Disclaimer: Los personajes y referencias conocidas le pertenecen a Richelle Mead, la historia y personajes nuevos son de mi completa autoría.
Capítulo 7.
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La dirección que el doctor Kotska me había dado era la de un bar cerca del puerto de Gdynia. Habíamos llegado a Gdynia en la mañana y fuimos directamente a la dirección dada para descubrir que era un bar. Rose había perdido el conocimiento después de eso por lo que rápidamente la llevé a un pequeño hostal cerca del bar. Gdynia era una ciudad grande, y una ciudad grande significaba strigois. Por lo que nuestro paso por ahí tenía que ser lo más rápido posible.
Me miré al espejo, mi vientre estaba a punto de reventar pero tenía que conseguir que el famoso doctor atendiera a Rose, era nuestra última esperanza. Arreglé mi cabello, ahora castaño, y salí de la habitación no sin antes echarle un vistazo a Rose, quien seguía igual.
El hostal estaba a calle y media del bar pero aun así estaba nerviosa, Gdynia era la tercera ciudad más importante de Polonia por lo que había demasiados strigois. Entré al bar y me senté en la barra, inmediatamente desde que crucé el umbral todas las miradas se dirigieron a mí y no dejaron de verme ni cuando me senté. Me mordí el labio nerviosa, no tenía idea de cómo lucia el doctor.
-Todos se preguntan si te has dado cuenta que estás embarazada –me dijo el barman después de estar sentada ahí una hora captando mi atención. Lo miré, era un hombre alrededor de sus treintas de facciones atractivas, alto y delgado, tenía el cabello corto, voz masculina y grave, y lucía un bigote digno de un buen pirata.
-Uhmm, si, lo sé. Sólo estoy aquí buscando a alguien –le respondí mirando hacia atrás. El lugar estaba lleno de marineros, motociclistas y chicas exuberantes en falditas.
-A alguien, ¿huh? –dijo el barman haciéndome que regresara mi atención hacia él.
-Sí.
-¿Es una cita?
-Uhmmm, no. Él no sabe que estoy aquí.
-Él… ¿novio, esposo, amante? –preguntó el hombre curioso. Negué con la cabeza-. ¿Nada de eso? ¡Cómo puede ser eso posible! –le sonreí de vuelta, el hombre era muy agradable.
-Pues lo es.
-Vaya, es un hombre bastante imbécil. Eres una mujer bastante hermosa.
-Gracias –respondí tratando de no ruborizarme. El barman sonrió y me tendió un vaso.
-Es té helado, cortesía de la casa.
-Gracias –repetí como autómata mirando el vaso con desconfianza.
-Tranquila, si quisiera llevarte a la cama me valdría por mí mismo –le sonreí y bebí un poco. El barman me miró y después sonrió-. ¿Y cómo se ve el hombre suertudo al que esperas?
-Yo… uhmmm… no lo sé. Nunca lo he visto.
-¿No? ¿Entonces cómo vas a saber que es él?
-No pensé en eso –lo miré asustada. No había pensado en cómo iba a abordar al famoso doctor si ni siquiera sabía cómo era, el barman pareció notar mi inseguridad porque inmediatamente me sonrió.
-Tranquila, yo conozco a todo mundo aquí. Dime como se llama y yo te digo quién es –lo miré por un momento y después sonreí. Su plan era por mucho mil veces mejor que el mío.
-Estoy buscando al doctor Adam Darski –el barman se quedó estupefacto mirándome como si fuera un fantasma. Inmediatamente me preocupé, ¿y si el doctor estaba ya muerto?
-¿Está todo bien? ¿El doctor está bien? –al ver mi preocupación, el barman se echó a reír y me tendió una mano.
-Hacia mucho que no me llamaban así. Mucho gusto, yo soy Adam Darski.
Mi cara debía de ser un poema por que el barman, o mejor dicho el doctor Darski, se me quedo viendo y rápidamente dejo de reír. Miró a los alrededores y después me miró a mí.
