Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.

Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.

*Editado: Domingo, 22 de diciembre, 2013.


-Compañeros de piso-

Capítulo VII:

Relaciones sociales para dummies

No pudo dormir en toda la noche. Por más que lo intentó, lo único que consiguió fue removerse una y otra vez en el sillón (que por cierto era todo, menos cómodo) e incluso, estuvo a punto de caer en un par de ocasiones. Se rindió a eso de las tres de la mañana y malhumorado, encendió el televisor, aunque la programación solo consistía en anuncios publicitarios. El canal que sintonizó, mostraba a una mujer que hablaba de las maravillas que hacía caminar treinta minutos diarios con unas zapatillas de deporte que traían una enorme plataforma.

Suspiró.

¿En verdad existía gente tan ilusa que creía esas idioteces?

Apagó la «Caja idiota» y se imaginó a su padre comprando esos productos. No se explicaba cómo demonios había terminado una carrera profesional y mucho menos, que ésta fuera medicina. Quizá había forzado tanto su mente en la facultad, que ahora su cerebro estaba hecho mierda. Gracias a él, había perdido la oportunidad de sentir de nueva cuenta a su amada cama y todo por cedérsela a Rukia.

—Rukia… —musitó lentamente en la oscuridad.

Podría sonar raro, pero extrañaba escuchar su respiración acompasada.

El saber que estaba junto a él.

Al final, dormitó un rato y a las cinco salió a recorrer la ciudad sin un propósito definido. Sin darse cuenta, sus pies le llevaron corriendo al cementerio. La tumba de su madre no había cambiado en nada. Quizá podría pasar un siglo y todo continuaría igual. Conversó por un largo rato con ella, en fin, a esa hora nadie le escucharía. Habló hasta quedarse sin palabras. De un momento a otro, sintió que algo húmedo pasaba por sus mejillas. Se despidió besando amorosamente la lápida de mármol, deseando que ella lo recibiera. No sabía si había algo más allá de la muerte, pero quiso creer que sí. A unos cuantos metros de la salida, se encontró con una pequeña flor amarilla y regresó para obsequiársela.

Cuando por fin regresó a casa, escuchó ruidos en el comedor y supuso que estarían desayunando. No tenía apetito, así que simplemente pasó de largo y subió para ducharse. La ropa que se puso, no la usaba desde que estaba en el instituto.

Rukia lo observaba curiosa.

—¿Traigo un mono en la cara? —inquirió irritado.

—No, tú eres el mono —respondió divertida. Luego se volteó y continuó lavando los trastes sucios.

Ichigo frunció el ceño.

No, no esperaba que le hiciera algún tipo de cumplido, pero deseaba al menos alguna señal de que lo había notado.


Le afectaba mucho su presencia.

No logró mantener su mirada un segundo más. Deseó con intensidad que Ichigo se marchara inmediatamente y que le dejara tranquila. Oyó un par de pasos y lanzó un pequeño suspiro aliviada. Sin embargo, agudizó su oído y descubrió que eran hacia su dirección. El friki naranja se acercaba peligrosamente. Luego, con indecisión, empezó a enjabonar un par de platos que ya estaban limpios. Sintió el olor de su loción para después de afeitar. Era un aroma muy penetrante.

—Sé que no te gusta que te ayuden —empezó escuetamente, tomando un vaso para ayudarla— pero a este paso, terminarás cuando sea el primer cumpleaños de mi sobrino —después emitió un sonido muy parecido a la risa.

—¡Bah, que te den! —exclamó indignada. Se quitó el jabón que traía en las manos y se marchó rápidamente.

—¿Y ahora que hice? —murmuró el ojimiel confundido.

Repasó todas sus acciones y comentarios desde el primer segundo y no encontró nada malo. Al menos, no a su parecer.


Y de nuevo estaba su odio irracional hacia él.

Secó sus manos con su vestido. No sabía a dónde ir, pero sí a dónde no. Un ejemplo, cualquier sitio en el que estuviera Ichigo Kurosaki. Quiso atrasar el tiempo y… y… pues no sabía exactamente, pero de querer hacerlo, lo quería.

Cuando abrió la puerta para escapar, se encontró con Karin.

—¿Se te olvidó algo? —preguntó amablemente la ojiazul, ocultando toda la frustración que sentía.

