Agaché la cabeza. Odiaba que me consideraran débil a primera vista. Son cosas que deberían cambiar con el tiempo pero… ¿cómo deshacer una vida de actitudes tímidas y retraídas? ¿Debería pedir ayuda? No, primero tenía que superarme y después cambiaría.

Cuánto desearía ser como Sakura o Temari, que dicen lo que piensan al instante y sin herir a nadie, alegres y activas. Siempre con una sonrisa, siempre dispuestas para ayudar o levantar los ánimos.

Pero no soy así.

O ser como Hanabi, que nada le afecta pero es muy afectiva y divertida…o como Gaara kun, que no confía en nadie hasta que lo conoce bien?

No soy así…pero aún tengo la esperanza de que algo o alguien me haga cambiar porque… ¿Qué pasaría si la pesadilla se volviera a repetir? ¿Qué pasaría si al regresar a casa no le importara nada a nadie y regresara débil y más susceptible a someterme ante mi padre?

Todos estos pensamientos pasaron en un segundo por mi mente. Pero la parte positiva me alentó pensando: si Sakura pensaba que eras débil y acababa de demostrarle que no… ¿acaso no sería bueno seguir haciéndolo y luego con los demás? Entonces; si pensaba así no me rendiría, sería menos débil y terminaría siendo más respetada. No quería llegar al extremo en el que estaba mi padre, que imponía respeto y atención con tan sólo mirarte.

Sólo dejaría de ser débil…y eso sería bueno… ¿no?

-¿..Hinata?

-¿sí, Sakura chan?

-¿escuchaste lo que dije?

Tragué saliva.

-lo siento – murmuró. Intentó relajarse y después de unas horas había recorrido las barras de un lado a otro.

El hombre delante de ella se levantó muchas veces a probar otros aparatos; pero nunca le vio la cara. ¿Acaso nunca se cansaba?

De súbito recordó una frase que neji dijo durante sus entrenamientos de diversos deportes:

"un perdedor siempre será un perdedor"

Entonces ella no tenía esperanza. "El concepto de esperanza no es mas que una rendición... una palabra sin ningún significado..."(1)

No, ella no quería creer eso…no podía creer lo que hayan dicho, aunque sonara razonable…las pruebas no eran para ella…que era tan ingenua…

Finalmente, se secó la frente perlada de sudor y miró el reloj, profundamente agotada. Las seis y media. Vaya, era bastante temprano. Terminaría y después iría a las duchas a quitarse todo el sudor y relajarse para que mañana amaneciera un nuevo día.

Se encaminó a las pesas.

-fíjate por dónde vas.- rezongó el hombre de las pesas; cuando sus caminos se cruzaron y ella se golpeó un poco con él, perdiendo el equilibrio y por puro reflejo, él la sujetó por la muñeca.

-go-gomen- murmuró ella con la voz entrecortada por la rápida impresión. Entonces miró hacia arriba y se quedó viéndolo unos segundos más de lo necesario.

Su piel era pálida, pero no como un papel…tenía un color más bien… ¿cremoso? ¿Cómo podía estar pensando en eso? Sus ojos eran tan oscuros como un cielo oscuro si estrellas ni luna. Su cabello parecía sedoso y negro, revuelto pero le sentaba absolutamente bien, aunque estaba pegado a su cara por el sudor y su cuerpo era atlético y musculoso.

El hombre o más bien "joven" me soltó cuando me puse en pie y se alejó murmurando cosas como: "torpe…"

Los colores me subieron a la cara. Me acosté a su lado y traté de levantar la primera pesa. Sakura corrió a mi lado.

-¡Hinata! Ven, podemos hacer eso mañana.

-Sakura…-supliqué

Ella negó con decisión. Tomó mi muñeca y me alejó de las pesas. Jaló la silla de ruedas y después de ayudarme a acomodarme, me empujó con una celeridad asombrosa.

-lo siento…-murmuró ella con pesar – dentro de dos meses podrás usar las pesas- y la miró apesadumbrada y con un matiz de tristeza.

-¿sucede algo Sakura? – preguntó preocupada la Hyuuga, saliendo de sus pensamientos.

-no es nada. Hace tiempo que no duermo y estoy cansada….ya sabes el trabajo de médico aquí es de tiempo completo y…–Sakura la interrumpió Hinata – me parece que no es por eso…

Sakura asintió como confirmando una pena.

-de acuerdo…a ti no puedo mentirte…

-Sakura… ¿ese joven es el causante?- preguntó inocentemente.

Sakura frenó con los ojos desorbitados y la cara desencajada.

-Hinata! ¿Cómo has…?- dejó la frase inacabada, Hinata se encogió de hombros, con verdadera inocencia. –Eres demasiado perceptiva- masculló reanudando su camino –toda una Hyuuga.

