CAPITULO 7: ESTAN SOLOS

-Es un mal lugar para un omega en celo – Saludo Hanzo sin sospechar que se trataba de Killua. La señorita que tenía enfrente le llamo la atención cuando apareció de la nada. Caspor era un mal sitio para omegas. Él estaba en la ciudad porque tenía una misión que su clan le confió para así poder determinar el alcance de su recién adquirido Nen. Una habilidad que le costó mucho hacerse aun con un maestro tan bueno - ¿Necesitas ayuda?

Alluka miro a sus rededores, el calvo era el único que no parecía querer saltarles encima a devorarlos. De alguna manera tenía que darle crédito porque parecía ser la excepción que hacía a la regla. Lo tomaba como lo mejor en el momento.

Sus enormes manos apartaron con suavidad a Alluka para poder ver a su buena acción del día y su sorpresa no pudo disimularse al reconocer a Killua.

Al ser un Beta, no estaba condicionado a responder a los estímulos olfatorios que los omegas desprendían aún involuntariamente, que en experiencia, solían ser los más fuertes por ser determinados por instinto netamente y por consiguiente, puros e innatos. Killua debía de haber estado bajo mucho estrés si es que ahora apestaba como lo hacía y para joder el asunto, parecía que era el primer celo.

Ya sentía a los Alfas moverse, atraídos por el deseo y la marca de un Omega sano y en buen candidato para inflarle el vientre.

-Gon es el que debería estar aquí – Se quejó y Alluka identifico que el extraño al parecer no lo era tanto. Con menos desconfianza le permitió cargar a su hermanito hasta una casa – Hey, tú… no te separes de mi – Ordeno a Alluka. Los demás Alfas estaban muy cerca. La mayoría de ellos, gracias al cielo, estaban enlazados y ayudaban a controlar a los más jóvenes o los imperiosos adultos que querían un trozo de Killua. Pero de esos se encargaba solo – Vamos, Killua, ¿En dónde dejaste a tu Alfa?

Hanzo uso su Nen para apartar a los idiotas que pretendían conseguir un bocado de su amiguito y que Killua no le escuchase jamás llamarlo así. El Zoldyck era quisquilloso, como Kurapika. Menos sanguinario que el rubio, vaya con la ironía pero aún más selectivo para con quienes llamaba amigos y sabía que no estaba en esa lista.

De inmediato puso la chimenea a andar y encerró a Killua en la habitación contigua. Cerrando las ventanas y tapando las fisuras. No era un nicho de omega pero serviría por el momento. Con mayor tacto, metió diferente juguetes aptos para la situación y le dejo solo. No quería meterse con esa intimidad.

Con la chiquilla fueron los minutos más tensos que había pasado con alguien. Los omegas en su orden ninja eran todos muy celosos con sus ciclos y procuraban que nadie se enterase de indisposición y se enclaustraban hasta nuevo aviso o escogían con antelación a un compañero que no quisiera reclamarlos pero no le costara pasar una semana en la cama, satisfaciendo las demandas de lujuria.

-¿Tú… eres?

-Alluka – Contesto y le dejo en las mismas. Hanzo volvió a aspirar, más cerca en esta ocasión y se atraganto con el conocimiento. Ambos cachorros olían a camada. Al ser un Beta su olfato no estaba tan desarrollado pero el entrenamiento ninja cubría la carencia. Si uno no nacía con el talento simplemente se obtenía después.

Si no se tiene, se obtiene.

-Hermana de Killua – Alluka asintió feliz y Hanzo sintió su mundo de cabeza. De repente ya no estaba tan preocupado por Alfas movidos por el celo sino por los caza recompensas. Los Zoldyck atraían a toda clase de cazadores de listas negras, unos con los que estaba seguro podría lidiar y otros que no quería conocer. – Esto puede tardar un poco. Mejor te busco un cuarto.