Karin no tenía más que cinco minutos de haberse ido, no creía que fuera tan rápida.

—En el camino, venía pensando que fui muy grosera contigo al dejarte sola—explicó con el mismo ademán que Ichigo utilizaba— Por eso regresé. Supongo que ya te habrás dado cuenta como es papá e Ichi-ni-san (1) —comentó con fastidio. Conocía tan bien a ese par— ¿Quieres ir conmigo y librarte de ellos?

No podía estar más segura.

—Claro —respondió con una gran sonrisa.

Esa chica le había caído directo del cielo.

oOo

Se trasladaron en el automóvil de la pelinegra. Karin no era precisamente una mujer habladora, pero si ya había lidiado con el estúpido de su hermano, Rukia se sentía capaz de hacer hablar hasta a una piedra. Aunque su presencia no le desagradaba, en absoluto. Las pocas palabras que intercambiaron se centraron en el clima. Primero pasaron a la florería, para comprobar que todos los arreglos estuvieran ya listos. Ella habló por unos minutos con el encargado, confirmando la hora en que se dirigirían a la recepción y salieron del establecimiento. Luego fueron a ver a Yuzu, que estaba en el salón de belleza. Era la única persona que se encontraba en la estética.

Parecía cansada, sin embargo su rostro se iluminó cuando las vio.

—Rukia-chan, ¡qué gusto verte por aquí! —exclamó. La estilista soltó un soplido por sus movimientos— Lo siento —se disculpó haciendo una reverencia y la pobre mujer suspiró cansinamente.

—¿Cuánto cree que tarde? —inquirió Karin, dejando al aire quien pudiera responder.

—Si su hermana deja de moverse, una hora y media.

La aludida adquirió una expresión apenada. Por más que intentaba cooperar, resultaba peor. Nunca había podido estar en un solo lugar quieta.

Eso, sin contar los nervios por ser el gran día.

Yuzu estaba comprometida desde hacía un año. Preparar la boda había sido un proceso muy largo y estresante, a pesar de contar con el completo apoyo de Karin y su papá, además de la familia de su novio. Ahora, era el momento de la verdad. Esperaba que todo saliera bien, todos se habían esforzado mucho.

Organizar una boda era muy difícil.

—Entonces nos esperan dos horas de diversión —murmuró Karin con el ceño fruncido, cruzándose de brazos y sentándose en una de las sillas de la improvisada sala de espera.

Su hermana y Rukia reprimieron una risita.

En efecto, pasaron dos horas y siete minutos exactamente. Fue algo tardado, pero valió la pena esperar, Yuzu estaba más que preciosa. Llevaba el cabello recogido en un moño muy elaborado y su maquillaje estaba impecable. Sin embargo, se veía graciosa porque todavía llevaba ropa deportiva. Faltaba muy poco tiempo para que la ceremonia religiosa empezara. Necesitaba irse a cambiar inmediatamente.

—Tenemos que marcharnos ya o llegaremos tarde —sentenció Karin observando la hora en su móvil— No podré quedarme aquí, pero ya pagamos el servicio.

Yuzu asintió, captando la idea de su hermana.

—¿Por qué no te quedas tú, Rukia-chan? —Sugirió velozmente— Cuando lleguemos a casa, yo me encargaré de arreglar a Karin.

—Si supiera manejar, con todo gusto te llevaría yo —comentó tímidamente Rukia— No crea que sea justo para Karin.

La pelinegra hizo un ademán para restarle importancia.

—Anda, quédate. Le diré a Ichigo que te recoja.

La ojiazul iba a protestar, pero no le dieron tiempo para hacerlo. Cuando abrió la boca para decirles que no, ellas ya se habían escabullido por la puerta.

Demonios.


Luego de que Rukia se fuera, él tuvo que encargarse de los trastes. La buscaría después de que terminara, no antes. No quería verse desesperado.

Suspiró.

Acercarse a una mujer, era toda una serie de estrategias. Uno tenía que medir milimétricamente cada movimiento, porque cualquier paso en falso podría significar la derrota… Un momento… ¡Hasta parecía que hablaba de la milicia! Aunque… al final de cuentas… no era tan diferente. Era una constante guerra de poder, incluso más sanguinaria que las reales.

Empezó echando un vistazo en su habitación, pero no la encontró. Después a la sala y tampoco ¿Dónde carajos se había metido? Entonces se halló a la última persona que hubiera deseado ver: a su viejo.

