Viernes, fin del Ciclo vicioso del fin de semana.

Espero que haya tenido una hermosa semana, gente. Yo estoy muy feliz porque hoy salio una nueva canción de Coldplay, ¡y demás está decir que la ame!

En fin, ¡gracias por sus lindos comentarios! Les comento que con este capítulo quizás lloren algunas lágrimas ^^

PD: El mundo de Naruto no me pertenece, es obra y gracia de Masashi Kishimoto.

Disfruten.


7- Ni correcto ni incorrecto, lo que se siente.

El reloj de la sala sonó anunciando otra hora exacta. Levantó sus ojos verdes de aquella novela romántica que leía y vio que marcaba las 22:00hs en punto.

Miró por el rabillo del ojo a cierto peligris que sentado a su lado devoraba párrafos y párrafos de ese Icha Icha que seguramente se sabía de memoria de principio a fin, con detalles y todo.

Hacía prácticamente hora y media que Kakashi había llegado. Cenaron tranquilamente, con alguna que otra charla sobre la aburrida misión del shinobi. Y luego de bañarse se había apoltronado en ese lado del sillón a leer su querido libro pervertido.

Inspiró sosteniendo por algunos momentos el aire en sus pulmones, y exhaló lentamente tratando de no mostrar su gran ansiedad y nerviosismo. Era ahora o nunca.

Cerró la novela que con tan poco interés leía, por el mero hecho que a la protagonista le iba mejor como sirvienta de su amor platónico que a ella con ese exasperante peligris, lo cual era en cierto modo frustrante pero no tanto como triste.

Giró suavemente sobre el mullido sillón, y plantó su verde y firme mirada sobre su ex maestro esperando a que él se dignara a bajar el libro y prestarle atención.

El peligris sintió aquellos pozos, que por alguna razón lo miraban seriamente, clavados en su persona a la espera de que le devolvieran la mirada.

Dejó a un lado su preciado Icha Icha y miró con esa típica tranquilidad que lo caracterizaba a la mujer a su lado, encontrándose con sus inquisidores ojos verdes.

-Ummm…- lo escuchó musitar la pelirosa. -¿Pasa algo?- le preguntó con calma.

Entonces sintió en su estómago un cosquilleo de intranquilidad… estaba por perder a la persona que ama, al hombre que era el padre de su bebé, a quien más necesitaba…

Pero si amaba tanto a Kakashi como sentía, aunque el corazón se le rompiera en mil pedazos y su alma entera se desgarrara de tristeza, tenía que dejarlo libre para que fuera feliz con la mujer que él amaba.

-¿Puedo… preguntarte algo?- la voz le tembló al preguntar.

El peligris simplemente asintió con la cabeza, aunque podía sentir el aire tenso que poco a poco los rodeaba… y que no avecinaba nada bueno.

-Aquella noche cuando te pedí que fueras el padre de mi bebé… dijiste que la mujer que amabas nunca iba a corresponderte…- recordó en voz baja la pelirosa.

-Ummm… sí…- contestó él, curioso por lo que su ex alumna diría.

La vio morderse el labio inferior, señal de que se estaba conteniendo, y ya no tenía ninguna duda de que esa charla no llevaría a nada bueno.

-Desde esa noche… siempre me pregunté quién es ella…- musitó con un dejo de tristeza. -¿Podrías decirme… de quién estás enamorado, Kakashi?- le preguntó, mirándolo.

El peligris creyó que el mundo se le venía abajo con esa pregunta, que su corazón había dejado de latir, y que ahora se terminaría esa inmensa felicidad que tenía junto a Sakura…

… Pero al ver aquellos pozos verdes tan opacos, sin ese hechizante brillo natural y con las lágrimas amenazando con salir en cualquier momento, sintió que su corazón volvía a latir.

¿Acaso Sakura estaba triste porque él no era correspondido? ¿O tenía miedo de que algún día él se fuera con la mujer que amaba y la dejara sola? Aquel par conteniéndose por no llorar le decía que era por lo segundo…

-¿Por qué preguntas? ¿Estás triste porque tu viejo sensei no sea correspondido?- preguntó con algo de diversión.

Pero cuando las rosadas cejas de la muchacha se fruncieron molestas en un gesto que desaprobaba su tono y su pregunta, tuvo su confirmación…

… ¡Ah! Por eso le había dicho la noche pasada que quería que siempre estuviera con ella. Por eso había llorado con tanta tristeza.

