Basado en los personajes de J. .

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Una de las pocas cosas que no cambiaba en Hogwarts era la rapidez con la que los secretos dejaban de ser secretos. A la hora del desayuno del día siguiente, ya todo el castillo, fuera profesor, alumno, fantasma o cuadro, sabían acerca de la pintada. Los Carrow exigieron a todo aquel que supiera algo sobre El Ejército de Dumbledore que hablase. Los profesores dijeron que no se tenía ningún registro de aquella sociedad, y que no se habían llegado a saber los miembros que pertenecían, en caso de haber existido. Alecto montó una escena en la puerta de la clase de Encantamientos, contra el bajito profesor Flitwick, e incluso llegó a amenazarlo con la varita. En ese momento apareció Snape, y pidió que dejasen al resto del profesorado, pues ya habían dado su opinión al respecto sobre el tema.

A los fantasmas también intentaron amenazarles, y éstos se rieron de ellos en la cara.

-Bastante preocupación tengo con no poder entrar en la Sociedad de Cazadores sin cabeza como para preocuparme de chiquilladas- le decía Nick Casi Decapitado, el fantasma de la Casa Gryffindor al fantasma del Fraile Gordo, perteneciente a Hufflepuff.

No se podía negar que hacían bien su trabajo. Los cuadros del castillo tampoco se salvaron del interrogatorio de los Carrow. Helena y Daphne estaban bajando por la Gran Escalera, con más alumnos, cuando vieron a Amycus gritando contra el cuadro de Sir Cadogan. El mortífago sacó un cuchillo de plata que lo acercó demasiado al lienzo. Helena salió corriendo a la sala de profesores. Había dos gárgolas flanqueando la puerta de la sala de profesores. Una de ellas habló con retintín.

-¿A qué vienen esas prisas?

-¡Carrow!- se limitó a contestar Helena, y la puerta del aula se abrió sola de golpe. La chica entró con brusquedad en la sala.

Brushe Canvas estaba charlando con la profesora McGonagall. De piel sepia, ojos azules oscuros, y con su metro noventa de alto y musculado, nadie diría que él era el profesor de Arte y Arte Muggle, parecía más bien un boxeador o un agente de la ley. Helena le respetaba desde que le empezó las clases extraescolares en tercero, y lamentaba mucho que ese año no pudiese ejercer su profesión.

-Disculpe, profesor Canvas, pero necesito su ayuda- no pudo reprimir el susto en su voz.

-Helena, tranquila, ¿qué sucede?- el hombre se puso de pie casi al momento, y la profesora McGonagall también.

-El profesor Carrow, señor, quiere hacer trizas uno de los cuadros.

-Ah no, eso sí que no, vamos- Siguió a la joven, y su túnica purpúrea ondeaba mientras caminaban a toda prisa al lugar de los hechos. La Profesora McGonagall también les seguía de cerca.

Algunos alumnos se habían quedado paralizados viendo como Amycus seguía con el cuchillo en la mano, y lo peor, pudo ver Helena, es que ya había un desgarrón en el cuadro, a la altura de las piernas. El caballero era valiente, pues no había abandonado su lienzo.

-¡Malandrín, tunante!- le espetaba Sir Cadogan- ¡Usar una vulgar navaja en vez de una espada! ¡Eso no es de caballeros!

-¿¡Qué crees que estás haciendo, Carrow?!- con su potente voz, y mirándole desde lo alto, pues casi le sacaba dos cabezas, Amycus se acobardó al ver plantada a su lado la figura tremendamente enfadada de Canvas.

-Inaudito, atacar a alguien que no se puede defender- McGonagall estaba indignada.

-Cállese, gallina desplu…-Carrow pensaba que podía meterse con ella, pero Canvas levantó su enorme puño delante de su cara, y éste se cayó inmediatamente.