-Mi familia…- comenzó la Hyuuga escondiendo los ojos debajo de su flequillo

-¡Lo sé, lo sé!-interrumpió con gritos - no creo que te guste hablar de eso…

-¿Tantos lo saben?- preguntó cabizbaja Hinata, al parecer todos sabían la mala relación de padre- hija que sostenía el dueño de la empresa hyuuga y ella misma. La patética hija mayor.

-Sí Hinata…el mundo es muy pequeño…- sonrió con cautela para tantear el terreno. No todo puede ser perfecto…es la ley de la igualdad.

Llegaron a su habitación. Número 27. Curioso, era el día de su cumpleaños…

-Sakura – preguntó (era ahora o nunca) – ¿dónde están los vestidores del gimnasio?

-¿Porqué lo preguntas? ¿Acaso quieres ir o estás loca?- dijo como en crisis, su voz quebrada y sus ojos desorbitados asustaron a Hinata - ¡todavía no estás en condiciones!

-y-ya me siento mejor; gracias…quiero seguir intentando mantenerme en pie.

-Hinata, creo que no…

-¿Esa es su recomendación médica?- preguntó Hinata con un buen plan surgiendo en su mente, aunque sería un poco extraño para una tímida paciente, ya que tendría que actuar bastante, cosa en la que era malísima y de seguro no lograría convencerla… ¡vamos sólo un pequeño esfuerzo! Se dijo así misma.

-sí.

-Entonces tomaré mi propio veredicto. Por favor doctora haruno, muéstreme las regaderas del gimnasio.- usó su tono más imparcial para decirlo. Casi parecía una orden.

Sakura abrió los ojos con la usual sorpresa y aturdimiento.

-Po-por supuesto, detrás del gimnasio al pasillo izquierdo. – tartamudeó al ver la parte Hyuuga de la tímida chica.

-Gracias, doctora. Iré ahora mismo.- dijo con tono formal – no necesito compañía- agregó al ver que Sakura se acercaba presta para ayudarla.

-¿y tus piernas, Hinata?

-estarán bien- dijo con una gran sonrisa y se sostuvo de las paredes – confía en mí, Sakura chan.

Sakura sonrió y caminó hacia la sala de doctores.

-hey, frentuda… ¿tan rápido terminaste tu turno?

Pero Sakura ya estaba dormida en el sofá.

Sai entró por la puerta con la bata colgando del hombro. Resopló e iba a dejarse caer en el sofá; pero Ino se adelantó y lo jaló de la camisa. Sai la miró con una gran interrogante. Ino le señaló a la Sakura profundamente dormida, hecha bola en el sofá de la sala de doctores.

-Dejémosla ahí.- sugirió sai mientras iba por alguna manta en el armario.

Ino se inclinó y acarició con dulzura y aire maternal su cabello rosado.

-Ese uchiha…te está quebrando por dentro…- susurró antes de cubrirla con la manta y dejarla soñar en paz. La pareja se miró y salieron de la mano al café de la esquina. Sakura los consideraba una hermosa pareja.

Hinata tropezaba una y otra vez por los pasillos. Si con las piernas sanas era torpe, había que verla con las piernas casi paralizadas. Ya podía usarlas.

Al menos.

Llegó a donde Sakura le había indicado como en quince minutos de tropiezos y raspaduras. Entró al que decía "damas" y reparó en que estaba vacío. En un estante había jabones y shampoo para elegir. Gel de baño, cepillos de dientes, enjuague bucal… ¿acaso no faltaban las pantuflas con el sello del hospital?

Como si ella necesitara todo eso.

Lo único que necesitaba era una ducha rápida, jabón y shampoo. Después de eso regresaría a su habitación. Entonces abrió una regadera. Dejó que se calentara el agua y se quitó la ropa sudada con tranquilidad. ¿Cuál era la prisa?

Se duchó con un buen ritmo y al acabar se dio cuenta de lo que había olvidado.

La bata.

Salió con cuidado de no ser vista y en unos cajones encontró unas toallas, pero eran demasiado cortas.

Entonces ató una a su cuerpo, moriría de vergüenza si alguien la viera así. Temía tropezar y quedar mal frente a cualquier persona.

-Kami, protégeme…-imploré en silencio.

Y al salir cuidadosamente, me topé con quien menos quería en ese momento.

-¡otra vez tú!- grité con fuerza, a pesar de no tener la más mínima intención.

Arqueó una ceja y sonrió arrogante.

-perdona- dijo sarcásticamente – pero no sé cual es tu problema si tú eres la torpe a la que le fascina chocar conmigo.

Me quedé sin palabras, aunque no parecía enojado.

-tendría más cuidado si fuera tú – recalcó dándose la vuelta – y me cubriría más…- y al parecer, fue lo último….porque no volví a escuchar ningún sonido.