Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, os pido mil perdones a todos lo que seguías esta historia, por no haber actualizado antes, es que me surguieron una serie de problemas que me lo hicieron difícil, se me estropeó el ordena, me quede sin curro, volví a encontrar uno, y hasta que me he adaptado y vuelto a reordenar todo, me ha llevado tiempo. De nuevo os pido perdón.
Bueno y ahora los reviews!
Elena: Si yo no digo que los acuarios seais serios, es más mis dos mejores amigos son acuario y tienen de serio lo que Shaka de sonriente. Creeme están como una cabra.
layla-kyoyama: Me alegra que te haya gustado. Espero que este también. En cuano a lo de Teiya se resolverán tus dudas en este capítulo.
giosseppe: A mi tampoco me agrada mucho Hyoga, por eso me inventé el personaje de Ayame. En cuanto a lo de los datos de los monstruos me pareció buena idea pues hay muchas personas que no conocen todos los monstuos mitológicos, asi que pense que era mejor explicarlos, además tengo que hacer uso del bestiario que me regalaron en Navidad :D
Saint Seiya y sus personajes no me pertenecen.
Letra cursiva: Pensamientos de Kiki
-: Cambio de escena
texto entre comas : Hablar cósmicamente
Sorpresas
El templo estaba en calma iluminado por la tenue luz de las antorchas que crepitaban sosegadas. Anduvo por el pasillo amarmolado meditando en la reacción de su señora, no la iba a gustar la noticia. El ataque al santo de los hielos, había resultado un fiasco, y además estaba lo otro... Aún no sabían nada de ella y para colmo no eran los únicos en su búsqueda... definitivamente no la iba a gustar... Llegó hasta una gran pórtico adintelado, decorado con bajorrelieves, respiró profundo y avanzó hacía su interior. Allí, sobre un lecho de sábanas blancas con cómodos almohadones, reposaba la hermosa mujer. En un principio pensó en marcharse y no interrumpirla, pero, si no se lo decía en ese momento, las represalias más tarde podrían ser terribles. Así pues se encaminó con paso firme hacía ella llamándola suavemente. La mujer despertó de su placentero sueño observando en el rostro preocupado del guerrero que no traía buenas noticias. Eso la despabiló del todo haciéndola fruncir el ceño.
- Lamento molestarla mi señora, pero la traigo noticias...-
- Eso ya me lo supongo.- Dijo tajante.- ¡ Habla!.-
- La empusa que envió a Siberia ha sido devuelta al Tártaro.- La mujer fruncía cada vez más el ceño provocando en ella una mueca realmente terrible.- ... y en cuanto a la búsqueda que nos encomendó... aún seguimos sin noticias de ella...- el joven notaba como su señora estaba a punto de desollarlo vivo.- además tenemos noticias de que uno de los fieles de Atenea, anda tras su pista, al igual que nosotros...-
- ¡ QUÉ!.- La mujer montó en cólera.- ¡ Malditos inútiles!, tenemos que localizarla antes que esa diosa mimada o estaremos en peligro. Dejad de perder el tiempo y encontradla, ¿ me has entendido?. ¡ Encontradla!.- El muchacho salió de los aposentos casi corriendo, había tenido suerte y está vez solo lo había gritando, no quería correr más riesgos.
La mujer se quedó sola en sus aposentos, necesitaba encontrar "eso" antes que Atenea o podría tener problemas, aunque tenía que reconocer que de momento no le había salido tan mal. Zeus aún no había intervenido, ni lo iba hacer, no podía oponerse a ella directamente, tendría demasiado que explicar y supondría un desacuerdo entre los dioses, no podía correr esos riesgos. Todo aquello tenía un gusto agridulce que no la desagradaba. Esto se estaba poniendo interesante...
Fuera de la chabola la lluvia caía con fuerza, golpeando incesantemente los cristales. Había empezado a llover hacía más de una hora y amenazaba con no remitir en un buen rato. Dohko lo agradeció, así tendría tiempo para hablar con calma con su alumno. Dentro de la chabola flotaba un sabroso olor a estofado, mientras, Sunrey, iba y venía por la cocina. Shiryu la observaba tranquilo. El Santo de Libra contempló la escena sonriente, al fin sus amados niños se había decidido a formar un hogar. Esto le trajo a la memoria el porque había ido allí, tenía ordenes de hacer volver a Shiryu al Santuario, pero... ¿ que derecho le daba ir allí y arrebatarles a ambos muchachos la felicidad que tanto les había costado conseguir?. Meditaba aún sobre esto cuando su discípulo se le acercó con semblante sereno, parecía comprender a la perfección el dilema por el que pasaba su maestro...
- Maestro, dígame que le perturba de esa manera. No parece usted, es que acaso ha ocurrido algo en El Santuario que deba saber...-
- Mi pequeño, han pasado muchas cosas, a la vista está, cuando tu difunto tutor está de nuevo frente a tí, ¿ no crees?.-
- Bueno... eso es obvio, pero a lo que me refería era a si es necesaria mi ayuda. Usted solo dígalo y yo haré frente a lo que sea.- Al momento de decir aquello el ruido de un plato estrellándose contra el suelo llegó desde la cocina.
- Lo...lo siento, se me resbaló.- Se disculpó turbada Sunrey.
- Tranquila, no ha pasado nada.- Shiryu se acerco para ayudarla. Dohko se había fijado en la reacción de su pequeña, sabía que no deseaba ver partir de nuevo al Santo del Dragón. Siempre que él se alejaba, ella rezaba día y noche por que regresase sano y salvo. ¿ Como iba hacerle eso a la que había considerado su hija?, pero que otra cosa podía hacer, El Santuario estaba en peligro y necesitaba a sus fieles unidos. El rejuvenecido santo suspiró, no le agradaba aquello pero era su deber como santo velar por el bien de su diosa...
