Capitulo VII

¿Te ayudo?

Quedaban dos días para entregar el proyecto. Kagome tenía que ir a casa de InuYasha para dar los últimos retoques y finalizar el plano.

—Por favor con InuYasha —pregunto cuando veía a la sirvienta abrir. Ese día el señorito como solía bromear Kagome con él no había asistido a clases, más la cita ya estaba planeada.

—El joven InuYasha ha salido para Miami Srta…

—Kagome —respondió. Sintió como la sangre le hervía—. ¡Que se cree el muy imbécil! ¡Qué tenemos toda la vida! ¡Qué más podía esperar de él!

—Srta. Pase el joven a dejado instrucciones que se le de lo que desee —levanto la ceja y paso. La mucama la guió hasta la ya conocida habitación. Junto a los planos había una nota.

"Kagome:

Sé que en estos momentos debes estar furiosa. He tenido que salir de urgencia. No ha sido de compras y mucho menos de juego. No puedo contártelo por una carta. He dado la orden de que se proporcione lo que necesites. Siéntete en tu casa.

InuYasha"

—¡Tarado! —gimió con fastidio. Tomo los planos, los lápices HB y 2B y comenzó a trazar. Daba gracias a la mesa de arquitecto, la lámpara y sobre todo a la regla t. Llevaba dos horas, y una parte del plano no le salía.

Sentía sus hombros tensarse. Estaba ya crispada de la rabia. Por lo menos podría quedarse a dormir. Era martes y había pedido el día libre en el trabajo.

—¿Por qué no sales? ¿Qué estoy haciendo mal? —gimió cansada. Levemente se encorvaba contra la mesa, enredando sus manos contra el cabello.

—¿Estás bien? —pegó un pequeño brinco al ver al ojidorado.

—¡No! ¡Esto es terrible! No logro hacer la conexión entre la primera y segunda planta. Además del estacionamiento —chilló. El rió al verla en esa forma tan infantil. Lentamente corrió un banquito y se sentó al lado de ella.

—Es que estás trazando en el ángulo equivocado. Deberías de abrirlo un poco más —al ver como lo hacía corrigió la posición—. Más abierto —se paró de su puesto y se coloco detrás de ella.

Kagome tranquilízate. No tienes razón para que tu corazón bombee tan fuerte —la pobre joven sentí el duro y bien formado cuerpo que se posicionaba tras ella. Más cuando él tomo su mano que detenía la regla, y la otra que tenía el lápiz. Le indico como un bebé de preescolar y la línea salió.

—Ahora sigue —Kagome asintió con las mejillas sonrojadas. Sin detenerse a mirarlo termino de trazar, de forma pulcra y precisa. Una media hora después, lo observo. Había terminado. Sonrió y cuando volteó él la miraba fijamente.

—¡Gracias! —agradeció emocionada. Se acerco a él para darle un beso en la mejilla, él reacciono y giró su boca. Aquel beso había sido inesperado, un roce, algo sencillo y poco planeado.

Ella se paralizó en su puesto. No había esperado aquello sinceramente. Cerró sus ojos al sentir como él la abrazaba. Le tembló el labio inferior cuando Sesshoumaru deslizo sus manos por su espalda.

—De nada —ronroneo en su oreja. Los vellos se le erizaron, su corazón comenzó a bombear como loco. No sabía que hacer. Solo deseaba calmar el retortijón de emociones que habían en su estomago.

—Sessho-maru…—él la miro y sonrió al verla sonrojada. Bajo su mirada, que fue detenida por Sesshoumaru, obligándola a verlo. Nunca había sentido como el mundo desaparecía a su alrededor. Ni siquiera había experimentado aquella locura de sensaciones. El simple hecho de que él bajara la mano por su brazo, la hacía quemarse por dentro. Sentir un extraño cosquilleo en sus costillas, además del insoportable deseo de salir corriendo.

¿Qué me pasa? ¿Qué es todo esto que siento? —jadeó mentalmente. Creía que en cualquier momento explotaría. Sintió la respiración de Sesshoumaru en su boca, cualquier deseo, pensamiento quedo tachado cuando el termino de posar sus labios sobre ella.

No pensaba solo se dejaba llevar. Él la tenía muy sujetada de la cintura. Movía los labios de forma lenta, un poco inseguro. Con cuidado se arrimo más hacía él. Paso sus manos por el denso cabello y lo beso con más ímpetu. Lo deseaba, quería sentirlo más cerca. Jadeó cuando el metió su lengua y toco toda la húmeda de su boca. Algo que la descontrolo por completo.

Cómo podía él hacerla sentir de esa manera. No sabía. Y Sesshoumaru menos. La había visto tan hermosa, emocionada, feliz; que no pudo detenerse. Ansiaba aquello, sentía que había esperado mucho tiempo.

—…Sesshoumaru…—murmuro cuando se separaron. No lo veía simplemente pasó sus manos por el fornido pecho, y ocultó su cabeza en éste.

