mmm..thanks..thanks por todos los reviews visitas, etc. He actualizado hoy ya que no queria dejarlas con mucho suspenso....disfrutenn...

Los personajes pertenecen a S. Meyer..


En silencio y con cierto sentimiento desconocido, los dos caminaron con algo de renuencia por el pasillo. Pero ellos no se esperaban que a la mitad de éste, cualquier rastro de energía eléctrica desapareciera, para dar paso a una inesperada oscuridad…

Isabella se aferró al brazo de Carlisle con una fuerza descomunal y comenzó a hiperventilar. Carlisle trató de tranquilizarle pasando su mano libre por el cabello de Bella; él la veía a la perfección al igual que su expresión, por la cual parecía estar aterrada.

- calma, es solo un apagón. – le susurró - ¿le tienes mucho miedo a la oscuridad? – se sonrió sabiendo que no podía verlo en la negrura, que de vez en cuando era interrumpida por un relámpago.

- No, no eso. Es que siempre le he tenido miedo al no poder ver nada, al quedarme ciega – lo apretó más fuerte y notó que no era suave como cualquier persona; el brazo de Carlisle estaba frío y rígido –como los doctores desde que yo era niña decían cosas sobre mi visión, me asusta que pueda pasarme algún día, el quedarme ciega. Sé que es un miedo estúpido pero es inevitable.

- No es un miedo estúpido y no tienes porque pensar que te pasará algo– le dijo con tono cariñoso-tú estás muy bien de tu visión e incluso ha mejorado con eso de los colores, y es una suerte que no uses anteojos – en ese momento tremendo rayo los iluminó momentáneamente y luego vino el ensordecedor sonido – No tienes porque temer. Abre los ojos y verás los relámpagos.

- ¿Cómo es que sabes que no los tengo abiertos?

- un relámpago – mintió al respecto y la chica abrió los ojos -¿tienes velas? Porque podemos utilizar mi celular como lamparilla para buscarlas.

-si, en la cocina. Pero no me sueltes por favor, aún tengo el pánico en todo mi cuerpo. – se rió de sí misma – tiendo a exagerar.

- al menos la taquicardia ya no es un problema, si no te hubieras desmayado. – soltó una leve risotada

- No es gracioso.- se puso seria- Por favor saca tu celular, cada vez me siento más asustada.

- perdona.

Buscaron las afamadas velas con ayuda del celular (aunque Carlisle no lo necesitase) y se sentaron en la mesa, pero Bella ya no quería comer, el susto le quitó el hambre y el rubio no necesitaba alimento de ese tipo para su bienestar.

- ¿Quién es Edward? – preguntó la muchacha revolviendo la comida con el tenedor.

- mi otro hijo. Se supone que está en el universidad, en Oxford, Inglaterra y volvería en primavera pero no sé qué pasó y viene antes – tomó un poco de agua con asco.

- ¿es rubio también? – Bella se rió y Carlisle le imitó

- No. Él tiene el cabello parecido al de Esme, pero más cobrizo, de todas formas como sabrás no es mi hijo, es adoptado.

Oh – vocalizó mirando la comida con desinterés y le entró una duda pero se contuvo; el porqué haber adoptado hijos de la misma edad de ella; alguien tan joven no se echaría una carga tan pesada por simple juego, él debía tener un corazón demasiado grande para albergar a tres muchachos adoptados. – Ya no quiero comer – dijo repentinamente y se levantó para llevar el plato y una ráfaga de viento que entró por una ventana a mal cerrar, apagó las velas. Isabella dejó caer su plato súbitamente y al tratar de buscar a Carlisle en la oscuridad, resbaló con la comida y casi se pega contra la encimera, pero no lo hizo puesto que aquel vampiro no permitió que se hiciera daño al tomarla en sus brazos.

- Bella. Bella. No debiste desesperarte – le dijo con aprensión y ella estaba completamente callada y medio conmocionada – tienes que aprender a calmarte – la descargó en un lugar donde el piso seguía limpio y la ayudó a sostener allí porque estaba mareada.