- ¡ Otra vez, Teiya!.- Volvió a resonar por el coliseo. Llevaban ahí desde las cuatro de la mañana, era el mejor momento para entrenar sin estorbos, pero la pequeña no estaba tan convencida, ¡ odiaba madrugar!. Una vez más Teiya se concentró, elevó su cosmos, levanto los brazos por encima de su cabeza y se preparó para lanzar aquel ataque que llevaba practicando más de un mes, no entendía por que no lo conseguía, era la primera vez que se le resistía una técnica. Un intenso destello iluminó el recinto. Una vez más fracaso. - ¡ Maldición!.- Se gritó mentalmente, por más que lo intentaba no lo conseguía, era frustrante.
Alex la miraba desde las gradas con cansancio, era aburrido ver como la niña se empeñaba en ese golpe, pero conocía a su alumna y no se iba a dar por vencida, realizaría ese ataque aunque tuviese que vender su alma. Alex recordaba el día en que se la entregaron como discípula. Sus tres anteriores maestros la había rechazado, dudaban de sus capacidades,- típica intuición masculina- pensó por aquel entonces la joven Sagitta. En realidad, pocos en el Santuario confiaban en que superase los entrenamientos, pero ella creyó en Teiya, tal vez vio algo que los demás no o tal vez solo lo hizo por compasión, a esas alturas aún seguía sin comprender por que la acepto, pero en cualquier caso no se arrepentía, era una alumna fantástica. Muchos la decían que era inútil entrenar a alguien que nunca obtendría una armadura, pero ella tenía la esperanza de que las estrictas leyes que regían aquel lugar cambiasen y permitiesen a su pupila aspiran por fin a una armadura. Un nuevo grito de frustración de la niña la devolvió a la realidad.
- Es realmente buena esa niña.- Dijo una voz grave a su espalda. La amazona había estado tan ensimismada en sus propios pensamientos que no notó su presencia hasta que habló. Se volvió para ver a su interlocutor, una armadura de oro estaba frente a ella enmarcada por una larga cabellera azul que le caía hasta las rodillas. Su semblante cambió. - Veo que mi presencia sigue siendo una molestia para ti, Alex.-
- ¿ Acaso debo sonreír ante aquel que arruinó mi vida?.-
- Esas son palabras muy duras Alex.- Dijo el caballero sentándose a su lado. La joven se levantó dispuesta a marcharse, pero el santo la aferró de la muñeca y la obligó a sentarse de nuevo. La amazona lo abofeteó al tiempo que le decía:
- ¡ No vuelvas a ponerme las manos encima caballero!.- Al término de esta frase se dirigió al centro del coliseo donde se encontraba su protegida.
El abofeteado santo se frotó la mejilla, tenía que reconocer que tenía un buen derechazo. Había intentado hablar con la amazona desde que regresó sin conseguirlo. Tenía mucho por lo que disculparse y ella era uno de los tantos con quien tenía que hacerlo, pero desde luego no se lo estaba poniendo fácil. Aunque bien pensado, él tampoco se esforzaba mucho en ello... El joven Santo de Géminis se reclinó sobre su asiento contemplando el entrenamiento de ambas féminas...
Habían pasado varias semanas desde que el maestro me vio entrenar con Teiya. Desde ese día habíamos estado entrenando diariamente, me gustaba la sensación de practicar con alguien que no sirviese de decoración, no es que tuviese nada en contra de la armadura, pero entrenar con el maestro era agradable, ¡ a excepción claro, de cuando me golpeaba hasta agotarme!, cosa que parecía divertir al Santo de Tauro, que se unía a nuestro entrenamiento, según él, para mantenerse en forma, según yo, para reírse de mí... El caso era que después de todo lo sucedido, la vida en la Ciudad Sagrada retornaba a la normalidad... más o menos... aunque entre mi maestro y yo aún parecía existir un gran abismo...
Un adormilado pelirrojo se dirigía con desgana tras los pasos de su asombrosamente despejado maestro, el cual, iba acompañado de su buen amigo Aldebarán. El Santo de Tauro era un personaje por lo menos curioso, o eso pensaba Kiki, pocas veces se le veía enfadado, pero cuando lo hacía era de temer. Aunque a Kiki lo que más le sorprendía era su carácter afable y jovial, por su aspecto nadie diría que era así, pero claro, como solía decir su maestro " nunca juzgues a las personas por lo que aparentan, sino por lo que son", un gran consejo y sin duda aplicable al jovial toro. Los tres jóvenes había salido temprano para entrenar sin molestias. Desde que habían vuelto de Rodorio y Mu había alardeado de las habilidades de su alumno, Aldebarán insistía en querer verlo, cosa que al pelirrojo no terminaba de agradarle. El toro tenía la tendencia de dejarse llevar por sus instintos y era muy capaz de aplastarlo en pleno entrenamiento debido a la euforia. Kiki temía por su integridad...
Al llegar al coliseo los muchachos se encontraron con que ya estaba ocupado por dos amazonas, o mas bien por una amazona malhumorada y su pupila. Los miembros adultos del grupo se preguntaron el por que de su mal carácter, hasta que vieron a un sonriente Saga en las gradas y comprendieron el motivo, ¿ cuando iba a dejar de insistir Saga? Alex no era de las que perdonaban fácilmente. Mientras Kiki, observaba como su amiga trataba de ejecutar sin éxito aquella técnica. Estaba demasiado ensimismado, por lo que no se percató de la mirada socarrona del Caballero de Tauro, que aprovechando la situación decidió gastarle una pequeña bromita...
