Habían pasado algunos años. El caminaba feliz por SUS pasillos. Saludaba a todo el mundo y todo el mundo, con un poco de terror en sus rostros le devolvía el saludo. Eso le encantaba. Le encantaba que ellos supieran que él era el hombre más importante de allí y cualquier cosa que a él no le pareciera, podía deshacerse de ellos sin más. Llegó a su oficina. Aspiró su olor, si ese es el olor del poder, de ser Führer. Después de tanto esfuerzo, sudor y lágrimas arreglando el desastre de Ishval, al fin lo habían reconocido como él se lo merecía. Se sentó en su gran e imponente silla y a los segundo llego su asistente con un café en una bandeja. Ella sabía como le gustaba, si total ella se lo hacía cada mañana y cada noche.
-Gracias-dijo tomando la taza y llevándosela a los labios- perfecto-dijo con satisfacción
-gracias-dijo Riza (¿Quién creía que era su asistente de confianza?)
-Cariño-dijo mirándola con demasiada alegría. Por fin su relación ya no era un tabú. Lo primero que había hecho como Führer, fue cambiar esa estúpida regla de no poder estar en una relación con los compañeros del trabajo. Había aprovechado y se había casado con Elizabeth- ¿A qué hora es la ceremonia de celebración de mi ascenso?-dijo con sorna
-En unos 15 minutos, debemos ir al galpón sur. Allí estarán todos-dijo tranquilamente, ya acostumbrada a los desplantes de su marido.
-Muy bien- se levantó, se arregló el uniforme y se dirigió a la puerta acompañado de Riza. Los dos salieron del edificio y se subieron al auto que ya estaba esperándolos para dirigirse a la ceremonia. Ese día celebrarían al nuevo Führer. Al llegar al lugar, caminaron por el pasillo. Allí se encontraban todos los altos mandos sentados en la primera fila de sillas, después seguían los generales, coroneles, tenientes, soldados rasos (la verdad no sé muy bien la distribución de los cargos de la milicia, asumo que es algo así) y gente común y corriente. Vio en una de las sillas a Acero, su esposa e hijos. Los saludó con un movimiento de cabeza y una sonrisa ladina. Este le hizo un gesto con su dedo. Maldito bastardo pedante.
La ceremonia comenzó. El anterior Führer le dedicó unas palabras diciendo que le tocaba una tarea difícil, que él tenía que encargarse de todo con parsimonia y bla bla bla. Pero lo que le llamó la atención fue que Acero subió al estrado a dedicarle "unas cálidas palabras" Frunció el ceño ¿Qué tenía que decirle ese enano?
-Coronel, perdón Führer -había empezado su mofa. Roy solo gruño despacio- Felicidades por esta promoción, espero que las cosas no se vengan abajo en tu mandato-sonrió triunfal-te tengo una pequeña sorpresa. Me puse en contacto con todas tus AMIGAS. Ellas estaban tan contentas por tu ascenso que decidieron venir y saludarte como es debido- Roy abrió sus ojos ¿Pero qué amigas? No será…-pueden pasar chicas-hizo un gesto para que la gente entrara al lugar. De allí salieron un montón de chicas, vestidas con vestidos ceñidos al cuerpo, pintadas estrafalariamente. El las conocía muy bien, eran del bar de su madre adoptiva.
-Roy-chan-dijeron al unísono y lanzándose a donde estaba él. Riza lo miraba más que furiosa ¿Pero Quienes son ellas? ¿Por qué están abrazando a SU esposo? Pero no dijo nada, no quería perder los estribos en ese lugar. Más tarde ya saldaría cuentas con él.
-Chicas…yo-estaba nervioso. Miró a donde se encontraban los altos mandos. Estos lo miraban con desaprobación ¿Cómo es posible que en una ceremonia tan importante se armara tanto jaleo y con este tipo de mujerzuelas?
-Estamos tan feliz por ti-dijo una señorita alta, rubia, con atributos despampanantes
-sí, te queremos tanto Roy-chan-salto a abrazarlo otra con el pelo negro, largo y sedoso. Todas la imitaron. Lo llenaron de besos en el rostro, le dedicaron un sinfín de felicitación y se fueron por donde habían llegado. Edward por su parte no cabía de tanta felicidad que sentía. Eso era por la leche que le regalo. No podía librarse de ese horrible líquido blanquecino por culpa del estúpido y bastardo Führer
-Bueno ¿Te gustó?-dijo aun en el micrófono-pues eso, te queremos Roy-chan-dijo carcajeándose. Al llegar a su asiento, su esposa lo miraba con reproche. Sacó de su cartera la llave de tuercas y le dio un golpe en su cabeza. Le dolió pero valió totalmente la pena. El presentador no sabía que hacer, quedó sorprendido por toda esa cantidad de señoritas que llegó al lugar. Carraspeo y dio por terminada la ceremonia. Los invitó a la recepción a comer el coctel preparado.
Podían pensar que se llevaban mal, que se odiaban pero es todo lo contrario. Se tenían afecto y cariño por todos esos años que llevaban conociéndose. Roy le tenía cariño, era como un hijo para él y para Edward él era como un padre (aunque tuviera uno, pero pasó más tiempo con Roy que con su mismo padre). Las dos parejas bailaban en la pista. Era una canción lenta, había un violín, una trompeta tocando. Simplemente hermoso
-Riza, te amo-dijo Roy sin ninguna razón aparente- sin ti no hubiera logrado nada de esto. Gracias-dijo abrazándola, apegándola a su cuerpo
-Lo se cariño-dijo sonriendo y apoyando su cabeza en su hombro-te tengo que decir algo-dijo en susurro-estoy embarazada-soltò como si fuera lo más normal del mundo. Pero para Roy no lo era. Se detuvo, la agarró de los hombros y la miro. Sus ojos se aguaron y una sonrisa real apareció en su rostro. Ella lo había hecho el hombre más feliz sobre la faz del planeta. No había palabras para describir lo que sentía en ese instante. Así que trató de traspasar todo lo que sentía en acciones. La beso intensamente.
-Edward, eres un bruto-le reprochó Winry. No podía creer el desmadre que había hecho su marido con esas señoritas- No puedo creer que las conocieras- Así que era eso ¿Estaba celosa? El solo sonrió
-Relájate, tú eres mucho más hermosa que ellas-le dijo. Winry se sonrojó hasta las orejas. Estúpido Edward, siempre sabía que decir. Lo abrazó.
-Gracias-
-¿Por qué?-
-Por ser mi esposo- Se besaron tiernamente. Y no importa si no lograban entenderlas del todo. Ellos simplemente las amaban y sin ellos estarían totalmente perdidos. Uno probablemente no hubiera encontrado la fuerza suficiente para haber salido de ese estado de venganza eterna por la muerte de sus mejor amigo y el otro no habría logrado enfrentar a padre y a cuanto enemigo se pusiera por delante, con tal de regresar a su hogar y verla sonreír.
FIN