-No es eso…- musitó ella notablemente molesta. –Quiero saber quién es ella… para ayudarte…- le contó.

-¿Ayudarme con qué?- devolvió él sin entender.

-¡A ser feliz! ¡¿A qué más?- exclamó Sakura, cansada de la indiferencia de su ex maestro.

Kakashi la miró en silencio por largos e interminables segundos, con su ojo negro tan vago y tranquilo como si no le hubiera dicho nada importante. ¡Kami! ¡Era tan exasperante!

-Yo soy feliz, Sakura…- escuchó su suave tono de voz en esas dulces palabras. -… Creo que no podría ser más feliz…- comentó él sinceramente.

Sus ojos verdes se abrieron ligeramente, sorprendidos por escucharlo decir algo completamente diferente de lo que esperaba. Y su corazón latió esperanzado, con la ilusión de todavía poder ser ella esa mujer que él amaba.

-P-pero… podrías ser más feliz… a su lado…- musitó con la voz entre cortada por la emoción, pero no quería hacerse muchas ilusiones.

-¿Más feliz?- repitió algo asombrado el Hatake. –Ummm… nunca fui codicioso…- comentó sin mucha importancia.

La pelirosa apretó sus dientes después de aquellas palabras. Completamente molesta e indignada. ¡¿Cómo que no quería ser más feliz? ¡¿Acaso no veía que estaba sufriendo por tratar de ayudarlo?

-¿No queres ser feliz al lado de la mujer que amas?- le preguntó mientras bajaba la mirada. –No te entiendo, Kakashi…- susurró aguantando sus ganas de llorar, apretando sus ojos.

"¡Soy tan estúpida! ¡Sabía que no iba a poder contenerme!" gritó molesta con ella misma. "Y ahora él va a saber mis sentimientos… y seguramente me va a dejar…" pensó, mientras unas rebeldes lágrimas se escapaban de sus ojos cerrados.

"Lo arruiné todo…"se dijo sintiendo las lágrimas resbalar libremente por sus mejillas. "¡Soy tan idiota!" apretó fuertemente sus puños, con angustia y dolor.

Pero entonces, una gran y suave mano tomó delicadamente su mentón, encontrándose con el tranquilo rostro masculino que la miraba con calma.

-Ummm… creo que sí puedo ser más feliz después de todo…- le contó en voz baja el jounin, y ella sintió como su pobre corazón se oprimía dolorosamente.

Aquella suave mano que reposaba en su mentón bajo hasta posarse delicadamente sobre su vientre, acariciándolo con calidez.

-Cuando nazca nuestro hijo, voy a ser más feliz que nunca…- musitó suavemente Kakashi, mirándola a los ojos con seguridad y calma.

Sus ojos verdes se abrieron incrédulos, y las lágrimas de alegría cayeron de sus ojos como dos mares tranquilos. El emocionado palpitar de su corazón retumbaba fuertemente en sus oídos, y no pudo contenerse a sonreír aliviada.

-Kakashi…- murmuró contra el níveo cuello masculino, abrazándolo fuertemente.

El peligris le correspondió cerrando sus fuertes brazos alrededor de ella, acunándola tiernamente en esa reconfortante calidez que tenía su cuerpo.

-Pensé que no querías que te dejara…- murmuró el shinobi cerca de su oído, estremeciéndola.

Se separó un poco de él, sólo un poco para mirar aquel vago ojo negro que la miraba profundamente… ¿cómo sabía cuál era su intención? ¿Tan obvia podía ser?

Quizás, quizás sí era demasiado obvia. Pero no era justamente por eso que el peligris sabía lo que planeaba… jamás tendría que olvidarse que estaba enamorada de un maldito genio.

-No quiero que me dejes… que nos dejes…- musitó bajando la mirada hasta su vientre.

-Ahora podes estar segura, ¿verdad?- le preguntó él con tranquilidad, acariciando lentamente una de sus mejillas.

Su verde mirada se topó una vez más con la vaga y profunda de su ex maestro, sintiendo su rostro arder en el más apenado de los rojos.

-C-creo que no es lo correcto…- musitó con vergüenza, pero decidida.

-¿Y quién dijo qué es lo correcto y lo incorrecto?- preguntó cansado el Hatake.

–Voy a ser padre, tengo una hermosa y gritona mujer que me espera en casa todos los días, soy algo joven y mi trabajo no es tan malo…- contó tranquilo.