- ¡ Vaya, vaya!. Fíjate Mu, tu pequeño carnerito, ya ha encontrado a una hermosa carnera.- Miró a Kiki, que se sonrojaba por segundos.- Tienes una novia muy guapa, Kiki.
- ¡¿Q... Qué?.- Gritó con horror el niño.- Teiya no es mi novia.- Afirmó el pobre niño completamente rojo de vergüenza.- Es solo una amiga.
- Vamos Kiki, a todos nos ha gustado alguna vez una chica. Es lo normal.- Dijo Mu siguiéndole la broma a Aldebarán.
- ¡¿ Usted también maestro?. Es un traidor.- Ambos caballeros hacían grandes esfuerzos por no reírse, era divertido ver la reacción del sonrojado niño, el cual no sabía donde meterse, pues a cada momento se sonrojaba más y más.
- No es muy loable burlase de tu propio discípulo, Mu.- Una voz los interrumpió.
- ¡ Oh, Shaka eres tú!. Es raro verte fuera de tu templo.- Dijo jovial el Santo de Tauro.
- Nunca es tarde para empezar.- Contestó.- Además hay algo que quiero comprobar...- Los tres se quedaron mirándolo sin comprender, mientras este, con paso firme avanzaba hasta el centro del coliseo...
- ¡ Ja! Con que... por la mañana entrenaríamos tranquilos ¿ eh, maestro?.- Dijo irónico el menor de los carneros.- Me parece que aquí la gente madruga demasiado...-
Shaka avanzó hasta las gradas y se sentó observando el entrenamiento de las dos amazonas. Debía corroborar "aquello" el mismo. Según palabras textuales del Maestro Shion, había una pequeña con un talento inigualable. La niña estaba inmersa en su entrenamiento, se volvió a colocar y ... nuevamente no consiguió nada... - Mmm, interesante.- Pensó Shaka. La pequeña se veía exhausta y agotada. El coliseo empezaba a llenarse de aspirantes y guerreros convirtiendo eso en un verdadero hervidero de exceso de testosterona.
- Bueno Teiya creo que es mejor que lo dejemos por hoy, esto se está llenando...- La pequeña asistió resignada, no quería irse, deseaba perfeccionar aquella técnica, pero no podía seguir allí, pronto llegarían el resto de aspirantes y era mejor que no la viesen. No la apetecía sentirse rechazada, otra vez... Alex y Teiya comenzaron su camino de regreso al recinto de las amazonas, al tiempo que una figura las seguía los pasos.
El lugar estaba oscuro y polvoriento, lo cual indicaba que nada había penetrado allí en siglos. Aquel enigmático templo subterráneo era lo único que quedaba de la antigua civilización que tiempo atrás había vivido allí. El joven había viajado durante semanas en busca de lo que su bienhechora diosa le había pedido. Aquel viaje resulto más complicado de lo que en un principio pensó, pues al parecer no eran los únicos interesados en encontrar aquella pieza vital para la batalla. Ya había tenido varios enfrentamientos leves con monstruos de poco importancia, aunque indiscutiblemente le retrasaban en su tarea. Debía darse prisa en conseguirla y volver al Santuario. Kanon siguió adentrándose en las profundidades del templo, solo tenía una vaga idea de lo que buscaba pues Atenea no supo decirle con exactitud como era. Hubiese sido mejor que Shion o Mu fuesen los encargados de buscar aquella pieza, al fin y al cabo era una obra lemuriana, pero tal y como dijo Atenea, no podían dejar desprotegido el Santuario.
Kanon examinó con detenimiento la nueva sala, no había nada allí que destacase en particular. El ruido de unos pasos le llegó desde detrás de unas cortinas que protegían la entrada a otra sala. Con paso ligero y sigiloso se acercó hasta allí. En ese momento pudo oír claramente los pasos que se alegaban y el cuchicheo de varias voces, una más grave, perteneciente sin duda a un hombre, y la otra más fina pero más autoritaria, que correspondía a una mujer...
- ¿ La has encontrado ya?.- Dijo la voz de la mujer.
- Aún no señora, pero he estado siguiendo al enviado ateniense y me ha llevado hasta aquí...-
- Buen trabajo. Seguro que esa inepta Diosa de la Sabiduría, sabe donde encontrarla, al fin y al cabo entre sus filas se encuentran varios lemurianos...
- Descuide señora, ¡ la encontraré!.- Un leve destello azulado dio por finalizada la conversación. Los pasos del hombre se adentraron más en la sala perdiéndose por las escaleras que descendian.
- Con que no soy el único que está aquí.- Pensó Kanon. -Será mejor seguirle para descubrir más de mi inesperado invitado.-
Vi como Teiya salía del recinto en el momento en que el resto de aspirantes iban llegando. Observé que el Señor Shaka salía del coliseo tras los pasos de las amazonas. Me sorprendió la actitud del Santo de Virgo, aunque nada comparado con la sorpresa, o mejor dicho "sorpresas", que me tenía deparado el destino. Mis días como único aspirante a dorado estaban a punto de acabar, y con ellos mis tranquilos días de paz...
La lluvia había cesado y el Sol brillaba tenuemente entre los nubarrones que no estaban dispuestas a marcharse todavía. Dohko aún no sabía como decirlo, conocía su deber, pero su amor por sus discípulos era una traba para ello. Parecía mentira que el sabio maestro que siempre recriminó a su pupilo por dejarse llevar por los sentimientos ahora sucumbiese él a ellos. El Santo de Libra se rió de si mismo, ese era uno de los motivo por los cuales decidió ser un ermitaño...
