Buen día, gente!
¿Cómo andan? Espero que todas sus cosas anden en orden, que quienes hayan tenido vacaciones las hayan disfrutado a lo grande... y quienes, como yo, están a punto de enfrentarse a los finales... pues... mi más sentido pésame y a estudiar, que no nos queda otra u.ú!
-suspira- Sé que han pasado seis meses desde mi última actualización. Podría darles bastantes razones por la demora, pero... no quiero aburrirlos de más. Creo que con decirles que noveno año de la EGB en Argentina es un año de cambios, de mucho estrés y a empezar a asimilar un poco futuras responsabilidades, ya podrían entenderme. Sumado a que Agosto y Septiembre fueron meses repletos de cumpleaños (yay! Ya cumplí mis 15! Gracias a todos aquellos que se acordaron y mandaron tarjetitas... Me terminó de iluminar el día!) y exámenes, no quedaba fin de semana libre para dedicarme... Durante las vacaciones de invierno me fui de viaje, entonces tampoco conté con esas dos semanas. Recién en octubre pude concluir el capi y si bien no termina de convencerme... ustedes serán los jueces.
La próxima actualización, tengo estipulado, será a mediados de diciembre. Noviembre es el mes de los finales y el 17 de diciembre tengo el examen de 4to año de inglés en la Academia, so.. hasta entonces dudo tener mucho progreso, aunque prometo hacer mi mayor esfuerzo. Estipulo que para Navidad estará, y tengo planeado explotar las vacaciones de verano para recuperar todo el tiempo perdido y acelerar un poco el ritmo del fict... Sólo les pido paciencia. Sé que no tengo derecho, pero... soy una adolescente. Huyo de las responsabilidades. Y hasta principios de este mes, LE parecía ser una responsabilidad. No fue hasta que recordé que era un hobby que la musa volvió. So... sólo pido paciencia.
El lunes me voy de viaje de egresados! Yay! Una semana entera en Córdoba... Jojojo. Realmente necesito despejarme...
Sin más, les dejo con el capi. 22 páginas. Y por cierto, LE ya ha alcanzado las 116 páginas totales. Un número interesante¿verdad...?
Muchas gracias por los 15 reviews. Aquí están las respuestas (alguien sabe si es verdad que ya no permite contestar reviews en los capis...?):
SaraMeliss Me alegro que te haya gustado el capi. Lo de Drakin.. puesh, su muerte era necesaria. Te darás cuenta porqué más adelante en el fict. La verdad que hay veces que me arrepiento de haberlo matado, pero... repito, era necesario. Puesh... Lamento la tardanza, pero... –sigh- inconvenientes surgieron. Realmente espero que no se repita, después de todo ya se acercan las vacaciones de verano y espero recuperar tiempo entonces. Besos! Y muchas gracias por el review!
Carol-lovegood: Muchas gracias por el review! Me alegro un montón que te haya gustado XD Seh, me salió bastante sádico¿verdad? –risa macabra-. No, lamentablemente tendremos que seguir lidiando con el vejete. Espero que te guste este capi tanto como el anterior! Saludos!
Jaen-Snape: -risas- Muchas gracias! Es weno saber que haga lo que haga, no me libraré de ustedes. Me da ganas para terminar este fict de una vez por todas! XDD Herm me ha salido más debilucha de lo planeado... pero pronto abrirá los ojos y recobrará un poco su típico sentido común. –cofcof- Te parece que está celosa? Nah. Es sólo... un sentimiento de... sobreprotección? XDD Creo que nosotras dos seríamos objetivos muy fáciles para Filldeserp¿verdad? XD Y con un maestro como él¿quién no? Jajaja. Alice es la inconfundible Slytherin. Pobre Draco... muerto y encima carnudo u.ú! No soy cruel... simplemente ando algo sádica (cuál será la diferencia¿no?) Muchas gracias por semejante review! Me alegro que el capi te haya encantado, y espero que se repita. Beshotes!
Amynaoko Lamento la tardanza. Sip, Harry tiene una actitud muy distinta a la común del canon.. Ya veremos en lo respectivo a Hermione, pero está claro que en el tema de ideales será imposible convencerla, siendo ella misma una sangre sucia. Nah, Dumbledore sigue vivo. Era simplemente para asustarlos a ustedes XDD Gracias por el review y por los ánimos! Prometo no abandonar. Besos!
Paula Yemeroly: Antes que nada, me alegro que la historia te haya gustado tanto. Estás en lo correcto con las razones. Básicamente es eso. El dolor, la rabia, la decepción... y la traición le pegaron tan fuertes que cambiaron su actitud e ideales con respecto al mundo. Ya nada le importa, aprendió la lección, por decirlo de alguna forma. Y sí, Voldemort le ofreció algo que los demás venían prometiendo, pero cada vez se le hacía más lejano. Aún con sus medias verdades, Voldie jamás quebró su confianza y le dio todo lo que le había prometido. Harry ha aprendido que todo tiene su precio, y por eso asume las Cruciatus... que no son de verdad tan frecuentes. Voldemort, después de todo, está complacido con el desempeño de Harry. Tanto que confía en él, cosa que no se permite con los mortífagos. Se explica un poco más en este capi. Esa escena que mencionas (Voldie torturando a Harry, y éste esforzándose para no dar señas de dolor) es una escena fundamental para entender la relación que mantienen. Y es verdad, Harry es lo más cercano a un hijo que Voldemort ha tenido jamás, y eso ha provocado ciertos cambios en él. El papel de Herm está por verse, pero... me gustó eso de 'cocowash' XDD Dudas de que Filldeserp sea atractivo? –risas y baba- Puesh obviamente que lo es! Un Dark Harry realmente muyyy guapo. Tendríamos que cuidar un poco las hormonas u.ú! Te enteras de Remus justo en este capi. Y no lo pierdas de vista, que volverá a entrar en acción dentro de un par de capis. Realmente lamento la tardanza, pero... problemas surgieron. Si fuera por mí, escribiría las veinticuatro horas del día... pero la vida exige. Espero que el capi te guste! Y muchísimas gracias por el review! Besos!
KaricaturaEn verdad lamento la demora. No era mi intención demorar tanto de nuevo, pero... –sigh- así es la vida. Me alegro muchísimo que el capi anterior te haya gustado. Si hay algo en lo que mantendré mi palabra es que jamás abandonaré LE, so... no te preocupes por eso. Mejor tarde que nunca! Gracias por el review! Saludos!
Rubinegro Lamento la demora... y me alegro que me entiendas. Como ya he repetido en múltiples ocasiones, las actualizaciones pueden tardar, pero no abandonaré LE. So... tranquilo, tarde, pero las actualizaciones llegarán. Hay veces que lamento haber matado a Drakin, siendo un personaje que se podría haber trabajado mucho más, pero su muerte tiene una función importante en la historia. No lo maté porque sí, eso te lo aseguro. El crédito de las ideas de las torturas no es para mí solamente, sino también para mi beta que le agrega esos detalles que le hacen aún más espeluznantes. Severus... en mi plan inicial, estaba vivo... pero... no le encontré utilidad en la trama y por lo tanto decidí mejor eliminarlo. Nah, Dumbledore sigue vivo. Era simplemente para asustarlos un poquito XDD El fict fue, es y será dark hasta su última palabra. Yo también odio esos ficts donde Harry es el súper Dark Lord y así como así se termina aliando de nuevo con Dumbli u.ú! Me parece tan falso y frustrante. Nop, no será slash, si bien me gusta el Tom/Harry, no pegaba con el argumento que tenía pensado para el fict, so... en cuanto al HHr... sin comentarios. Prefiero dejártelo para futuros capis XD Espero que disfrutes del capi. Muchas gracias por el review y saludos!
Fallen Angel: Gracias por el review. Me alegro que el capi te haya gustado, y realmente lamento la demora. Saludos!
Un p'tit herisson: Yay! Me alegro que te haya gustado el fict y muchas gracias por los elogios. Si crees que puedes lograrlo, adelante! Me encantaría! En cuanto al tiempo que demores... mira cuánto tardo yo y es mi idioma de origen... XD So... no hay drama. Dame tu respuesta en el review o mándame un mail a parvatiblossomh... Muchas gracias por la propuesta y por el review! Besos!
EugeBlack Me alegro que te guste! Así que de un tirón, eh? Dark Harry es simplemente... sexy. Ademas, por supuesto, si le sumamos una versión humanizada de Voldie a su lado... –baba-. Jajaja. Ay, qué pervertidas que somos... En lo personal, el Ron!Canon no me gusta. No lo veo como ejemplo de valentía o lealtad, por más vueltas que le dé. Por eso modifiqué un poco su perfil y creé este pasado. Sé que varía mucho de lo que en verdad va a pasar en HP, pero... por algo estoy escribiendo un fict¿verdad? XD Ya veremos que sucede con Herm. Tanto Nev como Dumbledore están vivos jajaja. El amague fue para darles un susto nomás. Hubiera sido una muerte muy... estúpida para Dumbledore, además de muy temprana en el fict. Aún le quedan un par de cosas por hacer. Puesh... las torturas me salieron algo sádicas XD Y estoy ahora con la costumbre de poner al menos una en cada capi XD Se me van a terminar agotando las ideas... Viva el Dark Side! Wuajaja! Muchas gracias por el review, y realmente espero que te agrade el capi! Besos!
Lara evans: Nah, Dumbledore sigue vivo. Fue sólo un amague para asustarlos XD Herm piensa que Harry mató a sus padres, es verdad. Pero a Harry ya no le interesa lo que ella piensa o lo que los demás piensen de él. Por algo se cambió al lado Oscuro. Quiere dejar todo aquello atrás. Sip, Alice es una especie de... amante de Harry. Próximamente tendrán más datos sobre ella, pero por el momento tendrán que conformarse con la info del capi 6. Me alegro que el fict te siga gustando, y espero que este capi sea de tu gusto. Gracias por el review y saludos!
Luthien Jajaja. Cómo andas, Luth? Weno, la verdad es que tengo que agradecerles a ustedes tres, Cheita, vos y Jadecito... porque si ustedes no me hubieran insistido tanto estas últimas semanas, dudo que me hubiera tomado en serio la actualización. So... consideren que su protesta tuvo frutos XD Siempre lo paro en un punto muy importante... (y si lo dudas, cuando termines de leer este capi, terminarás de confirmar tus dudas) es la manera de conservar el ambiente y la intriga en el lector. Y soy cruel! Wuajaja! Y yio soy tu tía Parv, y tú eres mi sobrina Luth XD Beshotes! Y gracias por los ánimos y el review! Hope to see ya soon!
Noelia: Muchas gracias por el review. Me alegro que te guste. Nop, Harry no está ni estará obsesionado con Hermione. La verdad que... lo de x-men no te lo puedo ni negar ni confirmar, porque nunca lo he visto xD Lo único que te puedo decir es que Herm es una elemental de viento... so... Weno, espero que este capi te agrade. Saludos!