–Soy uno de los pocos hombres que pueden decir que son felices. Entonces, Sakura, ¿qué es lo que no es correcto?- le preguntó con curiosidad, mirándola a los ojos.

La pelirosa parpadeó aturdida y sorprendida… ¿había escuchado mal o él le había dicho hermosa? Su rostro se acaloró mucho más, tanto hasta las orejas.

" 'tengo una hermosa y gritona mujer que me espera en casa todos los días' " repitió en su mente aquella frase.

-¿Gritona?- masculló con una mirada asesina, que al peligris en nada atemorizaba.

-¿Eso es todo lo que te importa de lo que dije?- cuestionó asombrado el shinobi, con diversión.

Entonces, al escucharlo, sus facciones se relajaron. ¡Cuánta razón tenía! Kakashi le había dicho algo tan, tan lindo y ella sólo se concentraba en lo trivial… sin dudas, él jamás podría enamorarse de ella.

-Perdón…- le pidió notablemente avergonzada. –P-pero si sos feliz a mi lado… e-entonces no tengo que pensar más en eso…- musitó suavemente.

-Ummm… sabía que ibas a entenderlo.- comentó con calma el Hatake, acariciando su gran vientre.

Ella simplemente sonrió apenada, posando tímidamente su mano sobre la grande del peligris… sintiendo su tacto tan suave y cálido.

Podía quedarse horas enteras así, acariciando su mano y perdida en su oscura y profunda mirada. Teniéndolo cerca, así nada más.

-Ummm… es mejor que vayamos a dormir… mañana tengo una misión.- contó con pesadez el jounin, alejando lentamente su mano de ella.

-Sí…- suspiró desganada la pelirosa, extrañando ya la tersa piel masculina.

Se puso de pie con la exagerada ayuda de su ex maestro, mirándolo cansada y recibiendo una mirada de lo más tranquila y despreocupada, como si ese acto fuera tan común para él.

-Buenas noches, Kakashi…- lo saludó dejando un tímido beso en la mejilla enmascarada del Hatake.

-Ummm… buenas noches, Sakura.- le devolvió él con tranquilidad, perdido en esos hermoso ojos verdes.

Apreció el adorable sonrojo que volvió a pintar las blancas mejillas femeninas, y francamente, quiso besarla hasta que los labios le sangraran… pero lamentablemente no podía hacerlo.

Vio como ella dio media vuelta, dirigiéndose a su antigua cuarto, pero volvió sobre sus pasos mirándolo una vez más.

-Kakashi, no me dijiste quién es esa mujer.- le dijo con tono acusador, y aquellos pozos fijos en él escrutándolo de la peor manera.

-Ummm…- musitó él, caminando unos pasos hacia ella. –Te lo digo si me das un beso.- condicionó, acercando su rostro al de la pelirosa.

Detalló con gran diversión e interés cómo el rostro de su ex alumna se teñía de un acalorado y avergonzado tono rojo carmín, y sus ojos verdes pestañaban incrédulos.

-¿Q-qué?- preguntó ella con notable nerviosismo.

-Te digo de quién estoy enamorado… si me das un beso.- repitió en voz baja, seduciéndola.

Una suave sonrisa se dibujó en sus ocultos labios al verla tan nerviosa y avergonzada, de verdad que podría besarla hasta los labios le sangraran…

-Kakashi…- murmuró ella apenas audible, respirando algo agitada.

-Ummm…- musitó él, acercándose un poco más.

Vio como Sakura se estremeció al hacer eso, cómo cerró sus ojos y cómo su respiración se volvió más irregular… era tan tentador besarla…

Se bajó la máscara lentamente, admirando cada uno de los gesto de la chica. Y se acercó aún más… viendo ese sonrojo arder nuevamente, esa respiración agitada, y esos rosados labios entre abrirse para él…

Entonces sonrió, maravillándose en silencio con esa preciosa imagen que guardaría en su memoria para verla todas las noches en sus más dulces sueños con Sakura.

Dejó un besó en la ardiente mejillas femenina, sintiendo su tacto tan caliente y suave que le encantaría poder besarla siempre. Y se alejó de ella subiéndose rápidamente la máscara.

Los ojos de su ex alumna se abrieron de golpe, mirándolo confundida. Y le pareció ver en ellos un brillo de deseo que no fue satisfecho… aunque lo más probable era que fuera idea suya.

-Ummm… dije: 'si me das un beso'- le recordó con diversión. -¿Vas a dármelo?- le preguntó levantando una ceja.