Shiryu se encontraba entrenando a un grupo de niños de la aldea cercana. Desde que volvió del Hades había decidido retomar la labor de su maestro y preparar a la futura generación de caballeros, La mayoría de esos niños nunca llegarían a saber si quiera de la existencia del Santuario, eso era un hecho que conocía a la perfección Shiryu, pero al menos sentía que aportaba algo a esos pequeños, disfrutaba verlos reír, y jugar... Sunrey contemplaba absorta como su amado Dragón trataba inútilmente de calmar a sus jóvenes pupilos, pero estos parecían más interesados en tirarle del pelo y corretear a su alrededor que en otra cosa... Dohko sonrió al recordar como Shiryu le hizo lo mismo a él la primera vez que se vieron...
Examinó con calma a los pequeños, ninguno de ellos tenía potencial para caballero. Su mirada fue pasando de uno otro, hasta que finalmente se detuvo en Sunrey, la muchacha miraba fijamente al rejuvenecido caballero. Daba la sensación de querer decirle algo, pero no se atrevía. Dohko comprendió la inquietud de su pequeña y decidió que era hora de hablar con ella...
- Mi pequeña Sunrey, se que algo te preocupa.- dijo el santo con mirada amorosa.- Dime, ¿ quieres hablar conmigo?.- La muchacha observó al rejuvenecido santo, era curioso pero, era más fácil hablar con él cuando era un venerable anciano que ahora, tal vez fuese por esos ojos vivaces que mostraba o por ese lozano aspecto del que gozaba, pensó Sunrey. En cualquiera de los casos no terminaba de arrancar a hablar. El Santo de Libra la observaba atento y supo al instante por el desconcierto por el que pasaba su pequeña, al fin y al cabo ¡ para ella siempre había sido su abuelo!.
- Sunrey vamos a pasear, te hará bien.-
Maestro y nieta, se adentraron en la espesura del bosque mientras un distraído Dragón seguía tratando de calmar a sus entusiastas alumnos.
Dos horas más tarde de haber llegado al Coliseo, decidí marcharme de allí, estaba más que harto de las bromas del Toro. Desde que me pilló mirando a Teiya no me había dejado tranquilo ni un minuto, además, estaba preocupado por ella, había estado practicando aquel golpe centenares de veces pero el resultado siempre había sido el mismo, un rotundo fracaso y, ella odiaba los fracasos. Por si esto no fuese poco, estaba también lo del extraño comportamiento del Señor Shaka. ¿ Por que se habría ido siguiéndolas?... Definitivamente debía ver a Teiya...
Alex había recibido las ordenes de ir a la zona norte de la ciudad a montar guardia, por lo que Teiya, una vez más, se había quedado sola. La verdad no es que la importase demasiado, ya se había acostumbrado, además gracias a sus continuos momentos de soledad tenía más tiempo para entrenar a su gusto o de estar con Kiki...
- Me pareció ver a Kiki en el Coliseo entrenando con su maestro...- Reflexionó.- Ojalá sea verdad, necesita un poco de mano dura.- Dijo hablando para si misma...
- ¿ Quien necesita mano dura, cara de metal?- La interrumpieron.
- Pues... cierto carnero malhumorado que no hace mas que llamarme " cara de metal".- Dijo socarrona la niña.
- Desde luego no se te puede gastar una broma.- Dijo Kiki haciéndose el ofendido.
- Ja,ja,ja, Sabía que estabas ahí.-
- Ya, por eso has dicho lo de "mano dura" ¿ no?.- La pequeña solo se hecho a reír ante la cara ofendida del joven lemuriano.
- Bueno, ahora hablando en serio, ¿ por que has venido?, ¿ no estabas con tu maestro?.-
- Si... bueno... es que... Aldebarán se estaba riendo de mi y me cansé. Por cierto,¿ no has notado la presencia de alguien más por aquí?- Dijo Kiki tratando de desviar el tema, lo que menos le apetecía era que su amiga se enterase de las bromas que le gastaba el Santo del Toro.
- ¿ Alguien más?...- la pequeña levantó el mentón frotándose una mano por el, tratando de recordar.- No, no he notado a nadie más.-
- A lo mejor no os seguía a vosotras...- pensó Kiki. Teiya lo "miraba" extrañada detrás de su máscara.
Los dos pequeños decidieron entrenar entre ellos visto que ha ninguno de los dos se le había dado como esperaba el entrenamiento con sus respectivos maestros, pues, uno parecía más interesado en gastarle bromas que en otra cosa y, la otra parecía estar a punto de asesinar al primer caballero dorado que se cruzase en su camino. ¡¿ Qué le habría dicho el Caballero de Géminis para ponerla de tan mal humor?.
Los niños luchaban entre ellos, Kiki lanzó una patada baja que Teiya bloqueo fácilmente. La niña proyectó su puño derecho contra el rostro de Kiki, mientras que con una grácil cabriola esquivó el envite del pelirrojo y le sujetó con la mano libre. Cuando estaba apunto de golpear a Kiki, este se agachó evitando el puño que pasó rozando su cabello...
Los dos niños continuaron con su entrenamiento olvidándose por un instante del resto del mundo... aunque el mundo no se olvidaba de ellos, o al menos la sombra que se ocultaba tras unos árboles, que contemplaba con interés la pelea de ambos aprendices.
- No se lo lleve maestro, por favor se lo ruego. Se que estoy siendo egoísta, pero por favor no se lo lleve.- La muchacha sollozaba angustiada.- Nos ha costado mucho conseguir esta tranquilidad. Se lo ruego, ¡ se lo suplico!. No lo aleje de nuevo de mi lado.- Dokho observaba entristecido el rostro lloroso de su bien amada "nieta". Él, mejor que nadie, sabía lo que la joven había sufrido con las múltiples partidas del Caballero del Dragón, lo mucho que había rezado por que regresase a su lado sano y salvo, y sabiendo eso, él se había presentado allí con la intención de llevarlo de regreso al Santuario, ¿ como podía hacerle eso a su pequeña?, pero... ¿ que otra cosa podía hacer sino?. Era su obligación...