Videl Lamento seriamente la demora, pero... sí tengo un buen pretexto y es que soy una adolescente con una vida y responsabilidades que cumplir. Asumo que podría haber trabajado un poco más duro y haber actualizado un mes antes (que es lo máximo que podría haber llegado a hacer), no obstante no considero escribir un fict como una obligación sino más bien un hobby. Intento tenerlos a ustedes, los lectores, en consideración cuando me siento a escribir, pero antes está mi vida. Demoraré cuanto tenga que demorar, lo siento, lo único que puedo prometer es que no abandonaré el fict. Mejor tarde que nunca, eh? Gracias por el review y saludos!
Título: Laguna Estigia
Autora: Parvati-Blossom
Resumen: Reto N 7 de La Orden de las Mortífagas. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.
Rating PG13 (más cercano a PG15...)
Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...
Disclaimer Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T
Advertencia: Muertes de personajes, torturas morales y físicas, rituales sangrientos y violación no-explícita... (realmente tengo que reevaluar el rating.. ¿creen que sea PG15? uh-huh.)
Capítulo 7
Londres, Cuarteles Generales de la Orden del Fénix
11 de agosto de 2004
Horario: dos y media de la mañana.
Un extraño silencio reinaba en la sala. Varios miembros de la Orden estaban reunidos, discutiendo diferentes circunstancias que no se habían hablado en la reunión oficial mientras esperaban con nerviosismo noticias del operativo en Hogwarts. Quienes estaban presentes eran parte del grupo curandero, así que no podían hacer nada más que esperar y estar listos para atender las necesidades de los aurores.
Fue entonces cuando Remus Lupin interrumpió la tranquilidad.
- ¡Emergencia! – Exclamó con el rostro agitado. – ¡Albus ha sido herido seriamente!
- ¡Merlín! – Murmuró Ginny, mientras sus camaradas más especializados corrían hacia la habitación donde Lupin les indicó que el profesor estaba. – ¿Qué hay sobre el resto? – La preocupación y la impotencia eran visibles en sus ojos color chocolate.
- Varios han... fallecido. – Susurró Remus, sentándose pesadamente a su lado. – Y los que no, están muy heridos...
- ¿Cómo...? – Preguntó la joven Weasley, quien no podía creer que una pequeña misión hubiera traído tantos daños.
- Filldeserp llevó consigo a Nagini...
Remus no tuvo que explicar más. Todos sabían el caos que la serpiente había desatado en la Orden a lo largo de la historia de aquella guerra. Sus colmillos eran terriblemente venenosos y poseía una extrema agilidad, además que el Dark Lord contaba con la ventaja de poder darle instrucciones a través de su capacidad de hablar en pársel, característica que antiguos Dark Lords no habían tenido. Mucho menos gozar de un heredero que funcionaba a la perfección como un arma homicida...
El licántropo se llevó las manos al rostro, sin poder reprimir el sollozo que se le escapó entre los labios. Todo estaba tan mal y no podía hacer nada para ayudar... para intentar mejorar la situación. Había perdido toda esperanza desde aquel día donde Harry Potter traicionó al mundo mágico... y entre ese mundo, a Remus y a las memorias de Sirius y sus padres; aquella esperanza que el mismo niño había prendido y mantenido viva a lo largo de los años, sobre todo durante sus últimos años de Hogwarts donde había expuesto una actitud madura y responsable. Sobresaliente. Se había sentido tan orgulloso del adolescente... se había encariñado y preocupado tanto por él... Pero a Harry, aquello no le había servido. No había alcanzado para llenar sus expectativas. Había sido corrompido, como en su tiempo lo había sido el brillante y carismático Tom Riddle, por las artes oscuras y el poder. Aquel joven que había amado como a un hijo ya no existía. Había muerto. Le había abandonado.
Desde aquel día en Hogwarts, nunca más lo había vuelto a ver. No obstante, ese trágico día de graduación fue suficiente. Aquellas esmeraldas frías y sangrientas, aquella habilidad excepcional que había demostrado en clase y entrenamientos, siendo usada en torturar y matar a sus antiguos amigos y compañeros. Aquella sonrisa maligna, aquella mirada confidente que había compartido con Voldemort al principio de la batalla y aquel odio... el odio. Jamás había percibido tantas ondas negativas en una persona, siquiera en el mismísimo Dark Lord. Aquel niño generoso... no había rastro de él. En un segundo, todo había cambiado. Mundos y esperanzas se habían destruido para dar pasar a una etapa oscura y diabólica. Miles de muertes, tragedias... y todo por causa de Filldeserp, del Niño-que-Vivió que se había quebrado... O que habían quebrado.
No, él realmente no quería contemplar eso de nuevo. No quería verse cara a cara con él. No sabía como llegaría a sentirse en ese momento, a parte de traicionado. ¿Sentiría inmensas ganas de matarlo, como había sucedido con Peter¿O una terrible pena por el niño que había muerto¿Inquietudes respecto a las Verdades ocultas detrás de toda la traición¿Quizás... manipulado? No sabía. No entendía. Y no quería entender.
- ¿Cómo está Neville? – Inquirió Ginny con desazón, sacando a Remus de sus profundos pensamientos.
- No lo sé. Sé que está vivo y que está siendo atendido... pero la verdad no lo sé. – Ginny soltó un largo suspiro de alivio.
- Gracias, Merlín... gracias. – Musitó. Luego se levantó de su asiento y salió de la sala, dejando a Remus solo en su propio dolor.
Subió las escaleras con prisa. Escuchó murmullos apremiantes en el segundo piso, donde se encontraba Dumbledore. Se detuvo un momento frente a la puerta, como varios de los miembros habían hecho. Cuchicheaban sobre una mordedura mortal que Nagini le había suministrado, cómo su magia había actuado con la suficiente rapidez para detener el avance del veneno en su sistema y cómo lo habían salvado, casi milagrosamente. Sin embargo, Ginny sabía que milagros así se pagaban caros. La magia se había desgastado y el profesor se hallaría débil por algunas semanas. Estaba vivo, y eso era lo importante.
Ginny siguió su camino, preguntando a diferentes curanderos que iban y venían en qué habitación se hallaba Longbottom. Todos le indicaron el pasillo a la derecha del cuarto piso y estuvieron en lo correcto. Neville se hallaba consciente y ya había sido atendido, por el aspecto de las vendas y su débil sonrisa al verla. La muchacha no pudo contenerse y prácticamente saltó sobre él, abrazándolo y agradeciendo a los cielos. Si bien tardó un poco en responder, el auror lo hizo y no de mala gana, sino gratamente sorprendido. De hecho, cuando se separaron y Ginny analizó un poco mejor sus facciones, lo notó ruborizado, algo que no ocurría desde hacía mucho tiempo; desde que Neville había perdido esa personalidad tímida en su sexto curso en Hogwarts.
Ambos sonrieron. No era una sonrisa de felicidad, sino de alivio y consuelo, pero era una sonrisa al fin de cuentas.
- Cuánto me alegro que estés bien, Nev... por un momento pensé...
- Todo está bien ahora, Gin. – Dijo él, descartando su preocupación. – Aunque Malfoy esté muerto y no hayamos logrado causar ningún daño significativo en los rangos del Dark Lord...
- No importa. Lo importante es que estás bien. – Reprimió ella. – El resto... podemos alarmarnos por eso luego.
Un tenso silencio siguió a sus palabras, durante el cual ninguno de los dos despegó sus ojos del otro. Una conexión especial se había formado hacía tiempo entre ellos, y aunque ninguno de los dos quería admitirlo, era palpable en el aire y en cada una de las palabras que intercambiaban. La joven Weasley decidió dar el primer paso y se aproximó un poco más a Neville, si bien no lo suficientemente cerca como para rozarlo, y sostuvo su mano entre las de ella, dejando que todo su cariño se luciera en ese simple gesto.
Lamentablemente Ron decidió entrar en ese momento a la habitación, acompañado inmediatamente de Luna Lovegood, otra miembro de la Orden del Fénix y curandera también, rompiendo el mágico momento.
- ¡Nev¡Estás...! – Dijo Ron, pero se detuvo al observar la escena que acababa de entorpecer. Sus mejillas se encendieron, aunque no se pudo distinguir bien de qué: si de furia, de vergüenza o...
- Te advertí, Ronald, que no debíamos entrar. – Apuntó Luna con sus ojos brillando con emoción. – Sin embargo, como siempre, pasas de mí. ¿Cuándo te he dicho yo algo que te haya causado daño?
- ¡Cierra la boca, Lovegood! – Exclamó Ron, aunque definitivamente su enfado no era con ella.
Siguiendo su sugerencia, Luna tomó su varita del bolsillo de su túnica y la agitó en el aire, emitiendo letras que fueron ordenadas hasta formar la siguiente oración: "Como usted lo ordene, comandante Weasley." Tanto Neville como Ginny rieron, revitalizados por el sano humor de la ex-Ravenclaw. Ron, en cambio, gruñó entre dientes algo que sonó muy similar a 'maldita lunática', quien simplemente arqueó las cejas, burlona.
- ¿Qué están haciendo ustedes dos? – Recriminó Ron, mirando con recelo las manos de Ginny y Neville, que aún no se habían separado.
- Conversando. – Respondió Ginny desafiante. – Y aunque hubiésemos estado haciendo otra cosa, no es asunto tuyo.
- ¡Soy tu hermano¡Es asunto mío!
- Creo que ya soy lo suficiente mayorcita para elegir y decidir por mí misma, muchas gracias, Ronald.
- Pero...
- En serio, Ron. No pasó nada. – Intervino Neville antes que la discusión subiera a niveles más peligrosos. Su amigo lo observó con desconfianza, aunque terminó cediendo.
- ¿Cómo estás, Neville? – Dijo Luna.
- Bien. – Contestó él secamente. Sus ojos se perdieron por un instante. – Supongo que tengo que estar agradecido por haber sobrevivido...
- Nev... – Murmuró Ginny, sosteniendo su mano con más fuerza.
- Es la verdad, Gin. Por más que queramos evitar pensar en ello... hoy Filldeserp ha demostrado que siempre va un paso por delante de nosotros. No sólo salió triunfante de su misión de eliminar a Malfoy, sino que también, como bonus, se cobró vidas de algunos miembros de la Orden y la magia de Albus... Y no pudimos hacer nada para detenerlo. Ni siquiera llegamos a verlo.
- Llegará el momento en el que se descuiden, Neville, y aprovecharemos su debilidad y seremos nosotros entonces quienes tendremos la ventaja. Y no tendremos piedad. – Dijo Ron, resaltando su furia en cada una de sus palabras. Ginny suspiró con tristeza. El futuro se veía tan oscuro...
- Espero que Herm esté bien... dentro de lo posible... – Hubo un minuto de silencio tras sus palabras.
Nadie se animó a responder.
Fortaleza de la Orden Oscura
11 de agosto de 2004
Horario: dos de la mañana.
