Genio Embotellado
(Bottled Genius)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 7
Un Fantasma del Pasado
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"¿Papá…?"
Souta y el abuelo levantaron la mirada mientras la Sra. Higurashi entraba en la cocina con una mirada levemente perturbada en su rostro. "¿Sí?" preguntó el abuelo.
"Sabes ¿cuando dijiste que Kagome estaba entreteniendo chicos en su habitación?" La madre de dicha chica tambaleó para sentarse en una silla entre los chicos.
"Sí…" respondió él lentamente.
"Bueno…" la Sra. Higurashi parpadeó levemente. "Con el Twister creo que lo descubrirás."
"Oh." El abuelo y Souta se dieron una mutua y extraña mirada. Obviamente la mujer estaba en estado de shock o algo similar.
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'¡Vio tus orejas!' Le dijo Kagome a Inuyasha en total pánico. Sus manos estaban temblando tanto que estaba tartamudeando sus palabras.
"¿Y?" Respondió él con un corto movimiento de hombro. "Sobresalen de mi cabeza, no puedo evitarlo."
Kagome obviamente había mejorado en su lectura de labios. '¡¿Cómo lo explico?!'
"¡Sólo dile la verdad!" Respondió Inuyasha.
'¡No puedo!' ella titubeó un momento, olvidando su ansioso caminar mientras se giraba hacia él y mordía su labio. 'Los perturbará - ¡molestará al abuelo! ¡No me creerán y no los quiero involucrados en todo este asunto de la maldición!'
El frunce de Inuyasha se bajó una fracción. "No es como si estuviera programado para matarlos…" gruñó él, aunque sus labios apenas se movieron para que no pudiera captar lo que dijo.
'Pensaré en algo.' Le dijo ella y señaló su botella. 'Sólo quédate escondido por un rato. ¿De acuerdo?'
Él le dio un brusco suspiro con sus manos para mostrarle que entendió, aunque su mirada estaba desviada y un profundo frunce arrugó su entrecejo. Kagome se sorprendió levemente por su repentino humor y habría preguntado, si no se hubiese disipado de la habitación.
Ella suspiró en su ausencia y se giró para salir e ir a enfrentar la situación.
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"¿Quién era él?"
"¿De dónde viene?"
"¿Cómo lo conociste si estás metida en tu habitación todo el tiempo?"
"¿Es genial?"
"¿Cuál era su nombre?"
Kagome levantó sus manos para detener el flujo de preguntas. Todos estaban hablando al mismo tiempo y no podía entender una palabra. '¡Uno a la vez!' le dijo a su madre con un giro de sus ojos.
"¿Qué dijo?" Demandó Souta.
"Te dijo callarte un momento." Le dijo su madre mientras se inclinaba contra la mesa, ojos intensos en los de Kagome. "¿Y cuál era su nombre?"
Kagome le dijo.
"¿Qué dijo?" repitió Souta, mirando rápidamente entre Kagome y su madre.
"Inuyasha… ¿su nombre es Inuyasha?" La Sra. Higurashi sonrió levemente. "Ese es un nombre inusual."
"¿De dónde es?" Preguntó el abuelo rápidamente.
La Sra. Higurashi tradujo para beneficio de Souta. "Dice que es del pueblo siguiente. Va a la escuela comprensiva. Así fue como lo conoció. No sabía que ya habías hecho un amigo, Kagome?"
La cabeza de Kagome se agachó ligeramente y podrían haber jurado que vieron un leve sonrojo en sus mejillas… pero se fue en un momento. La Sra. Higurashi se preguntó exactamente cuánto 'amigo' era.
"Tiene que tener la paciencia de Buda para soportar a Kagome así." Señaló Souta, ganándose una patada bajo la mesa de sólo dios sabe quién.
"¿Dónde está ahora?" Le preguntó la Sra. Higurashi a Kagome.
'Está…' Kagome pausó un momento, intentando pensar en algo. 'Fue a casa'.
