmación de su tío— ¡Qué bien!
La primaria fue quedando vacía; primero los curiosos, luego los maestros. Ya habían aparecido los chicos de quienes hablaban tanto. Toda una jornada de festejo, que fue cerrada con la aparición de los perdidos, luego de tenerlos a todos expectantes. Como fuera había sido un buen día para los niños.
Sakura se encaminó al departamento que compartía con Tomoyo y Naoko. En el trayecto pretendía contarles acerca de la proposición de la señora Shiefa. Pero éstas también tenían mucho que contar… o más bien, preguntar.
—¿Qué hicieron todo ese rato? –preguntaba Naoko, mientras se quitaba la medalla que les había otorgado, y la guardaba en un bolsillo de su chaqueta.
—Fueron más de cuatro horas esperándolos–observó la de ojos violáceos, contemplando su reloj.
Seiji, Takeo y Keiko, habían quedado en una esquina, doblando los tres hacia una calle que daba a sus casas. Ahora no quedaban ni la imparable palabrería de Takeo, ni los reproches de su amiga por decir que callara, ni Seiji que distrajera a Yanagisawa… Ahora, Sakura estaba forzada a hablar con suma sinceridad.
—¿Y bien…?–le apresuró a empezar Naoko.
Bajó la mirada hacia el suelo, mientras continuaba marchando.
—Ya sabes todo, Naoko. Tu primo reconoció que fue él quien cambió de dirección la flecha… y pidió disculpas, así que ya está todo aclarado– sacó la voz, que para su mala suerte sonó ronca y temblorosa.
—Sakura, te pregunto qué sucedió, no cómo llegaron a perderse.
Alegraría por completo la existencia de su amiga si llegaba a hablarle del espíritu en el parque… ¡De los espíritus!
—Estuvimos…
Sin embargo, prometió guardar silencio.
—…conversando–se apresuró a soltar, dándose cuenta de lo extraño que había sonado, al notar los ojos de sus dos amigas— Eh… Sí…. Resulta que Li no es tan mal chico después de todo…
Sin saber muy bien porqué, se detuvo, tragando saliva. ¿¡Qué estaba diciendo de Li…?!
Su entrecejo pareció temblar entre fruncirse o no. Sonrió con naturalidad, siguiendo como si no se hubiera detenido.
—Estuvimos conversando mucho rato y se nos pasaron las horas.
—¿Y las esposas?– cuestionó Tomoyo, cuya pregunta le rondaba desde el principio.
¡Las esposas! ¿Cómo respondía a eso? ¿Cómo iba a explicar que se habían roto, si estaban hechas de acero resistente?
—Las…. Las esposas…–Sakura movió los labios con nerviosismo, para luego largarse a reír— No eran de muy buena calidad después de todo… Jajaja…
No volvieron a hablar hasta llegar al departamento.
Tomoyo preparó un poco de te antes de que se acostasen, mientras Naoko y Sakura se sentaban rendidas, una en cada sillón.
—Aquí está el te– Tomoyo llegó con dos tacitas para sus amigas, y luego de regreso con la suya— La noche está tan extraña. La neblina desapareció como si nada.
Sakura acercó la taza a su rostro, escuchando algo nerviosa.
—Es verdad, fue bastante raro– le apoyó Naoko, quien sacó de un mueble un libro pequeño.
Era común en Naoko leer en todas partes, hasta cuando cenaban. Y a propósito de cena, Tomoyo fue por algunos pastelitos que había comprado en la mañana, supuestamente para comerlos en la primaria.
—"Contacto con el Más Allá"–leyó Sakura, y su mano tembló involuntariamente haciendo sonar la taza contra el platito
Naoko le miró sobre el libro, con gesto interrogante.
—Eh… Jeje, creo que estoy un poco torpe hoy– murmuró la joven castaña, bebiendo un poco— Mmh… ¿de qué se trata ese libro, Naoko?
—Es una investigación de parasicólogos sobre algunas manifestaciones de almas.
—¿Pudieron hacer contacto con ellas?
—Sí, en una casa abandonada–Naoko alzó una ceja, para luego sonreír con malicia— ¿Desde cuándo te interesan mis libros de "fantasmas"?
Sólo bajó su mirada al líquido, que lentamente se revolvía con un pequeño movimiento circular que ella misma llevaba a cabo tomando la oreja de aquella taza.
Su cabeza comenzó a pesar, fruto de haber tenido tantas cosas en el día. Todos sus días comenzaban a ser intensos; un brusco cambio de una vida totalmente normal, a una llena de amenazas.
—Quería decirles que tomé una decisión– habló Sakura, cuando Tomoyo terminaba su intento de distraerla contándole sobre el incidente del chico nuevo. Oír acerca de Hiraguizawa hizo que recordase… —Me iré a casa de la señora Shiefa, hasta que ella se vaya de Tomoeda… Unos cuantos meses, creo.
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Masashi golpeó su motocicleta, mientras se quitaba con disgusto el casco rojo.
—¿Dónde están?– preguntó, sosteniendo su celular— Dime, Yukiko, no hay nadie en la primaria. ¡¿Acaso era un broma?!
—No seas estúpido; es sólo que llegaste tarde… La función terminó hace cinco minutos– respondía la chica, con voz baja. También se había retirado ya.
—¿Y Sakura? ¿Adónde se fue?
