Welcome To The Hell.

Miré un termómetro desde la ventanilla del coche. Era 19 de enero y hacia la fantástica temperatura de 25 ºC. No quise pensar cuanto tiempo pasaría hasta que yo viese otra vez esa temperatura.
Había pasado una semana desde que había regresado de Ciudad Juárez- o lo que era lo mismo, desde que Leslat me había dicho que yo debería estar en el instituto y yo había decidido condenarme a mi infierno particular, o sea, irme a Forks a vivir de forma permanente con mi padre, Charlie- y había decidido no pensar en eso hasta que llegase el día.
Pero el día D y la hora H llego mas rápido de lo que yo habría querido. Y allí estaba yo. En el asiento del copiloto del Jaguar de Leslat, con él conduciendo y en los asientos traseros a una Renee llorosa y desconsolada, camino de aeropuerto.
Aun me sorprendía lo rápido que había sucedido todo y lo eficaz que había sido Leslat para arreglar todos los papeles que me hacían falta para la matricula en el instituto. No me debía sorprender de lo que eran capaces estos vampiros. Lastima que la mayoría habían decidido hacernos sus presas y yo tuviese que cazarlos.
Y si Leslat no hubiese bastado, la influencia del respetable Jefe de policía , Charles Swan, habría sido el detonante para que el Instituto de Forks me recibiese con la alfombra roja, una orquesta tocando el himno americano y todos sus alumnos y profesores dándome la bienvenida con los brazos abiertos.
"Yupi", pensé. Esperaba que esto fuese sarcástico.
Lo que para Renee era motivo de una inmensa pena, para Charlie fue como si le tocase la lotería. Cuando se entero de que me iba a vivir con el de forma estable- Con un poco de suerte esperaba que solo los dos años de instituto que me tocaban-casi le da un ataque del gozo que le entro. Si no supiera que el carácter de Charlie era muy retraído- en ese aspecto yo me parecía a él- le hubiera imaginado pegando brincos, haciendo volteretas y ensayando para un musical de Brodway.
¡Que fácil era hacer felices a los demás a costa de la tuya!
-Bella, aun estas a tiempo de rectificar- Suplico Renee- Tienes miles de institutos aquí que te admitirían encantados. Nena esto me da muy mala espina.- Y empezó a llorar más fuerte.
"No, Por favor Renee, no me hagas esto", Pensé mientras calcule mis posibilidades para coger la compuerta del coche y abrirla, para luego salir corriendo de allí mientras no fuera demasiado tarde.
"Ya es demasiado tarde", me recordé. Y en lugar de pensar en mi inútil huida, me esforcé por tranquilizar a Renee.
-Es que si quiero ir- Intenté sonar convincente.
"Mentirosa, mentirosa, mentirosa, mentirosa…Vas a ir al infierno por mentirosa".
Oí gemir a Renee aun más fuerte.
"Vale, Renee, tú sigue animándome"
- Renee, basta- cortó Leslat- Bella va a estar bien. Charlie y yo nos hemos encargado de todo. Y no hay peligro en Forks.
- ¿Y si esta lleno de vampiros sádicos?- Se estremeció Renee.
"Ojala hubiese vampiros", Deseé con todas mis fuerzas.
Leslat puso los ojos en blanco.
- Renee, Forks es tan aburrido que hasta los vampiros evitaran ir allí- le miré con cara de pocos amigos- Lo he comprobado y según mis informes, Forks está limpio. De lo único que se tiene que preocupar Bella es de estudiar e intentar combatir el aburrimiento- se rió de su propia broma.
No me encontraba de humor para enfadarme con él.
- ¿Qué pasa con Victoria?- Pregunto inquieta.
"Renee, eres la alegría de la huerta"
Leslat emitió un gruñido que hizo encogerse en su sitio a Renee pero yo ya estaba demasiado acostumbrada a ellos, por lo que ni me inmute.
- Aun me queda aquí una semana e intentare encontrar su rastro.- Dijo muy serio- Si no lo he conseguido, después de que vuelva de Italia, haré una cacería total. No te preocupes- prometió dirigiéndose a mi- Victoria no te va a tocar ni un pelo. Morirá antes de acercarse a ti a cien kilómetros.
- Te podrías llevar a Bella a Italia- Renee intento ese ultimo recurso. Preferir que yo me fuera a Italia antes que a Forks me pareció muy desesperante. Renee debía odiar ese lugar mucho más que yo y ya era mucho.
Leslat negó con la cabeza.