"Ah…" La Sra. Higurashi asintió antes de ladear su cabeza. "No pude evitar notar… el… uh… el asunto de las orejas… y… el cabello…"
Souta miró a su madre. "¿Entonces tiene un arete y un mohicano?"
"Extraordinario…" respiró el abuelo.
"¡No!" La Sra. Higurashi sacudió su cabeza rápidamente. "Tenía… bueno… tendrían que verlo, pero era muy extraño." Ella miró a Kagome. '¿Qué pasa con sus orejas?' preguntó ella.
Kagome sonrió tontamente y sacudió su cabeza con un movimiento de hombro. Que pena que no hubiese pensando en una historia convincente para eso.
"Bueno… cualquier amigo de Kagome es un amigo nuestro." La Sra. Higurashi se sentó con una sonrisa. "Puedes invitarlo a cenar cuando gustes."
Kagome asintió levemente, preguntándose si esa era una buena idea…
"¡Por ahora dinos más sobre él!" la sonrisa de su madre se tornó en un destello.
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Kagome golpeteaba su pluma a un ritmo irregular en su libro de texto. Tal vez hubiese podido mantener el ritmo si pudiera escucharlo. Mirando tras ella, casi revisando si Inuyasha aún estaba ahí, una repentina idea se le ocurrió.
Tal vez ahora era el momento para proseguir con ese castigo…
Le lanzó su borrador, golpeándolo en la nariz. Sus ojos subieron y se sentó en su cama. "¿Qué?" gritó él, frotando su ofendida nariz.
'Qué quisiste decir antes,' le preguntó ella con una inquisidora mirada. '¿Cuando dijiste que aún estabas enfrentando castigo por algo más?'
Inuyasha la miró un momento antes de fruncir y levantar sus manos para responder. 'Preocúpate por tus propios asuntos, perra.'
Los ojos de Kagome se fruncieron. 'Me lanzaste un hueso Inuyasha, no puedo evitar preguntar lo que quisiste decir. Así que respóndeme.'
'No te incumbe'. Él cruzó sus brazos. "Así que olvídalo."
Los dedos de Kagome se cerraron en puños por un momento antes de intentarlo de nuevo. '¡Me importa! ¿Por qué no me dices?'
"No lo entenderías." Él suspiró impaciente, dándole la espalda en favor de descansar sus brazos en la ventana al lado de su cama y mirar afuera.
Kagome estaba escasa de cosas para recuperar su atención. Por un momento jugó con la idea de marchar hacia él para presionar el tema… pero eso probablemente no los llevaría a ningún lado… a menos que planeara hacerlos enojar de nuevo. Ella levantó su pluma y se giró en su silla para regresar a sus estudios.
Le preguntaría de nuevo más tarde hasta que él cediera y le dijera.
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"Si le dices a alguien que estoy jugando esto contigo, te morderé." Le dijo Inuyasha a Kagome una tarde.
Kagome sonrió y le pasó la malla. Había hecho la misma amenaza con el juego de Twister. Eso no había significado que disfrutaría menos. Tuvo que pausar y la miró mientras los recibía, sólo para asegurarse de que lo estaba haciendo bien. Ella asintió y los hilos se deslizaron de sus dedos a los suyos.
Con sus manos ahora libres, Kagome hizo la pregunta. '¿Vienes a cenar esta noche?'
Ella recibió la malla para que pudiera responder.
'No.' Fue su respuesta.
Ella le regresó la malla rápidamente, él vaciló por un momento mientras replicaba enojada. '¡¿Por qué no?!'
"¿Por qué debería?" Frunció él, luchando por mantener un agarre en los hilos. "Suena como si estuvieras invitando un novio a casa para conocer a los padres. No voy a hacerlo."
'No dejarán de preguntarme sobre mi pequeño amigo,' le dijo Kagome con un frunce. 'Por favor ahórrame más tortura y déjalos verte.'
'¿Para que puedan ridiculizarme?' preguntó él cuando la malla estuvo de nuevo en sus manos.
