VII

Puʻuwai
Corazón


Fue una historia difícil de escuchar.

Más de una vez pensó en pedirle a Steve que se detuviera y que no dijera más —las palabras parecían arañar su garganta mientras salían a torrentes, incontenibles y punzantes a la vez— y, al parecer habiendo anticipado eso, Steve del futuro se había sentado estratégicamente lejos de Danny. Estaba en el sofá de enfrente, sus ojos fijos en él, pero demasiado lejos como para que pudiese alcanzarlo sin moverse. Lo que era imposible porque su Steve se había sentado a su lado y durante la narración, Danny había sentido la necesidad de quedarse cerca de él tanto como podía. Nunca antes había querido tanto poder estar en dos lugares a la vez, que era un sentimiento recurrente en los casos en los que su tiempo con Grace y el trabajo se enredaban.

Había pensado que la caja de herramientas era un punto seguro para iniciar pero se tornó más y más sombrío a medida que avanzaba y se ramificaba en otras ideas aún más tristes. Danny no sabía cómo sentirse hacia Jenna Kaye y su traición, especialmente porque aún no la había conocido, pero su muerte tuvo un peso amargo en su mente.

—Entonces Joe me llevó a Japón y por fin pude conocer a Shelburne.

Se mordió la lengua para no hacer preguntas porque no estaba seguro si su interlocutor podía manejarlas.

—Resulta que Wo Fat pensaba que yo sabía quién era y dónde estaba Shelbourne porque ese código pertenecía a la agente Doris McGarrett de la C.I.A.

El apellido denotaba la relación obvia pero la forma en la que su Steve palideció le dijo a Danny que ese nombre debía significar algo grande.

—Es imposible —dijo, sus labios apretados.

La versión mayor de Steve le sostuvo la mirada sin retroceder.

—Con ayuda de Joe White, ella fingió su muerte en un accidente automovilístico, dejó a su esposo y a sus hijos en la ignorancia para mantenerlos a salvo de Wo Fat.

Su Steve había palidecido aún más cuando escuchó el nombre de Joe White que cuando Steven le dijo que la gobernadora Jameson estaba corrupta, que ya había sido lo suficientemente malo en la mente de Danny.

—¿Joe sabe que mi- que mi madre está viva?

Tuvo que hacer una breve, efímera pausa después de eso.

Danny se quedó con el otro Steven, escuchando el resto de la historia, porque sabía que no podría repetir la experiencia y si se marchaba entonces sería muy difícil volver a comenzar. Podía decir que algunas partes estaban censuradas pero ya era bastante mala con los recortes como para insistir en más información fidedigna. Si Steven estaba siendo lo suficientemente fuerte para desnudar los hechos de su vida, Danny sería lo suficientemente fuerte para escuchar todo lo que él quisiera decir.

Para cuando su Steve volvió, el otro había dejado de hablar, buscando las palabras quizá. Danny sintió el alivio temporal del silencio como pocas veces.

—Revisa tu celular, Danno —le dijo su Steve cuando se sentó en su posición anterior, lo suficientemente cerca para sentir el calor a su costado. Se veía sumamente inestable, su expresión indescifrable en la totalidad, y él podía recordar, con una nitidez que no debería, las palabras que dijo cuando secuestraron a su hermana (el día que ese auto explotó, ese día me hizo lo que soy). Imaginó que deberían hablar de eso, en algún punto—. Lleva vibrando un buen rato.

Danny miró al Steven del futuro, sosteniendo sus ojos por un momento, antes de obedecer.

Agradeció la pausa necesaria tanto como la excusa y llamó a Grace como era su costumbre para deshacerse de algunas imágenes que había conjurado Steve en sus pensamientos. Tendría que prohibirle viajar solo de ahora en adelante a cualquier lugar en Asia y jamás, jamás lo dejaría volver a Corea del Norte, si tuviese voz y voto en ello. Y las tendría..

—¡Hola, Danno!

El saludo animado de Grace alivió un poco su corazón pesado.

—Hola, monito. ¿Cómo estuvo la escuela hoy?