- La situación en Italia esta muy revuelta, Renee- su tono de voz se endureció- Creéme si te digo que prefiero dejar a Bella en las garras de Victoria que meterla en el pandemonium que hay formado en Italia.
Pensé en un nombre y me estremecí. Era tal terror el que producían en el mundo de los vampiros que ni siquiera pronunciaban su nombre. "Vulturis".
Leslat continúo hablando pero esta vez más alegre para tranquilizarnos a Renee y a mí.
- Además, recuerda Renee que antes de irme a Italia tengo que pasar por Forks, para llevar el resto de las cosas a Bella y así asegurarme de que ha pasado su primera semana bien- se rió entre dientes- Espero que cuando vaya no me encuentre que ha caído un meteorito, o se ha liado un desastre nuclear tipo Chernobil, Porque chica, lo de la suerte no es lo tuyo.-se rió fuertemente al recordar que yo era la mala suerte personificada y aquello le hacia gracia.
Habíamos llegado ya al aeropuerto y me disponía a hacer todos los papeleos y pasar todas las medidas de seguridad. A esto hacía años ya me había acostumbrado.
Como equipaje solo llevaba una maleta con muy poca ropa- Leslat se ofreció a llevarme el resto una semana despues- algunos libros, material suficiente para empezar el instituto y a "Hecate" pero no a "Amaterasu". El equipaje de mano era un añorak negro que me había comprado- Supuse que cuando llegase a Seattle, en el estado de Washington, lo iba a necesitar- y mi riñonera con mi cámara vieja de fotos, mi móvil- debidamente desconectado-y mi Mp3.
Después de facturar mi equipaje y antes de embarcarme en el avión, Renee me abrazo fuertemente con la intención de no soltarme y si no había llorado ya suficiente, rompió a llorar aun más fuerte.
- Cariño, ten cuidado por favor- gimoteo como una niña pequeña- y si encuentras algún ser malo que te quiera hacer daño, prométeme que te alejaras.
-Renee- Ya podía suponer a Leslat con los ojos en blanco- Encontrarte un vampiro en Forks es de una contra un millón- aseguró- ¡Fíjate lo que te digo! Por cada vampiro que encuentre Bella en Forks, me estaré un año entero sin tener relaciones sexuales.- Juró todo convencido.
Cuando logré desasirme del abrazo de Renee, Leslat me acarició la cara con sus gélidos dedos y me dio un papel.
-Es mi dirección de correo. Si tienes algo que contarme, por muy estupido que te parezca, escríbeme y por muy ocupado que esté, te prometo que te contestare- me dijo seriamente.
Y yo le creí con todas mis fuerzas, ya que siempre que se trataba de mí, Leslat hacía todo lo que estaba en su mano.
Leí el trozo de papel donde estaba la dirección de correo electrónica.
- " "- Puse los ojos en blanco. Leslat y su obsesión por "Star wars".
Anunciaron por megafonía que mi vuelo estaba listo y me dispuse a irme, despidiéndome de ellos con la mano.
-Da recuerdos a Charlie- Se despidió Renee.
Me subí por las escaleras metálicas que me llevarían al avión. Me gire y vi a Leslat agarrando de los hombros a Renee y sonriéndole de manera muy seductora. Conocía esa sonrisa.
"Ya estamos con las mismas", replique enfadada.
Lo último que conseguí oír fue a Leslat coqueteando con Renee.
- Como esta noche, te quedas sola, ¿Qué te parece que vaya a tu casa?- le oí murmurar seductoramente- Y me haces un hueco en la cama, que me dan miedo los monstruos.
- Bueno, si insistes- repuso Renee entre resignada y encantada.
Mi ultimo pensamiento de despedida fue un deseo enorme de darle a los dos una patada en el culo. Mi obligación como hija hubiera sido recordarla que desde hacia un año era la señora Dywer. Pero entonces recordé la cara de imbecil de Phil y sonreí malignamente. Y mientras la azafata me indicaba donde sentarme y las reglas para el despegue, pensé para mi que Renee y Leslat- aunque el no lo quisiera reconocer-se deberían haber casado. Se complementaban divinamente. Mucho mejor que Renee y Phil. Mucho mejor que Renee y Charlie. Ese pensamiento me lleno de tristeza.
Me senté en mi sitio- que afortunadamente estaba al lado de la ventana y así podía abstraerme- me abroché el cinturón , ya que el despegue se realizaría en cinco minutos, me puse el Mp3 y mirando por la ventanilla, me olvide de todo a ritmo de HIM. En cuatro horas de vuelo desde Phoenix a Seattle me daría mucho tiempo a volar mi imaginación antes de aterrizar en la realidad
No sabia cuanto tiempo había transcurrido de vuelo cuando en mi Mp3 sonó mi canción favorita de HIM, Beautiful.