- Ya salió a flote mi torpeza – comentó apretando los ojos con fuerza y agarrándose de la mano de Carlisle – lo que no entiendo es cómo te moviste tan rápido.

-tengo muy buenos reflejos – se excusó

- no me siento bien –comentó ella- guíame al mueble – mientras ella permanecía con los ojos cerrados, Carlisle la llevo de la mano al sillón más grande de la sala y la ayudó a recostar. Él se puso de cuclillas a su lado y le puso la mano fría en la frente para que sintiera mejor. El contacto tibio de la piel de Bella le provocó un cosquilleo en los labios insoportable; el rubio nunca lo vio, estaba frente a sus narices y lo quiso ignorar; la quería besar y ese deseo era insoportable para ese momento, no lo comprendía y sabía que estaba mal desear a una jovencita, pero el ser impulsivo no estaba por demás de vez en cuando.

- Bella…- repasó los suaves, rosados y carnosos labios de la chica con la punta sus dedos; ella se estremeció pero no hizo repulsa sino que soltó un suspiro placentero. Ese solo sonido le bastó para seguir aquel impulso y sin pensarlo, posó sus fríos labios sobre los de ella.

Pocas cosas han sorprendido a Bella como aquello, pero la sorpresa se veía recompensada con el deleite del sabor, movimiento y dulzura de los labios de él. Isabella no lo pensó; se sentó en el mueble pero sin despegar el placer de su boca ni dejando sus labios quietos en algún momento. Carlisle terminó arrodillado frente a ella entre las piernas de la muchacha. Bella sentía que las mejillas le ardían con fiebre incontrolable y ni hablar de su lengua que presionaba cada vez más contra la boca gélida del rubio.

Carlisle trataba de ser cuidadoso al besarla, de no dañarla con su fuerza sobrehumana, y lo estaba logrando, pero por momentos sentía que perdía la batalla. Lo que más le agradaba de ese beso, era la electricidad que pasa por su cuerpo y la sensación de calidez que ella le brindaba.

Bella se aferraba cada vez más y más a él, enterraba su mano en su dorado cabello y con la otra le acercaba más a su rostro, para controlar el beso. Ella no podía respirar, le faltaba el aire pero no quería apartarlo, era demasiado el disfrute para dejarlo por el hecho de respirar. Lo delicioso de aquello, era que sabía que estaba mal, pero lo disfrutaba por muy incorrecto que fuera; eso era lo que ella quería. Lo quería a él.

Carlisle afianzó sus manos frías en la cintura de Bella, y le subió sin querer un poco la blusa azul, haciendo tiritar a la chica y aspirar fuertemente el poco aire de la boca de Carlisle. Él se percató de ello y se separó jadeando al igual que la castaña.

- ¿qué pasó? – susurró Bella casi sin voz ni aire y él se sentó a su lado.

- no lo sé. Lo siento, perdóname. – puso la cabeza entre sus manos y sintió una pequeña punzada de arrepentimiento, pero solo por haberse dejado llevar de sus impulsos con una chica menor de edad – de verdad cuanto lo siento. – en ese momento se restableció la energía eléctrica y se vieron cara a cara. Ella no se veía nada arrepentida, tenía una hermosa sonrisa que le iluminaba las facciones, pero al ver el rostro de Carlisle, se sintió mal.

- creo que…

- yo no debería estar aquí – replicó él con pesadez.

-no digas eso. Las cosas pasan por una razón, pero lo que me preocupa es Esme. – Bella se sentía muy incómoda con la mención de la señora Cullen.

- Esme – dijo él. No deberías preocuparte por ella, pensó. – Pienso que es mejor irme.

- haz lo que creas conveniente – apostilló Isabella con seriedad. Él se fue hacia la puerta con algo de abatimiento.

- te veo luego y lo lamento…me dejé llevar.

- no te tienes que lamentar.

- lo siento. – fue lo último que dijo antes de salir por la puerta.

