Acercando el corazón

Una vez que ya perdimos de vista a ese extraño sujeto con sombrero blanco que nos seguía y dejamos atrás ese centro comercial, nos adentramos en un parque de camino a la comisaría. Finalmente me siento un poco más relajada, luego de haber pasado unas horas atroces pensando que iría a parar a la cárcel. El clima está agradable, el sol se filtra por entre las ramas dibujando tapices en el suelo, sopla una suave brisa que me despeina ligeramente, Miro a Haruka, quien cerró los ojos un segundo para disfrutar de la brisa. Trato de iniciar una conversación, ya que hay demasiado silencio.

-Entonces eres de Nagoya, ¿no?

-No en realidad, soy de Osaka, pero he vivido en varias ciudades los últimos años, la verdad tengo algo de trashumante. Nunca he podido establecerme en un lugar.

-Interesante elección de palabras, eso quiere decir que no te vas a vivir a un lugar, sino que dejas otro.

-Algo así, la verdad nunca me he sentido en casa en ninguna parte, no soy de muchos amigos, y la verdad a veces ni siquiera sé si efectivamente son amigos.

-Suena como que te peleaste con alguien muy cercano.

-Algo así.

Su mirada se pierde y guarda silencio, seguramente está recordando algo, más bien a alguien.

-Tampoco soy de amigos, la verdad… a todos los mantengo a cierta distancia –murmuro.

-Suena a que has tenido experiencias desagradables –hace un ligero resoplido

-Podrías llamarle así, por lo general soy la persona que sale sobrando –me mira con extrañeza, así que explico- suelo conocer a alguien, por lo general alguien dañado, me quedo a su lado, le ayudo a sanar, y cuando comienzo a tener sentimientos profundos, bueno, siempre conoce a alguien más y se va. Es como el cuento de La Sirenita.

-Pero se casa con el príncipe, como todas las princesas.

-Eso en la versión dulzona de Disney, la original es muy diferente. El príncipe la deja en la friendzone, se casa con otra y la sirenita muere. Y siento que ya he muerto demasiadas veces, que no soy capaz de volver a sentir lo que una vez sentí, eso de ser completamente vulnerable al otro. O en mi caso, a la otra.

-Lo dices con una falta de expresión que asombra –sonríe débilmente- como si hubieras desarrollado una coraza, pero algo me dice que esa coraza esconde cosas muy diferentes.

Niego, pues lo que esconde la coraza no es lo que Haruka imagina, algo dulce y agradable, sino a un monstruo, alguien que… tiene la sangre fría de matar y torturar.

-No soy la única con coraza –replico.

-No, solo que la tuya es más visible, más palpable, como una pared construida alrededor tuyo, Michiru.

-Sí, pero no por eso dejo de ver la sutileza de la de los demás. Por ejemplo, en tu caso. No hablas de tu vida privada, más exactamente de las razones por las que dejaste Nagoya. Me dices que es algo similar a pelearse con alguien cercano. ¿Mejor amigo, quizá? –Levanta una ceja, no voy desencaminada- ¿Diferencias laborales? –No, no veo reacción -¿Líos de faldas? -Mira hacia otro lado- Sí, líos de faldas. Nada como eso para separar a dos amigos.

-¿Eres adivina, o algo así? En todo caso estuvo cerca, no amigo, amiga.

-Digamos que tengo algunas habilidades escondidas –saco un espejo de mi bolso- mi espejo me dice cosas, de esas que nadie puede ver a simple vista –frunce el ceño, algo confundida- es solo un juego, no te asustes.

-No me asusta, solo que es extraño.

-Algunas adivinas ven en bolas de cristal, yo miro en mi espejo –miro la bruñida superficie- Y lo que veo es que hay algo que te duele, y por eso dejas siempre algún lugar, emigras. Líos de falda con una amiga… ¿te quitó a tu novia? –se detiene y me mira perpleja, sonríe y seguimos caminando.

-Y yo que pensaba que hacía preguntas brutalmente directas. No, ya habíamos terminado. Sólo que no se me da ser mal tercio, no me gusta sentarme a ver como son felices. Es mejor retirarse. Pero no por eso... deja de doler. Perder a alguien que es muy importante, a dos personas que significaron mucho en tu vida, que eran tu vida. ¿ Sabes lo difícil que es ver a la mujer que amas con la mujer que amaste?

-Te refieres a... ¿estabas enamorada de tu amiga?

Haruka baja la cabeza con nostalgia.

-No se lo dijiste –agrego, entendiendo su situación.

-Sería echarlo todo a perder... Se lo debo... tomé su felicidad, así que le di la mía. Intercambio justo. Lo cierto es... que son lo que buscaban en una pareja, son... tal para cual, yo sólo fui, el medio para un fin.

-Bueno, yo ya no tengo a nadie significativo en mi vida, me tuve que alejar de todos. Y si te pregunté, es porque eso le pasó a mi hermano, hace mucho tiempo. Nunca volvió a hablar con su mejor amigo, Maurizio, un italiano. Lo de su novia lo superó, pero no la traición de quien consideraba su hermano, aunque hayan pasado años, y se haya casado, tenga hijos y una linda familia. Hace poco supimos que Maurizio murió, y mi hermano, que nunca demuestra nada lloró como un niño.