La boca de Sakura se abrió, pero de ella no salieron palabras. Estaba tan avergonzada y nerviosa que su cerebro no podía maquinar ninguna respuesta esquiva.

-¡B-buenas n-noches!- exclamó por fin, reaccionando de una vez para poder meterse en su habitación y esconderse debajo de las sábanas.

Kakashi sonrió satisfecho, molestar a Sakura era tan divertido… además de poder ver esas adorables expresiones en su hermoso rostro.

Se sacó el protector y se recostó sobre el mullido sillón, mientras lentamente el cansancio del día iba adormeciendo poco a poco su mente.

-¡Kakashi-baka! ¡Tendrías que haberla besado!- le recriminó Obito en el viento nocturno.

Oh, sí. Por supuesto que tenía que haberla besado. Tenía que haberla besado y decirle que la amaba más que a su propia vida… aunque estaba seguro que eso marcaría el fin de la 'relación' que tenía con la pelirosa.

-Sos tan baka… ¡si no lo intentas nunca vas a saber!- lo animó su mejor amigo.

Quizás era verdad… tendría que decirle a Sakura que la amaba, y quién sabe, quizás ella también lo amaba a él.

Después de todo, ella no le era indiferente ni en lo más mínimo. Ni a sus besos, ni a sus abrazos, ni a sus ridículos cuidados… además, ella había llorado por él y le había rogado que no la dejara.

Suspiró suavemente antes de caer completamente en las tranquilas redes de Morfeo… quizás, y sólo quizás podría decírselo.

Aunque ninguna bella palabra se comparaba con las dulces acciones que soñaba para demostrarle cuánto la amaba.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Releyó el párrafo de aquella vieja novela por octava vez consecutiva, tratando de retenerlo en su memoria y entender lo que estaba pasando en la trama… ¿pero quién podía concentrarse en algo cuando cierta persona se encontraba en una misión y siendo las 12:30hs de la noche todavía no había vuelto?

Quizás alguien a quien no le importara, pero lo que sentía por Kakashi era tan fuerte que no podía soportar la idea de que él no haya vuelto aún de una misión tan simple como la que le había contado antes de partir.

Cerró el libro lentamente dejándolo sobre la mesa de la sala, mientras miraba por la nítida ventana como la lluvia caía violentamente azotando a la aldea sin darle esperanzas de que fuera a mermar.

Un trueno acompañó el inquietante sonido de la lluvia, acelerando su pobre corazón que preocupado y asustado le rogaba al cielo que su exasperante ex maestro volviera y la abrazara para calmarla.

Suspiró intranquila, acomodándose mejor en el negro sillón de la sala. Tenía que pensar en otra cosa, seguramente tanto Kakashi como Naruto y Shikamaru estaban bien y en camino de regreso a Konoha…

… Aunque ser positiva nunca fue uno de sus fuertes, y menos en un momento de preocupación, miedo y desesperación como ese.

-Sakura, tenes que ser positiva.- el recuerdo de la dulce voz de Hinata diciéndole eso mismo golpeó su memoria, reviviendo la charla de esa tarde…

Ella resopló dudosa. –No creo que siendo positiva Kakashi pueda amarme…- sostuvo con tristeza, mirando el verde té humeante delante de ella.

Su amiga le regaló una sonrisa, de esas tan características de la Hyuga que dan calidad y tranquilidad. –Yo pensaba lo mismo con Naruto, y mira ahora…- comentó divertida, tocando su gran vientre.

A veces se preguntaba cómo hacía Hinata para soportar a dos bebés dentro de ella… y a uno fuera que le pedía ramen hasta para desayunar.

-Pero es distinto… ustedes tienen la misma edad…- musitó con desanimo, para luego probar el té que reposaba sobra la delicada mesa de café de la sala.

-La edad no tienen nada que ver, Sakura.- dijo convencida la peliazul. –Ni los clanes, ni las naciones, ni el estatus, ni nada.- enfatizó mirándola fijamente.

Los perlados ojos de Hinata tan llenos de confianza y seguridad la cohibían, ¿cuándo fue que aquella pequeña niña tímida se volvió una mujer tan fuerte y decidida?

-No puedo decírselo, Hinata…- murmuró rendida. –N-no podría soportar su rechazo…- la voz se le llenó de dolor ante la sola idea.

Las blancas y suaves manos de Hinata tomaron las suyas, en un gesto para tranquilizarla y apoyarla.

