Capitulo 7.Juramento irrompible.
Por: Kayazarami
Lo primero que vio al despertar fue el rostro de Kagome, mucho más pálido de lo habitual y de sus labios se escapaban leves y entrecortados jadeos.
Se encontraba en una cama, junto a la vampiro, uno a cada lado. Dio un vistazo rápido alrededor...Estaban en la habitación de la princesa.
Hizo un ademán de levantarse cuando noto otra presencia en aquella estancia. Miro directamente a los pies de la cama y se encontró con una furibunda mirada de Kikyô.
-¿Que hago aquí?
La monarca estrecho los ojos antes de contestar, luchando visiblemente por no perder el control y hacerlo puré...O al menos intentarlo.
-Los Sirrui alcanzaron el BMW, no fue difícil teniendo en cuenta el estado en el que te encontrabas y teniendo a tu hermano ocupado. El resto de tu gente te alegrara saber que huyó.
Sesshômaru no contesto, intentaba pensar rápidamente en que había fallado...Sin encontrar explicación. Volvió a mirar a Kikyô. Realmente parecía más furiosa que nunca y daba la sensación de estar conteniéndose para no clavarle una flecha en la cabeza.
-Tú y yo tenemos asuntos que tratar.
-... Estoy de acuerdo, nosferatu...
Trato de incorporarse cuando descubrió que no podía. Su cuerpo estaba muy débil y era como si una fuerza superior a su entendimiento lo retuviera en ese lugar exacto. Intentó luchar contra ella, sin éxito.
-No te atrevas a levantarte o te matare.
-¿Por que...?
-Te recuerdo que mi hermana y tú establecisteis un vínculo entre vosotros y hasta el momento es imposible romperlo. Hace unos minutos os habéis distanciado demasiado y estas son las consecuencias. Tu estás débil, pero a ella casi le cuesta la vida- dijo arrastrando las palabras con odio.
Sesshômaru volvió a mirar al la joven vampiresa que descansaba junto a él. Sí, Kagome parecía estar peor que nunca y de alguna forma sintió una presión dentro de él, una angustia extraña que no comprendía ni tenía deseos de hacerlo.
-Ahora me vas a escuchar, cazavampiros del demonio -el tono de odio y voluntad con el que Kikyô hablaba le hizo sospechar que iba a tener problemas- Vas a permanecer en el castillo hasta que pase el plazo. Vas a estar junto a mi hermana, te vas a comportar como un simple sirviente y no revelaras tu identidad a nadie. No le tocaras un solo pelo a ninguno de los habitantes del castillo y mucho menos a Kagome. ¿Te ha quedado claro?
-No tengo por que obedecerte. Con matar a tu hermana se me acabo el problema del vinculo y tu no eres nade para darme ordenes.
La monarca esbozo una cruel y pérfida sonrisa que confirmo sus peores sospechas acerca de lo que estaba tramando la vampiro.
-Obedecerás, Sesshômaru, lo harás o mandare que le corten el cuello a tu hermano.
-Maldita chupasangre... ¿Donde est...?
-Eso no es de tu incumbencia. Pero no me pongas a prueba ni te quepa duda de que Inuyasha esta bajo mi control en algún lugar de las mazmorras. Así que, la vida de tu hermano por la de mi hermana ¿trato hecho?
Mierda, al final iba a tomar por costumbre hacer tratos con vampiros... Estaba cayendo muy bajo, desde luego, pronto tocaría fondo. Y cuando eso pasara sabrían quien es.
-De acuerdo...
-Bien, ahora debo comprobar en que estado se encuentra el castillo y sus habitantes tras el "ataque enemigo" quédate con Kagome y no te separes de ella, esta todavía terriblemente débil.
Kikyô abandono la habitación y Sesshômaru maldijo por lo bajo. Los malditos chupasangres lo tenían contra las cuerdas.
-Ugh...
Volteo a mirar a Kagome con una expresión feroz en el rostro que inmediatamente mudo por otra de preocupación. La vampiro no daba señales de mejorar, si no justo lo contrario.