Cuando aquella noche Filldeserp ingresó al despacho de Lord Voldemort, se halló con su presencia imponente y a la vez, relajada, sentado frente a su escritorio con una postura poco formal. Asimismo la sonrisa que se expandió por su rostro serpentino en cuanto vio a su heredero fue una señal clara de su regocijo. Filldeserp no pudo determinar si ya lo sabía de antemano o si lo había descifrado por la seguridad y satisfacción que había demostrado al entrar. No se extrañaría que así fuera: la única persona viva que podía interpretar hasta su más mínimo movimiento era el Dark Lord. Aunque dudaba que alguna persona muerta lo hubiera podido hacer igualmente.
- Presiento que tienes grandes noticias que darme, heredero mío. – Saludó el Lord, sin preocuparse en enderezarse, como lo hubiera hecho si fuera una reunión con uno de sus mortífagos.
- Así es, mi Lord. – Respondió Filldeserp antes de sentarse como se le había sido indicado.
- Adelante. Tengo ansiedad por escucharlas. – La única prueba vigente de que sus palabras eran ciertas era el interés que brillaba en sus ojos y lo que exponía su postura corporal.
- En primera instancia, hemos completado con éxito la misión. Draco Malfoy está muerto, tras un largo proceso de agonía. – Dijo sonriendo macabramente, recordando con claridad la tortura que había confeccionado aquella noche.
Llevaba tiempo en búsqueda de una víctima adecuada, y no tenía duda de que Malfoy había sido el idóneo. Nada había sido jamás tan placentero como ver al Slytherin muriendo a sus pies, devorado por la miseria que había aborrecido. Mas, si se detenía a pensarlo, existían otros sucesos que habían resultado ser igual o más placenteros que la tortura. Claras excepciones, a decir verdad.
- ¿Confío en que Granger no haya puesto en riesgo la misión?
- Correcto, mi Lord. – Voldemort sonrió complacido.
- ¿Qué otras noticias me traes entonces, Harry?
- Mientras abandonábamos el castillo, Nagini se cruzó con una patrulla de aurores que estaban en pos de nosotros. La gran mayoría de ellos están muertos o han sido gravemente heridos.
- ¿Longbottom entre ellos? – Inquirió, apuntando una perspicua indirecta.
- Nagini no contó con el tiempo suficiente como para hacerle más que heridas superficiales, mi Lord. Envía sus más francas disculpas.
- Entonces... ¿sólo hemos infligido una leve baja en los números de la Orden? – Los ojos rojos entrecerrados subrayaban su irritación.
- Eso no es totalmente cierto, mi Lord. Nagini, si bien no llegó a matar, ha dañado seriamente la salud de Dumbledore.
- ¿Cómo es eso? – Preguntó el Dark Lord, inclinándose en su asiento, con una sonrisa repleta de expectativa.
- Mordió su brazo izquierdo. El veneno se infiltró en su sangre con eficacia, pero Nagini está segura que su magia bloqueó su circulación... aunque sea, el tiempo suficiente como para que un curandero lo quite de su sistema sin mayores perjuicios. Las únicas consecuencias notorias serían el desgaste de su magia, que obviamente sufrirá cierta debilidad durante un tiempo.
- Perfecto. Ahora bien, he hecho las disposiciones idóneas para tu siguiente misión. La luna nueva se acerca, si bien tienes una semana y media aún. Tienes mi permiso para ausentarte el tiempo que sea necesario.
- Muchas gracias, mi Lord. – Sin ningún otro reporte que dar, Harry salió del despacho, listo para marcharse de la Fortaleza esa misma noche.
No había margen de error en aquel cometido. Todo tenía que resultar perfecto, y se aseguraría personalmente que así fuera. Pero antes tenía que visitar a cierta sangre sucia...
Ríos de sangre, deslizándose sobre la plana superficie blancuzca; manchando, arruinando... corrompiendo. Gritos apagados en un fondo de interminable estupor. Lágrimas salinas cayendo sobre la sangre derramada, mezclándose, perdiéndose. Era imposible divisar el horizonte entre semejante oscuridad. Era una noche sin lunas y sin estrellas, con un cielo cubierto de nubes, de malos presagios.
Un sollozo sofocado. Intentó aproximarse al sonido, pero simplemente pareció alejarse más a cada paso que daba. El aire se tensaba más y más, haciéndolo imposible de respirar. Algo en él lo hacía sentir venenoso. Quizás era sólo una sensación, un juego de su mente, no obstante no soportaba aquel ambiente. Atraía memorias que prefería dejar en la profundidad de su mente.
La fragancia de la sustancia rojiza fue ascendiendo en intensidad, produciéndole unas terribles náuseas y mareos. Sus manos se movieron nerviosas sobre las paredes en busca de soporte, pero sólo consiguió teñírselas de aquello de lo cual huía. Soltó un chillido, pero eso únicamente empeoró la situación. Del suelo empezó a emerger más y no tardó mucho tiempo en inundar el pasillo. Paralizada por el espanto no atinó a correr o siquiera gritar.
¿Qué estaba sucediendo?
No supo cómo ni de dónde apareció, sin embargo no había duda alguna que lo que subía por su pierna era una rata. Quiso sacársela de encima a cachetazos, pero todo golpe era desviado. Gritó y...
Todo se desvaneció.
Hermione se levantó agitada en su cama, con un sudor frío surcando su rostro. Su corazón latía ferozmente y en su estómago residía un vacío injurioso; saltó y en un instante estuvo frente al lavatorio, devolviendo toda la cena, mientras que por su mente pasaban las imágenes de la tortura que había presenciado horas previas.
Tardó varios minutos en tranquilizarse. Respirando hondo, intentó calmar el temblor de sus manos y frenar las lágrimas en sus ojos. Pero nada funcionaba. Sin fuerzas, salió del baño y se resbaló por la pared de la habitación hasta sentarse en el suelo donde prosiguió a dar rienda suelta a su dolor y desesperación.
Aquella pesadilla no había sido nada más que una secuela del trauma. La sangre de Malfoy, las ratas... Era una experiencia que quedaría grabada en su memoria, y definitivamente no sería una lección positiva para el futuro. Cerró los ojos y se los cubrió con las manos... sólo para encontrarlas cubiertas con sangre...
Maldito Filldeserp por hacer esto con ella. ¿Por qué no la había matado? Ella nunca serviría para la Causa que ellos perseguían... ¿por qué entonces persistían en hacerle esto¿Era acaso una venganza¿Un juego ensortijado del destino? Qué daría por estar lejos de allí... incluso en otra dimensión, donde Harry nunca la hubiera traicionado... donde pudieran vivir en paz. Donde no tuviera que experimentar aquello...
No podía creer lo que estaba sucediendo; lo que había sucedido. Desde aquel día de graduación en Hogwarts había sabido de las maldades cometidas por las manos de su ex–mejor amigo, pero jamás había imaginado algo tan... cruel. Tan... diabólico. Jamás había deseado asesinar a alguien con tanto ímpetu como en ese momento, sólo para aliviar su dolor, salvarlo de una muerte sin armonía. Ni siquiera Draco Malfoy merecía aquello...
- ¿Por qué? – Susurró en su tormento. - ¿Por qué hiciste esto, Harry...?
- ¿Por qué no debería de hacerlo? – Contestó una voz fría. Al elevar la mirada, pudo ver a aquella persona que era la causa de su pesadilla.
Dolió contemplar la indiferencia en sus facciones y su tono frívolo al hablar, como si todo aquello le fuera totalmente ajeno. ¿Nunca se había arrepentido de sus actos¿Nunca había tenido pesadillas al respecto?
Rezó mentalmente para que así fuera, aún sabiendo que todas sus esperanzas estaban ya enteradas.
- Eres un monstruo. – Sollozó Hermione. Era demasiado. No podía diferenciar las diversas corrientes de sentimientos que le azotaban. Se sentía tan confusa.
Las fuertes manos de Potter la tomaron por las muñecas y la alzaron del suelo. Observando sus manos nuevamente, ella pudo detectar las marcas que él había dejado en su piel antes de torturarla aquella noche. No supo si fue mera casualidad o si lo hizo a propósito, pero la agarró justamente en el mismo lugar, avivando las pequeñas lesiones.
- Cuando hables conmigo, mírame a los ojos. – Ordenó Filldeserp en un murmullo amenazador. Sintiéndose repentinamente rebelde, Hermione le replicó:
- ¿Para que apliques Legeremancia en mí? No, gracias. – Dijo con un ácido sarcasmo.
- Estúpida. – Escupió. Por un ligero movimiento de su mano, Hermione sospechó que estuvo tentado a cachetearla pero que algo lo detenía. – No necesito escanear tu mente para saber lo que piensas o lo que planeas. Eres tan estúpida que tu rostro lo demuestra todo. Típica Gryffindor sangre sucia.
Se quedó sin palabras. El insulto le pegó con tanta fuerza que hubiera preferido una agresión física. Muchas veces ya Filldeserp la había llamado así, pero esta vez sonaba distinto; como si realmente creyera en lo que estaba diciendo, insinuando que, si no fuera por una orden directa de su Lord, él ya se hubiera encargado de aniquilarla.
Su presencia le molestaba. Más que eso, le perturbaba.
- Te lo repito por última vez: no toleraré tu indisciplina. – Dijo Filldeserp. – Tampoco tu debilidad. Si planeas seguir viviendo, supérala. No puede ser que llores por todo.
- Yo ya no quiero vivir más... – Susurró con angustia.
- Esa elección ya no recae en tus manos. Es una orden que deberás cumplir.
- No me importa.
- Obviamente que no. Pero debería.
Filldeserp se volteó y caminó con paso imponente hacia la puerta donde se detuvo. Suspiró pesadamente como si se estuviera arrepintiendo de lo que iba a decir.
- Sobre la mesa te he dejado una poción soporífera. Por esta noche no tendrás más pesadillas.
Se formó un rígido silencio en el cual Hermione se debatió si agradecerle o no, aunque terminó optando por la última.
- No te acostumbres. – Fue la frase final del heredero de Voldemort antes de cerrar la puerta tras de sí.
Horario: ocho y media de la mañana.
A la mañana siguiente, Hermione desayunó sola en sus aposentos. Agradeció el momento de paz, que utilizó sabiamente para organizar sus ambiguos pensamientos. Luego de la tortura, la pesadilla y las palabras de Filldeserp, finalmente había logrado hallarse a sí misma, sobre todo tras una noche de descanso sin más turbaciones. Le había despejado la mente y eso le ayudó a contemplar la situación desde un punto de vista más sereno y objetivo.
Nada que ella hiciera o que intentara hacer cambiaría la decisión del heredero de Voldemort; ningún reclamo de ella llegaría a sus oídos ni le afectarían al momento de ejecutar vidas inocentes. Y fue eso lo que aceptó cuando resolvió permanecer con vida en la Fortaleza. Sólo que recién aquella mañana había conseguido comprenderlo enteramente.