—Con sus amigas; la buena de Daidouji y la rara de Yanagisawa. Pero te daré un consejo… no la busques aún.
—¿Por qué?
—Necesitas sacarle en cara con pruebas… Siempre he dicho que una imagen vale más que las palabras– dijo la chica, mientras seguía por la calle a cuatro personitas…—me encargaré de demostrarte si tu novia te engaña o no. Por ahora, vuelve a tu casa y esperas mañana mi llamada.
Mitsu cortó la comunicación.
—"¿Quién es ese maldito?... Yukiko sabe donde encontrarlos… Va a buscar pruebas…"–se puso el casco, sin dejar atrás su rostro enfurecido— "Ese idiota me las pagará"
Subió nuevamente a la moto, y echó a andar.
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Los únicos que habían hablado eran Xue y Lei, quienes relataban la hazaña que habían conseguido, como si eso les librara de la culpa de haberse escapado.
Para Shiefa no era extraño que su hermano permaneciera callado, pero sí le preocupó verlo aún más serio de costumbre. A ratos, lo sentía preguntarse qué debía hacer, y luego un gruñido con son de queja.
—Uuah, estoy cansado–dijo Xue, lanzando un bostezo, y estirando los brazos sobre su cabeza— ¿Y la señorita Sakura?
Xiao Lang se detuvo al comienzo de las escaleras.
—Vendrá después. Recuerden que aceptó venir a quedarse a esta casa–sonreía Shiefa, preparando algo de comer.
Cerró la puerta con seguro, recostándose con el tablero en sus manos. Estaba cansado, aburrido, molesto…y algo hambriento. El asunto se estaba convirtiendo en una pesada carga que no cesaría hasta solucionar por completo.
Eran tantas las dudas… Necesitaba hablar con alguien, pero Shiefa, aunque muy confiable, se preocuparía demasiado y no le extrañaría que llamase de inmediato a su madre pidiendo refuerzos. No iba a permitir que alguien más se entrometiera; suficiente tenía con la niñera y Hiraguizawa.
Dejó el tablero sobre la cama, y se levantó de pocas ganas.
Se metió a la ducha, intentando despejarse. Pero en cuanto estuvo listo, llamaron a la puerta, no dejándole tiempo ni para pensar en algo que hacer.
—¿Hola? ¿Xiao, estás ahí?–dijo la voz de Meiling, quien golpeaba suavemente.
Meiling no merecía un rostro todo disgustado, por lo que intentó parecer lo más natural al abrirle.
—Hola primito– la chica besó su mejilla, para luego tironeársela de manera poco delicada. Las caricias de Meiling no eran precisamente caricias— Me alegra verte a salvo. Shiefa llamó para contarme que te habías perdido con tu niñera en medio de la maratón.
Meiling avanzó hasta sentarse al borde de la cama, donde se topó con el objeto que reposaba tranquilamente en ella.
—Oh, ¿y esto?– lo miró de todos los ángulos posibles, mientras Shaoran lanzaba un suspiro—¿Xiao…?
—Es un problema…–avanzó a la ventana, donde se sorprendió al ver dos pequeñas figuritas apoyadas en el cristal.—¿Kerberos… Spinnel Sun?
Los guardianes entraron levitando hacia su amo, para aferrarse a cada hombro. Éste los había olvidado, y para sacárselos de encima les invitó a comer diciendo que se adelantaran.
—Le esperaremos amito– repuso Spinnel, antes de desaparecer con Kero tomado de un brazo, por la puerta.
No negaba que les había tomado cariño, a pesar de sus continuas locuras. Hacía mucho que no los veía; fueron años atrás cuando habían convivido en los entrenamientos, esforzándose por acoplarse bien. Su madre repetía incansablemente que su primer paso como hechicero era conocer a sus guardianes, y saber pelear con su ayuda. Meses de entrenamiento, los que incluía tener que compartir su habitación con ellos, durmiendo los tres en la cama amplia, donde los dos guardianes se acurrucaban como dos gatitos a sus pies. Y soportó verlos al desayuno… en el entrenamiento… mientras leía… en la cena; todo fuera por satisfacer a quienes esperaban buenos resultados de su parte. Cuando todo hubo acabado y ellos no tenían motivos por los cuales seguir libres, creyó que no podría volverlos a ver más.
—"Sin embargo, hoy fueron de gran ayuda"–pensaba, al mismo momento en que Meiling se acercó con él en la ventana.
—¿No me vas a contar qué hicieron en todo este rato?–preguntó la chica, con una sonrisa pícara.
Xiao Lang apoyó un codo en la baranda del balcón, mientras descansaba su barbilla en la mano.
—Uuuh–bromeó Meiling, con malicia— ¿Tu silencio quiere decir algo, primito?
—Claro que no– respondió él— No es nada de lo que te imaginas…–luego pareció figurarse algo, intentando ponerse en la cabeza de Meiling.—¡Con esa niña no podría pasar nada! ¡Nunca! –y sacudió la cabeza, intentando alejar esas escenas melosas, que sin saber cómo fueron a pasar por su cabeza.
—No seas aburrido, primo. Los hombres caen fáciles ante las chicas bonitas… Kinomoto sí lo es. Además, un poco de diversión en tu estadía no hace daño a nadie.
—No estoy para venir a divertirme con alguna mujer, Meiling– objetó Li, con extrema seriedad— Vine a hacer algo importante, y si tus amigos son de esos libertinos que se divierten con cualquiera que se les cruce, no es mi problema.