-¿En qué te puedo ayudar?
-Mi hermana fue herida cuando viajábamos por Rusia, la herida se le infectó y ahora tiene septicemia. Hemos visto demasiados doctores y todos dicen que no pueden ayudarla, hace tres días un doctor cerca de la frontera de Bielorrusia con Polonia nos dijo que solo tú podías ayudarla.
-¿Quién te envió hacia mí?
-El doctor Nikolai Kotska –los ojos del doctor Darski se abrieron con sorpresa.
-¿Kotska te envió a mí?
-Si, dijo que solo tú podías ayudarla –el doctor Darski miró de nuevo alrededor detrás de mí y luego se puso serio.
-Bueno, Kotska tiene razón, solo yo puedo ayudar a tu hermana. Pero antes, dime una cosa –lo miré extrañada.
-¿Qué?
-¿Tienen algo que ver contigo y tu hermana los dos strigois que acaban de entrar a mi bar?
Abrí los ojos como platos y miré al doctor Darski asustada. Algo en mis ojos debió de alertarlo que inmediatamente me tomo de las manos.
-Dime qué pasa, están aún en la entrada.
-Nos tenían secuestradas a mi hermana y a mí. Cuando escapamos hirieron a mi hermana y ahora ella está enferma. No puedes dejar que nos atrapen, por favor –le supliqué. El doctor Darski me sonrió.
- Ahora, te voy a besar y fingirás que eres mi novia, ¿puedes hacer eso? – Lo miré con sorpresa pero asentí con la cabeza-. Después te vas a levantar y caminas hacia la puerta que está a tu izquierda, cubre tu vientre. En cuanto entres cierra con seguro, ¿me entendiste?– Volví a asentir.
El doctor Darski se acercó lentamente y con delicadeza me besó. Fue un beso dulce, suave y delicado, como si temiera acercarse a mí, como si temiera romperme. Entonces, así como se acercó, se alejó de mí.
-Ve –me dijo dándome una chamarra. La tomé y cubrí con ella mi vientre.
Lentamente me giré y vi en el fondo a dos strigois que iban y venían entre los clientes preguntándoles cosas y enseñándoles un papel, una fotografía de seguro. De la forma más discreta caminé hacia la puerta que el doctor Darski me había señalado y entré. Cerré la puerta con el seguro después de entrar y luego me giré.
Estaba en el despacho del dueño del bar. Tenía un escritorio de madera en el centro con tres sillas. Del lado derecho había un librero lleno de libros y del lado izquierdo había un estante con una guitarra. Tras unos minutos esperando, que a mí me parecieron horas, del lado derecho del despacho se abrió una puerta y el doctor Darski entró.
-Tranquila, no te asustes –dijo acercándose a mí-. Tenemos que irnos antes de que nos perciban.
-¿Por dónde? –Pregunté asustada y temblando, el doctor Darski se acercó y me puso su chamarra sobre los hombros-. Tranquila, ¿sí? Si te pones mal será perjudicial para tu bebé –asentí con la cabeza y me sonrió-. Saldremos por la puerta de atrás, ¿viste por dónde entré? –Asentí con la cabeza de nuevo-. Pues esa puerta da a un pasillo y ese pasillo nos lleva a la salida trasera. Saldremos por ahí a mi auto y luego pasaremos por tu hermana. Los strigois están aquí preguntando por ustedes, una moroi rubia y una damphir castaña –tomó un mechón de mi cabello y lo acarició-. Buena idea teñirte.
-Gracias.
-Si están aquí preguntando por ustedes quiere decir que tienen un rastro suyo así que tu hermana no está segura donde quiera que la hayas dejado. Vamos –dijo tomándome de la mano y sacándome del despacho por la puerta que había entrado-, esperemos que no hayan ido todavía a donde tienes a tu hermana.