- Lo siento mucho mi pequeña Sunrey pero la obligación de un caballero de Atenea es acudir a su llamada cuando es convocado y protegerla aún arriesgo de su propia vida.- Esto solo consiguió que su llanto se avivase.- Perdóname Sunrey, pero he venido a por un caballero y con caballero he de irme.- El anciano maestro se giró, con el corazón destrozado, pero firme en su obligación, dispuesto a llevarse a Shiryu con él.
- Un... un segundo... Maestro Dokho...- El Caballero de Libra se detuvo observando a la chica.- Si usted quiere un caballero, yo le daré un caballero con el que regresar.- El rejuvenecido maestro la miró sin comprender...
Kanon había estado siguiendo a aquel joven desde que supo de su permanencia en aquel lugar. Había estado así por dos días y, por lo que había podido comprobar, aquel sujeto andaba tan perdido como el en la búsqueda de aquel mitológico artefacto. Al tercer día de su espionaje cometió el descuido de despistarse un segundo debido a que lo sorprendió una sombra que se movía con sigilo cerca de él, la cual, después de un rápido vistazo, no resulto ser más que un gato que ¡ ha saber como había llegado hasta allí!. Para cuando regresó a su zona de espionaje comprobó que el joven había abandonado su campamento. El chico debió notar su presencia al ir a buscar el origen de la sombra, pues sin duda había abandonado el campamento apresurada y torpemente, pues de otro modo ningún guerrero experimentado habría cometido el error de dejarse la mitad de sus pertrechos tirados por el campamento.
- Principiantes.- Dijo sarcástico el geminiano. Aunque bien pensado, el tampoco se había comportado como el guerrero experimentado que era, ¡ como pudo dejarse sorprender por un simple gato!.
- Miaaaauuuu.- Kanon miró hacia sus pies. El gato ronroneaba entre sus pies frotándose cariñosamente contra él.- Si no fuese por que eres solo un animal pensaría que lo hiciste a propósito para dejarle marchar.- Le dijo al gato al recordar lo acontecido hacía unos días. El gato lo miró como si pudiese entenderlo.- Debo de haber pasado demasiado tiempo solo como para hablar con un gato.- Se reprochó así mismo el caballero, al tiempo que recogía sus cosas. No podía ser tan despistado como su vecino, pues desde que fue descubierta su situación, se había convertido en el juego del gato y ratón, uno perseguía y el otro huía. ¡ Que ganas de terminar con esa misión y regresar al Santuario!.
Sunrey descendió por una empinada escalera que daba acceso a una amplia explanada donde se alzaba una pequeña aldea. Las casas eran de madera y barro. Se veía claramente que era una aldea de granjeros que había sido abandonada por el gobierno chino o tal vez, simplemente, no supiesen ni de su existencia. La joven avanzó a paso vivo por las callejuelas plagadas de barro, esquivando a los poco mercaderes que se acercaban allí para vender alguno de sus productos. Dokho la seguía a unos pocos pasos de distancia sin comprender que sucedía, pero dispuesto a lo que fuese por su pequeña. Al pasar cerca de la entrada de una taberna el joven santo pudo oír la conversación de varios de los parroquianos allí reunidos...
- Fíjate, es la mujer de ese loco que se hace llamar "santo".- Dijo uno arrastrando la última palabra para recalcar el sarcasmo.
- Pero quienes se han creído que son. Primero vienen aquí proclamando que debemos ser fieles a una diosa occidental de la que apenas hemos oído hablar y después...
- Después hacen que " ese"... monstruo aprenda a ser más...-
- Más monstruo.- Terminó la frase un tercero.
- Deberíamos echarlo de aquí. Aquí no son bien recibidos los engendros como él.-
¿ Monstruo, engendro?, de quien estarían hablando se preguntó Dokho. Desde luego fuese lo que fuese lo que Sunrey le fuese a enseñar iba ha ser interesante verlo... sin duda alguna...
Los dos pequeños habían estado entrenando todo el día y ahora estaban realmente agotados, ni siquiera se dieron cuenta de que era hora de comer hasta que sus estómagos rugieron en protesta, ¡ como pasaba el tiempo cuando te estabas divirtiendo!. Durante su largo entrenamiento ninguno de los dos se percató de la presencia de una sombra entre los árboles que, poco después, pasaron a ser dos.
- ¿ Has visto eso?.-
- Sí. Son realmente buenos ¿ verdad?. Aunque la que más me ha sorprendido ha sido la niña.-
- ¡ Aaah!. Así que era eso por lo que habías salido de tu templo, ¿ me equivoco?.-
- El Patriarca me comentó que había una niña con unas grandes habilidades que podría interesarme.- El otro solo se quedó observando a su compañero, para después seguir observando el entrenamiento de esos dos pequeños.
Kiki y Teiya habían parado un rato para recuperar el aliento. El pelirrojo conocía por experiencia que cuando uno luchaba contra la niña terminaba siempre agotado. ¡¿Como podían decir que no merecía ninguna armadura?, ¿ es qué solo él sabía lo buena guerrera que era?. Nunca entendería la rehúsa del Santuario por discriminar a los, según ellos, físicamente NO dotados, en opinión del joven carnero, discriminación a los distintos al resto. ¡ Que retrógrados podrían llegar a ser algunos caballeros!.
- Kiki, ¿ seguimos entrenando?.- Preguntó Teiya. El lemuriano se giró para mirarla.
- Si , Cla...-
- ¡ Ayyy!.- Lo interrumpió bruscamente la niña.