—También son tus amigos, Xiao. ¡Vamos, tampoco es para que te enfades! ¡Sólo lo digo porque me preocupa verte tan solo! A tu edad deberías haber encontrado a una novia.
—"Otra vez lo mismo"– dijo una voz en su cabeza, mientras Meiling seguía repitiéndole el conocido discurso. Intentó distraerse mirando las luces de la ciudad, que a esa hora se sentía sumamente silenciosa.
Al ver que el diálogo se estaba transformando en un molesto monólogo, Meiling cambió violentamente de tema:
—¿Para qué sirve ese tablero que tienes en la cama?
No le molestó contarle todo. Su prima, quien fuera su amiga desde pequeños, escuchó sin interrumpirle, porque además, en los asuntos de magia no tenía nada que agregar o debatir; fue un alivio no oír un reclamo, y en parte molesto no recibir algún consejo, pero sirvió hablar.
Las ideas de "una aventurita con la empleada" de Meiling, se vieron bruscamente aplazadas por la pelea con un espíritu. Cualquier cosa habría pensado, menos que el motivo de su desaparición tenía que ver con eso. La simpatía hacia la japonesa iba en aumento… ¿No bastó tener que cuidar de alguien insoportable, como para involucrarse en los asuntos de él? ¡Eso sí que era castigo! Una vez que te metías en el Clan Li, no salías sino muerto, o eso decía su tía Ieran, "literalmente"
—Entonces, Sakura los vio… ¡Sabe que ustedes son hechiceros!.–dedujo, aún sorprendida.
Él asintió despacio.
—¿Se lo dijiste a Shiefa?
Shaoran se apartó de la ventana, hasta detenerse en medio de la habitación, para explicarle los motivos de su silencio. Meiling le escuchó atenta y una vez que terminó, dijo:
—Bueno, tú decides. Ojalá y todo salga bien, porque si tía Ieran se entera, es capaz de enviarte otra ayuda.
—Tengo suficiente…–murmuró Shaoran. Y en tanto bajaba las escaleras, no pudo más que recordar a esos dos: la niñera y Hiraguizawa; dos que no tenían nada que hacer en el tema… Sobretodo ella.
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Sakura se detuvo antes de llegar a la puerta, y volteó a mirarlas; Naoko y Tomoyo eran las amigas más compresivas de todo el mundo. No necesitó inventar algo sobre lo que había pasado en la carrera, ni tampoco más razones por irse; ellas lo entendieron, porque parecieron percibir que algo-que no estaba a su alcance de ser solucionado– le afligía.
Ahora, con una maleta en mano, y en sus hombros una mochila, Sakura se mantenía de pie frente a la puerta, como si cruzarla fuera algo riesgoso, como si salir de aquél departamento no fuera sino una idea absurda que la arrastraría a ago peligroso… Miró a sus dos amigas, con la clara intención de arrepentirse.
—"No… Es lo que busqué… Es lo que quiero hacer"–se dijo luego, animándose con las sonrisas de sus amigas.
Estrechó a ambas en un último abrazo y se fue.
La noche era hermosa, con un cielo despejado y estrellas pequeñas y brillantes en el cielo, desde donde ya no había neblina, aunque un cierto hálito húmedo lo surcara. Detuvo un taxi, dándole la misma dirección que alguna vez le dio a Masashi para que la guiara.
—"¿Qué pensará él si se entera?"–quiso creer que estaría de acuerdo, y la apoyaría como sus amigas.
Otra vez en el mismo lugar, y las mismas cosquillas del primer día, cuando no sabía a qué se enfrentaría en ése espacio nuevo; ahora, no había mucha diferencia… Todo lo que había visto, era algo desconocido. Recién ahora podía entender que las palabras de Li eran más que algún desafío infantil:
—Veremos cuánto duras...Puedes arrepentirte….Hay espíritus peores...
Ése día después de la aparición de la "mujer-fantasma-asesina", había aceptado quedarse y probar a Li que no era una miedosa. Pero, repetir otra vez lo mismo…
—"¡Ya Sakura, toca de una vez!"– estiró el dedo índice al timbre, donde no tardaron en abrir.—"Maldita sea mi suerte"
El chino no pareció inmutarse con su aparición, dejándola pasar sin cambiar su rostro serio.
—¡Qué bueno que llegaste, Sakura!– exclamó su jefa desde la cocina, como si supiera que llegaría. Al parecer, todos lo esperaban, pero no todos lo aceptaban. —¡Ven, la cena está lista!
Dejó la maleta en un rincón, y la mochila sobre ella. Se dispuso a escapar lo más rápido que pudiese, pero se sorprendió de sobremanera al sentir que Li la detenía del brazo.
—Escucha, Kinomoto– susurró en su oído, sintiendo de golpe una exquisita fragancia que emanaba de su cabello. Por un momento, se detuvo agitado. La cercanía era demasiada, y la soltó, frunciendo el ceño y atribuyendo la extraña alteración a las tonterías que Mei le había hecho imaginar— No quiero que digas nada a Shiefa.–dijo después, en el mismo tono bajo y amenazante.
Sakura continuaba de espaldas, algo que sirvió para que no pudiera distinguir su rostro sorprendido y asustadizo, que también se reflejó en una serie de violentos latidos en su pecho. Después que él la dejara ir, caminó directo a la cocina, donde Shiefa le saludó con una sonrisa.