-¿Por qué estás tan segura de que te va a rechazar? ¿No pensaste que tal vez… él te ama?- le preguntó con su innata dulzura la Hyuga.

Ella negó suavemente con la cabeza, sintiendo sus ojos llenarse de tristes lágrimas.

-No… es imposible…- murmuró con un nudo en su garganta, con su corazón rompiéndose en mil pedazos.

- ¿C-cómo puedo pretender gustarle a alguien como él? S-si siempre fui… una mancha rosada a la cual tenía que proteger…- contó con tristeza, con las lágrimas resbalando lentamente por sus mejillas.

-N-no tengo n-nada que merezca su atención… su interés… ni su cariño…- musitó apretando los puños con dolor.

-M-mí bebé… ni siquiera es su hijo, y apenas puedo hacerlo feliz… no entiendo qué hace a mi lado…- sollozó apretando sus dientes tratando de contener su llanto desgarrador.

-N-no tengo nada para ofrecerle, Hinata, ¡nada!...- contó cerrando sus ojos cansados de tanto llorar, imaginando en aquella oscuridad el suave retrato de Kakashi mirándola profundamente.

-S-sólo… sólo tengo mi amor. Mi estúpido amor q-que… que para él debe ser… e-el simple cariño de una ex alumna…- musitó con dolor y tristeza, llorando sin poder detener su amargo mar de lágrimas.

Las manos de Hinata apretaron con algo de fuerza las suyas. –Sakura, ¿nunca pensaste por qué Kakashi aceptó ser el padre de tu bebé?- le preguntó suavemente.

Aquella pregunta pinchó su cansada mente, despertándola sorprendida. No… nunca jamás se preguntó por qué… sólo tenía las palabras que él le había dicho aquella noche.

Abrió lentamente sus ojos verdes, ahora rojos por tanto llanto, y negó lentamente con la cabeza.

Entonces Hinata sonrió con ternura. –No cualquiera acepta una responsabilidad tan grande, Sakura.- le contó. –Ni siquiera el hombre que se muere por ser padre…-

-¿Nunca pensaste que quizás él siente algo más que cariño por vos? ¿No lo sentís cuando te abraza?- cuestionó con curiosidad. -¿O cuando se besaron?...- musitó mirándola con calma.

Sus ojos verdes se abrieron aturdidos… sí… s-sentía cómo él la abraza fuertemente, como si no la quisiera dejar ir. O cuando sus labios correspondieron su beso de forma dulce y deseosa…

Sus palabras sinceras, el tono seguro de su tranquila voz, sus exagerados cuidados, su preocupación cuando no podía dormir de noche, cuando decía 'nuestro' hijo con un tierno brillo en su vago ojo negro, las veces que durmió con ella abrazado a su cintura, su forma divertida de pedirle que lo besara, aquella seriedad y calidez con la que dijo que lo hacía feliz...

-¿Lo entendiste?- le preguntó Hinata con una dulce sonrisa, mirándola a los ojos.

El fuerte y enojado sonido de un trueno caer en esa furiosa tormenta la sacó de sus recuerdos, dejándola con la última pregunta que su amiga la había hecho.

¿Lo entendía? Sí, ahora lo entendía. Pero… ¿pero podía suponer que eso era amor? Su loco corazón palpitando emocionado le decía que sí. Mientras que su mente no estaba tan segura. ¿A quién debía escuchar? ¿Su razón o sus sentimientos?

El trueno una vez más irrumpía en el tranquilo silencio de sus pensamientos, estremeciéndola de un susto. La luz se fue al instante, y lo poco que veía era gracias al refusilo de los relámpagos afuera.

Atientas y lentamente llegó a la cocina buscando algunas velas para iluminar tenuemente la sala, sintiendo aún más miedo al estar a oscuras y ver que eran las 1:00hs de la madrugada y él todavía no había vuelto.

Se apoyó contra la mesada, divisando la fuerte lluvia caer afuera cada vez con más énfasis, sin intención de detenerse para darle un respiro. Los relámpagos a lo lejos se mezclaban con las negras nubes de tormenta. Y los truenos caían resonando violentamente en todos lados.

Juntó sus manos a la altura del pecho, y le rogó una vez más al cielo que su exasperante peligris apareciera. Cerró sus ojos y murmuró su nombre con preocupación y miedo, desesperada por verlo.