Yo esperé por lo mismo. Si atrapaban a Rose mientras yo estaba fuera no me lo perdonaría nunca. Miré al doctor Darski mientras caminábamos por el pasillo hacia la salida. Estaba serio. Por un momento dude. ¿Y si el doctor Darski era cómplice de los strigois? Ellos no habían aparecido en todo nuestro recorrido por la unión soviética, ¿por qué hasta Polonia aparecían? Aunque también no habíamos pisado una ciudad hasta Gdynia. Cuando salimos del bar estábamos en un pasillo vacío y oscuro. Comencé a temblar y el doctor Darski se giró hacia mí.
-Tranquila, no te haré daño.
-¿Cómo lo sé? –pregunté soltando su mano. El doctor Darski levantó una ceja.
-¿Y hasta ahora te lo preguntas? –lo miré ceñuda y el levantó las manos-. No te haré daño. Estoy cabreado porque llevaste a dos strigois a mi bar pero no por eso voy a hacerte daño.
-¿De verdad?
-Cariño, soy un cabronazo pero no con una embarazada. Tranquila. Vamos –me tomó la mano de nuevo y caminamos hacia el estacionamiento.
El doctor Darski camino hacia un auto último modelo negro y abrió la puerta del copiloto. Me subí y después de cerrar la puerta, caminó hacia la puerta del piloto y se subió. Se detuvo frente al hostal donde había dejado a Rose y se bajó junto a mí. Después de revisar el perímetro y asegurarse de que no había strigois entramos. La habitación estaba en el segundo piso y después de hacerle compulsión al chico de la recepción subimos por Rose. El doctor Darski la tomó en brazos y yo tomé nuestras cosas (habíamos robado unas cuantas prendas y cosas en Finlandia).
Una vez que estuvimos de nuevo en el auto del doctor Darski condujo en silencio hasta un acantilado a las afueras de Gdynia. Se detuvo frente a una enorme casa que parecía un mini palacio, a unos doscientos metros del acantilado.
-Llevemos a tu hermana a una habitación y luego me dices en verdad que les pasó.
Asentí en silencio mientras el doctor Darski tomaba en brazos a Rose y nos conducía hacia el mini castillo. El lugar por dentro era como un castillo, con pisos y una enorme escalera al centro de mármol. El doctor Darski nos condujo al piso de arriba y se metió en una habitación. Lo seguí dentro y me quedé sin aliento. La habitación tenía una enorme cama con dosel al centro, donde el doctor Darski puso a Rose. La habitación estaba llena de muebles victorianos.
-¿Dónde está la herida?
Descubrí la pierna herida de Rose y el doctor Darski puso sus manos sobre la herida y de repente salió un brillo de sus palmas. Miré anonadada como la herida dejaba de ser negra y el color volvía a la piel de Rose. Estupefacta miré al doctor Darski mientras se llevaba con sus manos la infección.
-Listo, ella estará bien –dijo quitando sus manos-. Hay que dejarla dormir, mañana despertará como nueva –se giró hacia mí y me señaló con el dedo índice-. Ahora tú vas a darme respuestas.
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Viajamos por Helsinki sin tener ningún resultado. Cada día que pasaba me hacía sentir cada vez más desesperado. No encontrábamos ninguna pista y los amigos de mi hermana las daban por muertas. Adrián seguía sin tener noticias de ellas en sus sueños, era como si Rose y Lena durmieran sin soñar lo cual, según Adrián, era raro.
Había días en los cuales la desesperación y el desaliento me ganaban y tal como Pete, me daba por vencido. Adrián era cada vez más optimista. Veía con buenos ojos que no encontráramos rastros de ellas. Según él eso quería decir que Rose y Lena estaban bien. Yo no sabía que pensar.
Las extrañaba a ambas.
Extrañaba competir con Rose todo el tiempo, los ataques "sorpresa", los juegos, salir a misión con ella. También extrañaba la tranquilidad en la que mi vida se había envuelto al conocer a Lena. Extrañaba las largas pláticas, hablar en ruso, correr en la madrugada, su risa. Yo… no sabía qué hacer.
