Es muy bonito cuando ves un amor genuino entre dos personas. ¿Alguna vez no has sonreído viendo como una pareja se da arrumacos en el parque? ¿O cuando se echan miradas cargadas de sentimiento velado para el resto del mundo? El señor Darcy y Elizabeth Bennet al final de Orgullo y Prejuicio, con esa impresionante puesta de sol emergiendo del orizonte, justo entre sus cabezas. Nunca llegan a besarse, pero no hace falta para que la escena sea preciosa. La calidez de los primeros rayos de sol de la mañana, la sonrisa silenciosa de un amor inimaginable... Ese tipo de películas me hacen suspirar y fantasear con un romance similar.
Hoy presencié algo similar entre mis dos queridos amigos. Habíamos decidido ir al centro a comprar cosas. Yo y Kari pasamos la mayor parte del tiempo en la tienda de ropas y T.K y Davis a la de videojuegos. Debo decir que más bien tuve que arrastrar a Kari, porque la chica no es muy admiradora de la moda. Normal, si todo le queda bien, debe de estar aburrida. En fin, que durante ese tiempo hablamos de chicos. Naturalmente, le conté que mi afecto hacia Ken Ichijouji y ella se rió cuando le conté los sueños que he tenido con él -lo cierto es que así de primeras son un poco ridículos, pero en mi imaginación son mucho más mágicos-, Cuando llegó su turno para sincerarse, estuvo muy evasiva y tuve que insistir hasta que admitió que le gustaba alguien, pero conseguí que me dijera el nombre.
Fue frustrante -en parte soy bastante cotilla, no puedo evitarlo al estar todo el día con alguien tan poco fascinante como Davis-, pero no tardé en averiguar quién era el afortunado. Pasamos por una tienda de discos y, mientras yo cogía el disco pop del momento, fue el listillo de T.K a colocarle a Kari uno de esos grandes y horribles auriculares que ponen en este tipo de tiendas. Quitando el detalle de los cascos, la escena no podía ser más preciosa. El rubio se ruborizó un poco, quizás de haber tocado sin querer a Kari o simplemente por haber tenido ese acercamiento con ella. Tal y como lo cuento no parece nada especial, pero había algo electrizante en su forma de mirarse.
Era la misma mirada que se habían echado Elizabeth y Darcy en la película. Era el inequivocable síntoma del primer amor.
Me sentí muy conmovida de ellos, y me dije a mi misma que los vería juntos. No era un amor del que sientes celos, sino uno del que te alimentas. El mismo que sienten las locas que escriben fanfics y el mismo que siente el hada madrina de cenicienta. De repente me sentía capaz de ponerme a cantar como en las películas Disney.
Por favor, querido lector, no quiero que pienses que soy cursi, simplemente rezumo sensibilidad femenina.
Lamentablemente, había alguien que no podía comprender también como yo que había cosas que no debían mancillarse. Davis había decidido que tenía posibilidades con Kari y trataba de llamar su atención. Si ya de por sí era difícil que Kari y T.K declarasen su amor (era un poco frustrante ver, por ejemplo, como apartaban las manos cuando estaban a punto de tocarse), con Davis de por medio queriendo que Kari le riera las gracietas cual niño de cinco años el asunto se volvía especialmente grave.
Tenía que actuar para impedir aquella injusticia. Acorralé a Davis en un callejón un día que nadie podía vernos, lo agarré por los hombros con sorprendente fuerza y le interrogué con frialdad:
-¿Qué te pasa últimamente?
-¡Pero qué haces, tonta? -replicó cogiendo mis brazos y apartándolo. Eso no me gustó, aunque supongo que tampoco debió gustarle a él que lo cogiera de esa manera. A veces me paso un poco con Davis.
-¿Es que no has visto que están enamoradísimos? -Inquirí con gravedad.
-Yo también lo estoy -respondió el chico, indiferente como una roca.
-¿En serio? -Pregunté, entristecida.
Davis esperó un momento antes de hablar, como si meditara las palabras. Me sorprendí: nunca lo había visto pensar antes de hablar.
-Es la chica más guay que conozco -comenzó su gran discurso-. No es una pija y una estúpida como casi todas las demás, ni tiene miedo de hablarme. Creo que la quiero -y ahí acabó el gran discurso.