Hanzo llevaba tres días, impactado y molesto. El aroma de Killua era penetrante aun para un Beta y no encontraba manera de salir de allí, no con el que descubrió era un chico indefenso en esa casa. Si el resto de Alfas le veían irse, no tardarían en entrar a buscar a Killua y suponía que Alluka era una insignificancia contra Alfas maduros o cualquier forma de vida para el caso. Parecía que se le romperían las uñas cuando cargo el balde de agua que le pidió para hervir los fideos que cenarían al segundo día de esperar a que Killua terminara con su celo.

Bueno, con menos ánimo del que comenzó su misión, fue para la puerta. Tenía que ir al mercado a comprar verduras. Y por una vez en la vida deseaba que su mala costumbre de irse de lengua no saliera a la luz. Decir que tenía un Zoldyck Omega en celo en la casita sin protecciones era invitar al diablo a que le cogiera.

Y la necrofilia estaba lejos de sus placeres inmediatos… ¿A un demonio se le podía considerar como un muerto? Creía que no… pero no hallaba la forma de llamarlo, así que por el momento así quedaba.

-No tardo, Alluka – Menciono con poca convicción. El niño no le daba confianza. Todo azúcar pero sin experiencia era como si hubiese vivido todo ese tiempo encerrado en alguna burbuja. Ironía para una familia asesina – No abras a nadie.

-Bien.

-Tendrás que esperar – Le acaricio la cabeza – Los Omegas son delicados en sus celos. Se pierden en sí mismos y apenas comen. Cuando Killua salga, tendrá mucha hambre y querrá un baño. Así que no nos debe pillar desprevenidos.

Hanzo no dijo nada más, confiaba en que su velocidad lo trajera de nuevo a casa, antes del mediodía.

Llego al mercado sin problemas. Aunque recibía miradas significativas durante el camino. Idiotas que deseaban alguna explicación. Otros más osados le ofertaban una dote considerable para que les dejara un rato con el que suponían era familia del extraño. Los rumores fluían en las avenidas adoquinadas e inverosímiles le pintaban como el amante despechado, el cazador que llevaba un esclavo, un botín o a lo mejor eran familia y estaba en el pueblo para vender al Omega.

Mejor no pensaba mucho en ello.

Arrancaría las cabezas de a cuajo si lo hacía.

Enfilo en el puesto de verduras y compro las coles que Alluka le pidió. Consiguió dulces y algo de carne. Compro ropa para ambos chiquillos. Algo adecuado para dos varones. En su guardia no habría mocosos vestidos de mujer. No, ya atraían suficiente atención indeseada. Alluka se conformaría con los pantalones masculinos.

-¿Cuánto va a ser? – Ya quería regresar. Las compras no eran lo suyo. Prefería las misiones sangrientas y los combates cuerpo a cuerpo antes de volver a tener que llenar la despensa.

-Sera gratis, joven.

Hanzo arqueo sus cejas, haciendo que su rasurado cráneo se viera más brillante. Él no se tragaba eso de gratis. Nada en la vida lo era, menos viniendo la oferta de un comerciante. Que esos sujetos no se hicieron ricos fiando y regalando.

-Si hace un pequeño favor – Ahí estaba… - Usted es un buen Cazador.

-Un Ninja no dice esas cosas pero entre nos, soy uno de los mejores en mi Clan. Nos entrenan de esa forma para que podamos seguir manteniendo el nombre en alto. – El tendero carraspeo. Suponía que un Ninja no tenía que decirle eso y quizá pudiera tomarlo de fanfarrón y mentiroso pero, una noche llego con un montón de cuerpos para canjearlos en el ministerio del pueblo por dinero. Así que a él le valía sobre si era un Ninja, Cazador, un fraude pero era constataba su fuerza… y eso deseaba comprar - ¿Qué quiere que haga?