No podía evitar que se me pusiese los pelos de punta, mi piel sufriese un cosquilleo que recorría de mi cabeza a los pies y mis ojos se llenasen de lágrimas.
Me acuerdo que Leslat me la ponía cuando estaba triste y cuando oía el solo de guitarra del principio, toda mi pena se iba y solo podía pensar en todas las cosas bellas que había en el mundo. "Beautiful" esa canción y su nombre se merecían las cosas mas bellas.
Leslat me predijo- más bien, bromeó- que el chico que me sacase a bailar esa canción sería mi gran amor.
Mis labios susurraban la letra de la canción mientras mi mente empezó a divagar.

"De repente ya no estaba en el avión, sino en un espacio vació lleno de luz. Podía sentir el calor en las yemas de mis dedos y una brisa suave agitaba mi cabello. Me sentía en paz. Sentía como si en lugar de andar, pudiese flotar. Y durante un segundo me pare para impregnarme de la tranquilidad del lugar. Cerré los ojos y pude sentí como algo frío rozaba mi rostro pasando desde mis parpados, a mi nariz y mis labios. Podía captar su olor aromático y masculino. Y el roce siguió descendiendo hacia mi garganta suavemente. Aun temiendo romper el hechizo abrí lentamente los ojos y allí estaba él.
Su pelo broncíneo era agitado por la brisa y eso le concedía un cierto aire divino de dios pagano. Pero esta vez no era salvaje y maligno, por el contrario sus ojos negros tenían un brillo suave y sus labios perfectos labios estaban curvados en un rictus de tristeza. Era lo más triste y desgarrador que había visto. Los Ángeles no debían estar tristes.
Me desabrocho la blusa y sus dedos se deslizaron por el nacimiento de mis pechos, deleitándose en ellos un buen rato. Después volvió a bajar la mano y me acaricio en círculos mi vientre. ¡Como alguien tan frío podía transmitir una sensación tan ardiente!.
Decidí desabrocharle la blusa y me deleite en sus pectorales apolíneos y gélidos. De repente me cogio por la cintura y me acercó violentamente hacia él.
Cogio mi rostro violentamente y me besó con una pasión insólita. Y yo le respondí de igual manera captando en mi paladar su dulce sabor y cogiendo cada jadeo que el a su vez me iba robando.
Note sus fríos y suaves labios acercándose a mi oído para susurrarme.

"No importa donde vayas, ni lo que hagas. Me perteneces y te buscare toda la eternidad para encontrarte."

Me sobresalté al escuchar por megafonía que dentro de cinco minutos aterrizaríamos en Seattle y recomendaban que nos pusiésemos los cinturones. Mi Mp3 ya estaba apagado.

Estaba tan excitada por mi sueño- o alucinación, epifanía o locura transitoria…como se quisiese llamar eso- que ni siquiera note el aterrizaje y una amable azafata tuvo que indicarme que ya estábamos en tierra.
Cuando salí del avión, el color grisáceo del cielo de Seattle acabo por deprimirme. Mas de lo que ya estaba.
"Adiós, sol, adiós", me despedí de los días calurosos y soleados.

"Bienvenida al mundo de las tinieblas, literalmente"
Algo húmedo y frió resbalo por mis mejillas. Miré al cielo y me cayó una gota de lluvia en la nariz. Lo supuse desde el primer momento. Hacía tiempo que mis lágrimas se habían secado en mis ojos y había decidido guardarlas para situaciones importantes.
Me puse el Anorak resignada y me fui a buscar la avioneta que me llevaría a Port Angeles. Llegué por los pelos y el personal me lanzó una mirada de pocos amigos. Sonreí para disculparme y ocupé mi lugar.
Decidí no ponerme los cascos del Mp3- y mucho menos escuchar esa canción- o si no mi mente me jugaría muy malas pasadas. Por lo que decidí mirar por la ventanilla y ver como atravesábamos las nubes. Tenia que admitir que tenían un color precioso, prefería con mucho el color blanco que tenían en Phoenix.
Empecé a comparar Forks con cualquier otro lugar donde había estado – Desde las majestuosas pirámides del calido y desértico Egipto hasta la elegancia de Paris, pasando por la aromática, multicultural y mágica Córdoba y el cosmopolitas Tokio- y desde luego en ningún lugar salía menos el sol que en ese pequeño pueblo de Washington perdido de la mano de Dios.