-Vale, gracias por decirnos pijas -contesté un poco indignada-. Pero... oye, Davis -dulcifiqué el tono tanto como me era posible con él-, ¿y no puede ser que simplemente la aprecies como persona?
Resopló varias veces, caminando de un lado a otro del callejón. No cabía en mi asombro; este chico tenía la capacidad humana de cavilar. Casi podía ver como los pensamientos pasaban por su cabeza como palomas descontroladas que acaban estrellándose en un árbol.
Entonces llegaron Keiko, Juro y los otros. Yoko me susurró un tímido "hola", pero yo no le contesté nada en absoluto. Lucía totalmente desmejorada, cada vez más pachanguera y vulgar, con aros en las orejas, mini-minifalda y botas de pelo de oso polar o algo así. ¿En serio, cómo estas botas pueden tener tanta popularidad? Yo me apené un poco por ello; mi amiga estaba reteniendo la mierda que tenía alrededor. De hecho, había una que tenía un bolso de estampado de leopardo y una chaqueta de leopardo.¡El horror!
Nos fuimos rápidamente, porque habían empezado a decir cosas humillantes de nosotros. Davis, como de costumbre, se le veía más afectado que yo. Creo que tras el incidente con el pájaro he madurado más rápido que él.
-Es solo que no quiero perderla -explicó Davis, rompiendo el silencio tras varios minutos.
-Pero si no estás enamorado, ¿no crees que es algo egoísta? -Repliqué. Ya no lo amenazaba, pues había sopesado la pequeña posibilidad de que Davis sintiera realmente algo por Kari, y sé lo que se siente cuando uno está enamorado. Y si Davis ya es cabezota cuando no lo está, imagínate cuando lo esté.
Decidí seguirle el juego por unos momentos, con la esperanza de que se diera cuenta de su tontería.
-¿Y cómo piensas seducirla?
Como respuesta, me llevó a su habitación. No pienses mal, querido lector... Lo que estás pensando jamás ocurrirá. Su habitación estaba tan desordenada como de costumbre, pero algo me llamó la atención entre todo el desastre. Kari me dedicaba una luminosa sonrisa desde un dibujo tirado en el suelo, justo debajo de la mesa del escritorio. Me acerqué a él y lo cogí. Me sorprendí de lo detallado y bonito que era. Estaba dibujado y coloreado a lápices. Los trazos eran muy delicados y el color obtenido para el pelo y la piel eran muy realistas. Pero lo que más captaba la atención por la dedicación que se había puesto eran los ojos, enormemente expresivos y luminosos.
-Ah, lo has encontrado -advirtió Davis con una sonrisa, aunque ligeramente avergonzado.
-¿Tú has hecho esto? -el chico asintió con orgullo, llevándose las manos a los bolsillos en un gesto chulesco-. No puede ser.
-Me gusta dibujar, no estoy especializado en personas pero ella lo merece.
Sacó de un armario otros dibujos que había hecho. Ninguno era tan interesante como el de Kari. Básicamente eran monstruos asquerosos luchando contra más monstruos todavía más asquerosos. Babosas con cuernos, dragones berrugosos, zombies con metralletas... Todo demasiado masculino para mi gusto. A pesar de eso, tenía que admitir que estaban muy trabajados y nunca esperé que Davis pudiera tener un hobby tan sano.
-Empecé a los cuatro años a dibujar -explicó mientras me enseñaba un dibujo de una berenjena chillona con tentáculos o algo así de la que estaba particularmente satisfecho-. Un día mi padre me compró un equipo de dibujo, me interesé y desde entonces dibujo y pinto de vez en cuando, cuando estoy aburrido.
-Pensaba que te dedicabas a otras cosas menos... civilizadas.
-Pues ya ves que tengo más encantos de los que pensabas. ¿Crees que soy un buen partido para Kari?
-Davis, no lo sé -suspiré-. Ella quiere mucho a T.K, lo he notado. Este dibujo... -susurró al detenerse en uno tras pasar lo que parecía ser un ejército de albóndigas demoníacas. No había ningún monstruo allí, solo cuatro personas sentadas en una mesa. Reconoció a Jun, charlando animadamente por el móvil, a Davis, que atacaba un plato de fideos... Y a dos personas, que símplemente los miraban y sonreían, ajenos y participativos al mismo tiempo. Los padres de Davis.