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Steven había comenzado la siguiente parte para cuando Danny volvió. La tensión de sus hombros era evidente en la distancia pero la resolución de su rostro era tan absoluta como afilada. Estaba dispuesto a pasar por todas las memorias, a revivirlas para ellos con la esperanza de ayudarlos, que no podía dejar de admirarlo. Estaba probando ser sumamente dificultoso pero quizá era porque se trataba de Steve y de la forma en la que cargaba con los pesares de su vida, como si fuesen a la vez una carga que debía llevar y un motor que lo impulsaba.

Si por un momento pensó que la parte de la falsificación de la muerte de su madre era la infame noticia de la pieza, Danny empezó a sentirse peor a medida que la narración fue decantando por otros lugares.

La venganza de un hombre que no estaba dedicada a Steve sino a su padre, el rescate del cuerpo de un amigo en Corea del Norte que no fue tan fácil como hubiese deseado (su Steve se mantuvo realmente, físicamente callado en esta parte), la forma en la que Catherine y él quedaron a merced del Talibán cuando ella fue a Afganistán en busca del hijo de un amigo, la idea que hubiese caído un edificio sobre ellos, dejando a Danny herido y una explosión inminente… Y todo eso sin hablar del accidente en helicóptero que casi le costaba la vida a Steve.

—Le debo más que la vida por ese a Danny —dijo y como cada vez que nombraba a su compañero, su rostro quedaba en el limbo entre la desazón despiadada y un amor cegador. Danny no podía mirar para otro lado y se preguntó qué se sentiría ser parte de algo así. Había sido más y más fácil despegarse de esa versión de Danny con el correr del tiempo, y todavía estaba asombrado con la forma en la que ellos no habían terminado juntos.

Danny no se perdió el movimiento distraído de la mano del Steve futurista sobre su estómago. Era un tic del que no estaba seguro si debía o no señalar. Lo había comenzado a hacer con más frecuencia mientras les hablaba de, bueno, del futuro de Danny.

Inesperadamente sus ojos se centraron en él y su atención intensa lo hizo su foco.

—Íbamos de encubierto en un helicóptero cuando alguien me disparó. Danno tuvo que aterrizarlo —Steve futurista hizo una pausa—. Le sugirieron que lo hiciera en el agua porque era lo más seguro.

Danny sintió que su mandíbula caía al suelo.

—¿Seguro? —dudó, la voz apenas un susurro. No sonaba como algo para Steven, que estaba herido.

—Seguro para él —Se encogió de hombros pero su expresión no era nada indiferente—. Tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir de otro modo.

—Danny no hizo caso —opinó su Steven, lanzándole una mirada de soslayo con una expresión difícil de explicar. Se había quedado en silencio durante la mayor parte del día.

—No, no hizo caso —confirmó, su gesto tan lleno de afecto y asombro que Danny tuvo que mirar a otra parte—. Aterrizó en tierra porque quería salvarme la vida y se negó a cualquier cosa menos a que estuviese bien. Después- me donó parte de su hígado.

Eso era...

Dios, eso era.

Explicaba tristemente su toque constante, porque Danny estaría apostando todo que Steven se dedicaba a tocar la cicatriz que había quedado de esa operación.

Danny había marcado a Steven de por vida, en más de un sentido.

Necesitaba alejarse un momento pero estaba seguro que alguno de los dos Steven iría tras él y probablemente la versión futurista no tomase muy bien su terror creciente.

—¿Qué pasó después? —preguntó su Steve, cuando el silencio se tornó insoportable.

—Le dije a Danny que jamás escucharía el final de eso y fue una broma entre nosotros —murmuró—. En realidad nunca supe cómo debía pagárselo.

«Permaneciendo vivo», pensó Danny.

Las palabras no alcanzaron a salir de su boca pero los ojos del Steve más adulto volvieron a su rostro con intención y se quedaron allí mientras que él se retorcía internamente.

A pesar que había aparecido como una constante dentro de la historia de Steve, durante las primeras partes se había dedicado a darles una versión más clínica de la realidad—lo que tenía sentido, torcido como era, porque Steven odiaba poner el foco en sus sentimientos de una forma tan cruda y abierta— pero sin importar de qué tema tratase, la forma en la que hablaba de Danny —del Danny del futuro— no le dejaba dudas de lo importante que había sido esa relación. Lo importante que era.

