Bring me to Life
By PeaceCtrl
Capítulo Seis
Sasuke se adentró lentamente en el verde césped que anunciaban los límites del parque. Gruñó en voz baja cuando sintió la humedad del pasto en sus zapatos. Miró el cuero, disgustado, y siguió caminando haciendo una mueca. No le importaba mucho el traje que solía llevar, pero sí le preocupaban un poco los zapatos de cuero italianos.
Continuó caminando, no obstante, guiado por esa familiar figura que apenas podía ver; pues estaba detrás de un tronco. Todo perdía brillo debajo de ese cielo nublado; pero aún así podía distinguir claramente esos mechones de cabellos rosados que flotaban gráciles en la suave brisa.
Siento unas horribles ganas de pedirle disculpas, por haberme sentado con Karin en el día de hoy. No sé muy bien por qué debería… Después de todo, yo puedo sentarme con quien yo quiera, ¿verdad? Sin embargo, ella era una de las pocas personas que realmente me caían bien. Sabía muy bien cuando callar y cuando romper el silencio. Y siento que a ella le dolió un poco verme sentado con esa arrastrada… Cómo que no, con todo lo que le ha hecho. Pero no entiendo por qué me procupatanto. Ni siquiera somos amigos… Sino que nuestros amigos son amigos. Demonios, que idioteces estoy pensando.
No importaban cuántas veces Sasuke se lo reformulara… Sentía algo de culpa. Y tampoco importaban cuántas veces planeara como disculparse; nunca lo haría. Su orgullo jamás permitiría que suceda semejante cosa.
Continuó acercándose a aquel árbol, que aún no sabía de que era. Subió su mirada, quitándola del cabello rosa que se asomaba, y vio un cerezo. Tenía hojas, que con la lluvia caían suavemente sobre el suelo. Era otoño… Algunas pocas continuaban verdes. El resto, del color del caramelo. Volvió su vista a aquella silueta, ya estaba tan solo a unos pocos metros.
Creía seriamente que la pelirrosa estaba loca. Es decir, pudiendo estar en su casa, caliente y abrigada; estaba sentada en el césped mojado, bajo un árbol, en medio de un parque, y para colmo, llovía a cántaros. La curiosidad era lo que lo movía, más que nada. ¿Qué era lo que ella escondía? Su secreto lo estaba matando. Siempre comportándose de una forma tan extraña. No, desde lejos parecía normal. Pero cuando te acercas un poco, te das cuenta que la pelirrosa tenía una forma bastante rebuscada de pensar. Una forma de pensar que escapaba a la fría y calculadora mente de Sasuke.
Sakura estaba ahí sentada desde hacía varias horas. Ni se dio cuenta cuando había empezado a anochecer. Pensando en tantas cosas, no había podido evitar llorar un poco. Pero no era de las personas que lloraban haciendo escándalo, lanzando gritos desgarradores y sollozos de dolor. Sólo… Dejaba las lágrimas caer. Nada más. Se ponía un poco colorada, sus ojos se hinchaban, y su mente revoloteaba entre brisas de sufrimiento.
El ocaso podía verse entre los edificios de la gran ciudad, y el sol reflejaba rayos cobrizos sobre la pequeña laguna artificial que tenía delante. Sintió unos pasos detrás, pero extrañamente, no le preocupaban demasiado. Un extraño, seguramente. Una persona desconocida, que no volvería a ver jamás. No importaba que la viese llorar.
-¿Sakura? –preguntó, inseguro, la voz masculina que tenía detrás-.
Se estremeció por dentro al caer en la cuenta de que esa voz era muy familiar. Eso cambiaba los planes… Nadie podía verla llorar. Nunca. Jamás. En la vida.
Sasuke la vio temblar un poco cuando escuchó su voz, y eso le dio un poco más de confianza. Se sentó junto a ella, y la pelirrosa volteó la cara, pero mientras la movía, Sasuke pudo ver el ligero brillo húmedo que habían dejado las lágrimas en su mejilla. Eso lo preocupó.
-Sakura… -dijo, seriamente-. ¿Estás llorando? –preguntó con nitidez-.
¿Qué si estoy llorando? Por supuesto que estoy llorando. De rabia, de dolor… ¡Siempre todo es tan complicado! Yo quería ser tu amiga Sasuke, de verdad que me caías bien. Aunque fueses frío y odioso. Pero como la mayoría de mis relaciones sociales, acabó antes de empezar. Y Karin volvió a entrar en mi vida, clavando una aguja más a mi cuerpo. ¿No podía ella simplemente desaparecer de mi vida? Porque cada vez que la veo me duele tanto… El engaño, la mentira. No, claro, ella no va a detenerse hasta verme destruida por completo. Si sólo supieras, Sasuke…
La pelirrosa no respondió, sólo mantenía su rostro mirando hacia el lado opuesto de Sasuke. El azabache frunció el ceño y se estiró para tomar la barbilla de la pelirrosa; moviéndola suave pero firmemente para que ella lo mirase a los ojos.