Kagome sacudió su cabeza rápidamente, deshaciendo la malla para hablar. 'Ellos no son así. Sólo quieren conocerte.'
"Lo arruinaste…" suspiró él, mirando el desastre de hilos en la cama. "Estaba cogiéndole el hilo…"
Kagome curvó un dedo bajo su mentón para hacerlo mirarla. Él se zafó del contacto… fue casi una mueca. "¡¿Qué?!" espetó él irritado.
'Ven. Por favor.' Ella le dio la mirada más sincera y vulnerable que pudo lograr.
Él la observó por un momento antes de encogerse. "Como sea."
Como sea. Siempre era 'como sea'. Nunca un 'seguro' o un 'de acuerdo' o incluso un 'sí'. Lo hacía sonar como si no le importara… como si no tuviera elección. No quería que pensara así de eso…
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"¿Entonces creciste aquí?" preguntó la Sra. Higurashi plácidamente en la mesa esa noche.
"No." Respondió Inuyasha, consciente de que Kagome estaba observándolo como un halcón. "Usualmente no me quedo en un lugar por mucho tiempo."
"Cuánto tiempo has estado en Izu?" preguntó la madre de Kagome mientras le pasaba los tomates a Souta.
"Alrededor de cincuenta… uh…" él se desvaneció cuando vio a Kagome hacer movimientos de corte de garganta al lado de su madre. "Cincuenta semanas… rudamente un años, supongo…"
"Ya veo." La Sra. Higurashi estaba genuinamente interesada. "¿Dónde naciste entonces?"
"En un castillo en Kai." Inuyasha aceptó felizmente los tomates que había pasado Souta. "¡Esta comida es genial!"
"Naciste… ¿en un castillo?" La familia se veía perpleja.
Kagome interrumpió el momento. 'Su madre entró en trabajo de parto en el recorrido del museo.' Explicó ella apresurada.
"Ah…" La Sra. Higurashi asintió. "¿Entonces tus padres viven por aquí? Tal vez escuchamos de ellos."
"Nop. Ambos murieron." Inuyasha bajó los palitos.
"Que… terrible… siento haberlo mencionado." La Sra. Higurashi llevó una mano hacia su boca sorprendida.
"Creo que encontré una nueva comida favorita." Dijo Inuyasha inconscientemente.
"No creo que sea algo reciente, mamá." Señaló Souta, notando la actitud de Inuyasha.
"Supongo que vives en hogares adoptivos, ¿eso es por qué te mudas mucho?" Preguntó la Sra. Higurashi.
Inuyasha tragó lo último de su comida para liberar su boca. "Nah… Nadie me aceptaría. Mi madre murió cuando tenía como… uh… siete años, creo. Fui echado del pueblo y del estado y entonces me quedé donde me gustaba."
"Oh." La Sra. Higurashi pausó sorprendida. "¿Las autoridades no te recibieron?"
Inuyasha sonrió. "Lo intentaron. Pero siempre son muy lentos."
Kagome estaba inusualmente tranquila… incluso para una muda.
"¿Entonces fuiste como un niño de la calle?" preguntó Souta, obviamente habiendo idolatrado a Inuyasha en los primeros tres minutos. "Vas por ahí robando cosas y brillando zapatos de la gente para vivir. Como ¿'Brilla mis botas'?"
"Algo así…" Inuyasha se encogió.
"Eso suena como a una forma dura de crecer…" dijo la Sra. Higurashi con un toque de compasión. "Debe haber sido difícil."
"No lo jures." Inuyasha se encogió de nuevo, de repente un poco molesto por los compasivos ojos que lo observaban.
"¿Entonces conociste a Kagome en la escuela?" El abuelo finalmente habló. Todos lo miraron… "¿Qué? Era hora de que interviniera."
"Ella nunca habla de ti." Dijo la Sra. Higurashi, asegurándose de que la cabeza de Kagome estuviera gacha comiendo su cena para que la joven no pudiera ver lo que decía. "Me sorprende que aún conozca personas de esa escuela. Fue expulsada después de dos días."
