(Punto de Vista de Harm)
Siento a mi mujer moverse encima de mí, lo que provoca que abra un ojo. Ramaka aún continúa durmiendo, con una enorme sonrisa en la cara. Cualquiera que supiese de mis verdaderos sentimientos me miraría con malos ojos. Enamorado de una mujer, y casado con otra, además de tener dos hijos con ella.
Al principio había una parte de mí que gritaba en silencio, diciéndome que todo esto era un error. Obligándome a reconsiderar mi decisión. Durante los dos meses que duró nuestro compromiso, esperaba secretamente que Mac se diera cuenta de que yo no estaba muerto, y que me buscara. Pero, según iban pasando los días me decepcionaba al darme cuenta que eso no iba a pasar. Que ella continuaría con su vida y creería que realmente perecí en el mar.
El día de la boda, quedé sorprendido al encontrar entre los invitados a Clayton Webb, el cual me felicitó. Dijo, y cito textualmente, que empezar una vida aquí era una sabia decisión. Él estaba seguro de que yo no volvería a Estados Unidos. Y, al pasar los días desde aquel encuentro comencé a pensar que llevaba razón.
R: ¿En
qué piensas? –Me pregunta, haciendo que la preste atención.
Solamente sonrío-. ¡Oh, Harm! ¡Dímelo! –Aumento de tamaño mi
sonrisa-.
H: En lo guapa que estás por las mañanas.
R:
Mentiroso… -Susurra. Sin decir nada, ruedo encima de ella y la
beso-. Eres un atento, dulce y cariñoso embustero.
H: Y tú eres
incorregible. –Se encoje de hombros-.
R: Lo sé, y por eso me
quieres. –Sonríe-. Mueve tu trasero, marinero. Tienes que
acompañar a mi padre. Te recuerdo que debes pasar revista a las
tropas. –Suspiro-.
H: Está bien. –Digo, pesadamente-. ¿Qué
harás durante la mañana?
R: No lo sé. –Responde, mientras
clava los ojos en mi espalda-. El médico me ha recomendado que no
haga esfuerzos, así que… tendré que pasarme otra semana más
sentada y tumbada, mientras observo cómo juega Isis. Supongo que
poco después me traerán a Tutmés para que le calme y le dé de
comer.
Después de vestirme, me acerco a la cama y beso a modo de despedida a mi mujer. La oigo suspirar y acomodarse mientras yo salgo de la habitación. En el pasillo me esperan los dos hombres que fueron nombrados mi guardaespaldas personal.
-: Buenos días, alteza.
Sonrío. Aunque han pasado cuatro años, todavía no me acostumbro a que me traten de esa forma. Antes pensaba que la realeza no pegaba palo al agua, pero eso era porque realmente no tenía ni idea de cómo es una agenda real. Vuelvo a sonreír con mis pensamientos. Sacudo la cabeza para alejarlos, antes de entrar al salón, donde sé que me espera el hombre que ahora es como mi padre.
H:
Buenos días.
Ab: Buenos días, hijo. –Responde, alegre-.
¿Preparado para pasar revista?
H: No queda otro remedio. –Él
se ríe-.
Ab: Es algo pesado, pero necesario.
…
Horas más tarde, volvemos a palacio. Todos los años es lo mismo. Al principio voy sin ganas, y cuando tenemos que regresar no quiero marcharme. Cada vez que veo la base llena de militares me recuerda a mis días en la academia, y ese pensamiento me lleva a recordar cuando entré en las oficinas del JAG y sobre todo, cuando conocí a Mac.
I:
¡Papá! –Grita, en árabe. Sonriente, me doy la vuelta y observo
como mi pequeña niña de tres años corre hacia mí-.
H: Cariño…
-Me agacho y la abrazo. Después, la cojo en mis brazos y camino con
ello-. ¿No estabas con mamá? –Ella niega-.
I: No. Ahora iba.
–Sonríe, y con ello nadie puede dudar de que sea mi hija-. Acabo
de despertarme.
H: ¿Tan tarde? –Pregunto, sorprendido. Isis
asiente-. Vaya… ¡qué suerte!
I: ¿Tú te has levantado pronto?
–Asiento-. Entonces tienes que tener sueño.
H: Claro, por eso
yo me echo siesta.
I: Ah… Igual que Tutmés.
H: Pero es que
tu hermano es muy pequeñito y duerme mucho para hacerse más
mayor.
I: Lo sé. Por eso tengo que esperar a jugar con él.
Continuamos nuestro recorrido hacia mi habitación, donde sé que mi mujer aún está allí. Hace un poco más de un mes que hemos tenido nuestro segundo hijo. Aquí todavía está la desigualdad entre hombres y mujeres, y para poder asegurar el trono necesitábamos un niño. Tutmés, que así hemos decidido llamarle, es un bebé precioso, muy parecido a su madre, si no fuera por ese par de ojos verdes, legado de mi familia. Espero que sea lo único que tenga de mí.
Isis, nuestra primera niña, es mi copia, pero en mujer. El mismo tono de piel, mis ojos, mi sonrisa, el color de mi pelo,… lo único que heredó de su madre fueron los gestos. Recuerdo que a ella le encantó el parecido que tiene conmigo. Yo, hubiera preferido que se pareciese a su madre.
Y, bueno, para hablar de Ramaka es necesario despejar la mente. Desde un principio ella sabe de mis sentimientos. Sabe que la adoro, la aprecio y que la quiero. También sabe que no podré amarla como amé, y continúo amando a Sarah Mackenzie. Eso creo que en el fondo también lo sabe. Lo que hice, y fue más fácil, fue volcar todo ese amor en ella. Continúo enamorado de Mac, pero el amor que pensé sería para ella, lo destino en Ramaka.
Sé que muchas personas me odiarían y no entenderían mi situación. No es justo para Ram el que yo no pueda quererla como se merece. Pero, está convencida de que con un poco más de tiempo, podré hacerlo. Cree que podré separar al recuerdo de Mac, y quererla con todo mi corazón. Y lo intento. Debo de reconocer que no es fácil. Y también reconozco que sin ella mi estancia aquí sería demasiado difícil. Ella me escucha, me apoya, me aconseja, me quiere… ¿Qué más se puede pedir?