-Es fácil – El viejo se limpió las sudorosas palmas de sus grasientas manos por aceite de aguacate en el delantal. Agarrando valor – En la cantina de mi amigo hay un cliente indeseable. A estado aquí desde hace dos días. No le deja cerrar y tampoco ha pagado la cuenta. Pide y pide más alcohol pero no se ve que tenga con que pagar. ¿Entiende?

-¿Por qué simplemente no lo corren?

El anciano evito golpearse la frente.

-El sujeto no es pequeño. Los Alfas tampoco quieren meterse con él. La policía no hace nada. Estaban en sus esquinas temblando – Relato – Marcus ya no tiene más barriles. Y el extraño le dijo que en cuanto acabara de beber él iba a matar a todos en la aldea… comenzando por Marcus – Hanzo ya veía el problema – La asociación de Cazadores no ha mandado a nadie… al principio creímos que el Alfa bromeaba pero no ha parado de beber y cada que abre la boca, nos da que pensar. Nos llena de pesadillas.

Un Alfa que intimidaba a otros Alfas… era un buen contrincante, de seguro Cazador. No había otra explicación. ¿Y si cumplía su palabra? No era su responsabilidad evitar que el Alfa asesinara a todos en el pueblo, personalmente la cosa no le gustaba, sus habitantes eran pendencieros e idiotas, unos brutos abusivos que vivían en la edad de piedra y exhibían a sus Omegas y maltrataban a sus cachorros. Por él que los quemasen. El mundo se libraba de escoria.

Escoria que Netero había protegido.

Los dilemas de la vida.

¿Valía la segura dura pelea unas legumbres?

Claro que no… suspiro.

Pero si no lo detenía, seguro que el Alfa terminaba de vaciar los barriles de la taberna antes de que el celo de Killua terminase y embrutecido, echo sólo instinto, intentase atacar a su amigo. Y eso no, Killua estaba bajo su protección. No dejaría que un Alfa loco se desatara en la aldea.

-También quiero que me den cerdo – Advirtió. El tendero asintió frenéticamente – Pues guíeme… que no puedo llegar solo.

La taberna era eso, un edificio bien construido con apariencia de choza medieval. Un detalle que de seguro a algunos les gustaba. Esperaba no encontrar trofeos e animales decorando la pared, no estaba a favor de la cacería animal.

Entro a la taberna con la mirada de todos en la espalda y cerró la puerta. No deseaba chismosos. Detrás de la barra, al que identificó como Marcus temblaba sosteniendo una jarra y una manguera que usaba para rellenar el tarro de cerveza y al que le quitaba la espuma con una paleta de cristal. El pobre Beta cargaba una cara de pena, de seguro que olía el hedor de la muerte en el cuello y le llenaba los pantalones… el olor viciado se concentraba pero no amilanaba al enorme Alfa que seguía bebiendo, trago tras trago.

El aura que desprendía no era la gran cosa… apagado ahora por el sopor de la calma… pero de que imponía lo hacía. Entendía porque los demás Alfas se habían retirado con la cola entre las patas. Sabía decisión. Mejor salvar la vida y estar con el orgullo lastimado que muerto y apendejado.

-Quisiera que te fueras sin problemas – Hizo saber, tronándose el cuello, avisando que usaría la fuerza si no le hacía caso.

El Alfa le ignoro y siguió bebiendo.

Hanzo ya esperaba ese tipo de reacción. El sujeto no se iba a ir, eligiendo lo que haría era imposible que unas palabras lo hicieran desistir. Pero debía de intentarlo. Concentro todo el Nen no letal que pudo en su puño y le asesto el golpe en la quijada, esperando verlo inconsciente o retorciéndose en el suelo sucio pero apenas y consiguió girarle unos centímetros o milímetros, igual y lo imaginara y el Alfa estuviera sin sentirlo.

Se replegó.

Los tres metros de distancia obligatorios para el combate tomaron su lugar.