—Estamos solos —musitó Isshin seriamente, dejando a un lado el periódico de esa mañana— Es hora de… ¡Hora de convivencia padre e hijo!

—Sí, lo que digas.

Ichigo se echó en uno de los sillones.

—¿Verdad que es linda?

—Sí, lo es —expresó mecánicamente, observando el techo. Luego procesó sus palabras— ¿Quién carajos es linda? —inquirió, haciéndose el desentendido.

—Tú sabes quién me refiero —susurró Isshin con una sonrisa boba.

—No, no sé —respondió enfadado. Después se volteó para dar por terminado el tema.

—Tengo un regalo especial para ti…

El peli-naranja dirigió rápidamente la vista hacia su padre, quizá el regalo era dinero.

—Sé que lo necesitarás —comenzó con aire solemne el hombre de cabellos castaños— y quizá te dé pena pedirlo, pero es importante que lo tengas… —Él asintió, seguro era dinero— Nunca debes salir sin él —Isshin estiró su mano para entregárselo e Ichigo estaba impaciente por recibirlo— Si por mí fuera, no te lo daría, pero el mundo es difícil y no podemos saber a lo que nos enfrentaremos.

Joder, el dinero, ya.

Isshin metió un pequeño objeto en su mano y cerró la palma de su hijo.

Cuando Ichigo por fin abrió su puño, descubrió que era…

—¿U-un… un preservativo? —tartamudeó con el rostro completamente rojo.

—Sí, hijo —afirmó orgulloso— Es hora de que empieces a divertirte… ¡Sin globito, no hay fieesta!

Ichigo no soportó más y le lanzó el paquete colorido que contenía el… el… condón.

Eso se ganaba por ponerle atención, él no estaba bien.

—¡Estás enfermo!

—Eres un malagradecido —chilló infantilmente Isshin— No valoras los esfuerzos que hago para que te conviertas en hombre… Masaki, ya no puedo más con él —murmuró, apretando los puños— ¡Ya no puedo más! —exclamó lloriqueando.

Y como si de un adolescente se tratara, Isshin salió corriendo hacia su habitación.

Ichigo soltó un sonoro gruñido.

¿Pero qué mierda? Ahora, todo el mundo huía de él.

Se levantó para encender el televisor y divisó el condón en el suelo. Iba a ignorarlo, pero lo meditó por unos segundos. Si lo dejaba ahí… Rápidamente, se agachó para deshacerse de él antes de que alguna de las gemelas o… Rukia lo viera. No sabía donde dejarlo, así que lo escondió en su cartera.

oOo

La hora de la ceremonia se acercaba con premura. Escuchó que alguien abría la puerta escandalosamente y supuso que era Rukia. Estiró su cuello para poder ver al autor, pero descubrió con decepción que eran sus hermanas (y que por cierto, Yuzu se veía jodidamente bien). Ella subió con rapidez las escaleras y Karin se dirigió hacia donde él estaba.

—Ichi-ni-san, toma mis llaves —le lanzó el juego de llaves con cuidado— Dentro de una hora ve por Rukia al salón de belleza —luego corrió para alcanzar a Yuzu en su habitación.

Ichigo se quedó con las llaves en la mano y con un signo de interrogación en el rostro.


Observó por décima vez en reloj. Desde hacía veinte minutos que estaba lista y el estúpido de Ichigo aún no se aparecía. Tomó otra vieja revista, llevaba cinco con ésa, y la hojeó con pesadez. Si supiera cómo llegar a la casa de los Kurosaki, ya se hubiera ido. De reojo, se observó por el espejo. La chica que la atendió había hecho un gran trabajo con su lacio y rebelde cabello que no cedía ante ninguna tenaza o plancha.

—Creo que ya se olvidaron de mí —musitó encogiéndose de hombros, cuando la mujer le miró como diciéndole «¿Aún estás aquí?»

—Me hubiera gustado hacerlo, pero las gemelas no me dejaron —intervino una tercera persona, una voz que conocía muy bien. Ella volteó rápidamente y localizó a Ichigo en la puerta. Ya estaba vestido formalmente. Traía un sencillo, pero elegante traje negro. Su corbata también era de ese color— ¿Nos vamos o te quedas? —inquirió ante su pasividad.