"¿Qué puedo decir? No puede deshacerse de mi." Inuyasha se encogió con una malvada sonrisa.
"Es bueno para Kagome tener amigos en un momento como este. Debe sentirse muy sola. Necesita compañía." La Sra. Higurashi le sonrió. "Es afortunada de tener a alguien como tú."
"Sí…" la sonrisa se desvaneció de su rostro con eso. "No diría que es tan afortunada de tenerme."
Hubo una carcajada del par de mayores Higurashi. "No seas tan modesto." Le dijo la Sra. Higurashi levemente. "Para un amigo permanecer con ella a pesar de todo este problema de ser muda… debes ser muy leal."
Kagome levantó la mirada a tiempo para verlo responder la pregunta.
"Lealtad es mi segundo nombre."
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"Fueron más agradables de lo que pensé." Le dijo Inuyasha a Kagome esa noche. Kagome asintió con una feliz sonrisa. "No dijeron nada sobre mis orejas…"
'Les dije que era un defecto de nacimiento.' Kagome hizo una leve mueca. 'Lo siento.'
"Eso no es completamente mentira." Él se encogió y se sentó al extremo de su cama mientras Kagome luchaba por acomodarse donde estaba contra la almohada en su pijama con las sábanas sobre sus piernas.
'No lo sabía…' comenzó Kagome incierta.
'¿No sabías qué?' preguntó él.
'Que creciste como un mortal.' Ella frunció pensativa. 'Pensé que siempre habías sido un Cumplidor de Deseos. No sabía que tuviste padres.'
"¿Qué, piensas que comencé a existir hace quinientos años, del aire como lo estoy hoy?" él frunció y desvió la mirada. "Todos los Cumplidores de Deseos fueron mortales en algún punto, Kagome."
¿Él había usado su nombre? No… debe haberlo escuchado mal… pero eso no era importante ahora. '¿Qué cambió?'
"¿Qué?" él la miró.
'Si fuiste mortal como yo entonces ¿por qué te volviste un Cumplidor de Deseos?' preguntó ella.
Su mirada se deslizó de su rostro hacia las sábanas entre ellos, sus ojos trazaban las formas en el edredón. "Nunca fui como tú…"
Kagome ladeó su cabeza, esperando en silencio y urgiéndolo a continuar. Eventualmente fue recompensada por su paciencia cuando desvió la mirada de nuevo, por la oscurecida ventana, pero habló otra vez. "Era… soy… un hanyou. Sabes qué es, ¿verdad?"
Kagome sacudió su cabeza levemente.
"Significa que soy medio youkai. Mitad monstruo. Mitad humano… infestado con todas las debilidades que vienen con ser humano." Él sonrió levemente, pero no significó nada. Una sonrisa vacía. "No mentí cuando dije que nací en un castillo. Mi madre era la hija de un terrateniente… una princesa. Murió por una enfermedad cuando era pequeño, y sin su influencia en el castillo, fui echado."
Kagome lo observó intensamente. Nunca había pensado que tuviera una vida más allá de conceder deseos… esto era un lado nuevo.
"Así que," comenzó él fuertemente, mirándola con un movimiento de los hombros, como si recordara oscuros recuerdos o ideas. "En un mundo donde eres rechazado por humanos, pero muy débil y humano para ser aceptado por los youkai, ¿qué hace un hanyou? Quise quedarme con los youkai… era fuerte… aunque sólo porque mi padre era fuerte y yo no era un cuarto de fuerte como él. Quise ser más fuerte. Quise probar que podía ser un hijo para un taiyoukai real… como lo era… sólo era un pequeño y bastardo hanyou. Quería ser legítimo, supongo… así que pasé por muchas cosas para obtener el poder que quería."
Kagome notó que su mirada había regresado al piso… no era como si estuviera hablándole más.
