Semana Jon/Dami
Día 7
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(Soulmate)
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—¿Por qué no podía ser él…?—se preguntó por millonésima vez mientras los veía consumirse a besos y desaparecer en la habitación. Sabía que estaban "destinados" que eran el uno del otro pero aún así…
Dolía.
¿Si no iba a amarlo, para qué invirtió tanto tiempo en ilusionarlo?
¿Lo hacía para maltratarlo? ¿torturarlo? ¿matarlo? —una expresión torcida se dibujó en su cara. Al final, resultaba que el peor de los cuatro era él. El de la sonrisa de ángel, espalda ancha y cintura estrecha. El que lo abrazaba en sus noches de desvelo, quien escuchaba su "silencio" desacomodaba sus cabellos y tenía mil formas de llamarlo y hacer que estremeciera ese órgano hueco que solo debería bombear sangre pero que, en su defecto insistía en decir que estaba enamorado de Richard John Grayson.
Soltó el vaho helado por sus delgados labios. ¿Qué sentido tenía, seguir observando? Sabía lo que eran, aunque en sus comicios no comprendió la idea. Creía que todos veían como él lo hacía. Pero sus hermanos lentamente se lo fueron explicando. Había más colores en el firmamento, más matices en su paleta y esto solo era perceptible para aquellos que encontraban a la persona "amada"
Creyó, como un ingenuo que él lo era, ya que esa sonrisa de idiota ciertamente hacía que se aclarara su mente, despejara el firmamento, el cielo brillara y el sol lo cegara.
Sin embargo, Dick ya estaba con Jay.
Sostenían una relación clandestina, un romance tórrido y pasional del que fue testigo hasta que se cansó de "esperar" Quería un beso suyo, en los labios y no solo en la frente. Un roce de sus manos, en la entrepierna y no desacomodando sus cabellos. Que dijera su nombre con urgencia erótica, que jadeara de placer por él y no que lo llamara a las tres de la madrugada para decir "lo que Batman y Robin tenían que hacer"
Lo siguió. Una de tantas noches de confusión y desvelo porque las hormonas matan y la mente se nubla. Porque todos pintaban paisajes en tonalidades que él, solo reconocía como una amplia gama de grises. Quería conocerlos, combinarlos, crearlos. Y él, era lo más parecido a un amor verdadero en su vida. Atrás dejaron las calles de Blüdhaven y fueron adentrándose en los muelles de Gotham, el olor a pescado podrido rápidamente golpeó sus sentidos. Pensó que su hermano iba a ajustar algún tipo de cuenta, que no eran tan distintos y que hasta Dick, pateaba traseros como "R'as manda" en el anonimato de las sombras.
Se equivocó.
Si se reunió con alguien. Un ser frívolo e intimidante, caminante oscuro. Resurrecto, perteneciente a la Liga de las Sombras y cuando los vio estrecharse en un abrazo por demás íntimo, unir sus labios con hambre, el mundo entero dejó de tener color. Casi desvela su posición vigía, si no lo hizo fue porque Jason tenía algo importante que decir. Una puñalada por la espalda, bofetada con guante blanco. Si ese bastardo sabía que se encontraba escuchando no lo evidenció.
Sus palabras fueron breves, una conversación casual que Richard no dudó en continuar.
—¿Otra vez estabas perdiendo "mi tiempo" con ese Demonio?
—Sabes que Bruce no le hace caso y me encanta tenerlo a mi lado, porque me recuerda a ti, Jaybird… —unieron sus labios de nuevo, las manos pronto dejaron de estarse quietas. Richard siguió hablando de él como si fuera un cachorro que recogió de la calle y quizás si lo fuera. Mencionó que tenía un color precioso de ojos y que era una lástima que él, no supiera lo bonitos que eran sus ojos. ¿De que hablaba? Sus ojos eran negros, como los de su padre y sus hermanos.