Entre los arbustos a la entrada de la casa, una misteriosa sombra se movió, conteniendo una risa.
—"Te tengo Kinomoto… Esto será un gran escándalo"–y guardó la camarita en su bolsillo, con una sonrisa triunfal.—Nos veremos mañana.
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—Aaay, y yo que pensaba que podríamos salir los tres a divertirnos esta noche– se quejó Meiling, haciendo pucheros como niña malcriada— ¡Hasta tenía pensado el lugar: una discoteca hermosa que está en el centro de la ciudad!
Shiefa sonrió con pocas ganas, con la mirada inquisitiva hacia su hermano.
La mesa ya no contaba con la presencia de los niños, ni los guardianes, quienes hacía unos momentos jugaban con los pequeños, hasta que todos cayeron rendidos ante el cansancio y durmieron.
—Sakura, ¿tú sales en las noches?– preguntó a una retraída niñera, que jugueteaba con el pescado de su plato.
—N-no, señorita Meiling– contestó avergonzada.
Lo que menos quería en ese momento era que la hicieran hablar. Estaba demasiado torpe y sin ánimos como para concentrarse en lo que la voz chillona de la joven Li decía. Además, los penetrantes ojos castaños se posaron en ella… Lástima, hasta ahora, él la había ignorado concentrándose en su cena.
—Dime Meiling–corrigió ésta, frunciendo levemente el ceño— A partir de hoy serás mi guía turística y me recomendarás sitios para visitar.
No tenía buena experiencia siendo guía turística, por lo que fue su empleo en la agencia, pero sonrió un poco guardándose el comentario.
—¿Eh? ¿Ya terminaste, hermano?–cuestionó Shiefa, viéndolo levantarse con su plato limpio— ¿No quieres más?
—No.
Li desapareció del comedor, dejando un tremendo alivio en el alborotado corazón de la de ojos verdes.
—"Por fin…"–y hasta un suspiro se escapó de sus labios.
—Bueno, ahora que estamos entre mujeres…–sonrió Meiling, acercando su silla a la mesa— Cuéntame, Sakura, ¿tienes novio?
—¿Y-Yo? Sí– contestaba, sirviéndose después un poco de jugo, intentando disimular su turbación— E-es… un compañero de mi salón.
—¡Vaya!– "hasta llegué a creer que era demasiado tímida para eso", pensó, para luego preguntar— ¿Cuánto llevan?
—Eh… Sólo uno días…
Meiling alzó las cejas, asintiendo interesada.
—Ojalá y tengas suerte. Yo no duro ni un mes con mis novios… –comentó con algo de pena—Hombres. Son tan incomprensibles. Y dicen que nosotras somos las extrañas…– dejó escapar un suspiro, recordando uno a uno sus frustrados compromisos, siempre terminados por alguna discusión debido a su carácter explosivo y mimado.
—¡Qué bueno que me hiciste caso, Sakura!– se alegró Shiefa— El amor es tan maravilloso…–y volvió a sumergirse, como cada vez que recordaba a Toshiro Asai, en una serie de suspiros soñadores.
—Al menos mi prima tiene suerte– murmuró Mei entre dientes, para perder su postura erguida en la silla y echarse con los brazos cruzados en la mesa— Lo que daría por casarme y ser feliz...
Sakura se sentía demasiado cansada, con una pesadez en los párpados que se notaba en sus lentos y difíciles pestañeos; parecía que en cualquier momento no iba abrir más los ojos y se quedaría dormida sentada, con los palillos revolviendo su arroz.
Las primas Li no lo notaron, porque habían entablado una charla sobre el matrimonio, y los novios que-según exponía Meiling y apoyaba Shiefa– habían estado más cerca de llegar a algo serio con la soltera. Hasta que Meiling le pidió su opinión sobre casarse.
—Oh, Sakura, mejor ve a dormir o tu cabeza caerá en cualquier momento al plato–rió Mei, luego de dar unas palmadas par hacerla reaccionar— ¡A dormir!
—Oye Meiling… ¿no sabes que es lo que ocurre? ¿Hablaste con Xiao Lang?–preguntó Shiefa, sin perder de vista a la niña que subía su maleta por las escaleras.
—No. Pero descuida, de seguro se retrasaron por alguna discusión– la intentó tranquilizar, haciendo un ademán de poca importancia.
Pero Shiefa sabía que algo había pasado, y lo sabía Meiling.
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La cama, blanda y fría esperaba al agotado cuerpo de la jovencita. Su cabeza cayó con pesadez a la almohada, donde los rizos castaños volaron esparciéndose en ella. Sus ojos se perdieron en algún rincón oscuro de la pieza, sintiéndose realmente sola.
Recordó algo, y se levantó con apuro corriendo a abrir la mochila. Antes de salir del departamento, aprovechando que Naoko y Tomoyo le ayudaban a guardar, se dirigió al sofá en los que minutos antes Yanagisawa se entretenía con el libro. Lo tomó nerviosamente, todo como si fuera un vulgar robo. ¿No era más fácil pedírselo? ¿Pero y cómo explicar el interés de un día a otro?
Ahora estaba en sus manos… Con su cubierta empastada con material negro, áspero, y sus hojas blanquísimas, donde se escondían tantas cosas. Pudo leer al ojo las palabras: alma, espíritu, vivos y muertos.