Una actitud débil sólo la llevaría a la perdición.
Y la Perdición era algo que todavía no estaba lista para ver. Quería seguir existiendo, aunque fuera sólo para contemplar la destrucción de su mundo e ideologías. Había cosas que no podía cambiar, pero quizás... aún quedara esperanza para otras.
Había logrado terminar de leer los libros que Filldeserp le había mandado, sin embargo su cerebro seguía estando sobrecargado de datos. Sufría una aguda jaqueca y si pudiese, dormiría un rato más, no obstante era hora de su clase. Sabía que no estaba en su mejor estado, pero Filldeserp había remarcado claramente que no toleraría su falta de responsabilidad o constancia. Y no quería ser humillada de nuevo...
A pesar de eso, aquella mañana quien entró en sus habitaciones para conducirla después a la sala de entrenamiento, no fue Harry sino Voldemort, un hecho que la sorprendió inmensamente, y también alivió. Podía enfrentarse a Voldemort: a él sí lo detestaba con toda su alma, y sabía cómo reaccionar frente a él. Era Filldeserp el que siempre la desorientaba, porque no sabía cómo actuar frente a una persona que quería y odiaba al mismo tiempo; que conocía y a la vez desconocía.
- Buenos días, Hermione. – Saludó Voldemort de forma cordial. Ella resistió la tentación de elevar una ceja indagadora, y se limitó a asentir. – Confío en que hayas descansado bien.
De nuevo Hermione asintió, aunque esta vez con algo más de cautela. El brillo victorioso en los ojos carmesíes del Dark Lord sugería contrariedades; algo en su plan estaba marchando a la perfección y en su respuesta se lo había confirmado.
Pero... ¿qué era?
- Filldeserp ha salido en una misión muy importante, por lo tanto no está disponible para instruirte hoy. Sin embargo, he cancelado algunas reuniones para encargarme yo de la clase. Estoy seguro que no será un inconveniente para ti¿verdad?
Hermione se mantuvo en silencio. Odiaba esa actitud de falsa amabilidad que usaba Voldemort. La hacía sentir tan manipulada y necia, como si le estuviera hablando a un niño de cinco años.
Se dirigieron a la sala de entrenamiento que adoptó la misma forma que el día anterior, y se ubicaron en los típicos asientos. Por un momento compartieron un incómodo silencio hasta que Voldemort se inclinó en su silla y empezó con la palabrería.
- Filldeserp me ha comunicado que empezó narrándote la oscura, pero sin lugar a dudas, interesante historia de Salazar Slytherin. Y que te encargó leer un par de libros...
- De hecho, eran tres. – Dijo Hermione y colocó los tomos sobre la mesa. Voldemort observó con aparente interés el grosor de los mismos.
- ¿Los leíste¿En un día?
- Pues no tenía muchas opciones¿verdad? – Replicó ella.
- ¿Los leíste... manualmente? – Preguntó Voldemort, casi impresionado.
- Ajá. – Dijo Hermione con aire arrogante. Voldemort suspiró exasperado.
- Niña ignorante... Libros con encantamientos y conocimientos específicos deben ser leídos manualmente, pero los históricos... ¿nunca has escuchado de los hechizos recompiladores de información?
- ¿Qué?
Por supuesto que había oído hablar de ellos. En su séptimo año de Hogwarts a decir verdad. Pero estaba prohibido usarlos para los exámenes, y por lo tanto nunca les había prestado atención. Tampoco había hallado ninguna utilidad posteriormente: prefería leer ella misma sus libros que permitir a su magia hacerlo por ella.
Voldemort respiró hondo, intentando calmarse.
- Cuando Filldeserp te encargó leer estos libros, no pretendía que los hicieras manualmente. ¡Por supuesto que no! Nadie en su buen juicio haría algo así. Sin embargo, me has impresionado. Si en veinticuatro horas (de las cuales no dispusiste totalmente) has leído tres libros de este espesor... – Voldemort la observó por unos instantes, evaluándola. – Quizás debería hacer una serie de preguntas para verificar que tan buena es tu comprensión y memoria...
Durante cuarenta minutos, el Dark Lord cuestionó a Hermione. Durante cuarenta minutos, contestó las más retorcidas preguntas. Durante cuarenta minutos, experimentó la clase de historia más intensa de toda su vida. Y a la vez, una de las más pedagógicas. Voldemort tenía una habilidad especial para remarcar los acontecimientos más importantes y los detalles más llamativos que no había visto jamás en ninguna otra persona. Ni siquiera en Dumbledore. Ya no dudó ni un segundo más que Tom Riddle fue el mejor estudiante en la historia de Hogwarts. Era simplemente un genio... y todavía no lo había visto en acción.
- Veo que Harry no exageraba cuando decía que eras la Gryffindor más Ravenclaw que Hogwarts jamás haya visto. – Dijo Voldemort con tono complacido, una vez terminada la sesión de preguntas.
- ¿Harry dijo eso? – Preguntó Hermione, sin poder evitar que un ligero rubor cubriera sus mejillas. Voldemort sonrió.
- Solía hacerlo con mucha frecuencia.
Hermione bajó la mirada a la mesa. Se moría por preguntar, pero era conciente que adelante suyo estaba el Dark Lord más poderoso de los últimos tiempos. No tenía porqué responder sus preguntas ni mucho menos brindarle información sustancial, pero... ella quería saber. Quería... entender.
Voldemort pareció darse cuenta de sus deseos.
- Es entendible que tengas curiosidad, Hermione. – Expuso. – Pero la curiosidad es peligrosa. Por lo tanto, no permitiré que sigas expresándola tan incontroladamente. – Ella se mordió el labio inferior, sabiendo que esa sería su respuesta. Sin embargo, se sorprendió cuando Voldemort continuó: - Deberás seleccionar cinco preguntas. Cinco preguntas que contestaré, obviamente, en mis propios términos.
- ¿En serio? – Sus ojos castaños se iluminaron.
- Cuatro.
Hermione no pudo creer lo que vio. Voldemort acababa de bromear y ahora reía abiertamente ante la cara de estupefacción de la Gryffindor. Era una risa extraña. Helada, pero a la vez tenía una calidez insólita, como si se tratara de un espejismo de una antigua risa jovial. Y sus ojos rojizos brillaban... por momentos asemejando un dorado resplandeciente.
- Hermione... ¿acaso no te he dicho que selecciones tus preguntas? – Dijo Voldemort con tono divertido. Ella se sonrojó de la vergüenza y asintió.
Por unos minutos, cerró los ojos y pensó detenidamente las preguntas que tenían prioridad en su larga lista. Una vez estuvo lista, los abrió nuevamente y se reclinó en su asiento para iniciar una nueva sesión de preguntas, pero esta vez en sentido inverso.
- ¿Por qué Harry?
- ¿Podrías ser más específica, Hermione?
- ¿Por qué elegiste a Harry para ser tu heredero¿Por qué lo convertiste en... Filldeserp?
Voldemort la apreció con la mirada por un tiempo, sumergido en sus pensamientos. Seguramente estaba buscando la respuesta más correcta para darle, aunque no fueran las auténticas razones. Su intriga iba creciendo mientras el tiempo pasaba. Ahora reconocía como necesitaba de respuestas. Necesitaba comprender lo que había sucedido en aquel entonces para comprender lo que sucedía ahora; la confianza mutua entre dos antiguos enemigos, el brusco cambio de actitud de su mejor amigo... Había tantas cosas que deseaba preguntar y entender...
- En un principio debes discernir, Hermione, que la conexión que Harry Potter y yo manteníamos se fue agravando a partir de mi renacimiento. Y llegó a su esplendor cuando intenté poseerle aquel día en el Departamento de Misterios. A partir de ese momento... todo cambió. Estábamos constantemente en la mente del otro. Por más Oclumancia que hubiera practicado, Harry Potter no podía evitar escuchar mi voz en su mente durante todo el verano posterior a su quinto curso, lejos de las barreras sobre protectoras de Hogwarts. Las primeras semanas no quiso saber nada de conversar conmigo. Me ignoraba y se sumergía en sus pensamientos, que en aquel momento eran ligeramente... suicidas. Pero poco a poco fue cediendo e hicimos una... ¿tregua, para convivir mentalmente aquel verano.
Una sonrisa nostálgica marcó el rostro de Voldemort, haciéndola sentir levemente incómoda. La imagen de un Dark Lord con recuerdos afectivos era una desagradable parodia desde su punto de vista. Y que aquellos recuerdos se tratasen de su ex–mejor amigo tampoco ayudaba.
- Jamás hubiera imaginado que Harry Potter, el Niño que Vivió y el chico dorado de Dumbledore, pudiera llegar a ser tan similar a mi viejo yo. Con leves diferencias, pero... su esencia era la misma. Su poder, que siempre había pensado que sería un puro blanco, dada la tan famosa bondad de Potter, cada día se tornaba más gris. Y sí... – Dijo Voldemort, al ver un brillo de entendimiento en los ojos de Hermione. – Fue así como un plan maestro se formó en mi mente. Convertir a Harry Potter al lado oscuro. Aunque en aquel momento mi plan era utilizarlo y una vez que hubiera logrado su cometido, eliminarlo.
- No obstante... Harry Potter era un chico especial. Una mente extremadamente vivaz, un poder inexperto pero increíble, y una fuerza de voluntad excepcional. Fue astuto y evaluó la situación por mucho tiempo. Se conservó neutral. Fue un período largo y terriblemente dramático. Te imaginarás el cuidado que debía de tener con un Harry Potter que estaba demostrando tener cualidades dignamente Slytherin. Entendía porqué aquel muchacho podía llegar a ser mi perdición. Y lentamente, caía en su juego. Porque sí, gran parte del tiempo yo era el que manipulaba. Pero Harry estaba aprendiendo del mejor. Sabía lo que yo pensaba hacer, no era ingenuo y me anticipó. Lástima que confió su destino en manos erróneas. Se llevó una gran decepción por parte de la Orden del Fénix, sobre todo de uno de sus más allegados al comienzo de su séptimo curso, y se terminó de decidir.
Hermione quiso preguntar al respecto, pero Voldemort ignoró su amago y continuó con su monólogo, su vista fija en la nada.
- Pero... ¿por qué lo convertí en mi heredero¿Por qué cambié mis planes de simplemente convertirlo en un mortífago más? Harry me impresionó con su carácter. Y solíamos pasar juntos mucho tiempo en nuestras mentes. Sobre todo a las noches. Las circunstancias eran tales que olvidé que enfrente de mí estaba el Niño que Vivió, el que había destruido mi poder la primera vez. Desde mi punto de vista, ayudé a la maduración de un mago nacido para ser el Cambio. Crié a un mago... pero también a una persona que sencillamente me recordaba tanto a mí... y en la que confiaba tanto. Porque yo conocía y entendía a Harry como ninguna otra persona llegó jamás a hacerlo. Ni siquiera tú, mi estimada señorita Granger. Y él me conocía y entendía a mí, algo que sólo él ha logrado hacer. Fue así como un día me encontré pensando en Harry como un hijo. Un hijo al que protegería, al que le enseñaría todos mis conocimientos y creencias... Un hijo al que ayudaría a triunfar... y a ser feliz.