- ¿ Qué sucede Teiya?.-
- Algo me ha golpeado en la cabeza.-
- ¿Qu..?.- Unas risas interrumpieron a Kiki. Los dos niños voltearon en la dirección de la que procedían las risas, sólo para ver como de entre unos árboles salía un grupito de cinco niños, todos ellos mayores que Kiki y Teiya, de entre unos doce o trece años. Todos ellos eran aspirantes a una armadura de plata y miraban con desprecio hacia los dos niños, que hasta hacía cinco minutos estaban entrenando tranquilamente. El que parecía el jefe, un muchacho alto y musculoso, se fue acercando a ellos con aires de superioridad. ¿ Por que siempre los más " fuertes" tenían que ser los jefes, es que nunca les habían enseñado que no todo era fuerza bruta? pensaba Kiki suspirando con resignación.
- Fijaos chicos, si son el lemuriano alias "bicho raro y la lisiada".- Dijo con burla mientras el resto se echaba a reír, cosa que no hizo particular gracia al carnero, el cual los miraba con furia.
- Huy, parece que el pequeño carnerín se ha enfadado con nosotros.- Dijo otro.
- Por que no te vas a dar una vuelta por el bosque Achille, con un poco de suerte te perderás en él.- Contestó Kiki.
- ¿ Te estás haciendo el duro delante de tu novia lisiada?.- Esto hizo enfurecer aún más a Kiki, no le importaba que se metiesen con él, pero que lo hiciesen con sus amigos era distinto.
- Deja de llamarla lisiada, lagartija descerebrada(1) o juro que lamentarás haber nacido.- Dijo en tono amenazante y sorprendentemente peligroso el joven lemuriano. Sus ojos no desprendían emoción alguna, solo una desconcertante frialdad, que impresionó incluso a Teiya. Las dos sombras ocultas, observaban con expectación.
- Como te atreves a burlarte de mi armadura(1), enclenque.
- Hasta donde yo se, aún no es tu armadura.- Protestó el carnero.
- Te crees que eres mejor que nosotros por ser "heredero a una armadura dorada".- Dijo con desprecio y burla Achille.
- Yo no me creo mejor que nadie, sois vosotros los que me catalogáis así.-
- Kiki, déjalo estar, no merece la pena.- Trato de apaciguar la niña.
- Huyyy, mirad como se preocupa la pequeña lisiada por su novio.- Se burló de nuevo.
- Vas a tragarte tus palabras.- Dijo en tono amenazante Kiki.
- Eso ya lo veremos.- Respondió el otro al tiempo que se lanzaba precipitadamente sobre el joven carnero. Kiki retrocedió hábilmente esquivando el ataque del ofuscado muchacho. Dio un salto en el aire hacia atrás mientras soltaba una patada alcanzando de lleno en la cara del chico. Achille estaba furioso y descontrolado, se giró en busca de sus amigos y los vio plantados atónitos sin moverse.
- ¿ Qué hacéis ahí imbéciles?, ataquémosle todos juntos.- Al momento, el resto del grupo se lanzó como una manada de lobos hambrientos sobre Kiki. Desde luego lo del "honor" no iba con ellos pensó Kiki. Tres de ellos se lanzaron de frente contra el pelirrojo, mientras Achille proyectaba una patada desde el lateral izquierdo. Kiki hizo una finta hacía la derecha esquivando la patada, aferró con firmeza la pierna de Achille y usándola de punto de apoyo golpeó en el aire con las piernas a dos de sus asaltantes antes de darle tiempo a Achille a reaccionar y bajar la pierna. Al instante de poner pie en tierra, lanzó al muchacho, al que aún aferraba por la pierna contra el tercer chico que se acercaba a toda carrera, provocando que Achille chocase contra él en el aire. El último chico del grupo estaba dispuesto a golpear a Kiki por la espalda con los puños juntos. Aprovechó que estaba luchando contra los otros para atacarle, pero antes si quiera de que llegase a registrar en su cerebro que estaba pasado, se vio arrojado contra el árbol más cercano, que se tambaleó ante la fuerte sacudida.
- No es digno de alguien que aspira a ser el protector de la paz y la justicia atacar a su enemigo a traición, es un acto deleznable.- Dijo impasible Teiya.
- No nos des consejos de moral, asquerosa lisiada.- escupió Achille recuperándose del golpe.- ¡ Tu ni siquiera aspiras a una armadura así pues que sabrás!.- Kiki concentró su cosmos peligrosamente, haciendo aparecer a su alrededor un aura dorada que sobrecogió a todos. ¡ No era muy inteligente provocar una pelea contra alguien que sería el futuro Caballero de Aries!. Eso era algo que Kiki estaba dispuesto a corroborar allí mismo.
- No me das miedo, asqueroso lemuriano. ¡ Tu no eres humano, no deberías estar aquí!.- Bramó Achille. Craso error. Ese fue el detonante de lo que se avecinaba. La niña solía ser pacífica y evitaba problemas, pero que despreciasen así a su mejor amigo, por tener orígenes no humanos fue la gota que colmó el vaso. Antes de que el grupo se diese cuenta la niña había corrido hacía ellos con tal velocidad, que solo Kiki, pudo captar sus movimientos. Primero se lanzó al suelo con las piernas por delante, contorsionó el cuerpo y apoyando una mano en el suelo empezó a lanzar patadas voladoras al más puro estilo capoira. Todos los presentes se quedaron atónitos ante tal despliegue de habilidad por parte de la niña. El único que no parecía impresionado era Kiki, que sin darle mayor importancia a las habilidades de su amiga, salió disparado como alma que lleva el diablo, hacia uno de los chicos más alejados del grupo que se preparaba a lanzar un ataque cósmico, y eso ¡ ya eran palabras mayores!.