—"Yo… yo quería creer… Pero, ¿por qué no funcionó esa vez? ¿Por qué nunca pude hacerlo?... ¡Yo quería verte mamá, aunque fuese por un momento, quería verte!"– y abrazó el librillo entre su pecho, mientras un sollozo interrumpía todo el silencio.
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—En esta casa sí que hay movimiento–murmuró Yukiko, quien se ocultaba tras un árbol, vigilando como la noche anterior la casa de los Li.
Shiefa salía con una cesta de comida, seguida por los niños que llevaban una pelota y otros juguetes para entretenerse. Dejaban todo en el automóvil, donde un hombre, que -aparentemente marido de la dueña de casa– les recibía sonriente.
Eran las diez de la mañana, como apuntaba el reloj que estaba sobre la mesita de noche. Muy tarde, a su parecer, Sakura se levantó, resintiendo en la cabeza el mal sueño. ¿Hasta qué hora había llorado? No recordaba haber consultado al reloj, pero era obvio que fue muy tarde. Despertó con el libro a su lado, donde su mano lo sostenía con fuerza.
Era una de esas mañanas frescas de cielo azul y despejado. Desde la ventana se podía ver el árbol con su frondosa copa verde, en cuyas ramas reposaban alegres pajarillos que trinaban.
—"Mi primer amanecer aquí…"– pensó, abriendo la ventana para respirar la brisa matutina.
Desde abajo se escucharon pasos, y el abrir y cerrar de las puertas. Se puso la bata y bajó silenciosa a averiguar qué ocurría.
—¿Están listos? Vamos, o se nos hará tarde–Shiefa dejaba una notita pegada al refrigerador, cuando se percató de la presencia de la niñera en la puerta de la cocina— ¡Oh, Buenos días, Sakura! Lamento haberte despertado.
—No… No, no desperté por eso– se apresuró a decir la chica, con una sonrisa.
—Ah, qué bueno… Pensé que habíamos metido demasiado ruido–la mujer apuntó a la notita que había acomodado recién— Te había escrito una nota para avisarte: iremos de paseo con los niños y Toshiro. Regresaremos en la tarde… Supongo que mi hermano no se levantará aún, y Meiling no reacciona hasta el medio día.
Sakura rió un poco, al mismo tiempo que los niños se acercaban para despedirse.
Sola, en medio del recibidor, la chica se paseó por la casa, pensando que necesitaba hacer un aseo; primero la cocina, luego el comedor, y pasaría por la habitación de los niños también. Si la señorita Meiling lo permitía, incluiría esa… La que quedaba totalmente descartada, era la de Xiao Lang. No volvería a entrar nunca.
—Debe habérseles quedado algo– murmuró, cuando escuchó el timbre.
Su rostro se quedó sorprendido por algunos segundos, además de confundido.
—Yukiko…–dijo, abriendo los ojos— ¿Qué…?
—¿…hago aquí?–su compañera de salón rió entre dientes, para empujar la puerta levemente— ¿No me dejas pasar?
Yukiko entró al recibidor, contemplando con curiosidad la casa.
—Vine por asuntos de la revista, Kinomoto– dijo, sacando una libreta y un lápiz de su bolso— Averigüé que ésta era la casa del chico con el que te perdiste ayer, en la competencia de la primaria.
"Era de esperar", pensó la jovencita, con una gotita en la cabeza. ¿Pero y qué sacaba con estar ahora en la casa? No pensaría hacerle alguna entrevista a Li, porque con lo huraño y malhumorado que era, sería cómico ver la manera en la que despediría a la intrusa de la reportera.
—Ahí está–los ojos de Mitsu parecieron brillar cuando desvió su atención al recién aparecido—Tú debes ser Li…–luego volvió una fracción de segundo al rostro de Sakura— Wow, por lo que veo, pasaron buena noche.
Sakura volteó, soltando un ligero grito de impresión.
—¡¿Qué haces paseándote de esa manera!?–exclamó con el rostro sonrojado, aún más que el de Yukiko, quien de improviso sacó unas cuantas fotografías.
—Masashi se sorprenderá al ver estas fotos.
Así, tan rápido como apareció, Mitsu salió con una gran sonrisa por la puerta.
—Eso quiere decir… ¡Hoeee, ella va a publicar alguna mentira!– chilló la jovencita de ojos verdes, tornando su rostro angustiado.
—¿Quién?–preguntó Li, todavía dormido.
Sakura le miró con el ceño fruncido.
—¡Todo es por tu culpa! ¡Bajaste en el momento menos oportuno! –reclamaba, mientras se acercaba señalándole con el dedo—¡Ahora por tú culpa, saldré en la portada con algún chisme! ¡Y todo porque bajaste semi-desnudo!–terminó gritando en su cara, sintiendo luego que su dedo índice ya había alcanzado el torso desnudo del chino— ¡Arrh!–gruñó luego, apartándose con un nuevo rubor en las mejillas.
Shaoran recién comenzaba a reaccionar, luego de los gritos. Él no estaba semi-desnudo. Claramente, Kinomoto exageraba. Sólo había bajado con la camisa de su pijama desabrochada, pero y eso qué, estaba acostumbrado a dormirse así.
—Oye, ¡se supone que ésta es mi casa y puedo andar como quiera! –exclamó, cuando recordó aquél detalle— ¡Ni siquiera sé quien era esa chica! ¿Qué demonios hacía aquí?