- Harry no es feliz aquí. – Renegó Hermione, no pudiendo creerle a sus oídos. – Harry no pertenece aquí...
- ¿Dónde pertenece entonces? – Objetó Voldemort con hosquedad. – ¿Con Dumbledore, aquel viejo manipulador que nunca pudo ver más allá de sus narices¿Con las personas que lo lastimaron una y otra vez, colocándolo en un puesto que él no quería, que aborrecía¿Con las cargas de una sociedad ignara? No quiero volver a ver a mi hijo con pensamientos suicidas, señorita Granger...
- Él pertenece con sus amigos. – Masculló entre dientes, furiosa ante todo lo dicho y del papel de inocente que él estaba jugando con ella. – Pertenece con gente que lo valore por su persona, no por su poder. Merece una vida lejos de toda esta... masacre...
- ¿Sólo él merece una vida lejos de esta masacre, Hermione¿Y los inocentes que mueren cada día¿Qué hay de ellos¿No lo merecen también? – Silencio. – Sus amigos lo traicionaron. Inclusive tú, Hermione Granger. Él podría haber hecho todo por ustedes. Siempre tan sacrificador... pero ustedes lo abandonaron...
- ¡Él se alejó de nosotros por tu culpa! – Exclamó Hermione, llena de ira. Incluso estuvo tentada a levantarse de su silla y golpearlo, aunque nunca llegara realmente a hacerlo. – Jamás lo abandoné...
- ¿Inclusive cuando creíste que él era el asesino de tu padre¿Cuando lo creíste capaz de algo así? Lamento informarle a tu conciencia, Granger, que Harry en aquel momento seguía siendo neutral. Y no siguió ninguna orden mía hasta el ataque a Hogwarts. – Ante la mirada de estupefacción de la muchacha, él emitió una mueca repleta de satisfacción. – Y sólo entonces cometió el primer de todos sus asesinatos. Él jamás hubiera hecho nada que hubiera significado dañarte, Granger. Hasta aquel día donde silenciosamente... lo culpaste. Sin palabras, pero interiormente... lo calificaste de asesino. Denegaste el pensamiento, pero creías en él.
- ¿Cómo...? – Sus manos empezaron a temblar. Ella jamás había dicho nada y se había prohibido pensar en aquello. ¿Cómo podía el Dark Lord saberlo?
- Harry era un experto en Legeremancia, Granger. Sabía exactamente todo lo que pensabas y sentías con sólo mirarte a los ojos. Es evidente que los Gryffindor no valoran sus propios pensamientos... ni siquiera una mínima barrera de oclumancia para los pensamientos más profundos...
Hermione se mordió el labio inferior. No quería pensar en eso. Cerró los ojos y respiró hondo, intentando no internarse nuevamente en una depresión.
- Por cierto, ya has gastado tus cinco preguntas.
- ¿Qué? . ¡Pero si sólo he hecho dos! – Voldemort sonrió astutamente.
- "¿En serio?", "¿por qué Harry?", "¿por qué elegiste a Harry para ser tu heredero?", "¿por qué lo convertiste en Filldeserp?" y "¿cómo?" – Enumeró. – Son cinco.
- ¡Pero...¡Tú...!
- Soy el Dark Lord más poderoso de toda la historia. – Dijo él con aparente modestia. – Definitivamente estoy calificado para esta clase de juegos mentales¿no lo cree así, señorita Granger?
Las mejillas de la joven se encendieron. La había engañado. Le había hecho repetir preguntas a propósito, para descontar el número de preguntas con facilidad. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida?. ¡Obviamente el Dark Lord se iba a aprovechar de su inocencia!
- Quiero pedirte un favor, Granger.
De repente el rostro de Riddle perdió toda muestra de sentimiento y su seriedad se volvió palpable en el ambiente. Lo que fuera que quería pedirle era sumamente importante.
- Lo que hemos hablado hoy... no sale de estas paredes¿está claro? Filldeserp no tolera hablar de su... pasado, mucho menos que otra gente lo haga. Y realmente, no quiero que mi heredero tenga que pasar la noche en las mazmorras torturándote. Hay misiones más importantes actualmente. – Ni siquiera la miró para verificar su respuesta, dando por sentado cuál sería.
Cuando Voldemort, tras ponerse de pie, llegó al umbral de la puerta, Hermione consiguió reunir el valor necesario para expresar una última duda en su mente que sabía no iba a ser respondida... pero que valía la pena preguntar.
- Tú consideras a Harry tu hijo. No obstante... ¿él se considera así? Y si lo hace... ¿por qué nunca lo he escuchado llamándote "padre"?
Voldemort se giró para examinarla y, con una mirada que fácilmente podría haberla asesinado, respondió con el tono más frívolo posible:
- Eso está en mí saberlo y en ti averiguarlo.
14 de agosto de 2004
Horario: once y media de la noche.
La noche había caído en un pueblo de las afueras de Londres, un pueblo donde las marcas imperdonables de la guerra aún no se habían revelado. La tranquilidad reinaba allí, de una manera casi fantasiosa. Las calles oscuras no resguardaban en sus sombras ni a ladrones ni a asesinos. Los bares estaban repletos de gente, celebrando alguna ocasión especial. Nadie miraba sobre su hombro, cuidándose de las amenazas. No había ni un mínimo grado de desconfianza o inseguridad. Todo era paz.
Por lo tanto, nadie cuestionó nada cuando un hombre, vestido con una capa negra que también cubría su rostro, se apareció en el bar. Nadie le prestó atención ni se preocupó por su inquietante presencia. Se sentó solo en una esquina del bar y recorrió el lugar con su fría mirada, mostrando una aparente indeferencia que contrarrestaba rotundamente la alegría y la atracción de la gente que bebía en la esquina contraria. Muggles. Ingenuos e indefensos.
La camarera se acercó a su mesa y le saludó cordialmente. Era una muchacha atractiva, aunque nada deslumbrante, morena, con ojos que semejaban el color de la miel. Se notaba que era una mujer de espíritu cálido y amable por su simple y espontánea sonrisa; una persona que no tenía sitio en el Reino de las Tinieblas.
- ¿Puedo servirle en algo, señor¿Desea tomar algo o está esperando a alguien?
El extraño retiró la capucha que escondía sus facciones, desenmascarando así sus ojos verdes y sus cabellos negros azabaches, que le caían con distinción sobre los hombros. Pero no fue eso lo que hizo que la camarera retrocediera, sino la palidez casi innatural de su rostro. En aquel pueblo todos gozaban de una tez oscura, pero aún así... era mucho más blanco de lo que jamás hubiera visto. De no haber creído nunca en los vampiros, hubiera alegado que él era uno.
El hombre no se ofendió ante su sorpresa. Simplemente emitió una risa, tan insensible que provocó que un escalofrío viajara de pies a cabeza por el cuerpo de la mujer. Él se puso de pie y sonriendo alusivamente, se aproximó a ella hasta que sus cuerpos estuvieron casi pegados. Ella no podía moverse, paralizada por el terror. Hubiera querido gritar o correr de allí, no obstante él la retenía con sus ojos esmeraldas.
- Puedes servirme en algo. – Murmuró él en su oído. – ¿Aún estás dispuesta a hacerlo?
Repetidas veces la muchacha quiso pronunciar su respuesta negativa, mas parecía haber perdido la voz. Su cuerpo temblaba, aunque su mente empezaba a ceder al pedido de las esmeraldas. Jamás tuvo la oportunidad de advertir cómo el individuo sacó su varita de un bolsillo de su túnica y aplicó un encantamiento letárgico en todos sus clientes. Lo único que advirtió fue la penumbra de la inconsciencia... y en su mente, el grito sofocado de auxilio.
De sangre y lágrimas,
De dolor y muerte,
Nacen los espectros que no conocen el descanso.
Vigilan celosamente
En busca de venganza,
En busca de cumplir antiguas deudas,
Con aquellos que guardan aún en ellos
Vida de la cual han sido privados.
Él te mira a los ojos. Son esmeraldas que brillan entre la oscuridad como una luz esperanzadora al final de un largo túnel. Ejercen un poder incalculable sobre ti, como si supieran todo lo que hay por saber respecto a tu persona. Desde el primer momento, los amaste y harías el más grande de los sacrificios tan sólo para que continuaran allí, contigo, reflejando tu alma en sus iris, los secretos más oscuros... tus deseos más profundos.
Unas fuertes, aunque dóciles, manos recorren tus mejillas, tus hombros... tu cuello. Te sientes derrumbar al contacto... un contacto cálido pero ilusorio Ya no piensas. Dejas que tus instintos te dominen, hundiéndote en anhelos prohibidos y placeres ocultos. Como una marioneta caes en sus brazos, que te conducen con suavidad y sencillez.
No rechazas su tacto cuando empieza a seducirte... tampoco mientras te despoja con controlada ansiedad de tus ropas. Al final, quizás desesperado, rompe tu blusa en un sonido brusco que hiela tu alma de temor por un reducido instante hasta que vuelves a dormirte en su hechizo. Sus ojos... esos luceros te controlan. Ya no importa tu pureza ni tu honor... sólo quieres que te tome, que rompa hasta el último centímetro de tu piel, que te haga gritar hasta los confines del delirio... alcanzar la cumbre más alta, ir más allá de los límites... olvidar los esquemas.
Adoras sus besos en tu cuello y en tu pecho. Adoras sus movimientos sensuales y sus sonrisas confidentes. Sus dientes devoran tu piel, succionan tu sangre inmaculada y te vacían el espíritu. Juega con tus cabellos, enloqueciéndote. Jadeas y tu cuerpo suplica por más. Te vuelves adicta a su oscuridad, sólo quieres más. Verlo a Él, vestido con sus elegantes aunque molestas ropas negras, te desespera. No soportas verlo así y descuartizas con locura abandonada las tangibles barreras que te separan de él. Él sonríe satisfecho y ligeramente burlón, lo que aumenta tu deseo. Quieres besarlo y recorrerlo, marcando tu posesión, pero él detiene tu capricho y te priva de tu necesidad, dejando claro que él domina y controla, y tú sumisa. Por un momento pretendes protestar, no obstante el temor de perderlo te frena. No, lo necesitas... atenderás a todos sus exigencias. Serás suya. Toda suya.
Fortaleza de la Orden Oscura
15 de agosto de 2004
Horario: once y media de la noche.
