Estimado Doctor Anderson.
El motivo de esta carta es para notificarle el cambio de planes por toda la situación del juicio. Como usted pudo observar, ya no hubo tiempo para realizar el tratamiento correspondiente, con lo sucedido en el juicio y con los reporteros ya no tiene caso ocultar la situación de mi estado de salud.
Me encargaré de hablar con mi Jefa de Casa para programar mi salida del colegio y realizar el tratamiento en el Hospital.
Lamento mucho las molestias.
Saludos
Harry James Potter
—Preciosa, entrégala al doctor Anderson en San Mungo y después te espero en Hogwarts —dice Harry atando la carta en una pata de su hermosa lechuza y procediendo a abrir la ventana para dejarla ir.
La habitación en el Caldero Chorreante se encontraba vacía, todas sus pertenencias ya se encontraban debidamente guardadas en su baúl y el estaba listo para salir en dirección a Hogwarts.
El rojo escarlata fue lo primero que vio Harry cuando arribó a la plataforma 934 ese primero de septiembre para regresar al lugar que fue su hogar, y deseaba que no fuera el último que considerará así, que en un futuro, tuviera un lugar al cual llamar casa una vez Sirius fuera libre, aunque él sabía que Hogwarts nunca perdería ese gran significado que tiene para él.
«Necesito el último vagón para que si es posible, evitar encontrarme con Weasley. No quiero empezar tan pronto a tratar con él». Pensaba Harry recorriendo el expreso para llegar a su objetivo. Una vez ahí prosiguió a acomodar su baúl y la jaula vacía de su querida amiga y a tomar asiento, asegurando el lugar contra visitas indeseadas.
—Invisibilia locum, muffliato, latebra —dice apuntando la puerta. «Que raro, sentí un poco de resistencia». Piensa Harry observando analíticamente su varita.
El andén poco a poco empezaba a llenarse, a través de la ventana Harry podía ver a padres, niños, adolescentes, despidiéndose y preparándose para iniciar un nuevo curso; él esperaba que el siguiente año Sirius se encontrará ahí con él. La llamada sonó, alertando a todos los presentes a abordar el tren. Las cosas fueron bastante rápidas desde ese momento, los alumnos abordaron el tren, tomaron sus lugares y el viaje inició.
El transcurso del viaje fue tranquilo para Harry y su gran libro de Introducción al Estudio de la Defensa contra las Artes Oscuras. Harry creía que a pesar de todos los conocimientos que tenía sobre dicha materia, había ciertos factores que él no conocía de ésta, como posiciones básicas para un duelo, movimientos universales de varita y algunas cosas mas, detalles que para Harry eran muy necesarios de conocer. Muchas veces detalles tan pequeños como el saber que movimiento de varita intensifica el hechizo, o que emoción debe predominar para cumplir el objetivo, marcaba la diferencia.
Así que el viaje fue completamente tranquilo para Harry, con conversaciones que se oían a través de la puerta, y el panorama cambiando en la ventana, pasando de un hermoso cielo azulado con campos verdes a un cielo nocturno con estrellas iluminando el gran bosque de los alrededores de Hogwarts.
—¡Los de primer año! ¡Primer año! ¡Aquí! —el grito fue escuchado por todos los alumnos presentes en esa estación. Hagrid ya se encontraba reuniendo a todos los de primer año. Después de unos minutos todos ya se encontraban alrededor del medio gigante esperando las siguientes instrucciones.
El camino se encontraba iluminado por faroles de luz con ese estilo antiguo que te traía el recuerdo de jóvenes ataviadas en frondosos vestidos victorianos y a sublimes caballeros en elegantes trajes. Los faroles además de iluminar el sendero que debían recorrer; alumbraban a pequeñas personas emocionadas por la nueva aventura que asomaba en sus puertas.
—¡Realicen una fila! ¡Cuatro por bote! —todos de manera eficaz siguieron las indicaciones y en menos de cinco minutos los alumnos se encontraban a bordo de los pequeños botes. Harry iba acompañado por Hermione Granger, Neville Longbottom y la compañera de cabello castaño que había visto en la tienda de Ollivanders.
El lago negro se apreciaba en todo su esplendor, reflejando las luces que se encontraban en cada barco, acompañado del cielo estrellado y los frondosos árboles que los rodeaban. Todo en general, era una imagen para retratar. Pequeños magos en el inicio de su vida académica en el prestigioso colegio, acompañados por la luna alumbrando el lugar y bendiciéndolos en la nueva etapa de su vida, las estrellas indicandoles que dirección tomar para encontrar aquel lugar que los llenará de conocimiento, experiencias, amigos y amores; y el bosque dándoles esa calma que sus pequeñas mentes necesitan entre tanta emoción.
—¡Bajen las cabezas! —la voz de Hagrid se escuchó por todo el lugar y todos rápidamente siguieron la orden.
Los botes pasaron a través de una pequeña cueva, que se convirtió en un túnel de piedra marcaba un antes y después en el lago negro. El lugar era hermoso, con un tipo de piedra que brillaba en la oscuridad y reflejaba un hermoso color azul al entrar en contacto con la luz de las lámparas.
—¡Prepárense a observar al que será como su hogar por los próximos siete años!
El túnel terminó y el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería se encontraba frente a ellos en todo su esplendor, con las lámparas alumbrándolo dando una imagen de la magnificencia que esa estructura representaba para el mundo mágico y más importante, para cada joven que cursó ahí su preparación mágica.
El trayecto después del túnel fue más corto, los barcos de un momento a otro ya se encontraban en el muelle y los alumnos bajaron de estos para posteriormente colocarse alrededor de Hagrid.