Entró a la cocina, donde encontró a la niñera de brazos cruzados mirando por la ventana.
—Mitsu se encarga de publicar una revista en la preparatoria…
—¿Y?–preguntó Xiao Lang, quien todavía no encontraba el motivo de tanto alboroto.
—¿No te diste cuenta? ¡Nos sacó una fotografía! ¡Y estamos…!–Sakura volteó a mirarle nuevamente, para volver a sonrojarse. Las palabras se quedaron atoradas en su garganta… ¡No podía ni siquiera decirlo! Era sólo cuestión de mirar. Ambos, en piyamas… ¡Y Yukiko con su gran imaginación para entender todo mal!
Con una seña, Li le pidió que continuase.
—…Olvídalo–suspiró la chica, volteándose—Por cierto, la señora Shiefa dejó una nota en el refrigerador—dicho esto subió a su habitación.
Sakura entró a la habitación, lamentándose. Cuando Masashi, sus amigas, y el resto de la preparatoria lo supiera, se creerían todo. Yukiko tenía esa ventaja, y es que a los escándalos que reporteaba añadía comprometedoras fotografías. La misma Sakura, en una ocasión, se atrevió a dudar de Tomoyo y su relación con un chico del coro. Su amiga aseguraba que eran sólo amigos, y que el abrazo que Yukiko captó con su cámara, no era más que un gesto de felicitación por el buen desempeñó en la última presentación que habían tenido.
—Pero ahora soy yo la que está en esa situación– suspiró, mientras cepillaba su cabellera castaña con desánimo.
Cuando nuevamente bajó, divisó a Li en el sofá de la salita, comiendo cereales mientras veía un noticiario en compañía de sus inseparables guardianes. Trató de no darle tanta importancia y comenzó a preparar su propio desayuno.
—"Mei Na y Heng-Yu la buscaban porque los había liberado… ¿Con sólo romper el sello? ¿Cuántos más habían dentro del tablero?... Espera, ¿qué rayos hacen unos espíritus liberados de un tablero viejo de cientos de años… buscando a una niña? –Xiao Lang seguía contemplándola de reojo, pues se había percatado del momento que había bajado las escaleras. La chica bebía un poco de té, mientras se paseaba por la cocina— "Apareció de pronto… ¿No estaría todo esto planeado? ¿No será enviada por alguien?"–eso sí le sobresaltó. ¿Ella? ¿Una niña que se veía tan… inocente?
No había que desechar esa posibilidad…
El chico estaba absorto en sus pensamientos, intentando encontrar algo que explicara el porqué los espíritus que habían aparecido, tenían interés en ella, que no escuchó el sonido del timbre, ni se percató cuando Hiraguizawa entró a la casa luego de que Sakura abriera la puerta.
—Buenos días– sonreía el inglés a su compañera de clases, quien después de detenerse asombrada, lo invitó a pasar a la sala.
Hiraguizawa también tenía poderes, además de ser su nuevo compañero. ¿Qué posibilidades tienes de conocer a dos hechiceros en menos de una semana?... Sencillo, como era tan afortunada, ella salió de una en un millón.
—¿Ya se recuperó?– cuestionó Eriol, quien caminaba con demasiada pausa para intentar hablar con la chica, antes de llegar donde Li. Al ver que Sakura se hundía de hombros, agregó— Estaba usted muy asustada. Pero no tiene porqué temer estando aquí.
Sus palabras le inspiraron paz, no obstante no pudo asegurar que estando en casa de Shiefa no había porqué temer.
—Aquí es– después de caminar por el pasillo llegaron a la sala, donde Li despegó de inmediato los ojos del televisor, para posarlos con frialdad en los del aprendiz.
—Buenos días, Li– saludó Eriol, quien no se dejó intimidar tan fácilmente ante el recibimiento—Pensé que a esta hora era más sencillo encontrarte. Espero no molestar.
Sakura retrocedió involuntariamente cuando los ojos del chino fueron a dar en ella. Estaba claro que era una señal de que debía irse.
—Oh, pero también me gustaría que usted se quedase– le interrumpió Eriol, sin perder su sonrisa, y volteando a ver a Li.—No te molesta, ¿verdad?
—No tiene porqué– se opuso él, volviendo nuevamente a mirar a la muchacha para que se largase.
—También necesito hablar algunas cosas con ella.
Eriol invitó a la niñera a sentarse, y ésta lo hizo una vez que Li lanzara un suspiro resignado y se sentara con las piernas cruzadas en el sofá.
—Es una casa muy bonita– comentó el invitado, logrando que Li se molestará aún más. Con una tos fingida por parte del dueño de casa, Eriol se vio obligado a comenzar— De acuerdo, puedes empezar a preguntar…
Su tono festivo no pareció contagiarlo, por lo que Xiao Lang preguntó con severidad:
—¿Cómo fue que te enteraste de esto?
—La maestra Mizuki.
—Se me olvidaba que haces caso a todo lo que esa mujer te diga– dijo Li con sarcasmo, no pudiendo cambiar la expresión del otro— Por tu interrupción, ayer no pude sacarle algo de información a Heng- Yu.
—No era mi intención arruinar tus planes. Vine a ayudar en lo que pueda.