La habitación estaba en silencio. Escasa luz ingresaba por el ventanal, por lo que una vela reposaba prendida a un costado de su escritorio. Sobre éste yacía un libro de considerable espesor, abierto en lo que era quizá la mitad. Pero en verdad, Hermione ya no le prestaba atención. Su cansancio era visible en las ojeras que oscurecían su rostro y su inquietud no le permitía concentrarse.
Suspiró con agotamiento, cubriéndose los ojos con las manos y apoyándose sobre su escritorio.
"¿Por qué elegiste a Harry para ser tu heredero¿Por qué lo convertiste en... Filldeserp?"
La conversación que había tenido con Voldemort días atrás aún vagaba por su mente. No había apaciguado sus dudas, sino más bien las había aumentado. Odiaba sentirse tan ignorante e imponente ante todo, por eso no había dejado de darle vueltas a las palabras del Dark Lord; tantas veces que ya no podía distinguir entre lo que en verdad había dicho y lo que ella suponía que había querido decir.
No entendía. Había tantas cosas que no encuadraban...
"Estábamos constantemente en la mente del otro."
Se imaginaba cuánto había sufrido Harry en aquel tiempo, teniendo que convivir las veinticuatro horas del día con el asesino de sus padres y de su padrino, además de su pena y rabia. Hubo de ser frustrante para el Gryffindor hallarse en tal situación, sujeto a la voluntad de Voldemort... sabiendo que era un peligro para toda persona que se cruzase en su camino...
"Se sumergía en sus pensamientos, que en aquel momento eran ligeramente... suicidas."
No quería pensar en eso. No quería siquiera imaginarse que Harry la había necesitado y ella no había estado allí para brindarle su apoyo; cómo le había fallado, pensando que la soledad le serviría más que su compañía. ¿Qué hubiese pasado si su amigo hubiera mantenido ese rumbo¿Qué hubiese pasado si... se hubiera suicidado y ella, a kilómetros de distancia, pasando las mejores vacaciones de su vida?
Culpabilidad.
Le había fallado a Harry, era cierto...
"Hicimos una... ¿tregua?..."
Una tregua de la cual sólo se benefició Voldemort en un principio; no dudaba de que hubiera amenazado a Harry con las vidas de sus amigos y conocidos. Seguramente había empleado métodos impúdicos para convencer al Niño que Vivió de aprender las artes oscuras. Habiéndolo conocido como lo había hecho, estaba segura de que el chico Potter jamás hubiera aceptado ser enseñado tal magia sino hubiera algo más profundo de por medio.
Pero... ¿qué?
"Sabía lo que yo pensaba hacer, no era ingenuo y me anticipó. Lástima que confió su destino en manos erróneas. Se llevó una gran decepción por parte de la Orden del Fénix, sobre todo de uno de sus más allegados al comienzo de su séptimo curso..."
¿Qué había anticipado Harry¿Cuál había sido el plan de Voldemort para influenciarlo a decidirse? Y lo que la confundía aún más... ¿qué tenía que ver la Orden del Fénix con todo aquello? Después de todo, Harry no había sido sospechado de actividad delictiva hasta...
La muerte del padre de Hermione.
El mundo se le cayó a los pies. La voz de Voldemort resonaba acusadora en su mente.
"¿Inclusive cuando creíste que él era el asesino de tu padre?"... "Harry en aquel momento seguía siendo neutral..."
Si era verdad que Harry no había asesinado a su padre... ¿quién había sido? Nadie se había animado a acusarlo directamente hasta que se hizo pública su elección de bando. Tampoco había habido pistas. Sólo... su actitud indiferente y distante. Y aún así, ella recordaba ver su rostro lleno de angustia cuando la había abrazado aquella noche cuando Dumbledore le dio las trágicas noticias.
¿Por qué había creído que él era el asesino cuando nunca antes había demostrado ser otra cosa que el maravilloso niño dorado de Dumbledore¿Por qué había desconfiado de su mejor amigo, con el que ciertamente más afinidad había llegado a sentir...?
Porque Ron se lo había asegurado. Le había dicho que tenía evidencia... la había persuadido de que aquella era la verdad. ¿Había sido Ron otra de las personas engañadas o...?
"Uno de sus más allegados..."
Ronald.
Un gran vacío se generó en su alma. No podía creerlo. Probablemente había interpretado todo mal. Ron jamás hubiera hecho algo así, jamás hubiera culpado a su mejor amigo sin pruebas... Y sin embargo, todo estaba allí, delante de ella, tan claro como el agua cristalina.
"¿Quieres venganza?
No. Quiero paz."
Cerró los ojos, intentando recordar aquel diálogo que había tenido con Ron hacía tantos años. Se había encontrado tan desorientada, tan agobiada... No había escuchado realmente lo que el pelirrojo le había querido decir hasta que habló del traidor, y aún así las palabras se hallaban difusas en su memoria, casi como si se tratase de un sueño.
"Él mismo me lo ha dicho. Es tan horroroso ver en lo que se ha convertido..."
"Al principio no lo podía creer..."
"Sirve al Innombrable con auténtica devoción. Pensar que lo habíamos creído nuestro héroe."
"Es él el culpable, Hermione. Es Él."
Si pudiera preguntarle a Ron porqué había pensado eso... ¿Había hablado Harry en verdad con él?. ¿Era todo un invento de Weasley o de quien fuera que le hizo imaginar aquello?
Voldemort no respondería ninguna más de sus preguntas, a pesar de ser el origen de toda la complicación, y temía que Filldeserp nunca hablaría al respecto. El Dark Lord se lo había dejado bien en claro: no le agradaba volver al pasado.
¿Cómo conseguiría entonces las piezas restantes del rompecabezas? No descansaría en paz hasta esclarecer todo el asunto y terminar de entender, y como digna Gryffindor persistiría aunque aquello significara perder su vida. Sin embargo... necesitaba un plan. Un muy buen plan...
Quería huir de aquella red de mentiras.
16 de agosto de 2004
Horario: una y media de la mañana.
"¿Alguna familia que necesites descartar, Tom?"
"Sé lo que necesitas, heredero mío, y tengo los candidatos perfectos para tu objetivo. Los Rockbell."
"¿El auror?"
"Así es. Nathan Rockbell, el prestigioso auror, es miembro de la Orden del Fénix... Su esposa, Christine, es una sangre sucia, y forma parte del Departamento de Catástrofes Mágicas en el Ministerio. Es una experta en los hechizos de memoria. Tienen dos hijos; una muchacha, Ravenclaw, que cursa su tercer año en Hogwarts, y un bebé que no tiene más de un año... Bueno, creo que ya sabes qué hacer con esta información¿verdad?"
"Por supuesto, mi Lord."
Fue así como Filldeserp se halló en un pueblo típicamente muggle, recorriendo sus calles en busca de la dirección correcta. Todas las casas poseían el mismo diseño, lo que hacía del paisaje ligeramente monótono. Por alguna extraña razón, atraía memorias remotas de su infancia en Privet Drive; memorias que sólo contenían miseria y soledad. Apretó los labios, en un gesto claro de resentimiento, y se obligó a ignorar aquello. Los Dursley ya no tenían lugar en su vida. Eran simplemente una herida del pasado, personas que jamás volvería a ver aunque tuviera la oportunidad... o aunque su vida dependiese de ello.
Se detuvo a observar la casa de sus futuras víctimas. Dormían tranquilamente, sin saber lo que les acechaba. Una sonrisa malévola cruzó su rostro y sus ojos destellaron en la oscuridad de la noche. Estaba muy cerca de cumplir su cometido, de realizar aquel ritual. Sólo necesitaba unos pocos ingredientes más... un poco de sangre más. Nada que no pudiese conseguir en aquella vivienda.
Concédele aquello que más anhela:
Sangre, lágrimas, dolor y muerte.
Inocencias corrompidas,
Purezas concedidas,
Vidas sustraídas,
Órganos vulnerados.
Con un sencillo movimiento de manos, la puerta del frente cedió, junto con algunas barreras de seguridad que habían sido dispuestas por la Orden del Fénix. Sonrió para sus adentros. Esos inútiles no sabían proteger a su gente, por más valiosa que fuera. Dumbledore estaba muy equivocado si pensaba que aquella escoria de magia blanca lo pararía. Quizás la senectud le había terminado de afectar su cerebro.
La casa permanecía en un inquebrantable silencio, sin embargo Harry podía percibir su ansiedad. Escaneó la sala de estar con su magia en busca de algún artefacto que pudiera llegar a detectarlo. Ante la respuesta nula prosiguió con su misión, subiendo las escaleras que conducían a los dormitorios. Volvió a escanear el pasillo y sus habitaciones adyacentes para descubrir un detalle sorprendente.
Sólo había tres personas; dos medianamente adultas y un infante. Pero ninguna de las tres auras pertenecía a un auror entrenado...
Giró rápidamente hacia la derecha, logrando esquivar la maldición de Nathan Rockbell por escasos centímetros. Las lámparas del amplio pasillo se encendieron y así pudo contemplar al auror con mayor nitidez y viceversa. Por unos instantes continuaron rígidos, observándose y meditando el próximo movimiento.
- No tocarás a mi familia. – Sentenció Rockbell, sus ojos brillando con determinación. – Te detendré.
Yo lo detendré.
Potter hizo una mueca. Muchos habían dicho eso previamente, y todos ellos se encontraban ahora muertos. No obstante, estaba dispuesto al desafío. El auror era uno de los mejores, y efectivamente representaba un reto. Un poco de entrenamiento físico no le vendría mal, aunque tampoco debía entretenerse demasiado. No le haría nada bien a la misión que de repente media Orden del Fénix acudiera al socorro de los Rockbell.
- ¡Chris, toma a los niños y vete! – Gritó Nathan antes de colocarse en pose de duelo y defenderse de los brutales ataques del heredero de Voldemort.
¡Lily, toma a Harry y vete¡Es él¡Vete¡Corre!
Rockbell probó ser un excelente mago, desplazándose con agilidad y enviando hechizos certeros de increíble variedad. Sin embargo, su punto débil era demasiado fehaciente: su concentración no estaba en el duelo, sino en su familia. Sus ojos castaños se desviaban constantemente hacia las puertas cerradas del pasillo (ahora totalmente destruído), y en sus acciones denotaba la desesperación y el nerviosismo. No poseía ninguna estrategia de combate, al contrario de Filldeserp. Ningún plan de defensa.
El duelo duró unos cuantos minutos y fue intenso, pero no lo suficiente. Harry terminó por aburrirse y decidió rematarlo prontamente. Fue entonces cuando Nathan vio la sed de sangre en aquellos oscuros ojos verdes y supo que su fin había llegado, sin haber cumplido su promesa, sin haber protegido a su familia... dejándolos a la merced de un monstruo, a la merced de la muerte.
Súbitamente todo se oscureció.
