Ayer termine de escribir el capítulo... se los dejo de rapido y nos vemos mañana!

gracias a todos por sus comentarios, sigan escribiéndome... me hace seguir adelante!

Capítulo 7

POV Katniss Everdeen

- No es seguro que estés aquí – me dice al entrar a su recamara con el desayuno

- Claro que lo es. Sé que no me harás daño

- Eso intento – responde con una sonrisa y yo me acerco para darle la charola con comida. Me siento al lado de su cama y toco su mano con la mía

- No permitas que Snow te aparte de mi – le digo con lágrimas en los ojos

- No, no quiero hacerlo… – responde con las mismas palabras que nos dijimos durante la batalla en el Capitolio y los recuerdos vuelven a dilatar sus pupilas tensando su cuerpo con terror reflejado en cada movimiento.

Quito la comida y me siento en la cama abrazándolo con fuerza.

- Quédate conmigo – le digo igual que en ese momento de la batalla. Me arrepiento de seguir usando las mismas palabras. ¡No le ayudan! Puede que esté empeorando todo, pero parece que no es así, ya que se logra tranquilizar un poco y abre sus ojos para perderse en mi mirada.

- Siempre – dice dejándose consolar en mis brazos. Una suave sonrisa aparece cuando comienzo a tararear la canción de Rue.

Supongo que el hambre lo despierta en tan poco tiempo y le doy de comer como lo hice durante los Juegos. Procuro no decir nada para evitar un nuevo episodio, come en silencio y con gran apetito.

- Debo volver a hornear – dice mirando el pan que le he traído ya que está un poco duro, pues es de los últimos que hizo antes de esta fuerte crisis – debo ir a ver la panadería

- Sigue avanzando – le digo y me mira

- ¿Has visto los avances?

Le cuento que diario salía a los bosques a cazar y de regreso pasaba por el lugar para ver los avances de la construcción. Me doy cuenta que no le sorprende, me veía salir a cazar y pasar a verlo de lejos.

- Debo pagar – dice al percatarse que ha pasado más de una semana en cama y que no ha pagado los servicios de construcción

- Creo que pueden esperar uno o dos días más

- Pero deben necesitarlo – me dice con preocupación – ve tu Katniss, llévales el dinero, está en el cajón del armario.

Prometo hacerlo pero me pregunto si podré dejarlo aunque sea un rato, me preocupa que empeore la crisis de la que apenas está saliendo. Delly Cartwright es la respuesta, pues al poco rato se aparece por casa de Peeta preguntando por su salud. Haymitch la deja pasar y cuando la veo entrar en el cuarto y ver las sonrisas que se dan mutuamente siento un nudo en el estómago y comienzo a salir de ahí, pero Peeta me pide que no lo haga. Me quedo parada en la puerta, luego se me ocurre sacar el dinero que me había dicho para dárselo a Delly pidiéndole que se lo de a su hermano.

- ¡Oh! – exclama ella recibiendo el dinero – no he venido por eso. Aunque mi hermano me pidió que te dijera que no te preocupes por la panadería, siguen trabajando en ella y pronto estará terminada

- Gracias Delly, aún así llévale el dinero – responde Peeta con su bella sonrisa y Delly no puede negarse.

Me duele el corazón al ver a Peeta hablando alegremente con ella, es como si nunca hubiera sido secuestrado, es el alegre Peeta que todos vieron en las entrevistas, el que deseo recuperar.

Acompaño a Delly hasta la puerta y ella me agradece que esté con su amigo, pues cree que es la mejor forma de ayudarlo con sus episodios. Me sorprende saber que Delly esté tan enterada de los problemas de mi Peeta pero me guardo mis sentimientos tratando de sonreírle.

- Estaba Delly en el Centro de Entrenamiento. ¿Real o no real? – pregunta Peeta con tensión en su voz

- No real. – respondo y le platico cuando reconocí a un Avox que nos atendía durante el entrenamiento y que para salir del paso, él me ayudó diciendo que se parecía a Delly Cartwright – me ayudaste.

- Un avox – dice mientras sus pupilas se dilatan nuevamente – Darius, Lavinia…

Me arrepiento de mis palabras, maldigo todo lo que digo pues siempre le ocasiono un nuevo episodio. Enfurezco de pensar que esto nunca terminara.