-¿Por qué lloras? –preguntó, solemne-.
-No es nada Sasuke… Las locas suelen llorar –dijo ella, tajante. No estaba de ánimos para que una persona más se sume a la lista de la gente que le tenía lástima-. ¿No tienes cosas que hacer? –preguntó, lanzando una indirecta inevitable-.
-A decir verdad, no –dijo él-. ¿Qué haces aquí? Hace frío y está lloviendo.
La ojijade apenas se había percatado de la helada que hacía. En esa ciudad, cuando llovía, la temperatura bajaba unos cuantos grados… Sintió la brisa en sus brazos y un escalofrío la recorrió. No hizo caso a eso, sin embargo. No le importaba el frío.
-Ah… Este… Yo… -tartamudeó como una tonta. En realidad, no sabía muy bien que hacía ahí. Le hubiese gustado en ese segundo estar en su casa, con la chimenea prendida. Pero luego levantó la vista y vio la lluvia caer sobre el lago-. Me gusta este lugar, suelo venir a menudo –no era mentira del todo-.
-Estás temblando –dijo el azabache, ignorando la explicación de ella-. ¿Quieres que te lleve a tu casa?
-No… Gracias Sasuke. Estoy bien. Caminaré en unos minutos más.
-¿Minutos más? –levantó una ceja, incrédulo-. Es de noche.
Sakura volvió a levantar la mirada, prestando más atención a su alrededor. Los reflejos del sol habían desaparecido, y la única razón por la cual ella podía ver algo eran los faroles de aquella plaza. Suspiró.
-Supongo que tendré que irme ahora –masculló resignada-. Nos vemos mañana, Sasuke –dijo esbozando una sonrisa, y poniéndose de pie ayudada por sus propias manos-.
El azabache también se puso de pie, y le dedicó una mirada de desaprobación.
-Momento –dijo, con su semblante serio-. ¿Crees que a mí vas a engañarme? –preguntó, fingiendo sarcasmo-. No me sonrías. Algo te está sucediendo.
-Muchas cosas me suceden, Sasuke… No te preocupes. Llorar es cosa de todos los días.
-¿Cómo puedes decir eso? –preguntó, indignado-.
-Olvídalo. Nos vemos, Sasuke.
Se dio la vuelta, dispuesta a terminar el recorrido que quedaba hasta su casa. Algo se lo impidió. El azabache había estirado su mano hasta capturar una de las muñecas de ella. La pelirrosa levantó una ceja.
-¿Disculpa?
-Es tarde, hace frío, está lloviendo. Yo te llevo –enumeró las razones y fue al grano-.
Sakura suspiró… Tenía razón, después de todo. Aunque ya otro día tendría su buena caminata debajo de la lluvia.
-¿Siempre consigues lo que quieres? –preguntó sarcástica, mientras seguía al azabache hasta el Porsche-.
-Hmp.
[Sasusaku][Sasusaku][Sasusaku]
Se despertó somnolienta, estirando los brazos sobre la almohada. Bostezó abiertamente y miró el reloj, aquel atrevido aparato que osaba interrumpir sus sueños día tras día. Empezó la mañana como cualquier otra, uniforme de la escuela, café, mochila, peinado, y bicicleta.
Sintió una extraña emoción al salir a la puerta, tal vez, el azabache la estuviese esperando como el día anterior. Pero no, estaba ella sola con su bicicleta en la entrada. Suspiró, negando con la cabeza; y sintiéndose estúpida por ponerse a pensar en aquello.
¿Un Uchiha? ¿En su casa? Rió por lo tonta que parecía la idea mientras montaba en su bicicleta. Se mordió el labio al recordar que era el segundo día que empezaba su día pensando en él. Pedaleó lentamente hasta la escuela. Dejó su bicicleta en el estacionamiento que había a un lado y caminó en paz hasta la puerta.
El movimiento de siempre, la misma gente que la saludaba. Ni siquiera recordaba sus nombres… Sólo respondía con una sonrisa y un movimiento de manos. Miró hacia arriba, y sonrió para sus adentros cuando avistó un nublado y oscuro cielo a través del techo de cristal de la galería principal. Ojalá lloviese de nuevo.
Llegó a su casillero, y sintió mucha curiosidad acerca del casillero de al lado. Se resistió a las ganas de quedarse para ver si alguien lo abría… Y se dirigió a su aula. Allí estaban todos… Incluso el azabache.