Filldeserp caminó sobre el cadáver de Nathan para luego atravesar todo el pasillo, sabiendo que el resto de la familia no había tenido el suficiente tiempo para huir. Después de todo, el llanto del bebé no sonaba tan lejano y los pasos apresurados de Christine revelaban su posición. La única chimenea del hogar se hallaba en la planta inferior, y saltar por la ventana, por más que se tratara de una bruja, no resultaba ser la mejor solución cuando también querías salvar la vida de tus hijos desde un segundo piso bastante alto. Tampoco se podía desaparecer, dadas las barreras colocadas por Filldeserp en el lugar. Estaban atrapados.
Irrumpió en la sala para hallarse con una escena que rompería cualquier corazón, menos el suyo. Christine le apuntaba con la varita, su mano temblante, y con lágrimas abundantes recorriendo su pálido rostro. Su hija, vestida con un sencillo traje de dormir rosado, estaba arrodillada en un rincón y tenía a su pequeño hermano acurrucado en su pecho, intentando calmarlo a pesar de que ella misma no estaba en un estado demasiado favorable. Su varita yacía olvidada en uno de sus bolsillos.
La habitación, podía deducirse sin mucho miramiento, correspondía a la del pequeño. El papel de las paredes poseía colores chillones y juguetes simpáticos descansaban en el suelo. Las ventanas estaban cerradas, una prueba irrefutable de que no habían intentado escapar siquiera. Filldeserp no pudo evitar cuestionarse la razón.
- Tú... – Murmuró la mujer descorazonada. La animadversión y el asco profundo resplandecían en sus ojos, junto al dolor y la pérdida.
Harry supo al sólo verla que no guardaba esperanzas de vida, que su única razón de ser en aquel instante era proteger a sus hijos. No le importaría morir por ellos. No le importaba sacrificarse por ellos. Aquella mujer estaba sufriendo por la muerte de la persona que más amaba en el universo, y aún así había decidido su destino con claridad.
- ¿Por qué¿Qué consigues con esto? – Susurró ella.
- Mucho más de lo que puedas llegar a imaginarte, sangre sucia. – Respondió altivadamente, avanzando hacia ella.
- ¿Por qué¿Qué pueden llegar a hacerte mis hijos¡Ellos no han hecho nada...¡Mátame a mí en su lugar!
A Harry no... Ten piedad, te lo ruego.
Por un segundo Filldeserp se preguntó cómo Christine podía saber que su objetivo principal no era ella, sino sus hijos. Nada en toda la situación había demostrado aquello, no obstante... aquella mujer había sabido prever sus movimientos, hecho que ni siquiera Dumbledore podría hacer ya.
¿Acaso... el instinto maternal...?
Su estómago se agitó ante la extrema sensación de deja vú. Él ya había vivido aquello... él...
- Por favor, mis hijos no... por favor...
A Harry no... A Harry no. A Harry no. A Harry no, por favor...
Se sintió sobrecogido por los dolorosos recuerdos. Aquella noche de Halloween, en la cual había perdido a sus padres a manos del que ahora ocupaba su lugar... Aquella noche cuando su padre había peleado con Voldemort, aún sabiendo que nada podía hacer ya por su familia, tal cual Nathan. Aquella noche cuando su madre había suplicado por su vida, deseando poder regalarle la oportunidad de vivir... la oportunidad de ser...
Por un mínimo instante, quiso derrumbarse y sollozar. Quiso detenerse, olvidarse de la misión... honrar la memoria de su madre. Quiso suicidarse ante la espeluznante culpabilidad que recorría cada fibra de su cuerpo. Pero no lo hizo. Desde hacía tiempo tenía asumido que sus padres se sentirían avergonzados de él, que no había merecido el sacrificio y amor de su madre. Sabía que había tomado decisiones que no debería haber tomado jamás, pero las circunstancias lo habían llevado a ello...
Y no permitiría que los recuerdos destruyeran su presente, sus ideales, aquellas cosas por las cuales vivía. El poder lo era todo ahora, la oscuridad lo había consumido y nada quedaba ya del antiguo Harry, aquel que lo podría haber llegado a dar todo por sus amigos, por su familia... e incluso, por desconocidos, por la gente inocente. En su lugar había renacido Filldeserp, y él no era una persona que se dejara llevar por sus sentimientos.
Tenía otra memoria que honrar. La de su padre, la de Voldemort...
- Apártate, estúpida. – Ordenó y con un ligero movimiento de varita, Christine salió despedida contra la pared.
Apártate, estúpida… Apártate...
Sin embargo, Christine volvió a levantarse y se interpuso en su camino.
- Mátame a mí en su lugar... Tómame a mí. Pero te lo ruego, por favor... ellos nunca han hecho nada... Ten piedad... Haré cualquier cosa... Juraré neutralidad... me uniré a ustedes, pero por favor...
A Harry no. Te lo ruego, no. Tómame a mí. Mátame a mí en su lugar… A Harry no, por favor. Ten piedad, te lo ruego, ten piedad.
Se aferró a su varita con más fuerza, sus ojos fijos en la mujer. La odiaba porque por ella las memorias no se rendían y seguían surgiendo de las sombras de su mente, sombras que había pensado nunca se animarían a volver a salir a la luz. Casi podía vislumbrar a Lily, con sus brillantes ojos verdes... ojos llenos de ternura y de esperanza... suplicando por él... y a James, luchando con todo de sí contra Voldemort, peleando por lo imposible y con sólo un propósito en mente: salvar a su familia, asiéndose de todo aquello querido para él.
A Harry no… A Harry no… Por favor… haré cualquier cosa...
Cerró los ojos y se concentró nuevamente en el presente. No era el momento de flaquear ni tampoco valía la pena vivir en el pasado. Sus padres estaban muertos... muertos por una causa vana y mísera. Una guerra liderada por dos magos, quienes habían sacrificado y sacrificaban a todos sus peones sin titubear. Sus padres habían sido peones de un juego manipulador, de un líder manipulador. Meros peones en una guerra sin vencedores. Sólo sangre, sólo sacrificios... sólo poder.
Él no era un peón. Lo había sido, en su tiempo, cuando había estado ingenuamente bajo la tutela de Dumbledore. Había derrochado esfuerzo, energías y lágrimas en una misión que había cobrado más vidas que las que había salvado; había seguido al director sin dudar, confiando en sus buenas intenciones... en sus palabras tranquilizadoras y repletas de valentía. Había confiado en él, en sus amigos, en su familia postiza, y se había sacrificado por ellos... sólo para ser traicionado. Sólo para ser usado. Sólo para representar una Esperanza inexistente, un futuro perdido, una sociedad utópica... Había dado todo por nada.
Ahora era la mano derecha del Dark Lord, su heredero legítimo... era mucho más que un peón. No estaba bajo la categoría 'sacrificable'. Ya no se guiaba por los sentimientos, ya no permitía que las apariencias nublaran su juicio... Y ya no confiaba en nadie más que no fuera él mismo y a lo sumo, su Lord. No cumplía ninguna orden que no convocara su interés. No protegía a nadie que no hubiese justificado ser valioso para la Causa. Ahora tenía un poder que iba más allá de lo que había llegado a imaginar, más allá de aquella guerra.
Él tenía el poder de sobrevivir, el poder de adaptarse a los cambios... el poder de olvidar...
Al simple precio de su humanidad.
- A un lado, Rockbell.
A un lado… Hazte a un lado, muchacha…
- ¡JAMÁS!
- El destino de tus hijos y el tuyo ya han sido decididos por algo mucho más superior a ti. Nada de lo que hagas ni digas los salvará. Ya están muertos.
Muertos.
Era algo más que destino, más allá de lo eventual e inevitable. Era la muerte, una consecuencia plena de decisiones propias y ajenas, y del retorcido sentido del humor de la vida. Quizás aquel bebé no había hecho nada, tal vez a penas sabía caminar, pero era hijo de un peón y, por lo tanto, un peón sería. Totalmente utilizable.
Totalmente dispensable.
Mala suerte por haber nacido en una sociedad podrida, donde los que sobreviven son los más aptos, con mayor poder y oportunidades; mala suerte por haber nacido bajo un manto de muerte.
Un crío ingenuo, perdido en la oscuridad del mundo,
Una mujer impoluta, desconocedora del deseo carnal,
Una mujer manchada por tu engaño y persuasión,
Un órgano que palpita en el sueño de la muerte,
Sangre de sucesor, digna merecedora de su labor,
Fuego ardiente que fusiona planos,
Viento que intercede y protagoniza.
Lanzó un sencillo desmaius hacia la mujer. Ya lidiaría con ella más tarde, cuando ya no existiesen riesgos de repetir el error de su Lord en aquel nefasto Halloween.
Sus ojos depredadores se localizaron en la adolescente quien gritaba aterrada, sin quitar su mirada del cuerpo aparentemente inerte de su madre; tan inexperta que no sabía diferenciar un Desmaius de un Avada Kedavra. Filldeserp se cuestionó por un instante qué estaría enseñando Dumbledore en Hogwarts, si esta niña era la alumna estelar de su año. Inútil.
Y él tampoco iba a menguar su pena revelándole la verdad¿cierto?
Que se muriese pensando que lo había perdido todo. Ahora del hecho aún más conmovedor.
- Ponte de pie, muchacha. – Le ordenó, sin dejar de señalarla con la varita.
Ella intentó efectuar el comando, pero falló ineludiblemente. Su espíritu estaba quebrado. Ni siquiera percibía ya la presencia de su hermanito en sus brazos. Todos sus pensamientos residían en la desazón y en la desesperanza. Ya no había nada por lo cual luchar. En su mente no surgió ni un rastro de sed de venganza. Nada que le incitara a levantarse... y encima estaba siendo humillada.
- ¿No quieres morir de pie? – Se burló Filldeserp. - ¿No quieres honrar la memoria de sus padres, con los que pronto te volverás a reunir?
La muchacha hizo un amago de escupirle pero abandonó cuando una Cruciatus hizo palpitar su cuerpo de un dolor tan intenso que por un instante le hizo olvidar su pena. Gritó despavorida, concentrando su dolor y tristeza en la acción. Se retorció en el suelo, tosiendo sangre en abundancia, y le suplicó a la nada que todo terminase, que tuviera piedad de ella... ya no tenía fuerzas ni para gritar. Nada a lo cual aferrarse y resistir aquel horroroso momento. Su vida había perdido todo sentido, toda razón de ser...
Y Filldeserp se regocijaba viéndola padecer bajo su poder. Sangre decoró las paredes, anteriormente alegres, de la habitación. Sangre salpicó el rostro del bebé, olvidado en el suelo por su hermana. La criatura sollozaba a puro pulmón, tratando de llamar la atención de su familia... sin saber que nadie respondería en su auxilio; sin saber que su hermana no volvería a protegerlo. Sin saber que pronto una luz verde, idéntica al color de ojos de su asesino, le robaría todas las oportunidades a cambio de nada.
- ¡Avada Kedavra!
El cadáver del niño se desplomó.
Su hermana, a su lado, no se había dado cuenta del letal suceso. Estaba muy ocupada pretendiendo recuperar su respiración normal, aunque todo su organismo se convulsionaba sin cesar.