Peeta sufre por su lado, se retuerce en la cama y estruja la almohada. Haymitch entra en la habitación y me pregunta que ha pasado, le cuento lo que Peeta dijo al batallón sobre la muerte de Darius y Lavinia: los torturaron frente a él hasta matarlos.

- Tranquilízate Peeta – le dice Haymitch tomándolo entre sus brazos. Admiro la forma en que lo hace, ese hombre tan… borracho, hosco y duro de trato, está ahí, consolando a otro hombre con dulzura.

Pienso en lo mucho que ha sufrido Haymitch a lo largo de todos estos años. Ha perdido a su familia de la misma manera, Snow le hizo presenciar la muerte de sus seres queridos. Él entiende por lo que está pasando Peeta, por eso sigue luchando, sabe que si alguien puede salir adelante y merece la pena salvar, es Peeta. El hombre que "ni viviendo cien vidas merecería".

Comienzo a cantar. No la dulce canción de Rue, sino la canción que tanto me gustaba cantar con mi padre. Esa canción de la que no entendía el significado, pero que cada día adquiere más claridad para mí: el árbol del ahorcado.

¿Vas, vas a volver

al árbol en el que colgaron

a un hombre por matar a tres?

Cosas extrañas pasaron en él,

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver

al árbol donde el hombre muerto

pidió a su amor huir con él?

Cosas extrañas pasaron en él,

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver

al árbol donde te pedí huir

y en libertad juntos correr?

Cosas extrañas pasaron en él,

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver

al árbol con un collar de cuerda

para conmigo pender?

Cosas extrañas pasaron en él,

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

La canción nos tranquiliza a los tres. Peeta y Haymitch se quedan dormidos en la cama y yo estoy recostada en un sillón.

Ahí estamos los tres, cada uno sufriendo de diferente forma, los mismos miedos, los mismos temores. Los tres estamos solos, pero a la vez estamos unidos, somos una familia y siempre lo seremos, porque si uno de nosotros le pide al otro regresar a una muerte segura, no lo dudaríamos. Estamos en esto juntos y lo estaremos siempre. Si uno es colgado los otros dos volverán al árbol con un collar de cuerda para con él pender.

- Cantar hubiera sido mejor que colgar a Seneca Crane en el entrenamiento – suelta Haymitch sacándome de mis pensamientos

- Ya conocían ese talento – respondo sonriendo mientras hago la señal de saludo que hice para despedir a Rue besando los tres dedos de la mano izquierda. – Gracias por cuidarnos, Haymitch

- No he hecho gran cosa, ustedes mismos se han salvado. Son fuertes y decididos.

- Igual que tú.

Sae nos interrumpe llegando a la casa con un delicioso estofado. Ver a Peeta en el comedor me alegra mucho, se ve recuperado y feliz de tenernos a su lado. Haymitch le comenta que estoy dispuesta a ayudarle con sus preguntas pero los dos cuestionamos si es buena idea, pues podría entrar en crisis nuevamente. Nuestro mentor enfurece y nos calla cuando empezamos a discutir.

- He hablado con Plutarch y con el doctor Aurelius, empezarás de nuevo el tratamiento y Katniss es parte primordial de éste. Me mandarán los videos de los juegos.

La reacción de Peeta nos da un adelanto de lo que nos espera con este nuevo tratamiento. Se levanta de la mesa y agarra el respaldo de la silla con todas sus fuerzas concentrándose en sus pensamientos. Los dos nos quedamos callados por un momento hasta que me fuerzo a levantarme y acercarme a él, le abrazo por la espalda con suficiente fuerza pues se mueve tratando de evitarme. Le abrazo y susurro al oído que estaré siempre a su lado. Poco a poco recupera su cordura y le llevo a la cama para que descanse.

- Dormíamos juntos. ¿Real o no real? – me pregunta sin moverse

- Real. – respondo acostándome a su lado, abrazándolo como él solía hacerlo conmigo durante nuestra Gira de la Victoria y antes del Vasallaje – desde los primeros juegos dormíamos abrazados, durante la Gira descubrimos que era la única forma de no tener pesadillas y lo seguimos haciendo hasta antes de entrar en la arena del Vasallaje.