Aquellos que dicen «la muerte termina vidas, nunca una relación» estaban en lo cierto.

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El relato se movió a lugares más seguros varias veces, para su alivio.

—Chin recibió una oferta para liderar su propia fuerza y Kono tuvo su misión que seguir. Los dos se fueron al continente.

—¿Kono no se había casado?

—Sí —asintió—. Con Adam.

Danny parpadeó, volviéndose a sumergirse en la historia.

—¿Adam? —El nombre definitivamente no era familiar. Tampoco era que él conociese a todos los amigos de Kono, sinceramente— ¿No Charlie Fong?

—No Charlie Fong —aseguró, su diversión transparente en sus ojos. Inhaló profundamente—. Aún no conoce a Adam en este tiempo y su relación será difícil. Empezando por quién es él.

Esa fue una introducción interesante.

—¿Quién es?

Futuro Steven hizo una pausa, debatiéndose en la quietud.

—Es el hijo de un viejo enemigo de five-0. Es todo lo que diré.

Hablaba bien de él que respetase la privacidad de Kono, pese a que se moría por saber. Danny movió la cabeza en un gesto de aceptación, pero hizo una nota mental para estar pendiente de cualquier Adam que apareciese en su campo de visión.

Su Steve se quedó en silencio, aprovechando la conversación ligera para absorber todos los detalles que habían caído pesadamente sobre sus hombros. A Danny no le sorprendía su templanza con todo el asunto porque ya había visto el férreo control que sostenía sobre sus emociones en general —la compartimentación era bastante natural para él, pero tenía sentido dada su vida— y lo mal que lidiaba con ellas de primera mano.

—¿Y Chin?

—Chin tiene muchos temas difíciles —comentó la otra versión de Steven, apesadumbrado. Cuando hablaba sobre ellos era que se le notaba menos convencido que cuando hablaba sobre Danny y él mismo, quizá porque no había participado en todas las experiencias de los primos Kelly-Kalakaua—. No estoy seguro si puedo decirles todo lo que vivió. Pero tienen que recordar algunos nombres para el futuro de Chin y Kono.

Frank y Paul Delano. Malia y Gabriel Waincroff. Michael Noshimuri.

Danny consideró que unos pocos nombres eran mejor que ninguno y considerando que Steven les estaba resumiendo casi siete años de su vida…

—Five-0 crecerá, eventualmente. En mi tiempo somos el doble que ahora —le dio una mirada al Steve más joven con una sonrisa afectuosa. Señaló una de las hojas que habían quedado sobre la mesa y Danny se agitó incómodo en su sitio—. Te dejé sus nombres aquí. Haz lo que creas correcto.

Steve asintió firmemente, sus ojos todavía comedidos.

Habían estado recibiendo demasiada información en un muy breve lapso de tiempo y a medida que se sumergía en ella, se dio cuenta que iba a concluir en por qué Steven del futuro había terminado allí con ellos. Hablaría sobre la muerte de Danny del futuro y la cercanía del tema estaba hormigueando bajo su piel.

—¿Grace? —preguntó, desesperadamente tratando de aplazar lo inevitable. Su muerte se sentía tan inevitable en sus escenarios de pesadillas que ahora quería mantenerla alejada de su visión del futuro—. ¿Ella está bien?

Habló de Grace durante mucho más tiempo del que Danny hubiera esperado. Fue un regalo escuchar que su niña creciera fuerte. El nombre de Rick Peterson se deslizó en algún momento y Danny lo añadió a su lista de preocupaciones pero suspiró cuando Steven le contó que Grace se uniría a las Aloha girls y que él les enseñaría sobre cacería y que Danny estaría muy orgulloso de ella (como si no lo estuviera ya).

—Dos años a partir de ahora apelarás y obtendrás la custodia compartida —concluyó Steve, para su entero asombro. Había una sonrisa suave en su rostro mientras hablaba—. Creo que podrías conseguirla antes pero solo empezaste a luchar con Rachel cuando ella quiso sacar a Grace de Hawai'i.

Danny parpadeó.

—¿Me estás diciendo que Chin y Kono terminaron yendo al continente y yo me quedé en Hawai?