¿Y si Ivashkov tenía razón y las habían secuestrado en una forma de venganza hacia mí? De ser así, ¿quién querría vengarse de mí como para llevar a cabo semejante acto? Por más que le daba vueltas a mi cabeza no lograba figurar a quién fuese capaz de llevar un plan de ese calibre.
-¡Dimitri! ¡Dimitri! –entró mi hermana bruscamente en la habitación haciéndome brincar, la miré con malos ojos.
-Por dios, Viktoria, deja de gritar.
-Dimitri, hay una pista, ¡las vieron!
-¡¿Qué?! –grité levantándome como un resorte. Adrián estuvo a mi lado en un segundo.
-¿Qué dices mujer? ¿Cómo que las vieron? ¿Dónde? –preguntó tomando a mi hermana de los brazos.
-Las vieron cerca de la frontera de Bielorrusia y Polonia, en un consultorio médico.
-¿Qué? ¿Un consultorio médico? –Viktoria se soltó del agarre de Adrián y caminó hacia mí.
-Creemos que Rose está herida de gravedad, buscaban a un hematólogo experto en infecciones en la sangre.
-Tenemos que salir inmediatamente para allá –dije comenzando a caminar por el cuarto y tomando mi mochila de viaje, Adrián y los demás hicieron lo mismo.
-Dimitri, espera –me detuvo mi hermana quitándome la mochila de las manos-, hay algo más que debo decirte.
-¿Qué?
-Mis informantes dicen que ambas son castañas pero que indiscutiblemente es el mismo rostro, solo que una, la mayor… -mi hermana se interrumpió a sí misma y comenzó a mirar de Adrián a mí.
-¿La mayor qué, Viktoria? –pregunté desesperado acercándome a mi hermana, Viktoria me miró.
-Dicen que Lena está de unos ocho meses de embarazo.
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Después de decirle al doctor Darski la verdad sobre nosotras me asignó la habitación frente a la de Rose y continua a la suya. Después se encerró en su despacho por horas. El doctor Darski era el último de un viejo linaje moroi real Polaco. Su elemento era el espíritu y se dedicaba a la medicina desde que terminó la universidad a los dieciséis años. El doctor Darski se especializaba en medicina neonatal y hematológica, razón por la cual el doctor en Bielorrusia nos había mandado con él.
El castillo Darski tenía más de 150 años en su familia, una familia de doctores morois. El bar donde lo había encontrado era de su propiedad y era su forma de vida desde que, hace cinco años, había dejado de ejercer la medicina como su oficio cuando el rey moroi de Polonia lo había acusado de hereje.
Era extraño encontrarnos en un castillo lejano, en medio de la nada al norte de Polonia con un doctor moroi. Sin embargo, algo en mi interior me decía que el doctor Darski solamente quería ayudarnos y que probablemente no estaríamos más seguras en ningún otro lugar.
Rose despertó al día siguiente. El color broncíneo de su piel había vuelto así como su carácter vivaracho y peleonero. El doctor Darski nos habló para el desayuno alrededor de las ocho de la mañana y una Rose adormilada comenzó el interrogatorio.
-¿Cuántos años tienes?
-Treinta y cinco.
-¿Treinta y cinco y eres doctor con más de diez años de experiencia? –preguntó Rose levantando una ceja.
-Terminé la universidad a los dieciséis.
-¿Por qué tienes un castillo tan grande? ¿Qué haces para vivir? ¿Hay más morois cerca?
-Es una herencia familiar, solo se puede heredar a un Darski. Tengo mi bar, y de eso vivo, a veces curo personas, pero no cobro por eso a menos de que tengan para pagar y sí, hay muchos morois en Gdynia.
-¿Strigois?
-También, pero normalmente no entran en territorio moroi.
-¿Por qué?
-Porque a diferencia de Estados Unidos, aquí en Polonia se les contraataca cuando atacan –Rose lo miró como si tuviese un tercer ojo.