Mientras las dos sombras que seguían ocultas, examinaban con detenimiento todo lo acontecido. Uno de ellos estaba particularmente interesado en la niña, que rivalizaba en fuerza y habilidad, con su pelirrojo amigo. Kiki y Teiya se compenetraban muy bien, cada uno sabía lo que debía hacer en cada momento. El grupo de niños ni siquiera era capaz de captar los movimientos que sucedían a su alrededor. Tal era la velocidad desplegada por los dos pequeños.
- ¿ Te retiras, lagarto, o prefieres seguir recibiendo palos?- Preguntó Teiya en tono burlón, al tiempo que se deshacía de los dos chicos que intentaron inútilmente golpearla.
- No te burles de mí, repugnante amazona repudiada. Sólo estás en el Santuario por que le diste pena a la Amazona de Sagitta. No se ni como se atreve a ser la maestra de un engendro como tu.- El cosmos de Teiya empezó a aumentar, brilló, primero con una luz plateada, después pasó a ser una luz claramente dorada. Su cosmos era inmenso, pero eso al ofuscado y humillado chico no pareció importarle, pues en lugar de ver venir el peligro, ¡ también concentró su cosmos plateado, dispuesto a lanzar su ataque. Sus manos brillaron y vibraron al tiempo que un gran poder se concentraba en ellas.
Teiya hizo lo propio y su cosmos fue incrementando.
Kiki golpeó con el codo la cabeza del maltrecho chico, incrustándolo en el suelo. Un segundo chico, que sangraba bastante por la nariz, se precipitó de cabeza hacía el carnero, este fácilmente se apartó de su camino, provocando que el chico se estampase contra el suelo al tropezar con su caído compañero. El pelirrojo sonreía satisfecho, se había librado fácilmente de esos matones ahora ya no necesitaba entrenar más con Teiya, hoy había tenido suficiente entren... un segundo ¿ y Teiya?, ¿ como pudo olvidarse de ella?. Se giró en todas direcciones buscando a su amiga. La localizó a unos metros de él muy concentrada, y justo en frente estaba ese imbécil de Achille.
¡ Y el muy energúmeno iba a lanzar un ataque cósmico!.
Kiki se acercó a él dispuesto a frenarle, pero, súbitamente sintió como algo, o mejor dicho alguien, le frenaba hablándole directamente a su mente:
- ' No intervengas, ¡ por favor! '.- Kiki hubiese jurado que esa voz le sonaba mucho.
Siempre supe que Teiya era especial, que no era como los demás, que era más... más... más como yo, supongo. Cuando la vi brillar con aquel cosmos dorado tan cálido, comprendí que estaba más acertado de lo que nunca imaginé. Por eso no me sorprendió... en aquel momento. Lo que si lo hizo fue lo que sucedió después. Cuando vi a Teiya desplegar tal poder mi corazón palpitó con tanta fuerza que pensé que se me saldría del pecho. Cuando vi a Teiya de rodillas sobre el suelo, llorando mi corazón dio un vuelco...
Teiya estaba como en trance, sabía que su enemigo estaba enfrente, no lo veía pero lo sentía, claramente. Notó como su cosmos fue creciendo, al igual que su ira. Ese chico estaba fuera de control, ¡ desquiciado más bien!. Había que pararle. Sabía que hacer, pero no como hacerlo. Era buena en combate cuerpo a cuerpo y concentrando su cosmos, pero era una total inútil intentando usar ese cosmos en ataque. Había practicado cientos de veces con su maestra esas técnicas, pero el resultado siempre fue un rotundo fracaso. Le había pedido a Kiki que no interviniese, ¡ ni siquiera sabía como! pero lo había hecho. El problema ahora era, como combatir en una lucha donde se enfrentaba a un ataque cósmico, cuando ella era incapaz de hacer el suyo propio.
Achille reaccionó al fin y se precipitó contra la desprotegida niña. El tiempo pareció detenerse, todo empezó a moverse a cámara lenta. Teiya intentaba con todas sus fuerzas lanzar su contraataque. Elevó su cosmos, sus manos dibujaban círculos en el aire. Estaba haciendo todo lo que podía, pero había algo que le impedía lanzar aquel ataque que había practicado tanto. ¡ Maldición, por que no podía!. A lo mejor la gente tenía razón y sólo era una inútil lisiada que se empeñaba en no comprender la verdad. Dos lágrimas resbalaron por el interior de su máscara. El cosmos de Teiya comenzó a descender...
- ' ¿ Ya te rindes?. ¿ Te retiras sin conseguirlo?.'-
- ' ¿ Q..Quien es usted?.'-
- ' Eso no importa ahora. ¡ Inténtalo de nuevo!.'-
- ' Pe... pero es inútil. Nunca lo conseguiré, Lo he intentado muchas veces, pero el resultado siempre es el mismo. Soy una inútil..., sólo se burlarán de mi otra vez.' Contesto afligida la niña.
- ' ¿ A quien le importan sus burlas?. Tu los superas a todos. Que no te afecten sus palabras. Kiki confía en tí, tu maestra, Alex, confía en tí. No los defraudes. Vuelve a concentrarte y termina ese ataque.'-
- ' Pero no se como...'- La niña lloraba desconsolada.- ' Hay algo que impide que lo termine.'-
- ' Lo único que lo impide, eres tú, Teiya.'- La niña estaba perpleja.- ' Te sientes insegura. Teiya sólo recuerda, que no necesitas ojos para ver. Sólo necesitas creer. Creer en Atenea.'-
Teiya no sabía muy bien por que pero esas palabras, aquella voz, la inspiraban confianza. ¡ Estaba segura!. Esta vez lo conseguiría... Teiya avanzaba hacía su enemigo sin importarle nada más. Kiki la observaba atento, notó como su cosmos se elevó súbitamente. Se concentró, sus brazos se levantaron al cielo cruzándose por encima de su cabeza. Su mente se quedo completamente vacía y entonces... se vio a si misma andando por una gran nada oscura, todo estaba oscuro, pero en el horizonte una tenue luz carmesí la guió hasta el final de ese vacío. Era increíble veía lo que había a su alrededor, movió la cabeza en señal de asombro cuando apareció ante ella una magnánima figura envuelta en un halo de grandeza. Subió la vista hasta su rostro solo para descubrir que se trataba de un joven de ojos azules y pelo rubio que la contemplaba satisfecho.