Su Steve levantó la cabeza de los papeles en los que se había metido y le dio a Danny una de sus raras, hermosas sonrisas.

—Irónico, ¿verdad?

Danny sintió que le escapaba una risa un poco histérica.

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—Esto es mucha información junta, Steven —se obligó a decir—. Necesito un descanso.

El Steven futurista asintió una vez, luciendo tan exhausto como Danny se sentía. Podía sentir el peso de la mirada de su Steve en su espalda mientras se retiraba.

Necesitaba alejarse de él por un largo, muy largo momento también o podría hacer algo estúpido como abrazarlo durante lo que quedase de la noche o pedirle que por favor dejase de hablar porque ya era suficiente y su cerebro comenzaría a entrar en cortocircuito. Se preguntó si Steven le había contado a Mamo todo lo que les estaba contando a ellos, si por eso Mamo había lucido tan triste.

Tomó la decisión más madura y se metió al cuarto que había usado para dormir. Se habría encerrado si no tuviese la necesidad de tener una salida para sí mismo —los pensamientos del encierro llegarían en oleadas— y se encontró pidiéndole a su Steve que no lo siguiera a través de pensamientos incoherentes.

Su compañero, por supuesto, no escuchó ni sus súplicas mudas y para cuando Danny le dio la bienvenida al silencio, la puerta se abrió y se cerró con un lamento.

—¿Cuál de todas las cosas te hizo entrar en pánico? —preguntó, terminantemente. Danny se negó a mirarlo de inmediato—. Es mucho que procesar, ¿verdad?

Danny bufó. Su Steve lo miró durante un prolongado minuto, un examen exhaustivo de su estado de ánimo, y terminó por sentarse junto a él en la cama.

—No creo que el futuro de Kono y Chin te haya preocupado. Sonaba bastante bien para mí.

—Sí.

Excepto las partes en las que las venganzas los alcanzaban de distintos frentes y tenían que lidiar con la Yakuza.

—¿Danny?

—¿Qué?

—No me gusta cuando estás en silencio mucho tiempo.

Danny levantó la cabeza y lo miró.

—Creí que te alegraría no tener que escucharme.

—¿Alguna vez te dije eso?

—En el auto, todo el tiempo.

Danny no quería mirarlo a la cara porque no estaba seguro de lo que iba a encontrar.

—Nunca te dije que no me gusta que hables, solo me molesta como te pones con algunos temas en particular —respondió y Danny tenía que conceder el punto—. Me gusta escucharte.

—Te divierte escucharme.

—No, me gusta escucharte —discutió su Steve, su tono inflexible. Mantuvo sus ojos lejos de Danny, lo que evidenciaba su franqueza—. Tienes una opinión sobre todo y no te callas nunca. Las cosas que piensas, la dices. A veces te toma algo de tiempo... pero nunca tengo que preguntarme si eres sincero.

Danny pestañeó, sorprendido por la revelación. No era algo totalmente descabellado pero Steve era una persona de pocas palabras y de menos palabras agradables hacia Danny.

—¿Qué es lo que más te preocupa de todo lo que nos contó? —insistió Steve, suave en el silencio de la habitación—. ¿Lo de Grace? Haremos todo lo posible para que no puedan quitártela, lo sabes, ¿no? Es una de los nuestros. Ahora que sabemos tanto…

—Lo sé —asintió, agradecido más allá de todas las palabras. La vocalización de la idea fue bienvenida de todos modos—. Gracias.

—¿Entonces?

—¿Entonces?

Steve le lanzó una mirada.

—Qué. Es. Lo. Que. Te. Preocupa. Más.

—¿Todo? Esa historia- esa historia se sintió real, como si fuésemos nosotros pero no somos… No seremos nosotros. Ya no. ¿Cómo podremos no tomar las mismas decisiones si ya sabemos lo bien que salieron la primera vez? Si decidimos cosas distintas… será como en esas películas extrañas del efecto mariposa, todo el universo podría ser diferente y es…

Era aterrador.

Steve lo dejó hablar hasta que su voz se ahogó en pensamientos.

—Empezaremos por las que salieron mal. Iremos poco a poco.

Más fácil decirlo que hacerlo.