Pero lo peor de Forks no era su climatología- ya de por si toda una desventaja- sino que era un pueblo cerrado de pocos habitantes donde "todos conocen a todos" y una persona se podía olvidar de tener secretos- esperaba que el mío sí se pudiese mantener-Y sobre todo si una persona se salía de lo que para ellos era normal, se convertía en el centro de atención- y no para bien precisamente- de todas las lenguas viperinas. Aun me dolía cuando todos los veranos- hasta la tierna edad de doce años- iba a Forks para estar un mes con Charlie y las cínicas de las "respetables" señoras comentaban sobre mi madre casi delante mía.
"Pues cuando me vean a mí, ya veré cuantas maldiciencias voy a levantar", suspire pero como eso era inevitable, otro pensamiento se me vino a la cabeza.
"A palabras necias, oídos sordos, Bella"
-Mama-oí quejarse a un niño lastimosamente-pupa ...¡mama!.
A los cinco segundos vi como una estridente voz femenina pedía un pañuelo de papel y me acerque para darselo.
La madre, una mujer delgaducha y estirada, me arranco el pañuelo de las manos sin mirarme ni darme las gracias y se lo puso a su hijo debajo de la nariz.
No me dio tiempo a decirle cuatro cosas a esa desagradecida ya que pude ver como una gota de sangre cayo lentamente hacia el suelo. Solo fue una gota, pero suficiente para que su olor, metálico y desagradable, llegase a las aletas de mi nariz y me embriagase por completo.
Todo en mi cabeza empezó a darme vueltas y pude sentir como mi mente se evadía de la realidad y el ambiente de la avioneta se desvanecía.
"En algún lugar de mi conciencia sabia que esto era una ilusión. Un prado tan verde y tan hermoso al lado de un gran lado de aguas cristalinas, no podía existir. Solo en los cuentos de hadas.
Me sentía muy a gusto. Parecía como si nada ni nadie me podía hacer daño. Nunca me habia sentido tan protegida. Por eso ese lugar no podía existir.
Oí un cántico muy dulce procedente de algún lugar del prado.
Camine lentamente para no romper el hechizo. Y allí estaba el hada que protegía el bosque.
Porque ese ser tan hermoso y etéreo era lo mas bello que habia visto nunca- aparte de los vampiros- pero era una belleza luminosa y no oscura como la de los vampiros.
Aun estando sentada, podía intuir que era alta y menuda.
Su precioso pelo ondulado y largo era de un color entre dorado y broncíneo y le daba un aura dorada a su precioso rostro simétrico y levemente sonrosado.
Sus ojos estaban entrecerrados pero por un leve brillo, pude intuir que hacían juego con los verdes matices del entorno que la rodeaba.
Sus labios simétricos estaban curvados en una sonrisa y en sus blancos y delgados brazos pude ver que era lo que le hacia tan feliz.
Su pequeño bebe revoloteaba feliz e inquieto en los protectores brazos de su madre y jugueteaba con un colgante que tenia en el cuello.
El hada, feliz, aupaba a su bebe y le deposito en el suelo para cogerlo por los brazos y enseñarle a andar.
Un sentimiento de nostalgia oprimió mi pecho unos segundos.
Después de unos segundos, el bebe se rebelo para que su madre le dejase andar solo y aparentemente resignada, le soltó. El bebe se cayo un par de veces y a la tercera empezó a andar y corretear solo como si lo hubiera hecho toda su vida.
La madre le seguía lentamente por el prado como una sombra.
Poco a poco el bebe se fue desviando de la zona de luz y se fue adentrando hacia la oscuridad. En el rostro de la madre se denotaba preocupación y aligero la marcha.
Cuando llego a la entrada del bosque, el bebe ya no estaba y en su lugar se encontraba un muchacho aproximadamente de mi edad y cuando su pelo broncíneo se encrespo con el viento mi corazón palpito fuertemente en mi pecho. Pero cuando miro a su madre y curvo la comisura de sus labios para emitir una triste sonrisa a su madre, comprendí que no era la misma persona ya que sus ojos eran verdes y brillantes y su piel, aunque levemente pálida, era sonrosada.
Aun así me pareció muy hermoso y no pude evitar lanzar un gemido de angustia cuando giro su preciosa cara hacia el bosque y empezó a andar hasta perderse en la oscuridad de este.
Podía sentir la angustia y la desesperación de su madre, aligero el paso antes de adentrarse en el siniestro bosque y al entrar en el, empezó a correr desesperadamente.