"Fui ambicioso… egoísta y estúpido… encontré a una novena generación de Cumplidores de Deseos en un recipiente que rompí. Mi primer deseo fue tener poder infinito… poder que estuviera sobre y más allá del de cualquier mortal o youkai. Quería ser más fuerte que mi padre… más fuerte que mi hermano… y obtuve lo que quería." Él suspiró y cerró sus ojos. "Este es mi castigo. Mi maldición. Me destruí con mi primer deseo, e incluso he tenido que ver amo tras amo destruirse de la misma forma que yo. Por la muerte o alguna desagradable sentencia… Es mi castigo observarlos destruirse, pero sé que soy la causa. Es un recordatorio de mi ambición…"
Un leve toque contra su brazo lo hizo girar su cabeza para mirar a Kagome. Ella se había acercado más mientras había estado perdido en sus pensamientos. Muy cerca.
Su corazón dio un desconocido salto en su pecho mientras intentaba deslizarse de la cama, pero encontró su camino bloqueado por el poste de la cama. Había visto esa mirada antes. Tenía pena por él… lo compadecía. También había algo más, pero decidió enfocarse instantáneamente en la rabia que causaba con su compasión. No quería eso de ella.
"¡No me mires así!" siseó él. "Si crees que soy infeliz - ¡no lo soy! ¡Me gusta ser de esta forma!" él forzó una carcajada. "¡Tengo poder infinito, poder que podría hacer llorar a Sesshomaru y que haría orgulloso a mi padre! ¡No necesito compasión! He logrado matar miles de personas en un parpadeo - ¡algo que ellos nunca podrían hacer!" Oh dios… su respiración se estaba volviendo laboriosa e inestable… necesitaba dejar de pensar en sus vidas… o él…
Su sonrisa y carcajada se desvanecieron de sus labios mientras Kagome de repente alcanzaba y envolvía sus brazos alrededor de su torso desde su costado. Un brazo alrededor de su espalda, el otro alrededor de su pecho, atrapando su brazo.
Era una sensación extraña… no el abrazo, había sido abrazado antes. Esto era algo nuevo. Pero era como si algo dentro de él estuviera llevándolo hacia ella… llevándolo al abrazo como si esto fuera lo que quería. Compasión… comprensión.
No. No la necesitaba.
Su respiración se estaba tornando más inestable y su corazón estaba latiendo levemente más rápido de lo normal. Miró la oscura cabeza descansando contra su hombro derecho.
No debió haberle dicho.
Con un repentino movimiento se zafó rudamente de sus brazos y se levantó, intentando poner su respiración bajo control y detener la sensación levemente mareada que sentía de sacudir el ser interior que había estado inclinado hacia Kagome. Giró sus hombros y la miró para encontrarla mirándolo cautelosamente. "Escucha. Diez semanas se cumplirán cuando amanezca mañana. Tendrás tu audición y también tu voz."
Eso no pareció hacerla ver más alegre. Aún lo miraba como si lo sintiera…
"Basta…" gruñó él. "No necesito esto…" él se giró y se disipó… reubicándose en otro lugar. No podía soportar estar más en esa habitación, el silencio había sido muy tenso incluso para él.
Se encontró de pie sobre el viejo tanque de aceite en medio de la oscuridad. Sobre él la habitación de Kagome aún proporcionaba un cuadro de luz naranja en el suelo frente a él. Pero después de unos minutos desapareció… Kagome había ido a la cama.
"No importa." Dijo él en voz alta a la tranquila noche. Sólo los grillos chillaban. "Ellos están muertos… ni yo puedo regresarlos a la vida."
Él saltó del tanque para aterrizar en el suelo a seis pies por debajo… elegantemente y sin un tambaleo… o ese había sido el plan. Pero su manga se atascó en las enredaderas alrededor del tanque y escuchó un fuerte sonido de rasgado.
"Torpe bastardo…" él haló su haori y examinó la manga. Puede haber sido una armadura tan relativamente fuerte como pobre de calidad, pero era vieja y desgastada… los rasguños y las rasgaduras estaban comenzando a mostrarse. "Soy muy viejo…" le dijo a la noche antes de resoplar. "Deseo…"
Por un momento pausó, el abrigo cayó en su mano a su costado mientras se recostaba pensativo contra el tanque de aceite y las enredaderas. Si pudiera regresar en el tiempo y pedir un deseo diferente… ¿qué desearía si no fuera poder infinito?