Era el momento de despertar a la madre y ver qué opinaba ahora de él, del Salvador del Mundo Mágico. Una sonrisa macabra cubrió el rostro de Filldeserp al mismo tiempo que aplicaba un Ennervate en la viuda señora Rockbell, cuyos ojos no podrían haber expresado mayor desolación y desesperación ante la escena con la cual se enfrentó. Su rubicundo alrededor le impactó de sobre manera, pero su corazón terminó de destrozarse al ver el cadáver de su pequeño bebé y a su hija, envuelta en dolor y sangre, perdida en la oscuridad.
En su mirada se deslumbró un brillo de locura, aquella locura desazonada posterior a un trauma. Como pudo, se levantó y corrió hacia su hija, abrazándola y murmurándole palabras cálidas en el oído, aunque todos sus intentos probaron ser vanos ya que la joven Ravenclaw no dio indicio de escucharla ni de atender a la realidad. Se hallaba simplemente extraviada en su mundo, en su dolor...
Rockbell empezó a llorar y apretó a su hija contra sí con mayor fuerza, como si quisiera alejarla de todo y de todos. Aquella acción podría haber roto cualquier conciencia o cualquier máscara de frialdad, menos las de Filldeserp. La varita en su mano no tembló y sus ojos no se suavizaron; al contrario, se llenaron más de odio.
Era hora de mandarlos al infierno y cumplir con la misión.
- ¡Avada Kedavra!
El rayo verde surcó el aire hasta terminar con la vida de la joven Rockbell; tan verde había sido que le hizo recordar a las esmeraldas resplandecientes de su madre y a su ternura desmesurada. Lástima que éste verde fuera letal y perverso. Lástima que ya no hubiera lugar para sentimientos en su vida...
...O se hubiese dado cuenta de que una parte de su alma se había desvanecido aquella noche.
Fortaleza de la Orden Oscura
22 de agosto de 2004
Horario: once y media de la noche.
La Fortaleza de la Orden Oscura tenía a su disposición innumerables mazmorras. Algunas se empleaban para encerrar a los rehenes o cautivos de los ataques, otras eran salas de torturas con ambientación perfecta mientras que las restantes caían en desuso o se utilizaban de vez en cuando para ciertas ceremonias.
Aquel día era una de esas ocasiones. Se trataba de una mazmorra amplia, con una pequeña ventana en su frente por donde se podía contemplar la oscuridad de aquella noche sin luna. Varias antorchas permanecían en las paredes, iluminando tenebrosamente el lugar. El olor a humedad era tangible en el aire y agradeció mentalmente el haberles ordenado a los elfos domésticos limpiar el sitio. De no haber sido por ello, no hubiera podido respirar dentro.
Tenía poco menos de media hora para concluir con los preparativos. En el suelo ya estaba marcado el símbolo necesario para el ritual: un pentáculo, la legendaria estrella de cinco puntas (pentagrama) encerrada en un círculo. Cuatro velas estaban colocadas en sus cuatro puntas inferiores en representación de los cuatro elementos del universo. Filldeserp sonrió con complacencia. Faltaba muy poco.
Un suave golpe en la puerta le advirtió de la presencia de un mortífago. Al voltearse vio a Alice, aguardando en el marco de la puerta, y con ella traía a una inconsciente Hermione. La mortífaga, tras un asentimiento de parte de su Lord, dejó caer a la Gryffindor al frío y duro suelo con intencionada brusquedad. Le dedicó su mirada de más profundo asco antes de volver a dirigirse a Filldeserp.
- El Lord me solicitó que le enviase a Granger, mi Lord.
- Muchas gracias, Alice. – Respondió Filldeserp.
Sin embargo la mujer no se retiró. Su sonrisa astuta se tornó traviesa y con sensualidad se acercó a Filldeserp, quien le siguió el juego, sin quitarle los ojos de encima. Compartieron una mirada cómplice y por unos instantes permanecieron inmóviles, sus labios a penas rozándose. Se trataba de un duelo de voluntades, de quién cedía primero a la pasión. La expectativa crecía en ambos...
Hasta que él decidió conceder. Potter la besó en un impulso arrebatado que ella respondió casi simultáneamente. Empezaron a jugar con una intimidad que hablaba a grandes rasgos del tiempo que llevaban forjando esos encuentros. Eran besos furiosos, casi impersonales. No había cariño en sus gestos, a penas un ligero respeto. Todo residía en el deseo, en la locura, en el frenesí...
- Será mejor que dejemos esto para otro momento, Alice. – Interrumpió Filldeserp minutos más tarde, aún sin efectivamente separarse de ella. – Es una misión demasiado importante...
- Comprensible, mi Lord. – Alice recobró su postura seria, aunque su imagen se veía quebrada por su sonrisa insinuante. – Pero deberá recompensarme por el sacrificio.
- Por supuesto. – Sin más, la mortífaga se retiró de la sala, volviendo a dejarlo solo.
Filldeserp contempló el cuerpo de Hermione, tendido en el suelo. Respiró hondo. Era el momento de proseguir.
Con un sencillo Mobilicorpus la colocó en el centro del pentagrama. Luego él se ubicó entre las puntas correspondientes a la Tierra (la punta que indicaba el norte) y el Fuego (la punta que indicaba el sur) y recitó, prendiendo al mismo tiempo todas las velas con un movimiento de su mano izquierda:
- Espíritu del Este, el Antiguo Viento, le convoco a atender a este Círculo. Cárguelo con tus Poderes. Que así sea.
Una corriente de aire recorrió la sala y el cuerpo de Hermione comenzó a emanar una cegadora luz amarrilla que fue menguando hasta transformarse en un aura exiguamente visible. Era sin duda alguna una respuesta afirmativa del Elemento.
- Espíritu del Sur, el Antiguo Fuego, le convoco a atender a este Círculo. Cárguelo con tus Poderes. Que así sea.
El proceso volvió a repetirse con dos únicas diferencias; era Filldeserp el que ahora era envuelto por una cegadora luz escarlata. Su Elemento había respondido tal como se lo había comandado.
Era hora de emprender la segunda fase del ritual.
De su elegante túnica negra sacó un frasco que contenía una sustancia rojiza... Sangre.
- Una mujer impoluta, desconocedora del deseo carnal.
Derramó el líquido en la punta correspondiente al agua (que marcaba el oeste). La Sangre corrió por todo el pentagrama, brillando maquiavélicamente bajo la luz de las antorchas. Era una imagen encarnizada.
- Una mujer manchada por tu engaño y persuasión.
Nuevamente extrajo un recipiente lleno de sangre y lo vertió en la punta correspondiente a la tierra, mezclándose naturalmente con la anterior.
- Un crío ingenuo, perdido en la oscuridad del mundo.
El contenido la tercera botella fue dispersado por la punta correspondiente al Espíritu (la punta superior y quinta). La mezcla se renovó.
- Sangre de sucesor, digna merecedora de su labor.
Sonrió con orgullo mientras desparramaba la sangre de su Lord en el círculo que encerraba al pentagrama. A penas había necesitado preguntarle a Voldemort por la sangre; se la había cedido voluntariamente y no había escatimado en la cantidad, una clara muestra de la confianza que tenía depositada en su heredero.
- Fuego ardiente que fusiona planos.
Esta vez no hubo frascos. Simplemente tomó una de las dagas que llevaba siempre con él y se arrodilló junto a la punta de su elemento. Ni siquiera hizo un gesto de dolor o cerró los ojos cuando dejó que la daga se deslizara por su muñeca y produjera una herida de mediana profundidad. Con suprema delicadeza permitió que su sangre cayera en la figura tallada en el suelo.
- Viento que intercede y protagoniza.
Retomó el monótono procedimiento de verter el contenido de un recipiente. En aquella ocasión se trataba de una involuntaria donación de Hermione, de la cual la muchacha a penas se había enterado. A decir verdad había estado totalmente sedada, tal como lo estaba ahora.
- Un órgano que palpita en el sueño de la muerte.
Una sonrisa sádica se plasmó en su rostro. Cualquier persona que lo hubiese visto lo hubiese tratado de loco desquiciado o sencillamente un asesino siniestro, dos características igual de oportunas.
Murmuró un hechizo convocador y en instantes el tan solicitado órgano se halló en sus manos como si hubiera sido retirado hacía segundos. Draco Malfoy seguía siendo de utilidad aún muerto. Su sonrisa maniática resonó entre las frívolas paredes que parecieron estremecerse ante el sonido.
El corazón de Malfoy era el último ingrediente. Una vez colocado en la punta correspondiente al espíritu, todo estuvo listo.
Tomó el Athamé que estaba sujeto a su cinturón y lo observó con afición. Era un cuchillo de rituales mágicos, simbolizando el principio masculino y asociado al elemento Aire y Fuego. Tenía el mango negro, el cual poseía la figura del pentáculo como inconfundible arma litúrgica, y una hoja muy filosa, aunque raramente utilizada. Su función principal era dirigir la energía del Conjurador durante el rito. Lo había esgrimido en variadas oportunidades y en todas ellas había demostrado ser una herramienta leal y efectiva.
Apuntó con ella al norte y se movió alrededor del círculo en el sentido de las agujas del reloj, partiendo desde el fuego (sur).
- Bendiga este lugar y este tiempo, y bendígame a mí, Henry James Potter-Riddle, quien está con Usted. Que así sea.
Esperó unos segundos antes de continuar.
- Sin él, no puede haber oscuridad; sin ella, no puede haber luz. – Cantó con voz suave, cerrando los ojos por primera vez en todo el ritual. El cántico iba dedicado a la Diosa, más bien conocida como Madre Naturaleza, y al Dios, como Padre de la Fuerza.
Condescendió su aura mágica a expandirse por la sala y a equilibrar las energías del ritual. La sangre en el pentagrama se agitó, pero ni una sola gota cayó fuera de la figura. Hermione persistía en su inconsciencia aunque su rostro se iba palideciendo más y más a medida que el rito avanzaba.
A lo lejos un reloj marcó la medianoche.
- Espíritu, acude a la llamada de tu amo,
Acude e intérnate en el plano mortal,
Acude y atiende a quien solicita tu presencia,
No acudas y no descansarás.
No acudas y el infierno las puertas te abrirá.
El Círculo resplandeció intensamente, cargado con la energía de los dos Elementales, además de las seis sangres combinadas. La misma corriente de viento que había aparecido cuando había convocado al elemento dominó la sala y se le sumaron las llamaradas de fuego que viajaron por el pentáculo.
El Círculo estaba Completo.
Filldeserp abrió los ojos. Nada había cambiado excepto Hermione. Estaba de pie, aún en el medio de la estrella, con los ojos cerrados y su piel extremadamente blanca.
Una sonrisa triunfante iluminó su rostro.
- Bienvenido al plano mortal, Riocárd Ciaran Slytherin, hijo de Salazar Slytherin.