Le veía mover su boca llamando a su hijo por su nombre aunque no pude oír nada debido al ruido del viento moviendo fuertemente las ramas y las hojas.
Podía sentir como el frío le azotaba la cara y las lágrimas le quemaban los ojos.
Pero no se rindió y siguió corriendo hasta que todo se hizo más y más oscuro hasta que solo quedo la más completa oscuridad. El más completo silencio. Aquello me estremeció más que el bosque. El silencio siempre era el precesor de la muerte.
Ella se quedo quieta mirando hacia ninguna parte y hacia todos los lados como si fuera una fiera enjaulada.
De repente pude ver como sus músculos se contrajeron, sus ojos se abrieron, los latidos de su corazón aceleraron y su boca se abrió dando a su precioso rostro un rictus de terror.
Yo no vi nada pero sentí como el cuerpo de ella era lanzado hacia algo invisible que intuí como cristales o espejos, y oí el chasquido emitido al chocar contra su cuerpo.
El ambiente se enrareció y un olor metálico y pegajoso volvió a inundar mi cerebro.
A mis pies vi un montón de trozos de cristales rotos y no pude reprimir mi grito de horror al ver que estaban manchados de rojo escarlata. Sangre y estaba fresca."
Sentí un dolor muy fuerte en mi cara y entonces la oscuridad se fue desvaneciendo poco a poco.
"Bella, Bella, Bella", una voz ronca que me era familiar, empezó a abrirme las puertas de la conciencia.
Podía sentir sus fuertes brazos alrededor de mi cuerpo, el olor de su familiar chaqueta de cuero, al abrir mis ojos fui vislumbrando los colores marrones de un uniforme que me era familiar desde mi más tierna infancia, y sobre todo pude notar en mi cuerpo la curva de la felicidad que había aumentado considerablemente desde el año pasado.
Y cuando estuve casi consciente, volví a sentir como alguien me cruzaba la cara. Pareció como si me volasen el cerebro.
-¡Señor Swan, pare!- grito una mujer que supuse que seria una azafata- ¡Ya esta consciente!
-¡Ay, Charlie!- me quejé- No es cuestión de volarme la cara.
- Lo siento, Bells- se disculpó muy avergonzado- Pero me has asustado.
Cuando supere el dolor de la cara y abrí los ojos del todo pude ver su preocupación en el rostro que apenas había cambiado desde el año pasado. Por lo tanto hacia rato que ya habíamos aterrizado y estábamos en Port Angeles.
Me ayudo a levantarme y me percate que estaba ya fuera de la avioneta, en una especie de sala que usaban como enfermería.
Cuando vi la inyección, casi volví al suelo si no hubiese sido porque Charlie me sujetaba.
-Me han dicho que te ha dado una lipotimia, cielo- Me explico aun preocupado.
-Hacía calor- Explique escuetamente. No necesitaba saber lo que habia pasado por la sangre. No tenía ganas de acabar dentro de un TAC, nada mas llegar a Forks.
-En Phoenix hace más calor. Pensé que estabas acostumbrada.
Me encogí de hombros y después de pedir permiso a la enfermera pudimos salir de allí y dirigirnos afuera donde estaba aparcado un coche de policía. En todo momento Charlie me cogio de los hombros y me puso su cazadora encima del anorak. Estaba temblando pero no de frío. Ver el cielo grisáceo con tonalidades negras me puso peor cuerpo del que me imaginaba.
Entre lo más rápidamente posible en el coche, aunque pasarme una hora dentro de este-el tiempo que se tardaba desde Port Angeles hasta Forks, o mejor denominado infierno- no era precisamente la ilusión de mi vida.
-¿Tanto odias Forks que te desmayas cuando pisas tierra firme, Cariño?-pregunto entre irónico y triste- Yo hubiera preferido algo así como "Hola papa, ya estoy en casa".
"Si te hace ilusión que llame a este pueblucho 'casa', pues lo haré...pero Forks no es mi hogar"
-Menuda bienvenida, ¿verdad?-sonreí para quitar hierro al asunto.
Sonrio a su pesar y luego se puso muy serio para decirme:
- Voy a hacer todo lo que pueda para que seas feliz aquí, Bella-juro.
"Y yo fingiré todo lo que pueda ser feliz para que tu lo seas, Papa"
Ya estaba conduciendo- A sesenta por hora en autopista. Desde luego Charlie no era Leslat- cuando yo empecé a mirar el oscuro cielo.
Lo tenía que haber adivinado. Estaba entrando en el infierno y ese sueño era un presagio de bienvenida.