—De acuerdo jóvenes, colóquense en tres filas y siganme —el trayecto a la puerta principal de Hogwarts fue corto—. Profesora McGonagall los alumnos de primer año ya están aquí —dijo Hagrid tocando la puerta.
—Muchas gracias Hagrid —respondió Minerva McGonagall abriendo la puerta.
Harry la había extrañado todo ese tiempo que no la había visto desde la gran tragedia.
—Bienvenidos al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, soy la Profesora Minerva McGonagall; Subdirectora y Jefa de la Casa Gryffindor —dice adentrándose al castillo siendo seguida por todos los pequeños de once años—. Hogwarts se divide en cuatro casas: Ravenclaw, Hufflepuff, Gryffindor y Slytherin. Contamos con un sistema de puntos en donde ustedes los ganaran con un buen comportamiento, participando en clases y las diferentes actividades con las que cuenta el colegio, pero también los perderán por mal comportamiento. Al final del ciclo escolar se entrega la copa de las casas al puntaje más alto. ¿Alguna duda?
—¡No profesora McGonagall! —contestaron todos.
—Perfecto, en ese caso aguarden aquí y pongan en orden su uniforme, en un momento regresare por ustedes para acompañarlos a la selección —indica dejándolos en una pequeña habitación de paredes doradas con diferentes cuadros en sus paredes, quienes parecían demasiado felices por la presencia de todos los alumnos en la habitación, ya que se encontraban saludando y hablando de manera alegre con los presentes.
Los nervios se encontraban a flor de piel entre los presentes. Observaba Harry. Por un lado teníamos a Hermione Granger recitando los hechizos que había aprendido en el verano, a Ronald Weasley diciendo que tenían que derrotar a un monstruoso troll y a jóvenes comentando que probablemente la prueba consistía en sacar a un pequeño conejo de un sombrero. Todo era demasiado divertido desde la perspectiva de Harry.
—¿Listos jóvenes? Acompáñenme —dijo saliendo por la puerta. Atravesaron un pequeño corredor que los dirigía al Gran Comedor.
Las puertas se abrieron. El Gran Comedor estaba frente a ellos. Todos caminaron entre las mesas siguiendo a Minerva McGonagall. Harry escuchaba los murmullos de los estudiantes buscándolo: ¿Quién será Potter?, ¿Será verdad lo que salió en el periódico? Todo era bastante molesto y apenas iniciaba la Selección.
—Esperen aquí —indica McGonagall empezando a caminar hacia la tarima y colocándose al lado de un banco con un sombrero encima. Todos guardaban silencio. Harry recuerda lo nervioso que se sintió la vez pasada cuando les tocó esperar y nadie hacía o decía nada. La espera había sido tortuosa.
Todos veían fijamente al sombrero, esperando que pasara algo. Harry escuchó como alguien murmuraba "les dije que teníamos que sacar un conejo". Cuando el sombrero abrió los ojos y la boca, o bueno, parte de su tela que parecían ojos y boca, e inició a cantar.
Oh, podrás pensar que no soy bonito,
pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
y puede superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff,
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen al trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
si tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.
El Gran Comedor estalló en aplausos, todos gritando y vitoreando. Ahora que Harry no se encontraba en shock como la vez anterior, podía observar todo el panorama. Los estudiantes gritando felices, los profesores con una sonrisa orgullosa y todos los de primer año con una mueca sorprendida. La tradición dice que nadie debe decir cómo es la selección. Todo el mundo la respeta.
—Buenas noches alumnos, iniciaremos con la Selección de las Casas. Abbott Hannah. Hufflepuff.
Harry escuchaba los nombres y apellidos de sus compañeros. Había algunos que no recordaba haber escuchado la vez anterior, a quienes nunca les había hablado y hasta a quienes no recordaba haber visto.
—Goldstein Anthony. Ravenclaw. Goyle Gregory. Slytherin. Granger Hermione. Gryffindor. Greengrass Daphne. Slytherin.
La mente de Harry se volvió a desconectar. La pregunta de si el sombrero Seleccionador diría algo de lo que vería en su mente no lo dejaba en paz. Sería muy peligroso que el sombrero dijera algo frente a todos. Esperaba que sus miedos fueran infundados.
—Malfoy Draco. Slytherin.
Era una imagen rara para Harry. Draco Malfoy. Con todo lo "Malfoy" transpirando por sus poros. Algo muy diferente a la última vez que tuvo la oportunidad de verlo.
—Potter Harry.
El comedor se silenció. En el transcurso de toda la selección se habían percibido los murmullos de los alumnos. Pero cuando Harry fue nombrado, el silencio reino. Harry caminó a través del tramo de pasillo que le hacía falta cruzar para estar frente al sombrero seleccionador. Tomó asiento y el sombrero le cubrió los ojos, impidiéndole ver a miles de ojos fijos en su persona.
—Pero que cosas tan más interesantes podemos encontrar aquí. Esta no es su primera vez joven Potter —escuchó Harry en su mente—. No tenga preocupaciones innecesarias joven Potter, lo que yo vea en su mente será secreto. Los fundadores se encargaron de eso. Ningún profesor llegará a saber lo que yo veo en sus pequeñas mentes. Ahora a lo que nos atañe. En esta ocasión ¿aceptará su destino?
Harry lo recordó, aquella casa a la cual debía pertenecer. Era hora del cambio de planes.
—Si —contesta.
—De acuerdo en ese caso. ¡Slytherin!
¡Hola a todo el mundo!
Lamento mucho haber tardado tanto en actualizar. Pero estamos de regreso.
Tendremos de vuelta las actualizaciones cada quince días. Así que esperen pronto el siguiente capítulo.
Muchas gracias a las personas que se han dado el tiempo de leer, comentar y agregar a sus favoritos.
Los adoro con todo mi negro y frío corazón.
Astana