La silla donde ella se suponía que se sentaría estaba llena de libros. El azabache tenía el ceño fruncido, estaba molesto. Ya le preguntaría por qué. A medida que se iba acercando a su mesa, sintió una mano llamarle al hombro. Se volteó, y vio a una pelirroja, dos centímetros más baja que ella, con anteojos achatados. La pelirroja, fingiendo sorpresa, levantó una ceja.
-Hola, ¿cómo estás? –dijo descaradamente mientras extendía su mano. Naruto y Hinata observaban desde atrás la escena con horror. Sakura miró la mano, y luego la miró a los ojos, frunciendo el ceño-. En fin, permiso. Tengo que sentarme en ese lugar –dijo señalando la silla llena de libros.
Sakura se dio vuelta, fingiendo mirar la silla, pero en realidad miró a Sasuke, rogando por auxilio. El azabache levantó una ceja, y a la pelirrosa se le encogió el corazón. Estaba claro: él no podía ayudarla. No podía llevarle la contra a un socio. Ella estaba sola en esto. Una vez más.
-Emm… Lo siento mucho, Karin. Pero yo me sentaba en ese lugar mucho antes que tú –dijo Sakura con decisión en su voz, apoyando su mochila en la mesa-.
-Pues, ahora soy yo la que se sienta ahí –rebatió la pelirroja, desafiante, empujando la mochila de Sakura al piso. La pelirrosa le dedicó una mirada llena de odio-.
-Vas a levantar eso, Karin, porque créeme que te puedes arrepentir.
-¿Qué vas a hacerme, chicle usado?
-Ya basta –dijo una voz grave y masculina. Sakura levantó la vista hacia atrás y vio el níveo rostro de Sasuke detrás de ella, con su habitual semblante serio, y sonrió-. Lo siento mucho, Haruho-san. Es verdad lo que ella dice… Se sentó en esa mesa primero, el primer día de clases. Incluso antes de que yo llegase –explicó Sasuke, intentando no parecer agresivo-.
Otra cosa que odiaba de ella. Sus apellidos eran tan parecidos… Pero seguía sonriendo, pues la cara de Karin se puso tan roja de vergüenza y rabia que costaba diferenciarlo de su cabello.
Sasuke dio un par de pasos en el pizarrón y levantó la mochila de Sakura, poniéndola en su mesa. Le dedicó una sonrisa arrogante, y luego miró a Karin, endureciendo sus facciones de nuevo.
-Te agradecería que no hicieses eso de nuevo, Haruho-san.
-Lo… Lo siento mucho Sasuke-kun –masculló, y se fue a sentar detrás de todos-.
-Debes hacerte respetar –susurró el azabache al oído de la pelirrosa; que se estremeció al escucharlo-.
-¡Así se hace, teme! –exclamó un Naruto extasiado, detrás de nosotros. Evidentemente, no tenía pudor ni vergüenza de que Karin lo pudiese escuchar-. ¡Sakura-chan! ¿Viste eso? La puso en su lugar, ¡y estaba más roja que su cabello de paja! –dijo riendo, y a Hinata también se le escapó una risa-.
Sakura miró a un lado, y vio a una Ino preocupada, así que le dedicó una sonrisa; indicándole que todo estaba bien. Sasuke la había defendido. Se sentía protegida. Miró más allá, y vio a Sai riendo por lo ocurrido. Típico de él.
-Haruho Karin, Haruno Sakura, Uchiha Sasuke; por favor siéntense –dijo una grave voz desde la puerta. Supuso que la pelirroja aún no estaba sentada, pero no volteó a mirar. Simplemente se sentó-.
El resto del día transcurrió sin mayores inconvenientes. Los martes tenían doble turno, así que todos se tuvieron que quedar para el almuerzo. Luego, de nuevo a clases. Física y química era lo que les faltaba. Cuando por fin terminaron, alrededor de las cuatro de la tarde, los liberaron. Y de nuevo salieron a la jungla salvaje en la que se convertía la puerta principal luego de los malditos doble turnos, cuando cualquiera mataría por llegar a su casa a holgazanear.
-Oye, Sakura –la pelirrosa no supo muy bien si Ino había gritado o hablado, de todos modos, el bullicio hacía que dificultosamente la pudiese escuchar-. ¿Quieres venir a casa un rato? –preguntó sonriendo-.
La ojijade negó amablemente la cabeza en una sonrisa. Estaba lloviendo… Tenía cosas más importantes que hacer.
Evitó a todos los que querían hacer planes para esa tarde. Cruzó la ancha vereda atestada de gente e inhaló hondo cuando llegó a la plaza que había enfrente. Extrañamente, no había nadie… Y eso que a cada salida de la escuela se llenaba de parejas para pasar un momento juntas, hasta solitarios nerds que hacían sus tareas al aire libre.