[…]

Esme aparcó el volvo plateado en la acera del aeropuerto; había ido hasta su casa en el taxi para tomar el auto de la cochera. No debían ser pasadas las 3 am cuando se fue hacia la zona de desembarcos internacionales.

No pasó mucho hasta que viese a su muchacho, a su Edward. No se veía muy contento ni alegre, aunque su hermoso y perfecto aspecto era casi imperturbable. Ella corrió a abrazar a su niño, que desde hacía mucho no veía.

-Hola Edward ¿Cómo estás? – le dijo abrazándolo - ¿Qué pasó? Me preocupa tu semblante.

- hola, Esme. – le correspondió el abrazo con desgano- No ha pasado algo que se deba mencionar en este momento – miró a la gente a su alrededor – luego te digo. ¿En dónde está papá?

- se quedó en casa de una amiga. – le dijo con una enorme sonrisa.

- ¿amiga? – el muchacho arqueó una de sus cejas

- sí, Edward, eso dije. – se rió – vamos a casa. Traje tu auto, tu querido volvo para que lo conduzcas. Lo aparqué afuera.

- vamos entonces.

Durante el camino a la mansión Cullen el silencio primaba; Edward prefería tratar el tema de su pequeño desliz con su padre, quien era su tutor, guía y además quien más lo comprendía. Tal vez no era su padre biológico, pero se comportaba como tal, desde que lo salvó de la muerte en aquel hospital de Chicago.

Cruzaron una que otra palabra al aire sobre cómo iba en su carrera y qué tal le iba a sus hermanos en la preparatoria, y a sus padre en el nuevo pueblo y trabajo, pero todo parecía ser de relleno y cortesía innecesaria pues en realidad Edward no buscaba aquellos datos sobre su familia, sino un consejo de su mentor.

Cuando metieron el auto a la cochera, vieron que el auto de Carlisle estaba en la cochera; buscó rastros de sus hermanos pero no estaban en casa, aun estaban cazando en los alrededores de Forks, como solían hacer cada fin de semana. Su atención se concentró en la mente caótica de su padre; sentado en la sala, mirando fijo a la chimenea.

En aquel segundo antes de que Esme saludara a su esposo con un "hola" interrogatorio, Edward no pudo contar exactamente, cuantas veces pasó por los pensamientos de Carlisle la imagen de la castaña.

- Carlisle, ¿qué pasó? – le pregunto el joven al rubio que volteó y literalmente le comunicó cada suceso de la noche anterior en una corriente de palabras, imágenes y sentimientos confusos que por poco y aturden al lector de mentes. Esme solo estaba expectante con el ceño fruncido esperando a que alguno de los dos hablara. - ¿Qué es lo que tanto de preocupa? Yo no le veo ningún problema…-Edward rompió la atmosfera del lugar - ¿es tu profesionalismo, tu ética de médico, su edad o que sea humana?

- todo eso…y ella principalmente. – comentó él con poco animo y la vampira les miraba interrogante. – Me asusta que sea tan frágil, tan tierna, delicada y…humana. Fácilmente pude…- matarla mientras la besaba tan descontroladamente, pensó el rubio que no pudo si quiera pronunciar aquello – es frágil ¿sí? Me asusta eso.

- ¿tú Carlisle? Por favor, no seas ridículo, no le podrías hacer daño a un humano.

- disculpen, pero creo que me estoy perdiendo de algo – murmuró Esme.

- no te quieres enterar, créeme – le dijo Carlisle

- no me importa que sea, sé que estás hablando de Bella.

- en realidad no le importaría – comentó Edward.

- me sentiría incomodo si se lo dijeses.

- dímelo Edward, no creo que sea tan malo.

- la besó, pero no pasó nada más – Carlisle entrecerró los ojos y en cambio Esme se veía entre alegre e incrédula.

- Miren dejemos el tema. Prefiero saber que pasó contigo Edward que te viniste desde Inglaterra sin previo aviso. – murmuró Carlisle al cambiar de posición en el mueble blanco.