-¿Sabes por qué la traición duele tanto? Porque nunca viene de los enemigos, sino de las personas que más amamos en esta vida.

-Y no podemos volver atrás porque de otra manera nunca podríamos aprender a avanzar…

-De todas maneras no le llamaría traición. Me siento bien de que se hayan encontrado. Mi amiga sanará todo el mal que pude haber causado, y será feliz, haciéndola feliz a ella, pero aún así...

-No deja de doler.

-Sin duda, un día yo lloraré tanto como tu hermano.

Se detiene y suspira profundamente, sus manos están empuñadas y sus labios apretados, mirando al suelo, tratando de controlarse. No me gusta ver a alguien así de triste, así de lastimado, sin nadie que le afirme cuando se siente caer… Sin pensarlo, me acerco y le rodeo con mis brazos. No quiero que se sienta tan sola como me sentí una vez, cuando alguien que amaba se fue.

-Lo sé, duele como el infierno mismo, pero con el tiempo pasa, a veces se demora mucho, pero pasa.

-Lo sé - me abraza también- solo que quiero que se acabe pronto, detesto sentirme así. Sé que ninguna es el amor de mi vida, han sido importantes, sí, pero aún así, duele mucho… -Me suelta así que hago lo mismo, veo que disimuladamente seca unas incipientes lágrimas, respira profundo y me mira con sus decididos ojos verdes- Gracias… por lo de hace un momento. Es difícil batallar sola con esto.

-Lo sé –desvío mi mirada, no quiero que vea mis recuerdos, pero no soy tan rápida. Sigo caminando en un vano intento de que no pregunte qué pasó.

-También pasaste por eso, ¿no? Perder a quien amabas.

-Sí, fue… desastroso. Un completo caos luego del paraíso. En cierta medida fue cruel, porque negó haberme amado nunca, le entregué todo, mi corazón, mi alma, mi cuerpo. Mi ingenuidad de ese entonces, hace bastante tiempo ya, le permitió llegar lejos, no le gustaba que nos vieran juntas, y no hablo de besos o de manos tomadas, sino simplemente de caminar juntas, tal como nosotras ahora. Se avergonzaba de mí, una vez se le escapó, ni siquiera se dio cuenta de lo que dijo. Delante de su familia, yo era la que pervirtió a su encantadora niña, aunque fue al revés. Ella ya tenía historia, yo… ella fue la primera.

-Eso te marcó sin duda.

-Pero ya pasó, una parte de mí aún la quiere, la otra aún quiere rayarle el auto con las llaves.

-Supongo que varias queremos hacer eso con alguien –se le escapa una sonrisa ladeada.

Salimos ya del parque, a una calle está la comisaría donde trabaja Katsuo-kun. Edificios modernos forman parte del conjunto, entramos y hay un revuelo de gente, policías en uniforme moviéndose de un lado a otro, otros de traje, entre ellos Katsuo-kun, están hacia una esquina, hablando muy serios, pero nos sonríe al vernos llegar.

-Muchachas, las están esperando para que declaren. Estarán en habitaciones diferentes, les harán algunas preguntas, y luego compararán las respuestas. Haruka-kun, irás con Imaeda-san –una mujer de traje sencillo y elegante asiente- Michiru-san, con Horikawa-san –un policía delgado y de mirada agradable se acerca- las veo luego, tengo que ir a que la familia reconozca el cadáver del tipo ese.

Katsuo-kun se aleja a grandes pasos, consciente de que no le tocará hacer algo agradable, al menos esta vez no será tan desagradable, no es un niño, una madre, un hermano, alguien amado.

-Señorita, por aquí- abre una puerta y me permite pasar primero. En esta sala hay solo un escritorio, dos sillas, una pared de espejo, indudablemente habrá gente mirando al otro lado, grabando, cada detalle, cada movimiento será estudiado para determinar si sé algo o no.

-Asiento –me indica al tiempo que se sienta frente a mí- ¿Conocía al occiso, encontrado ayer, noche en el callejón junto al edificio Millenium? –me pregunta directamente

-No personalmente, lo ví ese mismo día, temprano, a eso de las dos de la tarde, iba desde el restaurant vegetariano de la calle Midori hasta el edificio de la compañía para la que trabajo, en el World Trade Center. –me miro y sostengo mi mirada mientras hablo, mis manos relajadas, ceño fruncido al describir el desagradable encuentro, pero nada serio, espalda derecha.

-¿Solo lo vio, habló con él?

-Intercambié unas frases, accidentalmente choqué con él, fue muy agresivo, aunque le pedí disculpas. Lo insulté, luego le di mis condolencias a su esposa. –bajo algo la mirada, cierro los ojos para concentrarme en recordar detalles que no he olvidado- Me llamó la atención que ella tuviera un ojo morado, estaba cubierto por un poco de maquillaje, pero aún así se notaba. Luego de un par de frases ásperas, ella trató de excusarlo, él se molestó y le golpeó. Luego me fui, esperando que él no se desquitara con esa pobre mujer, pero creo que cualquier cosa que hubiera hecho hubiera sido peor.