—¿Por qué ahora estás tan tranquilo sobre esto?

—Porque necesitas que lo esté —respondió, simple—. Uno de los dos tiene que pensar con claridad cuando el otro no puede. Hay muchas cosas en ello que no tienen sentido, cosas que no debieron suceder pero que sucedieron por cosas que nosotros no tuvimos nada que ver. Ahora estaremos preparados.

Danny lo miró fijamente.

—Grace estará bien —Steve hizo una pausa. Pareció dudar un momento pero luego estiró su brazo para tocar la rodilla de Danny con un gesto de amable confort—. Chin y Kono igual. Nosotros estaremos bien. Haremos que sea un mejor futuro.

Danny soltó un suspiro que no sabía que había estado conteniendo. Siempre había resultado fácil creer que Steven hallaría una solución en los malos momentos de la vida, sin importar que tan mal se viesen. Para alguien tan pesimista como él, esa confianza en otra persona era rara e inexplicable.

Pero creía en Steven.

—¿Quieres hablar sobre lo de tu madre? —preguntó, tras un momento.

Steve parpadeó. Una expresión titiló en su rostro tan rápido que no alcanzó a identificarla.

—Tienes razón que es… es apremiante en mi mente —le dijo, la misma voz tranquila que Danny odiaba escuchar. Steven no debería escucharse tan inseguro sobre algo—. Pero todavía… Todavía no.

—Trabajaremos en ello, Steve. Resolveremos todo.

Resolverían todo.

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Si bien Danny creyó que estaban llegando al final, cuando volvió al living se encontró con que estaba muy lejos de la verdad. Sobre la mesa se topó dos nombres que eran familiares, uno más que el otro.

—¿Matt y Charlie Williams? —preguntó su Steve, mirando atentamente la hoja. Sus ojos se volvieron hacia Danny.

—Matt es mi hermano menor, el tercero —explicó, un poco confundido—. Pero Charlie...

Charlie era el nombre que Steven del futuro había usado más de una vez.

—Charles William Edwards originalmente —Steve dudó por un largo momento—. Es tu segundo hijo con Rachel.

La cruel realidad hizo palidecer la idea de un plumazo.

El futuro Steven le habló primero de su hermano —Matt estaba metido en muchos, muchos problemas— y Danny no podía dejar de sentirse mal por haber conducido a su hermano a no poder contar él.

Había fallado como el hermano mayor en su familia. Y había fallado a sus padres.

—Cuando fuimos a Colombia a buscarlo, ya era tarde —concluyó Steven. Danny estaba seguro que había más, muchísimo más, pero entonces no pudo encontrar fuerzas para preguntar.

La imagen sobre cómo había encontrado sus restos le dio náuseas.

Hizo otro juramento, sin palabras, para ser un mejor hermano.

—No dejaremos que vuelva a suceder, Danny —le recordó su Steve, llamando su atención con un apretón en su hombro—. Los mantendremos a salvo a todos.

El Steven del futuro parecía complacido con eso, pero su expresión se había oscurecido desde que había empezado el día y Danny juraba que parecía siglos mayor de lo que había estado esa mañana, cuando desayunaron en la aparente normalidad. Había propuesto una pausa para comer pero se le había cerrado el apetito mientras escuchaba y no estaba seguro de poder detenerlo ahora.

Tenía que terminar la historia y así podrían decidir cómo seguir a continuación.

—¿Charlie? —preguntó, tímidamente. No estaba seguro si era prudente conocer tanto sobre el futuro de un niño que quizá…

No, tendría que hacer lo posible para ese niño.

—No sé que tan bien te haría saber sobre Charlie —señaló Steve, con pesar—. No... Todavía no estoy seguro si contarles todos los detalles está bien.

—¿Crees que no nacerá? —preguntó Danny, aterrado ante la perspectiva.

Creo que nacerá —dijo el futuro Steve en voz baja. Mantuvo los ojos en sus manos—. Creo que Rachel podría estar embarazada ya.

Danny palideció. Su Steven frunció el ceño, sin comprender.

—¿Por qué dices eso?

—Charlie nace a principios de octubre. Rachel te dijo que se había adelantado el parto cuando sucedió pero después te confesó que no había sido así. Charlie nació a término.