—No lo estás haciendo…
—Acéptalo Li, no puedes con esto tu solo–alzó la voz, pero cuidando su tono que sólo sonó como las veces que alguien enfatiza alguna frasecilla.
La conversación se estaba volviendo una discusión enredosa; así opinaban los otros tres: los guardianes y Sakura, quien rogaba por tener la suficiente fuerza para levantarse y salir de ahí.
—¡No sabes qué es lo que ocurre!– exclamó el chino.—¡Esto es asunto de mi familia! Ellos son los que estuvieron a cargo de ese tablero, luego de que Fang Yin se lo entregara a mi madre.
—Sí, la misma que no me creyó que el tablero era peligroso– murmuró el de anteojos, sin silenciarse.
Había logrado sorprender al menor de los hermanos Li.
—¿Hablaste con mi madre?– preguntó el chino, abriendo sus ojos con algo de temor.
—Sí.
—¿Y saliste vivo?–balbuceó después, incrédulo ante la sonrisa que mantenía Eriol— ¿Qué le dijiste?
—No alcancé a decírselo… Pero tú no cometerás el mismo error, ¿verdad?–Eriol mantuvo sus profundos y cálidos ojos en el chino, quien seguía en un terco silencio. Había llegado a la parte difícil: Ganarse su confianza. Y con alguien tan esquivo como Xiao Lang sería casi imposible…
—No pierdes nada– insistió el aprendiz, con una nueva sonrisa, que se acentuaba a medida que pasaban los segundos, y Li continuaba dubitativo. —"Es mejor no presionarlo"–Eriol volteó hacia Sakura, encontrándola concentrada en mirar al otro— Señorita…
—¿Eh?– Sakura le miró asustadiza. Quizás tenía miedo de que fuera su turno de inmiscuirse.
—¿No tiene usted alguna pregunta?
¡Miles! Se hubiera sentido tan libre de pronunciar esa palabra… Pero se mantuvo taciturna, mirando hacia el piso.
—Eso quiere decir que son muchas– sonrió Eriol, comprensivo.
Después de algún tiempo pudo percatarse de la habilidad en común que él tenía con su amiga Tomoyo. Además de la insistencia, había en sus ojos una calidez que conmovía… ¿Cómo no sentirte en plena confianza con ellos? si bastaba leer en sus ojos que querían ayudarte.
—¿Por qué puedo verlos?– preguntó, después de un tiempo. En ése momento no pudo arrepentirse; el inglés seguía con su sonrisa, aunque parecía meditar su respuesta. ¡Suerte que no se le había ocurrido mirar a Li! Para él, su presencia sobraba, logrando que cuando formulara la pregunta, hiciera una mueca de fastidio.
—Sencillo– susurró Hiraguizawa, y como respuesta, guió su dedo índice a su propio corazón—Yo creo en ellos y por eso los veo.
Un recuerdo acudió rápido a su cabeza: ella, cuando niña, destruyendo todo lo que se encontraba en una mesita… Lloraba, mientras un vaso de vidrio caía en el suelo, junto a unas cuantas hojas de papel, donde supuestamente tenía que escribir lo que su madre le iba a comunicar… Al final sólo quedó a salvo la fotografía de la hermosa mujer de cabello largo, bañada de miles de puntitos cristalinos.
—No…–balbuceó con timidez—…yo no creo en ellos.
Ambos jóvenes le miraron.
—Es imposible que yo crea… ¡Nunca tuve pruebas de que existían!– Sakura parecía olvidar que no estaba sola. El recuerdo de ésos fallidos intentos por ver a su mamá, le hacían demasiado daño. Porque nunca se perdonó de que podía ser culpa suya… ¿y si su madre no quería verla? Ése podía ser un motivo por el cual no aparecía su espíritu cuando lo llamaba.
—Pero siempre en tu corazón ha existido una esperanza– Eriol llevó sus manos hasta las de ella, estrechándolas con cariño, sin notar-como lo hizo rápidamente Li- que había pasado a tutearla.—Pocas personas pueden verlos… y los que lo hacen, es porque alguna vez han anhelado con todas sus fuerzas hacerlo… Lo importante es seguir adelante.
—¿Y si mamá no quiere verme?
—¿De verdad crees que es posible eso?– preguntó Eriol, inmediatamente después. Sakura sólo le miró unos segundos, para negar con voz suave.— No todos los espíritus se manifiestan tan fácilmente… Recuerda, sólo mantén esperanza en tu corazón.
"Esperanza… en mi corazón" memorizó la chica, esbozando poco a poco una de sus sonrisas alegres. Apenas una lagrima pudo escapar de sus ojos, pero no le importó mucho… se sentía bien.
Agradeció bajito, bajando el rostro.
Xiao Lang se hizo notar tosiendo un poco incómodo. ¿Es que se les olvidaba que estaban en su casa… frente a sus narices?.
—Tengo hambre–dijo para que la chica se retirara. Y funcionó; ella se soltó rápidamente del inglés, afirmando levemente.
—Se ve que no le habías explicado nada…–después de verla alejarse, se volvió hacia Xiao Lang—es obvio que un cambio de vida como este debe haberle afectado.
—Jaja, ¿perdón? –saltó éste— ¿Piensas que yo hubiese hecho el mismo gesto que tú?–se mofó, simulando una risita.— Ésa niña no es de mi confianza… Es una extraña.