Jason respondió que sí, "esos ojos alargados podrían matar de la exacta manera en que hacía su madre" sin juzgar, demandar, sólo con su intensidad.
—¿De qué te quejas...si tú también mataste así? —ronroneo su "destino" lamiendo su oído y entonces la escena pasó a ser para adultos.
Regresó a casa frustrado, enfadado y peleado con la vida. ¿De qué color eran sus ojos? ¿A caso, sólo los que aman y son amados con reciprocidad podían ver el color de sus ojos?
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—¿Ignoraste mi consejo y haz ido a verlos de nuevo?—comentó Red Robin como quien no quiere la cosa. Él lo fulminó con la mirada y por extraño que pareciera se perdió algunos segundos en su mirada. Negros, al igual que sus cabellos, su estúpido traje era rojo con negro, algunos matices de verde y dorado. Conner Kent también tenía cabello y ojos negros, su padre ni se diga.
Así entendía la vida, así la veía. ¿Por qué ahora resultaba que estaba mas ciego y solo que un loco?
—¿Sigues sin entenderlo, cierto?
—Es que simplemente no comprendo como "funciona" esto.
—Y jamás lo harás porque no hablamos de objetos sino sentimientos. Te entrenaron para no sentir, experimentar, desear, concebir. Es lógico que no entiendas lo que son las "almas gemelas"
—¿Jason y Dick? ¿Es en serio...? ¿Porque...en qué es diferente a mi? —Timothy sonrió de lado. —¡De a cuerdo! sólo era más viejo y le sacaba en estatura como medio metro, lo superaba en peso y masa muscular, tenía sonrisa de galán...ok. El mercenario estaba mas bueno que un queso pero cuando creciera, él lo estaría por igual. ¿Richard, no lo podía esperar? ¿O dónde estaba su idiota con sonrisa estúpida y cabellos negros? Aquel que haría que comprendiera todo aquello que se moría por conocer... —Drake se desprendió la máscara de héroe junto con el antifaz, se acomodó en una silla amplia de la cueva y lo instó a hacer lo mismo con un movimiento de rostro.
Suspiró, cansado, dolido, obsesionado.
¿Por qué era tan difícil, si solo quería...? ¿Qué era lo que quería? ¿Un hogar? Porque obviamente no estaba en esa cueva, ni en la mansión o en Ciudad Gótica, creyó que lo tendría con Dick, pero de un tiempo hacia acá sus momentos juntos se volvían más y más remotos.
Necesitaba estabilidad, descubrirlo, descifrarlo, encontrarlo.
Su hermano resopló y le dedicó una sonrisa digna de telenovela, sugirió que dejara de darle tantas vueltas o de verdad se volvería loco. No siempre era "tan sencillo" su destino podría estar vivo pero vivir en el otro lado del mundo, tener treinta años más o ni siquiera haber nacido. No tenía caso buscarlo por cielo, mar y tierra, porque de "juntarlos" se encargaban sus hilos.
—¿Cuales hilos?
—Los del destino...escucha, Jason y Dick, no supieron lo que eran hasta que nuestro hermano murió y resucitó. Como sabes trató de matarnos a todos, se ensañó de más con él y en el momento estaba por volarle la maldita tapa de los sesos resulta que se desprende su máscara y consigue ver la luz de sus ojos. El color original...ese que no puedes contemplar.
—¿Y tú sí...?—resopló indignado porque Richard era ciertamente apuesto y no sabía que color de ojos era el que podría acentuar sus rasgos.
—Son azules como los míos y los de Bruce, pero cada uno posee un matiz distinto. Algún día los verás, los de Jason por cierto, son verdes, similares a los tuyos pero en un tono menos oscuro.
—¿¡Queeeee...!?—gritó descontrolado y su hermano claramente lo estaba disfrutando. Río a mandíbula suelta presionando su estómago. ¿Hasta ese imbécil presuntuoso tan poco atractivo conocía a su destino? ¿Quien era? ¿Por qué, no se lo había dicho?