—¿Rachel no me dijo que Charlie era mío? —Las palabras tempranas tenían un sentido absolutamente diferente ahora.

Steve vaciló cuando vio a Danny levantarse de su asiento como si fuera a salir corriendo.

—No hasta que Charlie enfermó y necesitó un trasplante. Se suponía que Grace era compatible pero tú resultaste serlo mucho más.

—¿Por qué no me dijo que Charlie era mi hijo?

No tenía derecho a estar enfadado con Rachel, realmente, porque aún había ocurrido nada de eso.

Quizá ella todavía no sabía que estaba embarazada o tal vez eso era lo que la había hecho tan insistente en hablar con él en estos días. No lo sabía, no podía saberlo, pero estaba tan enojado con ella que veía rojo. La ira era real en sus venas y estaba pensando en todas las formas en las que esa realidad era injusta y terrible.

—Eso fue un poco mi culpa —dijo Steven, luciendo tan miserable que Danny frunció el ceño. Trató de quedarse quieto aunque sus piernas picaban por moverse y estaba tentado a llamar a Rachel para exigir sinceridad—. Cuando la gobernadora Jameson fue asesinada, me culparon y te quedaste en Hawai'i para ayudarme.

—¿Eso es todo? ¿Por eso dices que es tu culpa? Por supuesto que me quedaría a ayudarte, idiota —rebatió. Le sorprendió ver que su Steven se relajaba y Danny se volvió hacia él con intención—. No solo porque sé que serías inocente. Eres mi compañero y mi amigo. No te dejaría.

—Gracias, Danno.

No hablaron por una eternidad después de eso.

Danny aún pensaba que había mucho por procesar.

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En algún momento, él había perdido la noción del tiempo, futuro Steven había dejado de hablar.

Sus ojos se estancaron hacia un horizonte que no llegaba a ver y él sabía, simplemente sabía, que la siguiente parte iba a ser aún más dura de oír. Su Steve se había ido a llamar a Kono y a Chin porque quería incluirlos en el asunto y había varias cosas que discutir (Danny estaba contento de no tener que ser quien explicase a los primos lo que estaba pasando a pesar de todo).

—Ven aquí, babe.

Danny palmeó el lado vacío del sillón, su nerviosismo se había deshecho en algo indefinible, y Steven del futuro lo examinó por un largo momento antes de moverse a su lado.

—Aún hay más, Danny —murmuró.

—No me importa —respondió y tiró de él para abrazarlo como Steve había hecho la primera vez, justo después de haberle dado un susto terrible del que no se olvidaría fácilmente. Steven fue con él, hundiéndose en sus brazos mientras se acomodaban en el sillón—. Cuéntame el final.

—¿Cómo sabes que es el final?

—Porque soy un detective y me doy cuenta de las cosas.

Steve se rio. Inhaló profundamente mientras apretaba la nariz contra su hombro.

—Es difícil pensar cuando estás tan cerca —confesó, pero sonaba más aplacado que triste. Quizá era algo bueno.

Danny pensó que tenía sentido.

Steven del futuro había sido bastante vago sobre cómo estaba llevando todo el asunto —no era como si Danny pudiera preguntar sin abrir una lata de gusanos totalmente diferente a la que ya habían abierto— pero había tratado de quedarse cerca de Danny durante la mayor parte del tiempo, en su presencia.

—¿No te duele que esté cerca? —preguntó.

—Me duele verte todo el tiempo —susurró Steve, las palabras rompiéndole el corazón un poco más a Danny y haciendo que sus brazos titubearan—. Pero es mejor a lo que siento cuando no estás, cuando no te puedo ver. Sé que es una ilusión, que no eres mi Danny, pero aún sigues siendo... todavía eres la persona que conocí. Todavía eres Danny. No necesito-

—Lo siento mucho, Steve.

—No es tu culpa.

—Tampoco es tuya.

Steven futurista hizo una pequeña pausa.

—Quería verte una vez más. Habría hecho cualquier cosa por eso —musitó—. Creo que podríamos decir que esta situación es mi culpa.

Danny cerró los ojos. Había tenido una idea vaga cuando se encontró a Steve y el pensamiento le había congelado toda noción en su mente cuando lo había llamado con una despedida terrible.