—¿Qué no la ves? Es una simple estudiante que de un día a otro ha visto cosas que creía imposibles– Eriol no había perdido su serenidad, pero por el tono se podía suponer que estaba molesto— ¿Sabes qué pregunta pudo haber hecho: ¿Por qué yo? ¿Por qué me siguen? ¿Por qué los atacan? ¿Por qué luchan con ellos? … Pero no, simplemente preguntó porqué los podía ver.
Li se había levantado del sofá, caminando hacia la ventana con los brazos cruzados. ¿Por qué tenían que hacerle dudar…? En algún lugar de sus pensamientos, le daba la razón a Hiraguizawa. ¡No sabía qué estupidez estaba pasando, pero sí, reconocía que Kinomoto era una víctima de todo! Lo mismo había pensado cuando la vio apunto de caer, con su rostro consternado y la mirada perdida y angustiada.
Sacudió su cabeza negativamente.
—¿De dónde se conocen?–preguntó, desviando el tema.
—Somos compañeros de salón– respondió Eriol.
—Ah…–según lo que recordaba, Hiraguizawa ya tenía suficiente edad como para estar en preparatoria, pero se guardó sus especulaciones, encontrando ésa relación como una ventaja.— Ya sé como puedes ayudarme.
Eriol, que ya se había incorporado, arqueó una ceja.
—Vigílala, y encuentra qué poder tiene como para que pudiese romper el sello.
—"Supongo…"– se resignó él, lanzando un suspiro.—Hasta luego.
Para cuando Sakura regresó, el inglés ya no estaba. Desilusionada, no pudo evitar murmurar:
—Qué pena que ya se fue.
La mirada de Li fue a reparar en ella… Tan fría y penetrante.
—Ya está listo el desayuno– dijo ella con timidez, bajando su cabeza.
—Perdí el apetito– habló Shaoran, pasando por su lado sin quitarle los ojos de encima.
¡Pero qué problema tenía! ¿Por qué no podía dejarla en paz? Sakura suspiró angustiada, sentándose en el sofá, donde los guardianes le miraron dudosos entre consolarla o ignorarla. Pero antes de que pudieran decir algo, ella les miró con una sonrisa temblorosa y un fingido tono animoso.
—¿Les gustaría desayunar algo rico?
Parecía ser que Li era el único que se negaba a creerlo. Ésa chica, no representaba ningún peligro; al contrario, era una persona demasiado inofensiva y delicada.
—Así lucen mejor– decía, sentada y mirándoles— Ayer me dieron un gran susto… Sobretodo tú Spi– acarició detrás de la orejita del guardián, como si fuera un gatito. Éste intentó contenerse, pero soltó algo parecido a un ronroneo.
—¡Jajaaa, Spi puede ronronear! –rió Kerberos, cayendo de espaldas con las carcajadas.
—¡Sólo lo fingí!– mintió el otro, con el rostro sonrojado.
—¡Spi es un lindo gatito!
—¡No es verdad!
—¡Mininoo... pprr, miau!– Kero comenzó a fingir que era un gato, caminando en cuatro patas y movimiento la cola graciosamente, y pasándola entre el rostro de su compañero— ¡Miau! Mi nombre es Spi y soy un gatito, miau. Jajaja.
Spi se cruzó de brazos, con el ceño fruncido, mientras Sakura reía de buena gana con las ocurrencias del peluche amarillo.
—Buenos días– una voz adormilada saludó entrando a la cocina, lanzando una mirada curiosa a los tres— Tendré que acostumbrarme a la presencia de estos muñecos–murmuró Meiling, sentándose aún en ropa de dormir.
—¿Le sirvo el desayuno?– Sakura se levantó enseguida a preparar todo.
Era ya el medio día, hora justa en que Meiling se desesperezaba y levantaba de la cama.
—Salieron de paseo…–dijo la china, leyendo la notita que era sostenida por una figurita metálica en el refrigerador— Nosotras podríamos salir de compras, ¿qué te parece, Sakura?
—Uh… Claro…–dijo la chica, recordando luego las cosas que tenía por hacer en casa. Agregó rápidamente—…pero yo… lo siento.. no puedo salir, tengo que asear aún.
Meiling recibió su plato con una sonrisa de agradecimiento, para luego decir:
—No debe ser mucho. Además puedo ayudarte.
—Pero…
—Pero nada; ¿o piensas quedarte a cuidar a mi primo? –Meiling soltó una ligera carcajada, jugando con los palillos, y no esperando respuesta, que creía muy obvia—Xiao Lang estará bien solo. Está ocupado en sus asuntos… No regresaremos tarde… ¡Además hace tanto que no compro ropa!–exclamó luego, calculando unas dos semanas, que, para alguien como ella, sí era mucho.
Sakura aceptó, más por no desagradarle que por ganas. Terminado el desayuno de Meiling, ésta se ofreció a lavar los platos, y Sakura a limpiar y a lavar lo que faltaba.
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Notas: Muchas gracias S.L, Gipsy –chan, Korishiteru, Pau, Ciakaira, Karo, Tsuki Lunita, Akina-no-toru, Meiling-Chan, Celina, Momocolandy, Blanca, Mary Tonks, Akanets, The Dark, Sakurita Tsukino, Him-chan. Y también a Tania y Makita
Coman sano y vivan más.
Y no contaminen el planeta :)
...Sí, ya ni sé que puedo poner en las notas xD, y las próximas quizás ni las modifique.