Davis me arrebató rápidamente el dibujo de las manos.
-Para uno interesante que había encontrado -me quejé.
-Es el típico dibujo que hace todo niño -dijo.
Aunque a mi me pareció que el dibujo no lo había hecho un niño. Pero me callé por prudencia. Uno de esos extraños momentos en los que controlo mi lengua.
-Te puedo hacer uno si quieres. -propuso frotándose las manos antes de coger un lápiz-. No tardaré mucho.
-¿En serio quieres dibujarme?
-Por qué no. Será divertido -y una extraña sonrisa se dibujó en su rostro.
Yo lo contemplé mientras dibujaba. Como fruncía el ceño y se mordía el labio, concentrado, trazando con precisión. Era una persona totalmente diferente de la que había hace unos minutos. Puede sonar superficial, especialmente viniendo de alguien que ha estado con este zopenco desde hace años, pero siempre que pienso en Davis me imagino a un chico escandaloso, irracional, chulo, futbolista y superficial. Así que cuando aflora el Davis artístico y ligeramente sensible me siento algo confundida.
Supongo que no debería sorprenderme tanto. A mi me gusta cocinar, escribir y el cine, y a él dibujar. La gente necesita un hobby, un medio por el cual expresar sus emociones, y hasta el más descerebrado del planeta tiene sentimientos.
-Ya está -dijo cuando terminó. Me lo pasó-. ¿Qué opinas? -Preguntó entre risas.
Como era previsible, había dibujado una caricatura de mi. Con los dientes alargados como una liebre, las gafas de culo de vaso, dos corazones en lugar de ojos -como si estuviera todo el día en modo fangirl locaza, por favor- y una nariz larga y horrible.
Yo simplemente hice un gesto de negación. No hace falta que diga que me pongo muy susceptiva cuando se meten con mi aspecto personal.
-Si esto te hace feliz...
-No te pongas así, si es clavadita a ti -el idiota metió el dedo en la yaga de nuevo.
-Sabes, no vas a ser novia de Kari, ella no te quiere -cambié de tema, y me alegré de ver como su sonrisa estúpida desaparecía-. Necesitarás algo más para conquistarla.
-¿Cómo qué? -Inquirió él, desafiante.
-No ser tan rematadamente idiota.
-¿Todo esto es por la caricatura? -Rió, poniéndose en pie, desafiante.
-No, no, si me encanta, me has dibujado muy bonita. Estoy más guapa que Kari, oye.
-Te crees muy madura.
-Porque comparada contigo, lo soy -dije elevando los brazos y cerrando los ojos, para que viera que sus palabras no me afectaban lo más mínimo.
-¿Pues sabes qué? Hoy mismo voy a ir a por ella a decírselo, y me da igual si T.K está enamorado o no de ella.
-¡Tú ni si quiera lo estás! -Estallé de repente, dando un paso para encararle-. ¡Eres el chico más idiota y egoísta que hay en la faz de la Tierra! ¿Qué vas a ganar con eso?
-¡Cállate! -Gritó, haciendo que retrocediera un paso, aunque no dejé de fulminarlo con la mirada-. ¡Tú no sabes cómo me siento ahora mismo!
-Me parece que ambos sabemos muy bien que es eso.
-¡No! Pero tu caso es distinto -propinó una patada a la mesita que tenía a su lado-. Por una vez en mi vida hay una chica encantadora que no cree que soy imbécil, pero sé que tarde o temprano pensará que lo soy, y solo si somos novios, solo si me conoce un poco mejor acabará pensando que puedo no ser tan malo.
-Claro, porque yo nunca he estado contigo a pesar de saber las críticas que me llevaría. ¡Oh, no, yo nunca he pasado por ninguna dificultad! ¿Acaso no he tenido que sacrificar mis amistades para estar contigo? ¿Acaso no he estado allí cuando los otros te humillaban? ¡Yo no cuento!
-No, no cuentas -repuso en tono hiriente-. Tú eres una pesada.
Como respuesta a sus injustas palabras, tiré el dibujo y me largué sin decir una palabra más. No permití que las lágrimas cayeran hasta que salí de la casa.