—¿Tengo otra opción? —se levantó y acomodó las revistas que había tomado. Después se despidió con una breve reverencia de la estilista y ella hizo lo mismo.

En el camino, Ichigo le explicó que todos ya estaban en la iglesia. Tendría que darse prisa para poder alcanzar la ceremonia completa. Él permaneció en el auto, mientras Rukia entraba a la casa para cambiarse.

Para sorpresa del ojimiel, ella salió cinco minutos después y se quedó con la boca abierta. Traía un hermoso vestido que llegaba unos centímetros encima de las rodillas, entre un color turquesa y verde. Nunca la había visto tan arreglada. El cabello arreglado y el maquillaje por sí solos eran lindos, pero en conjunto, le hacían ver… preciosa.

—Muévete —le ordenó Rukia una vez que subió al coche— llegaremos tarde —y esbozó una sonrisa, que le dejó idiotizado por unos segundos.

—Ya sé… —atinó a decir y puso en marcha el auto.

Para su suerte, entraron justo en el momento que Yuzu cruzaba el pasillo central del brazo de su padre ante la mirada de todos. Isshin entre lagrimitas, la dejó en el altar y el novio sonrió al verla. Tomaron asiento al final de la hilera y permanecieron en silencio. Ni Karin ni Ichigo eran personas religiosas… ni siquiera Isshin, pero estaban ahí por Yuzu. Ella había deseado que fuera así y era su momento especial, así que harían lo que sea por ella. Incluso lanzarse a un precipicio, con tal de que fuera feliz. El padre comenzó con la palabrería que tanto aburría a Ichigo. De no ser por los codazos de Rukia, podría haberse dormido en pleno cortejo.

En la mitad del sermón, Rukia sacó su móvil y empezó a teclear intensamente.

Él arqueó una ceja.

¿Qué carajos estaba haciendo?

Cuando por fin escribió lo que quiso, le pasó discretamente su pequeño teléfono y leyó el mensaje que la pantalla le ofrecía: «¿Jugamos a las palabras encadenadas?»

El ojimiel tecleó tan sólo una palabra: «No» y se lo regresó.

Ella volvió a escribir: «Empezaré con una palabra y tú tendrás que decir otra que comience con la última silaba de la mía: Conejo»

Ichigo frunció el ceño ¿Acaso le estaba tomando del pelo? No le entregó su teléfono, pero tampoco escribió nada. Durante quince minutos, ella estuvo codeándolo y pisándolo fuertemente para presionarlo. Hasta que al final le exasperó. No podía gritarle o regresarle los golpes, todos lo verían escandalizados, así que no tenía otra opción que seguirle el juego: «Joven»

Ella sonrió ante su triunfo: «Venganza»

El sacerdote comenzó a hablar sobre la máxima unión que… ahí perdió el interés. Agarró el jodido teléfono: «Zapato»

«¿No puedes ser más original? —insertó una cara con una gota de sudor— Tonto»

«Tonta»

«Tarado»

«Dodo»

«Don nadie»

—Esas son dos palabras… —le susurró Ichigo al oído. Sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo— Gané.

Rukia no se contuvo y le dio un puñetazo en el estómago. Él se contorsionó en su lugar y reprimió un grito, que provocara que todos los presentes se volvieran hacia su sitio.

El resto de la ceremonia pasó con relativa tranquilidad: los votos, los anillos y el beso final fueron las únicas partes en las cuales Ichigo y Rukia prestaron atención. En el instante en que se oyó: "Si alguien se interpone en la unión de esta pareja en sagrado matrimonio, que hable ahora o calle para siempre", el peli-naranja deseó levantarse y llevarse a su hermana a casa, pero sabía que no podía hacerlo. Por su parte, la morena continuó pensando acerca de lo que habría pasado si Kaien y ella se hubieran casado.

Por fin, terminó la ceremonia religiosa y todos huyeron del recinto.


Era casi la hora del momento preferido por los invitados: La fiesta.

Los novios y sus respectivas familias aprovecharon el tiempo para tomar fotos del recuerdo. Rukia al principio se mostró indispuesta, ya que consideraba que era un momento muy íntimo y especial para la familia de Ichigo, pero tanto las gemelas como el señor Kurosaki, insistieron en que se uniera.