Medita durante unos instantes y noto que su cuerpo sigue un poco tenso así que me quedo en la misma posición y le acaricio suavemente el brazo que tengo cerca de mi mano

- ¿Sigues teniendo pesadillas? – pregunta

- Sí. Diariamente. En cuanto despierto después de una pesadilla ya no vuelvo a dormir, me levanto y salgo a cazar – pienso un poco y luego pregunto – y tú ¿sigues teniendo pesadillas?

- Dormido y despierto – contesta con una ligera risa de resignación

- Ahora solo las tendrás despierto – le digo abrazándolo con fuerza – y de esas nos encargaremos también

- Gracias – dice besándome la mano y me sorprendo porque es la primera vez que digo lo que debo y quiero.

Despierto temprano y sin querer lo despierto al tratar de levantarme. Me mira y noto que es el alegre Peeta de antes, me pregunta si voy a cazar y aunque la idea es tentadora, me niego. No quiero alejarme de él, por si me necesita. Así que entro en el baño para darme un baño.

Al terminar de desayunar decidimos dar un paseo por el pueblo y ver cómo sigue la reconstrucción de la panadería. Los dos nos sorprendemos al ver que está terminada.

Delly y su hermano nos reciben con mucha alegría al ver que Peeta se encuentra mucho mejor y le dicen que todos en el pueblo han ayudado en la reconstrucción. Las otras obras de la zona han cedido sus materiales, además de que todo el dinero que Peeta había mandado también ha sido utilizado para poder terminar en tan poco tiempo. Poco a poco comienzan a reunirse alrededor del local, la mayoría de los habitantes del Distrito. Todos han querido colaborar pues solo han recibido atenciones por parte de él y recuerdan que fue él quien salvo al 13 del bombardeo.

- Pero… – exclama entrando en el lugar y observando los muebles recién pintados

- Desde que regresaste has ayudado mucho a esta comunidad – le dice el joven Cartwright – apoyas con trabajo y dinero para los trabajos de reconstrucción y regalas el pan que horneas en tu casa. Todos querían retribuirte de alguna manera, así que decidimos darte la sorpresa

Peeta está emocionado hasta las lágrimas y yo no puedo dejar de sentirme feliz de verlo caminar a través del local. Todo está tal cual Peeta lo había imaginado, las paredes y el techo están terminadas, las ventanas están limpias y abiertas dejando el aire circular dentro de la panadería, los estantes están bellamente decorados esperando por las charolas de pan recién hecho. En una de las ventanas principales están los estantes para los pasteles. Un lugar especial para los bellos glaseados de Peeta.

- ¿Está todo como debe ser? – pregunta Timo

- Está perfecto – responde con la voz entrecortada. Me busca con la mirada y me acercó a él – pregunta – me dice acercándome a una venta – ahí estaba el manzano donde… ¿Real o no real?

Me doy cuenta que no sabe como decir que ahí estaba el manzano donde me guarecí de la lluvia mientras esperaba morir por inanición y de donde me salvo la vida, no solo por el pan que me arrojó sino porque con ese pequeño acto me devolvió la esperanza y fortaleza para seguir viviendo.

- Real. Ahí estaba el manzano de donde me rescataste.

Timo, el aprendiz de la Veta, le enseña todos los enseres que han llegado del capitolio y que ha guardado en las estanterías. Peeta se da cuenta que la panadería puede empezar a funcionar en cualquier momento y decide que sea en ese preciso momento. Así que comienza a prender los hornos e invita a todos a pasar en unas horas por pan recién hecho. Yo me apunto para ir con el hermano de Delly a la casa de Peeta por los materiales que tiene allá. Timo y Delly se quedan ayudándole en la panadería.

Peeta está feliz horneando panes y galletas, yo me siento un poco inútil y salgo a la puerta para no estorbar. Me quedo observando el lugar donde debería estar el manzano y se me ocurre ir al bosque, pues por la parte sur del Distrito había árboles frutales. Corro hasta esa zona y me doy cuenta que han empezado a hacer huertas y sembradíos. Uno de los hombres de ahí me reconoce y me agradece todo lo que he hecho por el Distrito, la rebelión y por todo Panem. Me quedo sin saber que decir pues no creo haber hecho gran cosa y lo que hice fue sin saber lo que realmente estaba haciendo. El hombre toma mi turbación como una señal de humildad y me sonríe preguntándome si necesito algo, le respondo que buscaba un pequeño manzano.

Me lleva hasta una zona del huerto y me señala varios pequeños arbustos que han comenzado a crecer.