Hanzo sintió el aura manar, como ríos de niebla, expandiéndose poco a poco, buscando intimidarle, darle a entender que no era rival y que mejor se retractara y que incluso se uniera a él para brindar por cualquier cosa.

El desnudo hombre se puso en pie.

El largo cabello lila descuidadamente tapando la espalda, enmarcando su rostro de mandíbula dura y cejas tupidas. Las fuertes piernas y los destructivos brazos, Hanzo se deshizo en entendimiento cuando descubrió a quien tenía delante de él. Tembló cuando el otro dio un paso, la boca se le seco al percibir la maligna sonrisita que decoraba la cara ajena y casi se hace en los pantalones cuando el Alfa dio una caminata hacia él, tomándole de las muñecas, asegurándole para que no volviera a hacer algo tan estúpido.

Hanzo supo que estaba muerto.

La nariz del Alfa le olisqueo, pasando por su clavícula y le alzo por los brazos, poniéndolo a su extraordinaria altura. Una muy buena decisión pues ya no sentía las piernas del miedo. Mejor estar suspendido que tirado, hincado e incapacitado para ver el rostro de su verdugo.

El Alfa siguió con su escrutinio.

Relamiéndose los labios y estampo al Beta en una de las mesas, se deleitó con su delgado cuerpo, le presiono contra su propio entidad y le encajo la cadera, separándole las piernas. Hanzo estaba inmovilizado, perdiendo la batalla mental y el control. La presencia del Alfa era demasiado, diferente al Nen o a la Voz de Comando, era una presión que le hacía querer hacerse pequeño y dejarle hacer para seguir con vida.

-¿Dime a quien tienes? – Susurro. Hanzo trago duro, aspirando con fuerza, intentando mantener la boca cerrada. Por vez primera si debía de arrancarse la lengua lo haría. El Alfa buscaba a Killua. El Alfa reaccionaba al olor de Killua impregnado en su ropa – Vamos, pequeño Beta, seré amable si me dices a quien tienes. ¿Dónde vives? Soy nuevo aquí y ocupo direcciones… sólo quiero ahórrame algo de tiempo. Igual y decida reventarte el cráneo, no me gusto que me golpearas – Los Alfas eran unos idiotas. Presuntuosos y mal sanos sujetos que tomaban lo que deseaban y no les importaba nada. Hanzo intento removerse un poco, saliendo del estupor pero la fuerza que le imprimió hizo tronar sus huesos… amenazando con romperlos – Na, na, pequeño Beta, no me hagas ser el malo.

Uno de sus brazos eran fácilmente dos de los suyos… y el pecho… todo él, cabían cuatro versiones suyas en el voluminoso cuerpo de dos metros y quien sabe que de ancho. Si hubiera sido a él a quien quisiera, Hanzo ya se veía gimiendo y abierto de piernas, de cara contra la madera y montado.

Como estaría Killua.

Como Killua va a estar sin importar si él le dijera o no algo al Alfa.

-Ultima oportunidad, Beta – Le lamio el mentón, consiguiendo el espasmo deseado – No quiero tardar mucho… Me dices y te dejo con vida o me obligas a buscar y seguir el delicioso rastro para conseguir mi premio.

-Es un niño…

-Eso no lo decides tú – Le rugió y Hanzo se mareo – No, no, Beta, tú no dices si es pequeño, si es grande, si me lo cojo o no. Tú me dices en donde esta y ya. Tú y yo terminamos, hasta que decida que tengamos que volver a vernos.

Hanzo le dijo a donde ir…

Y le soltó de inmediato.

Se empino otra cerveza y luego otra pero no dejo ir a Hanzo.

El Cazador seguía a la espera de que el Alfa se fuera y pudiera recoger los pedazos que aún quedaban de él y la nada dignidad que tenía. La promesa que se hizo así mismo y había fallado. Apenas conseguía imaginar lo que él Alfa podría hacerle a su amigo.

-¿Cómo es que estas aquí?