Sonrió para sí. Habría deseado un barril de sake que nunca se secara. Un plato de comida que se llenara cuando estuviera vacío. Eso era lo que habría deseado…
Y esa mocosa, Kagome, había tenido que recordarle todo de nuevo. Él frunció de repente y colocó el oscuro haori sobre su cabello en la forma como las niñitas colocaban las fundas de sus almohadas sobre sus cabezas y pretendían ser una novia. Pretendió ser Kagome. "¡Oh pobrecito, ser hecho inmortal! ¡Con poderes que pondrían celosos a los dioses! ¡Poder superar en vida a tu patético hermano y reír en su tumba! ¡Qué horrible debe ser para ti!" Una perfecta imitación de su voz.
Él lanzó el haori al suelo enojado y pateó las enredaderas, haciéndolas sacudir violentamente. "Estúpida bruja… ¡siempre mirando la vacía mitad del vaso!"
Él era cualquier cosa menos infeliz. Síp. Era perfectamente feliz. Lo sabría en un mes, cuando Kagome pidiera su último deseo él regresaría a descansar y la próxima vez que abriera sus ojos, años habrían pasado para él. ¿Qué nuevas y extrañas cosas vería en el próximo futuro? Sería capaz de mirar atrás a Kagome y ver a una anciana arrugada y estar agradecido de que nunca envejecería en la forma que ella lo haría. Era afortunado… sí…
Sí, verdad.
Si era tan feliz y libre de culpa… entonces ¿por qué había querido quedarse y aceptar su abrazo?
Algo cosquilleó sus sentidos y miró arriba y alrededor inseguro. No podía reconocerlo… pero se sentía familiar. Pero tan rápidamente como había llegado, se había ido.
Probablemente sólo un murciélago y su sonido…
Vagó para encontrar algo más que hacer, viendo como todos ahora se habían ido a la cama. Fue y lanzó piedras en el río, pero no podía ver muy bien en la oscuridad así que rápidamente perdió el interés.
No pasó mucho antes de que se encontrara sentado en la pared al lado de las puertas de la vieja casa. Se recostó contra el pesado poste a su lado y miró el suelo a cuatro o cinco pies bajo él.
Entonces regresó, el inquieto sexto sentido que molestaba en el fondo de su consciente. Frunció un momento, intentando entender y localizarlo, antes de que la presencia se hiciera conocida para su quinto sentido. Su oído.
Miró hacia el camino, frunciendo fuertemente mientras escuchaba los pasos acercándose. Eran irregulares y torpes. Conocía ese modo de andar.
Su frunce se levantó de su rostro y dejó de recostarse en la puerta en favor de descansar sus codos en sus rodillas, una lenta sonrisa se esbozaba en sus labios. Pasaron unos minutos antes de que la nueva presencia se detuviera en su línea de visión.
Nada fue dicho por un tiempo.
"Así que aún estás vivo." Inuyasha levantó su mentón levemente.
"Una estúpida observación."
Inuyasha se encogió ligeramente. "Es lo que querías. Vida inmortal. La tienes."
"Me engañaste."
"Mm…" la sonrisa de Inuyasha se amplió. "Tal vez."
"Sólo utilicé seis de mis deseos. Tengo derecho a mis últimos cuatro."
"No estoy en desacuerdo." Inuyasha ladeó su cabeza. "Los usaría en ti si fuera tú, eres un desastre."
"Gracias a dios no eres yo. Ahora ven. Tenemos asuntos."
"Yo tengo asuntos aquí." Interrumpió Inuyasha.
"Tu prioridad es para tu último amo. Ahora ven conmigo o te haré arrepentir."
La sonrisa se desvaneció del rostro de Inuyasha y se dejó deslizar al suelo. "Como desees."
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Continuará…