—Dijiste que no pensabas- en el apartamento. En mi lugar dijiste que no pensabas hacerles eso a ellos. ¿Hablabas de Grace y de Charlie?

—Amo a esos niños, Danny —suspiró, y bien podría haber sido una confirmación. Hizo caso omiso de lo mucho que las lágrimas punzaban en sus ojos—. Y ellos te habían perdido ya. No podía simplemente dejarlos.

—Ni a Mary, ni a nuestra Ohana.

—Ellos no me necesitan —dijo, obstinadamente.

Steven McGarrett y su necesidad de pensar en el bienestar de todo el mundo antes que el suyo, por supuesto. Danny no sabía si sentirse angustiado por la perspectiva que Steve sentía que tenía tan poco en el mundo —él imaginaba que no era del todo así— o agradecido que fueran sus niños la razón que tuviese para seguir cuando Danny ya no estuviera.

—¿Cómo… morí?

—Te dispararon.

—¿Dónde estabas?

—Estaba ahí, contigo.

Danny decidió que no podía preguntar más.

Las respuestas casi clínicas habían regresado pero la voz hueca de Steven era cada vez más cruda, dolida en la habitación.

—¿Fue el día que te encontré? ¿Fue cerca de Navidad?

Steven futurista sacudió la cabeza, negando. Bueno, fue... algo bueno. Mejor de lo que había esperado, al menos.

—Ese día… ese día estaba conduciendo a la casa, después de llevar a Grace y a Charlie con Rachel, cuando me di cuenta de lo silencioso que sentía el auto. Eddie, Eddie estaba en el asiento de atrás y cuando miré a tu lugar... no estabas, Danny.

—Lo siento.

—Nunca había estado tan enojado contigo como en ese momento —Las palabras parecían perder fuerza cada vez y Danny se negó a dejar ir a Steven aún cuando él forcejeó para alejarse porque rotundamente esto era algo que tenía que ser dicho— No se suponía que debías morir primero.

—¿Estás diciendo que tú debías morir primero? —preguntó, incapaz de quedarse callado. Trató de imprimirle fuerza a su voz—. Eso es estúpido. Soy mayor que tú.

Steven del futuro levantó la cabeza y lo miró. Tenía los ojos enrojecidos y el rostro pintado de una mezcla entre tristeza y desagrado y algo más fuerte que ambas cosas juntas.

—Eres mayor por seis miserables meses, Danny. Ese argumento es-

—¿Qué? ¿Estúpido? ¿Necio? —rebatió—. Por supuesto que sí, quería que escuches como suena de este lado. Steven, la vida es algo que no podemos controlar. Sé que te sientes culpable por la muerte de… de Danny pero, ¿te das cuenta que él no querría verte así?

—No puedes hablar de lo que Danny querría —murmuró en un tono tan frío que no supo manejar. Steven quiso alejarse pero dejó de luchar al ver que no estaba cediendo en cualquier momento pronto—. Danny habría querido ver crecer a Grace y a Charlie. Habría- habría querido trabajar conmigo en el restaurante a pesar que la idea no convenciera a nadie más. Habría querido tener éxito y que todos nuestros amigos vieran que había tenido razón. Habría querido...

Danny parpadeó muchas veces, sintiendo que se le nublaban los ojos. Le costó pero cuando halló su voz, sabía lo que iba a decir.

—Habría querido que seas feliz —comentó.

Steve le dio una mirada llena de amargura.

—¿Y cómo se supone que voy a hacer eso sin él?

No tenía ninguna respuesta para eso.

—Lo siento mucho, babe.

—Estoy cansado de perder a las personas que me importan. ¿Por qué tuvo que pasar así, Danny?

Tampoco tenía una respuesta. La idea le apretó el corazón.

—No lo sé.

—Nunca se lo dije —musitó, después de un silencio demoledor. Su voz sonaba tan débil que no se atrevía a hacer ningún sonido—. Tenías razón… Siempre creí que tendríamos tiempo después.

Steve del futuro no levantó la cabeza de nuevo.

—Estoy seguro que lo sabía.

Realmente, realmente esperaba que así fuera.