-Váyase de aquí. Ni se le ocurra volver a acercase a uno de los cuadros de éste Castillo, si no quiere que le haga una demostración de lucha muggle- dijo Canvas, en un tono tan tranquilo, que sonó más amenazador que si lo hubiese gritado. Carrow le miró el puño, luego a la cara, dio media vuelta y no dijo ni adiós.

-Está bien, aquí no hay nada más que ver- McGonagall intentaba dispersar a los alumnos, cuando Filch se acercaba también donde estaban- que a tiempo llega, Filch, vaya a buscar al profesor Snape- Helena pensó por un momento que la mujer se había tragado un limón cuando pronunció esas últimas palabras.

En lo que tardó en llegar, Helena comprobó que Padma Patil, y Mandy Brocklehurst, ambas compañeras suyas de clase de Arte, aunque de Ravenclaw, también se habían acercado donde ella y el profesor Canvas.

-No parece muy grave- decía Patil- me recuerda a lo que le pasó al cuadro de la Señora Gorda…

-Sí, cuando la atacó ese tal Sirius Black…- corroboró Brocklehurst.

-Casi me alegro de poder tener algo que hacer- decía con pena el profesor Canvas, y le habló al retrato del cuadro- mi buen caballero, os rogaría que os refugiarais en otro cuadro, mientras restauramos el vuestro.

-No sin pesar, haré caso de vuestras palabras, gran señor- Cadogan hizo una inclinación de cabeza que provocó que la visera de su casco cayese, tapándole la cara, lo que hizo que la gente ahí presente se riese, y salió por el marco del cuadro, llegando al cuadro más cercano, un prado donde pacían unos bonitos caballos.

Llegó Snape, que interrogó con la mirada a la gente, y Helena desvió la mirada cuando se posó en ella.

-¿Tiene arreglo?- Snape observaba el cuadro vacío.

-Sí, llevará algo de tiempo pero se puede hacer- dijo el profesor Canvas.

-¿Quién dio el aviso?- quiso saber el director

-La señorita Riverside vino corriendo a la sala de profesores- contestó McGonagall. Severus posó sus ojos en ella, y Helena notó que se ponía colorada.

-Cómo no, la joven artista al rescate- dijo con sorna.

-Los pintores somos como los médicos, atendemos a todos por igual- dijeron Helena, Padma y Mandy a la vez, y tras un breve lapso de silencio, las tres se empezaron a reír, y el que más alto reía era el profesor Canvas.

-¡Esas son mis alumnas!- dijo el hombre, dando una palmada en la espalda a Patil, que era la que tenía más cerca, con tanta fuerza que la chica dio un par de pasos hacia adelante para evitar caer.

-Bien, pues si no hay más, vayan todos a sus tareas- dijo Severus, que ya se daba la vuelta para volver a su despacho.

- En realidad sí, profesor, ¿podría hablar con usted y el profesor Canvas?- dijo Helena. Snape se giró, hizo un movimiento seco de cabeza, y todas las demás personas se fueron, menos los tres.

-En el discurso de principio de curso, dijo que no habría clases extraescolares, pero tendría un proyecto personal que llevar a cabo- dijo Helena, mirando primero a Snape y luego a Canvas- Necesitaría permiso para poder usar el aula de arte, para guardar el cuadro, los materiales y demás… Pero ahora con lo del cuadro de Sir Cadogan…

-Por mí puedes disponer de él cuando quieras, y si quieres que no coincidamos en el aula, lo comprendo- Canvas se dirigió a Snape- los artistas somos muy celosos con nuestras obras, y además- le dijo en tono más confidencial- siempre somos más permisivos con nuestros alumnos favoritos- Helena se puso tan colorada que irradiaba calor hasta por las orejas.

-Faltaría entonces que usted diese permiso, señor- Helena miró a Severus. Su cara no revelaba nada.

-De acuerdo- le limitó a decir, y sin más se dio media vuelta y se marchó. Helena sonrió al profesor Canvas.

-Cuando vayas a usar el aula, avísame. Y si necesitas alguna cosa, no dudes en pedírmelo- dijo él.

-Gracias, profesor.