—No tienes que saberlo todo, pero si quieres una pista...Me has visto mil millones de veces con él. Nos gusta mantenerlo en "secreto" pues no queremos ni pensar en cómo lo tomarían nuestros padres.
—¿¡Conner!? ¡Eso ni siquiera tiene sentido! ¿Cómo puede ser tu destino alguien que ni siquiera...?
—Lex lo creó en su laboratorio. Técnicamente nació en la Tierra y es su alma, no su cuerpo lo que a mi me interesa.
Hablando de eso, necesito un favor.
—Tt...—rechinó los dientes y frunció el ceño. Ya se le hacía extraño que durara tanto este momento "fraterno"
—Quiere presentarme a su hermano, tiene mas o menos tu edad y yo pensaba que podrías acompañarme y distraerlo un rato...
—¿Niñera, Drake? ¿Es en serio? ¿Y cómo consigue un Clon tener hermanos? Pensé que Lex y Clark...
—Es hijo de Louis y Clark, nació en otra Tierra, tiene diez años y te prohibo matarlo.
—¿Qué gano por jugar al buen samaritano?
—¿Mi eterna gratitud?
—Estarás follando y yo jugando a las "manitas" con un extraño.
—¡Hey! ¡Nada de manos! Sólo entretenlo un rato, te daré todos mis cómics y videojuegos. ¿De acuerdo?
—¡Bien!
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El chiquillo en cuestión era una fastidiosa bomba de algarabía y energía. (Por no mencionar que estaba más "desarrollado" que él y tenía solo diez) Si Drake quería levantar la bandera negra y decirle de manera indirecta lo mucho que detestaba su existencia. Lo estaba logrando y con creces.
Antes de largarse con su "novio" le recordó que se portara bien. Nada de experimentos, peleas, malas palabras, inmovilizarlo con kriptonita o volar en pedazos en la maldita granja. Como eso englobaba todo lo que quería hacer, no tuvieron más remedio que encerrarse en la habitación del menor y jugar videojuegos.
Compartieron un buen momento, comieron golosinas y chatarra hasta hartarse, se golpearon con almohadas y se persiguieron como "niños" en cada recoveco de la casa. No es de extrañarse, de verdad. Él podía fingir ser "humano" Richard se lo había enseñado y al pensar en él sintió un profundo desasosiego.
—¿Piensas dormirte con eso…?—preguntó Jon, entrando en su cuarto con una pijama azul. Él miró sus ropas de héroe. Llegaron con los Kent siendo Robin's, no sabía si aquellos dos se excitaban persiguiendo maleantes y después follando en la calle. Sin embargo era tarde, cerca de las dos de la mañana y no estaban "vigilando" la capa estaba de más, al igual que los guantes y el antifaz. Al ver su estoicismo el chico de cabellos ligeramente ondulados, cara redondeada y pies descalzos buscó unas prendas en el interior de su armario.
—No creo que tu ropa…—comenzó a vociferar pero el otro rápidamente lo supo callar.
—Claro que te quedarán…—anunció con una sonrisa tremenda, enfatizando la diferencia entre sus estaturas y dejando en claro que podía ser más joven, pero notablemente más grande. Rumió y comenzó a desnudarse a sus espaldas. Kent buscaba ahora una bolsa de dormir en el fondo de su armario o quizás quisiera compartir la cama.
—¡Dormiré en el piso! ¡No soy un niño! —gritó colérico pero en realidad lo decía porque el único con quien había dormido (hasta ahora) era Dick y solía abrazarlo como a un niño, compartirle su calor, su aroma…el desasosiego una vez más lo apuñaló.