- ¿ Quién es usted? y ¿ que lugar es este?-
- Esto es tu interior Teiya, tu alma. Hasta ahora habías estado en la oscuridad, te subestimabas a ti misma por el hecho de ser ciega. Tu ceguera no bloquea tus ojos, sino tu cosmos
- ¿ Como... como sabe que soy ciega?.
- Eso no tiene importancia. Lo que si lo tiene es que aprendas a controlar tu cosmos. Ese cosmos que fluye por ti, es lo que te permitirá ver Teiya. No te menosprecies por ser ciega, asume tu condición y cree en Atenea. Ella guiará tus pasos siempre...-
- ¡ Espere, al menos dígame quien es usted!.- Solo un débil murmullo llegó a sus oídos. Teiya sonrió.
El tiempo pareció volver a moverse a su ritmo, Achille estaba a escasos pasos de Teiya. Esta ni se inmuto permaneció estática. El alocado muchacho dio un gran salto y al grito de -¡ Espolón del Lagarto!.- Lanzó su ataque sobre la pequeña, la cual lo recibió apenas sin moverse. Se levantó una gran polvareda que anego el lugar. Kiki contemplaba horrorizado a su alrededor intentando localizar a su amiga. La nube de polvo se fue levantando dejando a ojos vista el enorme cráter que había provocado el ataque del chico. Pero para sorpresa de los presentes, un extraño escudo de luz fue apareciendo de entre la polvareda y, dentro de dicho escudo se encontraba Teiya. Tanto Achille como Kiki estaban boquiabiertos, puesto que los demás seguían inconscientes. El escudo desapareció y Teiya se giró lentamente hacia su atacante, dejando a la vista, según se giraba, una máscara agrietada, que cayó con un sonido sordo al suelo, permitiendo la visión de un hermoso rostro infantil, cuyos ojos estaban cerrados y, con una herida en la sien que sangraba abundantemente.
- Teiya...- Susurró Kiki atónito.
- Te crees el mejor por ser fuerte ¿ verdad?.- Dijo con un tono serenamente amenazante a un Achille atemorizado.- Yo te enseñaré la verdadera fuerza. ¡ Wind Vampire!(2).- Bramó. Al instante un fuerte viento surgido de la nada golpeo ferozmente al chico, provocándole seria heridas.- ¡ Lamentarás haber osado molestarnos!.- Amenazó.- De repente el viento se arremolinó alrededor del cuerpo del muchacho elevándolo al cielo, mientras una tenue luz dorado envolvía su cuerpo. Achille comenzó a sacudirse violentamente y a gritar de dolor, notó como si un cosmos inmenso le arrebatase la fuerza, su propia vida. Teiya agitó los brazos en el aire y el viento cesó.
- Esto es solo una pequeña muestra de lo que te espera si vuelves a osar desafiar las leyes de Atenea.- El muchacho estaba tendido de dolor en el suelo.
- ¿ Quien eres tú?.- Preguntó como si nunca la hubiese visto en su vida.
- Soy Teiya. Aprendiz del Caballero Shaka y heredera a la armadura de Virgo. ¡ Recuérdalo!.- Dijo con el rostro anegado en lágrimas de felicidad mientras caía de rodillas al suelo.
Kiki sólo sonrió.
- Maestro Dokho le presento Blake.- Dijo Sunrey.
Un pequeño de unos once años miraba intrigado hacia la joven que acababa de entrar acompañada de aquel extraño hombre. Era de aspecto fuerte, de lacio cabello negro hasta los hombros y ojos ambarinos, iguales a los de un gato. Dokho lo miró sorprendido.
- Este es su caballero.- Terminó Sunrey.
Continuará...
(1) Lagartija descerebrada/ mi armadura: Kiki y Achille se refieren a la armadura que representa la constelación de Lacerta ó Lagarto. Es una de las 88 constelaciones existentes. Está situada en el hemisferio boreal, y no contiene objetos ni brillantes ni de mucha importancia. Mitología e historia: Cuando Perséfone, hija de Deméter, fue raptada por Hades, la diosa la buscó insistentemente por el cielo y la tierra. Durante diez días vagó, sin comer ni beber, sin obtener noticia alguna. Disfrazada llegó a Eleusis, donde el rey Céleo y su esposa Metanira la recibieron hospitalariamente y la invitaron a quedarse como nodriza de de su hijo Demofonte. Entre Yambe, hija de Céleo, y Baubo, nodriza seca, tendieron una broma a Deméter induciéndola a beber agua de cebada para calmar su sed. Abante, hijo también de Céleo, se mofó de la diosa y esta con una mirada torva lo metamorfoseó en lagarto. El rey Céleo, se disgustó muchísimo y Deméter para aplacar su dolor propuso hacer inmortal a Demofonte. Durante la ceremonia se rompió el hechizo y Demofonte murió. Consumada la tragedia los dioses colocaron a Abante como el lagarto entre las estrellas.
(2) Wind Vampire: Viento Vampiro.
N/A: Bueno como ya he dicho antes lamento el retraso de este capítulo, prometí que no dejaría la historia a media y lo voy a cumplir, pero me va ha llevar más tiempo de lo que pensaba. Os pido paciencia, gracias. Bueno ya sabeis si queréis comentarme algo solo mandar reviews. Adios!