No se preocupó demasiado, de hecho, cuanto menos gente, mejor. Tampoco estaba prestando mucha atención a su alrededor; sólo mantenía la vista fija en el tronco desnudo de su lindo cerezo. Su cabello empezaba a mojarse, al igual que su mochila. El pelo no le importaba, pero los libros sí, así que se la quitó de su espalda y la abrazó entre sus brazos. Cada vez comenzaba a llover más fuerte, y cada vez sonreía más.
Como si los ángeles hubiesen escuchado su pedido, escuchó unos pasos detrás suyo. ¿Coincidencia? No, por supuesto que no. Un hombre alto de cabellos negros se sentó al lado suyo, pero con un paraguas negro.
-¿De vuelta aquí? –preguntó, sin mirarla a los ojos-.
Sakura asintió sonriendo, mirando hacia el frente, la dulce lluvia caer con gracia en la laguna. Luego se tomó la molestia de girar para verlo.
-Es extraño… -murmuró-. Esto debería estar lleno de gente.
Como esperando que pronunciase esas palabras, Sasuke sonrió con suficiencia y orgullo. La miró a los ojos, negro enfrentándose con verde brillante.
-Será porque está lloviendo… -dijo, y Sakura levantó una ceja-. O porque ahora es un parque privado.
La pelirrosa ensanchó sus ojos y empezó a prestar más atención a su alrededor. Los senderos estaban clara, pero extrañamente barridos, los juegos habían sido lustrados, e incluso había guardias en cada entrada al parque… ¿Cómo no los había visto? Claramente, alguien había comprado esa plaza y se estaba haciendo cargo personalmente de ella. También vio en un lugar, que antes estaba vacío, varios arbolitos pequeños, recién plantados.
Miró a Sasuke interrogante.
-Está lloviendo a cántaros –observó el azabache, volviendo a mirar hacia delante-. No deberíamos estar aquí. Vamos a enfermarnos.
Al no obtener respuesta, el pelinegro miró a Sakura, que aún tenía esos ojos interrogantes posados en él.
-Tú… ¿Tú compraste esto? –preguntó titubeando. Sasuke sonrió-.
-En serio, deberíamos irnos –declaró, y Sakura frunció el ceño. Detestaba que la ignoren, aunque a veces tenía sus ventajas-.
-No puedo creerlo –dijo mirando a su alrededor una vez más-. ¿Por qué lo hiciste? ¿Cuándo…? –y, como cayendo en la cuenta de algo mucho más importante, se interrumpió a sí misma y volvió a mirar a los ojos al azabache, que también la contemplaba divertido-. ¿Por qué a mí sí me dejaron entrar? –preguntó inocentemente-.
Sasuke se sorprendió de que preguntase semejante tontería. Se acercó a su oído, y sonrió cuando pudo ver de lado su sonrojo.
-Porque los guardias… Tenían órdenes explícitas de dejarte pasar –susurró-.
Sakura ensanchó aún más los ojos y miró a Sasuke asustada.
-Eres perverso, Sasuke.
-Hmp.
-¿Sabes? Creo que tienes razón… Voy a resfriarme si me quedo aquí.
-¿Quieres venir a mi casa? –preguntó el azabache. La pelirrosa levantó una ceja-.
-Perverso, pero no sutil –declaró-. ¿Para qué quieres que vaya?
-No sé que estabas pensando –dijo naturalmente-. Pero necesito que me ayudes con la tarea de Ciencias Sociales. O-dio las ciencias So-cia-les –dijo con ojos amenazantes-.
-Puede que sea una buena idea. De paso, te enseño como relacionarte como una persona normal.
-¿Qué quieres decir? –dijo levantando una ceja, poniéndose de pie-.
-Nada, nada, olvídalo.
Sakura estiró una mano y Sasuke la tomó, ayudándola a pararse. Caminaron hasta una de las salidas y la pelirrosa miró de reojo a uno de los guardias, que le sonrió descaradamente. Pensó en las cosas que podría hacer mientras Sasuke estudiaba, en esa enorme casa. Una enorme casa que no conocía…
-Sasuke –llamó, y un "hmp" la hizo saber que estaba escuchando-. ¿Hay algún piano en tu casa?
-Tres –dijo serenamente. ¿Qué nunca iba a dejar de sorprenderla?-. ¿Por qué preguntas?
-Por nada, por nada –estaba descartando la idea en ese momento. De seguro cuando viese el piano del exhuberante Sasuke, le daría pena mirarlo siquiera-.
Muuuuchas gracias por leer. Ando apurada. En el próximo capítulo (ando inspirada, vendrá pronto ^^) prometo contestar todos sus reviews, que me hacen muy feliz por cierto. Espero que lo hayan disfrutado. Por suerte, estoy de vacaciones y me dedico exclusivamente a broncearme, escribir y dibujar (no necesariamente en ese orden xD) Nos vemos muuuuy pronto. ¡Sayonara!
Merece un review??