—¡Rukia-chan! ¡Ven para acá! —Exclamó Isshin cuando ella se apartó, en la primera fotografía— Tú eres como una tercera hija para mí, me honraría que aceptaras estar con nosotros —explicó emotivamente, tomándole de las manos, causando un bufido por parte de Ichigo.

Ella asintió apenada y se posicionó a un lado de su compañero de piso.

Luego de terminar la improvisada sesión de fotografías, se dirigieron a la recepción donde se llevaría a cabo la fiesta. Serían las ocho de la noche cuando por fin llegaron. Se localizaba a las afueras de la ciudad, muy cerca del río de Karakura.

La entrada principal se componía de varios arcos metálicos, cubierto por luces. Por debajo, había un camino hecho por una especie de tela y que encima llevaba pétalos de flores. Llegaba hasta donde se encontraba la gran carpa que los protegía de una improbable lluvia y que además realzaba la belleza natural del jardín. Los colores predominantes en la decoración eran distintas tonalidades de amarillo (2). Las abundantes mesas se hallaban dispersas por el espacio y tenían como centro, velas y arreglos con brillos en bases altas. Se notaba que habían invertido mucho dinero y tiempo en todos los detalles.

La morena y el peli-naranja se acomodaron en una mesa cercana a la principal. Poco a poco, el sitio empezó a ser concurrido por los invitados. Los novios hicieron entrada y bailaron su primera pieza como esposos. El ambiente se llenó de agradable música y los meseros comenzaron a servir la cena.

Desde el primer instante en que les entregaron la primera botella de vino, Ichigo y Rukia no se despegaron de ella. Una tras otra, el líquido de sus copas fue desapareciendo. Luego llegó la segunda y ocurrió lo mismo. Después aparecieron viejos amigos de Ichigo que también habían sido invitados y que no pudieron asistir a la ceremonia religiosa. Él los recibió con su característica "alegría".

Rukia observó con detalles a los nuevos personajes que se acomodaron en su mesa: Sado "Chad" Yasutora, un hombre alto, muy musculoso y bronceado; en contraste, Mizuiro Kojima, de tez pálida, delgado y de baja estatura, acompañado de una chica más bajita y de cabello marrón oscuro; Keigo Asano, que ya conocía y una mujer, quien se le antojó, como su hermana por el enorme parecido físico (luego descubrió que su predicción había acertado y que su nombre era Mizuho).

Todos estaban muy sorprendidos por la presencia de Ichigo… pero aún más, porque no estaba solo. Una vez que él les explicó que eran compañeros de piso y los demás pormenores, el asombro se esfumó. Rukia era una amiga más, al igual que ellos.

No había nada más especial.

—Hey, Ichigo, dinos la verdad —expresó alegremente Keigo.

—¿Qué verdad? —preguntó Ichigo indiferente.

—¿Quién fue la responsable de tu cambio, eh? —Codeó al peli-naranja y éste le lanzó una mirada hostil— Si algo he aprendido en las películas, novelas y mangas es que las chicas —se interrumpió— bueno, también los chicos, empiezan a cambiar cuando se enamoran de alguien.

—No sé a qué mierda te refieres, Keigo —contestó secamente.

—Uy, Ichigo —le siguió el juego Rukia. Su rostro se apreciaba un poco rojo, por el alcohol— Anda, dinos quien es la afortunada… Espera, la desafortunada mujer —él permaneció en silencio y su rostro cada vez parecía más molesto— ¿O acaso es chico?

Todos empezaron a reír.

—Rukia-chan, perdemos el tiempo con este imbécil —se lamentó con gesto exagerado el castaño— Mejor vámonos a bailar.

Mizuiro se marchó con su novia. La hermana de Keigo jaló a Chad a la pista de baile y por último, Keigo fue invitado por una prima del novio. Únicamente quedaron Ichigo y Rukia en la mesa. No se dirigieron ninguna palabra. Ciertamente, el silencio era bastante incómodo.

¿En verdad… estaba enamorado?

—¿Qué hacen ahí sentados? —Inquirió Isshin interrumpiendo sus pensamientos— Ichigo ¡Sácala a bailar!

—Paso.

—Tú nunca cambiarás… —murmuró indignado— Discúlpalo, Rukia-chan, no sabe lo que hace. Si quieres, podemos bailar una pieza.

—Encantada —respondió alegremente, levantándose de su asiento.

Ichigo la observaba desde su lugar.