-¿La golpeó delante suyo?

-Sí, el golpe fue fuerte, la lanzó al suelo –veo en sus ojos la molestia.

-¿Por qué si vio un delito frente a usted no dijo nada, no avisó a la policía?

La pregunta me atrapa desprevenida.

-Esa mujer… lo defendía. Fue extraño, él la maltrataba pero ella no… parecía no… Sentí que cualquier cosa que hiciera en realidad empeoraría la situación. Además, se alejaron rápidamente, la verdad no supe cómo reaccionar –creo que eso es lo que diría alguien normal, porque en mi fuero interno solo pedía que no la lastimara más hasta que pudiera acabar con él, esa pobre mujer estaba condicionada al maltrato, a que se disculpara hasta la próxima vez, a que fuera encantador en el intertanto, periodos que cada vez eran más cortos, condicionada a creer que ella tenía toda la culpa de las reacciones de ese maldito bastardo.

-Bien. Luego, ¿a dónde fue?

-Volví a mi trabajo, estuve allí hasta alrededor de las nueve de la noche. Cuando salí tenía puesto un listón en el cabello, cuando llegué a casa, no. Caminé al azar, no estoy segura por qué calle pasé, estaba todo el comercio cerrado, no había gente. Solo pasaban autos, como es un barrio seguro y tranquilo simplemente disfruté del paseo. Llegué a casa, preparé una sopa, coincidí con Haruka en el balcón, increíblemente saltó hacia el mío y compartimos un rato. Eso es todo.

-¿Saltó de un balcón a otro?

-Sí, casi me mata del susto, pero parece que lo ha hecho siempre.

-Bueno, no es algo muy común, pero tampoco algo tan raro. Muy bien, eso es todo. Nos alegramos de que Katsuo-kun no tuviera que lamentar una pérdida –se pone de pie- Se descompuso cuando vio el listón y se acercó a comprobar que fuera el suyo.

-Lo lamento mucho, no sé en qué momento se cayó, no me preocupé porque no era algo tan relevante, menos como para avisar a Katsuo-kun

-No, no era importante. De todas maneras puede que le llamemos nuevamente, si surgen detalles, o usted puede venir si recuerda algo que haya visto –abre la puerta y permite que pase primero antes de cerrarla- Muchas gracias por su tiempo –se aleja, a ver el video sin duda y confirmar los detalles de lo que le dije.

Haruka sale de otra puerta, galante con la mujer de traje, se despide y se dirige hacia mí, y nos encaminamos a la puerta.

-Dime una cosa, ¿tienes que volver al trabajo esta tarde? –me pregunta con un brillo travieso en los ojos.

-No en realidad, Setsuna-san casi me empuja por la puerta, y por un minuto me la imaginé dando instrucciones a seguridad para que no me dejen entrar.

-Eso sería algo extremo en cualquier caso… habla de alguien exgremadamente rígida y que no se divierte nunca.

-Claro que me divierto. Me gusta ver películas, series. Pero no esas cosas rosa que ven laqs mujeres en general, prefiero otro género, como Game of Thrones, o Vikings.

-¿Te gusta la sangre? –me mira con una expresión divertida- Bueno, al menos te saca de la rutina. Ya que tenemos toda la tarde libre… se me ocurre hacer algo. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo ilegal? Diversión pura, travesuras.

Antes que me de cuenta ya he dado un respingo que hace que se ría.

-Tranquila, estaremos bien… -me toma del brazo y me arrastra- solo tendremos que pasar primero por mi auto.

-Ok… Pero no puedo imaginar qué cosas ilegales podemos hacer sin meternos en líos -digo algo dudosa aún, pero de todas maneras quiero saber de qué se trata esa ilegalidad.

Hacemos el camino de vuelta hacia el trabajo de Haruka y por un segundo, antes de entrar, en el reflejo de las puertas de vidrio me parece ver un sombrero blanco. Me giro, pero ya no hay nada.


Hola a mis seguidoras, o seguidor, si es que hay alguno. Después de un largo tiempo ausente estoy de vuelta en las letras de este sitio web, y espero seguir con esta historia. Por un tiempo me dediqué a fortalecer relaciones personales y bueno, eso es importante en mi vida también.

Hay un momento en que hablan de la traición y de seguir adelante, es una cita parafraseada y es de Clarice Lispector: "¿Sabe por qué el silencio golpea? Porque esconde palabras que nos gustaría que fueran dichas. ¿Sabes por qué la traición duele tanto? Porque nunca viene de los enemigos y si de las persinas que más amamos en la vida. ¿Sabe por qué no existe medio de volver en el tiempo? Porque si existiese, nunca aprenderíamos a seguir adelante".

Gracias a todas aquellas (o aquel) que me enviaron reviews, comentarios e incluso me preguntaron qué había sido de mi persona estos meses, estoy de vuelta!