Repaso mentalmente lo que le había dicho Kikyô... Kagome había estado a punto de morir... Y todo por dejarle marchar. Era seguro que ella había sabido lo que ocurriría y aun y así no le había importado.
Intento aproximarse a ella, descubriendo que la maldita y misteriosa fuerza no tenía nada en contra de que se le acercara.
Sin saber ni lo que hacía rodeo suavemente a la vampiresa con sus brazos y la estrecho contra él. En un acto involuntario, Kagome se aferro a su pecho.
-Sesshômaru...
Sesshômaru soltó otra maldición por haberla abandonado.
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Mientras, en algún lugar del palacio, otra vampiro se encontraba en brazos de quien no debería.
Allí, abrazados bajo las sabanas, piel contra piel, todo parecía carecer de importancia. Siempre había sido así entre ellos y siempre lo sería.
Breves encuentros a la espalda del resto del mundo que consumían sus almas como simples fósforos. Brillar un momento y apagarse al minuto siguiente.
-Kikyô...
-¿Si?
-¿De verás me tengo que quedar en esta habitaron durante a saber cuanto tiempo?
-Si, Inuyasha. Los Sirrui que hay en la puerta deberían dejarte claro que no vas a poder salir.
El cazavampiros la miro fastidiado.
-¡No puedes tenerme preso!
-Claro que puedo, te recuerdo que tú me tuviste presa a mí durante tres meses y no fuiste tan amable como yo.
-Habíamos quedado que olvidaríamos eso... Yo aun no sabía lo que ahora sé y solo eras una vampiro.
-Lo se, Inuyasha. Por eso tienes que entenderlo. No voy a dejar que tu hermano se la ruina de la mía.
-Tsk, si no hay más remedio... Lo que no entiendo es por que me has "encerrado" en una habitación, el resto del castillo sospechara. Debería estar en la mazmorra.
-No, por que Sesshômaru creerá que estás allí. Es la excusa perfecta y además...
-¿Además que?
-Hacerlo en la mazmorra seria muy incomodo.
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Habían pasado dos días desde el "ataque enemigo" como Kikyô lo había declarado y en el castillo no se hablaba de otra cosa que de los dos "presos" que habitaban junto a ellos.
Sin saber ni como, la verdadera identidad de Sesshômaru e Inuyasha había corrido como la pólvora por el palacio y ya todos estaban al tanto. Como todos sabían que estaba haciendo cada hermano en ese mismo momento.
Inuyasha se encontraba encerrado en una de las habitaciones de la torre este, custodiado día y noche por una docena de guardias Sirrui que no abrían la boca sobre su estado. Tan solo Kikyô podía entrar a verlo, bueno, a "torturarlo" creía todo el castillo.
Sesshômaru, en cambio, tenía la conducta más extraña de los dos. Permanecía junto a Kagome desde el día de la incursión y no se separaba de ella más que para comer o ir al baño. La opinión general era que tenía gran interés en la vida de su hermano.
Pero si todo el castillo creía eso y dormían tranquilos, Kikyô sabía que no era así y la conducta del mayor de los cazavampiros le era todo un misterio.
Ella no había dado la orden de que actuara como actuaba y sospechaba que Sesshômaru no deseaba que su hermana sufriera. Al menos eso le había quedado claro la única vez que logro entrar a la habitación sin que él la detectara y lo había visto abrazarla como si le fuera la vida en ello.
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Abrió los ojos pesadamente, aun tenía mucho sueño, pero no entendía el por que del calor.
Intento enfocar bien su mirada, pero no lo lograba, no veía más que manchas confusas y borrosas. Consiguió distinguir un destello plateado y supo quien estaba junto a ella, dándole calor.
Debía de ser de noche, puesto que él dormía con las respiración tranquila, pero sin apartarse de su lado.