El otro se alzó de hombros y se sintió mal por maltratar así al Beta. Al parecer la cosita seguía siendo virgen porque seguía temblando por el manoseo. No deseaba traumarlo sólo quería información del aroma tan delicioso que le hacía fuego el estómago y le robaba lo poco de inteligencia que tenía.

Cuando el Beta entro, sus hormonas dieron un giro y su pene salto feliz e incitado a clavarse en la jugosa entrada que estuviera en celo.

Básico y simple.

Una llamada que le hizo escocer las encías.

Por un instante llego a pensar que Hanzo era el Omega culpable pero cuando le golpeo se dio cuenta que no y decepcionado, se dedicó a conseguir la información.

-No lo sé – Admitió – No estaba aquí, no en ninguna parte en particular. No en las arenas y menos en las nubes. No volaba ni me aprisionaban. No recuerdo como llegue aquí, estoy y ya. No me hagas preguntas que no sé – Hanzo quiso golpearse por pedirle lo imposible - ¿Puedes pararte? creo que me pateaste pero te rompiste la pierna.

Hanzo le escupió, pero claro que no dio con el objetico. Él no recibiría la compasión de nadie.

-Te están viendo como carne de cañón – Informo el Alfa y Hanzo volteo a los Alfas que asomaban sus narices entrometidas por las ventanas y a los que aún seguían dentro de la taberna, más que felices por ahogarse ene l trago que preocupados por sus vidas… el Alfa le decía la verdad, le observaban con asco y pena pero con oscuridad, estaban esperando recoger los trozos – Pobre Beta, te mandan a hacer su trabajo sucio y como no pudiste, en vez de ayudarte a sanar, te van a destrozar. Para algunos Alfas el tomar a los Betas es igual que disfrutar de un Omega, un agujero es un agujero… mejor que pienses como salir porque de ninguna manera que te sacó. Intentaste asesinarme.

-No todos son como tú.

-¿Eso fue un insulto? – Rio – Cierto, si fueran yo ya estarías muerto… no tomo al caído. No pateo al desfallecido. Beta, yo no abuso. Yo disfruto. Creo que como te sabían fuerte, no te tomaban pero ahora, en desgracia, eres un buen juguete… si hasta cierta ternura tosca tienes. ¿Por esta gente es que ibas a arriesgar tu vida?

No… de hecho era por comida gratis y por Killua.

No se lo iba a decir.

-Te dejo, Beta… tengo a un Omega esperando por mí.

Hanzo le estiro la mano y tomando uno de los vasos, se lo lanzo en la espalda, justo en el tatuaje de la araña, donde el número once brillaba orgulloso y leal, tanto como en la vida como en la muerte.

Uvogin se rasco la nuca, cansado de que el Beta fuera el idiota suicida con el que le tocaba lidiar. Y eso que él quería dejarlo con vida pero no se lo estaba haciendo simple. De hecho era como si le implorase que lo matase y luego fuera a donde el Omega con su sangre en la cara para pasar el celo con más fluidos de los necesarios.

-Ten suerte, beta.

-¿Cómo?

-Ya te dije…. No lo sé. Pero, antes de ir a buscar a mi líder, voy por el Omega.

Hanzo no era rival, lo entendía.

Uvogin era miembro de la tropa fantasma y algunos decían que fue asesinado por Kurapika y él estaba lejos de ser un especialista como el rubio. No era rival para el asesino. No con esa dura piel morena y figura de animal.

Killua y Alluka estaban solos.

.

.

.

.

Notas de la autora

Agradezco infinitamente el que me tengáis tanta paciencia. Que me sigas leyendo, apoyando, comentando y que leas, de madruga, mañana, tarde o noche y digas que esto da para más.

A ti por seguirme, gracias.

A ti por comentarme, gracias.

A ti por inspirarme, mil gracias.

A ti por atreverte a conocerme, muchas gracias.