- Estos son manzanos – me dice orgulloso de sus arbustos

- Le compro uno – le digo feliz de tener lo que quiero

- No – responde secamente y cuando esto a punto de gritarle furiosa por su respuesta me dice que no puede vendérmelo, que lo acepte como un regalo

Cargo con mi manzano y dejo la zona sur del Distrito convencida de que tengo que recorrer todo el Distrito pues ha cambiado mucho y me alegra verlo así.

- ¿Dónde estabas? – me pregunta un Peeta nervioso y observo sus pupilas un poco dilatadas

- ¿Estás bien? – pregunto preocupada al verlo así

- Estoy bien – responde dándose cuenta que interprete su preocupación con un episodio– lo siento, te asusté

Descubro tristeza en su mirada así que le enseño el arbusto que llevo en las manos.

- Es un manzano

Su rostro se ilumina con una bella sonrisa y toma el manzano con sus manos llevándolo hasta el lugar donde antes estaba el otro, corro a buscar una pala que encuentro rápidamente en la construcción más cercana y regreso para ayudar a Peeta a sembrarlo.

- Nuestro manzano – dice admirándolo

Haymitch nos espera en la casa para cenar y comenzar con la terapia. Peeta se resiste nuevamente pero ahora apoyo a Haymitch y contra los dos, no le queda más remedio que ceder. Terminando de cenar nos sentamos en la sala para comenzar a ver nuestros Juegos del Hambre.

- ¿Quieres empezar por la cosecha o directo a la arena? – pregunta Haymitch

- No lo sé – dice ya tensionado – no me gustaría revivir todo lo pasado, además, estos videos también los vi en el 13

- Entonces pregunta lo primero que se te ocurra y de ahí partimos – le digo tratando de animarlo.

Pero no resulta así, en cuanto comienza a pensar en los Juegos, sus pupilas se dilatan y sus manos suben a su cabeza.

- Las rastrevíspulas – dice sin cambiar de posición. Haymitch busca la imagen y yo empiezo a hacerme una idea en la cabeza de lo que tengo que decir y como decirlo – trataste de matarme – dice con furia y terror en su voz, se trata de controlar y toma una almohada con las manos como si la estuviera estrangulando. Noto como intenta calmarse pero su mente le traiciona.

- Real – comienzo diciendo suspirando porque es el único momento en que podría decirse que quería matar a Peeta. – Me tenían atrapada. No eras tú solo, estabas con los profesionales y todos habían acampado debajo del árbol para esperar a que bajara y matarme.

- Pensaba matarte. ¿Real o no real? – pregunta completamente confundido, sin poder creer en nada de lo que piensa

- No real. – contesto y Haymitch le platica como durante el entrenamiento él le había pedido que me salvaran

- Estabas dispuesto a morir por darle una oportunidad a Katniss de ganar los juegos – le dice Haymitch mientras coloca la cinta en el inicio, cuando la batalla en la Cornucopia se lleva a cabo y cuando Peeta se une a los profesionales. – te uniste a ellos para estar presente cuando intentaran ir por ella y así poderla proteger.

Haymitch busca el momento en que estoy arriba del árbol y observamos como Peeta se presenta voluntario para hacer guardia.

- Los dejaste dormir toda la noche para que así Katniss pudiera escapar o hacer algo – dice nuestro mentor

- Soltaste las rastrevíspulas

- Fue su manera de salir de ahí – dice Haymitch

Todos observamos la escena y vemos como Cato y Peeta salen corriendo hacia el agua, con pocas picaduras. Pero luego regresan. Notamos como Peeta se interesa por la siguiente escena, seguramente el capitolio no le enseñó la parte donde él regresa, me grita que huya y pelea con Cato. Todos nos quedamos mirando la lucha entre ellos y cómo Peeta sale herido.

- Lo hiciste por amor – concluye Haymitch apagando el video. Peeta sigue luchando contra los pensamientos que el Capitolio le ha implantado y nos quedamos a su lado en silencio. Le rodeo con mis brazos y parece que eso le ayuda

- Te amo. ¿Real o no real?