No respondió solo la abrazó más a el. Por primera vez no sabía qué hacer, ni cómo reaccionar. Su mente era un caos, y sólo podía sentir su alocado corazón. Estaba conciente de que Kagome era una niña y que le llevaba diez años. Se sentía un sucio por eso, quizás y era hasta virgen. Bueno por la forma en que lo había besado…

Se lamió los labios e impaciente tomo su cara y la volvió a hacer suya. No se cansaba de probarlos, de hundir su lengua en aquella cavidad, de sentirla gemir en su boca. Los mordía, lamía, succionaba. Todo lo que deseaba, ella se lo permitía y seguía a ritmo.

***

Llego a su casa suspirando. Todo eso la había dejado revuelta. Él había decido llevarla, como siempre. Se sorprendió al saber que se había mudado. Ella le contesto que por eso no había ido mucho a su casa. No sabía que hacer, su vida estaba hecha un caos, no pensó que los besos de él, la dejaran de esa forma.

¿Qué voy a hacer? —su mente divagaba mientras entraba a la ducha. El agua fría la hizo temblar al comienzo, pero luego la relajo, con paciencia se sentó en la fría y blanca baldosa del baño—. Tampoco ha sido la gran cosa. Sí, si ha sido. ¿Por qué siento como si todo me quisiera explotar? —desesperada se tomo la cabeza con las manos—. ¡No puedo soportar eso! ¡Yo!...¡Yo nunca me he sentido tan descontrolada! —su cuerpo le pedía llorar y gritar de euforia al mismo tiempo. Sentimientos encontrados se quedaba corto al lado de todo lo que surgía en ella.

—¡Vamos Kagome! ¿Desde cuando te afectan un par de besos? —murmuro en voz baja. Pego su cabeza contra la cerámica y dejo que el agua le bañara directamente los senos. Su cuerpo comenzó a convulsionar y unas lágrimas salieron de sus ojos—. No es momento para llorar, no seas estúpida —su cuerpo hipo—, No esperaras a vivir una vida feliz a su lado. Mientras él trabaja y tú te llenas de hijos. No esperaras que él te saque de está inmundicia. ¡No! No necesito un hombre para salir adelante.

Se levantó y enjabono su cuerpo, al igual que su cabello. Se salió cuando estuvo lista y durmió envuelta en una fina bata de ositos. Sus hermanos dormían al igual que su madre. Cerró todo y se acostó. En mitad de la noche sintió un leve ruido, pensó que era un gato. Cuando se levanto una mano le tapo la boca y otra la tomo de la cintura.

—…Me has dado mucha lata pequeña…—murmuro una voz ronca en su oído. Su cuerpo se erizo de asco al sentir una lengua subir por su cuello. Se removió con rabia. Sentía su corazón latir disparado y las pupilas dilatarse cuando una mano bajo a su entrepierna.

—¡Detente! —ordeno con vos potente. Más el solo se rió. Le soltó una patada cuando sintió el dedo de él hurgar dentro de su intimidad.

—¡Maldita! —chillo y a arrastras la encerró en la habitación. La sujeto de las dos manos y se coloco encima de ella—. Eres muy inteligente, así que decide tú o tu hermanita —rió sádicamente—. Debería decir que me encantaría ser el primero en su vida.

—¡No te metas con Rin! ¡Maldito desgraciado! —rugió con furia. Se sentía desesperada Phil era peor de lo que pensaba. Sus ojos rojos como la sangre brillaban en deseo. Quería vomitar, ser más fuerte para partirle la cara—. ¡No te atrevas a tocar a Rin!

—No lo haré. Disfrutaré contigo. Tú amiguito casi hace que me pudra en la cárcel. Así que te haré pagar caro —las lágrimas estaban por agolparse en sus ojos, más no se dejaría. El reí suavemente y con maldad mientras tocaba su cuerpo, hundió sus manos dentro de su intimidad y arranco las pantaletas.

—¿Qué ganas con esto? —pregunto con los dientes apretados. Phil rompió su camisón y dejo sus senos al aire, los toqueteo y lamió. El asco la recorría, más no le daría el gusto de verla derrotada.

—Vengarme. Tú madre me servía de mucho. Y ya estaba harto de tus palizas, es hora de que pagues. Siempre fuiste un estorbo entre nosotros —reprimió un grito mordiendo sus labios cuando el abrió sus piernas y arrasó con todo a su paso. No era virgen, pero no estaba acostumbrada a esa forma brutal. El sexo de él, era grande además se comportaba de manera ruda.

Su mente pronto se bloqueo y su cuerpo se hablando. Había trasladado todo a otro mundo. No quería quedar marcada, no sabía que iba a hacer luego. Ni siquiera podía escuchar los gemidos de él. Solo estaba en un estupor negro, mientras su cuerpo era tomado vilmente.