Jon se intimidó un poco ya que él se había quitado casi todas las ropas con excepción del antifaz y le pegaba de gritos con sus fabulosos mini bóxers de "Batman" las carcajadas se hicieron presentes, el chiquillo tenía una risa fácil y bastante agradable. Él se puso la maldita pijama que le "prestó" aunque no entendía ¿Por qué la suya tenía pantalones ridículamente cortos y la de él, no?
—¿Vas a burlarte de mi hasta la muerte?
—¡NO! Es solo que…dices que no eres un niño y usas ropa interior de niños…
—¡Cállate Kent! —le quitó la bendita bolsa de dormir y se metió en ella como una maldita oruga, el chico terminó de apagar la luz y meterse en su cama. Le dio las "buenas noches" él resopló frustrado porque sí…quería unas buenas noches, pero no en esa granja, sino en un departamento de Blüdhaven y con Dick.
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A la mañana siguiente, el chico "sunshine" no dudó en levantarlo. Él rumió por lo bajo y siseó como gato. Odiaba las mañanas, en serio. Además del Domingo, por todo lo sagrado y maldito. ¡Ni siquiera Trigon se levantaba temprano los Domingos!
—¡Podemos jugar antes de que llegue alguien!
—Si no me dejas en paz, ese alguien será un agente de policía, experto en homicidios, Kent…
—Anda, Damian…sólo otra ronda. Seguro que esta vez, mi Shazam derrota a tu Nightwing.
—De acuerdo…—se desperezó arañando su cara y recordando que sí. Él era un necio obsesivo y compulsivo pues cuando jugaron Injustice, él eligió al personaje que representaba a su hermano. Había una figura de Robin, pero no le gustaba porque según esa historia él asesinó a Richard. Bueno, en realidad le arrojó uno de sus bastones que le atinó en la cara, el idiota perdió el equilibrio, se cayó y una jodida piedra le hizo un perfecto K.O
La piedra no aparecía como personaje jugable, pero si lo hiciera apostaría a que más de uno la elegiría. Jon encendió el televisor y preparó la consola, él salió de su calientita crisálida y sintió algo de frío en las piernas, se envolvió con los brazos y soltó un bufido. ¿Era en serio? ¿Pantalones cortos y camisa con mangas extremadamente largas? ¿Quien diseñaba estas mierdas? Quien fuera lo encontraría y demandaría.
—¡Juega! —apremió el chico acercándole el mando inalámbrico y cuando lo hizo, algo en él había cambiado. Era la misma cara redondeada de tez clara, los mismos cabellos negros ligeramente ondulados aunque mucho más alborotados pero sus ojos…
Esos ya no eran negros sino azules como el cielo.
Kent pareció percibirlo también, el mando se le cayó de las manos, señaló su rostro y él tuvo la imperiosa necesidad de volver a ponerse su jodido antifaz. No llegó a efectuarlo, sus pulmones se vaciaron, todo su cuerpo tembló. ¿Ellos eran Destino? ¡NO! ¡No podía creerlo! En ese momento, Conner tuvo la genial idea de abrir la puerta y al verlo a la cara notó sus ojos celestes. Timothy venía por detrás, traía el desayuno en un par de bolsas de Krispy Kreme.
—¿Qué están…?—lo miró a los ojos. Azules como dijo que eran pero en un tono más oscuro que el de Conn, su garganta se secó. ¿¡Cómo se supone que asimile alguien algo como esto!? ¿Descubres los colores más deslumbrantes y de pronto decides que sí? ¿La persona que te abrió los ojos es con la que quieres pasar el resto de tu existencia? Salió corriendo, escurriéndose entre los cuerpos de sus hermanos y sin importarle llevar esa pijama para degenerados sexuales.
Su "destino" lo llamó a voz en grito, los otros dos no entendían nada y ni falta hacía que lo hicieran. Si ya podía ver las cosas como eran, quería conocer el verdadero color de los ojos de Dick, advertir la luz en su rostro, saber si era cierto, que no existía esperanza alguna de que él, fuera algo suyo.
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—Violette Moore—