Su viejo se había salido con la suya. Ella parecía estarla pasando muy bien, mientras él se moría del aburrimiento. Tomó un sorbo de su copa de vino y esbozó una pequeña sonrisa.

Le agradaba que ella formara parte de su mundo.

Sin pensar en su par de pies izquierdos, se levantó para dirigirse a la pista de baile. Cuando Rukia lo divisó, pareció sorprendida. Él también estaba sorprendido por lo que estaba a punto de hacer. En el instante en el cual iba a pedirle que bailaran, se escuchó por el micrófono:

—¡Es hora del brindis! Todos busquemos nuestras copas.

La magia se cortó de tajo. Ella lo observaba expectante, quizá ya había adivinado cuáles eran sus intenciones. Cuando fue consciente de sus actos, se sintió muy estúpido y buscó alguna manera de salvar a su orgullo:

—Saldré por un momento, cuida la mesa —fue lo único que se le ocurrió decir. Se reprimió mentalmente. Se dio la media vuelta con toda la intención de marcharse, cuando de pronto Rukia lo detuvo tomándole de la mano.

—Espera a que se termine el brindis —expresó con un tono de voz extraño. Luego le soltó rápidamente, como si su piel quemara. Parecía que Ichigo iba a obedecerle, pero salió huyendo por la puerta más cercana.

Ella iba a seguirle, pero Isshin le susurró al oído:

—No vayas, se siente confundido. Espera a que él solo regrese… —esbozó una pequeña sonrisa y se dirigió a la mesa de los novios.

Las palabras de Isshin Kurosaki le dejaron completamente confundida, no entendía nada.

Elegir a la persona que diría las palabras en el brindis, había sido una decisión muy complicada. Yuzu deseó que fuera su hermana melliza, pero ella se mostró arisca con el tema y se negó. No lo hizo por maldad, simplemente no sabía expresarse correctamente y le aterraba estar frente a una multitud. El novio propuso a su hermana mayor, una mujer muy dulce y propia, que al comunicarle sus intenciones aceptó rápidamente.

Probó el micrófono por última vez y dirigió una sonrisa al público.

Estuvo buscando el discurso perfecto desde el día en que le habían ofrecido ser la afortunada en dirigir el brindis. Repasó mentalmente las palabras y con voz clara empezó a enunciarlas una a una:

—Antes que nada, quisiera agradecer a Dios que nos encontremos aquí todos reunidos para celebrar este gran acontecimiento. Chicos, deseo que este camino que comienzan a andar juntos esté lleno de amor, salud, dicha, comprensión y que la felicidad que los invade en este momento se prolongue por el resto de sus vidas —guardó una pequeña pausa— No sé si sean los nervios o la edad, pero he olvidado un par de cosas que tenía preparadas —soltó una risita y los presentes le acompañaron— En fin, palabras más, palabras menos… ¡Solo preocúpense por ser felices! Levantemos las copas y digamos salud por los novios.

Los festejados le dedicaron una mirada de agradecimiento y ella les lanzó un beso.

—Tres.

Rukia buscaba por todos lados a Ichigo, pero él seguía sin aparecer.

—Dos.

Todos los invitados alzaron sus copas y, resignada, los imitó.

—U-uno…

De pronto, Ichigo emergió entre el mar de gente y parecía muy agitado. Ella iba a preguntarle a donde había ido, pero en ese momento él la calló de una manera muy especial.

—¡Salud por los novios!

Las copas, al inicio rebosantes, terminaron vacías. Los ojos, en vez de posicionarse en la feliz pareja de recién casados, se localizaron en la mesa donde se encontraba el hermano de la novia y su misteriosa acompañante… besándose.

Isshin sonrió complacido, su pequeño estaba enamorado.


Notas:

(1) La forma en que Karin llama a Ichigo "Ichi-ni-san", (en español: ichi uno, ni dos y san es tres) también es una curiosidad, aunque "san" puede ser de respeto (-san), "ni" puede ser por hermano (nii) e "Ichi" de apodo.

(2) Yuzu al igual que los otros hermanos Kurosaki, su nombre puede significar también una fruta en lengua japonesa. El nombre de "Yuzu" significa "Cidro" (Nunca había escuchado que era un cidro, pero creo que es un cítrico) de color amarillento o verdoso y es por eso que elegí amarillo para el tono de la decoración.