No sé cómo responder a eso. Durante los juegos yo no sabía si el amor que sentía Peeta era real o no. Pensaba que era una farsa, una estrategia para ganar los juegos, pero ahora estoy convencida que lo hizo porque me quiere. Bueno me quería en ese momento. Cuando Peeta supo que yo estaba fingiendo él comenzó a hacerlo también, así era cuando estábamos en la Gira de la Victoria y luego en el Vasallaje. Así que, ¿me ama? No lo sé. Mucho menos ahora que el Capitolio le ha implantado ese terror hacia mí, le ha hecho creer que soy un muto.

Los hombres frente a mí se dan cuenta de mi tardanza para responder. Haymitch me lanza una mirada fulminante y Peeta se aprieta la cabeza con sus manos.

- Real. – contesta Haymitch – siempre la has amado.

- Desde los 5 años cuando me oíste cantar – respondo recordando el momento en que me contó ese episodio de nuestras vidas. Parece que él también lo recuerda y me pregunto la forma en que el Capitolio manipulo esa escena, me respondo al darme cuenta que no pudieron, porque Peeta solo contó algo, no tienen imágenes de esa escena, como tampoco de nuestra escena del pan.

- Canta – me pide con desesperación y comienzo a hacerlo.

El efecto es inmediato, Peeta se tranquiliza absorbiendo cada nota que escucha como si fuera mágica. La melodía es corta, pero alegre y en cuanto termino me doy cuenta de cómo me miran los dos, no puedo evitar sonrojarme y esconder el rostro en el pecho de mi chico del pan.

- Es real – dice besándome la frente – amarte es mi realidad desde los cinco años.

Todos estamos agotados, así que subimos a dormir cuando Haymitch sale rumbo a su casa con una botella en la mano.

- Deberías cazar – me dice recibiéndome entre sus brazos después de apagar la luz y abrir la ventana como a Peeta le gusta dormir.

- Ahora que duermo a tu lado no tengo pesadillas, así que no he tenido necesidad de salir a media noche a cazar

- Pero te gusta y podrías hacerlo por las mañanas

Me observa y nota mi extrañeza, pues me pregunto si Peeta ya se harto de verme, de tenerme siempre a su lado. Parece como si me leyera la mente y me abraza con más fuerza.

- Podrías cazar mientras yo horneo. Nos veríamos en la panadería a medio día.

Dormir al lado de Peeta es lo que mejor se me da. Abrazarme a su pecho y sentirlo a mi lado es la mejor manera de expresarle lo que siento y de sentirme segura. Volver a dormir toda la noche es un lujo que ya había olvidado. Nuestros cuerpos se recuperan rápidamente gracias a eso, poco a poco ganamos peso y nuestros ojos dejan de tener esas manchas oscuras. Aún así estamos acostumbrados a levantarnos temprano, el pueblo todavía no despierta cuando lo recorremos, Peeta se queda en la panadería y yo continuo mi camino hacia la Veta por donde salgo al bosque.

Cazar es encontrarme a mí misma. Esto es lo que soy y lo que me gusta. El único problema que encuentro es que no dejo de recordar a Gale, cazar con él era sumamente divertido y el doble de productivo, más que nada por las trampas. Ahora que solo lo hago por diversión, decido no colocarlas y solo cazo lo que mi arco y flecha se encuentren. Tampoco tengo necesidad de la carne así que se la entrego a Sae la Grasienta quien se encarga de cocinarla y repartirla o venderla a la gente del Distrito. Peeta hace lo mismo hornea diariamente para todo el Distrito sin cobrar. Algunos le dan algo a cambio pero el termina repartiendo hasta lo que le regalan.

- ¿Katniss? – escucho en cuanto entro en la panadería – ¿Qué pensaste cuando me viste con los profesionales?

Lo suelta directo y sin ninguna característica de estar sufriendo, aún así sé que tengo que ser honesta con él.

- Te odié – le respondo esperando una reacción de su parte, me sigue observando y decido continuar – sentí que me habías traicionado aunque sabía que era lo mejor, si teníamos que morir, no quería ser yo quien te matara o me mataras, así que no podíamos hacer equipo.

- ¿Nunca sospechaste que lo hiciera por ti? – pregunta cuándo vamos camino hacia la aldea de los Vencedores, me tiene tomada de la mano y no deja de hacerlo en ningún momento

- Creí que tu declaración en las entrevistas había sido una estrategia, así que en ese momento no lo sospeche. Lo hice cuando me salvaste de Cato. Pero no quería hacerme ninguna esperanza pues de nada servía ya que uno o los dos debía morir.

- Entiendo