Y entonces, sintió el frío y húmedo viento de la noche envolverla de golpe. Abrió sus ojos de un sopetón, encontrándose con el shinobi caminando hacia ella luego de cerrar la puerta completamente empapado.

-Sakura… ¿qué haces despierta?- le preguntó cansado, mientras se sacaba el pesado chaleco verde.

Pero ella no podía decir nada. Estaba completamente sorprendida. Le había pedido a Kami que lo trajera, y ahí estaba él... era… era… ¿era una ilusión?

Sin contenerse, cerró sus temblorosos brazos alrededor del gran pecho masculino. Y sintió su tenue calor, ahora opacado por el frío de la tormenta. Pero debajo de aquella mojada camiseta azul, estaba el fuerte cuerpo del peligris… era él. ¡Era él!

-K-Kakashi…- sollozó hundiendo su rostro lleno de lágrimas de alivio en el cuello del jounin.

-Sakura… te vas a enfermar… no es bueno para el bebé…- dijo él acariciando su pequeña espalda, tratando de no empaparla.

Pero a ella no le importaba. Quería sentirlo y cerciorarse una y otra vez que era él, que estaba bien. Fortaleció su agarre y negó suavemente con la cabeza. ¿Qué importaba mojarse si se sentía tan tranquila y en paz?

-Sakura…- la llamó con tono serio, tratando de alejarla delicadamente por los hombros.

-¿No entendes, Kakashi?- musitó cerca de su oído. –Haces que me preocupe y que casi me muera del susto, ¿y pretendes que te suelte después de haber estado con el corazón en la boca todo el día?- contó en cierto tono de reproche.

El vago y negó ojo del peligris se abrió sorprendido de escuchar tales palabras. ¿Tan preocupada y angustiada había estado como para no querer soltarlo? Definitivamente Sakura no tenía idea de lo que provocaba en él.

Rendido ante tan dulce momento, cerró sus brazos alrededor del pequeño cuerpo femenino. Sintió como ella se estremecía, no sabía si por el frío o por él, y la estrechó contra su cuerpo con necesidad… cuánto la había extrañado.

-K-Kakashi…- lo llamó ella en voz baja, levantando la cabeza.

-Ummm…- musitó él simplemente, deleitándose con el dulce perfume frutal de su ex alumna.

Sakura se alejó un poco de él, para poder verlo. Su vago ojo negro la miraba con esa profundidad y esa calma que le encantaba. Sus hebras plateadas caían sobre su rostro, con pequeñas gotas deslizándose burlonas sobre él…

… Y aquella máscara empapada en agua, pegada a sus facciones de ensueño, marcaba cada parte del tranquilo rostro masculino.

Sus manos temblorosas subieron hasta posarse sobre el principio de la tela, y con algo de timidez la deslizó hasta descubrir la blanca piel que ocultaba.

La única vela que había quedado intacta después de aquella repentina ráfaga de viento iluminaba tenuemente el atractivo rostro del peligris… dándole la imagen más seductora y tentadora de ese hombre.

Jamás se cansaría de decir, de pensar, que él era terriblemente lindo… y en ese momento estaba encantadoramente sexy.

Acercó sus labios a los finos de Kakashi, sintiendo sus cálidos alientos mezclarse. Él se acercó un poco más, rosando sus bocas impacientes. Y entonces, lo besó.

Tan lentamente y con tanta dulzura que en cualquier momento su corazón se le saldría del pecho. Con tanto amor que no sabría si podría soportar separarse de él. Y con tanta hambre de probarlos una vez más que le provocaba morderlo… pero esos labios era demasiado suaves como para maltratarlos así.

Aquellas manos en su espalda la estrecharon más contra ese delicioso pecho, y ella enredó sus manos en la nuca masculina, jugando con los húmedos cabellos plateados.

Pero de repente se separó de él, sin quererlo, pero era necesario. Kakashi la miraba con una clara expresión de no entender en todo su perfecto rostro. Con sus labios entre abiertos sin poder articular nada… ¡se veía tan lindo!

-No vuelvas a preocuparme…- le dijo en tono serio, mirándolo con un notable sonrojo en sus mejillas.

Se alejó de él sin dejarlo atinar a decir algo y con pasos apurados llegó hasta a su habitación donde se encerró. Se acomodó debajo de las cómodas sábanas y hundió su cabeza en la mullida almohada.

Una gran sonrisa surcaba su rostro… después de todo, quizás Kakashi si podía amarla.