-¿No hay damphirs aquí? –preguntó Rose con un hilo de voz. El doctor Darski sonrió.
-Claro que sí, pero no están obligados a proteger a nadie si no quieren. Normalmente viven juntos, solo los que quieren tener hijos se relacionan con los morois.
-¿Nos llevarías con los damphirs? ¿Con otros morois? ¿Cómo quieres que te digamos, doctor, Adam o señor Darski?
El doctor Darski comenzó a reír y después de terminar su bocado miró a rose con curiosidad.
-Eres muy curiosa, Rosemarie. La única forma en que ustedes vean a algún otro damphir o moroi será que ellos decidan venir aquí, yo no las arriesgaré a que los strigois las atrapen. Y me pueden decir como quieran.
Rose, un tanto satisfecha por la respuesta continuó desayunando sin decir nada más.
Los días pasaron sin mucha novedad. Diariamente el doctor Darski checaba mi estado de salud y el del bebé. Decía que debido al desabasto de sangre que habíamos tenido la desnutrición que presentábamos ambos era grave, pero no mortal. Diariamente, dos o hasta tres veces al día bebíamos sangre, a veces acompañada de alimentos ricos en hierro, otras veces sola.
Increíblemente, Rose había tomado bien la noticia de que no podríamos seguir viajando sino hasta cuarenta días después de que mi bebé naciera. El doctor Darski le había asegurado que no era sensato ni seguro que yo viajara en mi condición porque el riesgo de dar a luz era cada vez mayor con el paso de los días.
Por mi parte, cada día me sentía más grande y cansada. Pasaba la mayor parte del día sentada en los mullidos sillones de la biblioteca Darski leyendo los libros que se encontraban ahí. Había de todo tipo de géneros y el doctor Darski me había dado fuero libre para tomar el que quisiera. A veces, Rose iba a hacerme compañía y a platicar conmigo. Normalmente hablábamos de cómo eran nuestras vidas antes del secuestro. Me preguntaba sobre Dimitri y nuestra vida en Massachusetts con Christian. Me preguntaba sobre el tiempo que pase en la Corte y sobre sus amigos.
Por otro lado, el doctor Darski y yo nos habíamos hecho muy cercanos. Además de monitorear mi estado de salud, hablábamos de miles de cosas.
-He investigado a los no-nacidos morois desde hace diez años y he descubierto cosas muy interesantes.
-¿Oh si? ¿Cómo qué? –pregunté curiosa mientras paseaba por los estantes llenos de libros de la biblioteca Darski.
-Como que desde que un bebé moroi está en el vientre de su madre se puede saber de qué elemento será poseedor –el doctor Darski señaló mi vientre y después sonrió.
-¿Cómo puedes saber eso? ¿No se supone que los morois no saben que elemento controlan hasta la adolescencia?
-Comúnmente se cree eso, y las escuelas no han hecho grandes avances para descubrirlo a una edad más temprana, pero no es así.
-¿Cómo sabes eso? –pregunté sentándome en la silla frente a él.
-El feto incrementa el control de la madre respecto a su elemento. Como normalmente en una misma familia el control es del mismo elemento, no se nota diferencia alguna, pero cuando el no-nacido tiene el control sobre un elemento distinto al que controla la madre es cuando lo puedes saber.
"Por ejemplo –continuó-, si la madre tiene control sobre el fuego y el bebé también lo tiene, se incrementa el poder sobre el fuego, es más puro, más intenso. Pero, cuando la madre controla el fuego y el bebé controlará el agua, la madre comienza a tener un mayor control sobre el agua que el que normalmente tendría. Solo que como normalmente cuando un moroi se especializa en su elemento deja de fortalecer y usar los otros, por esto es que no se dan cuenta de estos cambios."
-¿Y por qué tus estudios no se han demostrado? –pregunté curiosa. El doctor Darski me sonrió.
-Oh no, querida, mis estudios están demostrados. Pero para llevarlos a cabo se tendría que cambiar todo el sistema educacional y no creo que a los de la realeza les agrade mucho.