Debería moverme, pensó, pero la agradable sensación de estar en los brazos de Sesshômaru podía con su hambre y su sed. Y aún no tenía las suficientes fuerzas como para apartarlo de su lado. Dudaba siquiera que fuese capaz de ponerse en pie. Y su vista seguía sin aclararse. ¿Que podía hacer...?
-¿Kagome?
Sorprendida, abrió mucho los ojos, pero los cerro al minuto siguiente a causa de lo mal que veía.
-Vaya... Te has... aprendido mi nombre...
Sesshômaru miraba con una extraña alegría a la joven vampiro que estaba en sus brazos despierta. Al menos ya lo peor había pasado y dejaría de atormentarse pensando si alguna vez despertaría.
-No hagas esfuerzos, duerme.
-Es que tengo hambre, pero no puedo moverme.
Las manos de Sesshômaru viajaron a la espalda de la joven y la atrajeron contra él, apoyando la cabeza de Kagome en su hombro.
-¿Sesshômaru?
-¿No tenías hambre?
Kagome entendió. No tenía fuerzas ya ni para hablar, solo trato de hacerlo despacio.
Sentía como lentamente hundía los colmillos en su cuello y aun y así no sintió dolor. Nunca lo sentía si era Kagome quien le mordía.
Bebió hasta quedar saciada y después descanso un poco apoyada en Sesshômaru, que no quería soltarla. Por fin podía ver con claridad y tenía algo de fuerza. El cazador se movió un poco y encendió al radio.
Locutor: Y he aquí otra canción del álbum de Tsuchiya, la famosa y enigmática cantante que conquisto a medio mundo con "No me sigas". Aquí tenemos otra de sus extrañas melodías: "Frío".
Pienso que nos perdimos en un sueño,
Volamos muy alto, más allá del cielo,
Y nos perdimos en las noches sin lucero.
Creímos que podríamos estar juntos,
La noche oscura envolvió los pecados,
La luna llena nos miraba llorando.
No estés junto a mí,
No soy un ser caliente,
Pertenezco al frío de la muerte.
¿Por que somos tan diferentes?
Un cuerpo frío y una mirada dulce,
Un cuerpo calido y ojos de hielo.
Si quiero seguirte no puedo,
Si quieres seguirme lo pierdes todo,
No hay futuro para nosotros.
No estés junto a mí,
No soy un ser caliente,
Pertenezco al frío de la muerte.
Kagome cayo dormida y Sesshômaru tan solo la contemplo unos minutos más antes de dormirse también.
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En las cocinas se encontraba un joven vampiro de cabello por los hombros y ojos oscuros, con un delantal y cara de mal genio pasando la escoba, cuando llegó la jefa de encargados con un objeto en la mano.
La cara del chico cambió en cuestión de segundos a una expresión de fingida humildad, mientras que el rostro de la recién llegada esta crispado de la indignación.
-Onigumo, ¿que diablos se supone es esto?
-Un candelabro con un poco de polvo, señora Kaede.
-¡¿Un candelabro?! Más bien polvo con un poco de candelabro. Límpialo ahora mismo, luego repasas todos los del castillo y después ve a las cocinas, la señorita Kagome acaba de despertar y hay que preparar la comida.
-Si, señora.
Plam
-Maldita bruja...
El vampiro extrae un pequeño espejo que escondía bajo el delantal.
-Mi señor.
Su imagen un poco desenfocada aparece reflejada en el cristal y poco después es sustituida por la imagen del Líder del Sur.
¿Que ocurre, Onigumo?
-La princesa Kagome acaba de despertar.
Umm... Bien, todo marcha según lo previsto...
-¿Que debo hace, señor?
Ten paciencia... Kagura llegara al castillo dentro de tres días.
-Entiendo.
Organízalo todo y cuando ella llegué ocupaos del asunto.
-Si, señor.
Y recuerda, hay que comerse a la reina antes de hacer jaque al rey.
-A sus ordenes, señor.
La comunicación se corto y Onigumo se dirigió a cumplir con sus tareas con una pequeña sonrisa siniestra en el rostro.
Fin del Capitulo 7º