- en la clase de biología, estábamos haciendo una disección y una chica se cortó con el bisturí accidentalmente y no pude soportarlo – sus ojos dorados se oscurecieron con el recuerdo del olor de la sangre humana – tuve que salirme sin dar explicaciones, pero luego veo que la chica se va al mismo lugar que yo y…por poco le salto al cuello. – suspiró extenuado y se tomó el puente de las nariz con el pulgar.

- pero Edward, me enorgullezco de que lo hayas soportado y no le hayas hecho nada a la chica. – le dijo Carlisle

- peor estuve a punto de hacerlo, por suerte nadie lo notó o sospechó, pero no quiero volver y ver a esa chica.

- cariño, no te aflijas – le abrazó Esme- está en nuestra naturaleza, no hay de qué avergonzarse ni sentirse mal. Recuerdo cuando yo apenas empezaba me costó mucho pero luego lo superé y ahora soy enfermera.

- lo sé, mamá. Pero es que me siento mal.

- Edward, sino quieres regresar nadie te va a obligar. A fin de cuentas tienes tantas carreras en tu haber, que no terminar una más, no te hará mella. – concluyó el patriarca Cullen semi inmerso en sus propias preocupaciones.

- gracias, papá. – el joven se pasó la mano por el cabello – me quedaré aquí con ustedes, no tengo a donde ir.

- por supuesto, hijo!! – Esme estaba muy emocionada – hace tiempos que no te tengo en casa, pero lo que si es que vas a estar un poco solo. Ya que tus hermanos están en la preparatoria y nosotros trabajamos.

- puedo entrar a la secundaria?

- no lo sé. Bella sabe que estabas en la universidad. – intervino Carlisle – pero podemos inventar algo. Lo que sea. Ella al parecer no se fija en detalles. – no me preguntó en ningún momento por la temperatura de mi cuerpo, le hizo saber a Edward.

- mañana sería muy pronto para ir a la preparatoria? No quiero quedarme en casa sin nada que hacer…- habló el chico.

- no creo, yo arreglo con el director por teléfono hoy, aunque es domingo. Pero yo soy infalible con eso de convencer a las personas – dijo Esme mientras se sentaba junto a Carlisle y le tocaba su rubio cabello con cariño.

- como si no lo supiera – en el rostro de Edward se extendió una brillante sonrisa torcida que podría iluminar una habitación. – yo voy por mi equipaje..yo..

- ve, hijo – replicó Carlisle y el muchacho se esfumó.

- ¿Por qué me… querías ocultar lo de Bella? – espetó Esme con renuencia.

- me siento incomodo con que lo sepas. No sé. Tal vez sea por el hecho de que aun eres mi esposa legal y es raro…que te hable de esto.

- es normal. Yo siempre he pensado que encontrarías a alguien más y no sabía si estaría cómoda con la idea, pero creo que no es tan ….molesto como pensé que iba a ser – le dijo Esme posando su rostro contra el hombro del doctor.

- definitivamente esto no es normal – musitó mas para él que para la vampiresa – en estos momentos estoy muy confundido y no sé cómo se pueda sentir Bella, eso me preocupa.

- luego tendrás que hablarle.

- lo sé, lo sé. Pero por ahora quiero ir de caza, me quiero concentrar en otra cosa. No tengo mucha sed pero tú sí.

Ella lo tomó de gancho obligándolo a levantarse del mueble con ella – si, vamos. Creo que una pequeña competencia y un poco de sangre te aclararán la mente – le sonrió con profunda sinceridad. Esme estaba feliz de que Carlisle hubiese encontrado a alguien que parecía valer la pena, aunque ocultaba muy bien la pequeña cantidad de celos que sentía en ese momento; en definitiva no lo superaba aún por mucho tiempo que pasara, pero debía hacerlo si quería que su Carlisle fuera feliz.


y..que piensan?. me dicen please, please?? es que no sé si esperaban algo más y de pronto se decepcionaron .. :(

opiniones,criticas y cualquier tipo de comentarios son bienvenidos por mi..les agradezo el leer el fic..

saludos :D