-Tal vez en eso estés equivocado, ¿le has propuesto ya a la reina Dragomir tus estudios?
-Vasilissa solo tiene control sobre la educación de Estados Unidos y Rusia, en Polonia, el rey se niega a creer en mis estudios –los ojos del doctor Darski se oscurecieron.
-Es una lástima –dije poniendo una mano sobre la suya. El doctor me sonrió.
-¿Puedo preguntar qué elemento dominas, Yelena?
-No lo sé –dije mordiéndome el labio-. Hace apenas nueve meses que supe lo que era.
-¿Nueve meses, dices?
-Sí.
-Es casi el mismo tiempo que tienes de gestación.
-Uhmm… sí.
Me mordí el labio de nuevo y lo miré. El doctor Darski se levantó de su silla y caminó al frente del escritorio y se sentó frente a mí.
-¿El padre que elemento domina?
-Yo… uhmm… él no domina ningún elemento.
-¿No? –el doctor Darski me miró con extrañeza.
-El padre de mi bebé es un damphir.
-Dimitri… -escuchamos cristal romperse y el doctor Darski y yo volteamos inmediatamente hacia la puerta, ahí estaba Rose tapándose la boca con una mano.
Me levanté de la silla lo más rápido que mi condición me permitía y caminé hacia ella pero al estar a unos pasos Rose me miró con odio y me señaló con el dedo. La miré asustada. Esta no era la forma como había planeado decirle quién era el padre de mi bebé.
-Rose…
-¡Calla! Estuviste engañándome todo este tiempo.
-¡No! Claro que no.
-¿Ah no? ¿Y entonces por qué no me habías dicho que Dimitri era el padre de tu hijo?
-Estaba esperando el momento indicado.
-¿El momento indicado? ¿Y cuándo iba a ser? ¿Cuándo estuviéramos de regreso en la corte y tuvieses a Dimitri de frente?
-Yo… ¡no!
-¡Eres una mentirosa!
-No Rose… yo…
-Me engañaste, mientras estuvimos cautivas lo sabías todo ¡y no me lo dijiste!
-¡Estabas muriendo! –Grité con los ojos llenos de lágrimas, una punzada de dolor me atravesó el vientre pero la ignoré-. Tú estabas muy enferma y yo no sabía qué hacer, estaba muy asustada y tú en lugar de mejorar empeorabas. ¡Estaba muy asustada, Rose! Yo solo quería que mejoraras…
-Chicas, calma…
-Mejoré hace dos semanas, ¿cuándo pensabas decírmelo? ¿Mañana? ¿En un año?
-Estaba pensando cómo decírtelo.
-¡Chicas calma! –gritó el doctor Darski asustándome. Rose lo miró enojada-. La discusión le hace mal al bebé.
-Yo… lo siento –dije sentándome de nuevo. Rose se dio la vuelta y se fue de la biblioteca.
Después de limpiar la taza que Rose había roto, el doctor Darski me trajo una taza de té y se sentó frente a mí. Me tomó de la mano, cosa que me sobresaltó.
-Tranquila. Debes de tranquilizarte, por el bien de tu bebé.
-Si… yo… sí.
-¿Rose no sabía la verdad sobre el padre de tu bebé?
-No, ella... No lo sabía. No hablamos de eso nunca –puse una mano en mi vientre intentando calmar el dolor-. Cuando estábamos secuestradas supe que ella era la Rose de Dimitri pero ella no recordaba nada. Luego descubrí que estaba embarazada y después ya no supe cómo decirle a Rose que el padre de mi bebé era Dimitri. Su Dimitri.
-Vaya… pero peleaste por ella. Arriesgaste tu vida y la de tu bebé por salvarla y traerla a mí.
-Yo no podía dejar que le pasara algo. Siempre me sentí mal por no decirle la verdad.
El doctor Darski me miró y después miró el piso. Su cara se puso seria y me asustó.
-Lena, acabas de entrar en trabajo de parto.