Steven aplastó el rostro contra el hueco de su garganta y empezó a temblar con lo que indiscutiblemente era llanto. Le tomó una eternidad darse cuenta que su deber era sostenerlo y no perderse en el dolor que estaba sintiendo tan patentemente en el sonido.

Danny lo sostuvo mientras lo dejaba llorar, sintiéndose totalmente impotente contra su pena.

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—Hey, Danno —La voz de su Steve lo trajo a la realidad de nuevo.

Parpadeó varias veces y se dio cuenta que todavía seguía atrapado bajo el peso del Steven más adulto. Al parecer en algún punto, se había quedado dormido con su rostro hundido en el cuello de Danny y su respiración se había tornado estable, más tranquila.

Era un alivio.

—¿Hablaste con Chin y Kono?

—Vendrán mañana temprano —respondió su Steve dándole una mirada preocupada a su doble. Sus ojos examinaron su figura y luego volvieron al rostro de Danny—. ¿Él está bien?

—El agotamiento lo derrumbó —dijo, negándose a mencionar las lágrimas que empaparon su camisa y el silencio atronador que siguió después de las últimas palabras—. No pude preguntarle mucho sobre mi futuro.

—Es comprensible —replicó Steve, su expresión tornándose afable. Se sentó en el apoyabrazos del sillón, todavía mirando a Danny con ojos cautos—. ¿Quieres que lo lleve al cuarto?

Atisbó una mirada al rostro del Steven futurista solo para notar de nuevo su expresión sufrida aún en sueños. Danny no estaba seguro si podía dejarlo ir físicamente. No podía concebir la idea de que se despertase otra vez solo y recordase todo lo que habían hablado, que volviese a sentirse tan mal como ese día en el auto o el día en soledad de su apartamento.

—No, está bien. Lo despertaré en unas horas.

Su Steve asintió con seriedad.

—Por cierto, encontré esto en el Camaro y quería preguntarte qué era —Steve alzó el pequeño paquete envuelto en papel madera que Aulani le había enviado.

—Eso es personal, ¿por qué tienes que saber todos los detalles de mi vida?

Steve le dio una sonrisa descomunal, pero sus ojos tenían un brillo suave.

—Porque eres Danno —replicó y como había pasado antes, Danny le dio la bienvenida a la conversación rídicula y normal con más alivio del que podía expresar con palabras.

—Son algunas variedades de té que me envió Aulani.

Steve ladeó la cabeza con un gesto de confusión que no debería ser tan adorable como era en realidad.

—Creí que no te gustaba el té.

—Estuve diez años casado con una británica, Steve —murmuró, ofendido—. apreciar el té. Me gusta más el café, que es diferente.

Steve sacudió la mano y algo se cayó al suelo, tronando como una pieza metálica en el silecio. Los ojos de Danny fueron como dardos hacia el piso pero no pudo ver lo que era hasta que Steve se inclinó para levantarlo. Parecía una botella pequeña, llena de granos de color rojizo, anudada a una cinta negra. Al final del cordel había una hoja de papel.

—Es alaea—farfulló Steve.

—Es- ¿qué?

Steve le dio una mirada fugaz. —Es sal hawaiana, Danny. Muchos la consideran sagrada porque solía decirse que estaba conectada a los ancestros. Solía usarse como purificadora en rituales y demás.

¿Rituales?

—Más cosas misteriosas, increíble. Maravilloso —murmuró. Trató de no moverse para no despertar al otro Steven—. ¿Qué dice la nota?

Steve leyó la pequeña hoja de color blanco con el ceño arrugado en confusión y luego la giró, sosteniéndola firme para sus ojos, para que Danny pudiera ver. Con letras prolijas y claras las únicas palabras que se leían «Huakaʻi hele»

¿Qué quiere decir eso?

—Es… Para seguir el viaje, creo.

—¿Y cómo se supone que debemos usarla?

Steve se tomó un momento para responder.

—Tal vez no debamos usarla nosotros.

Danny objetivamente, verdaderamente odiaba los viajes en el tiempo. Pero bueno, estaba acostumbrado a que la vida no sea tan simple.

—Lo resolveremos —murmuró su Steve.

Sí.

Sí, esperaba que sí.